martes, 13 de octubre de 2015

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 44

Autora: Sandra M.P.

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Golpeaban los barrotes insistentemente con una porra, los de todas las celdas, ella no pensaba levantarse tan pronto, pero después empezaron a dar gritos, y ella bufó y terminó levantándose. Ella odiaba que la despertaran, además tan pronto, y encima a gritos. Su padre le dijo que debía acostumbrarse a aquello, porque cada día ahí era igual, le dijo que ahora irían al comedor a desayunar. A ella le repugnaba la idea de tener que salir de ahí y encontrarse con otros presos, pero supongo que tendría que hacerlo. Al abrirse las celdas salieron andando a paso normal, ella iba junto a su padre hasta que un gracioso le manoseó el culo, y ella sin pensárselo mucho se dio la vuelta y le metió un puñetazo en la mandíbula. El hombre quedó sorprendido de que una mujer tuviera tanta fuerza.

—Vuelve a tocarme y te enteras, hijo de puta. —le gruñó, y el hombre apretó la mandíbula, entrecerrándole los ojos. Dan intervino y lo miró seriamente, haciendo que el hombre finalmente siguiera con su paso.

—Eres la única mujer aquí, Noa, después del juicio o serás libre o te transladarán a una cárcel de mujeres. —explicó, y ella no dijo nada. Eso suponía que no vería a su padre de nuevo. Aquello empezaba a desagradarle todavía más, ella no quería dejar a su padre de nuevo, aunque antes no hubiera querido volver a verlo, quería seguir ahí.

—¿Y por qué no puedo quedarme contigo? —preguntó ella.

—Es lo mejor, Noa, si yo no estuviera, todos estos hombres se aprovecharían de ti. —dijo, y ella apretó la mandíbula. Por ser mujer, supongo que se ganaba aquello, supongo que la habían traído a aquella cárcel porque era la local, y más cercana. —Están tan desesperados que incluso han optado por tener relaciones entre ellos. —explicó, y ella lo miró a él. —No, yo no. —dijo al notar que era aquello lo que se estaba preguntando. Ella volvió su mirada al frente y cruzaron las puertas junto a los demás.

Anduvieron hacia el interior del comedor y fueron a por una bandeja, anduvieron hacia la barra y les sirvieron una ración de puré, ensalada y carne. Se sentaron en una mesa, solos. ¿Su padre no se relacionaba con los demás presos? Aquello la sorprendió bastante, porque él solía ser alguien sociable, por lo que recordaba. —¿No tienes amiguitos aquí? —preguntó ella, y él negó con la cabeza.

—Aquí no hay amistades, Noa. —respondió él, y ella frunció el ceño. —No puedes fiarte de nadie, porque nadie confía en nadie. —explicó.

—Ah. —articuló, sin comprender realmente aquello. Tampoco era que ella confiara en cualquiera. Supongo que aquello le venía de parte de su padre, ahora todo tenía más sentido.

—Hey, blancucho. —ella giró su cuerpo para ver qué sucedía y vio a un chico de pelo azul rodeado por unos hombres, el chico no alzaba su mirada en ningún momento, simplemente miraba su plato fríamente.

—¿Qué queréis?—preguntó en voz baja.

—¿No te sientas con nosotros hoy? —rió uno de ellos, y él negó tímidamente con la cabeza. —¿Y eso, pelomar? —preguntó, dándole una palmada en el hombro que le hizo temblar un poco.

—Y-yo... —algo sucedió al verlo tartamudear de aquel modo, cuando alzó su mirada y vio unas pequeñas lágrimas asomarse en su rostro. Su pelo era oscuro, tenía un tupé, sus ojos eran más marrones, y su rostro levemente más moreno. Se levantó de golpe sin pensárselo mucho y se dirigió hacia ellos, tirando del brazo del chico hacia ella.

—Dejádlo en paz. —dijo ella seriamente, y el chico rió.

—¿La dama defendiendo al llorica? —rió sin gracia, pero en la mirada de la chica había ni rastro de miedo como el chico aquel esperaba ver, y aquello lo sorprendió. Dio un paso hacia ella, pretendiendo asustarla, pero ella no retrocedió. —¿Qué has hecho para estar aquí, preciosa? —dijo con diversión, y ella sonrió de lado.

—Dejar pruebas de un asesinato. —respondió ella secamente, y el chico alzó ambas cejas.

—¿Perpetua? —dijo, y asintió en aprobación. —Wow. —dijo. —Mis respetos, chica. —hizo un ademán con la mano y miró a sus compinches. —Vámonos.

Ella miró al chico, quien estaba perplejo ante lo que acababa de suceder, y la miró. —G-gracias. —tartamudeó, y ella sonrió.

—No hay de qué. —respondió, girándose para volver con su padre. El chico se quedó quieto en el lugar, mirando cómo se iba. Nadie había dado la cara por él, y estaba acostumbrado a burlas, y a violaciones también, era un blanco fácil para todos. Ella volvió a sentarse frente a su padre, quien comía tranquilamente, y sin alzar la mirada dijo:

—¿Por qué has hecho eso? —le preguntó, y ella bajó su mirada al plato.

