miércoles, 7 de octubre de 2015

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 41

Autora: Sandra M.P.

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Llegó, tal y como dijo Austin, la casa enorme estaba allí, no había casa más grande que aquella junto al hotel "Palace". Bajó del coche, ni siquiera se molestó en aparcarlo correctamente. De todos modos dudaba que alguien a esas horas pasara por allí. "Saint Vicent", se llamaba la casa, según el rótulo. Sólo tenía un problema, y era que estaba completamente sola y que la casa era inmensa, le costaría encontrar a Zayn y lo más probable era que tuvieran un sistema de seguridad muy avanzado. Lo que menos le preocupaba era que la cazaran y la mataran, a decir verdad, había venido conduciendo un coche a toda velocidad corriendo un gran riesgo, ya que ni siquiera tenía carnet, y habría preferido estrellarse antes de que un policía la multara por conducir ante tal velocidad, y después la arrestara al no tener carnet.
Saltó la valla sin pensárselo mucho, escaló hasta arriba sin mucha dificultad y colocó el pie entre los dos pinchos, saltando y rodando por el suelo para que el golpe no le doliera tanto. Corrió hacia la mansión y al llegar, empezó a buscar ventanas abiertas. Todas las luces estaban apagadas, lo cual significaba que todos dormían, ahora sólo tenía que ir con cuidado para que no la atraparan. Pasó frente a unas vallas metálicas y se sobresaltó al escuchar unos potentes ladridos, echándose hacia atrás y cayendo al suelo mientras apuntaba su pistola. Una luz se encendió.

—Mierda, mierda, mierda. Putos perros de mierda, joder. —maldijo, levantándose y corriendo para alejarse de allí. Se topó con que estaba en un parking y corrió hacia un coche, haciendo la croqueta para meterse debajo y agarrarse a las tuberías de éste. Quien fuera que saliera a buscar, miraría cada uno de aquellos matorrales, por lo cual no debía arriesgarse. Empezó a escuchar ruidos, y a ver luces, gente alumbrando con linternas. Se sujetó mejor a las tuberías y suspiró, haciendo que el vaho saliera de su boca. Podría pasar un buen rato ahí, rato en el que tal vez su pequeño ángel podría estando pasándolo mal.

***

Contó cinco personas con linternas, pasó una hora ahí y los brazos empezaban a cansársele, al ver que aquellos hombres después de haber registrado todos los matorrales del lugar se dispersaban, ella se soltó, estirando los brazos cansados, le dolían debido al gran esfuerzo que había hecho. Pero no había tiempo para descansar. Las luces se apagaron de nuevo y ella salió de su escondite. Ahora ya sabía que por ahí no tenía que pasar. Vagamente se preguntó por qué no directamente habían soltado a aquellos odiosos perros en lugar de que salieran los hombres con linternas.
Siguió andando mirando hacia arriba. Había una ventana abierta. Podría trepar por el árbol y después saltar a la ventana, claro que también estaba la posibilidad de no llegar a la ventana y caer. Debía de haber un metro o dos de distancia entre la ventana y el árbol, sería peligroso saltar desde ahí, pero todavía seguía sin pensar con claridad, y ya se encontraba trepando por el árbol. Subió sin mucha dificultad, tardó menos de diez minutos en hacerlo, y se encontraba mirando la ventana. Agudizó la vista y vio que se trataba de una especie de vestíbulo, no daba directamente a una habitación. Cogió aire y apretó las manos en la corteza del árbol, se limpió un poco y se colocó lo más cerca que pudo de la ventana, se balanceó levemente y saltó, enganchándose con los brazos a la ventana, colocó los pies en la pared e intentó subir mientras hacía fuerza con los brazos. Finalmente lo consiguió, aterrizando de manos. Intentaba calmar su respiración para no ser descubierta, y su corazón latía fuertemente. Ahora tendría que encontrarlo.

Escuchó un sonido y se alarmó, miró a sus lados y no vio ningún tipo de escondrijo donde meterse, así que sólo le quedaba una salida. Agarró su arma y anduvo hacia el ruido, descubriendo a una mujer un tanto mayor andando por el pasillo.

—Quieta. —dijo con la voz clara, quitando el seguro del arma. La mujer se paró de golpe y ella se acercó a ésta. —Mírame y dime dónde está.

La mujer se dio la vuelta, temblando. —¿Do-do-dónde está quién? ¿Quién eres?

—El chico, ¿dónde está? —preguntó ella de nuevo, sin dejar de empuñar el arma.

—¿Qué chico? Te estás equivocando, y-yo vivo sola, mi marido falleció y-y...

—King, Adam King, ¿dónde está? —poco le faltaba para empezar a gritar. La mujer sollozó y negó con la cabeza.

—No sé quién es, juro que jamás había oído antes ese nombre. —dijo la mujer, suplicando. Ella entrecerró los ojos. La mujer no parecía estar mintiendo, sin embargo no podía arriesgarse.

