Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT.
Abrió los ojos y se fijó en que la vista le pesaba, y aquella era una habitación completamente desconocida para él. Intentó moverse, pero algo se lo impedía. Él estaba atado de pies y manos, y apenas tenía fuerzas para moverse, de haber estado como siempre podría arrastrarse, pero estaba demasiado débil. Aquel lugar era oscuro, las paredes eran blancas y estaban desgastadas, se caían a pedazos. El suelo era de moqueta, una moqueta gris llena de polvo, y lo comprobó al moverse un poco, éste saltó al aire y tosió levemente.
La puerta se abrió, y un rostro conocido apareció por ésta, fue entonces cuando recordó lo que pasó, y por qué estaba aquí exactamente. —Por fin has despertado. —dijo él. —¿Sabes? Cuando te vi por primera vez no estabas tan delgado.
Cuando le pidió la hora la primera vez que lo vio, él estaba bien, sin embargo, no comprendía qué hacía él aquí, y por qué Austin lo había traído. —¿Qué hago aquí? —preguntó débilmente, y Austin sonrió.
—Te he estado observando durante mucho tiempo, Zayn, eres lo que queríamos. —dijo son una sonrisa en su rostro. Zayn frunció el ceño. Él no comprendía nada. ¿Por qué lo observaba a él? ¿Por qué lo necesitaban a él, si no era nada?
—¿Qué? —murmuró, y Austin asintió con la cabeza.
—Verás, como algo mantenía un poco distraída a una de mis trabajadoras, me dispuse a averiguar lo que era, y entonces me enteré de que eras tú. —explicó. Zayn seguía sin entender nada. —La verdad, no comprendo cómo fuiste tanta... Distracción, supongo que se encaprichó. —dio una pequeña palmada mientras sonreía. —Pero gracias a ella, te encontré.
—¿De qué me conoces? ¿Quién es ella? —preguntó, asustándose más por momentos. Parecía un maníaco, ¿y si estaba loco y quería hacerle daño? Él debería estar en el instituto, no aquí hablando con un desconocido.
—Noa Wilson. —y como si aquellas palabras fueran una contraseña, su corazón dejó de latir y sintió su vista nublarse.
—No-Noa. —susurró, y parpadeó. —¿Dónde está? ¿Dónde está? Quiero verla. —toda aquella esperanza desaparecida durante meses volvió, con ansiedad. Él necesitaba verla. La odiaba, la odiaba con todo su ser pero necesitaba verla, necesitaba su presencia, sus besos y sus abrazos, necesitaba escuchar su voz de nuevo.
Austin sonrió, aquella sonrisa le heló los huesos. Aquella persona que calificó como alguien amable y simpático, era todo lo contrario. Austin era una víbora mentirosa y sin compasión, Austin, era Satanás, y tenía a un ángel en sus manos, un ángel que no dudaría en destrozar. —No vas a verla. —dijo fríamente. —Ella te odia. —mintió, y Zayn tragó saliva. —Ella y yo hemos pasado unas buenas noches juntos. —su corazón, aquel del cual empezaba a dudar de su existencia, se partió. —¿No te das cuenta de que ha jugado contigo?
Su respiración se agitó, el llanto estaba por venir. —Eso... Eso es mentira. —dijo como pudo. No, él jamás fue un juego, ella sólo estaba confundida, ella sólo tenía miedo de enamorarse, ella lo quería como él lo hacía. —¡Mientes! —le gritó, con tristeza y negación, saliendo como furia. Él se negaba a que ella se hubiera acostado con semejante monstruo.
—No. —negó con tranquilidad. —No miento. Ella no está enamorada de ti, Zayn. —dijo, partiéndole el corazón una vez más.
La puerta se abrió, y por ella entró un hombre con un gorro negro. —Austin, Brandom ha llegado. —dijo, y Austin sonrió.
—Dile que ahora sale. —dijo, y el hombre cerró la puerta dando un asentimiento de cabeza. La mirada de Austin se posó sobre Zayn una vez más, todavía con aquella sonrisa de maníaco en la cara. Él ganaría mucho dinero con aquel ángel. —Vamos, te voy a presentar a tu dueño, angelito. —dijo con maldad.
Zayn parpadeó. "Angelito."
«De donde yo vengo, todos querrían tenerte.»
