Autora: Sandra M.P.
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—Si no la hubiera echado ella seguiría aquí. —dijo soltando un sollozo al final.
—¿Os peleásteis? —preguntó, y Zayn asintió débilmente con la cabeza, colocando las manos sobre sus labios. —Y la echaste de tu casa. —afirmó.
—Sí. —dijo Zayn con la voz quebrada.
—Tienes que ir con cuidado con esas cosas, nunca sabes cuándo será la última vez que le dirás "adiós" a una persona. —dijo, y aquello sólo hizo que Zayn se sintiera peor. ¿Y si ella no volvía? ¿Y si lo dejaba para siempre? ¿Y si si lo hacía y no lo perdonaba jamás? Zayn rompió en llanto y Oliver tragó saliva, maldiciendo internamente. No tendría que haber dicho eso. —No quería decir que ella no fuera a volver, oye... Oye, no llores. —dijo incómodo, pero el chico no paraba de llorar con la cara cubierta por sus manos.
—¿Familiares de Noa Wilson? —un hombre vestido de verde con manchas de sangre sobre la ropa se les acercó, y Zayn se destapó la cara, su nerviosismo incrementó al ver su ropa manchada de sangre.
—Sí. —dijo Zayn como pudo. —¿Cómo está? —preguntó con un hilo de voz, tragándose los sollozos.
—Ella ha recibido un golpe muy fuerte en la cabeza. —explicó, el labio de Zayn empezó a temblar. —Por suerte no ha recibido todo el impacto, pero se ha golpeado la cabeza, y se ha fracturado dos costillas. Se ve que al caer aterrizó sobre su brazo y se ha fracturado el escafoides, el hueso de la muñeca. —explicó también. Zayn se mordió los labios y asintió con la cabeza, cubriéndose de nuevo la cara con las manos.
—¿Ella está bien? —preguntó Oliver.
—Todavía no está despierta, acabamos de llevarla a su habitación. Ella ha estado a punto de morir, de haberla traído un poco más tarde tal vez no habríamos podido hacer nada. —dijo, y Zayn sollozó. Aquello lo había aliviado. Ella estaba viva.
—¿Podemos pasar a verla? —preguntó. Oliver ni siquiera la conocía, de hecho tal vez si ella abría los ojos no querría verlo allí, porque tenía parte de la culpa al haber hecho que cruzara sin mirar, pero quería disculparse y comprobar que estuviera bien.
—Sí. —asintió. —Pero si despierta no la alteréis, está muy débil y cualquier alteración puede hacer que ella caiga en coma. —explicó, y ambos asintieron con la cabeza. —Habitación doscientos veinte.
—Gracias. —dijo Oliver, ya que Zayn era incapaz de articular palabra alguna. Se levantaron de sus sillas y anduvieron por el suelo de marfil hasta llegar al ascensor, donde Zayn pulsó el botón rápidamente y esperó ansiosamente viendo como el número rojo iba cambiando, disminuyendo a medida que el ascensor bajaba los pisos. Al llegar al cero las puertas se abrieron y ambos entraron, claro que no sabían a qué piso debían darle.
—Tendríamos que haber preguntado el piso. —dijo Oliver, y Zayn asintió y pulsó un botón al azar, el tercer piso. Empezaron a subir, las piernas de Zayn seguían temblando. Finalmente, después de lo que fueron unos minutos eternos, las puertas se abrieron, y Zayn vio el primer número, ciento cincuenta. Había posibilidades de que la habitación estuviera en aquel piso. Salió del ascensor y anduvo a paso rápido, los números iban pasando. Doscientos, doscientos uno, doscientos dos... Doscientos dieciocho, doscientos diecinueve... —Casi. —dijo Oliver al ver que se topaban con la pared. —Debe ser el próximo piso.
Zayn se mordió los labios y corrió hacia el ascensor, y Oliver lo siguió. Le pilló por sorpresa que corriera. Zayn estaba irritado, porque a medida que avanzaba por el pasillo se había sentido cada vez más presionado, y al no ver la puerta se quedó sin aire. Pulsó el botón antes de que Oliver entrara y justo antes de que las puertas se cerraran, el chico logró entrar. Ascendieron y al abrirse la puerta, Zayn divisó la habitación, corrió y abrió la puerta. El corazón cayó a sus pies al verla en aquella camilla con los ojos cerrados y rodeada de cables. Tragó saliva y se acercó a ella, tenía una venda en la cabeza y sus ojos sin maquillar, sin aquella fina línea de maquillaje que los delineaba siempre. Agarró la silla y la acercó, sentándose junto a ella. Con la mano temblorosa, acarició la mano de la chica y se inclinó hacia delante, colocando la cabeza sobre la camilla y hundiendo la cara en ésta. —Noa. —dijo con la voz quebrada.