—¿Estás segura? —dijo, y la mujer asintió con la cabeza de nuevo.

—Lo juro por Dios. —dijo, con la voz temblorosa.

—Si me entero de que mientes, volveré y acabaré contigo y todo ser que te rodee, ¿lo has entendido? —la mujer asintió frenéticamente con la cabeza y ella guardó su arma. —Ni se te ocurra decir que me has visto. —se dio la vuelta y se dirigió de nuevo a la ventana, saltó y se enganchó al tronco. Iba a matar a Austin, fueran cuales fueran las consecuencias.

Daba vueltas sin parar en la cama, no podía dormir aunque fuera la cama más cómoda en la que se hubiera tumbado. Quedaba un día para ser oficialmente el esclavo sexual de un hombre al que no conocía. Las lágrimas volvieron a asomarse en sus ojos y hundió la cara en la almohada. ¿Qué había hecho él para merecer esto exactamente? No era justo. Supuso que nadie le echaría de menos, ya que se había quedado sin amigos, a sus padres no les importaba... Noa había desaparecido cuatro meses atrás... Sería tan sencillo acabar con su vida y dejar de sufrir, lástima que fuera tan cobarde y no se atreviera a hacerse un favor a sí mismo, pero con mucho gusto aceptaría que alguien más se ocupara de quitarle la vida, aunque se tratara del mismo Louis Tomlinson.

***

Las cinco de la madrugada, y ella estaba llamando al timbre de aquella gran mansión en la que vivía la nueva amante de su "amigo", la mujer abrió con un batín y ella la apuntó directamente con su arma, dejándola atónita.

—¿Dónde. Está. Austin? —dijo entre dientes, y la mujer se apartó de la puerta lentamente para dejarla pasar.

—Y-yo... Lo siento... Lo siento mucho s-si Austin te ha en... Engañado. —tartamudeó, y ella apretó la mandíbula, ignorándola por completo. La mujer la guió hasta una habitación, supuso que ante el temor de que le hiciera daño, y ella empujó la puerta.

—¡Austin! —gruñó al verlo sobre la cama, desnudo. Ella supuso desde un principio en qué situación lo encontraría, sabía que no estaría durmiendo, y que el efecto del alcohol ya habría pasado. Austin abrió mucho los ojos al ver a Noa empuñar un arma directamente hacia él, y ver que estaba colérica.

—Hey, hey, hey, ¿qué pasa? —no recordaba nada de lo sucedido, o se estaba haciendo el idiota.

—¡Dónde coño está Zayn? —le gritó, disparando a una de las almohadas y haciendo que las plumas salieran revoloteando por todo. Austin alzó las manos.

—Noa, cálmante. —dijo Austin levantándose, con tan sólo unos boxers.

—¡Una puta mierda! ¡Me has mentido, hijo de puta! —le gritó, dando un paso hacia delante y haciendo que Austin cesara su paso. —¡Deja de hacerte el imbécil y dime dónde coño está!

—Noa, cinco millones. —intentó convencerla. Su respiración estaba agitada, sus pupilas dilatadas, estaba fuera de control.

—¡Como si son cinco mil! —exclamó. Nada podría opacar el valor de su sonrisa, y no soportaría el hecho de no volver a verla. No soportaría que nadie se la arrebatara de la cara. —¡Dónde está?
Austin se mordió los labios y bajó las manos. —Noa, por favor, calma.

—¡No! ¡Dónde? —exigió.

—Lo tiene Adam King. —respondió.

—No me digas cosas que ya sé, Austin. —dijo entre dientes. —No me hagas apretar el gatillo.

—¿Lo harías, Noa? —preguntó, alzando de nuevo las manos y acercándose.

—Por supuesto que lo haría, o me dices dónde coño está Zayn o te juro que me dará igual lo que pase, Austin, pero te arrastraré conmigo al Infierno. —dijo entre dientes, sin dejar de empuñar su arma.

Él sonrió de lado. —Ya estamos en el Infierno, ¿recuerdas? —dijo, y ella tomó una respiración para tranquilizarse.

—Dime dónde está. —exigió de nuevo, dejando de gritar.

—¿Por qué tanto interés, Noa? ¿Recuerdas qué prometimos? No merecemos amor, Noa, nadie puede amarnos. —dijo, y su mano tembló, de rabia.

—Habla por ti, pedazo de mierda. —le escupió, y él sonrió.

—Vaya, así que... Te has enamorado del angelito, ¿cierto? —susurró, y ella apretó el arma entre sus manos. —¿Qué tal se le da? —preguntó, y ella apretó la mandíbula. Él alzó ambas cejas y rió. —¿No te lo has follado? —volvió a reír. —Vaya, vaya, alguien no quería ensuciar a este angelito... Tranquila, de todos modos ya me he encargado de eso.

