Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT.
NO COPYRIGHT.
El
frío golpeaba contra su cara, se había puesto un gorro y abrochado
la chaqueta lo máximo que podía, cubriendo su boca. En aquel parque
siempre hacía frío. No quedaba muy lejos de su casa, una calle más
abajo. Era un parque en el que nadie recordaba haber visto niños
jugar en él, nunca. Curioso, pues los parques servían para eso,
claro que colocar un parque en un lugar como ese tal vez no fuera una
muy buena idea. A pesar de haber bancos, ella decidió quedarse de
pie bajo aquella farola de luz tenue y escasa. Eran las doce y era
extraño que Ed no hubiera llegado todavía, cuando gracias a su
ansiedad, muchas veces llegaba incluso una hora antes para probar
suerte y ver si ella ya estaría esperando ahí.
A
lo lejos vio una sombra con una chaqueta larga que se acercaba. Se
quedó de pie esperando. Reconocía esa figura. Y a medida que fue
acercándose acabó por reconocerla del todo. El pelirrojo se
acercaba a ella con aquellos ojos azules mirándola mientras venía.
Y cuando estuvo delante, ella se apartó levemente el cuello de la
chaqueta para que la escuchara hablar.
—¿Traes el dinero? —preguntó, y él metió la mano en aquella chaqueta larga de color negro, sacando de ésta unos billetes. Ella metió la mano en su chaqueta de cuero y agarró aquella bolsita. —Aquí tienes. —dijo, intercambiándolo por el dinero. Aquellas pequeñas bolsitas que ella solía venderle eran su perdición en muchos sentidos. Eran la única manera que tenía Ed Sheeran para sentir que era capaz de flotar en una nube, nadie sabía muy bien por qué empezó, cuando su vida era perfecta. Dinero, una familia encantadora, un hogar grande y acogedor... No tenía ningún motivo visible para empezar a consumir drogas, sin embargo había empezado, y ahora no podía parar de hacerlo.
Ella no sentía ningún tipo de remordimiento al vender aquellas bolsitas, se repetía constantemente que la culpa era del cliente, no del camello. Ella no tenía la culpa de que se drogara. De todos modos, o se la vendía ella u otro camello. Como si hubiera pocos por aquella zona. Volvió a andar rumbo a su casa mientras contaba el dinero. La misma cantidad de siempre, claro que necesitaba más para pagar el alquiler, aunque viviera en un lugar lleno de mierda que se deshacía a pedazos, el maldito lugar no era barato aunque fuera el más barato que había encontrado.
En su andar, el móvil vibró dentro del bolsillo de sus pantalones estrechos. Lo ponía en silencio cada vez que iba a vender droga, por si a caso era perseguida y un llamante inoportuno decidía llamar, en un mal momento. No quería arriesgarse, no.
—¿Traes el dinero? —preguntó, y él metió la mano en aquella chaqueta larga de color negro, sacando de ésta unos billetes. Ella metió la mano en su chaqueta de cuero y agarró aquella bolsita. —Aquí tienes. —dijo, intercambiándolo por el dinero. Aquellas pequeñas bolsitas que ella solía venderle eran su perdición en muchos sentidos. Eran la única manera que tenía Ed Sheeran para sentir que era capaz de flotar en una nube, nadie sabía muy bien por qué empezó, cuando su vida era perfecta. Dinero, una familia encantadora, un hogar grande y acogedor... No tenía ningún motivo visible para empezar a consumir drogas, sin embargo había empezado, y ahora no podía parar de hacerlo.
Ella no sentía ningún tipo de remordimiento al vender aquellas bolsitas, se repetía constantemente que la culpa era del cliente, no del camello. Ella no tenía la culpa de que se drogara. De todos modos, o se la vendía ella u otro camello. Como si hubiera pocos por aquella zona. Volvió a andar rumbo a su casa mientras contaba el dinero. La misma cantidad de siempre, claro que necesitaba más para pagar el alquiler, aunque viviera en un lugar lleno de mierda que se deshacía a pedazos, el maldito lugar no era barato aunque fuera el más barato que había encontrado.
