NO COPYRIGHT.
Se
despertó, dándose cuenta de que había dormido toda la noche en la
misma posición, lo cual era extraño con su torpeza. Pensó que
acabaría girándose varias veces y despertándose en medio de la
noche por haberse movido y haberse hecho daño en las heridas.
Instintivamente miró hacia su derecha, donde ella dormía. Al final
ni se duchó, ni se cambió, ni le dejó ropa para que durmiera más
cómoda. Hablando de comodidad. Se fijó en que dormía tapada de un
lado y destapada del otro, con una pelota hecha con el edredón
debajo de la cabeza. Miró hacia abajo, ya que estaba tumbado de
lado, y se fijó en que la almohada estaba bajo su cabeza. A pesar de
que su conversación no acabó muy bien, ella se había encargado de
colocar la almohada bajo su cabeza para que durmiera mejor, ya que no
habría sido tan inteligente como para hacer una pelotita con el
edredón.
Se
movió y se dispuso a levantarse, pero el dolor de su pierna, otra
vez se lo impidió. Suspiró y se resignó. —¿Ya estás bufando?
—escuchó la voz ronca de la chica a su lado y giró la cabeza
hacia ella. Era increíble cómo se había despertado, apenas se
había despeinado y su maquillaje seguía intacto. Estaba seguro de
que muchas chicas desearían despertarse así. De hecho, él también
desearía despertar presentable, ya que seguramente estaba muy
despeinado. O no. No se había movido durmiendo esta noche.
—Quería ir a ducharme, pero me duele la pierna. —dijo en voz baja, ya que no quería hablar alto, sabía que molestaba mucho por las mañanas.
Se estiró y bostezó, cubriéndose la boca. Se sentó y se movió, levantándose. —¿Dónde tienes la ropa limpia? —preguntó.
—Hum... —la verdad era que no quería que ella viera su ropa interior, era algo más íntimo. —Si me ayudas a ponerme de pie la cojo yo.
—Te he visto en bolas ya. —dijo ella, y él se sonrojó. Cierto, episodio de su vida que no quería recordar, claro que él la había visto en ropa interior también.
—Es distinto. —murmuró. Ahora estaban solos y en su habitación, claramente era distinto, aparte de que él cubría sus partes para que nadie viera nada, claro que en un descuido quizás...
—Como quieras. —dijo ella acercándose a él y cogiéndolo en brazos. Lo dejó de pie sobre la cómoda y abrió el cajón, mientras ella lo sujetaba por la cintura para que no se cayera.
—Quería ir a ducharme, pero me duele la pierna. —dijo en voz baja, ya que no quería hablar alto, sabía que molestaba mucho por las mañanas.
Se estiró y bostezó, cubriéndose la boca. Se sentó y se movió, levantándose. —¿Dónde tienes la ropa limpia? —preguntó.
—Hum... —la verdad era que no quería que ella viera su ropa interior, era algo más íntimo. —Si me ayudas a ponerme de pie la cojo yo.
—Te he visto en bolas ya. —dijo ella, y él se sonrojó. Cierto, episodio de su vida que no quería recordar, claro que él la había visto en ropa interior también.
—Es distinto. —murmuró. Ahora estaban solos y en su habitación, claramente era distinto, aparte de que él cubría sus partes para que nadie viera nada, claro que en un descuido quizás...
—Como quieras. —dijo ella acercándose a él y cogiéndolo en brazos. Lo dejó de pie sobre la cómoda y abrió el cajón, mientras ella lo sujetaba por la cintura para que no se cayera.
—No
mires. —murmuró. Ella rodó los ojos y miró las fotos que tenía
en la pared. Estaba seguro de que aquel niño pequeño de ojos miel
era él. Mientras se duchaba aprovecharía para observarlas mejor, ya
que estaba segura de que no recibiría una invitación para ducharse
con él. —Ya. —dijo, y ella lo miró. Había escondido sus
calzoncillos entre la ropa. Sonrió sin que lo viera y volvió a
cogerlo en brazos, pasando directamente hacia el baño de su
habitación, ni siquiera necesitó preguntar.
Lo dejó sentando sobre el wáter y lo miró. —Bien, ¿vas a poder entrar en la bañera? —preguntó ella, y él miró la bañera, y después a ella.
—No lo sé. —murmuró.
—Te ayudo a entrar y te desnudas cuando estés dentro. —dijo ella. —¿O necesitas ayuda para quitarte la ropa? —siseó.
