viernes, 9 de octubre de 2015

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 42

Autora: Sandra M.P.

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Eran las seis de la mañana, ella no había dormido y tampoco lo haría hasta asegurarse de que Zayn estuviera bien y llevárselo consigo. La estación de policía quedaba lejos, y puestos a que "The Golden" estaba a las afueras, suponía que le quedaba una hora de viaje por lo menos, y tendría que ir con cuidado al pasar por la estación si no quería llamar la atención de nadie, y a aquella velocidad, la llamaría seguro, así que tendría que disminuir la velocidad. Apretó las manos en el volante, cogió aire y lo soltó lentamente. No descansaría hasta tener a Zayn con ella de nuevo, y juraba por su jodida y asquerosa vida, que si algo le ocurría, ella se encargaría de matar al causante de esto y acabar con él de la manera más dolorosa posible.
Pisó más el acelerador, la aguja marcaba que el vehículo no podía ir más deprisa, tal vez ella no tuviera carnet y aquella velocidad fuera temeraria, pero a ella le daba igual. No había nadie circulando por allí, y no podía permitirse ir más despacio, porque no sabía cuánto tiempo tenía, ni lo que le estarían haciendo o le habrían hecho, y aquello la mantenía en un constante estado de cólera y ansiedad.

***

Se estiró y bostezó. Al final terminó durmiéndose, claro que eso fue a las cinco de la madrugada. Se quedó mirando al techo. Mañana sería cuando sería oficialmente un regalo, un juguete nuevo para alguien a quien no conocía, y no tenía ganas de conocer. Se mordió los labios y miró hacia abajo, aquellas sábanas de color azul claro sin estampado alguno. Ayer comió, claro que después lo vomitó, se sentía culpable al haber comido tanto de golpe, acabó con todos los platos del carrito. Estaba realmente delgado, y no era porque todo el mundo lo dijera, sino porque él mismo se veía al espejo, y no se reconocía, era un saco de piel, apenas había carne. Sabía que no tardaría mucho en caer por completo y para siempre si seguía por aquel camino.

La puerta se abrió y él se movió para mirar quién entraba, pero no podía ser otro que aquel hombre. —Buenos días, ¿qué tal has dormido?

—Bien. —murmuró, soltando un suspiro.

—Me alegra, en seguida traen el desayuno. —dijo, y él negó con la cabeza.

—No tengo hambre. —dijo.
Tienes que comer, estás muy delgado. —insistió, y Zayn puso los ojos en blanco. Podía repetir aquello las veces que quisiera, pero aquello no haría que su apetito volviera. Él no dijo nada más, sabía que no convencería al hombre, pero de todos modos tampoco comería.

—Hm. —dijo en asentimiento, y el hombre salió por la puerta. Zayn suspiró y cerró los ojos, tirando de la sábana hacia arriba y tapándose del todo. Cómo desearía salir de aquí, o al menos volver a verla aunque fuera por última vez, claro que aquello no ocurriría, porque ella no quería verlo, y dudaba que se acordara de su existencia, porque para ella fue simplemente un juego del que se cansó.

"The Golden" se encontraba frente a ella en aquel momento, aparcó el coche y eran las ocho de la mañana, dos horas debido a que había tenido que reducir la velocidad. Aseguró mejor su arma y se dispuso a entrar en aquella mansión, más accesible que la otra, ya que simplemente tenía matorrales. Entró pasando por encima de éstos y hundiéndose debido a la superficie inestable en la que estaba, y saltó. Corrió hacia el interior y se dispuso a usar la táctica de buscar una ventana abierta. Bufó al ver que había una, pero se encontraba a unos seis metros de altura, y esta vez no había árbol. Debido a que la casa tenía un estilo rústico y la superficie estaba hecha de piedra, se dispuso a escalarla.
En varias ocasiones, sus pies resbalaban, pero por suerte se agarraba fuertemente con las manos, y no hacía un movimiento con los pies si no estaba segura, y se encontraba a unos centímetros de la ventana. Se agarró a ésta y subió lo poco que le quedaba, entrando primero un pie y luego el otro. Se encontraba en una habitación con las paredes de color beige, una cama de matrimonio con unas sábanas del mismo tono y suelo de madera, era una habitación moderna, a pesar de que por fuera aparentara un estilo rústico. Claro que no parecía pequeña en absoluto, y no le convenía que se encontrara con guardaespaldas o algo parecido. Escuchó el sonido del agua y giró su cabeza hacia una puerta blanca en aquella habitación. O bien podría ser Zayn, u otra persona. Dudó, pero finalmente se decidió por salir de aquella habitación. Escuchó el sonido de un teléfono y se mordió los labios, el teléfono sonaba dentro de aquella habitación. Fue todo lo que necesitó para darse cuenta de que no era Zayn quien se encontraba en el baño. Salió de la habitación y cerró la puerta sin hacer ruido, encontrándose en un pasillo ancho con las paredes pintadas de un naranja flojo.