«Porque buscan lo distinto, exótico. De donde yo vengo, todos son... Mala gente, tú serías un angelito dentro de un infierno.»
«Amiga íntima de Satanás.»
«No has dado tu primer beso aún, no quiero ensuciarte, angelito.»
"Angelito."
Todo encajó. —Satanás. —susurró, y Austin le miró mal y apretó la mandíbula.
—Cállate. —le ladró, y Zayn tembló. Ella no podía haber jugado con él, de haberlo hecho... De haberlo hecho no le habría advertido de aquello. Se encaprichó con él, ¿lo hizo? Cuando ella recibía llamadas... Ella estaba con él. ¿Y si realmente lo hizo? Lo arrastró fuera de aquella sala, todavía atado, no le supuso un gran esfuerzo arrastrarlo debido a su poco peso. ¿Por qué lo abandonó? Un hombre con una especie de bata gigante se encontraba sentado en un sofá tranquilamente, y al verlos se levantó, sonriendo. —Aquí lo tienes, Brandom. —dijo. Se refería a él.
El hombre, el cual le sacaba varias cabezas, se acercó y lo agarró de la cara, examinándolo, y se le quedó mirando fijamente a los ojos. Zayn parpadeó y apartó la mirada, intimidado. —Bien, es perfecto. —halagó. —Un poco delgado, pero perfecto. Has hecho un gran trabajo.
—Me alegra de que te haya gustado el ejemplar, ha sido difícil de conseguir, no quedan muchos tan inocentes, ¿sabes? —dijo Austin con seriedad. —Me gustaría que me pagaras antes de que te lo entregue.
—No tengo el dinero, Austin, debo entregárselo al comprador antes de recibir el pago. —dijo el hombre. Zayn temblaba entre los brazos de Austin. Iban a venderlo como si se tratara de un cachorrito, con dueño. Ahora, ya no sería una persona libre.
—Pues déjame hablar con el comprador. —dijo Austin con tranquilidad. A pesar de que parecía joven, y estaba seguro de que lo era, dominaba completamente la situación.
—Me temo que es imposible. —dijo el hombre de la gran bata.
—No hay problema. —Austin sacó una pistola y Zayn se alarmó, empezó a sollozar, asustado. Tenía una pistola, realmente era alguien peligroso. ¿Y si le hacía daño? La mirada de Brandom se suavizó al ver el arma apuntando directamente hacia él. Satanás era un ser demasiado avaricioso, debió suponer que aquello ocurriría. —¿Lo ves posible ahora, querido amigo? —preguntó. Zayn cerró los ojos, asustado.
—Creo que podemos llegar a un acuerdo. —dijo Brandom, y Austin hizo una seña con la cabeza. Algunos hombres se acercaron al tal Brandom, bastante más bajos que él, y lo cachearon.
—Austin, tiene un teléfono. —dijo uno de ellos acercándose a Austin, éste empujó a Zayn y cayó de boca sin poder evitarlo. Hizo una mueca de dolor e intentó moverse, pero no lo logró, estaba demasiado débil.
—La contraseña. —ordenó, y Brandom no decía nada. —¡La puta contraseña, joder! —gritó, y disparó, haciendo que la lamparita que se encontraba en el centro de la mesa se rompiera. Zayn soltó un sollozo y hundió la cara en el suelo. Tenía miedo.
—Uno, tres, cero, seis, ocho, ocho. —dijo Brandom seriamente. Austin desbloqueó el teléfono y se metió en la lista de contactos.
—Ahora, ¿eres tan amable de decirme el nombre? —dijo, sin dejar de apuntar su arma.
Cuando le pidió la hora la primera vez que lo vio, él estaba bien, sin embargo, no comprendía qué hacía él aquí, y por qué Austin lo había traído. —¿Qué hago aquí? —preguntó débilmente, y Austin sonrió.
—Te he estado observando durante mucho tiempo, Zayn, eres lo que queríamos. —dijo son una sonrisa en su rostro. Zayn frunció el ceño. Él no comprendía nada. ¿Por qué lo observaba a él? ¿Por qué lo necesitaban a él, si no era nada?
—¿Qué? —murmuró, y Austin asintió con la cabeza.
