Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT.
Se
sentó en el lugar frente al que ella se sentaba siempre, ya que
prefería esperar y rezar internamente para que ella volviera a
preguntarle: "¿No te sientas conmigo?", como hizo el día
anterior. La vio entrar, su nerviosismo aumentó y los latidos de su
corazón también, ella ni siquiera le dedicó una mirada al pasar
por su lado, se sentó detrás de él sin decir palabra alguna, con
expresión neutra, y no le dijo nada. Sus esperanzas fallecieron.
Ella no pensaba volver a hablarle, supongo. Fue entonces cuando supo
que había metido la pata hasta el fondo, que había cometido una
gran estupidez. Pero él fue incapaz de evitarlo. Recordó su brazo
rodeándolo esa mañana, cómo le susurraba palabras para que se
tranquilizara, cómo sus labios se plasmaron sobre los suyos, cómo
quitaba las lágrimas de sus mejillas... Sintió un nudo en la
garganta y se sintió como un imbécil, un completo imbécil. Él
debía hablar con ella y pedirle disculpas.
Decidido,
se dio la vuelta y se la encontró mirando por la ventana, con los
auriculares puestos, sin embargo, la llamó. —Noa. —ella desvió
la vista durante un escaso segundo hacia él y después volvió a
desviarla. Aquello fue como un gancho directo a su corazón,
impactando con una fuerza similar a la del increíble Hulk. Ella
acababa de pasar de él. —Lo siento. —se disculpó. Algo le decía
que ella tenía la música baja y era capaz de escucharlo. Esperó,
pero ella no dijo nada, permaneció mirando la ventana, y él sintió
sus ojos húmedos. —Me asusté. —siguió.
Ella escuchaba todo lo que él decía, sin embargo, nada de eso le afectaba, nada de lo que decía le llegaba y no tenía intención de volver a acercarse a él. De algún modo, su corazón había dejado de intervenir y dejaba que su cerebro mandara sobre su cuerpo. ¿Estará bien? De todos modos, aquel hecho no le preocupó. Con un solo órgano mandando sería mejor, ya que con dos acababa confundida constantemente. Subió la música y se decidió a no escucharle más. Su corazón seguía ahí, pero había resultado levemente herido.
Ahora escuchaba la música salir de sus auriculares, no podía descifrar qué estaba escuchando, pero sabía que estaba demasiado alta como para escuchar sus súplicas. Bajó la mirada y se giró de nuevo. Ella no quería escucharlo. Sintió las miradas sobre él y los murmullos empezaron otra vez. No... Y esta vez, estaba solo.
***
Quiso quedarse ahí y seguirla cuando el autobús parara en su parada, pero tuvo que resignarse, tuvo que contenerse y escuchar a su razón, que no paraba de decirle que aquello era mala idea y podría acabar mal, sus padres le habían dicho que no se metiera en sitios que no conocía.
Llegó a casa y dejó la mochila en el suelo, junto a la puerta. No tenía ánimos para nada, y entonces recordó el pastel que había hecho ella esa mañana, también recordó cómo cocinaban juntos, cómo se colocó detrás de él guiando sus manos cuando no tenía ni idea de cortar un simple tomate, el sabor de su comida, y la manera en la que sonrió cuando él le dijo que estaba deliciosa. Soltó un débil suspiro y se mordió los labios con fuerza. ¿Por qué tuvo que ser tan torpe, tan tonto, tan imbécil y cobarde? ¿Por qué?
Se tiró encima del sofá y cerró los ojos, sin ánimos ni ganas de levantarse de ahí. A parte de estar solo en el instituto, también lo estaba en casa. Estaba más solo que nunca, y sus padres ni siquiera se preocupaban en llamar. Antes tenía a Harry y a Liam, y ahora ni eso.
Un coche ya la estaba esperando al bajar de la parada, sabía perfectamente quién era el sujeto que la esperaba dentro. Anduvo hasta el coche y abrió la puerta trasera, los cristales del coche estaban tintados. Ahora no estaba tan desacuerdo con lo que tenía que hacer, e iba a hacer. Austin sonrió en seguida que la vio, y se relamió los labios.
—Me alegra que hayas venido. —dijo él con una sonrisa ladeada. —Siento haberme puesto de aquel modo, estaba enfadado, me exaspera no conseguir todo el dinero que puedo conseguir. —era su disculpa. Se acercó a ella y colocó la mano sobre su muslo. —Aunque realmente, me gustaría arreglar las cosas correctamente.
