Autora: Sandra M.P.
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—Buenos días. —dijo ella entrando en la habitación y viniendo hacia mí. —¿Bajas a desayunar? —dijo dulcemente. No estaba acostumbrado a que me prepararan el desayuno. Bueno, ni a dormir en una cama tan cómoda, ni a pasar la noche sin sexo... Ni a recibir afecto... Me agarró de la mano y me levantó. —Vamos. —dijo. —Seguro que tienes hambre, estás muy delgado. —dijo observándome con cierta molestia.
Asentí tímidamente. No me había fijado hasta ahora de que aún iba en pijama. —Y... ¿No comes? —pregunté.
Ella sonrió. —Ya he comido, sólo me he sentado para que no te sintieras incómodo. —dijo, y sentí un leve rubor en mis mejillas. —Luego bajo. Cuando termines puedes ir a ver la televisión. —dijo, y empezó a caminar, desapareciendo por el umbral de la cocina.
Empecé a comer, y vagamente pensé que se había ido para que me sintiera más cómodo y comiera tranquilo, lo cual agradecí, ya que me daba algo de vergüenza mi forma de comer en ese mismo instante.
—Wow. —dijeron a mis espaldas. Y me di la vuelta momentáneamente asustado. —Un hombre limpiando... ¿Dónde has estado toda mi vida? —dijo, y luego rió. Yo reí con ella.
—No quería que lo limpiaras tú después de todo lo que estás haciendo por mí. —dije.
Ella me sonrió, dejándome ver sus dientes impecables. —Ya lo estás haciendo. —dijo ella. Fruncí un poco el ceño, sin comprenderlo. —¿Qué quieres hacer? —me preguntó, dejando el otro tema. Prefería dejarlo así.
—No lo sé. —dije. De verdad no lo sabía. Estaba acostumbrado a ir del club a casa y de casa al club, no tenía tiempo para nada más.
—¿Te apetece ir al cine?, ¿zoo?, ¿parque...? —propuso. ¿Cine? ¿Zoo? ¿Parque? Hacía mucho tiempo que no iba a esos lugares. Años. Y no estaba listo para volver a hacerlo. No quería ni mencionarlos. Me recordaban al pasado. —Si quieres nos quedamos en casa. —dijo ella, mirándome con la cabeza torcida.
Sí, eso era exactamente lo que quería. Quería quedarme aquí con ella, y para siempre. Aunque sabía que eso era imposible.
***
Estaba sentado en el sillón, y ella tumbada en el sofá. Estaba muy concentrado en la película que estaban dando, se acercaba el final, y quería saber qué pasaba con los dos protagonistas.
¿Lo cojo o no lo cojo?
Suspiré, me armé de valor, me levanté del sofá y agarré el teléfono.
—¿Sí? —respondí a la llamada.
La línea se quedó en silencio. —Eh... ¿Leah? —dijo dudoso.
—Está durmiendo. —respondí, parecía idiota. No tendría que haber respondido.
—¿Quién eres? —preguntó después de unos segundos de silencio. ¿Qué digo? ¿Mi nombre? ¿Qué hago?
—Alguien. —respondí, antes de pensármelo siquiera. Maldecí por lo bajo.
—¿Me estás vacilando? —dijo.
Eh... En realidad, no. —No. —respondí.
—Oye, mira, quiero hablar con Leah. —dijo él.
—No ha dormido en toda la noche, ahora está durmiendo. —respondí.
—¿Qué? ¿Has pasado la noche con ella? Pero a ver, ¿tú quién coño eres?
—¿Un amigo con derecho? —preguntó.
—No. —negué. —Un amigo.
No sabía siquiera si habíamos pasado la fase de conocidos. ¿Ella me consideraba un amigo? —Cuando despierte quiero que me llame. —dijo severamente.
Me levanté del sofá y me acerqué a ella lentamente, sin hacer ruido. Aguanté la respiración, y me quedaban unos centímetros para rozar sus labios. —¿Qué haces?
Del susto caí de culo, y automáticamente me sonrojé a la vez que me ponía nervioso. Ella me miraba, esperando una respuesta. —Yo... Que-quería decirte que ha llamado alguien. —dije atropellándome con las palabras.
—¿Y por eso te acercabas tanto? —preguntó, como si no supiera nada, como si no supiera lo que iba a hacer en realidad.
—No... No quería despertarte con un grito ni nada. —dije, mirando a todas direcciones para no cruzarme con su mirada.
—¿Como la bella durmiente? —dijo con diversión.
—S... ¡No! —dije, sonrojándome, y muy alto para mi gusto. —No. —dije más bajo.
—¿Quién ha llamado? —cambió de tema repentinamente, para mi suerte.
Me encogí de hombros. —Ni idea. Sólo me ha dicho que lo llames cuando despiertes.