—Verás, como algo mantenía un poco distraída a una de mis trabajadoras, me dispuse a averiguar lo que era, y entonces me enteré de que eras tú. —explicó. Zayn seguía sin entender nada. —La verdad, no comprendo cómo fuiste tanta... Distracción, supongo que se encaprichó. —dio una pequeña palmada mientras sonreía. —Pero gracias a ella, te encontré.
—¿De qué me conoces? ¿Quién es ella? —preguntó, asustándose más por momentos. Parecía un maníaco, ¿y si estaba loco y quería hacerle daño? Él debería estar en el instituto, no aquí hablando con un desconocido.
—Noa Wilson. —y como si aquellas palabras fueran una contraseña, su corazón dejó de latir y sintió su vista nublarse.
—No-Noa. —susurró, y parpadeó. —¿Dónde está? ¿Dónde está? Quiero verla. —toda aquella esperanza desaparecida durante meses volvió, con ansiedad. Él necesitaba verla. La odiaba, la odiaba con todo su ser pero necesitaba verla, necesitaba su presencia, sus besos y sus abrazos, necesitaba escuchar su voz de nuevo.
Austin sonrió, aquella sonrisa le heló los huesos. Aquella persona que calificó como alguien amable y simpático, era todo lo contrario. Austin era una víbora mentirosa y sin compasión, Austin, era Satanás, y tenía a un ángel en sus manos, un ángel que no dudaría en destrozar. —No vas a verla. —dijo fríamente. —Ella te odia. —mintió, y Zayn tragó saliva. —Ella y yo hemos pasado unas buenas noches juntos. —su corazón, aquel del cual empezaba a dudar de su existencia, se partió. —¿No te das cuenta de que ha jugado contigo?
Su respiración se agitó, el llanto estaba por venir. —Eso... Eso es mentira. —dijo como pudo. No, él jamás fue un juego, ella sólo estaba confundida, ella sólo tenía miedo de enamorarse, ella lo quería como él lo hacía. —¡Mientes! —le gritó, con tristeza y negación, saliendo como furia. Él se negaba a que ella se hubiera acostado con semejante monstruo.
—No. —negó con tranquilidad. —No miento. Ella no está enamorada de ti, Zayn. —dijo, partiéndole el corazón una vez más.
La puerta se abrió, y por ella entró un hombre con un gorro negro. —Austin, Brandom ha llegado. —dijo, y Austin sonrió.
—Dile que ahora sale. —dijo, y el hombre cerró la puerta dando un asentimiento de cabeza. La mirada de Austin se posó sobre Zayn una vez más, todavía con aquella sonrisa de maníaco en la cara. Él ganaría mucho dinero con aquel ángel. —Vamos, te voy a presentar a tu dueño, angelito. —dijo con maldad.
Zayn parpadeó. "Angelito."
«De donde yo vengo, todos querrían tenerte.»
«Porque buscan lo distinto, exótico. De donde yo vengo, todos son... Mala gente, tú serías un angelito dentro de un infierno.»
«Amiga íntima de Satanás.»
«No has dado tu primer beso aún, no quiero ensuciarte, angelito.»
"Angelito."
Todo encajó. —Satanás. —susurró, y Austin le miró mal y apretó la mandíbula.
—Cállate. —le ladró, y Zayn tembló. Ella no podía haber jugado con él, de haberlo hecho... De haberlo hecho no le habría advertido de aquello. Se encaprichó con él, ¿lo hizo? Cuando ella recibía llamadas... Ella estaba con él. ¿Y si realmente lo hizo? Lo arrastró fuera de aquella sala, todavía atado, no le supuso un gran esfuerzo arrastrarlo debido a su poco peso. ¿Por qué lo abandonó? Un hombre con una especie de bata gigante se encontraba sentado en un sofá tranquilamente, y al verlos se levantó, sonriendo. —Aquí lo tienes, Brandom. —dijo. Se refería a él.
El hombre, el cual le sacaba varias cabezas, se acercó y lo agarró de la cara, examinándolo, y se le quedó mirando fijamente a los ojos. Zayn parpadeó y apartó la mirada, intimidado. —Bien, es perfecto. —halagó. —Un poco delgado, pero perfecto. Has hecho un gran trabajo.
—Me alegra de que te haya gustado el ejemplar, ha sido difícil de conseguir, no quedan muchos tan inocentes, ¿sabes? —dijo Austin con seriedad. —Me gustaría que me pagaras antes de que te lo entregue.
