lunes, 31 de agosto de 2015

BDSM | Zayn Malik - Capitulo 12

Autora: Sandra M.P.

NO COPYRIGHT. | BDSM

Me desperté y me estiré levemente, porque Zayn estaba durmiendo a mi lado, destapado de cintura para arriba, dejando ver algo de su vello púbico.

Pasé la mano por su abdomen, de arriba hacia abajo, donde estaba cubierto por la sábana. Dejé la mano sobre el vello púbico que se veía y la aparté acariciando su costado.

Creo que era el sumiso más atractivo que había tenido, no el más musculoso, pero él era perfecto. No lo quería con más músculo, lo quería tal y como estaba. Perfecto. Y para ser virgen, tenía mucho aguante.

Me levanté con cuidado para no despertarlo y salí de mi habitación, cerrando la puerta.

—Buenos días, Willa. —me sonrió Luke.

—Buenos días. —le sonreí yo una vez estuve en el salón. Me senté en el sillón y Amélia apareció por el umbral de la puerta.

—Buenos días, señorita. —me sonrió.

—Buenos días, Amélia. —le sonreí. Definitivamente, me rendía. No lograría que me llamara sólo por mi nombre.

—¿Quiere que le prepare el desayuno?

—Por favor. —sonreí amablemente. —¿Luke ha desayunado?

Negó con la cabeza. —¿Preparo el desayuno de los dos? —asentí con la cabeza.

—¿Y al final qué pasó con Zayn? —preguntó.

—Está en la habitación de invitados. —le respondí, y él alzó ambas cejas.

—¿Y eso?

¿Y ahora cómo se lo explicaba? Si lo vería cada día por aquí. —Hum... A partir de ahora vivirá conmigo. —le dije.

—¿Qué? ¿En serio? —dijo sin poder ocultar su sorpresa.

—Sí. —dije, y estaba segura de que estaba esperando una explicación. Pero yo preferí no ofrecérsela, y es que no tenía ninguna. O bueno, sí, pero no se la daría.

Zayn bajó por las escaleras enrollado en una sábana y Luke y yo fijamos la mirada en él, quien al vernos se sonrojó y se sujetó mejor la sábana. Supuse que debajo de esta, no llevaba nada.

—Buenos días, Zayn. Tu ropa está en mi habitación. —le dije, y él asintió con la cabeza.

—Hum... Buenos días. —dijo, y dio media vuelta para ir a cambiarse.

Luke tosió y me giré hacia él, que me encaraba una ceja. —¿Soy yo o estaba desnudo?

—Él, tan torpe como tú, acabó en la piscina, y ha dormido así en la habitación de invitados. —mentí, bastante creíble.

—Ah. Por un momento pensé que él y tú... —insinuó, y yo reí.

—No. —y era verdad. Él y yo no habíamos hecho nada si se refería a follar.

—Ya está el desayuno, y como he escuchado al otro chico también le he preparado el desayuno. —dijo dejando dos platos sobre la mesa, y después volvió a entrar en la cocina y salió con otro.

—Gracias, Amélia. —le sonreí levantándome.

Zayn bajó las escaleras ya vestido y anduvo a paso lento hacia nosotros.

—Ven, Zayn, Amélia te ha preparado el desayuno. —le sonreí, y él vino hacia mí y se sentó a mi lado.

—Buenos días, Zayn. —le dijo Luke.

—Buenos días. —dijo Zayn tímidamente.

—Soy Luke. —se presentó.

—Encantado. —dijo Zayn con una pequeña sonrisa.

Me alegraba saber que se llevaban bien. Eso era bueno.

Le di un sorbo a mi zumo y ellos también empezaron a desayunar. Parecía que siempre esperaban a que yo diera el primer mordisco.

—Oh, Luke, ¿después podrías ir a comprar ropa para Zayn, por favor? —le dije, y él asintió con la cabeza, sin pedir explicaciones. Zayn bufó y yo medio sonreí. —Ya que es imposible ir de compras con Zayn. —añadí.

—Eso es porque no hace falta que me compres nada. —murmuró él enfurruñado.

—Quiero hacerlo, y voy a hacerlo. —dije segura.

Él se mordió los labios, resignado, pero no dijo nada.
—Termino de desayunar y voy a por su ropa. —me dijo Luke.

—Gracias. —le sonreí.

Y terminó rápido y se levantó, cogiendo su plato.

—El plato. —dije divertida, y él volvió a dejarlo sobre la mesa.

—Es que todavía no me acostumbro. —sonrió tímidamente. —Bueno, voy a por su ropa. Supongo que la misma talla que yo. —dijo, y no esperó respuesta. —Nos vemos. Adiós, chicos. —nos sonrió antes de irse.

—¿Por qué te empeñas en pagármelo todo? —me preguntó, y yo medio sonreí.

—Quiero lo mejor para mis sumisos. —me encogí de hombros.

—Tengo otra pregunta... Bueno, en realidad unas cuantas. —murmuró en voz baja.

—Adelante. —lo incité a continuar.

—¿Tus sumisos... Te tocaban?

—Sólo cuando yo se lo permitía. Raras veces. —respondí, siendo sincera. Y él asintió con la cabeza, serio.

—¿Qué pasa si... Siendo tu sumiso me acuesto con otra? —me preguntó.

Yo fruncí el ceño y apreté mi mandíbula. —Cuando te comprometes a ser sumiso de alguien es como si estuvieras en una relación. Nadie puede tocarte excepto yo.

—¿Y qué pasará si lo hago?

Me encogí de hombros. —Volverás a casa. No comparto mi territorio con nadie.

—¿Soy de tu propiedad?

Sonreí pícaramente. —Lo eres.

Miró su regazo y sin mirarme, dijo algo que no me esperaba.

—¿Y... Y si quiero perder mi virginidad? —preguntó en voz baja.

Mordí mis labios. ¿Qué demonios debía hacer yo? Yo no tenía sexo, nunca. Hacía mucho que no tocaba a ningún hombre fuera del salón de juegos.

Suspiré. —¿Quieres perderla con alguien en especial? —le pregunté. Y por mucho que me doliera, le dejaría, dejaría que alguien tocara lo que es mío.

—Sí. —susurró.

Apreté mi mandíbula. —¿Y quién es?

Alzó la mirada, con sus mejillas sonrosadas. —Tú. —susurró, haciendo que parpadeara a causa de la sorpresa.

—¿Yo? —dije, sin poder ocultar la extrañeza en mi voz.

Él asintió tímidamente con la cabeza, y ese rubor no desaparecía de sus mejillas.

¿Qué se suponía que debía hacer? Nunca había estado en este tipo de situación. Mucho menos con un sumiso. ¿Pero era simplemente que quería perderla o quería algo más especial?

—Zayn, ¿estás seguro de que quieres eso? —le pregunté, totalmente seria.

Bajó la mirada. —Si no... No quieres no...

—Shh... —lo callé, y él alzó su mirada. —Yo no he dicho eso, Zayn. Simplemente es que no soy la persona más adecuada para esto.

—¿Por que? —preguntó en voz baja.

—Porque yo no tengo sexo con nadie, Zayn. —le respondí. —Hace mucho.

—Entonces da igual, no... Puedo seguir siendo virgen. —murmuró, pero era consciente de que lo dijo dolido, por sus ojos.

—Zayn, no voy a prohibirte que tengas tu primera vez. —dije alargando mi brazo para alzar su mentón. —No bajes la cabeza. —le susurré. Y él permaneció con la cabeza alta, pero bajó la mirada. Medio sonreí. —Mírame. —ordené en susurro, y lo hizo. —No te avergüences de ser virgen. No tienes por qué.

Giró su cabeza soltándose de mi agarre y negó con la cabeza. —Sí tengo por qué. A mi edad... Yo no sé nada sobre esto. —dijo con las mejillas encendidas.

Acaricié su mejilla. —En ese caso, estaré encantada de enseñarte, Zayn. —susurré, haciendo que sus mejillas se encendieran de nuevo.

***

Tenía condones en uno de mis cajones. Y rezaba para que no estuvieran caducados. Los agarré y miré la fecha, aliviada.

Zayn estaba sentado en mi cama, mirando sus rodillas. Sonreí. Siempre tan vergonzoso...

Me acerqué a él y dejé el condón sobre la mesita de noche, para cuando tengamos que usarlo.

—¿Listo? —le dije, y él asintió con la cabeza.

Era su primera vez, y me gustaría hacerlo lo mejor que pueda.

Acaricié su abdomen por encima de su camiseta y planté suaves besos en su cuello. Sentí sus manos en mis caderas, un tanto temerosas, pero lo dejé. No estábamos en el salón de juegos, y no me desagradaba del todo la sensación.

Alcé su camiseta y él subió sus brazos para ayudarme a quitársela. Lo recosté sobre la cama y empecé a repartir besos por su abdomen, sintiendo su piel caliente sobre mis labios. Miré hacia arriba, a sus ojos cerrados.

Con la otra mano empecé a acariciar su abdomen, acompañando a mis besos. Y fui subiendo hasta llegar a su cuello, uno de mis lugares preferidos. Estiró más su cuello dejándome más acceso y gimió cuando succioné esa zona.

Colocó la mano en mis espalda y yo bajé mis besos hasta su mandíbula, y después volví a succionar su cuello. Froté mis labios con los suyos, un simple roce.

—Willa. —susurró sobre mis labios, y sus ojos se posaron fijos sobre los míos. —Bésame, por favor. —suplicó en susurro.
[Espero que os haya gustado, baes, no os olvidéis el +1 ;) xx]

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 27

Autora: Sandra M.P.

NO COPYRIGHT.

Tardaba demasiado en subir, y sabía que no había ido a por un vaso de agua desde un principio. Salió de la habitación y bajó las escaleras sin hacer ruido, escuchó sollozos y se acercó con cuidado y sin hacer ruido, los sollozos provenían del sofá. Se encontró a Zayn acallando sus sollozos con un cojín, sentado en el sofá. "No", dijo su cerebro rápidamente. Pero ella lo ignoró. Se acercó y se sentó a su lado, al parecer, sobresaltándolo, ya que automáticamente alzó su vista y se secó las lágrimas con la manga de su jersey, con rapidez.
—Zayn. —murmuró ella.

—No, sí... Ya... Ya voy, sólo... —soltó otro pequeño sollozo y rompió en llanto. Demasiado para él, él no podía seguir con esto. Ella se acercó y lo rodeó fuertemente con sus brazos. Él se sorprendió, pero se dejó, por supuesto que lo hizo. Jamás pensó que volvería a sentirla así.

Lloró, desatando todo el dolor que tenía dentro, por la soledad, por su vida, por todo. Su llanto resonaba por toda la casa, y ella mantenía su agarre firmemente en su cuerpo, mientras él mantenía la cara hundida un poco más arriba de su pecho, debido a su posición. Su llanto fue cesando, y ella lo notó y se separó de él, mirándolo a los ojos. Él era una persona muy frágil, demasiado. ¿Cómo no pudo comprender desde un principio, que él no podría soportar su frialdad? Ni la merecía. Alargó la mano y acarició su mejilla, Zayn inclinó su cabeza y cerró los ojos, disfrutando de aquel contacto.

