Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT.
—Es el baño de chicos. —respondió él. —No tendrías que estar aquí. —fue cortante, sin querer, y ella lo notó. Las personas eran cortantes cuando estaban tristes y no querían hablar, cuando querían que las dejaran a solas. Pero ella no iba a dejarlo solo.
—Y tú tendrías que estar en clase. —contraatacó ella. Bufó y subió las piernas sobre el wáter, y las abrazó.
—Tú también. —siguió él.
—Yo he venido a comprobar que estabas bien. —su corazón se paró y tuvo la tentación de abrir la puerta. Ella había venido aquí por él, ¿qué otro motivo para entrar en el baño de chicos, o para salir de clase?
—¿La profesora te lo ha dicho? —murmuró, con cierta tristeza. Cuando un alumno faltaba, la profesora solía enviar a alguien a buscarlo, si había estado aquí en otras clases.
—He pedido permiso para ir al baño. —respondió ella, y él esbozó una sonrisa que ella no era capaz de ver, con una puerta entre ellos dos. —¿Y ahora me vas a abrir o no?
—¿Por qué quieres que abra? Ya sabes que estoy bien. —dijo, y no recibió respuesta. Dejó de ver las botas y se agachó un poco para ver si ella seguía ahí. No vio nada, ella se había marchado.
—¿Me buscabas? —dio un salto sobre el wáter y miró hacia arriba, viendo como ella estaba asomada y con una sonrisa burlona.
—¿Qué haces ahí? —su respiración estaba levemente agitada a causa del sobresalto, ella estaba de pie encima del wáter del otro cubículo, al parecer, ya que dudaba que llegara de otro modo. Pensaba que se habría ido.
—¿Me abres o me vas a obligar a saltar por aquí? —siguió insistiendo. Por alguna razón, la veía capaz de saltar. Él se levantó y quitó el pestillo de la puerta, y ella bajó del wáter, segundos después, la tenía frente a él cruzada de brazos. —¿Me vas a decir qué ha pasado?
Bajó su mirada y empezó a jugar con sus dedos. ¿Cómo explicarle que le había mentido a sus únicos amigos, y ahora estaba solo? ¿Cómo explicarle lo mal que se había sentido al ser ignorado por ella? —Nada. —escuchó su risa y alzó la vista, confundido.
—Nada. —repitió, dando un paso hacia él y entrando dentro del cubículo, el cual era muy pequeño. Cerró la puerta y él se sonrojó y se vio incapaz de mirarle a la cara. Mal momento para acordarse de su sueño y mal lugar para tenerla tan cerca. —No creo que estés así por nada, y no has entrado al comedor. —dijo, y él alzó su mirada.
[Awwww, si es que lea es una monada, aunque no lo demuestre (no digo que no vayáis a odiarla en algunos capítulos wut en otros la amaréis, y io lo sé. Buee, no os olvidéis el +1, que es gratis y en serio me hace feliz, y luego aquí os dejo un link: https://goo.gl/OcNvcb para suscribiros a este blog :) También me haríais feliz si os unierais xx.]
Al
verlo entrar en la segunda clase se relajó, claro que cuando se fijó
en sus ojos la tensión volvió a cada músculo de su cuerpo. Los
ojos rojos lo delataban, lucía peor que ante ayer cuando lo vio, y
aquello la preocupaba. Pero ella no podía mostrar aprecio por él,
aquí no, en público no, tal vez su respeto se fuera a la mierda si
aquello sucedía. De todos modos, era lunes y a las cinco tendría
que ir a su casa a darle clases de repaso, ahí hablaría con él.
Esta
vez, sí que pudo concentrarse, aunque le costó, vaya que le costó.
Su cabeza a veces se desviaba de la vida de Bécquer a otros temas
tabú, por lo menos mientras estuviera dentro de ese edificio. El
motivo por el cual era así allí dentro era tan simple como la
apariencia, ella necesitaba tener esa apariencia para que nadie osara
a acercársele a perturbar sus estudios, no necesitaba amigos que la
alejaran de su meta, y estaba seguro de aquello. Por lo tanto decidió
no apartar la mirada de la ventana esa mañana, incluso cuando sintió
la mirada de Zayn sobre ella, suplicándole que apartara esa mochila
y dejara que se sentase, cuando ella debería haber dejado la mochila
en el suelo para dejarle sitio, como su corazón ordenaba, pero como
siempre, el cerebro mandaba sobre las órdenes del corazón, al menos
para ella.
