NO COPYRIGHT.
Tardaba
demasiado en subir, y sabía que no había ido a por un vaso de agua
desde un principio. Salió de la habitación y bajó las escaleras
sin hacer ruido, escuchó sollozos y se acercó con cuidado y sin
hacer ruido, los sollozos provenían del sofá. Se encontró a Zayn
acallando sus sollozos con un cojín, sentado en el sofá. "No",
dijo su cerebro rápidamente. Pero ella lo ignoró. Se acercó y se
sentó a su lado, al parecer, sobresaltándolo, ya que
automáticamente alzó su vista y se secó las lágrimas con la manga
de su jersey, con rapidez.
—Zayn.
—murmuró ella.
—No, sí... Ya... Ya voy, sólo... —soltó otro pequeño sollozo y rompió en llanto. Demasiado para él, él no podía seguir con esto. Ella se acercó y lo rodeó fuertemente con sus brazos. Él se sorprendió, pero se dejó, por supuesto que lo hizo. Jamás pensó que volvería a sentirla así.
Lloró, desatando todo el dolor que tenía dentro, por la soledad, por su vida, por todo. Su llanto resonaba por toda la casa, y ella mantenía su agarre firmemente en su cuerpo, mientras él mantenía la cara hundida un poco más arriba de su pecho, debido a su posición. Su llanto fue cesando, y ella lo notó y se separó de él, mirándolo a los ojos. Él era una persona muy frágil, demasiado. ¿Cómo no pudo comprender desde un principio, que él no podría soportar su frialdad? Ni la merecía. Alargó la mano y acarició su mejilla, Zayn inclinó su cabeza y cerró los ojos, disfrutando de aquel contacto.
—Lo siento. —murmuró ella. "¡Qué haces? ¡Y tu orgullo?" su cerebro daba gritos, sin embargo al ver su sonrisa, poco le importó. Abrió los ojos y se topó con aquellos verdes.
—Yo también... Me defendiste. —susurró, y negó tristemente con la cabeza. —Y yo...
—No importa. —lo calló ella, al ver que le faltaba poco para romper a llorar de nuevo. —Sé que doy miedo. —admitió ella. —Pero no debes temerme, porque yo nunca te haría daño.
Volvía a sentir su corazón, latiendo frenéticamente en su pecho, como si fuera a salirse. Se derritió al escuchar sus palabras. Le había hecho daño, tal vez no físico, pero sí psicológico, y bastante, su corazón había sufrido unos golpes muy duros, pero ahora eso no importaba. —Lo sé. —se atrevió a murmurar. —No sé por qué me aparté. —confesó. No tendría que haberlo hecho, nunca.
—No, sí... Ya... Ya voy, sólo... —soltó otro pequeño sollozo y rompió en llanto. Demasiado para él, él no podía seguir con esto. Ella se acercó y lo rodeó fuertemente con sus brazos. Él se sorprendió, pero se dejó, por supuesto que lo hizo. Jamás pensó que volvería a sentirla así.
Lloró, desatando todo el dolor que tenía dentro, por la soledad, por su vida, por todo. Su llanto resonaba por toda la casa, y ella mantenía su agarre firmemente en su cuerpo, mientras él mantenía la cara hundida un poco más arriba de su pecho, debido a su posición. Su llanto fue cesando, y ella lo notó y se separó de él, mirándolo a los ojos. Él era una persona muy frágil, demasiado. ¿Cómo no pudo comprender desde un principio, que él no podría soportar su frialdad? Ni la merecía. Alargó la mano y acarició su mejilla, Zayn inclinó su cabeza y cerró los ojos, disfrutando de aquel contacto.
—Lo siento. —murmuró ella. "¡Qué haces? ¡Y tu orgullo?" su cerebro daba gritos, sin embargo al ver su sonrisa, poco le importó. Abrió los ojos y se topó con aquellos verdes.
—Yo también... Me defendiste. —susurró, y negó tristemente con la cabeza. —Y yo...