—Lo siento. —murmuró ella. "¡Qué haces? ¡Y tu orgullo?" su cerebro daba gritos, sin embargo al ver su sonrisa, poco le importó. Abrió los ojos y se topó con aquellos verdes.

—Yo también... Me defendiste. —susurró, y negó tristemente con la cabeza. —Y yo...

—No importa. —lo calló ella, al ver que le faltaba poco para romper a llorar de nuevo. —Sé que doy miedo. —admitió ella. —Pero no debes temerme, porque yo nunca te haría daño.

Volvía a sentir su corazón, latiendo frenéticamente en su pecho, como si fuera a salirse. Se derritió al escuchar sus palabras. Le había hecho daño, tal vez no físico, pero sí psicológico, y bastante, su corazón había sufrido unos golpes muy duros, pero ahora eso no importaba. —Lo sé. —se atrevió a murmurar. —No sé por qué me aparté. —confesó. No tendría que haberlo hecho, nunca.
—No importa, olvídalo, ¿vale? —dijo ella, y él asintió débilmente con la cabeza. —¿Has comido? —cambió de tema, y al ver su mirada en seguida supo la respuesta. Suspiró.

—No tenía hambre. —murmuró. —Y además, no quería salir.

—¿Salir? —preguntó ella, claro que después recordó que él no sabía cocinar.

—Como no sé cocinar, mis padres me han dejado dinero para que coma. —respondió él, y ella asintió.

—Pero seguramente podrías pedir comida a domicilio. —dijo ella, y él se encogió de hombros. Probablemente, pero no pensó en ello, porque de haber querido comer, lo habría hecho.

—De todos modos, es porque no tenía hambre. —murmuró él, y ella asintió, descontenta con aquello.

—Tienes que comer. —dijo.

—¿Por qué tienes esa obsesión con la comida? —preguntó él, y ella torció la boca. Acababa de tocar un tema bastante delicado, aunque no lo supiera, aunque se percató en seguida al ver su cara.

—Por cosas. —respondió ella, sin más. Él asintió, comprendiendo que no recibiría más información a cerca del tema. —Y ahora voy a prepararte algo para comer. —se levantó.

—No importa. —él también se levantó, intentando frenarla.

—Sí que importa, vamos. —dijo ella, y lo agarró del brazo guiándolo a la cocina. No se esperaba que lo cogiera de aquel modo, no era un contacto brusco, aunque agarraba fuerte, pero ella no se negaría a hacerle de comer, no cuando perdió a una de sus amigas a causa de la comida, precisamente.

***

—¿Te quedas? —apoyó la cabeza sobre su hombro y ella lo miró y sonrió de lado. Zayn era un chico cariñoso, e iba comprobándolo a causa de sus muestras de afecto, aunque ella las recibía, pero no ofrecía otra muestra de afecto a cambio, como él esperaba. A ella no le importaría quedarse, además de que ya tenía su dinero, y por lo tanto, volvía a tener tiempo, tiempo que ella declaró como tiempo perdido estando junto a Zayn, sin embargo, no parecía tener planes de dejar de desperdiciarlo.

—Claro. —dijo, y él sonrió. Había logrado convencerla de que dejaran las clases de repaso por hoy, y ella había aceptado diciéndole que sería sólo por hoy, y nada más que hoy. Comieron unos crepes de nutella, los había disfrutado, no recordaba la última vez que los comió, ya que su madre nunca hacía, porque decía que se le quedaban pegados en la sartén y que odiaba luego tener que despegar los restos, pero a ella no se le habían pegado. —Hum... Paso más tiempo aquí que en mi casa últimamente.

Él rió levemente. Lo sabía, y es que ahora que no estaban sus padres... Bueno, casi nunca estaban, pero ahora que no estaban podía quedarse a dormir, ya que sus padres, aunque no estuvieran en casa, eran bastante protectores y no dejaban que ninguna chica que no fuera familiar, se quedara a dormir, ¿y cómo lo sabía si nunca se había dado el caso? Pues porque los había escuchado opinar a cerca de su prima y sus amigos, que no estaban de acuerdo en absoluto en que durmieran en la misma habitación, y lo mismo de su primo con sus amigas, no se fiaba. Y él no aprovecharía esa oportunidad que la vida le estaba dando, mucho menos sabiendo que era ella quien dormiría junto a él, y estaba seguro de que la echaría de menos cuando sus padres volvieran.

—¿Y ya tienes las sábanas limpias? —su sonrisa se esfumó y parpadeó inocentemente, ella rió. —Supongo que eso es un no.

—No. —murmuró. Tenía que ir con cuidado si no quería quedarse sin ropa, no quería tener que ir con la ropa de verano.

—Así mismo, ¿sabes usar la lavadora? —le preguntó alzando una ceja. Él se sonrojó. No, no sabía hacer absolutamente nada. —Vale que quieras dibujar, pero aprende a cocinar y a poner la lavadora, o ninguna mujer te querrá. —le regañó, y él se mordió los labios, reprimiendo una risa. Le había hecho gracia el comentario pese a que luego se sintió herido. ¿Alguna vez alguien se fijaría en él?

—Ya, lo sé... Es que... Siempre me han tenido mimado, y nunca he aprendido a hacer nada, nunca me he interesado. —respondió, y ella sonrió de lado. Mimado, y ahora abandonado, por lo que veía.

—Bueno, pues vamos a poner una lavadora ahora. —dijo levantándose, y él también se levantó. Así aprendería a usar una lavadora. —A ver, ¿dónde está? —le preguntó, y él la guió a la cocina, donde tenían un pequeño cuarto con una lavadora y una secadora, y todavía tenía la cesta de la ropa sucia arriba.

—Voy a por la cesta. —dijo, yendo rápidamente al baño de su habitación. Cogió la cesta y corrió por las escaleras, para tardar el menor tiempo posible. Se la encontró con un vaso de detergente en la mano.

—Vale, es muy importante no mezclar el blanco con nada, ¿vale? Porque si lo mezclas va a acabar de colores. —explicó, dejando el vaso encima de la lavadora. Zayn dejó la cesta en el suelo y ella empezó a coger ropa, separándola por colores. —Anda. —dijo, sacando una cojinera de color rojo con el estampado de la cabeza de Mickey. Él se sonrojó. Ahí estaba. —¿Y esto? —dijo haciendo una mueca. —¿Tienes piscina?
Se sonrojó hasta la raíz del pelo al ver sus pantalones completamente empapados, ahora que le había cogido confianza, le daba igual que viera su ropa interior, así como también vería sus calzoncillos empapados. —Es que... Me mojé.

—No, si ya. —respondió ella cogiendo también sus calzoncillos empapados. —¿Cómo, exactamente?

—Hum... Piscina. —murmuró, mirando al suelo mientras jugueteaba con sus dedos, y paró.

—Fingiré que me lo creo. —siseó, y la miró. Estaba metiendo la ropa de color dentro de la lavadora. —A ver, se mete toda la ropa de color, y con medio cacito de detergente basta, ¿vale? —dijo, echándolo dentro de una especie de cajón. Lo cerró y pulsó un botón. —Le das ahí y se pone en marcha, cuando se pare sólo tienes que sacar la ropa y tenderla.

Él asintió con la cabeza. No era tan complicado. —Vale.

—Bueno, supongo que acabaremos apretujándonos otra vez en tu cama, ¿no? —dijo ella, con cierta diversión en la voz. Él se sonrojó, recordando que el día que durmieron apretujados acabó con una erección, gracias al sueño que tuvo, y acabó corriendo al baño y entrando en la bañera, completamente avergonzado.

—Sí. —murmuró, con la voz temblorosa, al ver aquella expresión pícara en su rostro, que no comprendía muy bien a qué venía.

—¿Sabes que hablas en sueños? —empalideció. Oh, Dios. No. Tragó saliva y sintió un leve temblor en las piernas. Él no habrá mencionado su nombre en sueños, ¿verdad? Se acercó a él con una sonrisa en el rostro y retrocedió por instinto, topándose con la secadora y sobresaltándose. —¿Qué soñabas? —murmuró con diversión, viéndolo acorralado completamente y sin salida posible, ya que la habitación era muy pequeña y apenas tenían espacio, a parte de que ya había topado con la secadora.

—Na-nada. —tartamudeó, nervioso. Dios, Dios, Dios. Él no podría haber gemido en sueños, ¿no? Algo en su mirada pícara le decía que a parte de haber murmurado su nombre, que estaba seguro de que lo había hecho, había... Había... No se habría percatado de su erección, ¿verdad? No... Tenían el edredón.

Ella rió levemente. —¿Nada? —dijo, su anatomía estaba demasiado cerca de él, aumentando todavía más su nerviosismo, a parte de que estaba completamente acorralado y no tenía a dónde huir. —¿Por qué repetías mi nombre? —preguntó.

—Estábamos... Soñaba que estábamos en el instituto. —murmuró, y no mentía. Esta vez su sueño siguió a más, vio más, imaginó más de lo que debía haber imaginado nunca. Tragó saliva. No estaba mintiendo.

—Ajá... —murmuró. —¿Y qué hacíamos? —preguntó.

—Ha-hablar. —tartamudeó, mirando detrás de ella. Volvió su mirada a ella y se fijó en su sonrisa, la cual se amplió. Sabía que mentía. Se mordió los labios y bajó la mirada.

—Hablar... —murmuró. —¿Y aparte de eso?

Sentía que en cualquier momento iba a desmayarse, estaba muerto de vergüenza, él jamás debería haber soñado eso. ¡Y mucho menos haberse saciado como lo hizo! —Y-yo... —se quedó sin habla. Si mentía, ella se daría cuenta, y si no respondía, ¿qué iba a pensar?
Escuchó su risa y sintió una de sus manos en su cadera, mientras que con la otra alzó su mentón, obligándolo a mirarla. —Gemías en sueños, también. —murmuró con diversión. Se sintió sofocado, sentía demasiada calor, iba a explotar, a desmayarse. Qué vergüenza. Jamás había pasado tanta vergüenza como la estaba pasando ahora, y eso que estaba acostumbrado a pasarla constantemente, siendo humillado delante de todo el instituto, he ahí un claro ejemplo. —¿Me vas a decir la verdad?

—¿Estabas despierta? —su voz salió temblorosa, y ella asintió, con aquella chispa maligna y divertida brillando en sus ojos. Y sólo una palabra vino a su mente: mierda.

