NO COPYRIGHT. | BDSM
Al
día siguiente me desperté con la alarma de mi iPhone que había
puesto a las ocho de la mañana. Tenía una hora para arreglarme.
Suficiente, porque no tenía que maquillarme, ya que eso lo harían
allí. Aunque claro, tenía que vestirme y además tenía que llegar
con un poco de antelación para evitar a los estudiantes.
—Buenos
días, señorita, ya tiene su desayuno preparado. —dijo Amélia.
Le sonreí. —Muchas gracias, Amélia. —agradecí. El que ya tuviera el desayuno hecho me ahorraba tiempo.
—Buenos días, Willa. —me saludó Luke con una sonrisa.
—Buenos días. —le sonreí mientras le daba un mordisco a la galleta. —¿Has desayunado ya?
—No, ya desayunaré luego. —me dijo.
—¿Qué sueles desayunar? —le pregunté mientras daba un sorbo a mi zumo.
—Pues... No lo sé. Depende. Pero normalmente Café y galletas. —se encogió de hombros.
—¿Te gustan los crepes? —le pregunté.
—Sí, ¿por qué?
Le sonreí. —Muchas gracias, Amélia. —agradecí. El que ya tuviera el desayuno hecho me ahorraba tiempo.
—Buenos días, Willa. —me saludó Luke con una sonrisa.
—Buenos días. —le sonreí mientras le daba un mordisco a la galleta. —¿Has desayunado ya?
—No, ya desayunaré luego. —me dijo.
—¿Qué sueles desayunar? —le pregunté mientras daba un sorbo a mi zumo.
—Pues... No lo sé. Depende. Pero normalmente Café y galletas. —se encogió de hombros.
—¿Te gustan los crepes? —le pregunté.
—Sí, ¿por qué?
—Amélia,
¿puedes preparar un crepe de chocolate y un café para Luke, por
favor? —dije.
—En seguida, señorita. —dijo Amélia.
—Oh, no hace falta, de verdad. —dijo Luke apenado. Yo me levanté, porque ya había terminado.
—Ni pienses que voy a dejar que salgas sin desayunar. —le dije en tono de advertencia.
Él me sonrió. —Gracias.
—De nada. —le sonreí yo de vuelta, y pasé por su lado para ir a mi habitación.
Me metí en el cuarto de baño para hacer mis necesidades y lavarme los dientes, y después me vestí. Ya estaba lista para salir.
Salí de mi habitación y me encontré a Luke lavando el plato. Reí y él se dio la vuelta. —¿Qué pasa? —preguntó.
—¿Estás lavando tu plato? —dije.
Se encogió de hombros y dejó el plato sobre la encimera. Se secó las manos y vino hasta mí. —¿Qué tiene de malo?
Sonreí. —Nada. Pero normalmente los lava Amélia. —dije.
Él rió. —Bueno, es la costumbre que tengo. —dijo. —¿Estás lista? —asentí con la cabeza. —Te arreglan ahí, ¿verdad? —volví a asentir con la cabeza. —¿Descapotable amarillo? —dijo con una sonrisa.
Sonreí. —Sí. —dije sin poder ocultar mi emoción. Me encantaba el descapotable amarillo. Sentir el viento en mi cara, mi pelo ondeando... La sensación de libertad.
—Vamos. —dijo él sonriéndome.
Y ambos bajamos al garaje, me senté en el asiento de copiloto y me abroché el cinturón. Él abrió la puerta del garaje y yo abrí la guantera, sacando dos gafas de sol.
Reí y me las puse. Él se giró hacia mí y rió. —Willa tiene swag. —rió, y yo reí junto a él. Cogió las gafas que le ofrecía y se las puso, posando sexymente.
—Uhh... Qué sexy. —dije, y él agitó su pelo a lo Justin Bieber.
—Lo sé. —rió, y yo negué divertida. —¿Lista para despeinarte? —dijo, y yo asentí con entusiasmo.
Arrancó con fuerza y mi cabeza fue impulsada hacia atrás. —¡Wuhuu! —grité alzando los brazos al salir del garaje. Y el aire agitó mi pelo, dándome de lleno en la cara.
Escuché su risa, y el ruido del potente motor. —Espero que tengas inmunidad sobre las multas. —gritó sobre el ruido del motor.
—Yo también. —dije, cerrando los ojos y escuchándolo reír.
El dinero no es felicidad, pero yo ahora era la chica más feliz del mundo, aunque mi felicidad durara lo que durara el viaje en coche. Era divertido, era diferente.
