NO COPYRIGHT. | BDSM
Me
puse mi vestido nuevo, mientras él se ponía el traje.
—¿Por qué nunca me besas? —me preguntó mientras me pintaba los labios de rojo pasión.
Lo miré a través del espejo. —Nunca he besado a mis sumisos. —respondí.
Y no dijo nada más.
Seguí maquillándome con la raya en los ojos y cuando estuve lista lo miré.
—¿Estás? —le pregunté, y él asintió con la cabeza. —Bien, el chófer de mi padre pasará a recogernos dentro de poco. —le dije.
—Lo de antes... Ha sido intenso. —me dijo, y yo lo miré.
—Sí. —le dije.
—Nunca antes había... Hecho nada parecido. —me confesó.
Sonreí. —Del sexo normal a esto hay bastante, Zayn. —dije sonriéndole tiernamente. Él sonrió con nerviosismo y tragó saliva. —¿Qué? —le dije.
Cogió aire y miró al suelo. —Yo... Nunca...
—¿Por qué nunca me besas? —me preguntó mientras me pintaba los labios de rojo pasión.
Lo miré a través del espejo. —Nunca he besado a mis sumisos. —respondí.
Y no dijo nada más.
Seguí maquillándome con la raya en los ojos y cuando estuve lista lo miré.
—¿Estás? —le pregunté, y él asintió con la cabeza. —Bien, el chófer de mi padre pasará a recogernos dentro de poco. —le dije.
—Lo de antes... Ha sido intenso. —me dijo, y yo lo miré.
—Sí. —le dije.
—Nunca antes había... Hecho nada parecido. —me confesó.
Sonreí. —Del sexo normal a esto hay bastante, Zayn. —dije sonriéndole tiernamente. Él sonrió con nerviosismo y tragó saliva. —¿Qué? —le dije.
Cogió aire y miró al suelo. —Yo... Nunca...
Abrí
mucho los ojos. —¿Que? —exclamé, y él me miró totalmente rojo
a causa de la vergüenza. —Zayn, ¿eres virgen? —dije, aunque más
bien lo grité. Pero no porque estuviera mal que lo fuera... O bueno,
a lo mejor sí, un poco, es decir, ¿Soy idiota? Es virgen y está
con alguien como yo. Pero no era por eso que yo estaba así. Era
porque siendo como es, pensaba que se habría follado a muchas.
—Sí. —dijo en voz baja. Tuve que sentarme, incapaz de asimilarlo.
—¿Por qué no me lo habías dicho?
—Pues... No preguntaste. —me respondió él defendiéndose. —No pensé que fuera importante.
Me pasé las manos por el pelo. —Pues lo es. —respondí. A ver, todos con los que había estado no eran vírgenes, habían tenido sexo en muchas ocasiones. ¿Qué demonios debía hacer? Era demasiado pronto para él, demasiado intenso, tal vez le afectará.
—¿Por qué? No importa. Tú en ningún momento me has dejado tocarte ni... No hemos hecho nada, es decir, no... —se liaba con sus propias palabras, no sabía qué decir. Y en parte sí, es cierto. Y no le quitaría su virginidad, porque no era necesario. Yo nunca tenía sexo con mis sumisos. Yo simplemente los tocaba a ellos, pero ellos nunca a mí.
—Lo sé, Zayn, pero pensaba que habrías tenido más experiencias. —respondí seriamente.
—¿Y qué pasa? ¿No puedo ser sumiso si soy virgen? —dijo alzando la voz.
—No me alces la voz. —le advertí, y él bajó la mirada.
Parpadeé. Bajó la mirada y cumplió mi orden, con aire sumiso.
Cogí aire. Esto no estaba bien. Esto no estaba bien, no.
—A mí me gusta esto. —dijo alzando la mirada.
El timbre sonó y me peiné con la mano, ya que anteriormente me había despeinado. —Lo discutiremos luego. —dije seriamente.