—Incluso cuando saliste corriendo al baño. —murmuró con diversión. —¿Tengo que preguntarte qué hacías también, o me quedo con mi hipótesis? —dijo divertida, y él cogió aire. Miró hacia abajo, evitando su mirada, demasiado avergonzado como para mantenerla. ¿Y ahora qué? La mano de ella permanecía en su mentón, y la otra en su cadera, manteniendo su anatomía cerca de ella. —No has hecho nada malo. —murmuró al ver que no alzaba su mirada, y entonces sus ojos miel un tanto nublados se fijaron en los de ella. —No irás a llorar, ¿verdad? —susurró, y él negó.

—Es vergonzoso. —murmuró él apartando su mirada y dejando la mano de la chica al aire. Ella rió y la bajó, también a la cadera de él, juntando más sus anatomías. Estaba perdiendo el control poco a poco.

—Hum... En verdad, me divirtió escucharte. —admitió ella con una sonrisa de lado, y él respiró hondo disimuladamente, pero fue fácil de percibir debido a su cercanía.

—¿Vas a seguir riéndote de mí? —dijo en voz baja, y su sonrisa desapareció. Acarició su cadera.
—¿Quién ha dicho que me esté riendo de ti? —murmuró. Su intención no era reírse de él, simplemente conversaba, tal vez reírse con él, pero dada su situación supongo que lo segundo no.

—Te estás riendo de mí. —dijo. —Yo no... Yo no quería decir nada de lo que dije mientras soñaba. —dijo, y no dijo que no quería soñarlo porque mentiría, y ella lo notaría, y entonces sería peor.

—Mírame. —ordenó suavemente, y él lentamente fue alzando su mirada. —No me estoy riendo de ti, ni siquiera me molesta que hayas tenido sueños mojados conmigo. —dijo, haciendo que las mejillas de él volvieran a tomar más color aún, si es que era posible. Acercó su rostro al de él y rozó sus labios, juntándolos dulcemente, acariciándolos y dando leves lametones. Él no opuso resistencia en cuanto su lengua quiso entrar, y acarició la suya. Pero algo en el aire cambió, la dulzura desapareció y ella acariciaba sus caderas, no se dio cuenta y ya estaba encima de la secadora, con ella succionando sus labios con ansiedad, dejando pequeñas mordidas y volviendo a explorar su boca. Y por falta de aire, tuvieron que separarse, sus ojos verdes estaban más oscuros, al igual que los de él. Ella no sabía qué acababa de pasar, pero sabía que no podía continuar por ese camino.
Se dispuso a apartarse, pero las piernas de Zayn acabaron rodeándola, y sus labios volvieron a plasmarse sobre los de ella, con ansiedad, buscando y necesitando los suyos. Ella tenía las manos a sus costados, demasiado indecisa, porque su cerebro le gritaba que lo hiciera, pero esta vez, su corazón se negaba en rotunda, y ahí tenía otra vez, un popurrí de indecisiones. "Házlo, sabes que quieres", eran las palabras de su cerebro. "No lo hagas, le harás daño", decía su corazón. Al parecer, su corazón encontró las palabras correctas que le hicieron retroceder. «Pero no debes temerme, porque yo nunca te haría daño.»


[Yo sé que esto os ha gustado ah. Bueno, cambiando de tema y tal, ayer estuve como hasta las 6 de la madrugada viendo los VMA's PARA NADA PORQUE EL NEGRO NI SE APARECIÓ, y santa mierda, qué sueño. En fin, como llegamos a los +10 espero que os haya gustado, y ya sabéis, otros +10 y subo otro. PD: Es increíble cómo lector@s fantasma me han seguido hasta aquí, o sea, DIOS, me irrita ver que 70 personas han leído y no se reportan -.-' ]

domingo, 30 de agosto de 2015

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 26

Autora: Sandra M.P.

NO COPYRIGHT.

Hoy tenían que exponer la coreografía, lo cual no lo animaba mucho, que digamos. Ayer la repasó, sentía que necesitaba hacer algo más que llorar en el sofá y en la cama, así que se dignó a levantarse, a poner la música y a bailar. Desayunó un trozo del pastel que ella había hecho y un Cola Cao, dejando de lado sus cereales. Aquel pastel de chocolate estaba riquísimo, como todo lo que ella cocinaba. Se había vestido con unos vaqueros y otro jersey, para el frío, unas Converse altas a conjunto con su camiseta, ya que los vaqueros solían combinar con todo, y se había peinado y lavado los dientes. También había tenido que sentarse —para su desgracia— junto al chico que siempre tenía la cara empotrada al cristal, aquel mismo que le dedicó unas palabras no muy agradables. Ella no le había dirigido una mirada en todo el día y ya se encontraban en el recreo, estaba concretamente en el baño, sentado en el retrete, como siempre, dentro del cubículo de siempre.
Lanzó un suspiro y arrugó el papel de aluminio, había comido despacio para no aburrirse del todo y entretenerse por lo menos en masticar. Salió del cubículo y tiró la bola de papel de aluminio a la basura. La campana sonó, para su suerte, y él salió del baño y se dirigió al gimnasio, con su bolsa colgada al hombro. Al llegar se cambió poniéndose el chándal y salió rápido, bajando las escaleras. Se sentó en las gradas y esperó, hasta que la gente fue entrando, riendo entre ellos, charlando... Mientras él, como siempre, estaba solo y sentado en una esquina. Él nunca tendría una vida como ellos, con amigos, jamás se sentaría junto a más gente y conversaría animadamente sin que nadie lo mirara mal. Por un momento temió volver a quebrarse.

Escuchó la voz de Sam y se giró, él estaba hablando con Noa, sonriendo, y ella parecía seguirle la corriente.


Si quieres, cuando vuestros compañeros terminen podéis bailar vosotros en privado. —escuchó que decía el simpático de Sam, simpático cuando no se relacionaba con él. Al menos había dicho "vosotros", por un momento temió que en el último segundo ella hubiera decidido bailar sola, ya que parecía tener una especie de poder de convicción en las personas, y no, esta vez no hablaba de las amenazas que soltaba, como en el caso de ayer, si no en otro caso, como en el que estaba tratando a Sam con amabilidad.

Sí. —dijo ella, y dándole otra sonrisa se sentó en las gradas, lejos de él, quien no hizo más que apartar la mirada al ser ignorado y mirar al suelo. Dio un pequeño suspiro y alzó la mirada, con las pocas fuerzas que le quedaban dentro. Podría mover su culo de ahí y acercarse a ella ahora que no tenía los auriculares. Se mordió los labios y se lo pensó, realmente se lo pensó, y finalmente, y para su sorpresa, lo hizo. Supongo que su corazón no sería capaz de soportar un rechazo, no ahora.

Noa. —cuando ella lo miró, supo en seguida que su corazón corría riesgo de un buen golpe, sin embargo, no se detuvo. Se sentó a su lado y sus ojos verdes y vacíos se fijaron en los suyos, estaba más nervioso nunca. —Sobre lo de ayer... Perdóname, no... No quería... —ella suspiró, con cansancio, y aquello fue el primer golpe.

Déjalo —dijo ella. —, de todos modos tú y yo nunca seremos amigos. —se levantó, acababa de recibir el golpe más fuerte que había recibido nunca, ninguna paliza, ningún golpe, ninguna humillación le había resultado más doloroso que aquello. La vio sentarse alejada de él, y de todos. Se vio obligado a tragar saliva para hacer que aquel nudo desapareciera, sin éxito. Sus ojos se cristalizaron y él miró hacia el lado opuesto, para que nadie viera las lágrimas que se habían formado en sus ojos. De todos modos, sus compañeros estaban en el otro lado, y todos estaban ahí ya.

La primera canción empezó, alguien había elegido bailar "What Does The Fox Say", de Ylvis, supuso que se trataría de los populares intentando hacer la gracia con aquella canción, y no paraba de escuchar las risas a su derecha, pero él no se giró, mientras sentía las lágrimas rodar en silencio por sus mejillas. Cerró los ojos mientras cambiaba de posición, poniendo el codo sobre sus rodillas y sujetando su cabeza, sin dejar de mirar el mismo lugar, para que nadie lo viera. En la segunda canción supo que se trataba de las chicas populares, ya que la canción que sonaba era "Hard Out Here", de Lily Allen. ¿Quién más podría bailar esa canción? Y otra canción, supongo que del grupo que quedaba, de quienes el nombre no le importaba. La canción "Radioactive", de Imagine Dragons, sonaba. Si sabía el nombre de todas aquellas canciones fue porque ayer, a parte de bailar, tuvo que buscar música para entretenerse, y había aprendido bastante.

Y aquella canción fue la última, Sam les indicó que se fueran a la otra parte del gimnasio a hablar, y ellos no objetaron. Él tuvo que limpiarse la cara con rapidez, y maldecía por no tener un espejo cerca para verse, Sam se reiría silenciosamente al verlo, y lo sabía. Se levantó y fue hacia Sam, ya que ahora les tocaba a ellos dos.


Bien, esta es la privacidad que puedo daros, apenas os verán desde aquí, están lejos. —dijo Sam mirándola, y cuando llegó con ellos le dedicó una mirada, y en ésta apareció una chispa de diversión cuando percibió su estado. Simplemente lo ignoró, porque no podía hacer nada. —Bueno, a bailar entonces. —dijo. —¿Canción?

Yo la pongo. —dijo ella, y él la miró. Ella conectó el móvil al amplificador y la música empezó. Zayn se colocó y ella se puso a su lado. Entonces, empezaron a bailar.
***

¿Qué se suponía que debía hacer para que todo volviera a ser como antes? «Déjalo, de todos modos tú y yo nunca seremos amigos.» Era lo más doloroso que había escuchado en su vida, ni siquiera los insultos que había recibido a lo largo de su vida —los cuales no eran pocos—, podían compararse con aquellas palabras. Pero estaba seguro de que lo hiriente no eran aquellas palabras, sino quién las había dicho. Él no paraba de torturarse reproduciendo una y otra vez aquellas palabras en su cabeza, constantemente.

Se subió al autobús reproduciendo esas palabras, y llegó a casa con ellas en la cabeza, y por supuesto, ella subió al autobús, él volvió a sentarse delante de ella, pero esta vez no se dio la vuelta para disculparse, permaneció mirando al frente durante todo el camino, sin mirar nada y a nadie más que el respaldo del asiento que tenía frente a sus narices.

Bajó del autobús en silencio y así llegó a su casa, y se sentó en el sofá, no sin antes dejar la mochila en el suelo. Otra vez, no había ni rastro de su apetito habitual, se había esfumado. Suspiró. Supuso que ella no vendría a darle clases de repaso hoy, ¿verdad? Cerró los ojos.

Llamaron al timbre y se movió, cansado y con un terrible dolor en su espalda. ¿Se había quedado dormido? Sólo había cerrado los ojos un segundo. Miró el reloj sobre el televisor y abrió los ojos como platos. Eran las cinco en punto, y alguien llamaba al timbre, no podía ser nadie que no fuera ella. Y como si alguien le hubiera puesto pilas nuevas, se levantó y corrió al recibidor, abrió la puerta y se encontró con aquellos ojos verdes —y vacíos—. La dejó pasar reprimiendo la inmensa sonrisa que luchaba por salir y aprovechando que ella no lo veía, la dejó salir, mostrando todos sus dientes, y antes de darse la vuelta volvió a ponerse serio, una vez hubo cerrado la puerta.


