Autora: Sandra M.P.
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Algo
vibró dentro de mi ropa interior, la sensación era agradable y
placentera.
—Hmm.
—articulé de gusto. No quería que cesara, pero lo hizo. Luego
volvió a vibrar de nuevo, y abrí los ojos. Era mi móvil lo que
estaba vibrando. Metí la mano dentro de mis calzoncillos de látex y
respondí. —¿Sí? —dije cansado.
—¡Malik!
—gritó, tan fuerte que tuve que apartar el móvil de mi oído.
—¡Te quiero aquí, ahora! —ordenó, y colgó.
Suspiré
y miré a mi alrededor. Había tres mujeres en el sofá, dormidas, y
toda mi ropa esparcida por el suelo. Unas esposas, nata, chocolate,
un látigo... Otra despedida de soltera.
Me
llamo Zayn Malik, tengo veinte años y soy playboy desde que tengo
quince años.
Cuando
mis padres murieron me quedé solo en la calle, muerto de hambre, y
de frío, recuerdo que era diciembre, y no tenía ni ropa para pasar
la estación, nadie me ayudaba, paseaba por las calles y la gente no
me prestaba atención, tan sólo unas cuantas miradas indisimuladas,
pero nada más.
Recuerdo
que me desmayé, y me ayudaron, me dieron un hogar, comida y ropa, y
estaba en deuda.
Recogí
toda mi ropa y me vestí, salí del apartamento y me metí en mi
coche. Arranqué y me dispuse a ir al club.
***
Entré
y me quedé delante de la puerta del despacho de Tomás. Suspiré y
abrí.
—Por
fin estás aquí. —dijo con su amarga voz. —Entra. —ordenó. Yo
obedecí. Cerré la puerta y entré. —Hoy por la noche tienes otra
despedida de soltera, y no puedes faltar. —D
dijo.
—Pero hay más playboys. —me quejé.
—¡Pero
te quieren a ti! —gritó haciendo que pegara un salto. —Y más te
vale asistir, porque de lo contrario... —amenazó, y un escalofrío
me recorrió de arriba a abajo. Asentí con mi cabeza y bajé mi
mirada al suelo. —Bien. Y tienes que hacer todo lo que te digan.
—dijo él, y alcé mi mirada.
—¿Todo?
—dije con una mueca de confusión. Nunca me había ordenado llegar
a tal extremo de mis límites.
—Todo.
—remarcó. —Quien celebra la despedida de soltera es la prometida
del famoso empresario Merlyn Queen, y han pagado una importante suma
de dinero, por lo tanto vas a hacer todo lo que te ordenen, ¿está
claro? —dijo.
Asentí
con la cabeza, rendido. Si me oponía sabía que iba a pegarme, y no
quería, no de nuevo. —Sí. —dije en voz baja.
—Bien. Ahora largo. —dijo, y yo obedecí.
Salí
del club “PlayBoy
Stars”
y
entré de nuevo en mi coche, dispuesto a irme a casa, por fin, el
único sitio donde estaría a salvo.
***
Llegué
a mi apartamento y me tiré en la cama, boca abajo. ¿Por qué cada
día era gris? ¿Por qué todo era una mierda? ¿Por qué entré en
el sendero equivocado?
Con
la cara hundida en la almohada, mis pensamientos hicieron que mi
cojín se mojara de agua salada proveniente de mis ojos.
Si
no hubiera dicho que sí... Si no hubiera pensado tan sólo en...
Sollocé
y apreté las sábanas en un puño.
¿De
qué servía lamentarse, si ya estaba hecho?
Pasaban
las horas, seguía llorando, hasta que el teléfono me interrumpió.
Me
tragué los sollozos y alargué la mano para agarrar mi móvil.
—¿Sí? —respondí a la llamada, intentando sonar normal.
—Ehm...
Hola... ¿Aquí residen los Verdana? —preguntó una voz dulce desde
la otra línea.
—No.
—negué, y un sollozo se me escapó. Mordí mi labio. Joder.
—Siento
si... Parezco entrometida... ¿Pero estás bien? —preguntó. Y eso
me rompió y me desgarró por dentro. Tanta dulzura al pronunciar
eso.
Tragué
saliva y me tragué los sollozos. —No, pero nadie puede hacer nada
para que me sienta mejor. —dije, y corté la llamada.
Me
cubrí la cara con el antebrazo y permanecí inmóvil, sollozando.
Hasta
una desconocida se preocupaba más por mí, que toda la gente a la
que conocía.
***
Era
la hora, y no podía llegar tarde.
Me
vestí con la ropa provocativa de siempre y entré en mi coche,
dispuesto a ir a "trabajar".
***
Llamé
al timbre y esperé, mirando al suelo. Temblaba, no quería ir, no
quería hacerlo.
Después
de tanto tiempo haciendo esto, seguía sintiéndome tímido. Ahora
mismo me gustaría salir corriendo e irme a mi casa, en mi cama. Y
llorar en silencio, sí. Como solía hacer.
Se
escucharon unos pasos, tacones de aguja. Venían hacia la puerta, y
se abrió.
Una
mujer rubia, teñida y de senos para nada naturales me me sonríe.
Tragué
saliva.
—Entra,
querido. —fue lo único que dijo, y obedecí. —¡Chicas, ya
llegado! —dijo. Y me rodearon tres mujeres más, cuarentonas, eso
seguro.
—Wow...
—dijo una chica de rizos negros.
—Muy
bueno. —dijo una castaña.
—Sí...
Me lo comería. —añadió otra rubia teñida.
Bajé
mi mirada, rojo y temblando.
—¡Leah,
cariño! —exclamó la mujer que me abrió la puerta.
Unos
pasos se acercaron. No eran tacones. Alcé mi mirada y vi una chica
de mi edad, preciosa, delgada, de ojos marrones y pelo castaño.
Estaba
rodeado de miradas lascivas... Excepto una... Ella.
—Bien,
cariño, te toca manejar a ti. —dijo la rubia de senos tamaño
hipopótamo.
La
chica parecía incómoda.
Le
dijo algo en voz baja a la mujer, pero yo no logré escucharlo.
—Vamos,
Leah. —dijo la de los rizos.
Me
arrodillé en el suelo, esperando órdenes, y bajé mi mirada al
suelo.
Sentí
unos pasos que venían hacia mí, y esperé una orden... Nada.
Tragué
saliva, esperando algún latigazo... O algo que me pillara por
sorpresa.
—Vete...
Por favor. —susurró alguien muy cerca de mí, una dulce voz.
Eso...
Sí que me había pillado por sorpresa.
¿Que
me vaya? ¿Me habían contratado y ahora me pedía que me fuera?
[Bueeeno, baes, aquí el cap :D Espero que os haya gustado, i no olvidéis el +1 bc es gratis :3 ]


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