—Oh... Ya sé quién era entonces. —dijo con una sonrisa. Mi corazón se estrujó al verla sonreír de esa manera. Esa sonrisa la veía yo en las películas de amor... —Bueno, voy a llamarlo. —dijo con un pequeño tono de euforia mientras se levantaba rápidamente del sofá y se dirigía hacia el teléfono.
Me
desperté sudando y asustado. Ya era costumbre despertarse así.
Miré
a mi alrededor, intentando verificar mi ubicación. Una cama
matrimonial, iba vestido, olía a rosas... Leah.
Miré
a mi lado. No estaba, la cama está deshecha. Dormí con ella ayer.
Escuché
unos pasos acercándose a la habitación, la puerta se abrió y por
ella apareció Leah, sonriente. Automáticamente me relajé y toda la
tensión y el malestar abandonó mi cuerpo. Sonreí.
—Buenos días. —dijo ella entrando en la habitación y viniendo hacia mí. —¿Bajas a desayunar? —dijo dulcemente. No estaba acostumbrado a que me prepararan el desayuno. Bueno, ni a dormir en una cama tan cómoda, ni a pasar la noche sin sexo... Ni a recibir afecto... Me agarró de la mano y me levantó. —Vamos. —dijo. —Seguro que tienes hambre, estás muy delgado. —dijo observándome con cierta molestia.
Nunca
me había fijado hasta ahora. Parecía un muerto de hambre, y lo
cierto era que me moría de hambre. Bajamos por las escaleras y al
cruzar el umbral que dirigía, a lo que supuse que sería la cocina,
se me hizo la boca agua. Abrí mucho los ojos. Eso... Tenía muy
buena pinta. Creo que se me salieron las lágrimas de la emoción y
todo al ver tanta comida. Ella rió al ver mi cara. —Hay hambre,
¿eh? —Se burló. —Puedes comer todo lo que quieras. —dijo. Se
sentó y yo me quedé ahí, contemplando la comida y debatiéndome
entre si sentarme o no. —Vamos. —me incitó. Finalmente me senté
delante de ella. Me sentía tímido. No tenía unos excelentes
modales... Y ella parecía una chica bastante refinada, de la clase
alta. Y tenía tanta hambre... —No te cortes. —dijo ella. No
esperé más. Me serví una taza de chocolate, dos croissants, una
magdalena, una tostada y cereales. Ella me observaba, y por alguna
razón mis mejillas enrojecieron, sintiéndome tímido de repente.
Ella me sonrió. —Si quieres más puedes coger lo que quieras.
—dijo ella, y luego se levantó. —Iré a darme una ducha y a
vestirme.
Asentí tímidamente. No me había fijado hasta ahora de que aún iba en pijama. —Y... ¿No comes? —pregunté.
Ella sonrió. —Ya he comido, sólo me he sentado para que no te sintieras incómodo. —dijo, y sentí un leve rubor en mis mejillas. —Luego bajo. Cuando termines puedes ir a ver la televisión. —dijo, y empezó a caminar, desapareciendo por el umbral de la cocina.
Empecé a comer, y vagamente pensé que se había ido para que me sintiera más cómodo y comiera tranquilo, lo cual agradecí, ya que me daba algo de vergüenza mi forma de comer en ese mismo instante.
Tenía
la boca llena de chocolate y migas en mi escasa barba, que por cierto
tenía que afeitarme, ya que para algunos clientes no resultaba muy
atractiva.
Terminé
de comer, y me quedé muy a gusto y totalmente lleno. Estaba
delicioso. Ojalá todos los días fueran así, aunque de ser así
engordaría, y mucho.
Me
levanté y empecé a recoger mi plato, lo dejé en el fregadero y
empecé a limpiarlo.
—Wow. —dijeron a mis espaldas. Y me di la vuelta momentáneamente asustado. —Un hombre limpiando... ¿Dónde has estado toda mi vida? —dijo, y luego rió. Yo reí con ella.
—No quería que lo limpiaras tú después de todo lo que estás haciendo por mí. —dije.
—No
sé cómo pagártelo. —dije sinceramente.
Ella me sonrió, dejándome ver sus dientes impecables. —Ya lo estás haciendo. —dijo ella. Fruncí un poco el ceño, sin comprenderlo. —¿Qué quieres hacer? —me preguntó, dejando el otro tema. Prefería dejarlo así.
—No lo sé. —dije. De verdad no lo sabía. Estaba acostumbrado a ir del club a casa y de casa al club, no tenía tiempo para nada más.
—¿Te apetece ir al cine?, ¿zoo?, ¿parque...? —propuso. ¿Cine? ¿Zoo? ¿Parque? Hacía mucho tiempo que no iba a esos lugares. Años. Y no estaba listo para volver a hacerlo. No quería ni mencionarlos. Me recordaban al pasado. —Si quieres nos quedamos en casa. —dijo ella, mirándome con la cabeza torcida.