Bien, hay deberes de Matemáticas, Historia y Lengua, así que, no hay tiempo que perder. —su voz sonaba fría, demasiado.

Él asintió sin mucha ilusión y subió las escaleras, sabiendo perfectamente que ella lo estaba siguiendo. Se sentó en su cama y se dio cuenta de que se había dejado la mochila abajo. —Voy a por mi mochila, está abajo. —se excusó y salió de la habitación.

Ella se sentó en la silla del escritorio y soltó un suspiro. Bien, estaba aquí de nuevo, tampoco por no ser amigos tenía que negarle las clases de repaso. Necesitaba un poco de profesionalidad si quería dedicarse a algo en un futuro. Escuchó pasos en las escaleras y poco después, Zayn entró por la puerta, con la mochila en la mano.


Bien. —dijo ella. —Empecemos con Matemáticas. —dijo, sacando el libro y el estuche. Él se sentó en la cama y sacó también su libro. —¿Sabes hacerlo?
—No. —respondió con sinceridad. Ella se levantó con sus cosas y se sentó junto a él, lo cual aceleró su corazón.

—Veamos —dijo pasando páginas. —, aquí tienes las fórmulas, tienes que aplicarlas. Mira, "a" es el primer número, "b" el segundo y "c" el tercero, ¿vale? —él asintió, realmente sin prestar mucha atención, estaba más pendiente de su anatomía, cerca de la suya. —No me estás escuchando. —removió su cabeza y la miró, su mirada permanecía seria.

—Sí. —mintió, y ella bufó y se apartó, sentándose recta.

—¿Todavía no has aprendido que no puedes mentirme? —dijo ella, y él apartó la mirada. Sí, tenía razón. —Zayn, si no me escuchas, no aprenderás nunca. —le dijo, y él la miró.

—Me da igual. —admitió, y con aquello no mentía. —De todos modos pienso dejar los estudios en acabar este curso, tenga que repetir o no. —dijo, y la mirada de ella permaneció impasible.

—¿Y alguna idea de lo que harás en un futuro? Dudo que sin estudios llegues a nada. —dijo ella seriamente. Genial, ya se parecía a su madre hablando. Le entrecerró los ojos.

—Yo quiero dibujar, no necesito esta mierda para eso. —dijo golpeando débilmente el libro de Matemáticas. —Odio las Matemáticas, odio los números. —dijo exasperado.

Ella suspiró. —Zayn, yo también odio las Matemáticas, y no las necesito para lo que quiero estudiar, pero lo mejor es quitárselo de encima y llegar a ser algo.

Zayn sonrió tristemente. —¿Llegar a ser algo? ¿De verdad? —aquellas palabras salieron con tristeza y decepción. —Yo nunca voy a ser nada, siempre seré un estorbo para todos, un problema para el mundo y... ¿De qué me va a servir ser algo? —la miró, la inexpresividad había sido reemplazada por sorpresa y cierta molestia. —De todos modos, seguiré estando completamente solo, te recuerdo que no tengo amigos. —la palabra "amigos" fue dicha con un temblor en su voz. Hablando de su odio a las Matemáticas, habían acabado hablando de aquello, de su soledad, aquello que últimamente estaba en su cabeza.

Ella tragó saliva, y por un momento deseó no haber sido de aquel modo con él, pero el cerebro volvió diciéndole que no cometiera ninguna estupidez. "No sientas lástima", "no dudes", "no eches a perder todo lo que hemos construido año tras año". Y entonces todo lo que tenía que decir se esfumó. —Bien, estoy aquí como profesora de repaso, no como psicóloga. —dijo, y aquello hizo que el corazón de Zayn cayera a sus pies, sintió que de tantos golpes había muerto. Quiso romper a llorar, pero se tragó el llanto y asintió con los ojos llenos de lágrimas y una falsa sonrisa en el rostro.
—Tienes razón. —dijo con la voz quebrada. —Se me había olvidado lo fría que eras y lo poco que te importan los demás.
Ella le entrecerró los ojos, pero él no lo vio, ya que miraba al libro. ¿Pero qué iba a decirle si tenía razón? A ella le importaban una mierda sus jodidos problemas. —Pues que no se te vuelva a olvidar. —dijo secamente. —Sigamos con esto.

Sintió cómo su corazón se partía en dos y no podía respirar. Cogió una bocanada de aire disimuladamente y cerró los ojos, intentando controlar el dolor que sentía, demasiado fuerte. Todas las esperanzas se fueron, él sabía que ella no volvería a ser la de antes, que él y ella jamás serían amigos, que a ella nunca le importaría, y que hiciera lo que hiciera, se disculpara las veces que se disculpara, ella no volvería a rodearlo con sus brazos, ni volvería a plasmar sus labios sobre los suyos, su lengua no volvería a acariciar la suya.

Se levantó de golpe. —Voy a por un vaso de agua. —dijo con la voz ronca, ella no tuvo tiempo de decir nada, a parte de que no tenía intención de hacerlo. Sabía que su voz había salido más ronca, y sabía que el que él estuviera así, era su culpa.

Zayn se sentó en el sofá y agarró un cojín, cubriéndose la cara y sollozando, acallando en seguida el sollozo con el cojín. Soltó todo lo que estaba conteniendo, el llanto y la presión, el dolor. Se desahogó, y sabía que estaba tardando lo suyo en "ir a por un vaso de agua", al menos esta vez parecía no haberse percatado de su mentira.


[Esta vez estuve más atenta :3 +10 :D Así que aquí está el capi, espero que os haya gustado baes (bby Zaynchu :c quiero darle un abasho) No os olvidéis de que +10 y subo otro xx.]

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 25

Autora: Sandra M.P.

NO COPYRIGHT.

Se sentó en el lugar frente al que ella se sentaba siempre, ya que prefería esperar y rezar internamente para que ella volviera a preguntarle: "¿No te sientas conmigo?", como hizo el día anterior. La vio entrar, su nerviosismo aumentó y los latidos de su corazón también, ella ni siquiera le dedicó una mirada al pasar por su lado, se sentó detrás de él sin decir palabra alguna, con expresión neutra, y no le dijo nada. Sus esperanzas fallecieron. Ella no pensaba volver a hablarle, supongo. Fue entonces cuando supo que había metido la pata hasta el fondo, que había cometido una gran estupidez. Pero él fue incapaz de evitarlo. Recordó su brazo rodeándolo esa mañana, cómo le susurraba palabras para que se tranquilizara, cómo sus labios se plasmaron sobre los suyos, cómo quitaba las lágrimas de sus mejillas... Sintió un nudo en la garganta y se sintió como un imbécil, un completo imbécil. Él debía hablar con ella y pedirle disculpas.
Decidido, se dio la vuelta y se la encontró mirando por la ventana, con los auriculares puestos, sin embargo, la llamó. —Noa. —ella desvió la vista durante un escaso segundo hacia él y después volvió a desviarla. Aquello fue como un gancho directo a su corazón, impactando con una fuerza similar a la del increíble Hulk. Ella acababa de pasar de él. —Lo siento. —se disculpó. Algo le decía que ella tenía la música baja y era capaz de escucharlo. Esperó, pero ella no dijo nada, permaneció mirando la ventana, y él sintió sus ojos húmedos. —Me asusté. —siguió.

Ella escuchaba todo lo que él decía, sin embargo, nada de eso le afectaba, nada de lo que decía le llegaba y no tenía intención de volver a acercarse a él. De algún modo, su corazón había dejado de intervenir y dejaba que su cerebro mandara sobre su cuerpo. ¿Estará bien? De todos modos, aquel hecho no le preocupó. Con un solo órgano mandando sería mejor, ya que con dos acababa confundida constantemente. Subió la música y se decidió a no escucharle más. Su corazón seguía ahí, pero había resultado levemente herido.

Ahora escuchaba la música salir de sus auriculares, no podía descifrar qué estaba escuchando, pero sabía que estaba demasiado alta como para escuchar sus súplicas. Bajó la mirada y se giró de nuevo. Ella no quería escucharlo. Sintió las miradas sobre él y los murmullos empezaron otra vez. No... Y esta vez, estaba solo.

***

Quiso quedarse ahí y seguirla cuando el autobús parara en su parada, pero tuvo que resignarse, tuvo que contenerse y escuchar a su razón, que no paraba de decirle que aquello era mala idea y podría acabar mal, sus padres le habían dicho que no se metiera en sitios que no conocía.

Llegó a casa y dejó la mochila en el suelo, junto a la puerta. No tenía ánimos para nada, y entonces recordó el pastel que había hecho ella esa mañana, también recordó cómo cocinaban juntos, cómo se colocó detrás de él guiando sus manos cuando no tenía ni idea de cortar un simple tomate, el sabor de su comida, y la manera en la que sonrió cuando él le dijo que estaba deliciosa. Soltó un débil suspiro y se mordió los labios con fuerza. ¿Por qué tuvo que ser tan torpe, tan tonto, tan imbécil y cobarde? ¿Por qué?

Se tiró encima del sofá y cerró los ojos, sin ánimos ni ganas de levantarse de ahí. A parte de estar solo en el instituto, también lo estaba en casa. Estaba más solo que nunca, y sus padres ni siquiera se preocupaban en llamar. Antes tenía a Harry y a Liam, y ahora ni eso.

Un coche ya la estaba esperando al bajar de la parada, sabía perfectamente quién era el sujeto que la esperaba dentro. Anduvo hasta el coche y abrió la puerta trasera, los cristales del coche estaban tintados. Ahora no estaba tan desacuerdo con lo que tenía que hacer, e iba a hacer. Austin sonrió en seguida que la vio, y se relamió los labios.

—Me alegra que hayas venido. —dijo él con una sonrisa ladeada. —Siento haberme puesto de aquel modo, estaba enfadado, me exaspera no conseguir todo el dinero que puedo conseguir. —era su disculpa. Se acercó a ella y colocó la mano sobre su muslo. —Aunque realmente, me gustaría arreglar las cosas correctamente.

Ella medio sonrió, no era la primera vez que hacía esto con su amigo, el cual era muy atractivo. Ella tampoco deseaba negarse a su petición, supongo que era una buena forma de pago. —Supongo que vas preparado. —mencionó ella, y él rió.

—Llevo una caja entera. —dijo alzando y bajando sus cejas.

—Ya, uno basta. —lo frenó ella en seguida, sentándose encima de él. Él rió y colocó las manos en sus caderas.