Anduvo por el pasillo sujetando su arma y abriendo puerta a puerta sin hacer ruido, todas estaban vacías. Dios, ¿dónde podría estar? Siguió andando y se encontraba frente a la última puerta de aquel pasillo, se asomó. Otra vez, la habitación estaba vacía, como todas las demás. Se dispuso a abrir y frunció el ceño. La puerta no se abría. Se agachó y volvió a mirar, parecía vacía hasta que...

—Zayn. —susurró, viendo aquella figura un tanto desconocida ante su apariencia, estaba mucho más delgado que la última vez que lo vio, y lucía más débil y triste.
Se alejó de la puerta y miró a su alrededor, buscando algún lugar donde meterse. Había unas escaleras que se dirigían hacia abajo, así que optó por ir hacia éstas y bajar. ¿Dónde tendrán las llaves? Escuchó ruidos y frenó un poco antes de bajar el último escalón, se asomó por un lado y no vio a nadie. Siguió andando hasta que vio una figura salir por una puerta y ella se agachó, escondiéndose detrás del sofá. El corazón se le había acelerado. ¿La habría visto? Se asomó un poco por el borde y vio que la mujer estaba cogiendo cosas de un armario. Se sentó en el suelo. No la había visto, por suerte. No sabía qué estaría haciendo aquella mujer, pero escuchó el tintineo de unas llaves y asomó la cabeza de nuevo. Tal vez aquellas llaves fueran de la habitación en la que estaba Zayn.

Sujetó su arma con fuerza y se levantó del sofá, apuntando hacia la mujer, y ésta se giró y al ver el arma su mirada se llenó de horror. —No grites, no hablas, no hagas ningún tipo de ruido o te mato, ¿entendido? —dijo ella, y la mujer asintió, con miedo. —Esas llaves, ¿abren la habitación donde está el chico? —preguntó, y la mujer asintió de nuevo con la cabeza. —Dámelas. —ordenó, alargando la mano para que la mujer se las diera. Ésta las descolgó de su delantal y con la mano temblorosa, las dejó sobre la palma de la chica. —Bien, ahora no quiero que digas nada de que me has visto, ¿vale? Sigue normal. —advirtió.

—Sí. —dijo ella con la voz temblorosa.

Noa se dio la vuelta y empezó a andar hacia las escaleras de nuevo, pero escuchó unos pasos y miró a la mujer, que seguía de pie en el mismo lugar. Fue hacia ella y pasó por su lado, entrando directamente por la puerta de la que ésta había salido y arrastrando a la mujer consigo. —¿Dónde puedo esconderme? —dijo en voz baja, amenazante.

—E-en el armario. —dijo la mujer señalando un armario en la pared. La chica asintió con la cabeza y soltó a la mujer, yendo hacia el armario y entrando dentro.

—¿Úrsula? —escuchó una voz masculina desde el armario.

—Aquí, señor. —dijo la mujer, para su suerte, sonando casual y convincente.

—¿Has preparado ya el desayuno? —le preguntó.

—Sí, señor, está en el carrito. —respondió la mujer.

—Bien. —dijo en aprobación. —Me lo llevo entonces.

Ella escuchaba atentamente, y escuchó el ruido de unas ruedecitas, y poco después dejó de escucharlo. Abrió levemente el mueble y vio que ya se había ido, así que salió y pasó junto a la mujer, para asomarse desde el umbral.
¿Quién eres, y por qué estás aquí? —preguntó la mujer.

—No te importa, y he venido a recuperar lo que es mío. —murmuró ella sin dejar de asomarse. Sin dedicarle una sola palabra más a aquella mujer, cruzó el umbral y avanzó hacia las escaleras, subiéndolas lentamente y viendo a aquel hombre entrar en una habitación, la habitación en la que Zayn se encontraba.