En su andar, el móvil vibró dentro del bolsillo de sus pantalones estrechos. Lo ponía en silencio cada vez que iba a vender droga, por si a caso era perseguida y un llamante inoportuno decidía llamar, en un mal momento. No quería arriesgarse, no.
—Diga.
—respondió. Sabía de quién se trataba, gracias a que el número
estaba registrado en su lista de contactos.
—Noa, ¿hoy te vienes? —Austin estaba en todos los negocios ilegales que existieran, o al menos, que ella conociera. Iba desde drogas hasta intercambio ilegal de esclavos y demás. De hecho, era su jefe y amigo, y lo conocía desde mucho antes de que estuviera metido de mierda hasta el cuello. Él le proporcionaba las drogas y el dinero, siempre, claro que últimamente escaseaba. Normalmente, cuando escaseaba, después llovía a montones.
Ella hizo una mueca. —Estoy cansada hoy, Austin. —respondió. Lo bueno de ser la mejor amiga de Austin, era que no pasaba nada si no trabajaba, de hecho, no suponía ningún tipo de problema.
—Bueno, cuando quieras dinero fácil me llamas, nena. —dijo, con el mismo tono pícaro de siempre.
—Claro, Austin, ya sé a quién recurrir. —dijo, y finalizó la llamada. Austin era su mejor y único amigo, la primera persona que entró en su círculo de amigos y la única que se quedó. Conoció a Austin gracias a su padre, Dan Wilson, quien ahora estaba en la cárcel por asesinato. A diferencia de su padre, Noa era una asesina discreta y con contactos, como Austin, quien estaba arriba de la pirámide. De hecho, gracias a él estaba más protegida, claro que se había ganado su propio renombre, desconocía las historias que iban rondando por ahí a cerca de ella, y tampoco le importaba mientras eso los mantuviera alejados.
***
Estaba aburrido, tanto tiempo en HABBO lo había aburrido de verdad. La verdad era que se sentía patético teniendo relaciones en un maldito juego virtual usando unos asteriscos, él ya tenía una edad. Tendría que estar haciéndolo de verdad en lugar de chatear con niñas de trece años como lo era esa tal "Anuky", él mentía diciendo que tenía catorce años, cuando en realidad tenía diecisiete y era un fracasado. Eso sí, en HABBO estaba lleno de malditas guarras, como esta. Suspiró mientras escribía su siguiente acción. Tuvo la tentación de cerrar la pestaña antes de la supuesta "penetración". No había logrado dar su primer beso, lograría tener ese contacto tan íntimo con nadie. Cerró la pestaña sin pensárselo más y cerró la tapa del ordenador portátil. ¿Desde cuándo le tomaba importancia al sexo? Es decir, más de una vez se había dicho internamente que quería hacerlo, así como quería besar a alguien, pero jamás le había comido la ansiedad que lo estaba comiendo ahora mismo y no sabía de dónde había salido.
Removió su cabeza y dejó el ordenador encima de la mesita de noche, para volver a tumbarse y taparse con el edredón. Ya tendría que estar durmiendo hace dos horas. Eran las dos de la madrugada, y normalmente se iba a dormir a las doce en un fin de semana, pero por alguna razón algo le impedía dormir. Cerró los ojos y se dispuso a dormir, por enésima vez en aquella noche.
Iba cruzando por el pasillo, y como de costumbre todas las miradas iban dirigidas a él, claro que ninguna de éstas contenía ningún buen pensamiento, todas las miradas eran burlonas, o asqueadas. Ya se había acostumbrado a ello.
—Hey, Milk, ¿de verdad crees que se fijará en ti? —la voz de Louis hizo que se diera la vuelta, encontrándose a Louis junto a todos sus amigos. No sabía a quién se refería. —Es demasiado buena para ti, estúpido. —le escupió, y rió junto a sus amigos.
—¿Qué? —murmuró, sin saber qué decir al sentirse tan observado e indefenso. Estaba solo entre tantas miradas.
La vio cruzar el umbral de la puerta, con sus pantalones estrechos y sus botas, y su característica chaqueta de cuero. —Noa Wilson, jamás se fijará en ti. —dijo, y él tragó saliva y bajó la mirada. Él sabía eso perfectamente. Se había acostado con veintidós, y seguro que de todos esos veintidós, ninguno se parecía a él, de hecho, seguro que todos ellos eran mejores que él.