—Eso lo dices ahora. —murmuró él, uniendo sus labios con los de ella. Ella no se echó atrás, y mordisqueó sus labios salvajemente, como a él le gustaba. Sabía que a Austin le gustaba lo salvaje, por lo tanto, sabía que esa era la faceta que tenía que usar con él. Rápidamente pasó las manos bajo su camiseta y acarició el tonificado torso de su amigo y amante, mientras pasaba a besar su cuello y dejaba de acaparar sus labios.

Él gimió. De todas las chicas con la que se había acostado, nadie era capaz de igualarla a ella en su manera de hacer las cosas, tan decidida, salvaje y sensual. Nadie tenía comparación a su lado, ni siquiera la puta más cara, nadie.

Lo gracioso de aquello, era que mientras ella no se lo estaba pasando del todo mal junto a su amigo, Zayn se encontraba en el sofá con la cara hundida en uno de los cojines que había encima del sofá, llorando por su soledad y lamentando el momento en el que dio aquel paso hacia atrás, tropezó y cayó al suelo. Jamás le debería haber temido a su salvadora, porque ella jamás le dio un motivo para temerle. Nunca. Pero él no eligió ser tan imbécil como para asustarse por nada.

El teléfono sonó rompiendo el silencio de la casa —a parte de sus sollozos— y se levantó para ir a responder. Cogió aire y respondió. —¿Diga? —dijo. Había fingido al teléfono muchas veces, estar bien.

—Hola, mi amor, ¿qué tal va todo por ahí? —la voz de su madre era inconfundible.

—Bien, ¿y por ahí? —respondió, sonaba convincente, claro que de tenerla delante no colaría, sus ojos rojos lo delataban.

—¿Estabas durmiendo? —preguntó.

—Sí. —mintió él. Sabía que su voz estaba más ronca de lo normal debido al llanto, así que que estaba durmiendo era la mejor excusa que podía elegir.

—Oh, lamento haberte despertado. —dijo su madre. —¿Y con el dinero? Te basta, ¿no? Sino no hay inconveniente en mandar más. —dijo.

—No, no, va perfecto. —dijo él. El dinero no le resultaba precisamente lo más importante ahora mismo, de hecho, era una de las cosas que menos le importaban en ese momento. —Supongo que por Navidad no estaréis aquí, ¿verdad? —dijo, sin fe alguna de que le dijera que sí de verdad. Podía decir que sí, pero él sabría que ella estaría mintiendo.

Escuchó un suspiro. —En verdad lo dudo, Zayn. —por lo menos fue sincera. —Lo siento mucho. Si quieres puedes ir a casa de los primos.

—No, prefiero quedarme en casa. —dijo, y no mintió. A medida que sus primos crecieron cambiaron, y ahora eran “pasotas”, burlones, y se creían ser el centro del mundo. Digamos que él y sus primos no se llevaban del todo bien, y la prima dulce y adorable con la que antes jugaba a las muñecas, ahora era una puta que se pasaba la vida teniendo sexo con cualquiera. Era extraño que sus padres siguieran sin saber aquello.

—Como quieras. —dijo su madre en suspiro. —Cuídate, ¿vale? Tengo que colgar.

—Claro, igual. Adiós. —colgó la llamada antes de que ella lo hiciera. Siempre llamaba para preguntar cómo iba, y llamaba pocas veces. Una llamada de escasos minutos.

***

Tres condones sobre la alfombra del coche, usados. El olor a sexo era lo único que se respiraba en el aire, había sido una dura sesión llena de pasión y salvajismo, supongo que ambos lo disfrutaron, ¿para qué negar aquello? Ella se estaba poniendo los pantalones de nuevo, mientras él no hacía amago de vestirse, simplemente seguía estirado sobre los asientos, con la respiración más calmada que hace unos minutos después de haberse corrido por tercera vez.

—Sigues siendo una diosa del sexo. —dijo el chico a su lado, y ella sonrió de lado.

—Lo sé. —dijo con egocentrismo y orgullo. —Seguro que ninguna de las zorras con las que te has acostado me llega a la suela de estas sucias y viejas botas, ¿me equivoco? —dijo ella divertida. Él rió y negó con la cabeza.

—No, no te equivocas. Ellas no saben manejar a un hombre como tú lo haces. —mordió su labio inferior y se sentó, acercándose a ella, la cual ya estaba completamente vestida. —Voy a pagarte ahora. —dijo, mordiendo el lóbulo de su oreja. Cualquiera diría, después de escuchar eso y saber lo que acababa de suceder, que ella acababa de prostituirse, pero no. Ella había recurrido en varias ocasiones a la prostitución, sin embargo dejó de ser opción cuando se metió en el tráfico de drogas, claro que con Austin era una cosa distinta, algo extraño.

Le entregó una gran cantidad de dinero en efectivo, y ella lo contó con sus dedos, mirando los billetes entre sus manos. Once mil euros en efectivo, nada mal. —Bonita cantidad. —siseó ella guardando los billetes dentro del bolsillo interior de su chaqueta. —Sin embargo, espero más.

Austin sonrió. —Tranquila, habrá más, este sólo es el primer pago. —dijo. —A ver si acabas remodelando un poco tu... Humilde pisito.

Ella puso los ojos en blanco y abrió la puerta del coche, saliendo de éste y empezando a andar, sin despedirse, el abrir la puerta era su despedida. Eran amigos, unos amigos extraños, mucho. De hecho, nadie diría que lo eran, sino más bien, lo fueron. Austin se vistió y pasó al asiento de delante, arrancó y se esfumó.

Ella llegó a su casa, no quedaba muy lejos de ahí en donde Austin le había estado esperando con su coche. Al cruzar las puertas de cristal fue directamente a recepción, donde Clark estaba siempre sentado, y casi siempre dormido, como en esa ocasión. Colocó el dedo sobre el botoncito y la campanita sonó, despertándolo de golpe. Él frunció el ceño, molesto porque habían interrumpido su sueño. Ni que no durmiera.

—¿Qué? —dijo de mala manera.

—El dinero. —dijo ella secamente, sacando un billete de quinientos y dándoselo. El enfado del hombre pareció esfumarse y sonrió, mirando el billete con los ojos brillantes. Clark era un puto amante del dinero, y no podía decirse que lo viera a menudo, debido a su adicción al alcohol y al tabaco. —Ya puedes tacharme de la lista. —dijo ella, y él obedeció, y la tachó de la lista de gente que no había pagado aún. Había pocos nombres tachados.

Ella subió por el ascensor, aquel que parecía que en cualquier momento se averiaría y acabaría atascándose, o peor, cayendo al vacío, y pulsó el botón de su planta. Divisó una mancha blanca sobre el cristal y puso los ojos en blanco. Definitivamente, aquel lugar de mierda podría tener a alguien que mantuviera, al menos, un poco limpio el lugar. Esa mancha llevaba una jodida semana ahí, y ella tenía una sospecha de lo que era, por eso mismo se mantenía siempre lejos de ésta. Alguien había tenido una sesión de sexo ahí dentro.

Las puertas se abrieron y ella salió, yendo directamente a su habitación, cuando escuchó un ruido en seco y un gemido al pasar por la puerta más decorada y hecha polvo del lugar, estaba segura de que ella no tenía el dinero suficiente como para cambiarla. Sonrió, Nancy estaba con otro cliente, y ella misma se encargaría de que perdiera el dinero cuando terminara. No había nada que deseara más que que ella se largara de ahí y se fuera a vivir bajo un puente, nada. No frenó a pesar de los gemidos, ya que supuso que todavía les faltaba un tiempo para terminar. Entró en su apartamento y cerró la puerta, dejando la mochila en el suelo y agarrando el dinero de su chaqueta. Fue a su habitación, movió la cama y quitó la baldosa, metiendo el dinero dentro del agujero que había convertido en su caja fuerte. Sabía que nadie buscaría ahí, a parte de que no tenía cuenta bancaria.

Movió la cama de nuevo y se sentó sobre ésta, que chirrió. La pobre estaba hecha polvo, y es que aquella cama estaba ahí desde antes de que ella llegara. Los gemidos se escuchaban desde su habitación, odiaba que las paredes fueran tan delgadas. Puso los ojos en blanco y se levantó, debajo de la mesa llena de objetos, encontró su caja de tabaco con rapidez, y su mechero. Supongo que era costumbre. No le costaría mucho comprar más muebles, y tenía dinero, pero ella no quería, lo veía algo innecesario. ¿Para qué? Si de todos modos, acabaría yéndose de aquí en cuanto terminara los estudios. No sacaba buenas notas porque sí, ella tenía la esperanza de dejar lo ilegal, ganar una beca e irse lejos de aquel lugar lleno de mierda, crear una vida y empezar de cero, ya que desde un inicio estuvo metida aquí, sin ella quererlo.


[OMG! ¡No me lo creo! ¡Estaba en la piscina y cuando volví había +13! ¡Increíble! LAMENTO muchísimo la tardanza babys, espero que os haya gustado el capiii <3<3 Os amodoro xx +10 y el siguiente (prometo estar más atenta esta vez bbyz)]

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 24

Autora: Sandra M.P.

NO COPYRIGHT.

Él se colgó la mochila al hombro, acababa de coger todo lo que necesitaba para sus clases de hoy. Odiaba los miércoles. ¿Quién soporta tener Matemáticas a primera hora? ¿Quién fue el genio al que se le ocurrió ese maldito horario? Suspiró y cerró la taquilla. ¿Dónde habrá ido ella? Le había dicho que debía hacer una llamada importante, y se había ido. Estaba seguro de que no había entrado todavía, y que estaba fuera.
Malik. —una voz a sus espaladas hizo que se diera la vuelta, y automáticamente se tensó, mirando a aquel sujeto de ojos azules mirándole con burla. —¿Así que ahora vas besuqueándote con Noa? —soltó una risa burlona. Bien, Louis no estaba, y ahora era Luke quien se encargaba de que su infierno siguiera presente. —Sigo sin saber cómo ha podido caer tan bajo. —escupió con repugnancia. —Ella vale más que tú, seguro que le das pena. —se burló, y él tragó saliva. Desde siempre, todos los insultos le llegaban a lo más hondo, cosa que odiaba, pero no podía hacer nada, le resultaba imposible ignorar los insultos, los que siempre habían estado formando parte de su vida.

—Es mi amiga. —se atrevió a hablar, con un leve temblor en la voz.

Luke rió y se cruzó de brazos. —Ya. Cómo se nota que no sabes quién es. —su expresión cambió. No, realmente no sabía quién era, simplemente sabía que los alumnos la temían, y tal vez no fueran los únicos. La palabra "Satán" vino a su mente, recordando su comparación. —¿Sabes? No eres mi amigo, de hecho, me das asco, pero si fuera tú, me alejaría antes de salir herido. —dijo, y aquello le sorprendió, demasiado.

—¿Y por qué tendría que hacerte caso? Como tú has dicho, no somos amigos. —dijo, ignorando la parte en la que le había dicho que le daba asco. Luke simplemente se encogió de hombros.