Escuchó un "ding-dong" resonar por toda la casa y bufó. Aquello no podía estar pasando. Primero el teléfono, y ahora aquello. Entró en la primera habitación para esconderse y un minuto después, unos pasos pasar junto a la habitación en la que ella estaba. Escuchó los pasos más pesados y supuso que estaría bajando las escaleras, así que esperó unos segundos y después salió, yendo directamente hacia la habitación de Zayn, metiendo la llave en la cerradura y abriendo la puerta.

Zayn giró su cabeza un tanto confundido, ya que Adam le había dicho que debía ir a abrir y le sorprendía que se hubiera dado tanta prisa. Se quedó estático y dejó de respirar en aquel instante en el que vio su rostro, y sus ojos verdes clavándose en él. Debía estar soñando de nuevo, uno de otros tantos sueños como acostumbraba a tener últimamente, porque ella no se habría podido molestar en volver, mucho menos en buscarle.

—Zayn, he venido a por ti, rápido. —dijo ella, acercándose a él de golpe, pero éste se apartó al sentir su mano sobre su brazo, dolido. Era real, ella estaba ahí de verdad.

—No. —negó. Las lágrimas amenazaban con volver a salir. Todos los sentimientos volvieron, su huida se repitió de nuevo, hiriéndole en lo más hondo.

—Zayn, tenemos que darnos prisa. —insistió ella.

—No voy a irme contigo. —dijo Zayn, de pronto el aire se llenó de odio, y ella notó en su voz, todo el dolor y el odio que irradiaba.

Bufó. —Joder, Zayn, he venido a salvarte, ¿vale? Puedes seguir odiándome luego. —dijo ella, intentando agarrarlo de nuevo, pero se apartó.

—No, no voy a irme contigo. —repitió. —Vete, fuera. Ni siquiera sé por qué has venido. —dijo, las lágrimas ya picaban en sus ojos, y ella se mordió los labios, frustrada.

—He venido a salvarte el culo, ¿entiendes? —dijo ella.

—Pues no necesito que me salves, ¿vale? Cuatro meses, Noa. Cuatro. —dijo, mostrando cuatro dedos con su mano. —Y no te has molestado en venir al instituto, en llamarme, mandarme un mensaje... —soltó un pequeño sollozo. —Te... Te dije que te quería, y tú te fuiste. —sollozó de nuevo, y ella miró hacia la pared, cruzando los brazos sobre su pecho. —De haberlo sabido no lo habría dicho, ¿sabes? Pero tú... Tú podrías haberme dicho que no me querías, y ya está. ¿Era tanto pedir? —pidió, reprimiendo sus sollozos.

—Zayn —desvió su mirada de nuevo hacia él. —, no hay tiempo para esto, tenemos que irnos.

Zayn rió sin gracia y negó con la cabeza. —Vete, no vuelvas. Estoy harto. —dijo, con la voz quebrada. —Llevo... Llevo hecho mierda cuatro meses, ¿sabes? Y esto es todo lo que he deseado decirte desde hace tiempo, pero a ti no te importa. Nunca te he importado. —dijo, y ella dio un paso hacia delante y sujetó sus mejillas, estampando sus labios encima de los de él, comiéndoselos con ansiedad. Él no sabía qué hacer, no debía, pero la necesidad pudo con él, y siguió el beso.

Al separarse, sus respiraciones chocaban, y los ojos verdes de ella se fusionaban con el color miel de los de él. —Llevo cuatro meses intentando olvidarte, Zayn. —susurró. —Pero al hacerlo me olvidé de ser feliz, y te necesito para ello. —el corazón de Zayn se aceleró. Era lo más bonito que le habían dicho nunca, y dudaba mucho que ella dijera aquellas frases a menudo. —Y no me he recorrido toda esta puta ciudad de mierda para que ahora no vengas conmigo. —Zayn parpadeó, un tanto aturdido. ¿Toda la ciudad? La verdad era que se preguntaba cómo lo había hecho para encontrarle, pero lo había hecho. —Así que vamos. —dijo, separándose de él y tirando de su brazo hacia fuera de la habitación.

—¿Cómo? No, aquí no ha entrado nadie. —escucharon la voz de King desde abajo, acercándose cada vez más.

—Ella ya debería haber llegado. —dijo otra voz masculina.