Ella medio sonrió, no era la primera vez que hacía esto con su amigo, el cual era muy atractivo. Ella tampoco deseaba negarse a su petición, supongo que era una buena forma de pago. —Supongo que vas preparado. —mencionó ella, y él rió.
—Llevo una caja entera. —dijo alzando y bajando sus cejas.
—Ya, uno basta. —lo frenó ella en seguida, sentándose encima de él. Él rió y colocó las manos en sus caderas.
—Eso lo dices ahora. —murmuró él, uniendo sus labios con los de ella. Ella no se echó atrás, y mordisqueó sus labios salvajemente, como a él le gustaba. Sabía que a Austin le gustaba lo salvaje, por lo tanto, sabía que esa era la faceta que tenía que usar con él. Rápidamente pasó las manos bajo su camiseta y acarició el tonificado torso de su amigo y amante, mientras pasaba a besar su cuello y dejaba de acaparar sus labios.
Él gimió. De todas las chicas con la que se había acostado, nadie era capaz de igualarla a ella en su manera de hacer las cosas, tan decidida, salvaje y sensual. Nadie tenía comparación a su lado, ni siquiera la puta más cara, nadie.
Lo gracioso de aquello, era que mientras ella no se lo estaba pasando del todo mal junto a su amigo, Zayn se encontraba en el sofá con la cara hundida en uno de los cojines que había encima del sofá, llorando por su soledad y lamentando el momento en el que dio aquel paso hacia atrás, tropezó y cayó al suelo. Jamás le debería haber temido a su salvadora, porque ella jamás le dio un motivo para temerle. Nunca. Pero él no eligió ser tan imbécil como para asustarse por nada.
El teléfono sonó rompiendo el silencio de la casa —a parte de sus sollozos— y se levantó para ir a responder. Cogió aire y respondió. —¿Diga? —dijo. Había fingido al teléfono muchas veces, estar bien.
—Hola, mi amor, ¿qué tal va todo por ahí? —la voz de su madre era inconfundible.
—Bien, ¿y por ahí? —respondió, sonaba convincente, claro que de tenerla delante no colaría, sus ojos rojos lo delataban.
—¿Estabas durmiendo? —preguntó.
—Sí. —mintió él. Sabía que su voz estaba más ronca de lo normal debido al llanto, así que que estaba durmiendo era la mejor excusa que podía elegir.
—Oh, lamento haberte despertado. —dijo su madre. —¿Y con el dinero? Te basta, ¿no? Sino no hay inconveniente en mandar más. —dijo.
—No, no, va perfecto. —dijo él. El dinero no le resultaba precisamente lo más importante ahora mismo, de hecho, era una de las cosas que menos le importaban en ese momento. —Supongo que por Navidad no estaréis aquí, ¿verdad? —dijo, sin fe alguna de que le dijera que sí de verdad. Podía decir que sí, pero él sabría que ella estaría mintiendo.
Escuchó un suspiro. —En verdad lo dudo, Zayn. —por lo menos fue sincera. —Lo siento mucho. Si quieres puedes ir a casa de los primos.
—No, prefiero quedarme en casa. —dijo, y no mintió. A medida que sus primos crecieron cambiaron, y ahora eran “pasotas”, burlones, y se creían ser el centro del mundo. Digamos que él y sus primos no se llevaban del todo bien, y la prima dulce y adorable con la que antes jugaba a las muñecas, ahora era una puta que se pasaba la vida teniendo sexo con cualquiera. Era extraño que sus padres siguieran sin saber aquello.
—Como quieras. —dijo su madre en suspiro. —Cuídate, ¿vale? Tengo que colgar.
—Claro, igual. Adiós. —colgó la llamada antes de que ella lo hiciera. Siempre llamaba para preguntar cómo iba, y llamaba pocas veces. Una llamada de escasos minutos.
***
Tres condones sobre la alfombra del coche, usados. El olor a sexo era lo único que se respiraba en el aire, había sido una dura sesión llena de pasión y salvajismo, supongo que ambos lo disfrutaron, ¿para qué negar aquello? Ella se estaba poniendo los pantalones de nuevo, mientras él no hacía amago de vestirse, simplemente seguía estirado sobre los asientos, con la respiración más calmada que hace unos minutos después de haberse corrido por tercera vez.
—Sigues siendo una diosa del sexo. —dijo el chico a su lado, y ella sonrió de lado.
