NO COPYRIGHT. | BDSM
El
chico parpadeó y miró hacia atrás.
—¿Buscas algo? —le pregunté.
—Eh... No. —respondió. Era un chico un poco raro.
—Malik. —dijo alguien a sus espaldas, e inmediatamente el miedo se posó en sus ojos.
Fruncí el ceño y miré al chico que había pronunciado eso. —¿Y este quién es? —le pregunté al chico.
—Wow, Malik, ¿qué haces molestando a esta chica tan guapa? —dijo con una sonrisa pícara.
Alcé una ceja. Uhh... Te quitaría esa sonrisa con unos azotes, querido. Puede que con una vara.
—No me estaba molestando precisamente. —dije.
—Bueno, nosotros veníamos a buscar a nuestro amigo Zayn, para... Jugar un rato. —dijo el chico acercándose a Zayn, y éste me miró con miedo. ¿Jugar? No lo tomé precisamente en el buen sentido de la palabra. Lo agarré de la camiseta y tiré de ésta hacia mí.
—Lo siento, pero tendréis que jugar después. Venía a recoger a mi amigo Zayn. —mentí.
El chico entrecerró los ojos y apretó la mandíbula. —Pues ya será mañana, Zayn. —dijo, de tal manera que me confirmaba que no eran amigos.
Y dieron media vuelta y se fueron.
Zayn me miró. —Muchas gracias, de verdad. No sé como agradecértelo. —dijo rápidamente.
—Acabamos de atropeyarte. No debes agradecer nada, simplemente te agradecería que no nos denunciaras. —dije, y él negó efusivamente con la cabeza.
—No lo haré. Gracias. —dijo.
Sonreí. —¿Quieres subirte? —dije señalando el descapotable.
Sus mejillas se encendieron y negó con la cabeza. —Tengo que ir a casa. —dijo tímidamente.
Oh, cariño... Tu forma de ser me encanta. Lo que daría yo por tenerte en mi cuarto de juegos, atado, sonrojado y gritando.
Me estremecí tan solo de pensarlo. ¿A qué venía esa reacción de mí?
Dios... Contrólate, Styles, sabes perfectamente cómo hacerlo. Llevas el control.
—Es hora de comer. Podrías acompañarnos, yo invito. Y luego te llevamos a casa. —dije, mirándolo intensamente.
—Hum... Vale... Gracias. —dijo tímidamente.
Sonreí. Lo quería a él, como mi próximo sumiso.
Hacía tiempo que no tenía sumisos. Un año, y pensaba que lo había superado. Pero no. ¿Qué tenía él que despertaba esa ansiedad en mí?
Pensaba que lo había dejado atrás... Pensaba.
Había tenido que tratar con psicólogos acerca de esto, estaba enferma, y hace unos meses me declararon curada... ¿Pero esto? ¿Qué debía hacer? Sabía que era malo para mí... Pero lo necesitaba, quería hacerlo. Y si él quería... Nada me detendría.
—¿Quiénes eran esos chicos, Zayn? —pregunté.
Ahora ambos íbamos en los asientos de atrás. —Unos... Amigos. —respondió.
—Ambos sabemos que no es cierto. —dije, y él me miró.
—No. —respondió en voz baja.
—Supongo que por eso corrías. —asintió con la cabeza y sus mejillas volvieron a sonrosarse.
—Son los que se meten siempre conmigo. —suspiró.
—¿Has hablado con el director sobre esto? —negó con la cabeza.
—Tendrías que hacerlo. —dije yo.
—Eso no funcionaría. —respondió.
—¿Y si fuera a hablar yo? —dije.
Él frunció el ceño. —No. —negó rápidamente.
—¿Y por qué no?
—Es mi problema. —dijo.
—¿Buscas algo? —le pregunté.
—Eh... No. —respondió. Era un chico un poco raro.
—Malik. —dijo alguien a sus espaldas, e inmediatamente el miedo se posó en sus ojos.
Fruncí el ceño y miré al chico que había pronunciado eso. —¿Y este quién es? —le pregunté al chico.
—Wow, Malik, ¿qué haces molestando a esta chica tan guapa? —dijo con una sonrisa pícara.
Alcé una ceja. Uhh... Te quitaría esa sonrisa con unos azotes, querido. Puede que con una vara.
—No me estaba molestando precisamente. —dije.
—Bueno, nosotros veníamos a buscar a nuestro amigo Zayn, para... Jugar un rato. —dijo el chico acercándose a Zayn, y éste me miró con miedo. ¿Jugar? No lo tomé precisamente en el buen sentido de la palabra. Lo agarré de la camiseta y tiré de ésta hacia mí.
