viernes, 28 de agosto de 2015

PlayBoy | Zayn Malik, Larry Stylinson, Niam Hayne - Capitulo 2 (Sadistic shadows)

Autora: Sandra M.P.

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No puedo. —dije bajando mi mirada de nuevo.

Vamos, Leah, suéltate y pásatelo bien, no me digas que no está bueno, el chico. —dijo la mujer de rizos negros.

Un suspiro salió de sus labios y agitó mi pelo con el aire que salió de su boca.

Está bien, si no ordenas tú, lo haré yo. —dijo una voz femenina con cierto tono de enfado.

¡No! —negó la chica.

¿Por qué hacía esto?
Alcé mi mirada, ambas estaban de pie, y sé que no tendría que haber alzado la vista, que iba contra las normas del “PlayBoy Star, pero me sorprendía que una clienta diera la cara por mí.

O lo haces tú, o lo hago yo. —amenazó la chica de ojos celestes.

Vamos, Leah, diviértete y deja de preocuparte. —dijo la rubia de senos tamaño hipopótamo.

La miré, y ella me miró, parecía triste, y en su mirada no veía intención de hacerme sufrir.

Levántate. —ordenó, con voz firme, y si no fuera por su mirada estaría seguro de que quería lo mismo que las demás, humillarme, usarme y divertirse jugando conmigo y con mi cuerpo.
Obedecí y me levanté, mirándola a los ojos. Se escucharon risas por parte de las mujeres que nos rodeaban, que a mis oídos parecían perversas.
Yo la miraba a los ojos, y ella a mí, parecía que no sabía lo que tenía que hacer, parecía perdida.

Leah, cariño, adelante. —dijo la rubia de senos tamaño hipopótamo.

Está claro que no sabe cómo manejar a un playboy, vamos, Nerea, enséñale cómo se hace. —dijo la rubia teñida.

La chica de senos tamaño hipopótamo se acercó a mí y Leah la miró.

Tía, por favor. —suplicó.

No. Te he traído para que lo pases bien, no para arruinarme la despedida de soltera. —dijo la señora con una mirada fría.

¡Pero no es justo para él! —dijo la joven con lágrimas asomándose en sus ojos.

Ya es suficiente, apártate. —dijo, y Leah me miró, con sus ojos cristalizados. Bajó la mirada y dio un paso atrás.

Vamos, querida, trabajan en esto porque les gusta ser usados. Son de una sola noche. —dijo la mujer de pelo rizado.
No sabía, cuán equivocada estaba.

Bien, desnúdate, precioso. —me dijo la rubia de senos tamaño hipopótamo. Volví mi mirada a ella y tragué saliva.
Obedecí. Lentamente empecé a quitarme la camiseta, mientras la rubia me miraba, ansiosa, parecía que quería comerme, como todas.

No estás nada mal. —dijo la morena.
Miré a mi alrededor, a todas las miradas lascivas que me rodeaban, excepto una, que me miraba con una mirada aguada y oscura. Parpadeó, intentando que las lágrimas desaparecieran, y lo logró.

Cariño, eres mejor que el mismísimo Adonis. —dijo la chica de pelo negro rizado acariciando mi abdomen desnudo, haciendo que un escalofrío me recorriera de arriba a abajo. Era repugnante, humillante, pero no me moví del lugar, no podía.

Vamos, que se quite los pantalones. —dijo la rubia teñida.

Ya lo has oído. —dijo la rubia de senos tamaño hipopótamo.

Bajé la mirada hacia abajo, mirando mi prenda inferior, y empecé a bajarme los pantalones, lentamente, más que por acto de provocación, porque no quería hacerlo.

Me encantan los tímidos, pero me gustan más los que saben excitarme. —me dijo la rubia de senos tamaño hipopótamo.
Ahora estaba semidesnudo, tan sólo unos incómodos calzoncillos de látex cubrían la parte más íntima de mi cuerpo, y era la única parte que no había tenido que mostrar jamás, y era posible... Que hoy tuviera que hacerlo.

Estoy deseando ver qué se esconde bajo esto. —dijo la rubia acariciando mi miembro por encima de la tela de látex mientras yo aguantaba la respiración.
Enrojecí, de vergüenza, porque me humillarían, de nuevo, pero como nunca jamás habían hecho.

Tía, te estás pasando. —le dijo Leah, y yo la miré. Sus ojos ardían, ¿de rabia?, ¿de impotencia? Tal vez de las dos juntas, aunque yo no entendía el por qué, si ella no me conocía.

Cariño, he pagado por ello. —dijo la rubia de senos tamaño hipopótamo acariciando su cabeza tiernamente, pude notar que era un poco bipolar.