Zayn tenía la mirada fija sobre su cuaderno, y no tenía ánimos para levantarla y ver aquella melena negra darle la espalda, no. Otra patada en su corazón no. Ahora no tenía amigos, la chica por la que estaba colado no le dedicaba ni una mirada y... Oh... Lo había admitido, sí. Estaba colado por ella, ¿y qué? Después del sueño se venía venir, después de que siempre estuviera observándola era algo obvio, y después de todo lo que pasaron juntos, era doloroso, lo era porque lo ignoraba. Pero él no se atrevía a reclamarle nada, y el hecho de que fuera lunes volvió a su mente golpeándolo con fuerza con el número cinco. A las cinco ella vendría a su casa, y ya no estaba seguro de querer eso. Tendría que hablar con ella sí o sí, y de ser posible a la hora del recreo, antes de irse a llorar al baño por la pérdida de sus amigos y la agonía por su vida como había hecho esa mañana.
Y la campana sonó, aquella que indicaba que podían irse al recreo, porque las horas habían pasado, aunque fueran lentamente. Y él se levantó de su silla. Guardó las cosas dentro de su mochila, ya que a veces desparecían las pertenencias de los demás misteriosamente, aunque lo hizo lento, esperando a que ella terminara antes de guardarlas. Y al terminar, la vio salir, y él la siguió, alcanzándola poco antes de entrar en el comedor, todavía en el pasillo. Tocó su brazo y ella se dio la vuelta.
Vio sus ojos miel, apagados y enrojecidos, había estado llorando y ella quería saber el por qué. Temía no poder aguantar hasta las cinco para preguntar, claro que no sabía que sus planes estaban a punto de ser frustrados.
—¿Podemos dejar lo de las clases de repaso? —murmuró, y ella tuvo que parpadear. ¿Qué? No estaba para nada de acuerdo con eso, porque ella quería preguntarle, y no le preguntaría aquí dentro. ¿Por qué había decidido cancelar las clases? Y entonces pensó que él tal vez estaría enfadado por lo de esa mañana, al no apartar su mochila. A diferencia de todas las veces, él no le dedicó ni una sola mirada con intento de disimulo, y no había sentido aquellos ojos miel clavados en su nuca a hora de clase, dos lugares más atrás.
—Como quieras. —tuvo que fingir que le daba igual debido a la gente que estaba poniendo la oreja en aquel pasillo. Suficiente palabrerío, no necesitaba que nadie se enterara a cerca de sus notas.
Zayn esbozó una leve sonrisa que apenas llegó a sus ojos y se dio la vuelta. Ella se percató de eso, era la hora de comer, y él siempre comía en el comedor. Frunció el ceño y empujó la puerta con su mano, ignorándolo.
Él andaba cabizbajo hacia el baño, entró y se encerró en el mismo cubículo de antes. Tuvo la esperanza de que ella lo siguiera. Hay que ver lo estúpido que podía resultar a veces. Estaba claro que a ella le daba completamente igual, y que lo del taxi fue por pena. Aquello no volvería a suceder, y eso, dolía más que cualquier insulto que le hubieran soltado hasta ahora.
***
No entró en clase, otra vez. Se mordió los labios y apretó los puños. No, ella no debía levantarse, no debía andar hacia la profesora y preguntar si podía ir al baño, ella no tendría que salir de clase, así como tampoco tendría que andar directamente hacia el baño de chicos y entrar. Pero lo hizo. Escuchó sus sollozos, y al parecer él se percató de que alguien había entrado, porque cesó, estaba casi segura de que estaba acallando sus sollozos. Se agachó y vio sus pies, también vio como los subió para que nadie se percatara de que estaba ahí, pero ya era tarde, porque ella ya lo había visto y sabía dónde estaba.
Mordía sus labios para no dejar escapar más sollozos, no mientras hubiera alguien más ahí, una parte de él estaba asustado de quien pudiera ser, porque no necesitaba más amenazas, y tampoco más golpes. Unas botas se pararon justo frente al cubículo donde él estaba y aguantó la respiración. No era la primera vez que veía aquellas botas, pero la pregunta era: ¿Qué hacía ella aquí?