—No importa. —lo calló ella, al ver que le faltaba poco para romper a llorar de nuevo. —Sé que doy miedo. —admitió ella. —Pero no debes temerme, porque yo nunca te haría daño.
Volvía a sentir su corazón, latiendo frenéticamente en su pecho, como si fuera a salirse. Se derritió al escuchar sus palabras. Le había hecho daño, tal vez no físico, pero sí psicológico, y bastante, su corazón había sufrido unos golpes muy duros, pero ahora eso no importaba. —Lo sé. —se atrevió a murmurar. —No sé por qué me aparté. —confesó. No tendría que haberlo hecho, nunca.
—No
importa, olvídalo, ¿vale? —dijo ella, y él asintió débilmente
con la cabeza. —¿Has comido? —cambió de tema, y al ver su
mirada en seguida supo la respuesta. Suspiró.
—No tenía hambre. —murmuró. —Y además, no quería salir.
—¿Salir? —preguntó ella, claro que después recordó que él no sabía cocinar.
—Como no sé cocinar, mis padres me han dejado dinero para que coma. —respondió él, y ella asintió.
—Pero seguramente podrías pedir comida a domicilio. —dijo ella, y él se encogió de hombros. Probablemente, pero no pensó en ello, porque de haber querido comer, lo habría hecho.
—De todos modos, es porque no tenía hambre. —murmuró él, y ella asintió, descontenta con aquello.
—Tienes que comer. —dijo.
—¿Por qué tienes esa obsesión con la comida? —preguntó él, y ella torció la boca. Acababa de tocar un tema bastante delicado, aunque no lo supiera, aunque se percató en seguida al ver su cara.
—Por cosas. —respondió ella, sin más. Él asintió, comprendiendo que no recibiría más información a cerca del tema. —Y ahora voy a prepararte algo para comer. —se levantó.
—No importa. —él también se levantó, intentando frenarla.
—Sí que importa, vamos. —dijo ella, y lo agarró del brazo guiándolo a la cocina. No se esperaba que lo cogiera de aquel modo, no era un contacto brusco, aunque agarraba fuerte, pero ella no se negaría a hacerle de comer, no cuando perdió a una de sus amigas a causa de la comida, precisamente.
***
—¿Te quedas? —apoyó la cabeza sobre su hombro y ella lo miró y sonrió de lado. Zayn era un chico cariñoso, e iba comprobándolo a causa de sus muestras de afecto, aunque ella las recibía, pero no ofrecía otra muestra de afecto a cambio, como él esperaba. A ella no le importaría quedarse, además de que ya tenía su dinero, y por lo tanto, volvía a tener tiempo, tiempo que ella declaró como tiempo perdido estando junto a Zayn, sin embargo, no parecía tener planes de dejar de desperdiciarlo.
—Claro. —dijo, y él sonrió. Había logrado convencerla de que dejaran las clases de repaso por hoy, y ella había aceptado diciéndole que sería sólo por hoy, y nada más que hoy. Comieron unos crepes de nutella, los había disfrutado, no recordaba la última vez que los comió, ya que su madre nunca hacía, porque decía que se le quedaban pegados en la sartén y que odiaba luego tener que despegar los restos, pero a ella no se le habían pegado. —Hum... Paso más tiempo aquí que en mi casa últimamente.
Él rió levemente. Lo sabía, y es que ahora que no estaban sus padres... Bueno, casi nunca estaban, pero ahora que no estaban podía quedarse a dormir, ya que sus padres, aunque no estuvieran en casa, eran bastante protectores y no dejaban que ninguna chica que no fuera familiar, se quedara a dormir, ¿y cómo lo sabía si nunca se había dado el caso? Pues porque los había escuchado opinar a cerca de su prima y sus amigos, que no estaban de acuerdo en absoluto en que durmieran en la misma habitación, y lo mismo de su primo con sus amigas, no se fiaba. Y él no aprovecharía esa oportunidad que la vida le estaba dando, mucho menos sabiendo que era ella quien dormiría junto a él, y estaba seguro de que la echaría de menos cuando sus padres volvieran.