Pero... Tía, no... Por favor. —pidió en voz baja. —Él no quiere esto, lo sé, se siente humillado, por favor, deja que se vaya. —suplicó.

Quedé embobado, petrificado. Sabía cómo me sentía, quería ayudarme, quería liberarme, pero no podía.

Podemos dejarlo ir —dijo la rubia de senos tamaño hipopótamo. —, pero será peor para él si le decimos a su jefe que no ha cumplido sus órdenes. —dijo, sonando malvada, haciendo que me pusiera pálido, haciendo que temblara. —¿Ves? Tiene miedo. —dijo la mujer mirándome con diversión.
Vamos, quítate ya esto. —dijo la rubia teñida tirando del elástico de mis calzoncillos, sacándome del trance en el que me encontraba.
Enrojecí, y obedecí. Coloqué las manos en mi cintura y empecé a bajar la última prenda que cubría mi cuerpo.

Wow. —dijeron todas a la vez, y luego soltaron una risa, perversa, pícara. Ya nada cubría mi cuerpo.
Cerré los ojos con fuerza, no quería ver sus caras, mirándome con deseo, me daban miedo.

Sentí algo acariciando mi miembro, aguanté la respiración, mientras sentía mi corazón latiendo fuertemente sobre mi pecho.
Empezaron a masturbarme, estaba claro lo que querían, pero no lo lograrían. No estaba excitado, estaba asustado.

Abre los ojos. —ordenaron, y tuve que hacerlo, aunque no quería.
La mujer de pelo rizado se agachó lentamente.
No. No, no, no, por favor.
Sonrió pícaramente y sí, lo hizo.
Empezó a lamerlo, de arriba a abajo, y yo tenía ganas de llorar. La bilis subió a mi garganta y aparté mi mirada, que se posó sin querer en la de Leah, quien me miraba con asco, y eso fue lo que hizo que casi sollozara, pero me aguanté, me lo tragué.

Porque la única persona que se había preocupado, aunque fuera un poco, por mí, la única persona que me había mirado con compasión, ahora me miraba con asco.
Mis ojos se cristalizaron en ese instante.

¿No te excita esto, cariño? —dijo la mujer con diversión, pero a la vez con enfado. La miré y ella miró a Leah. —Oh, con que eso es lo que te pasa. —dijo acariciando mi mejilla duramente. Aparté la cara y rió burlonamente. Ella se fue y le susurró algo a la rubia de senos tamaño hipopótamo, yo no lo escuché, no pude.
Ella se acercó a Leah y le dijo algo, ella abrió mucho los ojos y negó con la cabeza. La mujer le dijo algo que yo no logré escuchar y Leah tragó saliva, se levantó y vino hacia mí.
Miré a las mujeres, quienes nos rodeaban de nuevo. ¿Qué iba a pasar ahora? Tal vez me azotaran, tal vez me pegaran, tal vez...
Me estremecí al pensarlo. Siempre había odiado la penetración anal.
Se acercó más a mí y con su mano acarició mi abdomen, haciéndome estremecer. No me resultaba repugnante, sino más bien placentero, agradable.
Cerró los ojos y acercó su rostro a mi cuello, tragué saliva y ella plantó un beso ahí. Suspiré, no me esperaba eso, no me esperaba un tacto agradable, sin dolor.

No me odies. —me susurró, su mano acarició mi abdomen y fue bajando, acarició mi miembro y gemí. En ese momento sólo éramos ella y yo, nadie más. Cerré los ojos, dejándome llevar por un extraño camino, en el que no había dolor, s?lo placer, algo agradable.

Dejé de sentir sus besos en el cuello y los sentí a lo largo de mi abdomen, más abajo.

Oh. —gemí.

Sentía su lengua moverse, produciéndome placer, haciéndome estremecer, mantener los ojos cerrados, sin poder abrirlos debido a tanto placer. Podía sentir que mi miembro ya estaba erecto, porque jamás había sentido tanto placer.
Dejó de lamer mi miembro y se separó de mí, dejándome momentáneamente aturdido.

Lo siento. —repitió, dio un paso atrás y las demás se acercaron con una sonrisa perversa dibujada en sus rostros.

Así que mi sobrinita te excita... —dijo la mujer de senos gigantes negando con la cabeza y una sonrisa burlona.

Gracias, querida. —dijo la mujer de pelo rizado mirando a Leah.

Miré a Leah, sin comprender, y ella me miró culpable. Luego bajó la mirada y se fue, dejándome solo, rodeado de sombras sádicas.

[Okaaay, lamento no haber subido ayer, sorry, sorry, sorry, en serio. Vino una amiga a mi casa y no pude subir, pero os lo dejo aquí. Os lo recompensaré, jurado, pero no olvidéis el "+1", ¿sí? :c]

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