—Yo... Será mejor que me vaya. —dijo Oliver. Zayn no dijo nada, miraba el rostro de la chica en silencio, la piel de ella estaba pálida ahora. Oliver abandonó la habitación y anduvo alejándose por el pasillo. Él ya no tenía nada que ver ahí.
Zayn sollozó apretando levemente la mano de la chica. —Lo siento. —sollozó. —Lo siento mucho. —tal vez ella no escuchaba nada, pero él lo sentía. —Perdóname. —dijo con la voz quebrada, hundiendo de nuevo la cara en la cama, mientras sollozaba. Era su culpa que ella estuviera así, ella no merecía eso, era él quien debía estar en aquella camilla, era él el que debería haber recibido el golpe, haber ido a la cárcel, haber disparado aquel arma. Alzó su mirada, y para su sorpresa, sus ojos verdes lo estaban mirando fijamente, entrecerrados, supuso que porque ella estaba cansada ahora. —Noa. —dijo con lágrimas en los ojos.
—Vete. —dijo débilmente. Él negó efusivamente con la cabeza.
—No. —susurró. —No, lo siento. Perdóname, perdóname. —susurró, suplicando.
—Estoy cansada. —susurró ella.
—Descansa. —dijo Zayn en voz baja, acariciando su mano. Ella la movió, alejándola débilmente, gesto que le hirió con fuerza. —Y-yo me quedaré aquí hasta que estés mejor. —dijo con la voz temblorosa.
—No hace falta, vete a casa. —respondió ella cerrando los ojos. Pero Zayn no se iría, no cometería de nuevo el error de dejarla.
—Como tú dijiste... No puedo volver atrás en el tiempo, pero de poder hacerlo yo... Yo te habría escuchado. —dijo con la voz quebrada. Ella no respondió, veía su pecho subir y bajar lentamente. Ella se había dormido.
Zayn se mordió los labios y se inclinó hacia delante, colocando la mejilla sobre la cama y agarrando con cuidado la mano de la chica. Cerró los ojos y la acarició. No se iría, jamás lo haría. No volvería a dejar que ella se fuera. Era curioso cómo todo podía dar un cambio tan radical. Ahora era él quien se arrastraba suplicando perdón, y ayer fue ella. Esperaba que ella lo perdonara y que le diera otra oportunidad, porque de no tenerla no sabría qué hacer para seguir viviendo.
***
Al abrir los ojos, Zayn seguía ahí, con la cabeza sobre su cama, sentado en la silla. Al estar en aquella posición, con la mejilla sobre el colchón y la cara hacia ella, podía verle el rostro, el cual estaba empapado. Supuso que él se sentía culpable, ella debería estar enfadada, pero ¿el problema? Simplemente no podía enfadarse con él viendo aquel rostro angelical dormido a su lado. Su mano sujetaba la suya débilmente, Zayn tenía un cuerpo muy pequeño, delgado y frágil. Había sufrido demasiado como para que ahora ella lo hiriera todavía más. Ella alargó su mano y removió levemente el cuerpo de Zayn. Parpadeó y abrió los ojos del todo, colocándose recto de golpe y haciendo una mueca de dolor, había dormido mal en aquella posición.
—Noa, perdóname, por favor, yo... —ella negó con la cabeza y Zayn tragó saliva, las lágrimas amenazaron con salir de nuevo, lo entendió mal. Se mordió los labios y bajó la mirada.
—Estamos en paz. —murmuró ella secamente, mirando la pared que tenía delante. Zayn alzó la vista y la miró.
—¿Qué? —susurró, confundido.
—Yo te engañé, tú me echaste, no tenía dinero para un taxi —se encogió de hombros. —, un borracho me atropelló, y ahora estoy aquí. Supongo que me lo merezco.