—Porque eres un idiota, un ciego y un estúpido, y pareces ser el único que no se entera de nada. —dijo tranquilamente. —Ella está bien, si lo que quieres es un polvo, pero sabiendo que eres un puto virgen —sus mejillas tomaron color. Que era virgen no era ningún secreto para nadie en aquel instituto, claro que lo era para Harry y Liam, de los cuales ya no sabía nada —, estoy seguro de que estás empezando a ilusionarte, que crees que ella será tu salvación, y que tu vida acabará siendo un cuento de hadas. —se acercó a él a paso vacilante, y Zayn no se movió. El hecho de que hubiera venido solo, sin su grupo de amigos, en parte lo tranquilizaba. —Pero te equivocas. —completó, y dicho eso, lo empujó empotrándolo contra las taquillas y empezó a andar por el pasillo a paso tranquilo. Sus palabras no habían hecho más que confundirle. ¿Desde cuándo él, uno de sus tantos enemigos, le daba un consejo? Y además, él sabía que tenía razón. Él se estaba ilusionando, demasiado. Él podría decir estar enamorado, mientras ella tal vez estaba con él sólo por pena.

—Tú, ¿así que ahora vas con Noa? —dirigió la mirada al sujeto que le estaba hablando, lo conocía, se llamaba Ashton y varias veces había tenido que sentarse a su lado, sí, el que siempre estaba con la cara empotrada al cristal, era él. Rió sin gracia, acto que era burla. —Hay que ver, alguien como ella, con alguien como tú. —dijo con desprecio. Él no hizo más que bajar su mirada y esperar a que aquel chico se fuera. Se mordió los labios y sintió aquel picor en los ojos, otra vez.

Se limpió las lágrimas y se dispuso a ir en busca de Noa, ya que no soportaba más estar solo, en cualquier momento, podría venir alguien más y soltarle algo hiriente, otra vez. Salió fuera, en busca de Noa, y varias miradas se posaron en él. Era extraño verle fuera una vez había bajado del autobús, ya que siempre se mantenía dentro del instituto por más seguridad. Fuera siempre podrían cogerle y meterle en un cubo de basura. Una vez ya hicieron eso, y lo recordará siempre. Rodaba cuesta abajo después de haber sido aporreado por un sujeto bastante más mayor que él, y terminó perdido en medio de la calle, al salir del contenedor de basura recibió miradas asqueadas, burlonas y sorprendidas, pero él corrió lejos para alejarse de éstas.

La vio sentada en un banco un poco más alejada y se dispuso a acercarse, pero cuando iba por la mitad, sintió que lo agarraban de los brazos, y en seguida tuvo miedo, después de haber recordado la escena del cubo de basura. Fue a gritar, pero en seguida unas manos se lo impidieron, cubriendo su boca con fuerza. Quería llorar.

—Supongo que tú debes de ser el pringado de Malik. —murmuró uno, estaba seguro de que jamás le había visto por aquí, él no iba a ese instituto, era más mayor que él, y considerablemente. Tragó saliva y tembló. Aquellos hombres parecían ser mayores de edad, y les echaba más de veinte a cada uno, a parte de que parecían bastante fuertes. —¿Quién coño te has creído para hacer que mi primo acabe en el hospital, eh? —le gruñó, colocando la mano en su cuello y apretando, con demasiada fuerza. Tenía miedo, y ella estaba tan sólo... Tan sólo a unos metros, girada. Gritaría, gritaría, pero una mano se lo impedía. —Estúpido. —apretó con más fuerza y el aire empezó a escasear, empezaba a sentirse débil. Lo soltó de golpe y empezó a toser, claro que el sonido no fue lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de ella, a causa de la mano de aquel hombre desconocido, sin embargo, ahora sabía que tenían algo que ver con Louis, y que uno de ellos era su primo.

—¿Qué tienes pensado hacer? —preguntó el que le sujetaba con la mano en su boca y le impedía moverse.

El chico de ojos azules sonrió de lado, tendría que pensar qué hacer con él, de qué manera vengar a su preciado primo. Y estaba completamente seguro de que en ninguna de esas maneras estaba la de soltarle sin un rasguño. Zayn ya sentía las lágrimas en sus ojos desde hacía un rato, y eso simplemente parecía divertir más al sujeto que tenía delante. —Louis mencionó que era virgen. —murmuró con diversión. Zayn se tensó y se removió bruscamente al escuchar aquello. No sabía en qué estarían pensando, pero no quería saberlo, simplemente quería correr.

El chico que lo sujetaba rió, y él, esperanzado miró hacia el banco. No. ¡No, no, no, no, no! Ella ya no estaba ahí, ella se había ido. Sollozó y volvió a removerse, desesperado. —¿Se la vas a cortar? —dijo divertido, y el de ojos azules rió.

—Nah, pero tengo algunos amigos maricones que podrían divertirse con el pringado este. —dijo con tranquilidad, como si aquello fuera lo más normal del mundo. Zayn tembló, sin dejar de removerse, intentando soltarse en un intento fallido. Quería correr, gritar. Quería que ella viniera a por él. Dios, él no tenía la culpa de que Louis estuviera en el hospital, la culpa... La culpa la tenía ella. Y sin embargo, no estaba enfadado con ella, es más, lo único que deseaba y la única persona que quería que apareciera en aquel momento, era ella. —Los voy a llamar, igual les apetece montar una orgía. —dijo con diversión, agarrando el teléfono y deslizando el dedo en la pantalla táctil. Si pudiera suplicar, lo haría. Piedad, él no quería que le sucediera nada, él quería irse, y no quería entrar en uno de aquellos grupos sexuales, mucho menos donde él fuera el centro y la persona humillada de éste.

—¿A quién llamas? —preguntó el chico que estaba sujetándolo, el otro hizo un gesto con la mano y se dio la vuelta.

Apretó los puños y anduvo a paso rápido hacia la escena que llevaba contemplando hacía un buen rato. Agarró al sujeto que sujetaba al chico y acabó en el suelo. El de ojos azules se giró, contemplando la escena atemorizado. Se había dado la vuelta dos segundos, y aquello había bastado para que una fiera acabara encima de su compañero. Ella se incorporó, ya que el sujeto que estaba en el suelo no tenía intención de levantarse, y el sujeto de ojos azules dio un paso atrás al ver a la chica de ojos verdes tan agresiva. Jamás había sentido aquel terror recorrerle el cuerpo, mucho menos tratándose de una mujer, pero algo en su interior le decía que su vida corría peligro.

—¿A quién ibas a llamar, cariño? —las palabras fueron murmuradas con burla, si las miradas matasen, su cuerpo yacería inerte en el suelo, se acercaba intimidante mientras el chico de ojos azules retrocedía. Algo le decía que correr tan sólo empeoraría las cosas.

—A-a nadie. —tartamudeó, y tragó saliva.

Zayn se encontraba a un lado, mirando la escena mientras temblaba y se mordía el puño, acallando sus sollozos. Todavía no terminaba de asimilar lo que estaba sucediendo, las palabras de aquel chico desconocido de ojos azules seguían repitiéndose como una grabadora, en su cerebro, constantemente. Seguía aterrorizado, y que las palabras de Luke lo golpearan con fuerza lo mantenían en un constante estado de confusión.

—Ahora te arrodillarás y pedirás perdón, suplicaras perdón. —era una clara amenaza que él no osaría a desobedecer. Asintió repetidas veces, demasiado asustado como para desobedecer la orden. Se arrodilló en el suelo y miró al chico de ojos miel.

—L-lo siento. —tartamudeó.

—¿Eso es una puta súplica? Yo creo que no. —dijo ella. —¡Suplica! —gritó, y las tres personas que contemplaban aquello dieron un salto, incluido el que se encontraba sollozando. El chico de ojos azules empezó a llorar, aterrado.

—Perdón... Perdóname... Perdóname, por favor. —suplicó entre sollozos.

—¿Está bien así, Zayn? —dijo ella, seriamente, pero divertida por dentro. Zayn asintió efusivamente con la cabeza y el chico que estaba en el suelo se levantó, tambaleándose levemente. —Si os volvéis a acercar a él —dijo en tono amenazante —os mataré. —completó, con un tono que terminó por helarle los huesos a todos los presentes.

El chico de ojos azules, todavía de rodillas en el suelo, asintió efusivamente con la cabeza, sin dejar de llorar. —Juro que no me volveré a acercar a él. —sollozó, aterrado.

—Fuera. —ordenó. Ambos chicos huyeron rápidamente, y los ojos verdes de la chica miraron a Zayn, de pie, temblando y con las lágrimas resbalando por sus mejillas. Ella se acercó, y él retrocedió, asustado. Otra vez, su torpeza hizo acto de presencia y acabó en el suelo, sollozando más fuerte y cubriendo su rostro. Ella se quedó estática en el lugar, el haber visto el miedo en sus ojos al haber dado un paso le bastó, cómo retrocedió ante ella. Se acabó, fin.

Ella se resignó, y simplemente se alejó, para volver a clase. Aquello era el fin de su buena obra, de pretender ayudarlo. Él ahora la temía, por lo cual ella no tenía nada que hacer. Desde un principio lo sabía, su cerebro se lo gritaba, ella se negaba, su cerebro lo repetía, y ella volvía a negarlo. Sonrió de lado mientras cruzaba las puertas y la campana sonó, como si hubiera estado esperándola.

***

Tres golpes en la puerta, toda la clase fijó su vista en la puerta y ésta se abrió, revelando al moreno con los ojos levemente enrojecidos. Un simple "pasa" bastó para que entrara cerrando la puerta a sus espaldas y se dirigiera a su lugar, sin dirigirle la mirada a nadie. Ella, por primera vez alzó la vista de su cuaderno, para mirarlo, pero él no la miró a ella. ¿Por qué? Ella sabía que él ya no quería ningún tipo de contacto con ella, la cual cosa, en parte agradecía. Algo en su interior que sabía perfectamente lo que era, le decía que era lo mejor, alejarse y dejar que se las apañara él solo, y era extraño, pero la otra parte de ella no se negó, lo dejó pasar sin rechistar.

Volvió a bajar la mirada a su cuaderno y no volvió a alzarla hasta llegar a la tercera hora de clase, cuando sonó el timbre indicando que tenían que salir al recreo. Ella se levantó sin expresión alguna, cogió su merienda y salió de clase, dispuesta a ir al comedor.

Cruzó el pasillo con la gente haciéndole paso entre éste, y atravesó las puertas del comedor, yendo directamente a su sitio y sentándose ahí. Algo le decía que Zayn no intentaría sentarse a su lado, y que mañana no habría clases de repaso, que después de lo que había sucedido, nada sería lo mismo y ella haría lo posible por ignorarlo, si es que él no lo hacía también.