—No. —murmuró él, rodeando su cuello de nuevo. Ella lo dejó dentro de la bañera y desató sus zapatos. Se los quitó y los dejó fuera.
—Cualquier cosa, me llamas, ¿vale? —dijo, y él asintió con las mejillas levemente sonrojadas. Empezaba a gustarle demasiado el cómo se veía el rojo sobre aquellas mejillas. Salió del cuarto de baño y cerró la puerta. Todavía no sabía muy bien cómo había terminado aquí dentro, junto a Zayn, Zayn Malik, el chico al que todo el mundo odiaba. ¿Por qué? Ni idea. Ella no sabía qué podía haber hecho un chico como él para caerle tan mal a las personas y tener tantos problemas. De hecho, no cabía en su cabeza cómo todas aquellas personas eran capaces de odiarlo, y estaba segura de que lo hacían sin ningún motivo, y que él no merecía nada de esto.
Fue hacia la pared que tenía un corcho con fotos, mirándolas una a una con detalle. Zayn salía sonriente en aquellas fotos, junto a sus padres. En sus cumpleaños con la familia, o amigos. Salía sonriente, siendo un niño pequeño abrazado por sus padres. A medida que su vista avanzaba iba viendo el cambio. Un niño con unos trece años, o tal vez doce, de ojos miel, sonreía forzadamente a la cámara, junto a sus padres. Siguió avanzando, más fotografías como aquella. Y en la última, salía solo, sonriendo forzadamente y con los ojos brillantes, su sonrisa estaba apagada. Junto a aquella tarta estaba el número dieciséis. Y él estaba solo en aquella mesa. ¿Nadie vino a su cumpleaños aquel día? Removió su cabeza y se apartó de la pared. Ella nunca celebraba los cumpleaños, ni la Navidad, ni cualquier otra fiesta. Ella se quedaba en casa sola y hacía como si fuera un día corriente. Al fin y al cabo, para ella era eso. Bueno, de hecho, la mayoría de la gente que vivía en aquel piso, junto a ella, hacía lo mismo. Algunos, incluso se traían putas a casa, o putos, o compañía, o amigos... Alguien, en pocas palabras. Sin embargo, ella prefería estar sola antes que mal acompañada.
Caminó un poco más por la habitación, observando los objetos sin demasiado interés. Era una habitación acogedora a pesar del desorden, no como la suya, no cabía duda.
—¿Noa? —escuchó su voz desde el baño y se acercó a la puerta, quedándose delante.
—¿Necesitas algo? —dijo ella, sin tocar la puerta.
—¿Puedes entrar? —escuchó su voz un tanto tímida. Reprimió una sonrisa y entró. Él estaba sentado en la bañera, mirándola, y se acercó. —No mires. —murmuró tapándose con las manos. Sonrió y puso los ojos en blanco. Cerró los ojos y se quedó ahí de pie.
—¿Qué quieres? —preguntó ella.
—Ven. Pero no abras los ojos. —dijo él. El acto de que no quisiera que lo viera desnudo le produjo ternura, sin saber por qué. Le gustaba más eso a que fuera exhibiendo su cuerpo como los demás a los que había conocido. Ella se acercó a paso lento, sin abrir los ojos y tocando con las manos para no chocar con nada. Sintió cómo la agarraba de la mano y le ofreció la otra. Quería ayuda para levantarse.
—Zayn, vas a caerte. —dijo ella sintiendo cómo tiraba de sus brazos. Resbalaría si seguía intentando levantarse de ese modo. Le soltó las manos y ella tocó a tientas sus hombros. Suspiró. —A ver, tápate con la toalla y te cojo en brazos, ¿vale?
Quitó los brazos de sus hombros y estiró un brazo arriba, agarrando la toalla que había visto antes. —Ya. —dijo Zayn, y ella abrió los ojos. Sus mejillas estaban levemente rojas, como de costumbre. Movió los brazos y los colocó bajo su cuerpo, alzándolo. Él apretó la toalla entre sus manos y ella lo soltó en el suelo, con cuidado. —Gracias. —murmuró, moviendo la toalla para cubrirse más el abdomen que había quedado al descubierto. Normalmente un hombre cubría sólo sus partes.