—Lo siento, pero tendréis que jugar después. Venía a recoger a mi amigo Zayn. —mentí.
El chico entrecerró los ojos y apretó la mandíbula. —Pues ya será mañana, Zayn. —dijo, de tal manera que me confirmaba que no eran amigos.
Y dieron media vuelta y se fueron.
Zayn me miró. —Muchas gracias, de verdad. No sé como agradecértelo. —dijo rápidamente.
—Acabamos de atropeyarte. No debes agradecer nada, simplemente te agradecería que no nos denunciaras. —dije, y él negó efusivamente con la cabeza.
—No lo haré. Gracias. —dijo.
Sonreí. —¿Quieres subirte? —dije señalando el descapotable.
Sus mejillas se encendieron y negó con la cabeza. —Tengo que ir a casa. —dijo tímidamente.
Oh, cariño... Tu forma de ser me encanta. Lo que daría yo por tenerte en mi cuarto de juegos, atado, sonrojado y gritando.
Me estremecí tan solo de pensarlo. ¿A qué venía esa reacción de mí?
Dios... Contrólate, Styles, sabes perfectamente cómo hacerlo. Llevas el control.
—Es hora de comer. Podrías acompañarnos, yo invito. Y luego te llevamos a casa. —dije, mirándolo intensamente.
—Hum... Vale... Gracias. —dijo tímidamente.
Sonreí. Lo quería a él, como mi próximo sumiso.
Hacía tiempo que no tenía sumisos. Un año, y pensaba que lo había superado. Pero no. ¿Qué tenía él que despertaba esa ansiedad en mí?
Pensaba que lo había dejado atrás... Pensaba.
Había tenido que tratar con psicólogos acerca de esto, estaba enferma, y hace unos meses me declararon curada... ¿Pero esto? ¿Qué debía hacer? Sabía que era malo para mí... Pero lo necesitaba, quería hacerlo. Y si él quería... Nada me detendría.
—¿Quiénes eran esos chicos, Zayn? —pregunté.
Ahora ambos íbamos en los asientos de atrás. —Unos... Amigos. —respondió.
—Ambos sabemos que no es cierto. —dije, y él me miró.
—No. —respondió en voz baja.
—Supongo que por eso corrías. —asintió con la cabeza y sus mejillas volvieron a sonrosarse.
—Son los que se meten siempre conmigo. —suspiró.
—¿Has hablado con el director sobre esto? —negó con la cabeza.
—Tendrías que hacerlo. —dije yo.
—Eso no funcionaría. —respondió.
—¿Y si fuera a hablar yo? —dije.
Él frunció el ceño. —No. —negó rápidamente.
—¿Y por qué no?
—Es mi problema. —dijo.
Alcé
una ceja. —Puede. —dije. —¿Pero y eso qué más da?
—Acabo de conocerte. —me dijo.
Sonreí. Lo sé, cariño, y espero conocerte mucho mejor... En todos los sentidos. —Lo sé. Pero quiero ayudarte.
El chico se rascó el brazo. —Que hablaras con el director no arreglaría nada. —me dijo.
—Tal vez sí. —dije.
¿Otra cosa que le encantaba de él aparte de su rostro, físico y personalidad? Él no sabía quién era. Para él, era una chica más.
***
—Y dime, Zayn, ¿salías del instituto? Era temprano. —dije.
Él bajó su mirada al plato. —Tuve que salir corriendo. —suspiró.
Apreté la mandíbula. Me encargaría de ellos. Nadie toca lo que es mío. Bueno... Técnicamente no era mío... Todavía.
—Hablaré con el director. —sentencié. —Y te dejarán en paz.
—Lo dudo. —dijo él.
No lo dudes, querido. El dinero hace muchas cosas.
—¿Qué edad tienes? —le pregunté.
—Veintiuno. —respondió.
—¿Y ya sabes a qué te quieres dedicar?
—Me gustaría ser profesor de Inglés. —dijo.
Sonreí. —Es bonito. —dije. —Enseñar a los chicos cultura lingüística.
Me sonrió, torciendo la cabeza. —Yo pienso lo mismo. —dijo.
Su sonrisa... Era algo realmente increíble.
—¿Qué edad tienes? —me preguntó.
—Veinte. —respondí yo.
—¿Y vas a la universidad?
—Acabo de conocerte. —me dijo.