—¿Y ya tienes las sábanas limpias? —su sonrisa se esfumó y parpadeó inocentemente, ella rió. —Supongo que eso es un no.
—No. —murmuró. Tenía que ir con cuidado si no quería quedarse sin ropa, no quería tener que ir con la ropa de verano.
—Así mismo, ¿sabes usar la lavadora? —le preguntó alzando una ceja. Él se sonrojó. No, no sabía hacer absolutamente nada. —Vale que quieras dibujar, pero aprende a cocinar y a poner la lavadora, o ninguna mujer te querrá. —le regañó, y él se mordió los labios, reprimiendo una risa. Le había hecho gracia el comentario pese a que luego se sintió herido. ¿Alguna vez alguien se fijaría en él?
—Ya, lo sé... Es que... Siempre me han tenido mimado, y nunca he aprendido a hacer nada, nunca me he interesado. —respondió, y ella sonrió de lado. Mimado, y ahora abandonado, por lo que veía.
—Bueno, pues vamos a poner una lavadora ahora. —dijo levantándose, y él también se levantó. Así aprendería a usar una lavadora. —A ver, ¿dónde está? —le preguntó, y él la guió a la cocina, donde tenían un pequeño cuarto con una lavadora y una secadora, y todavía tenía la cesta de la ropa sucia arriba.
—Voy a por la cesta. —dijo, yendo rápidamente al baño de su habitación. Cogió la cesta y corrió por las escaleras, para tardar el menor tiempo posible. Se la encontró con un vaso de detergente en la mano.
—Vale, es muy importante no mezclar el blanco con nada, ¿vale? Porque si lo mezclas va a acabar de colores. —explicó, dejando el vaso encima de la lavadora. Zayn dejó la cesta en el suelo y ella empezó a coger ropa, separándola por colores. —Anda. —dijo, sacando una cojinera de color rojo con el estampado de la cabeza de Mickey. Él se sonrojó. Ahí estaba. —¿Y esto? —dijo haciendo una mueca. —¿Tienes piscina?
—No tenía hambre. —murmuró. —Y además, no quería salir.
—¿Salir? —preguntó ella, claro que después recordó que él no sabía cocinar.
—Como no sé cocinar, mis padres me han dejado dinero para que coma. —respondió él, y ella asintió.
—Pero seguramente podrías pedir comida a domicilio. —dijo ella, y él se encogió de hombros. Probablemente, pero no pensó en ello, porque de haber querido comer, lo habría hecho.
—De todos modos, es porque no tenía hambre. —murmuró él, y ella asintió, descontenta con aquello.
—Tienes que comer. —dijo.
—¿Por qué tienes esa obsesión con la comida? —preguntó él, y ella torció la boca. Acababa de tocar un tema bastante delicado, aunque no lo supiera, aunque se percató en seguida al ver su cara.
—Por cosas. —respondió ella, sin más. Él asintió, comprendiendo que no recibiría más información a cerca del tema. —Y ahora voy a prepararte algo para comer. —se levantó.
—No importa. —él también se levantó, intentando frenarla.
—Sí que importa, vamos. —dijo ella, y lo agarró del brazo guiándolo a la cocina. No se esperaba que lo cogiera de aquel modo, no era un contacto brusco, aunque agarraba fuerte, pero ella no se negaría a hacerle de comer, no cuando perdió a una de sus amigas a causa de la comida, precisamente.
***
—¿Te quedas? —apoyó la cabeza sobre su hombro y ella lo miró y sonrió de lado. Zayn era un chico cariñoso, e iba comprobándolo a causa de sus muestras de afecto, aunque ella las recibía, pero no ofrecía otra muestra de afecto a cambio, como él esperaba. A ella no le importaría quedarse, además de que ya tenía su dinero, y por lo tanto, volvía a tener tiempo, tiempo que ella declaró como tiempo perdido estando junto a Zayn, sin embargo, no parecía tener planes de dejar de desperdiciarlo.