—¿Me abres? —preguntó ella, y él bajó los pies del wáter. Estaba incómodo y de todos modos ya sabía dónde estaba, y probablemente quién era.
—¿Qué haces aquí? —dijo con la voz quebrada, sin moverse del sitio.
—¿Y tú? —se mordió los labios y soltó un pequeño suspiro frustrado. ¿Venía aquí a vacilarle?
Zayn tenía la mirada fija sobre su cuaderno, y no tenía ánimos para levantarla y ver aquella melena negra darle la espalda, no. Otra patada en su corazón no. Ahora no tenía amigos, la chica por la que estaba colado no le dedicaba ni una mirada y... Oh... Lo había admitido, sí. Estaba colado por ella, ¿y qué? Después del sueño se venía venir, después de que siempre estuviera observándola era algo obvio, y después de todo lo que pasaron juntos, era doloroso, lo era porque lo ignoraba. Pero él no se atrevía a reclamarle nada, y el hecho de que fuera lunes volvió a su mente golpeándolo con fuerza con el número cinco. A las cinco ella vendría a su casa, y ya no estaba seguro de querer eso. Tendría que hablar con ella sí o sí, y de ser posible a la hora del recreo, antes de irse a llorar al baño por la pérdida de sus amigos y la agonía por su vida como había hecho esa mañana.
Y la campana sonó, aquella que indicaba que podían irse al recreo, porque las horas habían pasado, aunque fueran lentamente. Y él se levantó de su silla. Guardó las cosas dentro de su mochila, ya que a veces desparecían las pertenencias de los demás misteriosamente, aunque lo hizo lento, esperando a que ella terminara antes de guardarlas. Y al terminar, la vio salir, y él la siguió, alcanzándola poco antes de entrar en el comedor, todavía en el pasillo. Tocó su brazo y ella se dio la vuelta.
Vio sus ojos miel, apagados y enrojecidos, había estado llorando y ella quería saber el por qué. Temía no poder aguantar hasta las cinco para preguntar, claro que no sabía que sus planes estaban a punto de ser frustrados.
—¿Podemos dejar lo de las clases de repaso? —murmuró, y ella tuvo que parpadear. ¿Qué? No estaba para nada de acuerdo con eso, porque ella quería preguntarle, y no le preguntaría aquí dentro. ¿Por qué había decidido cancelar las clases? Y entonces pensó que él tal vez estaría enfadado por lo de esa mañana, al no apartar su mochila. A diferencia de todas las veces, él no le dedicó ni una sola mirada con intento de disimulo, y no había sentido aquellos ojos miel clavados en su nuca a hora de clase, dos lugares más atrás.
—Como quieras. —tuvo que fingir que le daba igual debido a la gente que estaba poniendo la oreja en aquel pasillo. Suficiente palabrerío, no necesitaba que nadie se enterara a cerca de sus notas.
Zayn esbozó una leve sonrisa que apenas llegó a sus ojos y se dio la vuelta. Ella se percató de eso, era la hora de comer, y él siempre comía en el comedor. Frunció el ceño y empujó la puerta con su mano, ignorándolo.
Él andaba cabizbajo hacia el baño, entró y se encerró en el mismo cubículo de antes. Tuvo la esperanza de que ella lo siguiera. Hay que ver lo estúpido que podía resultar a veces. Estaba claro que a ella le daba completamente igual, y que lo del taxi fue por pena. Aquello no volvería a suceder, y eso, dolía más que cualquier insulto que le hubieran soltado hasta ahora.
***
No entró en clase, otra vez. Se mordió los labios y apretó los puños. No, ella no debía levantarse, no debía andar hacia la profesora y preguntar si podía ir al baño, ella no tendría que salir de clase, así como tampoco tendría que andar directamente hacia el baño de chicos y entrar. Pero lo hizo. Escuchó sus sollozos, y al parecer él se percató de que alguien había entrado, porque cesó, estaba casi segura de que estaba acallando sus sollozos. Se agachó y vio sus pies, también vio como los subió para que nadie se percatara de que estaba ahí, pero ya era tarde, porque ella ya lo había visto y sabía dónde estaba.
Mordía sus labios para no dejar escapar más sollozos, no mientras hubiera alguien más ahí, una parte de él estaba asustado de quien pudiera ser, porque no necesitaba más amenazas, y tampoco más golpes. Unas botas se pararon justo frente al cubículo donde él estaba y aguantó la respiración. No era la primera vez que veía aquellas botas, pero la pregunta era: ¿Qué hacía ella aquí?
