Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT.
Tampoco
había estado tan mal, ni había sido tan difícil y aburrido como él
pensó. Los pasos le salían a la perfección, no igualaba los de
ella, pero estaba orgulloso de su trabajo. Bueno, del trabajo de
ella. En más de una ocasión había tropezado con sus pies y se
había caído al suelo, y ella se había reído a carcajada limpia,
pero tampoco podía replicar, porque él se rió con ella unas
cuantas veces. La coordinación no era lo suyo, pero los pasos
terminaron saliéndole, y habían estado más tiempo del que Zayn se
imaginaba, porque ya eran las ocho. Se les había hecho muy tarde sin
darse cuenta.
—Joder, ¿las ocho? —dijo ella mirando su móvil.
—Si quieres te puedes quedar. —le dijo él. Era tarde, a parte de que estaba deseando que ella se quedara más tiempo con él.
—Mañana hay clase. —respondió ella.
—Lo sé, si quieres... Te presto ropa, o puedes llevar la tuya y te dejo algo para dormir. —dijo él, poniéndole excusas para que no se fuera. Ella se lo pensó. En verdad, aquí estaba mucho más a gusto que en su casa, estaba menos sola, más calentita... Demonios, pero ella tenía cosas que hacer. ¿Cómo se suponía que iba a conseguir el dinero que le faltaba para final de mes? —Va. —insistió, poniendo cara de cachorro.
—Está bien. —ni siquiera se dio cuenta de cuándo accedió, simplemente lo hizo antes de que la orden llegara a su cerebro. Él sonrió, feliz de que se quedara. Otra vez. Ella ya no podía echarse atrás, no quería decirle que no después de haberle visto sonreír de aquel modo. —¿Alguna propuesta para cenar? —dijo ella.
—Pues... No sé lo que hay en la nevera. —dijo él. —Pero puedo hacer bocadillos, es básicamente lo único que sé hacer. —dijo, y ella sonrió de lado.
—Aprovecha ya que me tienes, ¿no crees? —dijo ella yendo hacia la cocina, y él la siguió. Ella abrió la nevera y observó dentro. —Bueno... ¿Tienes patatas? —preguntó, y él fue hacia un mueble y lo abrió.
—Joder, ¿las ocho? —dijo ella mirando su móvil.
—Si quieres te puedes quedar. —le dijo él. Era tarde, a parte de que estaba deseando que ella se quedara más tiempo con él.
—Mañana hay clase. —respondió ella.
—Lo sé, si quieres... Te presto ropa, o puedes llevar la tuya y te dejo algo para dormir. —dijo él, poniéndole excusas para que no se fuera. Ella se lo pensó. En verdad, aquí estaba mucho más a gusto que en su casa, estaba menos sola, más calentita... Demonios, pero ella tenía cosas que hacer. ¿Cómo se suponía que iba a conseguir el dinero que le faltaba para final de mes? —Va. —insistió, poniendo cara de cachorro.
—Está bien. —ni siquiera se dio cuenta de cuándo accedió, simplemente lo hizo antes de que la orden llegara a su cerebro. Él sonrió, feliz de que se quedara. Otra vez. Ella ya no podía echarse atrás, no quería decirle que no después de haberle visto sonreír de aquel modo. —¿Alguna propuesta para cenar? —dijo ella.
—Pues... No sé lo que hay en la nevera. —dijo él. —Pero puedo hacer bocadillos, es básicamente lo único que sé hacer. —dijo, y ella sonrió de lado.
—Aprovecha ya que me tienes, ¿no crees? —dijo ella yendo hacia la cocina, y él la siguió. Ella abrió la nevera y observó dentro. —Bueno... ¿Tienes patatas? —preguntó, y él fue hacia un mueble y lo abrió.
—Sí.
—respondió, mirando la bolsa de patatas medio vacía. Estaba
seguro de que eran suficientes.
—Bien, coge tres patatas. —dijo ella.
—¿Grandes o pequeñas? —preguntó él agachándose y viendo que había patatas de demasiados tamaños.
—Normales. —respondió, y él cogió tres que le parecieron de un tamaño intermedio, entre lo que había ahí.