—Claro. —dijo, y él sonrió. Había logrado convencerla de que dejaran las clases de repaso por hoy, y ella había aceptado diciéndole que sería sólo por hoy, y nada más que hoy. Comieron unos crepes de nutella, los había disfrutado, no recordaba la última vez que los comió, ya que su madre nunca hacía, porque decía que se le quedaban pegados en la sartén y que odiaba luego tener que despegar los restos, pero a ella no se le habían pegado. —Hum... Paso más tiempo aquí que en mi casa últimamente.
Él rió levemente. Lo sabía, y es que ahora que no estaban sus padres... Bueno, casi nunca estaban, pero ahora que no estaban podía quedarse a dormir, ya que sus padres, aunque no estuvieran en casa, eran bastante protectores y no dejaban que ninguna chica que no fuera familiar, se quedara a dormir, ¿y cómo lo sabía si nunca se había dado el caso? Pues porque los había escuchado opinar a cerca de su prima y sus amigos, que no estaban de acuerdo en absoluto en que durmieran en la misma habitación, y lo mismo de su primo con sus amigas, no se fiaba. Y él no aprovecharía esa oportunidad que la vida le estaba dando, mucho menos sabiendo que era ella quien dormiría junto a él, y estaba seguro de que la echaría de menos cuando sus padres volvieran.
—¿Y ya tienes las sábanas limpias? —su sonrisa se esfumó y parpadeó inocentemente, ella rió. —Supongo que eso es un no.
—No. —murmuró. Tenía que ir con cuidado si no quería quedarse sin ropa, no quería tener que ir con la ropa de verano.
—Así mismo, ¿sabes usar la lavadora? —le preguntó alzando una ceja. Él se sonrojó. No, no sabía hacer absolutamente nada. —Vale que quieras dibujar, pero aprende a cocinar y a poner la lavadora, o ninguna mujer te querrá. —le regañó, y él se mordió los labios, reprimiendo una risa. Le había hecho gracia el comentario pese a que luego se sintió herido. ¿Alguna vez alguien se fijaría en él?
—Ya, lo sé... Es que... Siempre me han tenido mimado, y nunca he aprendido a hacer nada, nunca me he interesado. —respondió, y ella sonrió de lado. Mimado, y ahora abandonado, por lo que veía.
—Bueno, pues vamos a poner una lavadora ahora. —dijo levantándose, y él también se levantó. Así aprendería a usar una lavadora. —A ver, ¿dónde está? —le preguntó, y él la guió a la cocina, donde tenían un pequeño cuarto con una lavadora y una secadora, y todavía tenía la cesta de la ropa sucia arriba.
—Voy a por la cesta. —dijo, yendo rápidamente al baño de su habitación. Cogió la cesta y corrió por las escaleras, para tardar el menor tiempo posible. Se la encontró con un vaso de detergente en la mano.
—Vale, es muy importante no mezclar el blanco con nada, ¿vale? Porque si lo mezclas va a acabar de colores. —explicó, dejando el vaso encima de la lavadora. Zayn dejó la cesta en el suelo y ella empezó a coger ropa, separándola por colores. —Anda. —dijo, sacando una cojinera de color rojo con el estampado de la cabeza de Mickey. Él se sonrojó. Ahí estaba. —¿Y esto? —dijo haciendo una mueca. —¿Tienes piscina?
Se
sonrojó hasta la raíz del pelo al ver sus pantalones completamente
empapados, ahora que le había cogido confianza, le daba igual que
viera su ropa interior, así como también vería sus calzoncillos
empapados. —Es que... Me mojé.
—No, si ya. —respondió ella cogiendo también sus calzoncillos empapados. —¿Cómo, exactamente?
—Hum... Piscina. —murmuró, mirando al suelo mientras jugueteaba con sus dedos, y paró.