—¿Me abres? —preguntó ella, y él bajó los pies del wáter. Estaba incómodo y de todos modos ya sabía dónde estaba, y probablemente quién era.
—¿Qué haces aquí? —dijo con la voz quebrada, sin moverse del sitio.
—¿Y tú? —se mordió los labios y soltó un pequeño suspiro frustrado. ¿Venía aquí a vacilarle?
—Es el baño de chicos. —respondió él. —No tendrías que estar aquí. —fue cortante, sin querer, y ella lo notó. Las personas eran cortantes cuando estaban tristes y no querían hablar, cuando querían que las dejaran a solas. Pero ella no iba a dejarlo solo.
—Y tú tendrías que estar en clase. —contraatacó ella. Bufó y subió las piernas sobre el wáter, y las abrazó.
—Tú también. —siguió él.
—Yo he venido a comprobar que estabas bien. —su corazón se paró y tuvo la tentación de abrir la puerta. Ella había venido aquí por él, ¿qué otro motivo para entrar en el baño de chicos, o para salir de clase?
—¿La profesora te lo ha dicho? —murmuró, con cierta tristeza. Cuando un alumno faltaba, la profesora solía enviar a alguien a buscarlo, si había estado aquí en otras clases.
—He pedido permiso para ir al baño. —respondió ella, y él esbozó una sonrisa que ella no era capaz de ver, con una puerta entre ellos dos. —¿Y ahora me vas a abrir o no?
—¿Por qué quieres que abra? Ya sabes que estoy bien. —dijo, y no recibió respuesta. Dejó de ver las botas y se agachó un poco para ver si ella seguía ahí. No vio nada, ella se había marchado.
—¿Me buscabas? —dio un salto sobre el wáter y miró hacia arriba, viendo como ella estaba asomada y con una sonrisa burlona.
—¿Qué haces ahí? —su respiración estaba levemente agitada a causa del sobresalto, ella estaba de pie encima del wáter del otro cubículo, al parecer, ya que dudaba que llegara de otro modo. Pensaba que se habría ido.
—¿Me abres o me vas a obligar a saltar por aquí? —siguió insistiendo. Por alguna razón, la veía capaz de saltar. Él se levantó y quitó el pestillo de la puerta, y ella bajó del wáter, segundos después, la tenía frente a él cruzada de brazos. —¿Me vas a decir qué ha pasado?
Bajó su mirada y empezó a jugar con sus dedos. ¿Cómo explicarle que le había mentido a sus únicos amigos, y ahora estaba solo? ¿Cómo explicarle lo mal que se había sentido al ser ignorado por ella? —Nada. —escuchó su risa y alzó la vista, confundido.
—Nada. —repitió, dando un paso hacia él y entrando dentro del cubículo, el cual era muy pequeño. Cerró la puerta y él se sonrojó y se vio incapaz de mirarle a la cara. Mal momento para acordarse de su sueño y mal lugar para tenerla tan cerca. —No creo que estés así por nada, y no has entrado al comedor. —dijo, y él alzó su mirada.
—He
entrado después. —mintió.
—¿Y entonces por qué no estabas con Harry y Liam? —parpadeó. ¿Los conocía?
—¿Los conoces? —preguntó.
—No me cambies de tema. —dijo cortante, y él tragó saliva y miró la pared del cubículo, pintada y rayada. Se mordió los labios, no queriendo responder a eso, no con la verdad. Pero sabía que a ella no podía mentirle.
—Les mentí. —admitió. —Les dije que era un chico malo y que nadie se atrevía a acercarse a mí. —su voz se quebró. —Les dije que yo le había dejado el ojo morado a Louis y... —sollozó. —Y ahora ellos lo saben todo. —se cubrió la cara con las manos, avergonzado.
—¿Por qué lo hiciste? —su voz era suave, no como de costumbre.
—No me habrían aceptado de haber sabido como era en realidad. —dijo, entre sollozos. Sus fuerzas se desvanecían por momentos.
—Yo lo he hecho. —dijo ella, y él rió sin ganas.
—¿Y por eso pasas de mí? —ella se sorprendió al ver cómo alzaba la mirada y sus ojos rojos y abatidos se posaban sobre los de ella.
