Autora: Sandra M.P.
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—Hola, amor. —dijo feliz.
No sé en qué momento se me nubló la vista, y me sentí idiota al pensar que ella querría algo más conmigo, con alguien que no valía la pena, porque ya había sido probado por todos. Mi labio empezó a temblar, y me sentía idiota al seguir ahí. No quería.
Leah:
—Lo sé, cariño. —dije soltando una risa.
—¿Y no te ha...? —empezó a decir.
—No. —negué cansada. —Tú eres el único que tiene lugar dentro de mí. —dije, y escuché su preciosa risa por el otro lado del teléfono.
—Te amo, preciosa. —dijo.
—Te amo. —respondí igual.
Una puerta cerrándose de golpe me sobresaltó e hizo que casi se me cayera el teléfono al suelo. ¿Zayn?
—¿Leah? —dijeron.
Miré a mi alrededor. —Eh... Sí, sí, estoy aquí.
No... ¿No será que...? Mierda, ¡Zayn!
Zayn:
Corría calle abajo, no sabía dónde estaba, pero quería llegar rápido a casa, cuanto antes. La gente me miraba raro, como con lástima, y algunos con indiferencia o incluso burla. Y es que tenía la vista nublada por las lágrimas, y la cara empapada de ellas.
Leah:
—¿Ashton? —dije. —¿Ashton, eres tú?
—¿Ssseeeii? —respondió por la otra línea.
Suspiré. —¡Joder, Ashton! —exclamé.
—Eh... Quee dueelee. —dijo. Colgué.
Otra vez borracho. Mierda, necesitaba encontrar a Zayn, y ya.
Zayn:
Estaba anocheciendo, y yo seguía dando vueltas. ¿Tan lejos estábamos? ¿Dónde estaba? Yo no conocía este lugar.
—¡Cogedlo! —escuché que gritaban.
Corrí, corrí lo más deprisa que podía, sin rumbo e intentando no chocar con nada.
—Ah. —gemí de dolor.
—Intentabas escapar, ¿eh? —dijo el chico, con burla en la voz.
—¿Qué queréis? —dije al ver que eran dos chicos. —No tengo dinero. —dije. Era verdad.
—¿Quién te ha dicho que fuéramos ladrones? —se burló el otro, de tal manera que hizo que me estremeciera.
Tragué saliva. —¿Qué... Q-qué queréis? —dije temblequeando.
Ambos se rieron en mi cara, y escenas de mi pasado aparecieron en mi mente, haciendo que el miedo me alertara y me recorriera de arriba a abajo. —Eres muy ingenuo. —dijo el que me tenía agarrado del pelo, burlándose.
—Chicos, por favor, no hagáis esto. —pedí, intentando mantener la calma y los nervios.
Recibí una bofetada por parte del otro y me lamieron la cara. —relájate, si lo vas a disfrutar. —dijo el que no me estaba sujetando. Entre los dos me acorralaron contra una pared, no había nadie, por lo cual me acorralaron en medio de la calle.
—No. —dije cuando sentí una mano firme apretar fuertemente mi miembro. —¡Suéltame! —grité intentando soltarme de nuevo. —¡Ayuda! —grité, y recibí un puñetazo en la mandíbula, tan fuerte que me dejó mareado. Todo daba vueltas.
—Maldito imbécil, nadie va a ayudarte aquí. —dijo el chico mientras se la sacaba y empezaba a masturbarse delante de mí. —Ponte de rodillas. —me ordenó. Negué con la cabeza, asustado y con los ojos húmedos. El chico rió e hizo un gesto, al poco rato ya estaba de rodillas en el suelo. —Vamos, no lo hagas más difícil y abre la boca. —dijo agitando su miembro delante de mi cara. Hice una mueca de asco y giré la cara. Restregó su miembro contra mi mejilla y me eché hacia atrás. —Está bien. —dijo. Y por un momento pensé que me dejarían ir... Por un momento.
Me giraron bruscamente y uno de ellos me inmovilizó con las manos en la nuca y la mejilla contra la pared. Las piernas abiertas.
