Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT.
—Li,
te echo de menos, ¿cuándo volverás? —Zayn estaba acostado en el
sofá mirando al techo con el móvil en su oreja.
—Zaynie,
voy de camino, sólo espera...
Zayn
apretó la almohada más fuerte entre sus dedos, soltando otro
sollozo. Podía reproducirlo una y otra vez en su cabeza. Había
pasado un mes y seguía doliendo como el primer día.
Un golpe.
—¿Li? —su corazón bombeaba en su cabeza, en cada extremidad, impidiéndole escuchar bien. —¿Li? —su voz se quebró.
—Mierda, oh, Dios.
—¿Li? —su corazón bombeaba en su cabeza, en cada extremidad, impidiéndole escuchar bien. —¿Li? —su voz se quebró.
—Mierda, oh, Dios.
Soltó
un suspiro tembloroso y moqueó. Su móvil volvió a sonar, no sabía
cuántas veces había sonado desde que Liam se fue, pero se negaba en
tocar su móvil, en mirarlo siquiera. Si tan solo... Si tan solo él
no hubiera estado hablando con Liam por teléfono, tal vez él ahora
mismo estaría ahí con él. Esta vez el que hizo el ruido fue el
despertador. Él se levantó sin fuerzas y se dirigió al armario.
Hizo una mueca de dolor cuando de nuevo, el olor a Liam invadió sus
fosas nasales cuando abrió la puerta. De algún modo sentía que él
estaba allí. ¿Qué haría, cuando su ropa dejara de oler a Liam?
Era lo único que le quedaba ahora, y a pesar de quebrarlo en mil y
un pedazos, se sentía feliz pudiendo olerlo, por mucho que doliera
no poder tocarlo. Tenía miedo. Cerró el armario y se apoyó en la
puerta de éste. «Por favor, por favor, consérvate.» Suplicaba
para que aquel olor jamás dejara su armario, porque no sería capaz
de vivir sin él. Se mordió los labios y se levantó del suelo a
duras penas, dirigiéndose al otro armario. No, él no osaría
vestirse con la ropa del armario que olía a él, porque entonces
perdería su olor, y él no soportaría eso.
Se
vistió de negro. Su armario era negro ahora, toda su ropa. De algún
modo era una especie de luto, aunque él prefería definirlo como “su
estado de ánimo”, al fin y al cabo, eran ambas cosas. Agarró su
cartera y fue directamente hacia la puerta, mirando el armario por
última vez, y dedicándole una escasa mirada al lado de la cama
intacto. «Tú podrías simplemente estar ahí ahora, pero ya no
estás, y nunca volverás a estarlo.» Dio un paso fuera y cerró de
un portazo antes de volver a quebrarse. Él nunca va a volver, él
nunca va a volver a besarte, él nunca va a volver a abrazarte, él
nunca va a volver a tocarte, él nunca va a volver a consolarte
cuando las cosas estén mal. «Todo está tan mal ahora, Liam... Y yo
estoy tan solo... Tengo tanto miedo... Me siento tan roto, y me duele
saber que no estás aquí para repararme de nuevo... Lo lamento si me
rompo, prometí que no lo haría de nuevo, pero tú también
prometiste que no te irías, y ahora ya no estás.»
Una
vez fuera de su apartamento, y jamás le había dolido decir eso
«Mío... Sólo estoy yo aquí ahora, con una cama vacía y un
corazón vacío. Me falta una mitad, Liam, ¿por qué pasó esto? De
algún modo me gustaría recuperar esa mitad para no sentirme así,
pero simplemente moriría si tú prefirieras devolvérmela, porque es
lo único que tienes de mí ahora, y quiero que lo conserves.
Consérvala por mí, por favor.», escasas gotas de lluvia empezaron
a caer. «Mira, Liam, el cielo llora tu pérdida también...» Sentía
de algún modo que la lluvia que caía escasa era como un reloj que
determinaba su fuerza, la lluvia era leve, tambaleándose entre una
línia. Podía llover más fuerte o dejar de llover, y Zayn podría
relajarse o romperse de nuevo, como la lluvia.