—Ya. —dijo cerrando el mueble y viendo que ella había cogido cuatro huevos de la nevera. Dejó las patatas sobre la encimera y la miró, esperando a que le dijera algo más.
—¿Te gusta el tomate? —le preguntó, y él asintió con la cabeza. —Podría cortar tomate y aliñarlo, para acompañar a la tortilla. —dijo. Sonó profesional y todo, a sus oídos, claro. Porque como no veía a su madre cocinar, no podía decirse que tuviera experiencia en nada relacionado a lo culinario.
—¿Voy a por tomates, entonces? —preguntó, ofreciéndole su ayuda en todo momento. Por una vez se interesaba por la cocina, claro que estaba seguro de que no sería así de ser su madre la que se disponía a cocinar ahora mismo.
—Sí. —dijo ella abriendo un mueble y agarrando un plato y un bowl. Podía decirse que se conocía la cocina más que él.
Los puso sobre la encimera, cascó un huevo en el bowl, y lo puso en el plato. Después lo pasó al bowl. —¿Por qué no lo pones directamente en el bowl? —le pregunté.
—Porque el huevo puede estar malo, y no conviene que nos comamos un huevo en mal estado. —dijo mientras cascaba otro huevo y lo echaba en el plato.
Cierto. Él se dirigió al pequeño almacén y cogió tres tomates de la cesta. Le gustaba el tomate, pero no era fanático de él, a parte de que estaba seguro de que aquella cantidad bastaba para ambos. Cogió los aliños y volvió a la cocina, dejándolo todo sobre la mesa.
—Bien, ¿crees que puedes cortar el tomate? —dijo ella, y él asintió con la cabeza, yendo hacia la encimera, abriendo un cajón y cogiendo un cuchillo. Fue hacia el mueble donde ella había cogido el plato y agarró uno, y después volvió a la mesa, poniendo el tomate y empezando a cortar. Nunca en su vida había cortado un tomate, así que estaba haciendo un esfuerzo intentando imitar cómo los cortaba su madre, en una especie de daditos. Se le salía el jugo de dentro constantemente y no sabía cómo coger el tomate para seguir cortando. —Bien, a juzgar por cómo lo estás cortando, apuesto a que es la primera vez que haces esto. —dijo ella, y él se sonrojó.
—Has acertado. —respondió, y ella puso las manos sobre las suyas, colocándose detrás de él.
—Primero cortas el tomate por la mitad. —dijo ella guiando sus manos, y haciendo lo que su voz indicaba. —Y tienes que quitarle esta parte, dudo que quieras comértela. —dijo cortando una especie de agujerito negro, de donde se sujetaba a la planta. —Y luego, sigues cortando. —dijo, todavía sujetando sus manos y guiándolo como una marioneta. Sentía el color en sus mejillas, sabía que estaban rojas, como de costumbre. Ella tenía la cabeza un poco más arriba de su hombro, ya que era levemente más alta que él. Bueno... Levemente... Quizás un poco más de lo que él quisiera, pero no le molestaba, en verdad. La miró de reojo y se encontró con sus ojos verdes mirando fijamente el tomate, supongo que para no cortarse. Sus movimientos cesaron y sus ojos verdes se posaron encima de los suyos. —¿Podrás hacerlo solo? —preguntó, un tanto divertida.
Él asintió levemente con la cabeza y ella se separó volviendo al bowl con los huevos dentro, estaba batiéndolos con un tenedor, a lo cual, no opinaría, ya que él no tenía experiencia.
***
Una cena deliciosa, así como lo había sido la comida. Eran comidas muy simples, pero deliciosas, incluso mejores de las que hacía su madre. Obviamente, le agradaría comer así de bien todos los días, pero no podía. Igual le propondría que, en lugar de que ella cogiera un autobús, los lunes y los viernes, viniera directamente con el autobús escolar.