—No tengo el dinero, Austin, debo entregárselo al comprador antes de recibir el pago. —dijo el hombre. Zayn temblaba entre los brazos de Austin. Iban a venderlo como si se tratara de un cachorrito, con dueño. Ahora, ya no sería una persona libre.
—Pues déjame hablar con el comprador. —dijo Austin con tranquilidad. A pesar de que parecía joven, y estaba seguro de que lo era, dominaba completamente la situación.
—Me temo que es imposible. —dijo el hombre de la gran bata.
—No hay problema. —Austin sacó una pistola y Zayn se alarmó, empezó a sollozar, asustado. Tenía una pistola, realmente era alguien peligroso. ¿Y si le hacía daño? La mirada de Brandom se suavizó al ver el arma apuntando directamente hacia él. Satanás era un ser demasiado avaricioso, debió suponer que aquello ocurriría. —¿Lo ves posible ahora, querido amigo? —preguntó. Zayn cerró los ojos, asustado.
—Creo que podemos llegar a un acuerdo. —dijo Brandom, y Austin hizo una seña con la cabeza. Algunos hombres se acercaron al tal Brandom, bastante más bajos que él, y lo cachearon.
—Austin, tiene un teléfono. —dijo uno de ellos acercándose a Austin, éste empujó a Zayn y cayó de boca sin poder evitarlo. Hizo una mueca de dolor e intentó moverse, pero no lo logró, estaba demasiado débil.
—La contraseña. —ordenó, y Brandom no decía nada. —¡La puta contraseña, joder! —gritó, y disparó, haciendo que la lamparita que se encontraba en el centro de la mesa se rompiera. Zayn soltó un sollozo y hundió la cara en el suelo. Tenía miedo.
—Uno, tres, cero, seis, ocho, ocho. —dijo Brandom seriamente. Austin desbloqueó el teléfono y se metió en la lista de contactos.
—Ahora, ¿eres tan amable de decirme el nombre? —dijo, sin dejar de apuntar su arma.
—Adam, Adam King. —dijo rendido.
—Bien. —la pistola se disparó y Zayn escuchó un ruido seco, su corazón latía frenéticamente por el miedo, y sus sollozos se intensificaron. —Cállate de una puta vez y deja de llorar, joder. —recibió un golpe en la pierna y se mordió los labios, intentando acallar sus sollozos, no le había dado con mucha fuerza, pero aún así le había dolido.
Lo levantó de golpe con fuerza, tirando de las cuerdas que lo tenían inmovilizado.
—King. —la voz sonaba distorsionada a través del móvil, y vio a Austin sonreír a través de sus ojos llenos de lágrimas.
—Aquí Austin, Brandom me ha informado de que buscabas a un chico en especial, alguien inocente. —explicó mirando a Zayn con burla. Éste rápidamente bajó la mirada.
—Sí. —respondió, y a los oídos de Zayn llegó como un "se".
—Lo tengo, te espero en el hotel "Debut". —dijo, y finalizó la llamada. Sintió un fuerte tirón en el pelo y Austin le obligó a alzar la mirada, lo observó con diversión. —Hay que ver... Qué cara de angelito que tienes. —dijo divertido. —Hm... Tengo entendido que te van a regalar como juguete sexual. —rió levemente. —Qué mala suerte para ti que te regalen a un hombre, ¿no crees? —soltó una carcajada y Zayn tembló acallando sus sollozos, mordiéndose los labios. ¿Regalarle? ¿A un hombre?
***
Cruzó las puertas de cristal mientras le daba una calada a su cigarro, de todos modos dudaba que Clark la regañara por fumar dentro del edificio, dormía como siempre. Pulsó el botón del ascensor y dio otra calada, soltando el humo por la boca. Últimamente, había recurrido a los cigarros para aliviar su ansiedad, y se había convertido en un vicio, empezó a fumar en diciembre. Las puertas se abrieron y ella entró en el ascensor, la mancha ya no estaba ahí, hacía unos meses que ya no estaba. Alguien se dignó a quitarla, al parecer. Qué asco. Ni siquiera supo cómo habían logrado quitarla, si debía estar más pegada que el pegamento de tanto tiempo que llevaba ahí.