—¡Eh! —gritó alguien. El chico que me penetraba me soltó, al igual que el que me tenía inmovilizado. Escuché los pasos, corriendo, huyendo. Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano y me subí los pantalones. Un chico de ojos marrones y pelo castaño corrió hacia mí y se arrodilló a mi lado. Tenía ojos amables. —¿Estás bien? —preguntó preocupado. Asentí con la cabeza y me abracé a mí mismo. —Hay que tener mucho cuidado por aquí, y más de noche. —me advirtió. Asentí con la cabeza de nuevo, incapaz de articular palabra. ¿Por qué no me habría quedado con Leah? —¿Dónde vives? —me preguntó.
—Bradford. —fue lo único que respondí.
Abrió los ojos como platos. —Eso está muy lejos. —dijo sorprendido. Con razón no sabía dónde estaba entonces. Nunca había salido de Bradford... Bueno... Desde que me mudé. —Pero no voy a dejarte aquí. —aclaró. —Puedes quedarte en mi casa si quieres, hasta que amanezca y sea más seguro. —dijo.
Asentí con la cabeza y me ofreció la mano para ayudarme a levantarme. —Gracias. —susurré.
Medio-sonrió. —Vamos.
Leah:
Caminaba nerviosamente de un lado a otro.
—Vamos, vamos... —susurré mientras esperaba a que lo cogiera o saltara el contestador.
—¿Sí? —respondieron por el otro lado de la línea.
—¡Niall! —exclamé, aliviada. —Necesito tu ayuda, por favor. —supliqué.
—Hey, ¿qué pasa? —se notaba más extrañeza que preocupación en su voz, y es que yo nunca le había pedido ayuda a nadie, ya que era hija de un empresario y ni la necesitaba, pero para esto, para esto era distinto.
—Niall, verás, necesito tu ayuda. —pedí, preocupada. —Ven cuanto antes, tengo que encontrar a alguien.
—¿Qué? ¡No soy un matón! —exclamó.
Gruñí. —No es para eso.
—Oh... Voy. —dijo, y cortó.
Zayn me preocupaba más de lo que yo pensaba.
Lo
sabía...
No
sé qué fue, pero muy en mi interior fui capaz de escuchar algo
romperse al escucharla.
—Hola, amor. —dijo feliz.
No sé en qué momento se me nubló la vista, y me sentí idiota al pensar que ella querría algo más conmigo, con alguien que no valía la pena, porque ya había sido probado por todos. Mi labio empezó a temblar, y me sentía idiota al seguir ahí. No quería.
Anduve
hasta arriba, dispuesto a vestirme con la ropa que ella me había
comprado, y me dispuse a irme de allí. Había sido maravilloso estar
allí, en su compañía, porque me sentía completo, feliz, relajado
y amado. Pero ahora... Ahora no sentía nada. Y con nada me refería
a absolutamente nada.
Leah:
—Lo sé, cariño. —dije soltando una risa.
—¿Y no te ha...? —empezó a decir.
—No. —negué cansada. —Tú eres el único que tiene lugar dentro de mí. —dije, y escuché su preciosa risa por el otro lado del teléfono.
—Te amo, preciosa. —dijo.
—Te amo. —respondí igual.
Una puerta cerrándose de golpe me sobresaltó e hizo que casi se me cayera el teléfono al suelo. ¿Zayn?
—¿Leah? —dijeron.
Miré a mi alrededor. —Eh... Sí, sí, estoy aquí.
¿Eso
había sido la puerta de entrada?
—Más
tarde te llamo. —dije, y corté. Empecé a andar, mirando a todos
lados. —¿Zayn? —dije, esperando a que dijera algo.
No... ¿No será que...? Mierda, ¡Zayn!
Zayn:
Corría calle abajo, no sabía dónde estaba, pero quería llegar rápido a casa, cuanto antes. La gente me miraba raro, como con lástima, y algunos con indiferencia o incluso burla. Y es que tenía la vista nublada por las lágrimas, y la cara empapada de ellas.
