martes, 6 de octubre de 2015

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 40

Autora: Sandra M.P.

NO COPYRIGHT.

Austin debía de estar por llegar, ella ya estaba lista. Su vestimenta se basaba en unos vaqueros negros pitillo, unos zapatos “Vans” de color gris que se había comprado hace poco y una sudadera gris sin capucha con la palabra "FUCK" en el centro, en color negro, al verla no se pudo resistir a comprarla. El frío empezaba a irse, pero aún así, seguía haciendo un poco aunque estuvieran en abril. De todos modos, tendría que ir pensando en comprar ropa para el verano, ya que en su armario no había ropa para pasar aquella época del año. Eran las diez menos cuarto, así que Austin ya tendría que estar de camino, y ella estaba esperando. Se sentó sobre su cama y soltó un suspiro, fue un suspiro nostálgico, los cuales acostumbraba a soltar a veces. Por mucho que pretendiera engañarse a sí misma, ella le echaba de menos. Se quedó mirando la pared, pensando. Ella se asustó tanto... Ella jamás creyó en el amor, el amor no existía, era imposible que él la amara realmente. Para alguien como ella, no existía el amor, no lo merecía, mucho menos de un ángel como él.

Llamaron a la puerta y ella agitó levemente la cabeza, y miró su despertador mientras fruncía el ceño. Faltaba un minuto para las diez. ¿Tanto tiempo había estado pensando? Se levantó de la cama y fue directamente a abrir la puerta, encontrándose con su amigo Austin, sonriente.

—Hey. —lo saludó, saliendo fuera y cerrando con llave.

—¿Cómo va eso? —rara vez saludaba de un modo tan agradable, parecía simpático con aquella sonrisa en el rostro, cualquiera que lo conociera se sorprendería.

—Dios, das miedo, joder. —murmuró ella mientras empezaba a andar, y escuchó una pequeña risa de su amigo, una risa despreocupada, otra vez. Ella alzó levemente las cejas durante un segundo y volvió a bajarlas. No lo reconocía.
¿Y antes no? —dijo divertido. —Simplemente estoy feliz. —dijo sonriente.

—Ajá. —murmuró ella. —Ya me contarás entonces. —por algún motivo, todos sus sentidos estaban alerta, como si de algún modo supiera que aquello le traería problemas, básicamente como todo lo que hacía, pero esto opacaba todo lo demás. Él había hecho algo gordo, ¿cómo sino podría haber ganado tanto dinero como él decía?

—Tranquila, que no vas a tener que volver a pagar mi fianza ni nada, ni tampoco hablar con la mafia, ni con alguien que me saque de la cárcel. —dijo rodando los ojos, sin perder aquel rastro de diversión en todo lo que hacía últimamente.

—Vale. —dijo ella en rendición. Quería que se lo dijera ya, pero parecía que quería emborracharla o algo antes de decírselo. Le traía mala espina.

Austin pulsó el botón del ascensor y las puertas se abrieron al instante, tenía la extraña manía de pulsar de nuevo el botón. Resultaba que aquel ascensor, iba tan mal que de algún modo siempre se quedaba en el piso de abajo a menos que pulsaras dos veces, y si lo pulsabas dos veces, se atascaba arriba y condenaba a quien se quedara abajo, a subir por las escaleras. Por suerte, a ella nunca le había ocurrido eso. Austin le hizo un gesto a ella para que entrara antes, como el caballero que nunca era, y ella lo hizo sin más, de una zancada entró y se giró hacia las puertas, viendo a Austin entrar junto a ella y pulsar el botón. Austin estaba siendo amable y un caballero, lo cual la hacía desconfiar aún más.

Zayn sollozaba en un rincón de aquella habitación tan lujosa en la que se encontraba, bien podría estar encima de aquella cama de agua tan cara echando una cabezada o simplemente llorando ahí encima, sin embargo, no quería tocar nada de aquel lugar, el cual le parecía repugnante. Quería irse de allí. La puerta se abrió y él hundió la cara entre sus piernas, temblando.