Zayn se puso su pijama. A ella le había dejado uno de sus chándals para dormir, ya que el otro pijama de invierno que tenía estaba para lavar. Se sonrojó al pensar el por qué. Ella se había ido a cambiar al baño, mientras él se cambiaba en la habitación. Se cambió rápido y empezó a sacar la cama para que ella pudiera dormir. Fue hacia su cómoda, se agachó y abrió el cajón. Maldijo por lo bajo al ver que no había más sábanas. Él estaba seguro de que había más. ¿Dónde habrán ido a parar? Bufó, cerró el cajón y se levantó. Bien, en la habitación de sus padres no había más sábanas, porque antes de irse su madre las cambió, y ellos sólo tenían dos recambios para la cama, ya que su madre ponía constantemente la lavadora. Oh, hablando de eso... Quizás las sábanas estaban para lavar. Suspiró. Y él como no sabía —tampoco— usar la lavadora, estaban sucias.
Ella salió del baño con su ropa en la mano y el chándal que él le había dejado, puesto. —¿Te ayudo a hacer la cama? —preguntó, y él se sonrojó de arriba a abajo. La había invitado a quedarse y ahora no tenía más sábanas.
—He... Tenido un problema. —dijo avergonzado. Cogió aire y habló. —Las sábanas están para lavar y no tengo más. —suspiró. —Duerme en mi cama, yo iré abajo a por una manta. —dijo, disponiéndose a salir de la habitación.
—No importa. —dijo ella. —Tú duerme en tu cama, yo dormiré con la manta. —dijo ella.
—No. —negó él en rotunda. —Eres mi invitada. —insistió.
—Zayn, en mi casa hace más frío que aquí dentro, y he dormido con mantas más finas que una sábana, e incluso sin. —dijo ella, intentando convencerlo.
—Pero es que...
—Sí, sí, te sabe mal. Lo sé, Zayn. —lo interrumpió. —Pero me sabe peor a mí, no quiero que pases frío.
Bien, la cama era doble, lo suficientemente ancha para que pudieran dormir los dos ahí, y la pelea que estaban teniendo era estúpida precisamente por eso. Pero ella sabía lo inocente, tímido y puro que era Zayn, a parte de vergonzoso, y no quería incomodarlo con la propuesta. Con Austin había dormido en camas más pequeñas.
Zayn se mordió los labios y miró la cama. Era grande, cabían los dos, pero le daba vergüenza proponérselo. Cogió aire y se decidió. Era la mejor solución. —Ahí podemos dormir los dos, s-si no te incomoda. —dijo él, sonando lo más normal que podía, claro que sus mejillas lo delataron.
—A mí no me incomoda, es a ti a quien no quiero incomodar. —dijo ella, y él asintió levemente con la cabeza. No es que le incomode... Simplemente... Lo ponía nervioso, que era distinto.
—Me voy a lavar los dientes. —murmuró él con las mejillas levemente rojas. —Si quieres puedo dejarte un cepillo de dientes, estoy seguro de que hay. —dijo él, y ella asintió con la cabeza.
Ambos anduvieron hacia el interior del baño y él abrió un cajón. Quedaba un cepillo de dientes sin usar, para su suerte. Lo cogió y se lo dio. Ella lo agarró y le quitó la pequeña funda de plástico. Zayn vertió pasta de dientes sobre su cepillo y luego se lo entregó a ella. Empezó a cepillarse los dientes, intentando distraer sus perversos pensamientos. Sí, estaban en un baño, no estaban en el baño del instituto. Sí, en este mismo baño tuvo que ducharse después de un pequeño accidente. Maldita sea, sus mejillas estaban volviendo a tomar color.
Después de unos minutos escupió y se enjuagó, secándose la cara con la toalla y dejando el cepillo de dientes en el vaso, junto a la pasta de dientes que ella había dejado anteriormente sobre el lavabo. —Cuando termines deja el cepillo junto al mío. —le dijo, ya que estaba seguro de que esa no sería la última vez que ella se quedaría ahí. Claro que para la próxima, buscaría por internet cómo usar la maldita lavadora.
Salió del baño y se tumbó en la cama, no en el medio como hacía siempre, sino en un lado, para que cuando ella viniera pudiera tumbarse. Sintió el colchón hundirse a su lado y el nerviosismo lo atacó, claro que intentó disimularlo. Ella se tumbó y se cubrió con el edredón, junto a él. Lo miró, gracias a que estaba cubierto hasta la nariz no podía ver sus mejillas sonrojadas.