Sonreí. Lo sé, cariño, y espero conocerte mucho mejor... En todos los sentidos. —Lo sé. Pero quiero ayudarte.
El chico se rascó el brazo. —Que hablaras con el director no arreglaría nada. —me dijo.
—Tal vez sí. —dije.
¿Otra cosa que le encantaba de él aparte de su rostro, físico y personalidad? Él no sabía quién era. Para él, era una chica más.
***
—Y dime, Zayn, ¿salías del instituto? Era temprano. —dije.
Él bajó su mirada al plato. —Tuve que salir corriendo. —suspiró.
Apreté la mandíbula. Me encargaría de ellos. Nadie toca lo que es mío. Bueno... Técnicamente no era mío... Todavía.
—Hablaré con el director. —sentencié. —Y te dejarán en paz.
—Lo dudo. —dijo él.
No lo dudes, querido. El dinero hace muchas cosas.
—¿Qué edad tienes? —le pregunté.
—Veintiuno. —respondió.
—¿Y ya sabes a qué te quieres dedicar?
—Me gustaría ser profesor de Inglés. —dijo.
Sonreí. —Es bonito. —dije. —Enseñar a los chicos cultura lingüística.
Me sonrió, torciendo la cabeza. —Yo pienso lo mismo. —dijo.
Su sonrisa... Era algo realmente increíble.
—¿Qué edad tienes? —me preguntó.
—Veinte. —respondí yo.
—¿Y vas a la universidad?
—No.
—respondí. La verdad es que no tengo trabajo. —dije. Él
parpadeó y me examinó mejor, torciendo la cabeza. —Mi padre. —le
aclaré.
—Oh. —dijo él. —¿En qué trabaja?
—Empresas Styles. —dije yo.
Abrió mucho los ojos. —¿Harry Styles es tu padre? —dijo sorprendido.
Suspiré y sonreí débilmente. Bueno, se acabó lo de pasar desapercibida, supongo. —Sí, lo es.
—Vaya. —dijo asombrado. —Debes de vivir bien. —dijo él.
—Sí. —dije secamente.
—¿He dicho algo... Malo? —dijo.
Negué con la cabeza. —Voy a pagar y nos vamos. —me levanté.
—Espera. —me dijo él, rozándome el brazo y dándome electricidad. Lo aparté rápidamente y me froté el brazo. —Perdón. —se disculpó.
Asentí con la cabeza y fui a pagar. Él se puso a mi lado, mirándome. Y lo sabía porque sentía su mirada sobre mí. —Ya está. —dije dándome la vuelta.
—Todavía no me has dicho como te llamas. —me dijo.
—Willa... Styles. —dije lo último un tanto brusca.
—¿Te molesta que te llamen Styles? —dijo.
Suspiré y lo miré. —Me molesta que me traten como si fuera la reina de Inglaterra, eso me molesta. —dije seriamente.
—Lo siento. —dijo en voz baja. —No sabía que eso te molestaba.
—Da igual. —dije yo. —Dime, Zayn, ¿cómo calificarías tú tu vida? —él frunció el ceño, sin comprender. —Cantidad económica. —aclaré.
—Oh... Pues con un poco de suerte llegamos a final de mes. —dijo algo avergonzado. —Pero seguimos adelante, y yo en mis tiempos libres trabajo para ayudar a mi madre, ya que mi padre murió hace un tiempo y somos familia de un solo sueldo, por así decirlo.
Igual siendo mi sumiso vivirías por todo lo alto, cariño. —¿Y sales con alguien?
—¿Novia? —asentí con la cabeza y él negó.
—No tendría dinero suficiente para pagarle un regalo cuando cumpliéramos meses, o cosas así. Apenas tengo para el regalo de cumpleaños de mi madre. Y tampoco tendría tiempo... Entre el trabajo y la universidad... —dijo. Y las universidades eran caras, ahora que lo pensaba.
—¿Has entrado con una beca? —asintió con la cabeza.
—Al ser familia de un solo sueldo y tener buenas notas me han admitido. —medio sonrió. —Pero con el trabajo... Mi promedio escolar está bajando mucho.
—En ese caso, podrías dejar el trabajo. —dije yo encogiéndome de hombros.
—Pero necesito el dinero. —dijo.
—Entonces yo te lo doy. —le dije, como si fuera lo más normal del mundo. Regalar dinero.
—¿Qué? —dejó de andar, parándose en medio de la acera.
—Que yo te lo pago. —le repetí tranquilamente.
