domingo, 9 de agosto de 2015

BDSM | Zayn Malik - Capitulo 5

Autora: Sandra M.P.

NO COPYRIGHT. | BDSM

—Luke, ¿te quedas a cenar? —le pregunté.

—No hace falta, tengo pizza congelada en casa. —me dijo él.

—Anda, quédate y guarda la pizza para merendar, que es malo comer precocinado. —dije.

—Es lo que hay. —se encogió de hombros.

—Entonces a partir de ahora Amélia preparará todas tus comidas. —dije.

—No, no, no, no. —negó rápidamente.

—Sí, sí, sí, sí. —dije imitándolo.

—No quiero darle más trabajo a Amélia. —dijo él.

—No es trabajo, Luke. Es cocinar lo mismo pero en más cantidad, solamente. —dijo Amélia apareciendo con una sonrisa. —Además, me encanta cocinar. —dijo.

Espera, ¿por qué a él le llamaba simplemente "Luke" y a mi no me llamaba también solamente por mi nombre? No era justo.

—¿Segura? —le preguntó, un tanto inseguro.

—Segura. Y ahora mismo voy a preparar la cena. —dijo ella dirigiéndose al interior de la cocina.

Le sonreí a Luke. —¿Ves? No es problema. —le dije.

—Gracias. —me sonrió. —Pero no me conviene mucho acostumbrarme al lujo. —dijo, y yo reí.

—Es sólo comida, Luke. Quiero que comas bien. —dije.

***

Al día siguiente, cuando me desperté, desayuné lo mismo de siempre, pero esta vez me puse mi biquini. Hoy pasaría el día en la piscina, y antes de que Zayn viniera me ducharía. Hacía calor y no tenía ganas de hacer nada, así que, ¿por qué no?

Entré tirándome de cabeza. El agua estaba fría, tal y como yo quería, refrescante.

Y después de estar un rato en el agua, me tumbé a tomar el sol sobre mi hamaca, poniéndome los lentes de sol que guardaba en el cajón de la mesita, junto a la hamaca.
La piel morena en verano sentaba bien, y por supuesto, me gustaba lucir bien.

Estaba deseando volver a ver a ese moreno de nuevo. Esperaba que firmara aquel papel. Lo que más deseaba en este mundo ahora mismo era jugar con él en mi salón de juegos. Oh, sí. Pero para ello tenía que firmar. Mierda, ¿y si no firmaba?

Es decir, tenía veintiún años, era guapo, no tenía novia, y al parecer era tímido y no muy popular, ya que de serlo probablemente no le habrían perseguido esos chicos. Y ahora que lo recordaba, tenía que ir a hablar con el director.

Y ahora que lo pensaba, ¿qué edad tenían? Menudos inmaduros, ¿no? Veinte años y comportarse como si tuvieran catorce. Pero ya madurarían, ya.

—¿Willa? —escuché la voz de Luke en el interior de la casa.

—En la piscina. —dije yo alto para que me escuchara.

—¿A qué hora salen los de la universidad? —me preguntó.

—A las dos, creo. —dije. —Pero mejor que vayas antes por si acaso.

Él asintió con la cabeza. —Mejor. —afirmó. —Un poco inmaduros para tener la edad que tenían. —me dijo.

Sonreí. —Estaba pensando justo lo mismo.

—¿Y qué tal fue la cena? Se me olvidó preguntártelo.

—Bueno, aburrida, como de costumbre. —suspiré.

Rió y se sentó en la hamaca, junto a mis pies. —¿Y no hablas con nadie ahí? —me preguntó.

—No hay nadie de mi edad. —dije.

—¿Todos mayores?

Bufé. —Sí, y muy feos. —dije, haciendo que se riera.

—Ah, así que ibas para ligar. —rió él.

—Al principio, sí. Porque pensaba: “Oh, empresarios guapos y jóvenes” No. —dije, y él soltó una carcajada.

—Más bien gordos y feos, supongo. —me dijo, y yo asentí con la cabeza.

—Sí. —afirmé con la boca torcida.
—Hay que ver. ¿Qué pensaría tu padre? —me regañó.

Reí. Creo que pensaría peor acerca de otras cosas. —Mi padre por suerte, no puede leerme el pensamiento.

—¿Por suerte? —alzó ambas cejas. —A saber qué sucios pensamientos pasan por tu cabeza. —se burló, haciendo que riera. Realmente le había terminado cogiendo cariño y confianza.

—Eso tú tampoco lo sabrás. —dije sonriendo pícaramente y cogiendo las gafas de sol de la mesita, ya que anteriormente me las había quitado.

—Hum... Apuesto a que quieres verme en bañador. —dijo, fingiendo estar leyendo mi mente.

Reí y subí levemente mis gafas, para mirarlo. —Vaya, don adivino. Esa es una, pero te falta otra. —me burlé, y él rió. Volví a ponerme las gafas y él puso cara de pensar.

—Lo que quieres es verme mojado y con bañador. —dijo. Acababa de darme una idea.

Me quité las gafas y sonreí. —Puede. —dije. —Aunque con una me basta. —dije sentándome a su lado.