Él asintió con la cabeza y me levanté.
Fuimos hacia el coche en silencio, y todo el camino fue exactamente igual. Silencio, y es que no quería hablar.
Y cuando llegamos me bajé del coche, y luego bajó Zayn.
—Willa. —me llamó Zayn, que iba detrás de mí, ya que yo iba a paso rápido. Y yo paré y miré hacia atrás.
—¿Qué? —dije seriamente.
—¿Al final... Qué somos? Para tu padre, digo. —dijo tímida y dulcemente.
—Lo que hemos acordado. —respondí yo secamente, y seguí andando hasta llegar al interior del restaurante.
—Chicos, ya conocéis a mi hija. —dijo mi padre sonriendo.
Sonreí y entré junto a Zayn, andando hacia la mesa donde estaban todos. Se levantaron y los saludé —como era habitual— con dos besos en la mejilla, mientras que Zayn los saludaba con un apretón de manos.
—Un placer verte de nuevo Willa, estás preciosa.
—Gracias. —sonreí yo, y me senté junto a mi padre, y Zayn junto a mí.
—Y bueno, ¿a quién has traído? —me preguntó uno de los socios de mi padre, el cual no me acordaba de su nombre. Me habían dicho tantos nombres ya...
—Sí. —dijo en voz baja. Tuve que sentarme, incapaz de asimilarlo.
—¿Por qué no me lo habías dicho?
—Pues... No preguntaste. —me respondió él defendiéndose. —No pensé que fuera importante.
Me pasé las manos por el pelo. —Pues lo es. —respondí. A ver, todos con los que había estado no eran vírgenes, habían tenido sexo en muchas ocasiones. ¿Qué demonios debía hacer? Era demasiado pronto para él, demasiado intenso, tal vez le afectará.
—¿Por qué? No importa. Tú en ningún momento me has dejado tocarte ni... No hemos hecho nada, es decir, no... —se liaba con sus propias palabras, no sabía qué decir. Y en parte sí, es cierto. Y no le quitaría su virginidad, porque no era necesario. Yo nunca tenía sexo con mis sumisos. Yo simplemente los tocaba a ellos, pero ellos nunca a mí.
—Lo sé, Zayn, pero pensaba que habrías tenido más experiencias. —respondí seriamente.
—¿Y qué pasa? ¿No puedo ser sumiso si soy virgen? —dijo alzando la voz.
—No me alces la voz. —le advertí, y él bajó la mirada.
Parpadeé. Bajó la mirada y cumplió mi orden, con aire sumiso.
Cogí aire. Esto no estaba bien. Esto no estaba bien, no.
—A mí me gusta esto. —dijo alzando la mirada.
El timbre sonó y me peiné con la mano, ya que anteriormente me había despeinado. —Lo discutiremos luego. —dije seriamente.
Él asintió con la cabeza y me levanté.
Fuimos hacia el coche en silencio, y todo el camino fue exactamente igual. Silencio, y es que no quería hablar.
Y cuando llegamos me bajé del coche, y luego bajó Zayn.
—Willa. —me llamó Zayn, que iba detrás de mí, ya que yo iba a paso rápido. Y yo paré y miré hacia atrás.
—¿Qué? —dije seriamente.
—¿Al final... Qué somos? Para tu padre, digo. —dijo tímida y dulcemente.
—Lo que hemos acordado. —respondí yo secamente, y seguí andando hasta llegar al interior del restaurante.
—Chicos, ya conocéis a mi hija. —dijo mi padre sonriendo.
Sonreí y entré junto a Zayn, andando hacia la mesa donde estaban todos. Se levantaron y los saludé —como era habitual— con dos besos en la mejilla, mientras que Zayn los saludaba con un apretón de manos.
—Un placer verte de nuevo Willa, estás preciosa.
—Gracias. —sonreí yo, y me senté junto a mi padre, y Zayn junto a mí.