Cantando las canciones que ponían en la radio a gritos, con la música a todo volumen. Ahora mismo nada importaba, estaba segura de que no había sido más feliz en toda mi vida.
¿Desde cuánto hace que es mi guardaespaldas? Y era ahora cuando me di cuenta de que siempre había sido así.
—¡Wuhuu! —gritó él también al coger un bache y haciendo que el coche saltara. Reí y lo miré, luciendo totalmente atractivo con el viento moviendo su pelo hacia atrás.
Y gracias a Dios, que la policía no nos vio, porque superábamos los límites de velocidad por mucho.
—Mira, veo el edificio. —dijo disminuyendo la velocidad, ya que había estudiantes cruzando.
—¡Guapa! —escuché que gritó alguien. Supongo que uno de los muchos estudiantes que nos miraban.
Sonreí y dirigí mi mirada al chico que acababa de gritarlo. Le lancé un beso y sus amigos empezaron a silbar. —Vamos. —le dije a Luke.
Éste aceleró el coche, y en menos de cinco minutos ya estábamos aparcando frente al edificio.
—Te espero aquí. —me dijo con una sonrisa.
Le sonreí. —Si quieres puedes ir a dar una vuelta y luego ya te llamo, que creo que va para rato.
—Ya veré. —me dijo.
Sonreí y anduve a paso rápido hacia el interior del edificio, ya que faltaba un minuto para las nueve y media.
—Willa Styles. —Scott vino hacia mí y me dio dos besos. —Un honor tenerte como modelo, querida. Eres perfecta para mi revista. Incluso sin maquillaje y despeinada.
Sonreí apenada e intenté peinarme con los dedos. El paseo en descapotable tenía consecuencias. —Es que he venido en descapotable. —me excusé.
—Tranquila, si tenemos personal es para algo. —dijo con una sonrisa amable. —Bueno, no hay tiempo que perder. —dijo, y empezó a dar palmadas. —Maquillaje, estilismo y vestuario, por favor. —dijo a voces. Y un montón de gente empezó a circular por el lugar. —De acuerdo, querida, ven por aquí. Te maquillarán, después te peinarán, y después te maquillarán. —me dijo.
—¿Otra vez? —pregunté con una sonrisa confusa.
—Claro, querida, habrá que retocarte. —dijo guiándome por los hombros.
—Vale. —dije.
—Cariño, vas a quedar preciosa. —me dijo. —Más de lo que ya eres.
***
—En seguida, señorita. —dijo Amélia.
—Oh, no hace falta, de verdad. —dijo Luke apenado. Yo me levanté, porque ya había terminado.
—Ni pienses que voy a dejar que salgas sin desayunar. —le dije en tono de advertencia.
Él me sonrió. —Gracias.
—De nada. —le sonreí yo de vuelta, y pasé por su lado para ir a mi habitación.
Me metí en el cuarto de baño para hacer mis necesidades y lavarme los dientes, y después me vestí. Ya estaba lista para salir.
Salí de mi habitación y me encontré a Luke lavando el plato. Reí y él se dio la vuelta. —¿Qué pasa? —preguntó.
—¿Estás lavando tu plato? —dije.
Se encogió de hombros y dejó el plato sobre la encimera. Se secó las manos y vino hasta mí. —¿Qué tiene de malo?
Sonreí. —Nada. Pero normalmente los lava Amélia. —dije.
Él rió. —Bueno, es la costumbre que tengo. —dijo. —¿Estás lista? —asentí con la cabeza. —Te arreglan ahí, ¿verdad? —volví a asentir con la cabeza. —¿Descapotable amarillo? —dijo con una sonrisa.
Sonreí. —Sí. —dije sin poder ocultar mi emoción. Me encantaba el descapotable amarillo. Sentir el viento en mi cara, mi pelo ondeando... La sensación de libertad.
—Vamos. —dijo él sonriéndome.
Y ambos bajamos al garaje, me senté en el asiento de copiloto y me abroché el cinturón. Él abrió la puerta del garaje y yo abrí la guantera, sacando dos gafas de sol.
Reí y me las puse. Él se giró hacia mí y rió. —Willa tiene swag. —rió, y yo reí junto a él. Cogió las gafas que le ofrecía y se las puso, posando sexymente.
—Uhh... Qué sexy. —dije, y él agitó su pelo a lo Justin Bieber.
—Lo sé. —rió, y yo negué divertida. —¿Lista para despeinarte? —dijo, y yo asentí con entusiasmo.