Y daba la casualidad de que mi hamaca estaba muy cerca de la piscina. Tanto, que de un empujón, él acabaría empapado.

Frunció levemente el ceño, y al verme sonreír fue a levantarse, pero ya era tarde.

Estallé en carcajadas al verlo totalmente mojado con la ropa y todo, nadando en mi piscina.

—Qué mala eres. —me gritó.

—Eso te pasa por leer la mente de los demás. —le saqué la lengua.

Puede que yo tampoco fuera muy madura para según qué cosas.

Salió por las escaleras, chorreando agua por todo, y yo aguantaba la risa viéndolo. Sonrió y se mordió los labios. Apostaba a que él también se aguantaba la risa. —Bien, ¿y ahora qué hago?

Reí y me levanté, yendo hacia el mueble que había al lado de la ventana. Agarré una toalla y se la lancé. La cogió al vuelo.

—Le diré a Amélia que vaya a comprarte ropa. —dije enrollándome una toalla y entrando en mi casa de nuevo, descalza. —Amélia. —la llamé.

—¿Sí, señorita?
Otra vez con eso...

—¿Podrías ir a comprar algo de ropa para Luke? Mi tarjeta está sobre la mesa del comedor. —dije.

—Claro. ¿Qué ha pasado? —me preguntó.

—Se ha caído. —me encogí de hombros.

—Me ha empujado. —dijo Luke apareciendo a mi lado.

Amélia aguantó una risa y asintió con la cabeza. —Ahora vuelvo.

Miré a Luke y me di cuenta de que ya no llevaba su ropa. Ahora llevaba la toalla en la cintura, y no sabía si debajo llevaba su ropa interior.

¿Pero desde cuándo Luke está tan bueno? ... ¿En qué estoy pensando?

—Ahora Amélia traerá tu ropa. —dije.

—Vale. —dijo él.

—No gotees mucho. —le advertí.

—Lo intentaré. —dijo.

—Yo me voy a duchar. Si quieres puedes ducharte en el baño de la habitación de invitados. —dije, y él asintió con la cabeza.

Subí arriba, a mi habitación, y entré en el baño. Calenté el agua y entré, mojando mi cuerpo entero.

Me lavé el pelo y el cuerpo, me sequé y salí a mi habitación para vestirme.

Cuando terminé de vestirme, salí y me encontré a Luke en el sofá, ya vestido. —Luke. —lo llamé, y él se giró para verme. Estaba con el móvil. Siempre. Tenía curiosidad por saber qué hacía, pero no pregunté. —¿Puedes ir ya a buscar a Zayn? —le pregunté.

—Claro. ¿Vienes o te quedas aquí? —me preguntó.

—Me quedo. Tengo que preparar unos papeles. —dije, y él asintió con la cabeza.

Por si quería firmarlos. Aparte de que tenía que firmar un acuerdo de confidencialidad antes de que yo le propusiera aquello. Porque claro, nadie quiere que hable demasiado, ¿verdad? Ya que esto no está muy bien visto, y no quería que mi padre tuviera problemas por mi culpa. Y mucho menos quería que esto se descubriera.

***
La puerta de mi despacho se abrió, y yo alcé la vista hacia el sujeto que la había abierto. Zayn entró tímidamente y yo dejé de responder preguntas en Twitter.

—Hola. —murmuró cerrando la puerta a sus espaldas.

—Hola, Zayn. Siéntate. —le dije.

Él anduvo hacia la silla y se sentó frente a mí, pude notar que un tanto incómodo, nervioso. —¿Y de qué trabajo hablamos? —preguntó, y después carraspeó. Estaba nervioso aunque intentara no aparentarlo.

Yo abrí el cajón de mi escritorio y saqué el acuerdo de confidencialidad, colocándolo sobre la mesa, junto a un bolígrafo.

—¿Qué es esto? —preguntó con el ceño levemente fruncido mientras lo examinaba.

—Un acuerdo de confidencialidad. —respondí. —Antes de empezar a hablar quiero asegurarme de que nada más saldrá de aquí. —dije seriamente.

Tragó saliva y lo miró unos segundos más. Supongo que antes de firmar el otro contrato, el de "trabajo", se lo miraría todavía más. Y le haría falta informarse.

Agarró el bolígrafo, firmó y yo cogí el papel y lo guardé en el cajón. —Bien. —dije. —Antes de todo me gustaría decirte que lo que te estoy ofreciendo no es exactamente un trabajo. —expliqué, y él frunció el ceño.

—¿Y... Entonces para qué? —dijo, confundido.

—¿Sabes qué es el bondage, Zayn? —le pregunté, y él negó con la cabeza. Formé una línea con mis labios. Bueno, pues iba a ser más difícil. —Quiero que lo pienses bien antes de firmar, Zayn, y que mires información acerca del bondage y todo lo que esté relacionado. —le dije. —Y cuando lo hayas hecho, si es que quieres volver a verme, me llamas o vienes directamente aquí. —dije seriamente.

Él asintió con la cabeza. Suponía que no entendía nada, y era normal. Supongo que era algo nuevo para él. —¿Por qué... No querría volver a verte después de esto? —me preguntó.

—Porque quizás te asuste lo que veas. —respondí yo sinceramente.

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