—No, claro que no. —negó él rotundamente. Ella no merecía ser atropellada y acabar en un hospital porque lo hubiera engañado. Ni siquiera eran nada cuando supuestamente lo “engañó”.
Ella suspiró y apretó levemente su mano. —Dios defiende a sus ángeles, es todo. —respondió, y él tragó saliva y volvió a inclinarse hacia delante, llevando la mano de la chica a su rostro y colocándola sobre su mejilla. Ella movió sus dedos débilmente y la acarició.
—Está bien, Zayn, estoy bien. —murmuró ella para tranquilizarlo.
—No dejo de pensar que la culpa es mía, de todos modos. —susurró él afligido.
—Créeme, la culpa es más del hombre que me persiguió. —respondió ella, y Zayn frunció el ceño y se movió, poniéndose recto y dejando su mano con cuidado.
—¿Qué? —dijo.
—Sí, pelo negro y corto, barba... Unos... Treinta, tal vez. —respondió ella.
—¿Oliver? —murmuró.
—¿Y yo qué sé? Ni que fuera a darle mi nombre a un maldito acosador. —respondió ella, respirando para tranquilizarse, porque estaba empezando a alterarse.
—No te alteres. —murmuró Zayn preocupado.
—Empezó a seguirme diciéndome que podía llevarme a casa. —dijo ella.
—¿Por qué no le dijiste que sí? —murmuró, y ella alzó ambas cejas.
—Zayn, lo único que quería era echar un polvo. —respondió ella, y Zayn enrojeció. Pero ella se negó. —Cometí un error una vez, no lo cometería dos veces. —dijo cerrando los ojos y suspirando.
—Lo siento. —dijo Zayn en voz baja, y ella abrió los ojos para mirarlo. —No debí haberte echado, ni siquiera podía... Reprocharte nada. No somos nada. —murmuró, con la voz un tanto entrecortada.
—Olvídalo, ¿vale? —pidió ella, y él asintió débilmente con la cabeza.
Al
despertarse su cabeza dolía, como si le hubieran dado un fuerte
golpe en ella, palpitaba con fuerza, y sus ojos ardían, había un
gran dolor en su pecho, apretando con fuerza. Apretó con fuerza la
almohada. No quería levantarse de la cama, no quería moverse, no
quería comer, no quería hacer nada. Ella se fue anoche, él le dijo
que se marchara, se sentía mal al haberla dejado ir. Ella cometió
un error, como ella mismo había dicho, no podía volver atrás en el
tiempo, aquello era algo imposible. Pidió perdón, le dijo que lo
quería, que no quería perderlo. Le dolió el decirle que ya lo
había perdido, pero él estaba profundamente herido. Y ella había
terminado yéndose, alejándose de él, otra vez. Su móvil sonó y
él suspiró, iba a dejar que sonara, no lo cogería. Y paró, pero
después volvieron a llamar. Él se giró hacia el teléfono y
brillante en su pantalla, estaba el nombre de ella. Tragó saliva y
cogió el teléfono. Tal vez no era demasiado tarde para pedirle que
volviera.
—Diga. —murmuró.
—Menos mal, uno que responde. —aquella no era su voz. Sus ánimos decayeron. ¿Con quién hablaba? ¿Quién era él? ¿Era una broma, quizás? ¿Una venganza?
—¿Quién eres, por qué tienes el móvil de Noa? —preguntó, tragándose el nudo de la garganta.
—Así que se llama Noa. —murmuró, más para sí mismo que para Zayn. —A ver, mi nombre es Oliver. Ayer por la noche, Noa estaba andando y un coche la atropelló. Estoy llamando a todos sus contactos y tú eres el único que ha respondido. —dijo. A pesar de que ella hubiera decidido eliminar su contacto, había memorizado cada uno de los dígitos en su mente, porque ella jamás sería capaz de eliminar su único contacto con él, lo añadió de nuevo poco después de eliminarlo. No fue capaz de eliminarlo para siempre, con temor a olvidar aquellos números. Su cerebro todavía seguía procesando información, y empalideció al darse cuenta de lo que estaba sucediendo.
—¿Q-qué? E-Esto... Esto es... Es una broma, ¿verdad? —tartamudeó, sus manos empezaron a temblar. Aquello no podía estar pasando.
—No, no lo es. —dijo él.