Para
empeorarme más el día, tropecé, torciéndome el tobillo y cayendo
directo encima de un charco, de rodillas.
Mordí
mi labio ante el dolor. Y no, nadie se acercó a ayudarme, y algunas
personas pasaban riéndose de mí, pero no hacían nada. Con la poca
dignidad que me quedaba, me levanté y empecé a andar de nuevo, con
el tobillo doliéndome a horrores, y sin saber a dónde ir.
Leah:
—¿Ashton? —dije. —¿Ashton, eres tú?
—¿Ssseeeii? —respondió por la otra línea.
Mierda.
¡Otra vez!
Suspiré. —¡Joder, Ashton! —exclamé.
—Eh... Quee dueelee. —dijo. Colgué.
Otra vez borracho. Mierda, necesitaba encontrar a Zayn, y ya.
Daba
vueltas de un lado a otro, con el teléfono en la mano. Había
buscado a Zayn por toda la casa. Por toda. Pero no estaba.
Mierda,
Zayn...
Había
malinterpretado las cosas, seguro. Él pensó que... Que yo... ¿Que
lo amaba? Sólo me preocupaba por él, sólo quería ayudarlo, nada
más. Yo... Yo tenía una vida con otra persona. Los besos... Las
carícias... Cuando yo... ¡Mierda! ¡Claro que lo malinterpretó!
Golpeé
la pared con el puño y me cubrí la cara con las manos. Sólo quería
que se sintiera mejor... Sólo quería que se sintiera bien... Y
sabía que esa era la mejor forma... Pero jamás pensé que acabaría
así.
Zayn:
Estaba anocheciendo, y yo seguía dando vueltas. ¿Tan lejos estábamos? ¿Dónde estaba? Yo no conocía este lugar.
Las
luces de las farolas se encendieron, quedaba poco para que
oscureciera, y para que la luna brillara.
Respiré,
y el aire salió blanquecino de mis labios a causa del frío.
Hacía
mucho frío, y me rodeé con los brazos mientras seguía andando.
Escuché
pasos detrás de mí, y me giré, pero no había nadie.
Igual...
Igual había sido el viento.
Seguí
andando, y volví a escuchar los pasos. Tragué saliva y seguí
andando, como si no hubiera escuchado nada. Esos pasos se acercan
cada vez más. Empecé a ponerme nervioso y eché a correr.
—¡Cogedlo! —escuché que gritaban.
Corrí, corrí lo más deprisa que podía, sin rumbo e intentando no chocar con nada.
Un
fuerte tirón en el pelo hizo que cerrara los ojos con fuerza y
cayera de culo hacia atrás.
—Ah. —gemí de dolor.
—Intentabas escapar, ¿eh? —dijo el chico, con burla en la voz.
—¿Qué queréis? —dije al ver que eran dos chicos. —No tengo dinero. —dije. Era verdad.
—¿Quién te ha dicho que fuéramos ladrones? —se burló el otro, de tal manera que hizo que me estremeciera.
Tragué saliva. —¿Qué... Q-qué queréis? —dije temblequeando.
Ambos se rieron en mi cara, y escenas de mi pasado aparecieron en mi mente, haciendo que el miedo me alertara y me recorriera de arriba a abajo. —Eres muy ingenuo. —dijo el que me tenía agarrado del pelo, burlándose.
—Chicos, por favor, no hagáis esto. —pedí, intentando mantener la calma y los nervios.
Rieron
de nuevo, y el que me sujetaba me puso de pie de un tirón en el
pelo. Cerré los ojos con fuerza al sentir su mano colándose
bruscamente bajo mi camiseta. Otra vez... Otra vez... Otra vez no.
—Chicos, por favor. —Pedí, conteniendo las lágrimas.
Recibí una bofetada por parte del otro y me lamieron la cara. —relájate, si lo vas a disfrutar. —dijo el que no me estaba sujetando. Entre los dos me acorralaron contra una pared, no había nadie, por lo cual me acorralaron en medio de la calle.