—Buenas noches. —dijo ella. —¿Apago la luz? —preguntó, ya que tenía la lamparita al lado.
Él asintió con la cabeza. —Buenas noches. —dijo.
***
Podía jurar que escuchaba gemidos, y provenían de su derecha. Frunció el ceño con los ojos cerrados. Serían imaginaciones suyas, eso sería lo más probable.
—Noa. —escuchó, y abrió los ojos como platos. Estiró levemente su brazo y encendió la lamparita, entrecerrando los ojos ante la luz. Lo miró, tenía la boca semiabierta, estaba segura de que había escuchado claramente su nombre, y provenía de él. Gimió, y ella reprimió una carcajada, mordiendo la manga de su chándal. Dios, no podía ser. Seguramente era ella la que estaba soñando. Se mordió los labios y colocó la mano en el dorso del edredón. Él no estaría soñando cosas raras... ¿Verdad? Fue destapándolo lentamente, hasta que vio un claro bulto. Dios. Podría... Madre... No. No. No debía. Soltó otro pequeño gemido y ella sonrió, el no reír le estaba costando. Oh, mañana le preguntaría qué era lo que estaba soñando exactamente, claro que lo haría. Fijó la vista sobre aquel bulto. Definitivamente, no estaba mal dotado. El bulto era bastante grande, y ella era la causante de él. Eso la mantenía excitada. Podría alargar la mano y... Dios, ella quería hacerlo. ¿Pero y si despertaba? No quería pasarse, ella no quería ensuciarlo, pero...
Se humedeció los labios y acercó su mano, mirando su rostro en todo momento. Estaba segura que si se despertaba en aquel momento, se cagaría en todos sus muertos. No quería ser descubierta haciendo aquella travesura, claro que si fuera descubierta... No se arrepentiría de haberla hecho.
Colocó su mano sobre aquel bulto y él gimió. Por Dios, él estaba realmente duro. Sonrió de lado. ¿Qué iba a hacer para bajar eso, exactamente? Se mordió los labios, indecisa entre si apartar la mano o no. Una parte de ella le gritaba que se quitara, y otra le decía que siguiera, que él necesitaba esto, él lo quería. Maldijo interiormente. Ambas partes tenían razón, sin embargo, se vio obligada a apartar la mano, lo cubrió de nuevo con el edredón y se tumbó, dándole la espalda. Sería demasiada tentación tenerlo delante de ella. Apagó la lamparita y se dispuso a ignorarlo.
Sintió movimiento detrás de ella y se mordió los labios. Apostaría lo que fuera a que él estaba despierto ahora. —Mierda. —aquel susurro terminó confirmando sus sospechas.
Ella ahora mismo podría darse la vuelta y sorprenderlo, pero... Maldita sea, ¿y si no podía contenerse? Tal vez, acabaría sucediendo lo mismo que sucedió con los besos, ahora no era algo muy importante, pero llevarse su virginidad no estaba cerca de sus posibilidades. O sí... Cerró los ojos con fuerza. No. Ella no debía.
Sintió cómo un peso abandonaba el colchón, y ella agudizó su oído. Los pasos se dirigían hacia el baño, y escuchó la puerta de éste cerrándose con suavidad, con temor a ser escuchada. Claro que ella llevaba escuchando alto y claro hacía ya unos minutos. Pensar en las posibilidades que había de qué estaría haciendo él ahora mismo, la excitaba. Podría estar acariciándose... Masturbándose... Dios, Satán, aleja esos pensamientos de su cabeza.
Escuchó el sonido del agua y soltó un pequeño suspiro. No tenía que dejar que la tentación terminara ganando... De nuevo.
[Hm... Jajajaja, espero que lo hayáis disfrutado ;) ;) ;) Y puees, hasta mañana, mis baes xx. No os olvidéis el+1 :D ]
—Bien, coge tres patatas. —dijo ella.
—¿Grandes o pequeñas? —preguntó él agachándose y viendo que había patatas de demasiados tamaños.