—¿Dónde está? ¿Está bien? —preguntó preocupado, su vista empezaba a nublarse. Era su culpa, si él no la hubiera echado ella ahora seguiría allí, junto a él. Ella estaría bien.
—Está en el hospital. No lo sé, los médicos todavía no me han dicho nada. —dijo.
—¿En qué hospital está? —preguntó preocupado y ansioso. Necesitaba saberlo cuanto antes, necesitaba verla y estar con ella, saber que estaba bien.
—En el Central. —respondió.
—Voy para allá. —dijo, colgó rápidamente y se levantó de la cama a toda prisa. Se vistió de chándal, con una sudadera y unas deportivas, como si saliera a correr. Fue lo primero que cogió del armario. Cogió dinero para un taxi y bajó las escaleras a toda prisa, sin lavarse, sin peinarse, sin arreglarse. Le daba igual.
***
Corrió hacia el interior y miró a su alrededor, buscando a alguien sin saber a quién realmente, porque no sabía qué aspecto tendría ese tal Oliver con el que había hablado. Las miradas empezaron a posarse sobre él y se mordió los labios, entrando y yendo directamente a recepción.
—Hola. —dijo, en voz baja. La mujer estaba hablando por teléfono y le hizo un gesto para que esperara. Él estaba demasiado preocupado. —Es urgente, por favor. —pidió.
—Disculpa. —dijo la mujer apartando el teléfono de su oído. —No ves que estoy hablando por teléfono, ¿niño? —le gruñó, y él tragó saliva.
—¿Eres Zayn? —dijo una voz a sus espaldas, y él se dio la vuelta. Un hombre con barba de pelo marrón oscuro, casi negro, se acercó a él.
—Sí, ¿Oliver? —probó, y el hombre asintió con la cabeza.
—Ven. —le dijo empezando a andar, y Zayn le siguió con las piernas temblorosas. Se sentó en una de las sillas de plástico y Zayn se sentó a su lado. —¿Y qué eres de la chica? —preguntó, y él bajó la mirada a su regazo.
—Amigos. —murmuró débilmente. —¿Y tú?
—Yo nada, simplemente vi el choque. —dijo, y Zayn se mordió los labios.
—¿Y el que la atropelló? —preguntó.
—Llamé a la policía, iba bebido. —explicó, y Zayn se abrazó a sí mismo.
—¿Recibió un golpe muy fuerte? —dijo con un hilo de voz, y el chico no respondió. Zayn giró la cabeza y lo miró.
—Sangraba mucho. —respondió, y Zayn se tragó un sollozo.
—Es mi culpa. —dijo colocando los codos sobre sus rodillas y cubriéndose la cara con las manos.
—Por supuesto que no. —negó el hombre.
—Diga. —murmuró.
—Menos mal, uno que responde. —aquella no era su voz. Sus ánimos decayeron. ¿Con quién hablaba? ¿Quién era él? ¿Era una broma, quizás? ¿Una venganza?
—¿Quién eres, por qué tienes el móvil de Noa? —preguntó, tragándose el nudo de la garganta.
—Así que se llama Noa. —murmuró, más para sí mismo que para Zayn. —A ver, mi nombre es Oliver. Ayer por la noche, Noa estaba andando y un coche la atropelló. Estoy llamando a todos sus contactos y tú eres el único que ha respondido. —dijo. A pesar de que ella hubiera decidido eliminar su contacto, había memorizado cada uno de los dígitos en su mente, porque ella jamás sería capaz de eliminar su único contacto con él, lo añadió de nuevo poco después de eliminarlo. No fue capaz de eliminarlo para siempre, con temor a olvidar aquellos números. Su cerebro todavía seguía procesando información, y empalideció al darse cuenta de lo que estaba sucediendo.
—¿Q-qué? E-Esto... Esto es... Es una broma, ¿verdad? —tartamudeó, sus manos empezaron a temblar. Aquello no podía estar pasando.
—No, no lo es. —dijo él.
—¿Dónde está? ¿Está bien? —preguntó preocupado, su vista empezaba a nublarse. Era su culpa, si él no la hubiera echado ella ahora seguiría allí, junto a él. Ella estaría bien.
—Está en el hospital. No lo sé, los médicos todavía no me han dicho nada. —dijo.