—Fingiré que me lo creo. —siseó, y la miró. Estaba metiendo la ropa de color dentro de la lavadora. —A ver, se mete toda la ropa de color, y con medio cacito de detergente basta, ¿vale? —dijo, echándolo dentro de una especie de cajón. Lo cerró y pulsó un botón. —Le das ahí y se pone en marcha, cuando se pare sólo tienes que sacar la ropa y tenderla.
Él asintió con la cabeza. No era tan complicado. —Vale.
—Bueno, supongo que acabaremos apretujándonos otra vez en tu cama, ¿no? —dijo ella, con cierta diversión en la voz. Él se sonrojó, recordando que el día que durmieron apretujados acabó con una erección, gracias al sueño que tuvo, y acabó corriendo al baño y entrando en la bañera, completamente avergonzado.
—Sí. —murmuró, con la voz temblorosa, al ver aquella expresión pícara en su rostro, que no comprendía muy bien a qué venía.
—¿Sabes que hablas en sueños? —empalideció. Oh, Dios. No. Tragó saliva y sintió un leve temblor en las piernas. Él no habrá mencionado su nombre en sueños, ¿verdad? Se acercó a él con una sonrisa en el rostro y retrocedió por instinto, topándose con la secadora y sobresaltándose. —¿Qué soñabas? —murmuró con diversión, viéndolo acorralado completamente y sin salida posible, ya que la habitación era muy pequeña y apenas tenían espacio, a parte de que ya había topado con la secadora.
—Na-nada. —tartamudeó, nervioso. Dios, Dios, Dios. Él no podría haber gemido en sueños, ¿no? Algo en su mirada pícara le decía que a parte de haber murmurado su nombre, que estaba seguro de que lo había hecho, había... Había... No se habría percatado de su erección, ¿verdad? No... Tenían el edredón.
Ella rió levemente. —¿Nada? —dijo, su anatomía estaba demasiado cerca de él, aumentando todavía más su nerviosismo, a parte de que estaba completamente acorralado y no tenía a dónde huir. —¿Por qué repetías mi nombre? —preguntó.
—Estábamos... Soñaba que estábamos en el instituto. —murmuró, y no mentía. Esta vez su sueño siguió a más, vio más, imaginó más de lo que debía haber imaginado nunca. Tragó saliva. No estaba mintiendo.
—Ajá... —murmuró. —¿Y qué hacíamos? —preguntó.
—Ha-hablar. —tartamudeó, mirando detrás de ella. Volvió su mirada a ella y se fijó en su sonrisa, la cual se amplió. Sabía que mentía. Se mordió los labios y bajó la mirada.
—Hablar... —murmuró. —¿Y aparte de eso?
Sentía que en cualquier momento iba a desmayarse, estaba muerto de vergüenza, él jamás debería haber soñado eso. ¡Y mucho menos haberse saciado como lo hizo! —Y-yo... —se quedó sin habla. Si mentía, ella se daría cuenta, y si no respondía, ¿qué iba a pensar?
Escuchó su risa y sintió una de sus manos en su cadera, mientras que con la otra alzó su mentón, obligándolo a mirarla. —Gemías en sueños, también. —murmuró con diversión. Se sintió sofocado, sentía demasiada calor, iba a explotar, a desmayarse. Qué vergüenza. Jamás había pasado tanta vergüenza como la estaba pasando ahora, y eso que estaba acostumbrado a pasarla constantemente, siendo humillado delante de todo el instituto, he ahí un claro ejemplo. —¿Me vas a decir la verdad?
—¿Estabas despierta? —su voz salió temblorosa, y ella asintió, con aquella chispa maligna y divertida brillando en sus ojos. Y sólo una palabra vino a su mente: mierda.