—Lo sé. —dijo con egocentrismo y orgullo. —Seguro que ninguna de las zorras con las que te has acostado me llega a la suela de estas sucias y viejas botas, ¿me equivoco? —dijo ella divertida. Él rió y negó con la cabeza.
—No, no te equivocas. Ellas no saben manejar a un hombre como tú lo haces. —mordió su labio inferior y se sentó, acercándose a ella, la cual ya estaba completamente vestida. —Voy a pagarte ahora. —dijo, mordiendo el lóbulo de su oreja. Cualquiera diría, después de escuchar eso y saber lo que acababa de suceder, que ella acababa de prostituirse, pero no. Ella había recurrido en varias ocasiones a la prostitución, sin embargo dejó de ser opción cuando se metió en el tráfico de drogas, claro que con Austin era una cosa distinta, algo extraño.
Le entregó una gran cantidad de dinero en efectivo, y ella lo contó con sus dedos, mirando los billetes entre sus manos. Once mil euros en efectivo, nada mal. —Bonita cantidad. —siseó ella guardando los billetes dentro del bolsillo interior de su chaqueta. —Sin embargo, espero más.
Austin sonrió. —Tranquila, habrá más, este sólo es el primer pago. —dijo. —A ver si acabas remodelando un poco tu... Humilde pisito.
Ella puso los ojos en blanco y abrió la puerta del coche, saliendo de éste y empezando a andar, sin despedirse, el abrir la puerta era su despedida. Eran amigos, unos amigos extraños, mucho. De hecho, nadie diría que lo eran, sino más bien, lo fueron. Austin se vistió y pasó al asiento de delante, arrancó y se esfumó.
Ella llegó a su casa, no quedaba muy lejos de ahí en donde Austin le había estado esperando con su coche. Al cruzar las puertas de cristal fue directamente a recepción, donde Clark estaba siempre sentado, y casi siempre dormido, como en esa ocasión. Colocó el dedo sobre el botoncito y la campanita sonó, despertándolo de golpe. Él frunció el ceño, molesto porque habían interrumpido su sueño. Ni que no durmiera.
—¿Qué? —dijo de mala manera.
—El dinero. —dijo ella secamente, sacando un billete de quinientos y dándoselo. El enfado del hombre pareció esfumarse y sonrió, mirando el billete con los ojos brillantes. Clark era un puto amante del dinero, y no podía decirse que lo viera a menudo, debido a su adicción al alcohol y al tabaco. —Ya puedes tacharme de la lista. —dijo ella, y él obedeció, y la tachó de la lista de gente que no había pagado aún. Había pocos nombres tachados.
Ella subió por el ascensor, aquel que parecía que en cualquier momento se averiaría y acabaría atascándose, o peor, cayendo al vacío, y pulsó el botón de su planta. Divisó una mancha blanca sobre el cristal y puso los ojos en blanco. Definitivamente, aquel lugar de mierda podría tener a alguien que mantuviera, al menos, un poco limpio el lugar. Esa mancha llevaba una jodida semana ahí, y ella tenía una sospecha de lo que era, por eso mismo se mantenía siempre lejos de ésta. Alguien había tenido una sesión de sexo ahí dentro.
Las puertas se abrieron y ella salió, yendo directamente a su habitación, cuando escuchó un ruido en seco y un gemido al pasar por la puerta más decorada y hecha polvo del lugar, estaba segura de que ella no tenía el dinero suficiente como para cambiarla. Sonrió, Nancy estaba con otro cliente, y ella misma se encargaría de que perdiera el dinero cuando terminara. No había nada que deseara más que que ella se largara de ahí y se fuera a vivir bajo un puente, nada. No frenó a pesar de los gemidos, ya que supuso que todavía les faltaba un tiempo para terminar. Entró en su apartamento y cerró la puerta, dejando la mochila en el suelo y agarrando el dinero de su chaqueta. Fue a su habitación, movió la cama y quitó la baldosa, metiendo el dinero dentro del agujero que había convertido en su caja fuerte. Sabía que nadie buscaría ahí, a parte de que no tenía cuenta bancaria.