Llegó a su piso y pasó por al lado de la casa de Nancy, la puta del edificio que ahora, ya no era rubia, ahora se había teñido de negro, como ella. Cualquiera las confundiría, si es que las miraban desde atrás. Entró en su apartamento y se sentó en el sofá, suspirando con cansancio. Acababa de vender la última bolsita de cocaína. La canción "Elastic Heart", de Sia, sonó, y ella metió la mano en su bolsillo, sacando su móvil y contestando. Era Austin, como siempre. Ya que llamaba le informaría de que había vendido toda su mercancía.
—Bien. —la pistola se disparó y Zayn escuchó un ruido seco, su corazón latía frenéticamente por el miedo, y sus sollozos se intensificaron. —Cállate de una puta vez y deja de llorar, joder. —recibió un golpe en la pierna y se mordió los labios, intentando acallar sus sollozos, no le había dado con mucha fuerza, pero aún así le había dolido.
Lo levantó de golpe con fuerza, tirando de las cuerdas que lo tenían inmovilizado.
—King. —la voz sonaba distorsionada a través del móvil, y vio a Austin sonreír a través de sus ojos llenos de lágrimas.
—Aquí Austin, Brandom me ha informado de que buscabas a un chico en especial, alguien inocente. —explicó mirando a Zayn con burla. Éste rápidamente bajó la mirada.
—Sí. —respondió, y a los oídos de Zayn llegó como un "se".
—Lo tengo, te espero en el hotel "Debut". —dijo, y finalizó la llamada. Sintió un fuerte tirón en el pelo y Austin le obligó a alzar la mirada, lo observó con diversión. —Hay que ver... Qué cara de angelito que tienes. —dijo divertido. —Hm... Tengo entendido que te van a regalar como juguete sexual. —rió levemente. —Qué mala suerte para ti que te regalen a un hombre, ¿no crees? —soltó una carcajada y Zayn tembló acallando sus sollozos, mordiéndose los labios. ¿Regalarle? ¿A un hombre?
***
Cruzó las puertas de cristal mientras le daba una calada a su cigarro, de todos modos dudaba que Clark la regañara por fumar dentro del edificio, dormía como siempre. Pulsó el botón del ascensor y dio otra calada, soltando el humo por la boca. Últimamente, había recurrido a los cigarros para aliviar su ansiedad, y se había convertido en un vicio, empezó a fumar en diciembre. Las puertas se abrieron y ella entró en el ascensor, la mancha ya no estaba ahí, hacía unos meses que ya no estaba. Alguien se dignó a quitarla, al parecer. Qué asco. Ni siquiera supo cómo habían logrado quitarla, si debía estar más pegada que el pegamento de tanto tiempo que llevaba ahí.
Llegó a su piso y pasó por al lado de la casa de Nancy, la puta del edificio que ahora, ya no era rubia, ahora se había teñido de negro, como ella. Cualquiera las confundiría, si es que las miraban desde atrás. Entró en su apartamento y se sentó en el sofá, suspirando con cansancio. Acababa de vender la última bolsita de cocaína. La canción "Elastic Heart", de Sia, sonó, y ella metió la mano en su bolsillo, sacando su móvil y contestando. Era Austin, como siempre. Ya que llamaba le informaría de que había vendido toda su mercancía.
—Hey, Noa. —Austin sonaba contento, lo cual era extraño, claro que sonaba así después de echar un polvo con alguna de sus putas.
—Hey, ¿te acaban de echar un polvo? —dijo ella dando otra calada, y escuchó la risa de su amigo por el otro lado de la línea, despreocupado. Frunció el ceño ante aquella felicidad. Un polvo bastante bueno.
—No, pero he conseguido mucho dinero. —dijo, y Noa alzó ambas cejas.
—¿Ah, sí? Pues afloja la pasta, porque acabo de vender la última bolsita de coca. —dijo ella mientras expulsaba el humo por la boca.
—Claro, pero te invito a unas copas y te lo doy. —dijo él, y ella no iba a negarse. Copas gratis, ¿qué más quería?
—Por mí, no lo digas dos veces. —dijo ella, aunque le extrañaba aquello. Realmente tenía que haber ganado mucho como para invitar a copas así de la nada. —¿Seguro que no ha habido polvo? —volvió a preguntar.
—Que no. Mi felicidad no se basa sólo en sexo. —dijo, y ella soltó una falsa carcajada.