—Incluso cuando saliste corriendo al baño. —murmuró con diversión. —¿Tengo que preguntarte qué hacías también, o me quedo con mi hipótesis? —dijo divertida, y él cogió aire. Miró hacia abajo, evitando su mirada, demasiado avergonzado como para mantenerla. ¿Y ahora qué? La mano de ella permanecía en su mentón, y la otra en su cadera, manteniendo su anatomía cerca de ella. —No has hecho nada malo. —murmuró al ver que no alzaba su mirada, y entonces sus ojos miel un tanto nublados se fijaron en los de ella. —No irás a llorar, ¿verdad? —susurró, y él negó.
—Es vergonzoso. —murmuró él apartando su mirada y dejando la mano de la chica al aire. Ella rió y la bajó, también a la cadera de él, juntando más sus anatomías. Estaba perdiendo el control poco a poco.
—Hum... En verdad, me divirtió escucharte. —admitió ella con una sonrisa de lado, y él respiró hondo disimuladamente, pero fue fácil de percibir debido a su cercanía.
—¿Vas a seguir riéndote de mí? —dijo en voz baja, y su sonrisa desapareció. Acarició su cadera.
—No, si ya. —respondió ella cogiendo también sus calzoncillos empapados. —¿Cómo, exactamente?
—Hum... Piscina. —murmuró, mirando al suelo mientras jugueteaba con sus dedos, y paró.
—Fingiré que me lo creo. —siseó, y la miró. Estaba metiendo la ropa de color dentro de la lavadora. —A ver, se mete toda la ropa de color, y con medio cacito de detergente basta, ¿vale? —dijo, echándolo dentro de una especie de cajón. Lo cerró y pulsó un botón. —Le das ahí y se pone en marcha, cuando se pare sólo tienes que sacar la ropa y tenderla.
Él asintió con la cabeza. No era tan complicado. —Vale.
—Bueno, supongo que acabaremos apretujándonos otra vez en tu cama, ¿no? —dijo ella, con cierta diversión en la voz. Él se sonrojó, recordando que el día que durmieron apretujados acabó con una erección, gracias al sueño que tuvo, y acabó corriendo al baño y entrando en la bañera, completamente avergonzado.
—Sí. —murmuró, con la voz temblorosa, al ver aquella expresión pícara en su rostro, que no comprendía muy bien a qué venía.
—¿Sabes que hablas en sueños? —empalideció. Oh, Dios. No. Tragó saliva y sintió un leve temblor en las piernas. Él no habrá mencionado su nombre en sueños, ¿verdad? Se acercó a él con una sonrisa en el rostro y retrocedió por instinto, topándose con la secadora y sobresaltándose. —¿Qué soñabas? —murmuró con diversión, viéndolo acorralado completamente y sin salida posible, ya que la habitación era muy pequeña y apenas tenían espacio, a parte de que ya había topado con la secadora.
—Na-nada. —tartamudeó, nervioso. Dios, Dios, Dios. Él no podría haber gemido en sueños, ¿no? Algo en su mirada pícara le decía que a parte de haber murmurado su nombre, que estaba seguro de que lo había hecho, había... Había... No se habría percatado de su erección, ¿verdad? No... Tenían el edredón.
Ella rió levemente. —¿Nada? —dijo, su anatomía estaba demasiado cerca de él, aumentando todavía más su nerviosismo, a parte de que estaba completamente acorralado y no tenía a dónde huir. —¿Por qué repetías mi nombre? —preguntó.
—Estábamos... Soñaba que estábamos en el instituto. —murmuró, y no mentía. Esta vez su sueño siguió a más, vio más, imaginó más de lo que debía haber imaginado nunca. Tragó saliva. No estaba mintiendo.
—Ajá... —murmuró. —¿Y qué hacíamos? —preguntó.
—Ha-hablar. —tartamudeó, mirando detrás de ella. Volvió su mirada a ella y se fijó en su sonrisa, la cual se amplió. Sabía que mentía. Se mordió los labios y bajó la mirada.
—Hablar... —murmuró. —¿Y aparte de eso?
Sentía que en cualquier momento iba a desmayarse, estaba muerto de vergüenza, él jamás debería haber soñado eso. ¡Y mucho menos haberse saciado como lo hizo! —Y-yo... —se quedó sin habla. Si mentía, ella se daría cuenta, y si no respondía, ¿qué iba a pensar?