—Normales. —respondió, y él cogió tres que le parecieron de un tamaño intermedio, entre lo que había ahí.
—Ya. —dijo cerrando el mueble y viendo que ella había cogido cuatro huevos de la nevera. Dejó las patatas sobre la encimera y la miró, esperando a que le dijera algo más.
—¿Te gusta el tomate? —le preguntó, y él asintió con la cabeza. —Podría cortar tomate y aliñarlo, para acompañar a la tortilla. —dijo. Sonó profesional y todo, a sus oídos, claro. Porque como no veía a su madre cocinar, no podía decirse que tuviera experiencia en nada relacionado a lo culinario.
—¿Voy a por tomates, entonces? —preguntó, ofreciéndole su ayuda en todo momento. Por una vez se interesaba por la cocina, claro que estaba seguro de que no sería así de ser su madre la que se disponía a cocinar ahora mismo.
—Sí. —dijo ella abriendo un mueble y agarrando un plato y un bowl. Podía decirse que se conocía la cocina más que él.
Los puso sobre la encimera, cascó un huevo en el bowl, y lo puso en el plato. Después lo pasó al bowl. —¿Por qué no lo pones directamente en el bowl? —le pregunté.
—Porque el huevo puede estar malo, y no conviene que nos comamos un huevo en mal estado. —dijo mientras cascaba otro huevo y lo echaba en el plato.
Cierto. Él se dirigió al pequeño almacén y cogió tres tomates de la cesta. Le gustaba el tomate, pero no era fanático de él, a parte de que estaba seguro de que aquella cantidad bastaba para ambos. Cogió los aliños y volvió a la cocina, dejándolo todo sobre la mesa.
—Bien, ¿crees que puedes cortar el tomate? —dijo ella, y él asintió con la cabeza, yendo hacia la encimera, abriendo un cajón y cogiendo un cuchillo. Fue hacia el mueble donde ella había cogido el plato y agarró uno, y después volvió a la mesa, poniendo el tomate y empezando a cortar. Nunca en su vida había cortado un tomate, así que estaba haciendo un esfuerzo intentando imitar cómo los cortaba su madre, en una especie de daditos. Se le salía el jugo de dentro constantemente y no sabía cómo coger el tomate para seguir cortando. —Bien, a juzgar por cómo lo estás cortando, apuesto a que es la primera vez que haces esto. —dijo ella, y él se sonrojó.
—Has acertado. —respondió, y ella puso las manos sobre las suyas, colocándose detrás de él.
—Primero cortas el tomate por la mitad. —dijo ella guiando sus manos, y haciendo lo que su voz indicaba. —Y tienes que quitarle esta parte, dudo que quieras comértela. —dijo cortando una especie de agujerito negro, de donde se sujetaba a la planta. —Y luego, sigues cortando. —dijo, todavía sujetando sus manos y guiándolo como una marioneta. Sentía el color en sus mejillas, sabía que estaban rojas, como de costumbre. Ella tenía la cabeza un poco más arriba de su hombro, ya que era levemente más alta que él. Bueno... Levemente... Quizás un poco más de lo que él quisiera, pero no le molestaba, en verdad. La miró de reojo y se encontró con sus ojos verdes mirando fijamente el tomate, supongo que para no cortarse. Sus movimientos cesaron y sus ojos verdes se posaron encima de los suyos. —¿Podrás hacerlo solo? —preguntó, un tanto divertida.
Él asintió levemente con la cabeza y ella se separó volviendo al bowl con los huevos dentro, estaba batiéndolos con un tenedor, a lo cual, no opinaría, ya que él no tenía experiencia.
***
Una cena deliciosa, así como lo había sido la comida. Eran comidas muy simples, pero deliciosas, incluso mejores de las que hacía su madre. Obviamente, le agradaría comer así de bien todos los días, pero no podía. Igual le propondría que, en lugar de que ella cogiera un autobús, los lunes y los viernes, viniera directamente con el autobús escolar.