Sí, eso era exactamente lo que quería. Quería quedarme aquí con ella, y para siempre. Aunque sabía que eso era imposible.
Asentí
con la cabeza y ella medio-sonrió.
***
Estaba sentado en el sillón, y ella tumbada en el sofá. Estaba muy concentrado en la película que estaban dando, se acercaba el final, y quería saber qué pasaba con los dos protagonistas.
Terminó,
de una forma bastante esperada para mi gusto. Estaba claro que ellos
dos acabarían juntos. Sonreí y la miré, dormía.
¿Dormía?
No hacía nada que acabábamos de despertar... Igual... Ella no había
dormido.
Me
sentí algo halagado al pensar eso, importante, en un pequeño estado
de euforia.
Decidí
no despertarla, y que siguiera durmiendo, pero al parecer, quien
llamaba no pensaba lo mismo. El teléfono empezó a sonar, y a sonar,
y a sonar... Y ella tenía el sueño bastante profundo por lo que
podía ver.
¿Lo cojo o no lo cojo?
Suspiré, me armé de valor, me levanté del sofá y agarré el teléfono.
—¿Sí? —respondí a la llamada.
La línea se quedó en silencio. —Eh... ¿Leah? —dijo dudoso.
—Está durmiendo. —respondí, parecía idiota. No tendría que haber respondido.
—¿Quién eres? —preguntó después de unos segundos de silencio. ¿Qué digo? ¿Mi nombre? ¿Qué hago?
—Alguien. —respondí, antes de pensármelo siquiera. Maldecí por lo bajo.
—¿Me estás vacilando? —dijo.
Eh... En realidad, no. —No. —respondí.
—Oye, mira, quiero hablar con Leah. —dijo él.
—No ha dormido en toda la noche, ahora está durmiendo. —respondí.
—¿Qué? ¿Has pasado la noche con ella? Pero a ver, ¿tú quién coño eres?
Bien
hecho, doce, tú métele más leña al fuego. Me maldije por lo bajo.
—Soy un amigo. —respondí.
—¿Un amigo con derecho? —preguntó.
Ojalá.
¿Qué?
No...
Sí... ¿Sí? ¡Qué va!
—No. —negué. —Un amigo.
No sabía siquiera si habíamos pasado la fase de conocidos. ¿Ella me consideraba un amigo? —Cuando despierte quiero que me llame. —dijo severamente.
—Está
bien. —dije. Y la llamada se cortó.
Joder.
Qué mal rato. Volví de nuevo a sentarme y miré hacia Leah. Dormía,
aún.
Suspiré
y me debatí internamente, entre despertarla y decirle que había
llamado alguien, cuyo nombre no tenía ni idea.
—Já.
Que estaba yo para preguntarle el nombre.— O...
Moría
por probar sus labios de nuevo, porque me tocara de nuevo, por que me
hiciera sentir como aquella vez... Fue... Fue algo indescriptible...
Algo nuevo... Algo que nunca había sentido antes... No sabía lo que
era... Pero quería más.
Me levanté del sofá y me acerqué a ella lentamente, sin hacer ruido. Aguanté la respiración, y me quedaban unos centímetros para rozar sus labios. —¿Qué haces?
Del susto caí de culo, y automáticamente me sonrojé a la vez que me ponía nervioso. Ella me miraba, esperando una respuesta. —Yo... Que-quería decirte que ha llamado alguien. —dije atropellándome con las palabras.
—¿Y por eso te acercabas tanto? —preguntó, como si no supiera nada, como si no supiera lo que iba a hacer en realidad.
—No... No quería despertarte con un grito ni nada. —dije, mirando a todas direcciones para no cruzarme con su mirada.
—¿Como la bella durmiente? —dijo con diversión.
—S... ¡No! —dije, sonrojándome, y muy alto para mi gusto. —No. —dije más bajo.
—¿Quién ha llamado? —cambió de tema repentinamente, para mi suerte.
Me encogí de hombros. —Ni idea. Sólo me ha dicho que lo llames cuando despiertes.
—Oh... Ya sé quién era entonces. —dijo con una sonrisa. Mi corazón se estrujó al verla sonreír de esa manera. Esa sonrisa la veía yo en las películas de amor... —Bueno, voy a llamarlo. —dijo con un pequeño tono de euforia mientras se levantaba rápidamente del sofá y se dirigía hacia el teléfono.
Demasiado
bueno para ser verdad.
[Bueno, baes, he pensado que como esta novela sólo la subo un día a la semana, podría subirla también el domingo ahora que he acabado de subir dos novelas, y también subiré de nuevo "BAD Girl" :) ]


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