—Hijo, ¿qué haces ahí? —aquella voz sonaba amable, el hombre estaba siendo amable en todo momento, pero el pánico no desaparecería. Sollozó más fuerte y sintió una mano sobre su cabeza. Él se apartó de golpe y se aferró más a la esquina de la habitación. —¿Por qué temes?

—De-déjame irme. —dijo entre sollozos. —No quiero estar aquí, no tendría que estar aquí. —sollozó, y el hombre mostró una sonrisa simpática, intentaba tranquilizarlo, pero no conseguiría nada.

—No puedes irte, quedan dos días. —le dijo el hombre, todavía con aquella sonrisa, y Zayn volvió a sollozar.

—¿Dos días para qué? Por favor. —suplicó. —Por favor, deja que me vaya.

—Estás muy delgado, ahora vengo, voy a traerte algo de comer. —dijo el hombre poniéndose recto, ya que se había inclinado anteriormente para estar más cerca de Zayn.

Zayn se mordió los labios mientras veía al hombre irse, y escuchaba de nuevo el sonido de las llaves, encerrándolo ahí dentro. Miró a su alrededor, inspeccionando en lugar sin levantarse. Las paredes azul marino, cama lujosa, muebles modernos y caros, escritorio, un ordenador portátil. Tragó saliva. ¿Podría usarlo? Se levantó y se enjuagó las lágrimas con la manga de su jersey. Abrió la tapa y le dio al inicio, el usuario no tenía contraseña. Se le cargó el escritorio con un fondo de galaxia de color lila y diversas difuminaciones, y el "Google Chorme" estaba ahí. Clicqueó y se cargó. Se mordió los labios. ¿A quién debía pedirle ayuda? Sus padres no estaban allí, y no tenían ninguna red social que no fuera de la empresa, y no recordaba el nombre, jamás se había interesado por su odioso trabajo que no les permitía pasar tiempo junto a él.

La puerta se abrió y él dio un pequeño bote, sobresaltado como si hubiera sido cazado haciendo algo malo. —Oh, veo que estás usando el ordenador, eso es bueno. —se relajó, sin embargo, los latidos de su corazón seguían siendo acelerados. Aquel hombre no estaba enfadado. —¿Qué ibas a buscar?

—Hum... Quería jugar un poco... ¿Tienes algún juego? —mintió, y el hombre asintió con una sonrisa.

—Por supuesto, puedes comprar el juego que quieras y descargártelo, no tendrás ningún problema. —dijo el hombre amablemente, y Zayn asintió con la cabeza. —Pero no intentes entrar en Facebook o en alguna otra red social, están todas bloqueadas. —dijo él con una pequeña sonrisa, y las esperanzas de Zayn decayeron, simplemente asintió como si lo que hubiera dicho no le hubiera afectado. El hombre se dio la vuelta y tiró de un carrito lleno de comida, entrándolo en la habitación. Zayn tragó saliva al ver tanta comida, todos aquellos platos estaban en la lista de sus favoritos. Miró al hombre sorprendido y éste sólo sonrió. —Son tus platos favoritos, ¿no? —dijo, y Zayn asintió sin decir palabra.

—¿Cómo... Cómo lo sabes? —preguntó, sorprendido y atemorizado.

El hombre sonrió. —Dije que te observaran bien, quería que estuvieras bien aquí dentro. Espero que te lleves bien con mi hijo. —dijo, y él automáticamente se tensó. Él era el regalo de un hombre, el juguete sexual de un hombre. ¿Dos días?

Tragó saliva, y se atrevió a preguntar. —¿Qué me va a pasar?

—Nada. —dijo el hombre, y Zayn no creía realmente aquello.

—Me dijeron que iban a regalarme. —murmuró, y el hombre dio un pequeño asentimiento sin dejar de sonreír.

—Sí, eres el regalo de mi hijo, él sólo quiere divertirse, pero no te hará daño, tranquilo. —dijo, y él negó con la cabeza rotundamente.