—No puedo aceptar esto. Acabo de conocerte y me estás diciendo que... Me regalarás dinero y... ¿Por qué? Es decir, no lo entiendo. —dijo confundido. —Pero no puedo aceptarlo. Si buscas a alguien que trabaje para ti... Para lo que sea y... Decides pagarme pues... Lo haré. —me dijo.
¿Lo que sea?
Sonreí internamente. Tenía algo en mente. —En ese caso, mañana un coche pasará a recogerte a la salida de la universidad. Te llevará a mi casa, y yo te ofreceré el trabajo que tengo para ti. —dije tranquilamente. —¿Qué me dices?
Asintió con la cabeza. —Gracias. —me dijo con una pequeña sonrisa.
Sonreí. No las des, cariño. Todavía no sabes de qué va esto.
—Oh. —dijo él. —¿En qué trabaja?
—Empresas Styles. —dije yo.
Abrió mucho los ojos. —¿Harry Styles es tu padre? —dijo sorprendido.
Suspiré y sonreí débilmente. Bueno, se acabó lo de pasar desapercibida, supongo. —Sí, lo es.
—Vaya. —dijo asombrado. —Debes de vivir bien. —dijo él.
—Sí. —dije secamente.
—¿He dicho algo... Malo? —dijo.
Negué con la cabeza. —Voy a pagar y nos vamos. —me levanté.
—Espera. —me dijo él, rozándome el brazo y dándome electricidad. Lo aparté rápidamente y me froté el brazo. —Perdón. —se disculpó.
Asentí con la cabeza y fui a pagar. Él se puso a mi lado, mirándome. Y lo sabía porque sentía su mirada sobre mí. —Ya está. —dije dándome la vuelta.
—Todavía no me has dicho como te llamas. —me dijo.
—Willa... Styles. —dije lo último un tanto brusca.
—¿Te molesta que te llamen Styles? —dijo.
Suspiré y lo miré. —Me molesta que me traten como si fuera la reina de Inglaterra, eso me molesta. —dije seriamente.
—Lo siento. —dijo en voz baja. —No sabía que eso te molestaba.
—Da igual. —dije yo. —Dime, Zayn, ¿cómo calificarías tú tu vida? —él frunció el ceño, sin comprender. —Cantidad económica. —aclaré.
—Oh... Pues con un poco de suerte llegamos a final de mes. —dijo algo avergonzado. —Pero seguimos adelante, y yo en mis tiempos libres trabajo para ayudar a mi madre, ya que mi padre murió hace un tiempo y somos familia de un solo sueldo, por así decirlo.
Igual siendo mi sumiso vivirías por todo lo alto, cariño. —¿Y sales con alguien?
—¿Novia? —asentí con la cabeza y él negó.
—No tendría dinero suficiente para pagarle un regalo cuando cumpliéramos meses, o cosas así. Apenas tengo para el regalo de cumpleaños de mi madre. Y tampoco tendría tiempo... Entre el trabajo y la universidad... —dijo. Y las universidades eran caras, ahora que lo pensaba.
—¿Has entrado con una beca? —asintió con la cabeza.
—Al ser familia de un solo sueldo y tener buenas notas me han admitido. —medio sonrió. —Pero con el trabajo... Mi promedio escolar está bajando mucho.
—En ese caso, podrías dejar el trabajo. —dije yo encogiéndome de hombros.
—Pero necesito el dinero. —dijo.
—Entonces yo te lo doy. —le dije, como si fuera lo más normal del mundo. Regalar dinero.
—¿Qué? —dejó de andar, parándose en medio de la acera.
—Que yo te lo pago. —le repetí tranquilamente.
—No puedo aceptar esto. Acabo de conocerte y me estás diciendo que... Me regalarás dinero y... ¿Por qué? Es decir, no lo entiendo. —dijo confundido. —Pero no puedo aceptarlo. Si buscas a alguien que trabaje para ti... Para lo que sea y... Decides pagarme pues... Lo haré. —me dijo.
¿Lo que sea?
Sonreí internamente. Tenía algo en mente. —En ese caso, mañana un coche pasará a recogerte a la salida de la universidad. Te llevará a mi casa, y yo te ofreceré el trabajo que tengo para ti. —dije tranquilamente. —¿Qué me dices?
Asintió con la cabeza. —Gracias. —me dijo con una pequeña sonrisa.
Sonreí. No las des, cariño. Todavía no sabes de qué va esto.
[Espero que os haya gustado, baes :) No os olvidéis de...]



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