Zayn se encontraba en el baño, sentado encima del retrete comiéndose la merienda. No tenía el valor suficiente como para encararla todavía. ¿Por qué se había apartado? Pero la respuesta era sencilla: él le temía, sin querer. Haberla visto en aquel estado lo había asustado, aunque sólo intentara protegerlo. Ella lo dejó ahí y se fue, tal vez comprendió que necesitaba estar solo, o simplemente decidió pasar de una persona a la que ayudaba y él se lo agradecía apartándose.
Se le cerró el apetito de golpe y miró el bocadillo con una mueca despectiva. Y ahí estaba otra vez, pero no por el mismo motivo. ¿Qué pasaría ahora que ella estaba enfadada con él?


[Bueeeno baes, veo que llegamos rápido a los +5, y en 2 días he subido bastante ah u.u Si seguimos así terminaré rápido de subir toda la nove sos haahaha. Igual me excedo pero ¿+10 y el siguiente? A ver si llegamos y subo el siguiente, bc en serio estoy subiendo muy rápido xx.]

BDSM | Zayn Malik - Capitulo 11

Autora: Sandra M.P.

NO COPYRIGHT. | BDSM

Me puse la ropa que usaba siempre para el salón de juegos, y cuando salí del armario, Zayn ya estaba desnudo, mirándome.

Me acerqué a él. —¿Qué vas a hacerme? —me preguntó.

Sonreí. —Hum... No lo sé... Me has pillado un poco desprevenida. —dije divertida.

Hum... ¿Un poco de suspensión?

Fui hacia el mueble, agarré el collar y unos arneses, los cuales eran lo suficientemente fuertes para sujetarlo sin problema y que no se cayera.

Fui hacia él, le puse el collar y le até una especie de corsé de cuero en el abdomen, para poder sujetarlo en el gancho.

—Ven. —le ordené, y él vino hacia mí. —De rodillas en el suelo.

Cuando estuvo colocado me agaché junto a él, puse unas esposas en sus tobillos, las cuales tenían un palo en medio que le obligaba a tener las piernas abiertas, y las até al arnés de modo que no pudiera bajarlas.

Después até sus muñecas y las até con sus tobillos. Me levanté y bajé el gancho para poder subirlo. Lo enganché al arnés y empecé a subirlo, de modo que quedara en el aire, atado y completamente indefenso.

Se sonrojó y yo fui al mueble, a por la fusta. Volví junto a él y la deslicé sobre su abdomen. Y lo azoté.

Lo azoté repetidas veces allí, terminando más fuerte y haciendo que se moviera, y acabara girado.

Sonreí e hice lo mismo en su nalga derecha, haciendo que gruñera. Acaricié las zonas que había azotado y me dirigí de nuevo al mueble. Agarré un vibrador, el cual tenía bastante intensidad, pero no el que más, y el lubricante, y me acerqué a él de nuevo.

Supongo que estaría lo suficientemente lubricado como para que el vibrador entrara sin problema.

Vertí lubricante sobre el vibrador y giré a Zayn hacia mí, de modo que mirara hacia la pared. Empecé a empujar el vibrador dentro de él y gimió. Le di al botón haciendo que se pusiera en marcha y empecé a sacarlo y a meterlo, haciendo que gimiera.

Empujé más, hasta que quedó dentro, y guardé el lubricante de nuevo en el mueble.

Volví hacia él y empecé a masturbarlo duramente, haciendo que inclinara su cabeza hacia atrás, mordiendo su labio.

—Hm... —gimió, mordiendo su labio.

Cuando se puso duro, empecé a masturbarlo con la palma de mi mano, de arriba a abajo, sin rozar su glande, haciendo que se retorciera. Y cuando su glande empezó a enrrojecer, empecé a mover la palma de mi mano circularmente sobre su glande, haciendo que gimiera alto y se arqueara.

Con la otra mano acaricié sus testículos, mientras lo veía derretirse a causa del placer que yo le proporcionaba.

Su respiración empezó a agitarse y su cuerpo a tensarse. Sonreí. —Ya sabes que no puedes correrte. —asintió con la cabeza, aguantando la respiración.

Me separé de él y fui a por el látigo de cuerdas, volví y lo azoté, haciendo que gimiera. Lo azoté varias veces, seguidas, hasta que esa zona enrojeció. Lo acaricié y él cogió aire. —Por favor. —suplicó.

—¿No puedes aguantar?

—No. —dijo con un hilo de voz.

Reí. —No. —susurré, y él tragó saliva. Empecé a acariciar su glande de nuevo y empezó a soltar aire lentamente, intentando no correrse.

Empecé a masturbarlo duramente y él se retorció, intentando controlarse. —Uh... —respiró, tirando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos con fuerza.

—¿No puedes? —me burlé.

Sollozó. —Por favor. —me suplicó una vez más. —Por favor. —sollozó de nuevo, al ver que no cesaba de mover mi mano.

—¿Qué quieres? —susurré.

Cogió aire y gritó. —Llegar. —dijo, y no podía soportarlo más.

—Córrete. —le dije, y él llegó, gritando alto, arqueando su espalda, cerrando los ojos y tirando la cabeza hacia atrás.

Acaricié su abdomen y empecé a bajarlo. Lo desaté y dejé los arneses a un lado. Saqué el vibrador de su interior haciendo que soltara un pequeño gemido y lo apagué.

Lo dejé todo sobre el mueble. Ya lo colocaría mañana.

Se levantó del suelo, temblando. —¿Qué tal estás? —le pregunté.
Temblando. —susurró el.

Medio sonreí y acaricié su mejilla. —Ha sido intenso. —le dije. —Y además has tenido tres en un solo día, es normal. Vamos a dormir, anda. —le dije. Agarré la manta de la cama del salón de juegos y lo tapé con ésta.

Caminé junto a él para asegurarme de que no se caía a causa del temblor en sus piernas y cruzamos el pasillo, hasta llegar a la habitación de invitados. Lo dejé en la cama y le quité la manta del salón de juegos para taparlo con la otra.

—Voy a dejar esto y a cambiarme. —le dije, y él asintió con la cabeza.

Salí de la habitación de invitados y me metí de nuevo en el salón de juegos. Dejé la manta sobre la cama y dejé la ropa que usaba de nuevo en el armario. Agarré la mía y salí para ir a mi habitación.

Dejé mi ropa en la silla y me puse mi camisón de seda rosa.

—Willa. —escuché la voz de Zayn desde su habitación y anduve hacia ésta.

—¿Sí? —dije asomándome.

—¿No... Duermes conmigo?

—Había pensado que igual querrías dormir solo. —dije. —¿Prefieres dormir conmigo?

Asintió con la cabeza tímidamente y yo sonreí, entrando. Él se hizo a un lado para dejarme espacio y me tumbé junto a él.

—Buenas noches. —me susurró.

—Buenas noches. —le susurré de vuelta.

***

Me removí un poco, pero estaba rodeada por unos brazos. Abrí levemente los ojos, pero apenas veía nada, solo lo que la luz de la luna me permitía ver.

Zayn tenía su cabeza sobre mi hombro y me rodeaba con su brazo. Giré levemente la cara para verlo mejor. Tenía sus ojos cerrados y respiraba tranquilamente. Se veía... Tierno, durmiendo. Sonreí y alargué mi mano para acariciar su mejilla. Sonrió, y aquello provocó que yo también sonriera.
Pero la sonrisa desapareció de mi rostro cuando esta pregunta pasó por mi cabeza: ¿Qué estás haciendo?

Estaba comportándome distinta con él. Con él era diferente... Me comportaba tierna con él... Cuando me descuidaba, claro. Pero me salía solo, sin poder evitarlo. ¿Por qué hacía esto? Inconscientemente.
Yo no era así con ningún sumiso. No había sido así con ninguno.

Suspiré y acaricié su brazo, que me rodeaba. —¿Qué me estás haciendo, Zayn?
[Domingo :D Así que toca actualizar "BDSM" baes. No os olvidéis el +1 xx.]

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 23

Autora: Sandra M.P.

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Bostezó y se estiró, apagando la alarma. Fue entonces cuando se fijó en que ella no estaba ahí tumbada. Frunció el ceño y después se sonrojó, pensando en aquel sueño. Acabaría volviéndose loco si seguía soñando esas cosas. De pronto un sudor frío le recorrió la frente. Varias veces, sus amigos le habían dicho que él hablaba en sueños, y esperaba que él no hubiera gemido o dicho su nombre en sueños, porque si lo había hecho y ella lo había escuchado, no sería capaz de volver a mirarla a los ojos nunca más. Tragó saliva y se levantó, pensando dónde podría estar ella ahora. ¿Se habría asustado y se habría ido a casa al escucharlo en sueños? ¿Se habrá reído? No, no, no... Él no tenía que pensar en eso, tal vez ella no se había despertado. Con un poco de suerte, tendría el sueño pesado.
Se levantó y escuchó un ruido abajo. Frunció el ceño. Ese "ding" lo había escuchado a veces, cuando su madre hacía pollo al horno. ¿El horno? Por un momento se tranquilizó, porque ahora era seguro que ella seguía en casa y no se había ido. Bajó las escaleras sin hacer ruido y anduvo hacia la cocina, se asomó y vio que estaba de espaldas y tenía las manoplas puestas.

¿Qué haces? —se atrevió a murmurar, y ella se dio la vuelta y sonrió.

Un pastel, he pensado que ya que estaba aquí, podría cocinarte algo. —respondió ella quitándose las manoplas y dejándolas colgadas junto al horno. Él esbozó una sonrisa, más tranquilo. Ella no lo había escuchado hablar en sueños, o eso parecía.

¿Hace mucho que estás despierta? —le preguntó, sentándose sobre la encimera.

Ella se giró para sacar el pastel del molde y sonrió de lado sin que pudiera verlo. ¿Que si hacía mucho? Ayer lo escuchó volver del baño y tumbarse a su lado de nuevo, claro, él se durmió, pero a ella le resultó completamente imposible. Después de dar más de mil vueltas se decidió a levantarse, resignada. —No. —mintió, logrando ocultar el sarcasmo en su voz. ¿Cómo le había resultado a él tan fácil dormirse? Zayn movió sus piernas, debido a que no llegaba al suelo. Ella se dio la vuelta con el pastel en sus manos y reprimió una sonrisa, junto a las ganas de decirle: "¿Sabes que hablas en sueños?" Tenía la gran tentación de ver su cara al pronunciar eso, y le estaba costando contenerse. —Bien, la idea era que pudiéramos desayunar pastel, pero tendrá que enfriarse, así que —se encogió de hombros. —tendremos que desayunar lo que tengas.


Tengo cereales, tostadas, galletas... —empezó a nombrar, mientras agitaba sus piernas.

¿Dónde? —preguntó ella, y él señaló un mueble. Ella fue hacia el señalado, lo abrió y agarró la caja de cereales y la de las galletas. —Bien. —dijo, dejándolo sobre la mesa. Lo miró y se acercó a él. Éste se sonrojó ante su mirada. ¿El motivo por el que se le quedaba mirando así? —Zayn, tengo que sacar las cucharas. —dijo ella, un tanto divertida al ver las mejillas sonrojadas de Zayn, quien debía de estar preguntándose por qué lo estaba mirando así, y supongo que no se lo esperaba.