—No paso de ti. —mintió a medias. —Ahora estoy aquí.
Él negó con la cabeza y rió de nuevo, alzando sus piernas y abrazándolas. —Ahora, cuando sabes que no hay nadie que nos vea. —dijo amargamente. —Te avergüenzas de estar conmigo, lo sé. —sollozó. —Porque doy pena, doy asco. —dijo, y ella apretó la mandíbula al escucharlo hablar así. Ella no quería que él pensara eso, porque no era cierto. No. Simplemente no quería que nadie se le acercara, quería estar sola, simplemente eso. —Siempre estaré solo, nadie querrá jamás estar conmigo porque...
—Calla. —lo interrumpió ella, y habría seguido de no ser porque su tono le heló los huesos. —¿Te has escuchado? —sonaba enfadada, es más, lo estaba. —¿Escuchas lo que dices, la manera en la que hablas de ti? —dijo, sus ojos ardientes de color verde estaban fijos en aquellos miel, asustados ante su tono de voz. —Eso es como ellos quieren que estés, quieren verte así. ¿Crees que me avergüenzo de ti?
—Creo que no te importo, como a nadie le importo. —interrumpió él, y no sabía de dónde había sacado el valor de decir eso.
—¡De no importarme, Louis no estaría en un jodido hospital! —exclamó, golpeando la pared del cubículo y haciendo que ésta temblara. Abrazó con más fuerza sus rodillas, temblaba. ¿Qué?
—¿Qué? —susurró, sin aire. Louis... Louis no estaría en el hospital. Ella... Dios mío, ¿había sido ella? —¿Qué has hecho? —susurró aterrado.
Su mirada se oscureció y abrió la puerta del cubículo, saliendo de éste. Quería ir tras ella, pero estaba tieso, era incapaz de moverse. ¿Había escuchado bien? ¿Ella había sido la culpable de que Louis estuviera en el hospital? «¡De no importarme, Louis no estaría en un jodido hospital!» Eso había querido decir que ella... Ella se había vengado, por él. Tragó saliva y salió del cubículo. ¿Habría ido a clase? Salió corriendo del baño de chicos y la vio girar la esquina del pasillo. Corrió, más de lo que había hecho nunca en una clase de Educación Física. Ella no se dirigía a clase, porque pasó de largo.
—¡Espera! —le gritó, y ella paró en seco. Se acercó haciendo un último esfuerzo, corriendo, y la alcanzó, ella se dio la vuelta y lo miró, impasible. —¿Fuiste tú? —susurró agitado.
—Sí. —admitió, esperando a que él le temiera, pero no fue así, su rostro no varió.
—¿Por qué? —preguntó, recobrando el aliento.
—Después de todo lo que ha hecho, no es ni la mitad de lo que él merece. —dijo, y sintió su corazón bombear sangre frenéticamente, y el aire no llegaba a sus pulmones. Por él.
—¿Por mí? —susurró, soltando el poco aire que había dentro de él. Creyó ver la comisura derecha de su labio ir hacia arriba, sin embargo, no apostaría dinero por ello. Dio media vuelta sin decir nada y sintió como si su corazón cayera al suelo, como un "pum" que hizo que decayera. —Espera. —repitió, y ella volvió a darse la vuelta. —¿Por qué haces como si nada hubiera pasado?
Ella humedeció sus labios pensativa y sus ojos se posaron en la campana, y justo como si fuera cosa del destino o ella misma se hubiera encargado de ello, la campana sonó, y ella desapareció sin responder a su pregunta. Corrió intentando esquivar a la gente y se chocó con un hombro fornido, abrió la boca para disculparse y la cerró de golpe.
—Liam... —quiso seguir, pero el chico ya había continuado con su camino.
—¿Y entonces por qué no estabas con Harry y Liam? —parpadeó. ¿Los conocía?
—¿Los conoces? —preguntó.
—No me cambies de tema. —dijo cortante, y él tragó saliva y miró la pared del cubículo, pintada y rayada. Se mordió los labios, no queriendo responder a eso, no con la verdad. Pero sabía que a ella no podía mentirle.
—Les mentí. —admitió. —Les dije que era un chico malo y que nadie se atrevía a acercarse a mí. —su voz se quebró. —Les dije que yo le había dejado el ojo morado a Louis y... —sollozó. —Y ahora ellos lo saben todo. —se cubrió la cara con las manos, avergonzado.