Escuchó su risa y sintió una de sus manos en su cadera, mientras que con la otra alzó su mentón, obligándolo a mirarla. —Gemías en sueños, también. —murmuró con diversión. Se sintió sofocado, sentía demasiada calor, iba a explotar, a desmayarse. Qué vergüenza. Jamás había pasado tanta vergüenza como la estaba pasando ahora, y eso que estaba acostumbrado a pasarla constantemente, siendo humillado delante de todo el instituto, he ahí un claro ejemplo. —¿Me vas a decir la verdad?
—¿Estabas despierta? —su voz salió temblorosa, y ella asintió, con aquella chispa maligna y divertida brillando en sus ojos. Y sólo una palabra vino a su mente: mierda.
—Incluso cuando saliste corriendo al baño. —murmuró con diversión. —¿Tengo que preguntarte qué hacías también, o me quedo con mi hipótesis? —dijo divertida, y él cogió aire. Miró hacia abajo, evitando su mirada, demasiado avergonzado como para mantenerla. ¿Y ahora qué? La mano de ella permanecía en su mentón, y la otra en su cadera, manteniendo su anatomía cerca de ella. —No has hecho nada malo. —murmuró al ver que no alzaba su mirada, y entonces sus ojos miel un tanto nublados se fijaron en los de ella. —No irás a llorar, ¿verdad? —susurró, y él negó.
—Es vergonzoso. —murmuró él apartando su mirada y dejando la mano de la chica al aire. Ella rió y la bajó, también a la cadera de él, juntando más sus anatomías. Estaba perdiendo el control poco a poco.
—Hum... En verdad, me divirtió escucharte. —admitió ella con una sonrisa de lado, y él respiró hondo disimuladamente, pero fue fácil de percibir debido a su cercanía.
—¿Vas a seguir riéndote de mí? —dijo en voz baja, y su sonrisa desapareció. Acarició su cadera.
—¿Quién
ha dicho que me esté riendo de ti? —murmuró. Su intención no era
reírse de él, simplemente conversaba, tal vez reírse con él, pero
dada su situación supongo que lo segundo no.
—Te estás riendo de mí. —dijo. —Yo no... Yo no quería decir nada de lo que dije mientras soñaba. —dijo, y no dijo que no quería soñarlo porque mentiría, y ella lo notaría, y entonces sería peor.
—Mírame. —ordenó suavemente, y él lentamente fue alzando su mirada. —No me estoy riendo de ti, ni siquiera me molesta que hayas tenido sueños mojados conmigo. —dijo, haciendo que las mejillas de él volvieran a tomar más color aún, si es que era posible. Acercó su rostro al de él y rozó sus labios, juntándolos dulcemente, acariciándolos y dando leves lametones. Él no opuso resistencia en cuanto su lengua quiso entrar, y acarició la suya. Pero algo en el aire cambió, la dulzura desapareció y ella acariciaba sus caderas, no se dio cuenta y ya estaba encima de la secadora, con ella succionando sus labios con ansiedad, dejando pequeñas mordidas y volviendo a explorar su boca. Y por falta de aire, tuvieron que separarse, sus ojos verdes estaban más oscuros, al igual que los de él. Ella no sabía qué acababa de pasar, pero sabía que no podía continuar por ese camino.
Se dispuso a apartarse, pero las piernas de Zayn acabaron rodeándola, y sus labios volvieron a plasmarse sobre los de ella, con ansiedad, buscando y necesitando los suyos. Ella tenía las manos a sus costados, demasiado indecisa, porque su cerebro le gritaba que lo hiciera, pero esta vez, su corazón se negaba en rotunda, y ahí tenía otra vez, un popurrí de indecisiones. "Házlo, sabes que quieres", eran las palabras de su cerebro. "No lo hagas, le harás daño", decía su corazón. Al parecer, su corazón encontró las palabras correctas que le hicieron retroceder. «Pero no debes temerme, porque yo nunca te haría daño.»