Oh, sí, perdón. —dijo apenado, dando un pequeño salto para bajar de la encimera, y se quedó frente a ella, quien lo estaba mirando desde arriba. La vio sonreír de lado y él se sonrojó, perdido en sus ojos de color verde. Debía admitir que estaba esperando a que ella lo besara, aunque ésta no parecía tener intención de hacerlo, así que se decidió por apartarse y dejar que cogiera las cucharas.

Bien, dado a que no tenemos tanto tiempo, prepararé dos Cola Caos. —dijo ella. —¿Caliente o frío? —le preguntó, cogiendo dos cucharas y volviendo a cerrar el cajón.

Frío. —respondió él. Supongo que lo más normal, en invierno, sería beberse el Cola Cao caliente, pero a él le apetecía algo frío.

Ve a vestirte de mientras. —dijo ella, y él asintió con la cabeza.

***

Más de una mirada sorprendida se posó sobre ellos al verlos subir juntos, en la misma parada. Seguramente había un millón de opiniones a cerca de ellos, aunque a ella todas y cada una de ellas, le daba igual. No era fanática de lo que pensaran los demás. Ella iba la primera andando por aquel pasillo, normalmente era una de las primeras en subir, y supongo que por eso tenía siempre un sitio fijo, aunque esta vez vio a un chico rubio sentado ahí. Le alzó una ceja, y el chico en seguida captó el mensaje, cogió su mochila y se sentó en otro lugar, junto a una chica.

Ella se sentó en su lugar y Zayn a su lado, un tanto sorprendido por haber visto lo que acababa de ver, y vagamente recordó la escena del atraco en aquel edificio. ¿Qué sabían todos que no sabía él? Sin embargo, tampoco le importaba mucho, porque no le suponía ningún tipo de problema, es más, lo contrario, podía decirse.

Podían escucharse algunos murmullos inteligibles, aunque algunas veces se escuchaban algunas palabras que sí podían entenderse, como "juntos", "acostarse", "amigos", "novios"... Sí, pero al fin y al cabo, eso a ella le daba igual. Claro que a él le incomodaba ser tanto el centro de atención, cuando estaba casi seguro de que aquellas personas se estaban riendo por dentro, o se estaban burlando. Aquello no se sentía nada bien. Fueron todo el camino en silencio, ella miraba por la ventana mientras él miraba su regazo, un tanto incómodo.


Increíble.

No lo creo.

¿Con él?

A medida que iba a escuchando murmullos estaba más nervioso. No, no le gustaba ser el centro de atención, en absoluto. —Zayn. —murmuró, y él se giró para mirarla. —Ignóralos, no vale la pena calentarte la cabeza, ¿vale? —dijo seriamente, y él volvió a bajar la cabeza, mirando su regazo. Sintió su mano en su mejilla y volvió a mirarla. —¿Vale? —repitió, y él asintió débilmente con la cabeza. —Bien. —susurró, bajando su mano y volviendo su vista a la ventana.

Él no dijo nada en todo el camino, simplemente se dedicó a mirar su regazo mientras luchaba por ignorar aquellos murmullos, pero le resultaba imposible, quería saber qué decían pero a la vez no quería escucharlos.


Siempre creí que era gay.

Tragó saliva y sintió un picor en los ojos. Se mordió los labios y sintió un brazo en su cintura, ella lo atrajo a su cuerpo y lo abrazó. Él se dejó, agradecido de aquel contacto. —¿Lo has escuchado? —susurró, a punto de quebrarse.


Sí. —dijo ella en voz baja. —Déjalos, Zayn. —insistió ella. Si lo había intentado, pero no podía, simplemente no podía, y al parecer ella también había estado poniendo la oreja. Apretó su agarre al sentir cómo se movía, soltando sollozos en silencio. Joder. Ella no quería que esto sucediera, pero queriéndolo o no, todos, siempre, iban en contra suya, y no podía hacer nada para cambiar eso, ¿no? Salvo ahuyentarlos como hizo con Louis, se lo advirtió, le dejó claro que no quería que volviera a acercarse a él, a dirigirle una sola palabra. Le advirtió que si lo hacía, lo mataría, y que si decía algo de ella, también lo haría. En su última visita lo asustó, y estaba segura de que Louis Tomlinson no sería un problema, claro que, no podía ir de casa en casa, a por todo el instituto. Aunque había uno con el que acabaría charlando, quizás. Luke Hemmings debía andarse con cuidado.

Lo intento. —susurró como pudo. Ella suspiró y con la otra mano alzó su mentón, para que la mirara. Acarició su pelo y plantó un beso en sus labios. Ella sólo... Ella... ¿Por qué estaba haciendo esto? Él esbozó una pequeña sonrisa, y a ella le fue imposible no sonreírle de vuelta. Algo estaba mal en ella, y le preocupaba, pero no estaba segura de querer evitar aquello.

Él volvió a colocarse, acurrucado en su pecho. Debía admitir que echaba de menos eso, estar tan cerca de ella como lo estaba ahora, como en aquel taxi. Le gustaba eso, lo tranquilizaba, le hacía sentirse seguro, protegido. —Yo sé que puedes ignorarlos. —murmuró ella, con su cabeza sobre la suya. Los murmullos se intensificaron, y ella quiso pegar un grito diciéndoles que pararan, porque Zayn estaba tenso, y aquello era su maldita culpa. —Queda poco para llegar. —murmuró para tranquilizarlo. Él no dijo nada, ni se movió. Había escuchado lo que ella había dicho, sin embargo le estaba costando trabajo mantener sus sollozos como silenciosos.

Ella sacó los auriculares y el móvil de su bolsillo y se los puso a Zayn, quien al principio no sabía lo que hacía. La música empezó a sonar y él se relajó. Él se concentró en la letra, en la canción que ella le había puesto. Por alguna razón, ella cada día escuchaba aquella canción, sin saber el motivo. "Counting Stars", de OneRepublic.


I feel something so right (Me siento tan bien.)

By doing the wrong thing (Haciendo lo incorrecto.)

And I feel something so wrong (Y me siento tan mal haciendo lo correcto.)

By doing the right thing (Haciendo lo correcto.)

I couldn't lie, couldn't lie, couldn't lie (No puedo mentir, no puedo mentir, no puedo mentir.)

Everything that kills me makes me feel alive. (Todo lo que me mata me hace sentir viva.)


Cerró los ojos, disfrutando de aquella melodía. Pronto dejó de sollozar en silencio, ella movió sus manos y limpió las lágrimas de sus mejillas, más tranquila al verlo relajado. Estaban a punto de llegar. La próxima vez le pondría antes los auriculares, era un método eficaz. Tenía las pestañas muy largas, pocos hombres las tenían así, él era simplemente perfecto así, con sus labios, sus largas pestañas, el color de sus ojos... Soltó un pequeño suspiro y removió su cabeza, con el ceño fruncido. ¿A qué venían aquellos pensamientos? Por un momento juró poder escuchar a su cerebro regañar al corazón por decir sandeces. Ella estaba de acuerdo con el regaño, aquello eran gilipolleces y cursiladas.

Pero entonces el regaño cambió de destinatario, y vino hacia ella, el cerebro le gritaba que lo solatara y le quitara los auriculares, sus auriculares. Frunció el ceño. ¿Era posible estar peleándose con su propio cerebro? Porque ella le estaba diciendo que no, que no le soltaría y que no le haría caso. Entonces su cerebro contraatacó: "¿Gracias a quién sigues aquí?" Ella sabía muy bien que gracias a su malvado cerebro, ella seguía con vida. "Esta vez, no corro peligro," ella no dudó en responderle. Sin embargo, la respuesta que recibió fue como un gran golpe. Se removió y Zayn abrió levemente los ojos. Estuvo a punto de soltarlo, pero no, no llegó a hacerlo. Su cerebro la estaba confundiendo. Estaba completamente segura de que ella no era una persona normal, no, su cerebro había desarrollado personalidad y vida propia, al parecer.

Sintió el móvil vibrar en su mano y desbloqueó la pantalla, viendo que tenía un mensaje. Era un mensaje de su mejor y único amigo Austin.


"Quiero verte esta tarde."
Era lo que decía aquel mensaje. Normalmente, su amigo no hablaría de aquel modo tan cortante, conociéndolo, y comparándolo junto a otros mensajes suyos, juraría que él estaba enfadado.

"¿Pasa algo?"
Le preguntó ella, un tanto confundida con aquel mensaje. Sin embargo, no recibió respuesta. Ella sabía que tendría que llamarlo si quería una explicación.

***


Austin, ¿qué pasa? —preguntó ella, un poco alejada del instituto. Dado a que la campana todavía no había tocado, había aprovechado para llamarlo ahora, antes de entrar. Le dijo a Zayn que fuera a su taquilla y agarrara sus cosas, y que después iría con él.

No has vendido todo lo que te di. —dijo. Sonaba serio, más de lo que ella quería.

Lo siento, Austin, no he tenido tiempo. —dijo ella.

¿Desde cuándo te falta el tiempo para vender mercancía, Noa? —le preguntó, él sonaba realmente cabreado. Ella suspiró. Tal vez Austin fuera su amigo, pero no lo consideraba una persona muy normal, el poder se le había subido demasiado al coco.

Desde que empecé el instituto, Austin. —respondió ella. Claro que mentía, aquello no era cierto. Ella estaba desperdiciando el tiempo con Zayn, constantemente. Zayn era malo para ella, ella era malo para él.
Bien, pues ya que no has podido vender toda la mercancía, no vas a cobrar, Noa. —dijo, y ella apretó el móvil en su mano.

¿Me tomas el pelo? —hacer de camello era un trabajo arriesgado, y más con cocaína. —Austin, es la primera vez que no logro vender toda la mercancía, en mi vida. —dijo ella.

Tal vez podamos negociarlo entonces. —su voz cambió, y ella permaneció agarrando su móvil con fuerza, sabía por dónde iban a parar los tiros. —Cuando acabes el instituto, ven a verme. —dijo, y finalizó la llamada antes de que ella pudiera objetar.
No era la primera vez que Austin pedía aquello, claro que esta vez, ella no quería. ¿Qué había cambiado exactamente? Bufó y golpeó una lata que había en el suelo. Ella, ella había cambiado, estaba cambiando y sabía perfectamente de quién era la culpa.
"Te lo dije." Su cerebro volvió a regañarla y ella gruñó. "No significa nada." Dijo ella, podía decirse que eran tres personas dentro de una, supongo. "Lo hace, y lo sabes".
[I'm back, bitches! Lo que significa que el maratón también :D ¿Quién quiere continuar? "+5" para el siguiente capi, mis bbys xx.]
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