Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT
AVRIL:
Mi
teléfono vibró sobresaltándome y me levanté.
—¿Si?
—contesté sin ánimos.
—Hola. ¿Avril? —dijo una voz
conocida.
—Sí. ¿Quién es? —dije confundida. No había
mirado quién era antes de contestar.
—Liam. —contestó.
Oh, sí, le había dado mi teléfono.
—Oh, hola. —dije sin
ánimos.
—Hey, suenas peor que antes. —dijo él, y yo
suspiré.
—Estoy peor que antes. —dije yo sincera.
—Oh...
¿Qué pasa? —preguntó él.
—Un amigo mío está en el
hospital. —dije, y se quedó la línea callada. Pensaba que se
había cortado, pero después escuché un suspiro.
—Lo
lamento. —dijo él. —¿Quieres que... Mañana esté contigo?
Digo... Para que no estés sola. —dijo, y lo agradecí.
—Sí.
Gracias. —dije yo sorbiendo mi nariz.
—¿Estás llorando?
—yo reí. Ahora que lo pensaba, nunca había llorado por nadie...
Sólo cuando algunos de mis seres queridos morían, pero... Por él...
Lo conocía de hace unos días y ya era lo más importante de mi
vida.
—No. —negué, y él rió.
—Te importa mucho
esa persona, ¿verdad? —dijo él, y una lágrima resbaló por mi
mejilla.
—Sí. —dije en voz baja.
—¿Dónde estás
ahora? —preguntó.
—En el hospital. —dije yo.
—¿Voy
contigo ahora?
¿Ahora?
Era muy tarde, así que me
sorprendió que dijera eso.
—¿Ahora? Es muy tarde. —dije
sorprendida.
—Sí. Se ve que estás mal, y necesitas a
alguien que esté contigo. —dijo él. —Voy para allá.
—cortó.
Le había dicho que estaba en el hospital, pero no
en cuál. ¿Cómo iba a saberlo?
Volví a la sala de espera
con Trisha y Yaser y me senté.
—¿Han dicho algo más?
—pregunté, y ellos negaron. Yo suspiré y puse los codos sobre mis
piernas para sujetarme la cabeza con las manos.
Estuvimos
sentados en silencio esperando a que nos dejaran pasar otra vez o nos
dijeran algo, hasta que dijeron mi nombre.
—Avril. —alcé
la mirada.
—¿Liam? —dije sorprendida.
—Te dije
que vendría. —dijo él.
—¿Liam? —dijo Trisha.
¿Se
conocían?
—Trisha. —dijo Liam sorprendido. —Yaser.
—¿Os
conocéis? —dije yo y Liam asintió con la cabeza. —Liam, ¿cómo
me has encontrado? —pregunté yo, y él se sentó a mi lado.
—Me
dijiste que estabas en el hospital, así que vine al más cercano de
donde te conocí. —dijo él.
—¿Cómo se llama tu amigo?
—me preguntó.
—Zayn. Es el hijo de Trisha y Yaser.
—respondí.
—¿Zayn? —dijo él sin poder esconder su
sorpresa. —¿Él es el chico por el que estabas tan preocupada?
—dijo, con tanta sorpresa que me molestó.
—Sí. —dije
algo enfadada. —¿Por qué?
—Soy amigo suyo desde que
éramos pequeños... Y no... No suele hacer muchos amigos. —dijo él
tristemente, y yo me relajé.
—Oh. —fue lo único que pude
responder.
—Liam, cuánto tiempo. ¿Qué estás haciendo
aquí? —dijo Trisha.
—Hoy conocí a Avril en el parque y nos
hicimos amigos. Y bueno... Me contó que estaba mal por un amigo y
sólo quise hacerle compañía. —respondió él.
—Bueno,
en todo caso... Nos alegramos de verte. —dijo Trisha.
—Gracias
por venir, Liam. De verdad, no hacía falta. —dije yo.
—Tranquila,
no es nada. —dijo él abrazándome. —Zayn se pondrá bien. —me
dijo.
—Eso espero. —susurré.
—¿Familiares de
Zayn Malik? —preguntó el mismo doctor que había ido a revisarlo
saliendo de la habitación.
—Aquí. —dijeron Trisha y
Yaser a la vez.
—Pueden pasar a verlo. Ya he terminado de
revisarlo, ha despertado. —dijo, y yo sonreí automáticamente,
aliviada.
—¿Está despierto? ¿Está bien? —preguntó
Trisha esperanzada.
—Sí, señora. —respondió el
doctor.
Una sonrisa apareció en mi rostro y abracé
fuertemente a Liam. Me sentía totalmente feliz, como si me hubieran
quitado una carga de encima. Como si me hubieran quitado unas
cadenas. Libre.