[Yo sé que esto os ha gustado ah. Bueno, cambiando de tema y tal, ayer estuve como hasta las 6 de la madrugada viendo los VMA's PARA NADA PORQUE EL NEGRO NI SE APARECIÓ, y santa mierda, qué sueño. En fin, como llegamos a los +10 espero que os haya gustado, y ya sabéis, otros +10 y subo otro. PD: Es increíble cómo lector@s fantasma me han seguido hasta aquí, o sea, DIOS, me irrita ver que 70 personas han leído y no se reportan -.-' ]
—Te estás riendo de mí. —dijo. —Yo no... Yo no quería decir nada de lo que dije mientras soñaba. —dijo, y no dijo que no quería soñarlo porque mentiría, y ella lo notaría, y entonces sería peor.
—Mírame. —ordenó suavemente, y él lentamente fue alzando su mirada. —No me estoy riendo de ti, ni siquiera me molesta que hayas tenido sueños mojados conmigo. —dijo, haciendo que las mejillas de él volvieran a tomar más color aún, si es que era posible. Acercó su rostro al de él y rozó sus labios, juntándolos dulcemente, acariciándolos y dando leves lametones. Él no opuso resistencia en cuanto su lengua quiso entrar, y acarició la suya. Pero algo en el aire cambió, la dulzura desapareció y ella acariciaba sus caderas, no se dio cuenta y ya estaba encima de la secadora, con ella succionando sus labios con ansiedad, dejando pequeñas mordidas y volviendo a explorar su boca. Y por falta de aire, tuvieron que separarse, sus ojos verdes estaban más oscuros, al igual que los de él. Ella no sabía qué acababa de pasar, pero sabía que no podía continuar por ese camino.
Se dispuso a apartarse, pero las piernas de Zayn acabaron rodeándola, y sus labios volvieron a plasmarse sobre los de ella, con ansiedad, buscando y necesitando los suyos. Ella tenía las manos a sus costados, demasiado indecisa, porque su cerebro le gritaba que lo hiciera, pero esta vez, su corazón se negaba en rotunda, y ahí tenía otra vez, un popurrí de indecisiones. "Házlo, sabes que quieres", eran las palabras de su cerebro. "No lo hagas, le harás daño", decía su corazón. Al parecer, su corazón encontró las palabras correctas que le hicieron retroceder. «Pero no debes temerme, porque yo nunca te haría daño.»
[Yo sé que esto os ha gustado ah. Bueno, cambiando de tema y tal, ayer estuve como hasta las 6 de la madrugada viendo los VMA's PARA NADA PORQUE EL NEGRO NI SE APARECIÓ, y santa mierda, qué sueño. En fin, como llegamos a los +10 espero que os haya gustado, y ya sabéis, otros +10 y subo otro. PD: Es increíble cómo lector@s fantasma me han seguido hasta aquí, o sea, DIOS, me irrita ver que 70 personas han leído y no se reportan -.-' ]


OMG! OMG! ¡Me va a dar algo pronto, seguro!
ResponderEliminarYo también estuve viendo los VMA's creyendo que aparecería. Nota mental: no hacerse ilusiones con tanta facilidad
Yo me cagué en todo porque estaba toda ilusionada, ¡y no vino, y Dios, me estresaba con los anuncios y el Acapulco Shore, UUUUUUUUUF.
EliminarMi amiga y yo acabamos H.A.R.T.A.S. de los pesados anuncios, cada dos por tres, y del acapulco shore ese también. Encima que no me gustan esas series, lo anuncian cada momento
EliminarMe ponía de los nervios, y cuando salían artistas hablando que ni me interesaban y era como ¡TENGO SUEÑO, CÁLLATE! Uno que salía así en blanco y negro que pf.
Eliminarhabía rumores de que iría, por eso no los mire pero estaba en Twitter por si acaso y además que no fue 1D
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