Ella asintió con la cabeza y volvió a salir del baño, para dejarle en su intimidad, otra vez. Agarró su móvil y miró la hora. Eran las doce, y ella tenía asuntos pendientes que tenía que resolver ese fin de semana, antes de que las clases empezaran. Aparte de que, necesitaba conseguir más dinero. Tendría que pagar el alquiler este mes, y su cartera estaba vacía.
***
—Me tengo que ir. —dijo ella agarrando su chaqueta de cuero. —¿Tus padres tardarán mucho en llegar?
Negó con la cabeza. —No, ya deben de estar por llegar. —murmuró. Él no quería que se fuera. Pero tampoco podía impedírselo. Estaba en su derecho, ella no tenía por qué hacer de su niñera. De hecho, no tenía por qué haberlo cuidado, pero lo había hecho.
—¿Quieres que te deje aquí o te llevo abajo? —preguntó ella. Le resultaba extraño que no tuviera agujetas en los brazos de tanto cargarlo.
—Abajo. —respondió. Si lo dejaba ahí tal vez se moriría de aburrimiento, y al menos ahí tenía la televisión y la consola. Ella volvió a cogerlo en brazos y él rodeó su cuello. Echaría de menos que lo cogiera así, porque dudaba que volviera a verla en todo el fin de semana, y que el lunes lo cargara así, delante de todo el instituto. Anduvo hasta abajo y lo dejó con cuidado en el sofá.
—¿Algo más? —preguntó ella. Le sabía a mal estar en su propia casa e inválido. Tendría que ser al revés, él atendiendo a la invitada. Pero no. Incluso en lo de recoger la cama, ella había quitado las colchas y guardado la cama mientras él se estaba vistiendo, y por cierto, tardó lo suyo.
—Hum... ¿Podrías pasarme el mando de la tele y la consola? —preguntó tímidamente. Ella se acercó a la mesa y le dio ambos mandos.
—Bueno, me voy ya. —dijo ella. Entonces Zayn recordó que le debía el dinero del taxi.
—Oh, el dinero. —dijo Zayn, y ella se dio la vuelta. Ella llevaba recordando que Zayn le debía dinero desde que despertó, pero no quería decirle que se lo devolviera. De hecho, quería decirle que no era necesario, aunque sí lo era, porque sino tendría que ir andando y quedaba un largo camino.
—No importa. —sonrió ella, y él le esbozó una pequeña sonrisa.
—¿Seguro? —preguntó, y ella asintió con la cabeza. Iría andando. No sabía por qué le había dicho que no era necesario, cuando sí que lo era. Pero algo en su cabeza le hizo responder aquello. —Gracias por todo. —agradeció, y era el "gracias" más sincero que ella había recibido y recibiría en su vida.
Sonrió y se fue. Él se quedó solo en casa, escuchó la puerta de entrada cerrarse, confirmando que así era. Suspiró y encendió la televisión. Cómo desearía que ella se hubiera quedado más tiempo, y si fuera posible, que no se fuera. Pero si no lo hacía —aunque le daba igual—, le debería explicaciones a sus padres, quienes vendrían dentro de poco y estaba seguro de que pensarían que entre ellos dos había algo más, ya que no creían en la amistad entre un chico y una chica.
Ella cerró la puerta, e incluso con llave, giró los cerrojos con un artilugio puntiagudo que llevaba siempre en su bolsillo, normalmente para abrir las puertas, no para cerrarlas. Era simplemente cambiar el sentido, nada muy complicado. No dejaría la puerta abierta con Zayn dentro, y además, inválido. No.
Empezó a andar. Sabía que le quedaba un largo camino a casa, y tal vez se hartara y entrara en alguna de aquellas casitas a coger cierto dinero prestado. Sonrió. Se había informado acerca de la ubicación donde Louis Tomlinson residía, de hecho, ahora mismo iría a hacerle una visita. No vivía tan lejos, sólo un poco, nada comparado con el camino que tenía que recorrer para volver a su casa.
Por la calle no dejaban de pasar personas con corbata, ajetreados y estresados, mayoría o corriendo o hablando por teléfono, o ambas cosas. Otros, sin embargo, andaban casuales junto a niños pequeños, de la mano y sonrientes. Y otros simplemente andaban, seguro que hacia algún lugar, como ella, pero seguramente no con la misma finalidad.
