lunes, 5 de octubre de 2015

BDSM | Zayn Malik - Capitulo 22

Autora: Sandra M.P.

NO COPYRIGHT. | BDSM

—Señorita Willa, su padre ha venido a verla. —Amélia se asomó por el umbral de la puerta del salón.

Suspiré. Era obvio que pasaría. Mi padre no era de quedarse de brazos cruzados.

Que pase. —dije. Sabía que entraría de todos modos.

Hija. —mi padre entró y me miró, y luego a Zayn, y otra vez a mí.

¿Qué quieres? —dije sin moverme.

Te he llamado.

Ya. —respondí secamente.

¿Por qué no lo has cogido? —lo preguntó, aunque la respuesta era evidente. Suspiró y miró a Zayn. —Déjanos a solas. —dijo. Espera, ¿se lo ordenó?

Mejor me voy. —murmuró Zayn en voz baja.

No. —negué yo agarrándolo del brazo para que no se levantara. Me levanté yo y me coloqué delante de mi padre. —El único que tiene que irse aquí eres tú, y no tienes ningún derecho a ordenarle nada. —dije seriamente.

Cariño, quiero hablar contigo. —dijo más suavemente.

¿Hablar? —reí con cierta ironía. —¿Y crees que esta es la forma, papá?

No. —suspiró y miró a Zayn. —Lo siento. —dijo, y Zayn asintió con la cabeza y bajó la mirada. —Y siento mucho lo que hice, pero necesitaba ese papel firmado, y a Louis le gustabas mucho.

Ya, y me vendiste por un papel. —dije, y él abrió la boca para hablar, pero al ver que no tenía nada la cerró.

Lo siento. —suspiró. —Es lo único que puedo decirte... —miró a Zayn, quien estaba incómodo, sentado en el sofá. —Y a ti también te debo una disculpa... Lo siento mucho, Zayn.

Yo... Señor, no...

Llámame Harry, hijo. —lo interrumpió rápidamente.

Está bien, Harry. —dijo, un tanto incómodo y sonrojado.

Bueno, ¿y ahora qué? No podía seguir enfadada con él para siempre. Y al menos ha dejado su orgullo de lado para venir a disculparse.

Está bien, papá. —dije yo seria.

¿Estoy perdonado entonces? —preguntó.

Suspiré. —Sí. Pero con una condición. —añadí.

¿Qué condición?

No más cenas, ni comidas, ni fiestas, ni nada relacionado con tu trabajo durante un mes. —dije.

Una semana. —regateó.

Dos meses o nada. —dije, y se mordió los labios.

Hecho. —añadió a regañadientes. Alargué la mano y la sacudió. —Estoy orgulloso de ti, Willa. —sonrió, y yo le sonreí de vuelta. —Tal vez si no quieres ser modelo, puedas ser empresaria. —dijo.

Sonreí. —Prefiero mi vida como está ahora.

Sin hacer nada, ¿no?

Exacto. —sonreí.

¿Y tú a qué te dedicas, Zayn? —le preguntó amablemente.

Estudio. —respondió. —Hum... Pero hace unos días que no voy. —dijo, con algo de preocupación.

¿Habéis estado juntos, no? —asentí con la cabeza y me senté junto a Zayn de nuevo. Mi padre me sonrió. —Realmente me alegra de que hayas encontrado por fin a alguien, Willa. —Y Zayn parece un buen chico. —añadió mirándolo, y logrando que Zayn sonriera levemente. —Bueno, chicos, me tengo que ir. —dijo. Se acercó a mí y plantó un beso en mi mejilla. Zayn se levantó y le ofreció la mano, se la estrechó y le sonrió. —Espero que algún día vengáis a cenar a casa. —dijo, y le sonreí.


Se fue y nos dejó a Zayn y a mí en el salón. Zayn volvió a sentarse junto a mí y lo miré. Se sonrojó y sonrió. —Tu padre es simpático. —dijo, y yo sonreí.

Bueno, espero que algún día vayamos a cenar con él entonces. —dije acariciando su mejilla. Sonrió y me besó.

Espero que esto nunca termine. —dijo él.

***

Señorita Willa. —Amélia entró por la puerta sujetando el teléfono.

Fruncí el ceño. Nunca nadie llamaba al fijo, siempre me llamaban al móvil. —¿Quién es? —pregunté, y ella se encogió de hombros.

No ha querido decírmelo, pero ha insistido en hablar contigo. —me dijo.

¿Sí? —respondí.

Willa. —esa voz...

¿Liam?

El mismo.

¿Qué quieres? Hacía mucho que no hablábamos, de hecho, no pensé en volver a hacerlo. —dije yo.

He visto tu Twitter. —dijo. —¿Qué ha pasado?

Miré a mis lados. Menos mal que Zayn se estaba duchando. —Que tengo novio.

¿Desde cuándo? ¿Qué ha pasado con la dominante que conocí? Mi dominante. —dijo, haciendo que me estremeciera.

Yo ya no soy tu dominante, Liam. —dije.

¿Y él?

—Él es mi sumiso. —dije. —Y novio. —añadí.

Rió. —¿Sumiso? No me llega ni a la suela de los zapatos.

Apreté la mandíbula. —Tú nunca serás como él, Liam. —le dije.