Ella se acercaba a paso despreocupado, y Zayn no sabía a dónde se dirigía exactamente, hasta que vio que detenía su paso frente a él y miraba a Louis y a los demás alzando una ceja. —¿Queréis algo? —preguntó ella, con un tono despectivo.
—Nada. —murmuró Louis dándose la vuelta, y haciendo un gesto para que los demás lo siguieran. Y lo hicieron. Se apartaron, pero no se fueron muy lejos, simplemente a las taquillas de en frente, a seguir hablando. Zayn posó la mirada en ella y ésta se acercó, se acercó más de lo que Zayn esperaba.
—Pasa de ellos, no merece la pena que los escuches. —dijo, cerca de sus labios. Sus ojos miel no podían dejar de mirar los suyos, sorprendidos, mientras que los de ella seguían tranquilos. La mano de ella se posó sobre su mejilla y unió sus labios a los de él, acelerando los latidos de su corazón, tanto que pensó que le daría un ataque al corazón. Al separarse, ella le sonrió y él simplemente se sonrojó. Lo agarró de la mano y tiró de su brazo, arrastrándolo por el pasillo.
—¿A dónde vamos? —preguntó al ver que se dirigían a los baños, con sus mejillas de un rojo intenso. Tenía miedo de lo que fuera a pasar ahí dentro.
Cerró a sus espaldas y se acercó a él con una sonrisa, lanzándose a sus labios. Él siguió el beso perdido, con poca coordinación y un tanto distraído, a la vez que asustado. Hacía nada había recibido su primer beso, y ahora estaban besándose dentro de un baño de un modo que hacía que su cuerpo se calentara. Sintió las manos de la chica bajo su camiseta y se estremeció, sintiendo como los besos bajaban a su cuello y enviaba olas de placer directas a un lugar en concreto.
—N-Noa. —gimió, al sentir las manos de la chica en la zona más sensible de su cuerpo, acariciando y apretando levemente. Sintió sus suaves manos bajo la tela de sus boxers y gimió, sintiendo un intenso color en sus mejillas. Estaba perdiendo la cabeza.
Abrió sus ojos, de pronto desorientado y encontrándose a oscuras, estiró el brazo y tocó una zona conocida, encendió la luz. Sus mejillas se tiñeron de rojo. ¿Qué... Qué acababa de pasar exactamente? Llevó las manos a sus labios y después a otra parte de su cuerpo que fue rozada por sus manos. Oh... Parpadeó y se giró, hundiendo la cara en la almohada. ¿Cómo sería capaz de mirarla a la cara después de lo que acababa de pasar? Un sueño, había soñado con ella... Era la primera vez que soñaba algo así, era vergonzoso, pero deseaba no haberse despertado, porque era lo más real que había sentido nunca, por muy vergonzoso que fuera. No sería capaz de mirarla a la cara después de aquel sueño tan mojado que acababa de tener, con ella como protagonista.
Estar en aquella posición dolía, así que volvió a darse la vuelta y llevó la mano directamente a su miembro, que requería atención. Nunca se había encontrado en una situación así, pero sentía la necesidad de acariciarse. Lo hizo, mordiendo su labio y girando su cabeza. Le producía placer acariciarse de aquel modo, y le produjo más placer el hecho de hacerlo pensando en su sueño, en la parte en la que ella lo besaba y acariciaba su abdomen, sus labios se plasmaron sobre su cuello y sus manos bajaron todavía más, a su miembro. Jadeó y siguió acariciándose, metiendo la mano bajo su pantalón de pijama y sus boxers. Las manos de ella se colaron bajo la tela de sus boxers, mientras ella seguía besando su cuello, y entonces sintió la humedad ahí abajo. Enrojeció y respiró, acababa de... Oh, Dios, acababa de hacerlo. Se levantó de la cama con rapidez y corrió hacia el baño con la mano bajo el pantalón de su pijama, sacó la mano de éste y sintió el calor en sus mejillas. Eso había sido vergonzoso. Acababa de correrse con sus propios y sucios pensamientos, pensando en ella. Dios, no... Pero no le importó cuando se estaba acariciando a sí mismo. Era la primera vez que hacía algo así, y le había gustado, claro que ahora estaba muerto de vergüenza.