—¿En qué hospital está? —preguntó preocupado y ansioso. Necesitaba saberlo cuanto antes, necesitaba verla y estar con ella, saber que estaba bien.
—En el Central. —respondió.
—Voy para allá. —dijo, colgó rápidamente y se levantó de la cama a toda prisa. Se vistió de chándal, con una sudadera y unas deportivas, como si saliera a correr. Fue lo primero que cogió del armario. Cogió dinero para un taxi y bajó las escaleras a toda prisa, sin lavarse, sin peinarse, sin arreglarse. Le daba igual.
***
Corrió hacia el interior y miró a su alrededor, buscando a alguien sin saber a quién realmente, porque no sabía qué aspecto tendría ese tal Oliver con el que había hablado. Las miradas empezaron a posarse sobre él y se mordió los labios, entrando y yendo directamente a recepción.
—Hola. —dijo, en voz baja. La mujer estaba hablando por teléfono y le hizo un gesto para que esperara. Él estaba demasiado preocupado. —Es urgente, por favor. —pidió.
—Disculpa. —dijo la mujer apartando el teléfono de su oído. —No ves que estoy hablando por teléfono, ¿niño? —le gruñó, y él tragó saliva.
—¿Eres Zayn? —dijo una voz a sus espaldas, y él se dio la vuelta. Un hombre con barba de pelo marrón oscuro, casi negro, se acercó a él.
—Sí, ¿Oliver? —probó, y el hombre asintió con la cabeza.
—Ven. —le dijo empezando a andar, y Zayn le siguió con las piernas temblorosas. Se sentó en una de las sillas de plástico y Zayn se sentó a su lado. —¿Y qué eres de la chica? —preguntó, y él bajó la mirada a su regazo.
—Amigos. —murmuró débilmente. —¿Y tú?
—Yo nada, simplemente vi el choque. —dijo, y Zayn se mordió los labios.
—¿Y el que la atropelló? —preguntó.
—Llamé a la policía, iba bebido. —explicó, y Zayn se abrazó a sí mismo.
—¿Recibió un golpe muy fuerte? —dijo con un hilo de voz, y el chico no respondió. Zayn giró la cabeza y lo miró.
—Sangraba mucho. —respondió, y Zayn se tragó un sollozo.
—Es mi culpa. —dijo colocando los codos sobre sus rodillas y cubriéndose la cara con las manos.
—Por supuesto que no. —negó el hombre.
—Si no la hubiera echado ella seguiría aquí. —dijo soltando un sollozo al final.
—¿Os peleásteis? —preguntó, y Zayn asintió débilmente con la cabeza, colocando las manos sobre sus labios. —Y la echaste de tu casa. —afirmó.
—Sí. —dijo Zayn con la voz quebrada.
—Tienes que ir con cuidado con esas cosas, nunca sabes cuándo será la última vez que le dirás "adiós" a una persona. —dijo, y aquello sólo hizo que Zayn se sintiera peor. ¿Y si ella no volvía? ¿Y si lo dejaba para siempre? ¿Y si si lo hacía y no lo perdonaba jamás? Zayn rompió en llanto y Oliver tragó saliva, maldiciendo internamente. No tendría que haber dicho eso. —No quería decir que ella no fuera a volver, oye... Oye, no llores. —dijo incómodo, pero el chico no paraba de llorar con la cara cubierta por sus manos.
—¿Familiares de Noa Wilson? —un hombre vestido de verde con manchas de sangre sobre la ropa se les acercó, y Zayn se destapó la cara, su nerviosismo incrementó al ver su ropa manchada de sangre.
—Sí. —dijo Zayn como pudo. —¿Cómo está? —preguntó con un hilo de voz, tragándose los sollozos.
—Ella ha recibido un golpe muy fuerte en la cabeza. —explicó, el labio de Zayn empezó a temblar. —Por suerte no ha recibido todo el impacto, pero se ha golpeado la cabeza, y se ha fracturado dos costillas. Se ve que al caer aterrizó sobre su brazo y se ha fracturado el escafoides, el hueso de la muñeca. —explicó también. Zayn se mordió los labios y asintió con la cabeza, cubriéndose de nuevo la cara con las manos.
—¿Ella está bien? —preguntó Oliver.