Arrancó con fuerza y mi cabeza fue impulsada hacia atrás. —¡Wuhuu! —grité alzando los brazos al salir del garaje. Y el aire agitó mi pelo, dándome de lleno en la cara.
Escuché su risa, y el ruido del potente motor. —Espero que tengas inmunidad sobre las multas. —gritó sobre el ruido del motor.
—Yo también. —dije, cerrando los ojos y escuchándolo reír.
El dinero no es felicidad, pero yo ahora era la chica más feliz del mundo, aunque mi felicidad durara lo que durara el viaje en coche. Era divertido, era diferente.
Cantando las canciones que ponían en la radio a gritos, con la música a todo volumen. Ahora mismo nada importaba, estaba segura de que no había sido más feliz en toda mi vida.
¿Desde cuánto hace que es mi guardaespaldas? Y era ahora cuando me di cuenta de que siempre había sido así.
—¡Wuhuu! —gritó él también al coger un bache y haciendo que el coche saltara. Reí y lo miré, luciendo totalmente atractivo con el viento moviendo su pelo hacia atrás.
Y gracias a Dios, que la policía no nos vio, porque superábamos los límites de velocidad por mucho.
—Mira, veo el edificio. —dijo disminuyendo la velocidad, ya que había estudiantes cruzando.
—¡Guapa! —escuché que gritó alguien. Supongo que uno de los muchos estudiantes que nos miraban.
Sonreí y dirigí mi mirada al chico que acababa de gritarlo. Le lancé un beso y sus amigos empezaron a silbar. —Vamos. —le dije a Luke.
Éste aceleró el coche, y en menos de cinco minutos ya estábamos aparcando frente al edificio.
—Te espero aquí. —me dijo con una sonrisa.
Le sonreí. —Si quieres puedes ir a dar una vuelta y luego ya te llamo, que creo que va para rato.
—Ya veré. —me dijo.
Sonreí y anduve a paso rápido hacia el interior del edificio, ya que faltaba un minuto para las nueve y media.
—Willa Styles. —Scott vino hacia mí y me dio dos besos. —Un honor tenerte como modelo, querida. Eres perfecta para mi revista. Incluso sin maquillaje y despeinada.
Sonreí apenada e intenté peinarme con los dedos. El paseo en descapotable tenía consecuencias. —Es que he venido en descapotable. —me excusé.
—Tranquila, si tenemos personal es para algo. —dijo con una sonrisa amable. —Bueno, no hay tiempo que perder. —dijo, y empezó a dar palmadas. —Maquillaje, estilismo y vestuario, por favor. —dijo a voces. Y un montón de gente empezó a circular por el lugar. —De acuerdo, querida, ven por aquí. Te maquillarán, después te peinarán, y después te maquillarán. —me dijo.
—¿Otra vez? —pregunté con una sonrisa confusa.
—Claro, querida, habrá que retocarte. —dijo guiándome por los hombros.
—Vale. —dije.
—Cariño, vas a quedar preciosa. —me dijo. —Más de lo que ya eres.
***
La
sesión de fotos no estuvo mal, al principio, claro, porque llegaba
un momento en el que te cansabas de tantas fotos. Tres malditas horas
posando mientras me sacaban fotos. Ni que tuviera que salir en todas
las páginas de la revista. Me habían sacado más de doscientas
fotos posando de distintas maneras.
—¿Por qué tantas fotos? ¿No es solo para la portada? —pregunté.
—He pensado que podríamos ponerte en varias páginas, y tal vez en varias portadas. —me dijo.
Oh, eso no lo sabía. —Oh, de acuerdo. —dije.
—Tranquila, pagaremos el extra. —me dijo. —Y muchas gracias por posar para nosotros. Tienes futuro como modelo.
Sonreí y miré el reloj de pared. Era hora de comer. Era raro que su barriga no se lo hubiera recordado. —Bueno, tengo que irme ya. —dije.
—De acuerdo. Ha sido un placer tenerte con nosotros, Willa. —dijo, y me dio dos besos de despedida.
—Adiós, Scott. —me despedí agitando mi mano.
Un descapotable amarillo me esperaba frente al edificio, y un chico sentado en el asiento de conductor estaba con los ojos cerrados y los brazos tras la cabeza.
Sonreí y fui hacia el descapotable. Abrí la puerta y abrió los ojos, mirándome. Me sonrió y puso sus manos sobre sus piernas. —¿Qué tal ha ido? —me preguntó.
—Bien. —respondí. —Los primeros quince minutos.
Rió. —¿Cuántas fotos te han sacado?