—Hijo de puta. —susurró ella, tirando de Zayn hacia dentro de otra habitación, para esconderse ahí. Estaban de nuevo en aquella habitación con las paredes beige, la habitación de Adam King.

—Era Austin. —susurró Zayn, y ella asintió con la cabeza.

—Sí. —susurró ella. —Cuando entren en la habitación en la que estabas, corremos hacia abajo, ¿entendido? Tengo mi coche ahí. —dijo ella en voz baja mientras andaba hacia la mesita de noche, inspeccionando en busca de algo sin saber por qué, aunque no esperaba encontrarse con aquella arma. Alzó ambas cejas y la cogió, observándola. Era una arma poco corriente, Austin le había dicho que la suya era la única de aquel modelo. Frunció el ceño. No era la única. Era casi igual que la suya, pero fijándose más, se darían cuenta de que no era así. Miró cuántas balas tenía, y al ver que el cargador estaba lleno agarró su pistola y la intercambió por aquella, guardando su nueva adquisición y cerrando el cajón.
Escuchó los pasos de más cerca y volvió a acercarse a la puerta, ellos estaban acercándose cada vez más, pero al estar justo frente a la puerta, detuvieron sus pasos y Zayn se cubrió la boca con las manos, alarmado. Ella le hizo un gesto para que guardara silencio y él asintió con la cabeza. Se acercó sigilosamente hacia Zayn y apartó las manos de su boca. Dirigió la boca a su oído y le susurró:

—Pase lo que pase, haz lo que yo te diga.

Zayn asintió con su cabeza levemente y ella acarició su mejilla, para intentar tranquilizarlo. Los pasos siguieron su camino y Zayn se relajó notablemente. Por un momento pensó que entrarían y los atraparían, y temía lo que podía ocurrir si aquello sucedía. Ella, al dejar de escuchar los pasos, abrió la puerta sin hacer ruido y se asomó un poco, ellos estaban frente a la habitación, y Adam entró, mientras que Austin se quedó observando desde fuera. Era arriesgado, pero era la única oportunidad que tenían. Tiró de Zayn y lo sacó fuera, colocándolo delante de ella, sabía que Austin no dispararía. Corrieron hacia las escaleras y las bajaron a toda velocidad, pero antes de llegar a la salida, un hombre agarró a Noa con fuerza y ésta pataleó.

—Agh. —gruñó, intentando zafarse. Zayn se giró y los vio, temía acercarse, pero se dispuso a hacerlo y el hombre sacó un arma de su chaqueta, apuntando directamente hacia la chica, y éste frenó de golpe. —Zayn, Zayn, corre, vete. —le dijo ella, y él negó rotundamente con la cabeza. —No me pasará nada, Zayn. —insistió, y el hombre ahora cambió de objetivo y apuntó a Zayn directamente con su arma. Ella dejó de patalear y se quedó quieta.

—Vaya, vaya, Noa. —la voz de Austin se escuchó desde detrás de ellos, y todos se giraron.

—¡Eres un hijo de puta! —le gritó. —¡Le has dicho que vendría!

Austin sonrió colocándose frente a ella mientras Adam se encargaba de que Zayn retrocediera, contra su voluntad. —Por supuesto, pero ahí no termina todo. —sacó un arma, pero no apuntó a ningún lado, sino que anduvo hasta Zayn y Adam y se la ofreció a Zayn. —Cógela. —le dijo, y Zayn negó con la cabeza. —Vamos. —insistió. —No querrás que tu pequeña novia acabe mal, ¿no?

Finalmente, Zayn aceptó el arma con las manos temblorosas, pero no apuntó a ningún lado. Austin empujó a Adam de improvisto y éste cayó al suelo, sorprendido. —¿Qué haces? —dijo Adam, y Austin sacó otra arma y lo apuntó.

—Quieto. —dijo, y Adam se mantuvo en el suelo. —Brad, suéltala. —dijo. El hombre que estaba sujetando a la chica la soltó mientras apuntaba a la chica a la cabeza y se alejaba unos cuantos pasos, quedando junto a una mesa en la que había un jarrón.