—Todavía no está despierta, acabamos de llevarla a su habitación. Ella ha estado a punto de morir, de haberla traído un poco más tarde tal vez no habríamos podido hacer nada. —dijo, y Zayn sollozó. Aquello lo había aliviado. Ella estaba viva.
—¿Podemos pasar a verla? —preguntó. Oliver ni siquiera la conocía, de hecho tal vez si ella abría los ojos no querría verlo allí, porque tenía parte de la culpa al haber hecho que cruzara sin mirar, pero quería disculparse y comprobar que estuviera bien.
—Sí. —asintió. —Pero si despierta no la alteréis, está muy débil y cualquier alteración puede hacer que ella caiga en coma. —explicó, y ambos asintieron con la cabeza. —Habitación doscientos veinte.
—Gracias. —dijo Oliver, ya que Zayn era incapaz de articular palabra alguna. Se levantaron de sus sillas y anduvieron por el suelo de marfil hasta llegar al ascensor, donde Zayn pulsó el botón rápidamente y esperó ansiosamente viendo como el número rojo iba cambiando, disminuyendo a medida que el ascensor bajaba los pisos. Al llegar al cero las puertas se abrieron y ambos entraron, claro que no sabían a qué piso debían darle.
—Tendríamos que haber preguntado el piso. —dijo Oliver, y Zayn asintió y pulsó un botón al azar, el tercer piso. Empezaron a subir, las piernas de Zayn seguían temblando. Finalmente, después de lo que fueron unos minutos eternos, las puertas se abrieron, y Zayn vio el primer número, ciento cincuenta. Había posibilidades de que la habitación estuviera en aquel piso. Salió del ascensor y anduvo a paso rápido, los números iban pasando. Doscientos, doscientos uno, doscientos dos... Doscientos dieciocho, doscientos diecinueve... —Casi. —dijo Oliver al ver que se topaban con la pared. —Debe ser el próximo piso.
Zayn se mordió los labios y corrió hacia el ascensor, y Oliver lo siguió. Le pilló por sorpresa que corriera. Zayn estaba irritado, porque a medida que avanzaba por el pasillo se había sentido cada vez más presionado, y al no ver la puerta se quedó sin aire. Pulsó el botón antes de que Oliver entrara y justo antes de que las puertas se cerraran, el chico logró entrar. Ascendieron y al abrirse la puerta, Zayn divisó la habitación, corrió y abrió la puerta. El corazón cayó a sus pies al verla en aquella camilla con los ojos cerrados y rodeada de cables. Tragó saliva y se acercó a ella, tenía una venda en la cabeza y sus ojos sin maquillar, sin aquella fina línea de maquillaje que los delineaba siempre. Agarró la silla y la acercó, sentándose junto a ella. Con la mano temblorosa, acarició la mano de la chica y se inclinó hacia delante, colocando la cabeza sobre la camilla y hundiendo la cara en ésta. —Noa. —dijo con la voz quebrada.
—Yo... Será mejor que me vaya. —dijo Oliver. Zayn no dijo nada, miraba el rostro de la chica en silencio, la piel de ella estaba pálida ahora. Oliver abandonó la habitación y anduvo alejándose por el pasillo. Él ya no tenía nada que ver ahí.
Zayn sollozó apretando levemente la mano de la chica. —Lo siento. —sollozó. —Lo siento mucho. —tal vez ella no escuchaba nada, pero él lo sentía. —Perdóname. —dijo con la voz quebrada, hundiendo de nuevo la cara en la cama, mientras sollozaba. Era su culpa que ella estuviera así, ella no merecía eso, era él quien debía estar en aquella camilla, era él el que debería haber recibido el golpe, haber ido a la cárcel, haber disparado aquel arma. Alzó su mirada, y para su sorpresa, sus ojos verdes lo estaban mirando fijamente, entrecerrados, supuso que porque ella estaba cansada ahora. —Noa. —dijo con lágrimas en los ojos.
—Vete. —dijo débilmente. Él negó efusivamente con la cabeza.
—No. —susurró. —No, lo siento. Perdóname, perdóname. —susurró, suplicando.
—Estoy cansada. —susurró ella.
—Descansa. —dijo Zayn en voz baja, acariciando su mano. Ella la movió, alejándola débilmente, gesto que le hirió con fuerza. —Y-yo me quedaré aquí hasta que estés mejor. —dijo con la voz temblorosa.