Esperaba que los padres de Tomlinson no estuvieran en casa, sólo él, solo. No se esperaría su visita, de eso estaba segura. Llamaría al timbre y sonreiría al ver la expresión de terror en su rostro. Bien podría acuchillarlo, o simplemente romperle algunos huesos. Un asesinato más, uno menos... Su historial seguía limpio, por el momento, pero tal vez si lo mataba, culparían a Zayn, el cual se proclamó autor de un buen ojo morado, y ella no se arriesgaría a nada. Eso sí, Tomlinson recibiría su merecido, y no volvería al instituto en un tiempo. Y tampoco hablaría, de eso estaba segura. Tomlinson sabía acerca de ella, de hecho, todo el instituto parecía saberlo a excepción de profesores y de Zayn, y aquellos que se juntaban con Zayn. A ellos no se les solía informar de las cosas, como era el caso. A ella le sorprendió el hecho de que no saliera corriendo al verla la primera vez, ella sentía las miradas de él constantemente, aunque fingiera no hacerlo. Se daba cuenta de todo. Y el día que él se sentó a su lado, se dio cuenta de que no tenía miedo, él no la temía como los demás. Y se le ocurrió algo: acercarse. Su fama comenzó poco después de que Niall Horan y Louis Tomlinson se acercaran a ella el primer día, desde ahí ella permaneció sin mantener contacto con nadie, hasta que decidió a acercarse a Zayn Malik, el marginado del instituto. Para él, que ella le prestara atención era un sueño hecho realidad, sin embargo, no sabía que podría acabar convirtiéndose en una pesadilla. Él no conocía a la verdadera Noa Wilson, así como mayoría lo hacían, aunque fuera por renombre.
Llamó al timbre y un chico en pijama y despeinado abrió, sujetaba una taza en sus manos, sus ojos azules se alarmaron y ella sonrió. Intentó cerrar la puerta, pero ella se lo impidió. Lo empujó y la taza cayó al suelo, dejando cristales rotos por doquier que a ella no le importó pisar, pero que Louis pisó sin querer, y al ir descalzo pisó más de uno y éstos quedaron hundidos en su piel.
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Lo dejó sentando sobre el wáter y lo miró. —Bien, ¿vas a poder entrar en la bañera? —preguntó ella, y él miró la bañera, y después a ella.
—No lo sé. —murmuró.
—Te ayudo a entrar y te desnudas cuando estés dentro. —dijo ella. —¿O necesitas ayuda para quitarte la ropa? —siseó.
—No. —murmuró él, rodeando su cuello de nuevo. Ella lo dejó dentro de la bañera y desató sus zapatos. Se los quitó y los dejó fuera.
—Cualquier cosa, me llamas, ¿vale? —dijo, y él asintió con las mejillas levemente sonrojadas. Empezaba a gustarle demasiado el cómo se veía el rojo sobre aquellas mejillas. Salió del cuarto de baño y cerró la puerta. Todavía no sabía muy bien cómo había terminado aquí dentro, junto a Zayn, Zayn Malik, el chico al que todo el mundo odiaba. ¿Por qué? Ni idea. Ella no sabía qué podía haber hecho un chico como él para caerle tan mal a las personas y tener tantos problemas. De hecho, no cabía en su cabeza cómo todas aquellas personas eran capaces de odiarlo, y estaba segura de que lo hacían sin ningún motivo, y que él no merecía nada de esto.
Fue hacia la pared que tenía un corcho con fotos, mirándolas una a una con detalle. Zayn salía sonriente en aquellas fotos, junto a sus padres. En sus cumpleaños con la familia, o amigos. Salía sonriente, siendo un niño pequeño abrazado por sus padres. A medida que su vista avanzaba iba viendo el cambio. Un niño con unos trece años, o tal vez doce, de ojos miel, sonreía forzadamente a la cámara, junto a sus padres. Siguió avanzando, más fotografías como aquella. Y en la última, salía solo, sonriendo forzadamente y con los ojos brillantes, su sonrisa estaba apagada. Junto a aquella tarta estaba el número dieciséis. Y él estaba solo en aquella mesa. ¿Nadie vino a su cumpleaños aquel día? Removió su cabeza y se apartó de la pared. Ella nunca celebraba los cumpleaños, ni la Navidad, ni cualquier otra fiesta. Ella se quedaba en casa sola y hacía como si fuera un día corriente. Al fin y al cabo, para ella era eso. Bueno, de hecho, la mayoría de la gente que vivía en aquel piso, junto a ella, hacía lo mismo. Algunos, incluso se traían putas a casa, o putos, o compañía, o amigos... Alguien, en pocas palabras. Sin embargo, ella prefería estar sola antes que mal acompañada.