Entró
en la floristería y el chico de pelo rizado lo miró con una pequeña
sonrisa. Como cada día, entraba ahí, la floristería más cercana a
su apartamento. El chico de ojos claros sabía de la pérdida del
moreno, en aquel lugar eran todo chismosos, pero por lo tanto, sabía
cómo tratarlo. —Toma, tu rosa negra. —se la entregó, y Zayn le
entregó el dinero. Harry le sonrió levemente mirando la rosa.
Recuerda la primera vez que conoció a Zayn.
—Hola,
bienvenido. —sonrió el chico de pelo rizado, sin embargo, no
obtuvo una sonrisa de vuelta.
—¿Tienes
rosas negras? —le preguntó. Su voz sonaba apagada y triste. Harry
parpadeó levemente. Nunca había visto una rosa negra.
—Pues...
No, no tengo rosas negras. —dijo, todavía en su aturdimiento.
—Hum... Pero igual, ¿una de plástico te sirve? —probó.
El
moreno negó con la cabeza. —¿Cuánto dinero quieres por una rosa
negra real?
—Yo
no...
—Pintada.
—interrumpió. —Pero quiero que sea real.
Harry
simplemente parpadeó, de verdad no quería negarle eso, porque el
moreno parecía de verdad desesperado por obtener aquella rosa negra.
—Sí, está... Está bien, ahora te la doy.
Harry
tuvo que pintar una pobre rosa y le pidió disculpas a la inocente
flor por ello, pero la pequeña sonrisa del moreno y su
agradecimiento valieron la pena.
—Gracias.
—murmuró, y después se fue. Harry se preocupó al verlo salir a
la interperie sin paraguas, ni chaqueta ni chubasquero, y soltó un
suspiro.
***
Zayn
llegó al cementerio, la lluvia al parecer se había apaciguado un
poco. Caminó por el pasillo de piedra y al llegar frente a la tumba
de Liam se arrodilló en el suelo y dejó la rosa con cuidado junto a
las demás, ya marchitas. Él pidió que nadie las tocara, y así lo
hicieron.
—Liam...
—murmuró. Su voz sonaba quebrada. Una gota de lluvia cayó sobre
su nariz, y otra sobre sus pestañas, haciendo que él se pasara la
manga de la camiseta por su ojo derecho ante la molestia. —Te he
traído esta rosa negra, como todos los días. —murmuró. —Todos
mis días son negros desde que tú te fuiste. —soltó un suspiro
tembloroso, la lluvia intensificándose con cada oración. —Sonará
estúpido, pero yo sigo esperando que a las diez, cuando tú solías
volver de trabajar, entres por esa puerta. Es... Es estúpido,
¿verdad, Liam? —esta vez la gota de agua fue salada y fue
deslizándose por su mejilla derecha. De todos modos no tenía
importancia, gotas saladas y dulces bajaban por sus mejillas, su
tristeza y la del cielo. —Pe-pero yo no puedo evitarlo. —la
lluvia era cada vez más agresiva. Zayn hundió sus manos en la
tierra y cerró los ojos con fuerza. —Liam, sé que tú no querrías
esto, pero por favor, déjame acompañarte, prometiste que estaríamos
juntos. Por favor. —pidió con la voz quebrada. Algo más grande
cayó sobre su cabeza, y él alzó su mano para tocar aquella
superficie húmeda y levemente rasposa. La quitó y la observó. Era
sólo una hoja. Miró hacia arriba, pero tuvo que cerrar los ojos
ante la agresividad de la lluvia. Bajó la mirada a la tumba de
piedra y la acarició con suavidad. —Liam. —pidió. —No puedo
hacer esto sin ti. Yo sólo quiero seguirte... Donde sea que estés.
—siguió diciendo. —Por favor, Liam. —se estaba desesperando.
Él esperaba una señal, algo, que Liam le diera permiso para
seguirle, cualquier cosa. —Y si te has ido y no puedes escucharme,
yo... Yo... Yo sólo quiero dejar de sentirme así. —suplicó. —No
puedo, Liam. Tú prometiste que siempre estarías conmigo, tú
prometiste que nos casaríamos, y que adoptaríamos dos hijos, un
niño y una niña, que tú harías que nuestro pequeño fuera el niño
más macho del mundo —rió entre lágrimas. —, y que tratarías a
nuestra hija como la princesa más preciosa. Nuestra princesa, Li.