Movió la cama de nuevo y se sentó sobre ésta, que chirrió. La pobre estaba hecha polvo, y es que aquella cama estaba ahí desde antes de que ella llegara. Los gemidos se escuchaban desde su habitación, odiaba que las paredes fueran tan delgadas. Puso los ojos en blanco y se levantó, debajo de la mesa llena de objetos, encontró su caja de tabaco con rapidez, y su mechero. Supongo que era costumbre. No le costaría mucho comprar más muebles, y tenía dinero, pero ella no quería, lo veía algo innecesario. ¿Para qué? Si de todos modos, acabaría yéndose de aquí en cuanto terminara los estudios. No sacaba buenas notas porque sí, ella tenía la esperanza de dejar lo ilegal, ganar una beca e irse lejos de aquel lugar lleno de mierda, crear una vida y empezar de cero, ya que desde un inicio estuvo metida aquí, sin ella quererlo.
[OMG! ¡No me lo creo! ¡Estaba en la piscina y cuando volví había +13! ¡Increíble! LAMENTO muchísimo la tardanza babys, espero que os haya gustado el capiii <3<3 Os amodoro xx +10 y el siguiente (prometo estar más atenta esta vez bbyz)]
Ella escuchaba todo lo que él decía, sin embargo, nada de eso le afectaba, nada de lo que decía le llegaba y no tenía intención de volver a acercarse a él. De algún modo, su corazón había dejado de intervenir y dejaba que su cerebro mandara sobre su cuerpo. ¿Estará bien? De todos modos, aquel hecho no le preocupó. Con un solo órgano mandando sería mejor, ya que con dos acababa confundida constantemente. Subió la música y se decidió a no escucharle más. Su corazón seguía ahí, pero había resultado levemente herido.
Ahora escuchaba la música salir de sus auriculares, no podía descifrar qué estaba escuchando, pero sabía que estaba demasiado alta como para escuchar sus súplicas. Bajó la mirada y se giró de nuevo. Ella no quería escucharlo. Sintió las miradas sobre él y los murmullos empezaron otra vez. No... Y esta vez, estaba solo.
***
Quiso quedarse ahí y seguirla cuando el autobús parara en su parada, pero tuvo que resignarse, tuvo que contenerse y escuchar a su razón, que no paraba de decirle que aquello era mala idea y podría acabar mal, sus padres le habían dicho que no se metiera en sitios que no conocía.
Llegó a casa y dejó la mochila en el suelo, junto a la puerta. No tenía ánimos para nada, y entonces recordó el pastel que había hecho ella esa mañana, también recordó cómo cocinaban juntos, cómo se colocó detrás de él guiando sus manos cuando no tenía ni idea de cortar un simple tomate, el sabor de su comida, y la manera en la que sonrió cuando él le dijo que estaba deliciosa. Soltó un débil suspiro y se mordió los labios con fuerza. ¿Por qué tuvo que ser tan torpe, tan tonto, tan imbécil y cobarde? ¿Por qué?
Se tiró encima del sofá y cerró los ojos, sin ánimos ni ganas de levantarse de ahí. A parte de estar solo en el instituto, también lo estaba en casa. Estaba más solo que nunca, y sus padres ni siquiera se preocupaban en llamar. Antes tenía a Harry y a Liam, y ahora ni eso.
Un coche ya la estaba esperando al bajar de la parada, sabía perfectamente quién era el sujeto que la esperaba dentro. Anduvo hasta el coche y abrió la puerta trasera, los cristales del coche estaban tintados. Ahora no estaba tan desacuerdo con lo que tenía que hacer, e iba a hacer. Austin sonrió en seguida que la vio, y se relamió los labios.
—Me alegra que hayas venido. —dijo él con una sonrisa ladeada. —Siento haberme puesto de aquel modo, estaba enfadado, me exaspera no conseguir todo el dinero que puedo conseguir. —era su disculpa. Se acercó a ella y colocó la mano sobre su muslo. —Aunque realmente, me gustaría arreglar las cosas correctamente.
Ella medio sonrió, no era la primera vez que hacía esto con su amigo, el cual era muy atractivo. Ella tampoco deseaba negarse a su petición, supongo que era una buena forma de pago. —Supongo que vas preparado. —mencionó ella, y él rió.
—Llevo una caja entera. —dijo alzando y bajando sus cejas.
—Ya, uno basta. —lo frenó ella en seguida, sentándose encima de él. Él rió y colocó las manos en sus caderas.
—Eso lo dices ahora. —murmuró él, uniendo sus labios con los de ella. Ella no se echó atrás, y mordisqueó sus labios salvajemente, como a él le gustaba. Sabía que a Austin le gustaba lo salvaje, por lo tanto, sabía que esa era la faceta que tenía que usar con él. Rápidamente pasó las manos bajo su camiseta y acarició el tonificado torso de su amigo y amante, mientras pasaba a besar su cuello y dejaba de acaparar sus labios.