Caminó un poco más por la habitación, observando los objetos sin demasiado interés. Era una habitación acogedora a pesar del desorden, no como la suya, no cabía duda.
—¿Noa? —escuchó su voz desde el baño y se acercó a la puerta, quedándose delante.
—¿Necesitas algo? —dijo ella, sin tocar la puerta.
—¿Puedes entrar? —escuchó su voz un tanto tímida. Reprimió una sonrisa y entró. Él estaba sentado en la bañera, mirándola, y se acercó. —No mires. —murmuró tapándose con las manos. Sonrió y puso los ojos en blanco. Cerró los ojos y se quedó ahí de pie.
—¿Qué quieres? —preguntó ella.
—Ven. Pero no abras los ojos. —dijo él. El acto de que no quisiera que lo viera desnudo le produjo ternura, sin saber por qué. Le gustaba más eso a que fuera exhibiendo su cuerpo como los demás a los que había conocido. Ella se acercó a paso lento, sin abrir los ojos y tocando con las manos para no chocar con nada. Sintió cómo la agarraba de la mano y le ofreció la otra. Quería ayuda para levantarse.
—Zayn, vas a caerte. —dijo ella sintiendo cómo tiraba de sus brazos. Resbalaría si seguía intentando levantarse de ese modo. Le soltó las manos y ella tocó a tientas sus hombros. Suspiró. —A ver, tápate con la toalla y te cojo en brazos, ¿vale?
Quitó los brazos de sus hombros y estiró un brazo arriba, agarrando la toalla que había visto antes. —Ya. —dijo Zayn, y ella abrió los ojos. Sus mejillas estaban levemente rojas, como de costumbre. Movió los brazos y los colocó bajo su cuerpo, alzándolo. Él apretó la toalla entre sus manos y ella lo soltó en el suelo, con cuidado. —Gracias. —murmuró, moviendo la toalla para cubrirse más el abdomen que había quedado al descubierto. Normalmente un hombre cubría sólo sus partes.
Ella asintió con la cabeza y volvió a salir del baño, para dejarle en su intimidad, otra vez. Agarró su móvil y miró la hora. Eran las doce, y ella tenía asuntos pendientes que tenía que resolver ese fin de semana, antes de que las clases empezaran. Aparte de que, necesitaba conseguir más dinero. Tendría que pagar el alquiler este mes, y su cartera estaba vacía.
***
—Me tengo que ir. —dijo ella agarrando su chaqueta de cuero. —¿Tus padres tardarán mucho en llegar?
Negó con la cabeza. —No, ya deben de estar por llegar. —murmuró. Él no quería que se fuera. Pero tampoco podía impedírselo. Estaba en su derecho, ella no tenía por qué hacer de su niñera. De hecho, no tenía por qué haberlo cuidado, pero lo había hecho.
—¿Quieres que te deje aquí o te llevo abajo? —preguntó ella. Le resultaba extraño que no tuviera agujetas en los brazos de tanto cargarlo.
—Abajo. —respondió. Si lo dejaba ahí tal vez se moriría de aburrimiento, y al menos ahí tenía la televisión y la consola. Ella volvió a cogerlo en brazos y él rodeó su cuello. Echaría de menos que lo cogiera así, porque dudaba que volviera a verla en todo el fin de semana, y que el lunes lo cargara así, delante de todo el instituto. Anduvo hasta abajo y lo dejó con cuidado en el sofá.
—¿Algo más? —preguntó ella. Le sabía a mal estar en su propia casa e inválido. Tendría que ser al revés, él atendiendo a la invitada. Pero no. Incluso en lo de recoger la cama, ella había quitado las colchas y guardado la cama mientras él se estaba vistiendo, y por cierto, tardó lo suyo.
—Hum... ¿Podrías pasarme el mando de la tele y la consola? —preguntó tímidamente. Ella se acercó a la mesa y le dio ambos mandos.
—Bueno, me voy ya. —dijo ella. Entonces Zayn recordó que le debía el dinero del taxi.
—Oh, el dinero. —dijo Zayn, y ella se dio la vuelta. Ella llevaba recordando que Zayn le debía dinero desde que despertó, pero no quería decirle que se lo devolviera. De hecho, quería decirle que no era necesario, aunque sí lo era, porque sino tendría que ir andando y quedaba un largo camino.