Zayn se puso su pijama. A ella le había dejado uno de sus chándals para dormir, ya que el otro pijama de invierno que tenía estaba para lavar. Se sonrojó al pensar el por qué. Ella se había ido a cambiar al baño, mientras él se cambiaba en la habitación. Se cambió rápido y empezó a sacar la cama para que ella pudiera dormir. Fue hacia su cómoda, se agachó y abrió el cajón. Maldijo por lo bajo al ver que no había más sábanas. Él estaba seguro de que había más. ¿Dónde habrán ido a parar? Bufó, cerró el cajón y se levantó. Bien, en la habitación de sus padres no había más sábanas, porque antes de irse su madre las cambió, y ellos sólo tenían dos recambios para la cama, ya que su madre ponía constantemente la lavadora. Oh, hablando de eso... Quizás las sábanas estaban para lavar. Suspiró. Y él como no sabía —tampoco— usar la lavadora, estaban sucias.
Ella salió del baño con su ropa en la mano y el chándal que él le había dejado, puesto. —¿Te ayudo a hacer la cama? —preguntó, y él se sonrojó de arriba a abajo. La había invitado a quedarse y ahora no tenía más sábanas.
—He... Tenido un problema. —dijo avergonzado. Cogió aire y habló. —Las sábanas están para lavar y no tengo más. —suspiró. —Duerme en mi cama, yo iré abajo a por una manta. —dijo, disponiéndose a salir de la habitación.
—No importa. —dijo ella. —Tú duerme en tu cama, yo dormiré con la manta. —dijo ella.
—No. —negó él en rotunda. —Eres mi invitada. —insistió.
—Zayn, en mi casa hace más frío que aquí dentro, y he dormido con mantas más finas que una sábana, e incluso sin. —dijo ella, intentando convencerlo.
—Pero es que...
—Sí, sí, te sabe mal. Lo sé, Zayn. —lo interrumpió. —Pero me sabe peor a mí, no quiero que pases frío.
Bien, la cama era doble, lo suficientemente ancha para que pudieran dormir los dos ahí, y la pelea que estaban teniendo era estúpida precisamente por eso. Pero ella sabía lo inocente, tímido y puro que era Zayn, a parte de vergonzoso, y no quería incomodarlo con la propuesta. Con Austin había dormido en camas más pequeñas.
Zayn se mordió los labios y miró la cama. Era grande, cabían los dos, pero le daba vergüenza proponérselo. Cogió aire y se decidió. Era la mejor solución. —Ahí podemos dormir los dos, s-si no te incomoda. —dijo él, sonando lo más normal que podía, claro que sus mejillas lo delataron.
—A mí no me incomoda, es a ti a quien no quiero incomodar. —dijo ella, y él asintió levemente con la cabeza. No es que le incomode... Simplemente... Lo ponía nervioso, que era distinto.
—Me voy a lavar los dientes. —murmuró él con las mejillas levemente rojas. —Si quieres puedo dejarte un cepillo de dientes, estoy seguro de que hay. —dijo él, y ella asintió con la cabeza.
Ambos anduvieron hacia el interior del baño y él abrió un cajón. Quedaba un cepillo de dientes sin usar, para su suerte. Lo cogió y se lo dio. Ella lo agarró y le quitó la pequeña funda de plástico. Zayn vertió pasta de dientes sobre su cepillo y luego se lo entregó a ella. Empezó a cepillarse los dientes, intentando distraer sus perversos pensamientos. Sí, estaban en un baño, no estaban en el baño del instituto. Sí, en este mismo baño tuvo que ducharse después de un pequeño accidente. Maldita sea, sus mejillas estaban volviendo a tomar color.
Después de unos minutos escupió y se enjuagó, secándose la cara con la toalla y dejando el cepillo de dientes en el vaso, junto a la pasta de dientes que ella había dejado anteriormente sobre el lavabo. —Cuando termines deja el cepillo junto al mío. —le dijo, ya que estaba seguro de que esa no sería la última vez que ella se quedaría ahí. Claro que para la próxima, buscaría por internet cómo usar la maldita lavadora.