—Yo no voy a ser regalo de nadie. —negó con la cabeza, y el hombre soltó una leve risa. —Soy una persona, no soy un perro. Por favor, déjame ir, ¿por qué yo? ¿Qué he hecho? —volvió a llorar y el hombre sólo suspiró.

—Pequeño, llorar no te va a servir, simplemente disfruta de lo que te doy, y ve de buenas. No querrás ir de malas. —dijo, y después de eso se fue, encerrándolo de nuevo.

***

—Joder, cualquiera diría que intentas emborracharme. —dijo ella con una risa tonta, seguía desconfiando de Austin, él ya estaba bastante ebrio. Les habían servido ya unas cuantas copas, claro que ella tenía resistencia y daba pequeños sorbos, y más de una vez había vaciado su vaso mientras algo mantenía a Austin distraído, o simplemente desviaba la mirada un momento. Ella no se emborracharía aquella noche, claro que fingiría estar ebria.

Austin soltó una risa ronca. —Puede que lo esté intentando. —dijo riendo mientras agitaba su vaso un poco, para después llevarlo a sus labios y derramar un poco de sustancia fuera de su boca, yendo directamente a su camiseta, claro que no importaba.

—Y bueno, ¿me vas a decir cuánto dinero has ganado? —preguntó ella, fingiendo un leve tambaleo sobre el taburete, y Austin asintió con una sonrisa ladeada.

—Diez millones. —dijo con la voz ronca, arrastrando la letra zeta. Ella abrió mucho los ojos.

—¿Diez? —por un momento se olvidó de que tenía que fingir. —¿Cómo?

Él soltó una risa, no se había dado cuenta de que ella realmente no estaba ebria. —¿Recuerdas a Brandom?

Ella asintió con la cabeza y el ceño levemente fruncido. Cierto, de aquello hacía ya meses, pero lo recordaba por el mal rato que pasó y la bofetada que le dio a aquel hombre. Diez millones a cambio de la libertad de un ser inocente, lo recordaba perfectamente. —Sí. —respondió ella, y Austin sonrió. Ella frunció el ceño. —¿Cómo has encontrado a alguien tan inocente? —preguntó, dejó de fingir, porque se percató de que ya no era necesario, Austin estaba tan ebrio que ni se daría cuenta, o simplemente lo ignoraría.

—Pues... Eso debo agradecértelo a ti. —dijo, pronunciándolo tan mal que a ella le costó entenderlo. ¿A ella?

—¿A mí? —preguntó con el ceño fruncido. Ella apenas fue a aquel lugar, y simplemente abofeteó a aquel hombre, y no comprendía qué tenía que ver ella con quien sea que...
Se puso seria de golpe. —Austin, ¿a quién le has entregado? —dijo seriamente. Rezaba, por una vez en su vida rezaba para que no fuera lo que ella estaba pensando. Su amigo rió y ella apretó los puños. —Austin. —insistió.

—A un tal Zayn. —se levantó de golpe y agarró al chico de la camiseta, su cara ardía, el poco alcohol que estaba en su sangre podría estar evaporándose.

—¡Cómo que a Zayn? ¡Austin, dime dónde coño está! —le gritó, estampándolo contra la barra. Botellas y vasos cayeron al suelo, y el camarero no hacía más que mirar la escena impasible, en aquel bar era algo habitual. —¡Dímelo, hijo de la gran puta! —le exigió. Su amigo seguía riendo y ella lo lanzó al suelo. —¡Habla!

Rió, reía a carcajadas sin cesar, y aquello la mantenía temblando de furia, ella iba a explotar. Le importaba una mierda matarlo, acabar en la cárcel, no ver la luz del sol jamás, que después acabaran con ella, que se muriera ahora mismo. Una mierda, le daba igual. —Menudo arranque.