—¿Por qué lo hiciste? —su voz era suave, no como de costumbre.
—No me habrían aceptado de haber sabido como era en realidad. —dijo, entre sollozos. Sus fuerzas se desvanecían por momentos.
—Yo lo he hecho. —dijo ella, y él rió sin ganas.
—¿Y por eso pasas de mí? —ella se sorprendió al ver cómo alzaba la mirada y sus ojos rojos y abatidos se posaban sobre los de ella.
—No paso de ti. —mintió a medias. —Ahora estoy aquí.
Él negó con la cabeza y rió de nuevo, alzando sus piernas y abrazándolas. —Ahora, cuando sabes que no hay nadie que nos vea. —dijo amargamente. —Te avergüenzas de estar conmigo, lo sé. —sollozó. —Porque doy pena, doy asco. —dijo, y ella apretó la mandíbula al escucharlo hablar así. Ella no quería que él pensara eso, porque no era cierto. No. Simplemente no quería que nadie se le acercara, quería estar sola, simplemente eso. —Siempre estaré solo, nadie querrá jamás estar conmigo porque...
—Calla. —lo interrumpió ella, y habría seguido de no ser porque su tono le heló los huesos. —¿Te has escuchado? —sonaba enfadada, es más, lo estaba. —¿Escuchas lo que dices, la manera en la que hablas de ti? —dijo, sus ojos ardientes de color verde estaban fijos en aquellos miel, asustados ante su tono de voz. —Eso es como ellos quieren que estés, quieren verte así. ¿Crees que me avergüenzo de ti?
—Creo que no te importo, como a nadie le importo. —interrumpió él, y no sabía de dónde había sacado el valor de decir eso.
—¡De no importarme, Louis no estaría en un jodido hospital! —exclamó, golpeando la pared del cubículo y haciendo que ésta temblara. Abrazó con más fuerza sus rodillas, temblaba. ¿Qué?
—¿Qué? —susurró, sin aire. Louis... Louis no estaría en el hospital. Ella... Dios mío, ¿había sido ella? —¿Qué has hecho? —susurró aterrado.
Su mirada se oscureció y abrió la puerta del cubículo, saliendo de éste. Quería ir tras ella, pero estaba tieso, era incapaz de moverse. ¿Había escuchado bien? ¿Ella había sido la culpable de que Louis estuviera en el hospital? «¡De no importarme, Louis no estaría en un jodido hospital!» Eso había querido decir que ella... Ella se había vengado, por él. Tragó saliva y salió del cubículo. ¿Habría ido a clase? Salió corriendo del baño de chicos y la vio girar la esquina del pasillo. Corrió, más de lo que había hecho nunca en una clase de Educación Física. Ella no se dirigía a clase, porque pasó de largo.
—¡Espera! —le gritó, y ella paró en seco. Se acercó haciendo un último esfuerzo, corriendo, y la alcanzó, ella se dio la vuelta y lo miró, impasible. —¿Fuiste tú? —susurró agitado.
—Sí. —admitió, esperando a que él le temiera, pero no fue así, su rostro no varió.
—¿Por qué? —preguntó, recobrando el aliento.
—Después de todo lo que ha hecho, no es ni la mitad de lo que él merece. —dijo, y sintió su corazón bombear sangre frenéticamente, y el aire no llegaba a sus pulmones. Por él.
—¿Por mí? —susurró, soltando el poco aire que había dentro de él. Creyó ver la comisura derecha de su labio ir hacia arriba, sin embargo, no apostaría dinero por ello. Dio media vuelta sin decir nada y sintió como si su corazón cayera al suelo, como un "pum" que hizo que decayera. —Espera. —repitió, y ella volvió a darse la vuelta. —¿Por qué haces como si nada hubiera pasado?
Ella humedeció sus labios pensativa y sus ojos se posaron en la campana, y justo como si fuera cosa del destino o ella misma se hubiera encargado de ello, la campana sonó, y ella desapareció sin responder a su pregunta. Corrió intentando esquivar a la gente y se chocó con un hombro fornido, abrió la boca para disculparse y la cerró de golpe.
—Liam... —quiso seguir, pero el chico ya había continuado con su camino.


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