Él gimió. De todas las chicas con la que se había acostado, nadie era capaz de igualarla a ella en su manera de hacer las cosas, tan decidida, salvaje y sensual. Nadie tenía comparación a su lado, ni siquiera la puta más cara, nadie.
Lo gracioso de aquello, era que mientras ella no se lo estaba pasando del todo mal junto a su amigo, Zayn se encontraba en el sofá con la cara hundida en uno de los cojines que había encima del sofá, llorando por su soledad y lamentando el momento en el que dio aquel paso hacia atrás, tropezó y cayó al suelo. Jamás le debería haber temido a su salvadora, porque ella jamás le dio un motivo para temerle. Nunca. Pero él no eligió ser tan imbécil como para asustarse por nada.
El teléfono sonó rompiendo el silencio de la casa —a parte de sus sollozos— y se levantó para ir a responder. Cogió aire y respondió. —¿Diga? —dijo. Había fingido al teléfono muchas veces, estar bien.
—Hola, mi amor, ¿qué tal va todo por ahí? —la voz de su madre era inconfundible.
—Bien, ¿y por ahí? —respondió, sonaba convincente, claro que de tenerla delante no colaría, sus ojos rojos lo delataban.
—¿Estabas durmiendo? —preguntó.
—Sí. —mintió él. Sabía que su voz estaba más ronca de lo normal debido al llanto, así que que estaba durmiendo era la mejor excusa que podía elegir.
—Oh, lamento haberte despertado. —dijo su madre. —¿Y con el dinero? Te basta, ¿no? Sino no hay inconveniente en mandar más. —dijo.
—No, no, va perfecto. —dijo él. El dinero no le resultaba precisamente lo más importante ahora mismo, de hecho, era una de las cosas que menos le importaban en ese momento. —Supongo que por Navidad no estaréis aquí, ¿verdad? —dijo, sin fe alguna de que le dijera que sí de verdad. Podía decir que sí, pero él sabría que ella estaría mintiendo.
Escuchó un suspiro. —En verdad lo dudo, Zayn. —por lo menos fue sincera. —Lo siento mucho. Si quieres puedes ir a casa de los primos.
—No, prefiero quedarme en casa. —dijo, y no mintió. A medida que sus primos crecieron cambiaron, y ahora eran “pasotas”, burlones, y se creían ser el centro del mundo. Digamos que él y sus primos no se llevaban del todo bien, y la prima dulce y adorable con la que antes jugaba a las muñecas, ahora era una puta que se pasaba la vida teniendo sexo con cualquiera. Era extraño que sus padres siguieran sin saber aquello.
—Como quieras. —dijo su madre en suspiro. —Cuídate, ¿vale? Tengo que colgar.
—Claro, igual. Adiós. —colgó la llamada antes de que ella lo hiciera. Siempre llamaba para preguntar cómo iba, y llamaba pocas veces. Una llamada de escasos minutos.
***
Tres condones sobre la alfombra del coche, usados. El olor a sexo era lo único que se respiraba en el aire, había sido una dura sesión llena de pasión y salvajismo, supongo que ambos lo disfrutaron, ¿para qué negar aquello? Ella se estaba poniendo los pantalones de nuevo, mientras él no hacía amago de vestirse, simplemente seguía estirado sobre los asientos, con la respiración más calmada que hace unos minutos después de haberse corrido por tercera vez.
—Sigues siendo una diosa del sexo. —dijo el chico a su lado, y ella sonrió de lado.
—Lo sé. —dijo con egocentrismo y orgullo. —Seguro que ninguna de las zorras con las que te has acostado me llega a la suela de estas sucias y viejas botas, ¿me equivoco? —dijo ella divertida. Él rió y negó con la cabeza.
—No, no te equivocas. Ellas no saben manejar a un hombre como tú lo haces. —mordió su labio inferior y se sentó, acercándose a ella, la cual ya estaba completamente vestida. —Voy a pagarte ahora. —dijo, mordiendo el lóbulo de su oreja. Cualquiera diría, después de escuchar eso y saber lo que acababa de suceder, que ella acababa de prostituirse, pero no. Ella había recurrido en varias ocasiones a la prostitución, sin embargo dejó de ser opción cuando se metió en el tráfico de drogas, claro que con Austin era una cosa distinta, algo extraño.