Entramos en la habitación lentamente y nos
acercamos a él, que nos miraba con las pocas fuerzas que
tenía.
—Cariño. —exclamó Trisha corriendo a
abrazarlo.
—Hola, mamá. —dijo débilmente.
—Oh,
hijo. ¿Quién te ha hecho esto? —dijo ella llorando, y Yaser la
abrazó.
—Hijo, no sabes lo preocupados que nos tenías a
todos. —dijo Yaser, y Zayn posó su mirada sobre mí. Yo le sonreí,
pero él no hizo lo mismo. Igual estaba demasiado débil.
—¿Quién
eres? —dijo mirándome, y todos me miraron. Yo me había quedado
sin habla. No podía, me habían quitado la voz de golpe. No me
recordaba.
—Cariño, ella es Avril, tu amiga. —dijo Trisha
saliendo de los brazos de Yaser. Me agarró débilmente del brazo y
me acercó a Zayn.
—¿Qué? —dijo Zayn confundido. —No.
Yo no tengo amigos. —dijo él, haciendo que un nudo apareciera en
mi garganta.
—Sí, sí los tienes. —y no supe de dónde me
salió la voz. —Niall, Harry, Louis... Y yo. —dije intentando no
llorar. Intentando creer que esto sólo era una broma. Una mala
broma.
—Yo... Lo siento... No te recuerdo. —dijo con pésame,
y se me aguaron los ojos. No sabía qué hacer, así que simplemente
salí corriendo de ahí. Sin decir nada. Empecé a correr por las
calles hasta que pasé por delante de un bar.
Al menos esta
vez había traído mi cartera.
Entré y me senté en la barra.
El tipo de la barra me miró y se sorprendió.
—¿Cómo una
señorita como tú por aquí? —lo ignoré.
—Ponme lo más
fuerte que tengas. —dije cortante, y él sonrió. Se dio la vuelta
y me rellenó un pequeño vaso de no sé qué.
—Con esto no
recordarás ni tu nombre. —dijo él dejándolo en la barra.
—Eso
espero. —lo cogí y me lo bebí de un trago. El líquido me ardía
al pasar por la garganta. Pero surgía efecto. Empezaba a marearme.
—Hey, esto funciona. —dije con una voz rara.
—Sí. Pero
dime, ¿por qué bebes? Todo el mundo que viene aquí y pide eso lo
hace para olvidar. —dijo él. —Podría escribir un libro con cada
uno de los sucesos que me han contado. —dijo mientras limpiaba una
copa.
—¿Que por qué bebo? Pues... Porque un amigo ya no me
recuerda. ¿Sabes? Y me siento una mierda. —dije, y me reí al
final. —La vida es injusta.
—Sí, lo es. Y dime... Ese
amigo... ¿Es sólo un amigo?
—Un follamigo. —confesé
riendo, y él también rió.
—Hay muchos casos así. ¿Y
sabes cómo acaban todos? —preguntó él mirándome, despertando mi
curiosidad.
—¿Cómo? —pregunté con una voz
ronca.
—Enamorados. —yo empecé a reír.
—Por
favor... El amor no existe. —dije tambaleándome sobre el
taburete.
—Eso dicen todos. —dijo quitándome el
vasito.
—Venga, dame otro de eso. —dije riendo, y él
negó.
—Oye, voy a pagarte. —me sujeté a la barra.
—No
hace falta. Invita la casa. Pero llama a un taxi y ve a casa. —yo
negué.
—Quiero divertirme. —dije riendo.
—No hay
chicos de tu edad por aquí. —dijo el hombre de la barra.
—Me
da igual. —dije feliz, como si hace a penas unos minutos no hubiera
estado como la misma mierda. —Aquí están más maduritos, pero
mientras sepan lo que hacen me vale. —negó con la cabeza,
divertido.
—Toni, llévala a su casa. —le dijo a un hombre
que parecía ser el segurata. Y entonces el sujeto me cargó
—Oye,
suéltame. —dije riendo. Todo me daba vueltas.
El hombre me
metió en un coche y empezó a conducir.
—¿Dónde me
llevas? —pregunté mirando por la ventana. Lo único que veía eran
figuras borrosas y oscuridad a parte de la luz de las farolas.
—A
tu casa. —respondió él.
—Ni si quiera sabes dónde vivo.
—respondí riendo.
—Sí que lo sé, conozco a tus padres.
—entonces me callé y no dije nada más.
Llegamos
a mi casa y me dejó ahí delante para luego arrancar el coche e
irse. Abrí la puerta a duras penas y me tiré en el sofá, ya que
estaba demasiado cansada. Entonces me dormí ahí.