Me
sujetaron las manos por encima de la cabeza y el otro se agachó y
empezó a desabrochar mis pantalones. Forcejeé y recibí un golpe en
los bajos. —Quieto. —me advirtió mientras yo me encogía de
dolor.
—No. —dije cuando sentí una mano firme apretar fuertemente mi miembro. —¡Suéltame! —grité intentando soltarme de nuevo. —¡Ayuda! —grité, y recibí un puñetazo en la mandíbula, tan fuerte que me dejó mareado. Todo daba vueltas.
—Maldito imbécil, nadie va a ayudarte aquí. —dijo el chico mientras se la sacaba y empezaba a masturbarse delante de mí. —Ponte de rodillas. —me ordenó. Negué con la cabeza, asustado y con los ojos húmedos. El chico rió e hizo un gesto, al poco rato ya estaba de rodillas en el suelo. —Vamos, no lo hagas más difícil y abre la boca. —dijo agitando su miembro delante de mi cara. Hice una mueca de asco y giré la cara. Restregó su miembro contra mi mejilla y me eché hacia atrás. —Está bien. —dijo. Y por un momento pensé que me dejarían ir... Por un momento.
Me giraron bruscamente y uno de ellos me inmovilizó con las manos en la nuca y la mejilla contra la pared. Las piernas abiertas.
Una
fuerte embestida hizo que gritara de dolor. Eso me había destrozado.
Tanto tiempo... Y otra vez humillado.
Entraba
fuertemente, y sentía su humedad en mi interior. Repugnante. Y
rezaba internamente por morirme o que me soltaran, a estas alturas me
daba lo mismo.
—¡Eh! —gritó alguien. El chico que me penetraba me soltó, al igual que el que me tenía inmovilizado. Escuché los pasos, corriendo, huyendo. Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano y me subí los pantalones. Un chico de ojos marrones y pelo castaño corrió hacia mí y se arrodilló a mi lado. Tenía ojos amables. —¿Estás bien? —preguntó preocupado. Asentí con la cabeza y me abracé a mí mismo. —Hay que tener mucho cuidado por aquí, y más de noche. —me advirtió. Asentí con la cabeza de nuevo, incapaz de articular palabra. ¿Por qué no me habría quedado con Leah? —¿Dónde vives? —me preguntó.
—Bradford. —fue lo único que respondí.
Abrió los ojos como platos. —Eso está muy lejos. —dijo sorprendido. Con razón no sabía dónde estaba entonces. Nunca había salido de Bradford... Bueno... Desde que me mudé. —Pero no voy a dejarte aquí. —aclaró. —Puedes quedarte en mi casa si quieres, hasta que amanezca y sea más seguro. —dijo.
Asentí con la cabeza y me ofreció la mano para ayudarme a levantarme. —Gracias. —susurré.
Medio-sonrió. —Vamos.
Leah:
Caminaba nerviosamente de un lado a otro.
Joder,
joder, Zayn. ¿Por qué? Bufé y volví a llamar, probando suerte, a
otro de mis amigos de confianza.
—Vamos, vamos... —susurré mientras esperaba a que lo cogiera o saltara el contestador.
—¿Sí? —respondieron por el otro lado de la línea.
—¡Niall! —exclamé, aliviada. —Necesito tu ayuda, por favor. —supliqué.
—Hey, ¿qué pasa? —se notaba más extrañeza que preocupación en su voz, y es que yo nunca le había pedido ayuda a nadie, ya que era hija de un empresario y ni la necesitaba, pero para esto, para esto era distinto.
—Niall, verás, necesito tu ayuda. —pedí, preocupada. —Ven cuanto antes, tengo que encontrar a alguien.
—¿Qué? ¡No soy un matón! —exclamó.
Gruñí. —No es para eso.
—Oh... Voy. —dijo, y cortó.
Zayn me preocupaba más de lo que yo pensaba.
[Un +1 es un cuchillo al ano del que ha violado a Zayn :) ]


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