—Y bueno, ¿a quién has traído? —me preguntó uno de los socios de mi padre, el cual no me acordaba de su nombre. Me habían dicho tantos nombres ya...
Sonreí.
—Él es Zayn, mi novio. —lo presenté. Jamás pensé que diría
algo así, yo.
Mi padre carraspeó y me miró. —¿Y... Cuánto hace que salís, que yo me acabo de enterar? —dijo, haciendo que sus socios rieran, y el que estaba a su lado le diera unas palmadas en el hombro.
—Pues... Llevábamos un tiempo pero ayer lo hicimos oficial. —mentí. Nos conocíamos de hace tres días.
—En ese caso, Zayn, cuidado con lo que haces. —advirtió mi padre.
—Sí, señor. —dijo él firmemente.
***
—¿Podemos hablar ya sobre el tema? —me preguntó cuando entramos por la puerta de casa.
Dejé mi bolso sobre la mesa y suspiré. —Zayn, no es que tenga nada malo ser virgen, ¿vale? No tiene nada malo y no, tampoco te impide ser sumiso. Pero yo estoy acostumbrada a estar con profesionales.
—¿No soy lo suficientemente bueno? —dijo, algo dolido.
—No, Zayn, sí que lo eres. Por eso no pensé que fueras virgen. —le dije. —¿Pero estás seguro de que quieres esto?
Se lo pensó, y finalmente asintió con la cabeza, seguro. —Sí que quiero.
—Zayn, si lo haces por el dinero puedo pagarte lo que necesites.
—No. —negó él. —Willa, me gusta esto. —dijo, y sonaba totalmente seguro de ello.
¿Entonces qué tenía de malo?
—Está bien. —dije finalmente.
Subí las escaleras y entré en mi habitación. Me quité el maquillaje, los tacones y el vestido, quedándome en ropa interior, y después me puse el camisón de seda.
Me metí en el baño, me cepillé los dientes y volví a la habitación. Pero Zayn todavía no había subido.
Fruncí el ceño y salí de la habitación, bajando las escaleras. Tampoco estaba en el salón.
Anduve descalza por la casa hasta que vi que el salón de juegos estaba abierto. Entré y encontré a Zayn, mirando mis instrumentos.
Mi padre carraspeó y me miró. —¿Y... Cuánto hace que salís, que yo me acabo de enterar? —dijo, haciendo que sus socios rieran, y el que estaba a su lado le diera unas palmadas en el hombro.
—Pues... Llevábamos un tiempo pero ayer lo hicimos oficial. —mentí. Nos conocíamos de hace tres días.
—En ese caso, Zayn, cuidado con lo que haces. —advirtió mi padre.
—Sí, señor. —dijo él firmemente.
***
—¿Podemos hablar ya sobre el tema? —me preguntó cuando entramos por la puerta de casa.
Dejé mi bolso sobre la mesa y suspiré. —Zayn, no es que tenga nada malo ser virgen, ¿vale? No tiene nada malo y no, tampoco te impide ser sumiso. Pero yo estoy acostumbrada a estar con profesionales.
—¿No soy lo suficientemente bueno? —dijo, algo dolido.
—No, Zayn, sí que lo eres. Por eso no pensé que fueras virgen. —le dije. —¿Pero estás seguro de que quieres esto?
Se lo pensó, y finalmente asintió con la cabeza, seguro. —Sí que quiero.
—Zayn, si lo haces por el dinero puedo pagarte lo que necesites.
—No. —negó él. —Willa, me gusta esto. —dijo, y sonaba totalmente seguro de ello.
¿Entonces qué tenía de malo?
—Está bien. —dije finalmente.
Subí las escaleras y entré en mi habitación. Me quité el maquillaje, los tacones y el vestido, quedándome en ropa interior, y después me puse el camisón de seda.
Me metí en el baño, me cepillé los dientes y volví a la habitación. Pero Zayn todavía no había subido.