—No importa. —sonrió ella, y él le esbozó una pequeña sonrisa.
—¿Seguro? —preguntó, y ella asintió con la cabeza. Iría andando. No sabía por qué le había dicho que no era necesario, cuando sí que lo era. Pero algo en su cabeza le hizo responder aquello. —Gracias por todo. —agradeció, y era el "gracias" más sincero que ella había recibido y recibiría en su vida.
Sonrió y se fue. Él se quedó solo en casa, escuchó la puerta de entrada cerrarse, confirmando que así era. Suspiró y encendió la televisión. Cómo desearía que ella se hubiera quedado más tiempo, y si fuera posible, que no se fuera. Pero si no lo hacía —aunque le daba igual—, le debería explicaciones a sus padres, quienes vendrían dentro de poco y estaba seguro de que pensarían que entre ellos dos había algo más, ya que no creían en la amistad entre un chico y una chica.
Ella cerró la puerta, e incluso con llave, giró los cerrojos con un artilugio puntiagudo que llevaba siempre en su bolsillo, normalmente para abrir las puertas, no para cerrarlas. Era simplemente cambiar el sentido, nada muy complicado. No dejaría la puerta abierta con Zayn dentro, y además, inválido. No.
Empezó a andar. Sabía que le quedaba un largo camino a casa, y tal vez se hartara y entrara en alguna de aquellas casitas a coger cierto dinero prestado. Sonrió. Se había informado acerca de la ubicación donde Louis Tomlinson residía, de hecho, ahora mismo iría a hacerle una visita. No vivía tan lejos, sólo un poco, nada comparado con el camino que tenía que recorrer para volver a su casa.
Por la calle no dejaban de pasar personas con corbata, ajetreados y estresados, mayoría o corriendo o hablando por teléfono, o ambas cosas. Otros, sin embargo, andaban casuales junto a niños pequeños, de la mano y sonrientes. Y otros simplemente andaban, seguro que hacia algún lugar, como ella, pero seguramente no con la misma finalidad.
Esperaba que los padres de Tomlinson no estuvieran en casa, sólo él, solo. No se esperaría su visita, de eso estaba segura. Llamaría al timbre y sonreiría al ver la expresión de terror en su rostro. Bien podría acuchillarlo, o simplemente romperle algunos huesos. Un asesinato más, uno menos... Su historial seguía limpio, por el momento, pero tal vez si lo mataba, culparían a Zayn, el cual se proclamó autor de un buen ojo morado, y ella no se arriesgaría a nada. Eso sí, Tomlinson recibiría su merecido, y no volvería al instituto en un tiempo. Y tampoco hablaría, de eso estaba segura. Tomlinson sabía acerca de ella, de hecho, todo el instituto parecía saberlo a excepción de profesores y de Zayn, y aquellos que se juntaban con Zayn. A ellos no se les solía informar de las cosas, como era el caso. A ella le sorprendió el hecho de que no saliera corriendo al verla la primera vez, ella sentía las miradas de él constantemente, aunque fingiera no hacerlo. Se daba cuenta de todo. Y el día que él se sentó a su lado, se dio cuenta de que no tenía miedo, él no la temía como los demás. Y se le ocurrió algo: acercarse. Su fama comenzó poco después de que Niall Horan y Louis Tomlinson se acercaran a ella el primer día, desde ahí ella permaneció sin mantener contacto con nadie, hasta que decidió a acercarse a Zayn Malik, el marginado del instituto. Para él, que ella le prestara atención era un sueño hecho realidad, sin embargo, no sabía que podría acabar convirtiéndose en una pesadilla. Él no conocía a la verdadera Noa Wilson, así como mayoría lo hacían, aunque fuera por renombre.
Llamó al timbre y un chico en pijama y despeinado abrió, sujetaba una taza en sus manos, sus ojos azules se alarmaron y ella sonrió. Intentó cerrar la puerta, pero ella se lo impidió. Lo empujó y la taza cayó al suelo, dejando cristales rotos por doquier que a ella no le importó pisar, pero que Louis pisó sin querer, y al ir descalzo pisó más de uno y éstos quedaron hundidos en su piel.
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Siguelaaaaa me encanta tu novela :)
ResponderEliminarSiguelaaaaa me encanta tu novela :)
ResponderEliminarSiguela, es una gran novela 😊
ResponderEliminarLa amooo !!! Siguela
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