Zayn apuntó al hombre que estaba apuntando a Noa con el arma, sorprendiendo a la chica, pero Austin sabía que no sería capaz de disparar, su pulso temblaba. Austin ignoró todo lo que pasaba y se acercó a Adam mientras lo apuntaba con su arma, de modo que no lucharía, era un hombre poderoso, pero cobarde. Lo amordazó y ató con fuerza con una cuerda que llevaba en su mochila y lo empujó, tumbándolo. Él no podría levantarse con tantas restricciones. Escuchó cómo el seguro de un arma se quitaba y se giró, Noa apuntaba un arma directamente hacia él. —¿Qué coño pretendes, Austin? —dijo ella.

—Bueno, bueno, puestos a que todos estamos apuntando a alguien... —apuntó su arma directamente hacia Zayn y Noa entrecerró los ojos y apretó su mandíbula. —Ya que de algún modo u otro te harías con Zayn, había pensado en dejar que lo lograras. —dijo Austin sin dejar de apuntar su arma, nadie bajaba el arma.

—¿Qué pretendes? —dijo Noa de nuevo, y Austin sonrió.

—Pretendo quitarme toda la mierda de encima muy fácilmente. —dijo él, ella no comprendía a dónde iría a parar esto. Austin metió la mano dentro de su bolsillo, sin dejar de apuntar el arma, y agarró su móvil, tecleando algo y llevándolo directamente a su oído.

—¡A qué coño estás jugando? —le gritó Noa, y él simplemente acentuó más su sonrisa.

—Hola, ¿hablo con la policía? —Noa frunció el ceño. —“The Golden”, es una emergencia. —dijo, colgando el teléfono, aún con una sonrisa en su cara. Noa tenía la boca abierta. ¿La policía?

—¿Qué haces, Austin? ¿Quieres que te metan en la puta cárcel? —dijo ella, y él negó con una sonrisa.

—No, para nada. —dijo, mirando a Zayn. —Zayn, quiero que apuntes tu arma a Adam King y dispares. —ordenó, y ella se tensó. —Si haces eso, os dejaré libres, a Noa y a ti.

—Zayn, no lo hagas. —dijo ella. Ella empezó así. Una bala, una vida. Él era un ángel de alas blancas, y quitando una vida se ensuciaría, arruinaría su vida por completo, como ella había hecho al quitar una vida por primera vez. —Zayn, no. —dijo al ver que Zayn dirigía su arma a Adam, su pulso temblaba. —Zayn, Zayn, escúchame, no lo hagas. No lo hagas, Zayn.

Austin sonrió y la miró. —Adelante, Zayn. —lo incitó.

—¡No! —gritó ella. —Austin, ¿qué coño pretendes con eso? ¡No lograrás nada!

—Claro que sí. —sonrió él. —Cuando vine a entregar a Zayn, dejé mi arma en esta casa. —dijo. —Tenía pensado matar a Adam de todos modos, claro que no con este fin. —se encogió de hombros. —Pensaba vender a Zayn a otros dueños e ir eliminando a gente. —sonrió, y ella torció la cabeza, apretando la mandíbula. —Dudaba que Adam me dejara entrar con armas en su casa, pero vista la situación ha resultado más sencillo. —sonrió. —¿Recuerdas que te dije que sólo había un arma como la mía en el mundo? —ella abrió más sus ojos, la bombilla dentro de su cabeza se encendió. Él pensaba que el arma que Zayn tenía era la suya, la que estaba en la mesita de noche, pensaba inculparlo de todos sus delitos, las balas de todos los cadáveres que él había ido dejando contenían aquellas balas, lo condenarían a cadena perpetua. —Toda la gente a la que he matado, ha sido con balas de esa pistola. —sonrió.

—Y pretendes que Zayn dispare con tu arma y se cargue el muerto, ¿verdad? —sonrió ella, desconcertando un poco a Austin, quien asintió.

—Exacto. —sonrió él.

—Pues lamento frustrar tus planes. —dijo ella cambiando de objetivo y apuntando a Adam. —Pero soy yo quien tiene esa arma, y son mis huellas las que contiene. —dijo, y finalmente disparó.

—¡Alto, policía!
[+18, merece un gran capitulo, ¿no? Este es uno de los más emotivos, baes, y más largos, porque me acuerdo que junté como dos capítulos para que me quedara así con ese final. ¿Cuántos +1 para el siguiente y por Zoa? xx.]

2 comentarios:

  1. ERES MALDITAMENTE GENIAL gracias por este hermoso (de muchos) capitulos..ojala y no pase nada a Zoa y Austin es un hijo de puta que decirte mija es la verdad i hate U Austin

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