Le entregó una gran cantidad de dinero en efectivo, y ella lo contó con sus dedos, mirando los billetes entre sus manos. Once mil euros en efectivo, nada mal. —Bonita cantidad. —siseó ella guardando los billetes dentro del bolsillo interior de su chaqueta. —Sin embargo, espero más.
Austin sonrió. —Tranquila, habrá más, este sólo es el primer pago. —dijo. —A ver si acabas remodelando un poco tu... Humilde pisito.
Ella puso los ojos en blanco y abrió la puerta del coche, saliendo de éste y empezando a andar, sin despedirse, el abrir la puerta era su despedida. Eran amigos, unos amigos extraños, mucho. De hecho, nadie diría que lo eran, sino más bien, lo fueron. Austin se vistió y pasó al asiento de delante, arrancó y se esfumó.
Ella llegó a su casa, no quedaba muy lejos de ahí en donde Austin le había estado esperando con su coche. Al cruzar las puertas de cristal fue directamente a recepción, donde Clark estaba siempre sentado, y casi siempre dormido, como en esa ocasión. Colocó el dedo sobre el botoncito y la campanita sonó, despertándolo de golpe. Él frunció el ceño, molesto porque habían interrumpido su sueño. Ni que no durmiera.
—¿Qué? —dijo de mala manera.
—El dinero. —dijo ella secamente, sacando un billete de quinientos y dándoselo. El enfado del hombre pareció esfumarse y sonrió, mirando el billete con los ojos brillantes. Clark era un puto amante del dinero, y no podía decirse que lo viera a menudo, debido a su adicción al alcohol y al tabaco. —Ya puedes tacharme de la lista. —dijo ella, y él obedeció, y la tachó de la lista de gente que no había pagado aún. Había pocos nombres tachados.
Ella subió por el ascensor, aquel que parecía que en cualquier momento se averiaría y acabaría atascándose, o peor, cayendo al vacío, y pulsó el botón de su planta. Divisó una mancha blanca sobre el cristal y puso los ojos en blanco. Definitivamente, aquel lugar de mierda podría tener a alguien que mantuviera, al menos, un poco limpio el lugar. Esa mancha llevaba una jodida semana ahí, y ella tenía una sospecha de lo que era, por eso mismo se mantenía siempre lejos de ésta. Alguien había tenido una sesión de sexo ahí dentro.
Las puertas se abrieron y ella salió, yendo directamente a su habitación, cuando escuchó un ruido en seco y un gemido al pasar por la puerta más decorada y hecha polvo del lugar, estaba segura de que ella no tenía el dinero suficiente como para cambiarla. Sonrió, Nancy estaba con otro cliente, y ella misma se encargaría de que perdiera el dinero cuando terminara. No había nada que deseara más que que ella se largara de ahí y se fuera a vivir bajo un puente, nada. No frenó a pesar de los gemidos, ya que supuso que todavía les faltaba un tiempo para terminar. Entró en su apartamento y cerró la puerta, dejando la mochila en el suelo y agarrando el dinero de su chaqueta. Fue a su habitación, movió la cama y quitó la baldosa, metiendo el dinero dentro del agujero que había convertido en su caja fuerte. Sabía que nadie buscaría ahí, a parte de que no tenía cuenta bancaria.
Movió la cama de nuevo y se sentó sobre ésta, que chirrió. La pobre estaba hecha polvo, y es que aquella cama estaba ahí desde antes de que ella llegara. Los gemidos se escuchaban desde su habitación, odiaba que las paredes fueran tan delgadas. Puso los ojos en blanco y se levantó, debajo de la mesa llena de objetos, encontró su caja de tabaco con rapidez, y su mechero. Supongo que era costumbre. No le costaría mucho comprar más muebles, y tenía dinero, pero ella no quería, lo veía algo innecesario. ¿Para qué? Si de todos modos, acabaría yéndose de aquí en cuanto terminara los estudios. No sacaba buenas notas porque sí, ella tenía la esperanza de dejar lo ilegal, ganar una beca e irse lejos de aquel lugar lleno de mierda, crear una vida y empezar de cero, ya que desde un inicio estuvo metida aquí, sin ella quererlo.
[OMG! ¡No me lo creo! ¡Estaba en la piscina y cuando volví había +13! ¡Increíble! LAMENTO muchísimo la tardanza babys, espero que os haya gustado el capiii <3<3 Os amodoro xx +10 y el siguiente (prometo estar más atenta esta vez bbyz)]


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ResponderEliminarCada vez mas cerca *-*
ResponderEliminarAustin y Noa son Folla-Amigos jajajaj
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