—Claro que no. —dijo ella con sarcasmo, y dio otra calada. Estaba a punto de terminarse el cigarro. Expulsó el humo por la boca y lo apagó en el cenicero que compró a finales de diciembre. —¿A qué hora?
—A las diez paso a recogerte. —dijo Austin.
—Wow, no vas a obligarme a pillar un taxi. —dijo estirando las piernas y poniendo los pies sobre la mesa, cómodamente. —Debe de ser una gran cantidad de dinero, ya me contarás qué has hecho. —dijo ella.
Su amigo rió. —Claro. Adiós.
—Adiós. —se despidió ella, apartándose el móvil del oído y finalizando la llamada.
Escuchó un golpe seco, muebles golpeando contra la pared, y apretó la mandíbula. Joder, ¿no podía parar ni un puto día? Se levantó del sofá y abrió la puerta a toda prisa, dispuesta a ir al apartamento de Nancy. Llamó a la puerta con fuerza y repetidas veces, y una chica de pelo negro y despeinada abrió, parpadeó varias veces al ver la mirada verde de la chica frente a su puerta.
—Noa, ¿qué haces aquí? —preguntó, con miedo. Ella ya había pagado todo lo que debía por la cocaína, no debía nada.
—Deja de hacer ruido, puta asquerosa de mierda. —le ladró. —Como vuelva a escuchar tu mierda de cama vieja golpear contra la pared, o algún mueble, te juro que ya puedes rogar, que no te venderé ni una más. —era una amenaza. La chica de cabello ahora negro tragó saliva. Ella necesitaba aquellas dosis. Asintió con la cabeza, aterrada. Noa ganaba mucho dinero con Nancy, era su mejor compradora, claro que amenazándola la mantenía a raya, y ahora que le compraba la cocaína a ella, la tenía en la palma de su mano, manejándola como a una marioneta.
—Sí. —murmuró ella, asustada. Noa dio media vuelta y se dirigió de nuevo a su habitación, dispuesta a mirar la televisión y dormir. Empezaría a comprarse muebles nuevos ahora que viviría allí. Había dejado los estudios, así que no había nada que hacer, ella ya no tenía futuro en un mundo laboral legal. De todos modos, no pensaba vivir mucho en ese estado, estaba segura de que de algún modo u otro ella también acabaría enganchada en el consumo de drogas, y acabaría con ella, así que, ¿para qué esforzarse?
Encendió la televisión y se puso a mirar aquellos programas a los que ahora se había enganchado, eran programas donde a las personas les preguntaban cosas a cerca de cultura, cosas que la gente a lo mejor no se molestaba en saber y que jamás pensarían que serían útiles, aunque la concursante de hoy era bastante lista, porque no fallaba ni una y respondía sin pestañear. Increíble, estaba segura de que ella perdería a la primera, ahora que había perdido los hábitos y toda la materia escolar empezaba a desaparecer de su cerebro.
Miró el reloj que había comprado hace poco y ahora estaba sobre la televisión y suspiró. Quedaban dos horas para las diez todavía, así que tendría que quedarse mirando aquel programa, por el momento. Sólo necesitaba una hora, o incluso media, para arreglarse. Si se lo proponía, en diez minutos estaba lista. De todos modos, para ir donde iban, no necesitaba arreglarse mucho.
—Hey, ¿te acaban de echar un polvo? —dijo ella dando otra calada, y escuchó la risa de su amigo por el otro lado de la línea, despreocupado. Frunció el ceño ante aquella felicidad. Un polvo bastante bueno.
—No, pero he conseguido mucho dinero. —dijo, y Noa alzó ambas cejas.
—¿Ah, sí? Pues afloja la pasta, porque acabo de vender la última bolsita de coca. —dijo ella mientras expulsaba el humo por la boca.
—Claro, pero te invito a unas copas y te lo doy. —dijo él, y ella no iba a negarse. Copas gratis, ¿qué más quería?
—Por mí, no lo digas dos veces. —dijo ella, aunque le extrañaba aquello. Realmente tenía que haber ganado mucho como para invitar a copas así de la nada. —¿Seguro que no ha habido polvo? —volvió a preguntar.
—Que no. Mi felicidad no se basa sólo en sexo. —dijo, y ella soltó una falsa carcajada.
—Claro que no. —dijo ella con sarcasmo, y dio otra calada. Estaba a punto de terminarse el cigarro. Expulsó el humo por la boca y lo apagó en el cenicero que compró a finales de diciembre. —¿A qué hora?