Se desnudó y se metió en la ducha, dispuesto a limpiar la prueba del crimen. Metió también sus boxers y sus pantalones en la bañera, los limpiaría antes de ponerlos a lavar, ya que era su madre la que hacía la colada, y no quería arriesgarse a que viera eso. No, definitivamente no. Se mojó sujetando el teléfono con la mano limpia y se dio con el chorro en la otra, quitando la marca blanquecina de ésta. Mojó sus pantalones y sus boxers y se sentó en la bañera, sintiendo el dolor punzante de su pierna. También lo había sentido al correr de camino al baño, pero lo había ignorado completamente. Escurrió su ropa varias veces y se dio con el chorro en la entrepierna, limpiando esa zona también con su mano libre, dejando que el blanco se fuera por el desagüe.
Se duchó otra vez y sacó su ropa, dejándola en la cesta de la ropa sucia que su madre recogía cada vez que iba a poner una lavadora. Salió de la ducha y se secó, se envolvió en la toalla y se dirigió a la cómoda, cogiendo pijama y ropa interior limpia. Se vistió y volvió al baño para dejar la toalla. Anduvo hasta la cama, se tumbó, se tapó con el edredón y cerró los ojos. Ahora, como si nada hubiera pasado. Y no más sueños sucios... En realidad no sabía si quería o no volver a soñar, o que el sueño que había dejado a medias continuara, porque una parte quería que continuara y otra le decía que no. Estaba mal tener sueños sucios con una persona, la cual era tu amiga y... En realidad no sabía si estaba bien o mal, no sabía qué quería decir aquel sueño. Estúpido HABBO y estúpida Anuky. Seguro que había sido su culpa, ambos eran los causantes de su sueño. No más polvos virtuales, nunca más. Porque luego se le subían a la cabeza y pasaba eso. Bueno... Antes no le pasaba, sólo ahora, sólo hoy y sin saber por qué.
Mierda, él quería que esa experiencia se repitiera de nuevo.
[Aquí está ;) ;) no olvidéis el +1 baes, espero que hayáis disfrutado el cap. xxx.]
—Noa, ¿hoy te vienes? —Austin estaba en todos los negocios ilegales que existieran, o al menos, que ella conociera. Iba desde drogas hasta intercambio ilegal de esclavos y demás. De hecho, era su jefe y amigo, y lo conocía desde mucho antes de que estuviera metido de mierda hasta el cuello. Él le proporcionaba las drogas y el dinero, siempre, claro que últimamente escaseaba. Normalmente, cuando escaseaba, después llovía a montones.
Ella hizo una mueca. —Estoy cansada hoy, Austin. —respondió. Lo bueno de ser la mejor amiga de Austin, era que no pasaba nada si no trabajaba, de hecho, no suponía ningún tipo de problema.
—Bueno, cuando quieras dinero fácil me llamas, nena. —dijo, con el mismo tono pícaro de siempre.
—Claro, Austin, ya sé a quién recurrir. —dijo, y finalizó la llamada. Austin era su mejor y único amigo, la primera persona que entró en su círculo de amigos y la única que se quedó. Conoció a Austin gracias a su padre, Dan Wilson, quien ahora estaba en la cárcel por asesinato. A diferencia de su padre, Noa era una asesina discreta y con contactos, como Austin, quien estaba arriba de la pirámide. De hecho, gracias a él estaba más protegida, claro que se había ganado su propio renombre, desconocía las historias que iban rondando por ahí a cerca de ella, y tampoco le importaba mientras eso los mantuviera alejados.