Salió del baño y se tumbó en la cama, no en el medio como hacía siempre, sino en un lado, para que cuando ella viniera pudiera tumbarse. Sintió el colchón hundirse a su lado y el nerviosismo lo atacó, claro que intentó disimularlo. Ella se tumbó y se cubrió con el edredón, junto a él. Lo miró, gracias a que estaba cubierto hasta la nariz no podía ver sus mejillas sonrojadas.
—Buenas noches. —dijo ella. —¿Apago la luz? —preguntó, ya que tenía la lamparita al lado.
Él asintió con la cabeza. —Buenas noches. —dijo.
***
Podía jurar que escuchaba gemidos, y provenían de su derecha. Frunció el ceño con los ojos cerrados. Serían imaginaciones suyas, eso sería lo más probable.
—Noa. —escuchó, y abrió los ojos como platos. Estiró levemente su brazo y encendió la lamparita, entrecerrando los ojos ante la luz. Lo miró, tenía la boca semiabierta, estaba segura de que había escuchado claramente su nombre, y provenía de él. Gimió, y ella reprimió una carcajada, mordiendo la manga de su chándal. Dios, no podía ser. Seguramente era ella la que estaba soñando. Se mordió los labios y colocó la mano en el dorso del edredón. Él no estaría soñando cosas raras... ¿Verdad? Fue destapándolo lentamente, hasta que vio un claro bulto. Dios. Podría... Madre... No. No. No debía. Soltó otro pequeño gemido y ella sonrió, el no reír le estaba costando. Oh, mañana le preguntaría qué era lo que estaba soñando exactamente, claro que lo haría. Fijó la vista sobre aquel bulto. Definitivamente, no estaba mal dotado. El bulto era bastante grande, y ella era la causante de él. Eso la mantenía excitada. Podría alargar la mano y... Dios, ella quería hacerlo. ¿Pero y si despertaba? No quería pasarse, ella no quería ensuciarlo, pero...
Se humedeció los labios y acercó su mano, mirando su rostro en todo momento. Estaba segura que si se despertaba en aquel momento, se cagaría en todos sus muertos. No quería ser descubierta haciendo aquella travesura, claro que si fuera descubierta... No se arrepentiría de haberla hecho.
Colocó su mano sobre aquel bulto y él gimió. Por Dios, él estaba realmente duro. Sonrió de lado. ¿Qué iba a hacer para bajar eso, exactamente? Se mordió los labios, indecisa entre si apartar la mano o no. Una parte de ella le gritaba que se quitara, y otra le decía que siguiera, que él necesitaba esto, él lo quería. Maldijo interiormente. Ambas partes tenían razón, sin embargo, se vio obligada a apartar la mano, lo cubrió de nuevo con el edredón y se tumbó, dándole la espalda. Sería demasiada tentación tenerlo delante de ella. Apagó la lamparita y se dispuso a ignorarlo.
Sintió movimiento detrás de ella y se mordió los labios. Apostaría lo que fuera a que él estaba despierto ahora. —Mierda. —aquel susurro terminó confirmando sus sospechas.
Ella ahora mismo podría darse la vuelta y sorprenderlo, pero... Maldita sea, ¿y si no podía contenerse? Tal vez, acabaría sucediendo lo mismo que sucedió con los besos, ahora no era algo muy importante, pero llevarse su virginidad no estaba cerca de sus posibilidades. O sí... Cerró los ojos con fuerza. No. Ella no debía.
Sintió cómo un peso abandonaba el colchón, y ella agudizó su oído. Los pasos se dirigían hacia el baño, y escuchó la puerta de éste cerrándose con suavidad, con temor a ser escuchada. Claro que ella llevaba escuchando alto y claro hacía ya unos minutos. Pensar en las posibilidades que había de qué estaría haciendo él ahora mismo, la excitaba. Podría estar acariciándose... Masturbándose... Dios, Satán, aleja esos pensamientos de su cabeza.
Escuchó el sonido del agua y soltó un pequeño suspiro. No tenía que dejar que la tentación terminara ganando... De nuevo.
[Hm... Jajajaja, espero que lo hayáis disfrutado ;) ;) ;) Y puees, hasta mañana, mis baes xx. No os olvidéis el


No hay comentarios:
Publicar un comentario