—No lo sé. —mintió, y su padre alzó su mirada.

—Podría haberte costado la vida. —dijo seriamente, y ella torció la cabeza.

—No habrías dejado que me hicieran daño. —respondió, dando en el blanco. Su padre pinchó un pedazo de carne y la miró, estaba orgulloso de ella aunque hubiera tirado por el mal camino. Ella era una persona fuerte ahora, segura, dominante y valiente, sobre todas las cosas.

—No, no lo habría permitido. —dijo. —Estoy orgulloso de ti, Noa. —dijo, y se metió el pedazo de carne en la boca, masticando. Ella sintió que un pequeño vacío de su interior se llenaba, porque jamás creyó poder escuchar aquello de su padre, mucho menos pensó necesitarlo, pero de algún modo lo hacía. Era una completa satisfacción escucharlo ahora decir aquellas palabras. Ella simplemente sonrió y siguió comiendo.

***

Después de haber cenado, ella se dispuso a ir a ducharse, ya que ahora probablemente no habría nadie que la molestara, no le agradaba la idea de tener que desnudarse frente aquellos deshechos de sociedad completamente desesperados. Su padre le entregó un cuchillo por si cualquier cosa, porque no dejaría que a ella le sucediera nada. Él había insistido en acompañarla, y ella se había negado, tampoco le gustaría que su padre la viera, aunque fuera su propia sangre. Aquella confianza no estaba ahí todavía.

—Hey, Mich, ¿dónde crees que vas? No hemos terminado contigo. —aquella voz le sonaba de algo.

—Por favor, Peter, no más. —dijo otra voz, y automáticamente se tensó. Aquella voz pertenecía a aquel chico del comedor.

—De eso nada, paliducho, ahora me toca a mí. —dijo otra voz. Venían de los baños, por lo cual sí o sí, debería entrar. Bueno, a decir verdad podría irse y ducharse en otro momento, pero no haría eso. Llevó la mano a su bolsillo y sintió el mango del cuchillo. Ella podía con esto.

—Por favor, Greg, G-Greg, no. —suplicó. Ella entró y la escena que vio fue algo desagradable, tenían a aquel chico contra la pared de la ducha, y aquel tal Greg estaba detrás de él, cerca y con los pantalones medio bajados, no hacía falta decir qué estaba sucediendo.

—¡Déjalo, ahora! —le gritó, y las miradas de todos excepto Michael se posaron sobre ella, quien estaba apretando la toalla entre sus manos con fuerza.

—Vaya, vaya, si es la damisela. —con razón aquella voz le resultaba familiar. Se trataba del mismo chico que lo estaba acosando en el comedor esa misma tarde. —¿Quieres unirte también? Será un placer tenerte entre nosotros. —sonrió de lado.

—Dile a tu amigo que le deje. —ordenó, y el chico giró la cabeza hacia su amigo.

—Greg. —le dijo, y éste se separó de Michael, subiéndose los pantalones. Michael también lo hizo, rápidamente.

—¿Quieres ocupar su lugar, damisela? —dijo el tal Greg con diversión, acercándose a ella. Ésta arrojó la toalla al suelo y cuando estuvo lo suficientemente cerca le golpeó en la entrepierna sin que se lo esperara y se colocó sobre él, empuñando el cuchillo en su cuello.

—¿Quieres que te atraviese, imbécil? No supondrá ningún problema para mí, ¿sabes? Ya tengo la perpetua y nada que perder. —dijo ella con diversión.

—Hey, hey, hey. Tía, relaja. —dijo el otro chico alzando las manos. —Déjalo.

—¿Tengo motivos para dejarle ir? —preguntó ella apretando más fuerte, y un poco de sangre brotó de su cuello.

—Tía, tía. —dijo alarmado. —Suéltalo. Suéltalo. —pidió y ella alejó levemente el cuchillo.

—No os volváis a acercar a él, u os mataré. —dijo levantándose de encima del chico, quien automáticamente llevó las manos a su cuello, para tapar la pequeña brecha abierta con el filo del cuchillo.


Vámonos. —dijo Peter saliendo rápidamente del lugar. El otro se levantó con rapidez y lo siguió. Ella desvió su mirada al chico de pelo azul y éste parpadeó.

—¿Estás bien? —le preguntó ella acercándose a él, y éste asintió con la cabeza. —¿Por qué dejas que te hagan esto?

Él se mordió los labios y negó con la cabeza, mirando al suelo. —No... No tengo opción. —respondió.

—Claro que la tienes. —dijo ella. —No tienes que dejar que se aprovechen de ti.