***
Estaba aburrido, tanto tiempo en HABBO lo había aburrido de verdad. La verdad era que se sentía patético teniendo relaciones en un maldito juego virtual usando unos asteriscos, él ya tenía una edad. Tendría que estar haciéndolo de verdad en lugar de chatear con niñas de trece años como lo era esa tal "Anuky", él mentía diciendo que tenía catorce años, cuando en realidad tenía diecisiete y era un fracasado. Eso sí, en HABBO estaba lleno de malditas guarras, como esta. Suspiró mientras escribía su siguiente acción. Tuvo la tentación de cerrar la pestaña antes de la supuesta "penetración". No había logrado dar su primer beso, lograría tener ese contacto tan íntimo con nadie. Cerró la pestaña sin pensárselo más y cerró la tapa del ordenador portátil. ¿Desde cuándo le tomaba importancia al sexo? Es decir, más de una vez se había dicho internamente que quería hacerlo, así como quería besar a alguien, pero jamás le había comido la ansiedad que lo estaba comiendo ahora mismo y no sabía de dónde había salido.
Removió su cabeza y dejó el ordenador encima de la mesita de noche, para volver a tumbarse y taparse con el edredón. Ya tendría que estar durmiendo hace dos horas. Eran las dos de la madrugada, y normalmente se iba a dormir a las doce en un fin de semana, pero por alguna razón algo le impedía dormir. Cerró los ojos y se dispuso a dormir, por enésima vez en aquella noche.
Iba cruzando por el pasillo, y como de costumbre todas las miradas iban dirigidas a él, claro que ninguna de éstas contenía ningún buen pensamiento, todas las miradas eran burlonas, o asqueadas. Ya se había acostumbrado a ello.
—Hey, Milk, ¿de verdad crees que se fijará en ti? —la voz de Louis hizo que se diera la vuelta, encontrándose a Louis junto a todos sus amigos. No sabía a quién se refería. —Es demasiado buena para ti, estúpido. —le escupió, y rió junto a sus amigos.
—¿Qué? —murmuró, sin saber qué decir al sentirse tan observado e indefenso. Estaba solo entre tantas miradas.
La vio cruzar el umbral de la puerta, con sus pantalones estrechos y sus botas, y su característica chaqueta de cuero. —Noa Wilson, jamás se fijará en ti. —dijo, y él tragó saliva y bajó la mirada. Él sabía eso perfectamente. Se había acostado con veintidós, y seguro que de todos esos veintidós, ninguno se parecía a él, de hecho, seguro que todos ellos eran mejores que él.
Ella se acercaba a paso despreocupado, y Zayn no sabía a dónde se dirigía exactamente, hasta que vio que detenía su paso frente a él y miraba a Louis y a los demás alzando una ceja. —¿Queréis algo? —preguntó ella, con un tono despectivo.
—Nada. —murmuró Louis dándose la vuelta, y haciendo un gesto para que los demás lo siguieran. Y lo hicieron. Se apartaron, pero no se fueron muy lejos, simplemente a las taquillas de en frente, a seguir hablando. Zayn posó la mirada en ella y ésta se acercó, se acercó más de lo que Zayn esperaba.
—Pasa de ellos, no merece la pena que los escuches. —dijo, cerca de sus labios. Sus ojos miel no podían dejar de mirar los suyos, sorprendidos, mientras que los de ella seguían tranquilos. La mano de ella se posó sobre su mejilla y unió sus labios a los de él, acelerando los latidos de su corazón, tanto que pensó que le daría un ataque al corazón. Al separarse, ella le sonrió y él simplemente se sonrojó. Lo agarró de la mano y tiró de su brazo, arrastrándolo por el pasillo.
—¿A dónde vamos? —preguntó al ver que se dirigían a los baños, con sus mejillas de un rojo intenso. Tenía miedo de lo que fuera a pasar ahí dentro.
Cerró a sus espaldas y se acercó a él con una sonrisa, lanzándose a sus labios. Él siguió el beso perdido, con poca coordinación y un tanto distraído, a la vez que asustado. Hacía nada había recibido su primer beso, y ahora estaban besándose dentro de un baño de un modo que hacía que su cuerpo se calentara. Sintió las manos de la chica bajo su camiseta y se estremeció, sintiendo como los besos bajaban a su cuello y enviaba olas de placer directas a un lugar en concreto.
—N-Noa. —gimió, al sentir las manos de la chica en la zona más sensible de su cuerpo, acariciando y apretando levemente. Sintió sus suaves manos bajo la tela de sus boxers y gimió, sintiendo un intenso color en sus mejillas. Estaba perdiendo la cabeza.