No, gracias, prefiero ser yo. —dijo burlonamente. —¿Qué ha pasado con tu buen gusto, Willa? Te gustaban los musculosos, como yo.

Puede que no tenga tanto músculo como tú, pero no lo necesita, créeme. Él es perfecto así como es. —dije seriamente.

Escuché una leve risa burlona. —¿Es tan buen sumiso como yo?

Mejor. —dije, y no mentía. Zayn era el mejor sumiso que había tenido.

Rió. —Dudo que tenga tanta resistencia como yo. ¿Recuerdas cómo me castigabas? —rió. —Te encantaba hacerlo. —susurró oscuramente. —Él no aguantaría un castigo como los que me imponías a mí.

No necesito castigarlo. —lo reté.

Entonces no cumple con tus requisitos, ¿recuerdas?

Eso ya no importa. Cumple otros. —dije yo.

Te gusta sentirte poderosa, Willa, y lo sabes. Necesitas castigarlo. Lo quieres, quieres verlo retorcerse, te encanta hacerlo, como hacías conmigo. —murmuró. —Si quieres a un sumiso de verdad, ya sabes dónde encontrarme, estaré preparado para todo lo que quieras hacer conmigo. —dijo, y la llamada se cortó.

Me alejé el teléfono de la oreja y lo observé. Liam fue uno de mis mejores sumisos, por no decir el mejor. Soportaba todos mis castigos, hiciera lo que hiciera, con él podía ser la más extrema, como no puedo ser con Zayn. Pero no me importa, porque no lo necesito.

Amélia. —la llamé.

¿Sí, señorita? —dijo viniendo hacia mí.

Si vuelve a llamar este número, cuelga, no quiero volver a hablar con él. —dije seriamente mientras le entregaba el teléfono.

Por supuesto, señorita. —dijo agarrando el teléfono y desapareciendo por el umbral de la puerta.
Subí las escaleras y entré en mi habitación.


Zayn, ¿ya has terminado? —dije alzando la voz para que me escuchara.

Sí. —respondió desde el baño, y salió envuelto en una toalla, que colgaba de su cintura.

Bueno, pues voy yo, puedes esperarme abajo. —dije sin mirarlo mientras cogía mi ropa.

¿Podemos ir al salón de juegos? —me preguntó.

Parpadeé sorprendida y lo miré. —¿Al salón de juegos? —dije sin poder ocultar mi sorpresa.

Asintió tímidamente con la cabeza. —¿Qué es... Lo más extremo que has hecho? —preguntó.

Pues... —me lo pensé. Lo más extremo que había hecho había sido con Liam...

¿Por qué lo preguntas? —pregunté frunciendo el ceño.

Se sonrojó. —Quiero ver cuánto puedo aguantar. —murmuró.

Pero no hace falta ir a por lo más extremo, Zayn, sé cuáles son tus límites. —dije. Él no aguantaría tanto como Liam.

Quiero hacerlo. —insistió. —¿Qué es lo más extremo que has hecho?

Electricidad. —dije. —Electrohocks, dildos eléctricos... No he llegado a usar fuego, ni agujas... Eso es asqueroso. Y tampoco cuchillas para cortarle la piel a nadie. —dije haciendo una mueca. Había cosas que hacían los sádicos, a los que les gustaba ver sangre, y yo no era de esas.

¿Y duele mucho? —torcí la boca.

Sólo lo uso como castigo. —dije.

¿Y... Me castigarías así?

No. —negué seriamente.

¿Por qué? —preguntó.

Porque no quiero hacerte daño. —dije yo.

¿Y si quiero que me hagas daño? —dijo él, y yo apreté la mandíbula. ¿A qué venía esto? Él mismo me había dicho que no quería que le hiciera daño.

¿A qué viene esto, Zayn?

Quiero ver qué se siente. —me dijo.

No es necesario que lo sientas, Zayn. —dije yo.

Pero quiero, ¿por qué no quieres? ¿Crees que no voy a poder aguantar?

Gruñí, empezando a perder la paciencia. —Sí, Zayn, lo creo, lo sé. No soportarías el dolor. —dije explotando. La conversación con Liam y ahora esto.

¡Sí que lo soportaría! —me gritó. —¿Me estás diciendo que no soy como tus demás sumisos?, ¿que soy inferior?

Parpadeé y me pasé las manos por la cara, frustrada. —No, Zayn, no he dicho eso. Sólo he dicho que tu cuerpo no lo soportaría.

Eso no lo sabes. —me retó él.

¡Por el amor de Dios, Zayn! —le grité. —Si ya te cuesta soportar lo que hago, no puedes evitar correrte. —exclamé, rezando internamente para que Luke no lo hubiera escuchado.

¡Te demostraré que puedo! —me gritó.

No. —negué, dejando de gritar. Era una pelea absurda.

No confías en mí. —dijo, herido.

¡No quiero hacerte daño, joder! —grité, y mi grito resonó por toda la casa.

Me dijiste que me harías lo que quisiera. —siguió insistiendo. —Y quiero que lo hagas, quiero que seas dura conmigo, ¡quiero que me trates como a los demás!

Grité, explotando. —¿Eso quieres? —le grité. —¡Pues tú lo has querido!

[ :'( Zayn, bebito, no.]

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Flying Angel HeartFlying Angel HeartFlying Angel HeartFlying Angel Heart Flying Angel HeartFlying Angel HeartFlying Angel Heart