—No hace falta, vete a casa. —respondió ella cerrando los ojos. Pero Zayn no se iría, no cometería de nuevo el error de dejarla.
—Como tú dijiste... No puedo volver atrás en el tiempo, pero de poder hacerlo yo... Yo te habría escuchado. —dijo con la voz quebrada. Ella no respondió, veía su pecho subir y bajar lentamente. Ella se había dormido.
Zayn se mordió los labios y se inclinó hacia delante, colocando la mejilla sobre la cama y agarrando con cuidado la mano de la chica. Cerró los ojos y la acarició. No se iría, jamás lo haría. No volvería a dejar que ella se fuera. Era curioso cómo todo podía dar un cambio tan radical. Ahora era él quien se arrastraba suplicando perdón, y ayer fue ella. Esperaba que ella lo perdonara y que le diera otra oportunidad, porque de no tenerla no sabría qué hacer para seguir viviendo.
***
Al abrir los ojos, Zayn seguía ahí, con la cabeza sobre su cama, sentado en la silla. Al estar en aquella posición, con la mejilla sobre el colchón y la cara hacia ella, podía verle el rostro, el cual estaba empapado. Supuso que él se sentía culpable, ella debería estar enfadada, pero ¿el problema? Simplemente no podía enfadarse con él viendo aquel rostro angelical dormido a su lado. Su mano sujetaba la suya débilmente, Zayn tenía un cuerpo muy pequeño, delgado y frágil. Había sufrido demasiado como para que ahora ella lo hiriera todavía más. Ella alargó su mano y removió levemente el cuerpo de Zayn. Parpadeó y abrió los ojos del todo, colocándose recto de golpe y haciendo una mueca de dolor, había dormido mal en aquella posición.
—Noa, perdóname, por favor, yo... —ella negó con la cabeza y Zayn tragó saliva, las lágrimas amenazaron con salir de nuevo, lo entendió mal. Se mordió los labios y bajó la mirada.
—Estamos en paz. —murmuró ella secamente, mirando la pared que tenía delante. Zayn alzó la vista y la miró.
—¿Qué? —susurró, confundido.
—Yo te engañé, tú me echaste, no tenía dinero para un taxi —se encogió de hombros. —, un borracho me atropelló, y ahora estoy aquí. Supongo que me lo merezco.
—No, claro que no. —negó él rotundamente. Ella no merecía ser atropellada y acabar en un hospital porque lo hubiera engañado. Ni siquiera eran nada cuando supuestamente lo “engañó”.
Ella suspiró y apretó levemente su mano. —Dios defiende a sus ángeles, es todo. —respondió, y él tragó saliva y volvió a inclinarse hacia delante, llevando la mano de la chica a su rostro y colocándola sobre su mejilla. Ella movió sus dedos débilmente y la acarició.
—Está bien, Zayn, estoy bien. —murmuró ella para tranquilizarlo.
—No dejo de pensar que la culpa es mía, de todos modos. —susurró él afligido.
—Créeme, la culpa es más del hombre que me persiguió. —respondió ella, y Zayn frunció el ceño y se movió, poniéndose recto y dejando su mano con cuidado.
—¿Qué? —dijo.
—Sí, pelo negro y corto, barba... Unos... Treinta, tal vez. —respondió ella.
—¿Oliver? —murmuró.
—¿Y yo qué sé? Ni que fuera a darle mi nombre a un maldito acosador. —respondió ella, respirando para tranquilizarse, porque estaba empezando a alterarse.
—No te alteres. —murmuró Zayn preocupado.
—Empezó a seguirme diciéndome que podía llevarme a casa. —dijo ella.
—¿Por qué no le dijiste que sí? —murmuró, y ella alzó ambas cejas.
—Zayn, lo único que quería era echar un polvo. —respondió ella, y Zayn enrojeció. Pero ella se negó. —Cometí un error una vez, no lo cometería dos veces. —dijo cerrando los ojos y suspirando.
—Lo siento. —dijo Zayn en voz baja, y ella abrió los ojos para mirarlo. —No debí haberte echado, ni siquiera podía... Reprocharte nada. No somos nada. —murmuró, con la voz un tanto entrecortada.
—Olvídalo, ¿vale? —pidió ella, y él asintió débilmente con la cabeza.