—A las diez paso a recogerte. —dijo Austin.
—Wow, no vas a obligarme a pillar un taxi. —dijo estirando las piernas y poniendo los pies sobre la mesa, cómodamente. —Debe de ser una gran cantidad de dinero, ya me contarás qué has hecho. —dijo ella.
Su amigo rió. —Claro. Adiós.
—Adiós. —se despidió ella, apartándose el móvil del oído y finalizando la llamada.
Escuchó un golpe seco, muebles golpeando contra la pared, y apretó la mandíbula. Joder, ¿no podía parar ni un puto día? Se levantó del sofá y abrió la puerta a toda prisa, dispuesta a ir al apartamento de Nancy. Llamó a la puerta con fuerza y repetidas veces, y una chica de pelo negro y despeinada abrió, parpadeó varias veces al ver la mirada verde de la chica frente a su puerta.
—Noa, ¿qué haces aquí? —preguntó, con miedo. Ella ya había pagado todo lo que debía por la cocaína, no debía nada.
—Deja de hacer ruido, puta asquerosa de mierda. —le ladró. —Como vuelva a escuchar tu mierda de cama vieja golpear contra la pared, o algún mueble, te juro que ya puedes rogar, que no te venderé ni una más. —era una amenaza. La chica de cabello ahora negro tragó saliva. Ella necesitaba aquellas dosis. Asintió con la cabeza, aterrada. Noa ganaba mucho dinero con Nancy, era su mejor compradora, claro que amenazándola la mantenía a raya, y ahora que le compraba la cocaína a ella, la tenía en la palma de su mano, manejándola como a una marioneta.
—Sí. —murmuró ella, asustada. Noa dio media vuelta y se dirigió de nuevo a su habitación, dispuesta a mirar la televisión y dormir. Empezaría a comprarse muebles nuevos ahora que viviría allí. Había dejado los estudios, así que no había nada que hacer, ella ya no tenía futuro en un mundo laboral legal. De todos modos, no pensaba vivir mucho en ese estado, estaba segura de que de algún modo u otro ella también acabaría enganchada en el consumo de drogas, y acabaría con ella, así que, ¿para qué esforzarse?
Encendió la televisión y se puso a mirar aquellos programas a los que ahora se había enganchado, eran programas donde a las personas les preguntaban cosas a cerca de cultura, cosas que la gente a lo mejor no se molestaba en saber y que jamás pensarían que serían útiles, aunque la concursante de hoy era bastante lista, porque no fallaba ni una y respondía sin pestañear. Increíble, estaba segura de que ella perdería a la primera, ahora que había perdido los hábitos y toda la materia escolar empezaba a desaparecer de su cerebro.
Miró el reloj que había comprado hace poco y ahora estaba sobre la televisión y suspiró. Quedaban dos horas para las diez todavía, así que tendría que quedarse mirando aquel programa, por el momento. Sólo necesitaba una hora, o incluso media, para arreglarse. Si se lo proponía, en diez minutos estaba lista. De todos modos, para ir donde iban, no necesitaba arreglarse mucho.
[Mis amores, estoy triste. Tengo un puto resfriado que bff... Eso sí, ayer me lo pasé genial aunque me empeoró el resfriado :s Supongo que culpa mía but... Agh, ¿por qué existen los resfriados, si no sirven para nada? En fin. Otra cosa es que los "+1" del capitulo anterior son sólo "+6", ¿no les gustó el capi anterior? Entiendo que sea triste, pero please... What is this? Entristecieron aún más a la niña enfermita.]


¡Puto Austin! ¡Es que se me enerva la sangre de solo nombrarlo! Síguela ^^ (Necesito ver como Noa le patea el culo a Satanás muejejeje)
ResponderEliminarPD: yo también estoy enfermita :(
Noa yo te invocó, ahora salva a zayn
ResponderEliminarMaldito austin hijo de su mama pobre Zayn
ResponderEliminarNoa le va a sacar las pelotas a Austin jajajaja *risa malévola* jajajaj....salven a Zayn D:
ResponderEliminarCreo que si Austin existiera nosotras lo habríamos matado hace tiempo e.e'
ResponderEliminarPD: Satanás nos debería temer muejejeje (?)