Abrió sus ojos, de pronto desorientado y encontrándose a oscuras, estiró el brazo y tocó una zona conocida, encendió la luz. Sus mejillas se tiñeron de rojo. ¿Qué... Qué acababa de pasar exactamente? Llevó las manos a sus labios y después a otra parte de su cuerpo que fue rozada por sus manos. Oh... Parpadeó y se giró, hundiendo la cara en la almohada. ¿Cómo sería capaz de mirarla a la cara después de lo que acababa de pasar? Un sueño, había soñado con ella... Era la primera vez que soñaba algo así, era vergonzoso, pero deseaba no haberse despertado, porque era lo más real que había sentido nunca, por muy vergonzoso que fuera. No sería capaz de mirarla a la cara después de aquel sueño tan mojado que acababa de tener, con ella como protagonista.
Estar en aquella posición dolía, así que volvió a darse la vuelta y llevó la mano directamente a su miembro, que requería atención. Nunca se había encontrado en una situación así, pero sentía la necesidad de acariciarse. Lo hizo, mordiendo su labio y girando su cabeza. Le producía placer acariciarse de aquel modo, y le produjo más placer el hecho de hacerlo pensando en su sueño, en la parte en la que ella lo besaba y acariciaba su abdomen, sus labios se plasmaron sobre su cuello y sus manos bajaron todavía más, a su miembro. Jadeó y siguió acariciándose, metiendo la mano bajo su pantalón de pijama y sus boxers. Las manos de ella se colaron bajo la tela de sus boxers, mientras ella seguía besando su cuello, y entonces sintió la humedad ahí abajo. Enrojeció y respiró, acababa de... Oh, Dios, acababa de hacerlo. Se levantó de la cama con rapidez y corrió hacia el baño con la mano bajo el pantalón de su pijama, sacó la mano de éste y sintió el calor en sus mejillas. Eso había sido vergonzoso. Acababa de correrse con sus propios y sucios pensamientos, pensando en ella. Dios, no... Pero no le importó cuando se estaba acariciando a sí mismo. Era la primera vez que hacía algo así, y le había gustado, claro que ahora estaba muerto de vergüenza.
Se desnudó y se metió en la ducha, dispuesto a limpiar la prueba del crimen. Metió también sus boxers y sus pantalones en la bañera, los limpiaría antes de ponerlos a lavar, ya que era su madre la que hacía la colada, y no quería arriesgarse a que viera eso. No, definitivamente no. Se mojó sujetando el teléfono con la mano limpia y se dio con el chorro en la otra, quitando la marca blanquecina de ésta. Mojó sus pantalones y sus boxers y se sentó en la bañera, sintiendo el dolor punzante de su pierna. También lo había sentido al correr de camino al baño, pero lo había ignorado completamente. Escurrió su ropa varias veces y se dio con el chorro en la entrepierna, limpiando esa zona también con su mano libre, dejando que el blanco se fuera por el desagüe.
Se duchó otra vez y sacó su ropa, dejándola en la cesta de la ropa sucia que su madre recogía cada vez que iba a poner una lavadora. Salió de la ducha y se secó, se envolvió en la toalla y se dirigió a la cómoda, cogiendo pijama y ropa interior limpia. Se vistió y volvió al baño para dejar la toalla. Anduvo hasta la cama, se tumbó, se tapó con el edredón y cerró los ojos. Ahora, como si nada hubiera pasado. Y no más sueños sucios... En realidad no sabía si quería o no volver a soñar, o que el sueño que había dejado a medias continuara, porque una parte quería que continuara y otra le decía que no. Estaba mal tener sueños sucios con una persona, la cual era tu amiga y... En realidad no sabía si estaba bien o mal, no sabía qué quería decir aquel sueño. Estúpido HABBO y estúpida Anuky. Seguro que había sido su culpa, ambos eran los causantes de su sueño. No más polvos virtuales, nunca más. Porque luego se le subían a la cabeza y pasaba eso. Bueno... Antes no le pasaba, sólo ahora, sólo hoy y sin saber por qué.
Mierda, él quería que esa experiencia se repitiera de nuevo.
[Aquí está ;) ;) no olvidéis el +1 baes, espero que hayáis disfrutado el cap. xxx.]


No hay comentarios:
Publicar un comentario