—sollozó. —Liam, por favor. —suplicó de nuevo. Un trueno se
mezcló con su llanto y Zayn se desplomó en el suelo, sollozando
haciéndose una bola junto a la tumba de Liam. Apretó la rosa negra
entre su mano, clavándose las espinas de ésta, pero le daba igual,
él estaba familiarizado con esa clase de dolor.
—Zayn,
prométeme que no lo harás de nuevo. —nunca antes había visto a
Liam tan serio.
—No
puedo prometerte eso, Liam. —murmuró débilmente.
—Si
te haces daño a ti mismo, me lo haces a mí también. Tengo miedo de
perderte, Zayn, por favor, no vuelvas a hacerlo, yo no podría vivir
sin ti. —susurró, sus ojos marrones fijos en los de color miel,
brillando con lágrimas.
—Sólo
si tú prometes que siempre vas a estar conmigo cuando yo te
necesite. —dijo, apretando su camiseta.
—Te
lo prometo. —susurró Liam.
—¡Eres
un mentiroso! —gritó, sentándose y mirando la rosa negra, ahora
levemente roja por su sangre. Le daba igual. Las espinas penetraban
en su piel, pero no dolía. —¡Tú me lo prometiste! ¡Dónde estás
ahora, Liam! ¡Me dijiste que tú estrías aquí cuando yo te
necesitara! —sollozó. —¡Me lo prometiste! —gritó, sus ojos
rojos, su cuerpo entero temblaba ahora. —¿Y por qué yo tengo que
cumplir mi promesa... Si tú incumpliste la tuya? —su tono de voz
fue disminuyendo hasta quedar en un susurro y confundirse con la
lluvia perdiéndose en la tierra y en las hojas de los árboles.
Dejó
la rosa ensangrentada con cuidado, había perdido algunos pétalos
ya, y se veía levemente el rojo pasión original de aquella rosa.
Soltó un suspiro tembloroso y miró su mano, ensangrentada, era el
mismo color que el de la rosa. «Qué irónico, estaba entregándote
mi sangre en cada rosa, supongo que ahora fue literal.»
—Volveré
a verte, Liam. —murmuró. —Dentro de poco volveremos a estar
juntos, y cumpliremos nuestra promesa. —acarició la tumba,
manchándola con su sangre, aunque la lluvia se encargó de
limpiarla. Liam no aceptaría su sucia sangre sobre ella, negra como
la pintura de las rosas, marchita, muerta. Sucia. —Espero que me
aceptes... —susurró. —Sé que nunca fui demasiado, todo el mundo
lo decía, tú realmente merecías algo mejor. —extendió su mano,
la lluvia cayendo sobre ella y apartando la sangre, llevándola como
un río rojo a través de la tierra, aunque parte del río de sangre
era absorbido. Vagamente se preguntó cómo a la tierra no le
repugnaba absorber su sangre sucia. —Podrías haber tenido a
cualquier mujer... A cualquier hombre... Sin embargo me elegiste a
mí. Nunca comprenderé por qué. —susurró. —Tú me salvaste
tantas veces, Liam... —susurró. —Pero ahora no estás aquí para
salvarme de mí mismo.
Giró
levemente su cabeza, observando la rosa negra que reposaba sobre su
tumba. Alargó la mano, y con aquella pequeña arma se hirió, cada
vez más ríos de color rojo fuerte, sus fuerzas desapareciendo, la
lluvia azotando cada vez con más fuerte. Zayn sonrió con la vista
nublada.
—Pronto
volveré a verte... Liam. —susurró, antes de cerrar los ojos. Sus
dedos dejaron de hacer presión sobre el tallo de la rosa, y con una
sonrisa en el rostro, Zayn dio su último suspiro.
Te
he traído esta rosa negra... Como todos los días, pero mañana no
te entregaré más rosas... Porque al amanecer yo ya no seguiré
aquí.
FIN.
[Debo confesar que he escrito todo el one shot con un nudo en la garganta. Quería escribir algo triste y bonito, y bueno, espero haber conseguido crear algún tipo de emoción en vosotr@s con este one shot, porque yo casi morí de dolor escribiéndolo.]


Yo... yo... *solloza* *se va corriendo a la cama a hacerse una bolita y llorar*
ResponderEliminarBeeeba yo te consuelo *la sigue*.
Eliminar