—¡Que me lo digas de una puta vez, Austin Bailey, o te juro que acabaré contigo! —gritó. Las carcajadas de Austin cesaron, y todo el bar se calló. Su apellido jamás debía ser pronunciado por el simple hecho de que Austin odiaba, sobre todas las cosas, a su padre. —¿Dónde está Brandom? —seguía seria mientras Austin estaba tumbado en el suelo, ahora que había conseguido que se callara.

—Muerto. —respondió, y ella apretó la mandíbula.

—¿Quién lo tiene? ¿A quién se lo has entregado? —volvió a preguntar. No podía más, ella necesitaba correr e ir a por él. No importaba que hubiera huido cuatro meses atrás, no importaba que hubiera querido olvidarlo y había luchado por lograrlo en varias ocasiones. Nada importaba ahora, porque algo sobrehumano dominaba su ser, las ideas no llegaban a su cerebro, su corazón latía a un ritmo desenfrenado y tenía los ojos muy abiertos, había dejado de temblar.

—¿Por qué?

—¡Que me lo digas, joder! —gritó más fuerte todavía, más que todas las veces que había gritado en su vida, aquel grito las opacaba.

—Adam King. —respondió secamente. Él seguía estando ebrio, aunque todo rastro de felicidad y diversión habían desaparecido al pronunciar aquel apellido.

—¿Dónde vive? —siguió preguntando.

—Al lado del "Palace", una casa enorme. —respondió él serio.

Fue todo lo que ella necesitó. Anduvo a rápidos pasos hasta la puerta y salió dejándola abierta. No sabía lo que podrían estar haciéndole ahora, no sabía si estaba llorando, si estaba asustado, tendría miedo y estaría suplicando, no sabría si estarían torturándolo, humillándolo o... Apretó la mandíbula y pateó con fuerza un buzón, haciendo que las cartas salieran al aire, su vista se encontraba nublada en aquel momento. Rió sin ganas y se limpió los ojos con la manga de su chaqueta. Increíble. El solo pensar que podrían estar ensuciando a su ángel la hacía enfurecer. Sí, su ángel. Era suyo, era suyo, completamente suyo. ¿Por qué insistió en abandonarlo?

Vio un coche con una ventana abierta, era un Hyundai Veloster de color negro, ¿quién dejaba un coche así con la ventana abierta? No se lo pensó mucho, metió la mano y le quitó el seguro, abrió la puerta y se mordió los labios. Ella había cometido muchos delitos, sin embargo, jamás había robado un coche, claro que sí lo había conducido, sin carnet, claro estaba. Probó suerte y abrió la guantera, las llaves relucían en su interior. Las cogió y las observó. Se lo habían puesto realmente fácil. Metió la llave en el contacto, la giró y arrancó, sacando el coche con una maniobra fácil y saliendo de allí. Seguramente, el propietario no se fiaba de llevárselas a un bar, ya que si una chica se le acercaba por aquellos bares tal vez acabara robándoselas, no sería la primera vez que a alguien le ocurría. Austin tuvo cinco coches antes de tener el actual.
Arrancó a toda velocidad y se dispuso a ir al hotel "Palace". Si Austin había mentido, se encargaría de desmembrarlo completamente.
[Baes, esto no funciona. ¿Por qué cada vez hay menos +1? ¿Os está dejando de gustar o algo? :'( ¿O la gente la deja de leer? Estoy pensando en cancelarla.
Nah, es coña. Ni de broma cancelo por eso, per favah. Hagamos un trato, baes, si los capitulos anteriores llegan a +15 o superan (y este capi también), subo otro capi ;) xx.]

2 comentarios:

  1. Leí la palabra 'cancelarla' y me fui a poner como Noa, así que imagínate...
    Zoa ∞ Nadie ensucia a su angelito ^^

    ResponderEliminar
  2. aprieten el maldito +1 quiero ver a Zoa de nuevo malditasea!! por favor

    ResponderEliminar

Flying Angel HeartFlying Angel HeartFlying Angel HeartFlying Angel Heart Flying Angel HeartFlying Angel HeartFlying Angel Heart