Dejó de respirar durante unos instantes, sentía el palpitar de su corazón en la cabeza, y no supo cómo fue capaz de resistir la tentación de apretar el gatillo, pero en lugar de ello, se acercó a él a paso firme y le golpeó con el arma en la nariz, tan fuerte que empezó a sangrar y Austin se tiró al suelo. —¡Como alguien lo toque te juro que te mato, Austin, te mato, hijo de la gran puta! ¡Voy a torturarte hasta que acabes desangrándote, jodido trozo de mierda! —le gritó, llena de cólera.

Austin estaba cubriéndose la nariz con la mano, intentando que la sangre dejara de brotar, pero sin obtener resultado alguno. —No lo puedo creer. —dijo como pudo. —¿Me traicionas por él, Noa? ¿Con todo lo que yo he hecho por ti?

Ella rió sin gracia. —¿Qué has hecho tú exactamente, Austin, a parte de arruinarme la vida? Tenía un futuro, Austin, hasta que te conocí. Yo podría haber sido alguien hasta que tú te cruzaste en mi camino, podría haber sido una buena persona, podría haberme enamorado sin problema, y ser una persona corriente. —dijo ella.

—Y podrías estar con el angelito, ¿no? —dijo con diversión. —Escúchame, Noa, estás enferma, ¿te enteras? Tú no lo sabes, pero necesitabas esto.

Ella alzó ambas cejas y rió. —¿Enferma? Aquí el único enfermo eres tú. —dijo ella, apuntándolo con el arma a la cabeza.

—¿Escuchas voces, Noa? ¿Escuchas voces en tu cabeza? —ella frunció el ceño. ¿Qué? —Es normal, Noa, tú necesitas esto. Las voces te dicen que no debes ser débil, las voces te obligan a matar, ¿no es verdad?

Ella tragó saliva y su mano tembló, empuñando el arma. Intentó tranquilizarse. La primera vez que ella apretó un gatillo, fue porque una de aquellas voces le dijo que lo hiciera. —No. —mintió.

—Apuesto a que más de una vez esta voz te ha incitado a poner una pistola en tu cabeza y volarte los sesos. —susurró, y ella tragó saliva. Sucedió varias veces, al estar sola en su casa, y ocurrió por última vez el mes pasado. —Pero eres fuerte, yo te he hecho fuerte, y has aprendido a ignorar las voces, ¿cierto? Diciéndote que lo hagas.

"No estás enferma, lo sabes." —Eso no es verdad. —mintió ella. —No estoy enferma.

—No las escuches, Noa, estás enferma, y sólo intento ayudarte. —dijo él levantándose del suelo. "Mátalo". Lo apuntó de nuevo con el arma y éste se quedó mirándola. —Eres fuerte, Noa. —repitió. —No las escuches.

—Si sólo intentas ayudarme, dime dónde lo tienes. —dijo ella, y él la miró, su cara y torso estaban ensangrentados.

—"The Golden", es como se llama la casa, está pasando la estación de policía, todo recto hasta salir de la ciudad. —dijo.

—¿Cómo sé que no me mientes? —preguntó ella sin dejar de empuñar el arma. —Otra vez. —añadió.

Él estaba quieto, mientras la miraba. —Confía en mí. —dijo secamente. —Aunque creas que no tienes motivos. Sé que todavía queda algo de ti luchando contra esas voces, Noa. —dijo. —No las escuches.

Ella empezó a andar hacia atrás, alejándose mientras empuñaba su arma, y salió corriendo una vez salió de la habitación. Corrió fuera de la gran mansión en la que vivía aquella mujer rica y entró en el coche robado, arrancando y poniendo rumbo hacia la estación de policía. "Sabes que miente, ¿verdad? No estás enferma, simplemente hay una parte de ti que opina diferente."

—Cállate, joder, cállate. —susurró ella apretando las manos en el volante. "Da media vuelta, Noa, no te conviene enamorarte. Vas a hundirlo, lo sabes... Es un ángel, y tú un demonio, ¿recuerdas?"

Por un momento se lo pensó, dar media vuelta y dejar que él hiciera su vida, pero una parte de ella le decía que siguiera adelante aunque no hablara. Siguió conduciendo, no dio la vuelta, y tampoco lo haría. Ella no lo ensuciaría, ella quería salvarlo de ser ensuciado. Ella no estaba enferma, simplemente una parte de ella pensaba diferente, aquello era normal, las personas a veces debaten... A veces debaten... Ella estaba bien.
[Vale, curiosamente antes no llegábamos a +9, y ahora llegó a +16. Epa, qué cosas. He subido lo más rápido que he podido porque mi ordenador es mi ordenador, y si lo subía esta mañana perdía el bus y cagada, osea que os lo subo antes de irme a comer. Espero que os haya gustado :) Si pasamos los +15 subo otro capi e intento no tardarme tanto. +1 aquí también: "La chica nueva".]

2 comentarios:

  1. Creo que lo de "+15 y subo capítulo nuevo" hizo que se animaran a dar +1 xD ¡Fuerza, Noa!

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