Fruncí el ceño y salí de la habitación, bajando las escaleras. Tampoco estaba en el salón.
Anduve descalza por la casa hasta que vi que el salón de juegos estaba abierto. Entré y encontré a Zayn, mirando mis instrumentos.
—¿Qué
haces aquí? —él se sobresaltó y me miró.
—Solo... Quería mirar... Estaba abierta y... —dijo con nerviosismo.
Me acerqué a él y miré lo que él miraba. Una cuerda de bolitas. Eran bolas anales, y las había usado con casi todos mis sumisos.
—¿Qué es? —me preguntó.
—Bolas anales. —respondí.
Él hizo una mueca y siguió mirando, mis floggers e instrumentos para azotar.
—¿Has azotado alguna vez a alguien con esto? —me preguntó girándose hacia mí. Se refería a la paleta.
—Sí. —le respondí.
—¿Y esto? —dijo señalando una vara de madera.
—También. —lo había hecho muchas veces y dejaba marcas.
—¿Alguna vez has dejado marcas?
Asentí con la cabeza. —La vara deja marcas si das con fuerza. —respondí.
Él me miró y después miro el salón de juegos. —¿Y eso? —me preguntó señalando el gancho que había en el techo.
—Es para la suspensión. —le respondí yo. —Estar en suspensión te hace sentir más indefenso.
—¿Alguna vez me lo harás?
—Eso espero. —respondí. —Quiero hacer muchas cosas contigo, Zayn.
—¿Me azotarás con la vara? —preguntó mirando la vara de madera con inseguridad.
—Eso depende de lo que hagas. —susurré con una sonrisa oculta.
Torció la cabeza y se mordió los labios. —¿Y cuándo usaremos la sala de juegos? —me preguntó.
Medio sonreí. —¿Por qué? ¿Quieres usarla ahora?
Se ruborizó y asintió con la cabeza.
Parpadeé, un tanto sorprendida. ¿No le había bastado con lo de hoy? Sonreí.
—Solo... Quería mirar... Estaba abierta y... —dijo con nerviosismo.
Me acerqué a él y miré lo que él miraba. Una cuerda de bolitas. Eran bolas anales, y las había usado con casi todos mis sumisos.
—¿Qué es? —me preguntó.
—Bolas anales. —respondí.
Él hizo una mueca y siguió mirando, mis floggers e instrumentos para azotar.
—¿Has azotado alguna vez a alguien con esto? —me preguntó girándose hacia mí. Se refería a la paleta.
—Sí. —le respondí.
—¿Y esto? —dijo señalando una vara de madera.
—También. —lo había hecho muchas veces y dejaba marcas.
—¿Alguna vez has dejado marcas?
Asentí con la cabeza. —La vara deja marcas si das con fuerza. —respondí.
Él me miró y después miro el salón de juegos. —¿Y eso? —me preguntó señalando el gancho que había en el techo.
—Es para la suspensión. —le respondí yo. —Estar en suspensión te hace sentir más indefenso.
—¿Alguna vez me lo harás?
—Eso espero. —respondí. —Quiero hacer muchas cosas contigo, Zayn.
—¿Me azotarás con la vara? —preguntó mirando la vara de madera con inseguridad.
—Eso depende de lo que hagas. —susurré con una sonrisa oculta.
Torció la cabeza y se mordió los labios. —¿Y cuándo usaremos la sala de juegos? —me preguntó.
Medio sonreí. —¿Por qué? ¿Quieres usarla ahora?
Se ruborizó y asintió con la cabeza.
Parpadeé, un tanto sorprendida. ¿No le había bastado con lo de hoy? Sonreí.
—Desnúdate.
—le ordené.
—Sí, ama.
[I'm sorry, no pude subir el capitulo ayer bc no estaba en casa u.u Wut aquí está y ahora subo "La chica nueva" xx. No olvidéis el +1, es gratis.]
—Sí, ama.
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