—Ellos son más fuertes que yo... Si me niego me harán daño... Al menos si me dejo son... S-son considerados y no... N-no me dan tan... Tan fuerte. —dijo, con un hilo de voz. Ella sabía que le daba vergüenza confesar aquello.
Entiendo. —murmuró ella, sin estar de acuerdo totalmente. Su padre le contó que había gente desesperada, pero no le dijo que también cometían violaciones.

—¿Por qué me ayudas? —preguntó, sus ojos verdes se posaron sobre los de ella y sintió un pequeño parpadeo en su interior, debilidad. Sus ojos tenían aquel destello inocente que sólo tenía aquel pequeño ángel que conoció.

—¿Por qué estás aquí? —evitó la pregunta, y el chico pareció dudar.

—Por robar. —murmuró. —Mi hermanita tenía hambre y... Yo... Yo no tenía dinero. —confesó avergonzado.

—¿Y tus padres? —preguntó, y él esbozó una sonrisa triste.

—Nos abandonaron a los cinco años. —respondió él, y alzó su mirada de nuevo hacia ella. —¿Puedes responderme?

Ella permaneció callada durante unos segundos, pero finalmente respondió. —Me recuerdas a alguien. —dijo.

—¿A quién? —preguntó, y ella sonrió de lado.

—A un ángel. —respondió, y el chico frunció el ceño levemente confundido.

—¿Hum? ¿Un ángel? —preguntó, con curiosidad, y ella asintió.

—Un ángel. —afirmó.

—¿Como... Los del cielo, dices? —preguntó de nuevo, y ella soltó una leve risa.

—Sí, esos. —suspiró, nostálgica. —Será mejor que vuelvas a tu habitación. —le dijo, y él asintió con la cabeza, pasando por su lado.

—Me... Me llamo Michael. —escuchó que le decía, y ella se dio la vuelta para mirarlo.

—Noa. —se presentó también, y él esbozó una pequeña sonrisa. Se dio la vuelta y se fue.

***

Después de darse una ducha se sentía mejor, también limpió la sangre del cuchillo y lo guardó de nuevo en su bolsillo. Llegó de nuevo a su celda y uno de los policías le abrió para que entrara. Tenían muy mala vigilancia ahí, o les habían dejado salir a aquellos tres. Su padre la esperaba despierto, y lo sabía.

—¿Qué ha pasado? —escuchó una vez se hubo tumbado en su cama, y ella miró la oscuridad en silencio hasta que por fin respondió.

—Me he duchado. —respondió ella.

—Te has topado con Peter y Greg. —dijo él, y ella asintió en la oscuridad aunque él no pudiera verlo.

—No han supuesto un problema. —dijo ella. —Gracias por el cuchillo.

—¿Lo has usado? —preguntó.

—No he matado a nadie. —aclaró ella, y él asintió con la cabeza.

—Pero has usado el cuchillo que te he dado. —dijo.

—Sólo para asustarlos un poco. —respondió ella.

—Lo habrías hecho. —no fue una pregunta, sino una afirmación.

—Tengo la perpetua, papá, ¿qué más da? —dijo ella, y escuchó un suspiro.

—Uno no es culpable hasta que se demuestre lo contrario. —respondió él. —Nunca sabes lo que puede pasar, Noa, pero no vale la pena matar a alguien de aquí y condenarte de verdad.

Ella suspiró y se frotó la cara. —De todos modos ya está, papá, he perdido y Austin ha ganado. —dijo ella rendida.

—Volverá a por Zayn ahora que no estás en su camino, y hará lo que quiera con él. —dijo. Ella apretó los puños y cerró los ojos con fuerza. No quería imaginárselo siquiera, Austin no debía acercarse a Zayn, si lo hacía haría lo que fuera para salir de ahí y acabar con Austin, si se enteraba de que su ex amigo le tocaba un solo pelo, lo mataría. Debería haberle disparado en cuanto tuvo la oportunidad de hacerlo.

—No voy a dejar que le toque un pelo. —dijo ella con la voz dura.

—¿Y qué vas a hacer para impedirlo? —dijo su padre, y ella se mordió los labios.

—Salir de aquí, tengo que salir de aquí. —dijo ella, la desesperación empezaba a invadirla, la ansiedad de protegerlo. ¿Las voces habían desaparecido? Porque ya no las escuchaba.

—Entonces aguanta y espera, no dejes que te derrumben, y no pienses jamás que no saldrás de aquí. —dijo él. —Y empieza a pensar, mañana probablemente te presenten a tu abogado.

Ella asintió con la cabeza y suspiró. Su abogado, aquel que tendría que salvarla de permanecer encerrada aquí el resto de sus días. Necesitaba un milagro, y ella no solía creer en ellos pero esa vez esperaba uno.
[Bueno baes, aquí os dejo el capitulo número 44 de "La chica nueva", espero que os haya gustado y siga habiendo +1, porque la gente deja de darle al botoncito :c ]

1 comentario:

  1. Dios cuanto he esperado este martes estaba en la técnica y no veía la hora de llegar rápido a casa para leerla LA AMO síguela quiero saber si Dios le hace el milagriitoo

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