—Más de doscientas. No será sólo una portada. —dije. —¿Vamos a casa?
—¿Cansada?
—Hambrienta. —corregí.
Él sonrió y arrancó el motor.
Y la brisa acariciaba mi cara, pero no como antes, ahora era suave. Estaba cansada como para ir como antes. La felicidad de antes ya no estaba.
Miré al frente y Luke dio un frenazo, haciendo que mi cuerpo saliera impulsado hacia delante. Y agradecí llevar el cinturón de seguridad.
—Mierda. —exclamé al ver a un chico en el suelo. Me desabroché el cinturón a toda prisa y bajé del coche, agachándome junto al chico. —¿Estás bien? —dije preocupada.
—Sí. —murmuró, y miró hacia atrás, con preocupación. Parecía que no le importaba mucho el hecho de que acabaran de atropeyarlo.
—¿Seguro? Deja que te ayude. —dije levantándolo. Sus ojos se posaron en mí y sus mejillas se sonrosaron.
Mi corazón empezó a palpitar rápidamente. Conocía perfectamente esa sensación, la sensación de deseo. Mierda. Otra vez, volvía a mí. Y no podía ni quería evitarlo.
—Estoy bien. —murmuró sin mirarme a los ojos.
—Lamento mucho lo que ha pasado. No te habíamos visto. —dije.
—Ha sido culpa mía. No tendría que haber cruzado corriendo. —dijo, y permaneció sin mirarme a los ojos.
Tímido, inocente. Puede que buen sumiso. Dócil. Perfecto.
¿Sabéis quién es Christian Grey? Porque creo que acabo de encontrar a mi Anastasia.
—¿Por qué tantas fotos? ¿No es solo para la portada? —pregunté.
—He pensado que podríamos ponerte en varias páginas, y tal vez en varias portadas. —me dijo.
Oh, eso no lo sabía. —Oh, de acuerdo. —dije.
—Tranquila, pagaremos el extra. —me dijo. —Y muchas gracias por posar para nosotros. Tienes futuro como modelo.
Sonreí y miré el reloj de pared. Era hora de comer. Era raro que su barriga no se lo hubiera recordado. —Bueno, tengo que irme ya. —dije.
—De acuerdo. Ha sido un placer tenerte con nosotros, Willa. —dijo, y me dio dos besos de despedida.
—Adiós, Scott. —me despedí agitando mi mano.
Un descapotable amarillo me esperaba frente al edificio, y un chico sentado en el asiento de conductor estaba con los ojos cerrados y los brazos tras la cabeza.
Sonreí y fui hacia el descapotable. Abrí la puerta y abrió los ojos, mirándome. Me sonrió y puso sus manos sobre sus piernas. —¿Qué tal ha ido? —me preguntó.
—Bien. —respondí. —Los primeros quince minutos.
Rió. —¿Cuántas fotos te han sacado?
—Más de doscientas. No será sólo una portada. —dije. —¿Vamos a casa?
—¿Cansada?
—Hambrienta. —corregí.
Él sonrió y arrancó el motor.
Y la brisa acariciaba mi cara, pero no como antes, ahora era suave. Estaba cansada como para ir como antes. La felicidad de antes ya no estaba.
Miré al frente y Luke dio un frenazo, haciendo que mi cuerpo saliera impulsado hacia delante. Y agradecí llevar el cinturón de seguridad.
—Mierda. —exclamé al ver a un chico en el suelo. Me desabroché el cinturón a toda prisa y bajé del coche, agachándome junto al chico. —¿Estás bien? —dije preocupada.
—Sí. —murmuró, y miró hacia atrás, con preocupación. Parecía que no le importaba mucho el hecho de que acabaran de atropeyarlo.
—¿Seguro? Deja que te ayude. —dije levantándolo. Sus ojos se posaron en mí y sus mejillas se sonrosaron.
Mi corazón empezó a palpitar rápidamente. Conocía perfectamente esa sensación, la sensación de deseo. Mierda. Otra vez, volvía a mí. Y no podía ni quería evitarlo.
—Estoy bien. —murmuró sin mirarme a los ojos.
—Lamento mucho lo que ha pasado. No te habíamos visto. —dije.
—Ha sido culpa mía. No tendría que haber cruzado corriendo. —dijo, y permaneció sin mirarme a los ojos.
Tímido, inocente. Puede que buen sumiso. Dócil. Perfecto.
¿Sabéis quién es Christian Grey? Porque creo que acabo de encontrar a mi Anastasia.
[Va a empezar la acción ;) ]


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