jueves, 3 de septiembre de 2015

PlayBoy | Zayn Malik, Larry Stylinson, Niam Hayne - Capitulo 3 (Boy toy)

Autora: Sandra M.P.

NO COPYRIGHT. | SMUT | Violencia | Abusos | Violaciones

Estaba solo de nuevo, como siempre, rodeado de maldad, y sé que mi destino era morir infeliz, ser tratado como un objeto, ser desechado como basura, morir siendo un desecho social y sin ser amado.

Túmbate en el suelo, boca arriba. —me ordenó la mujer de pelo rizado. Y en ese instante lo comprendí todo, y me sentí sucio, sucio como nunca, humillado, roto.
Obedecí, intentando no venirme abajo.
Sentí la humedad, era repugnante, eran unas desesperadas. 

—Oh. —gimió, y yo cerré los ojos con fuerza.
Sentía cómo mis ojos se humedecían.
Sentía su peso sobre mí, y su humedad, ahora todavía más.

Vamos, me toca. —dijo alguien, pero yo no quise abrir los ojos, no quise mostrarme débil, no quise que vieran que estaba asustado.
Se separó de mí y al poco rato empezó otra vez. Me aguanté un sollozo y aguanté, soporté todo lo que hicieron.
Se corrieron, dos de ellas, sobre mí, estaba sucio, sentía más asco del que nunca había sentido hacia mí.
Se rieron, yo seguía en el suelo sin abrir los ojos.

Oh, querido, ha sido increíble. —dijo una de ellas.

¿Puedo bañarme? —pedí, con la voz quebrada. Abrí los ojos y las miré. No se veía ni pizca de culpabilidad ni compasión en sus ojos.

Claro, ya hemos terminado contigo. No creo que mi sobrina quiera nada de alguien como tú. —dijo la rubia de senos tamaño hipopótamo con asco y burla.
Y tenía razón. ¿Quién podría querer a alguien como yo más que para el sexo? Por diversión. Sólo servía para eso. —El baño está arriba, la puerta blanca. —dijo la rubia teñida.

Recogí toda mi ropa y fui arriba. Como me habían dicho, vi la puerta blanca. Entré y me metí en la bañera.
Abrí el grifo y con el agua empecé a limpiarme, intentando quitar la suciedad de mi cuerpo, pero por mucho que lo intentara, seguía sintiéndome sucio.
Lágrimas de impotencia se asomaron en mis ojos. Sentía asco de mí mismo, más de lo habitual.
Sollocé y volví a intentar limpiarme, frotando fuerte, por todas partes.
La puerta se abrió y miré asustado hacia ésta. Sorbí mi nariz y aparté mi mirada.

Lo siento. —dijo entrando y cerrando la puerta a sus espaldas.

¿Sientes qué? —dije mirándola. —Eres como las demás. —dije con la voz quebrada. —, lo único que quieres es romperme, usarme. —dije negando con la cabeza. —No hace falta que te disculpes, estoy acostumbrado a ello. —dije.

No... —susurró. —Yo no soy así, yo no quería... —dijo ella.

Tranquila, da igual cómo seas, nadie sabrá lo que has hecho. —dije mirándola. En sus ojos se veía el dolor.

No quería que te hicieran daño. —dijo ella mientras sus ojos se aguaban.

Pues me lo han hecho. Y tú también. —dije con la voz quebrada.

Perdóname... —pidió. —Me amenazaron con decirle a tu jefe que no habías obedecido si no lo hacía. —dijo ella. —Y tú... Tenías miedo... No quería... De verdad.

Parpadeé varias veces. ¿Lo había hecho por mí? —Lo... ¿Lo has hecho por mí? —pregunté, temblando, tal vez porque el agua se estaba enfriando, o simplemente porque no estaba acostumbrado a que alguien se preocupara por mí. Ella asintió con la cabeza. Olvidé que me sentía sucio por un instante, pero no duró mucho. —Gracias. —susurré. Era la primera vez que decía eso de corazón. Me sonrió, débilmente, y después bajó su mirada.

Sé que te sientes sucio. —susurró negando con la cabeza. Tragué saliva y ella me miró.
¿Cómo sabía eso?

¿Cómo sabes eso? —pregunté. Ella sonrió y acarició mi mejilla.

No puedo decírtelo, pero puedo hacer que dejes de sentirte así. —dijo ella, y yo parpadeé varias veces. ¿Podía?

¿Cómo? —dije en voz baja.
Se acercó a mi rostro y juntó nuestros labios. Al principio me resultó extraño, pero luego fui cogiéndole el gusto, porque era increíble la sensación, sus labios.
Tenía los ojos cerrados, sin poder evitarlo, de nuevo.
Separó nuestros labios y empezó a repartir besos por mi cuello, haciéndome estremecer y sentir olas de placer.
Sentí su sonrisa en mi cuello.

No puedo seguir a menos que salgas de ahí —susurró. —, y sólo lo haré si tú quieres. —dijo apartándose de mí.

Abrí los ojos y la miré, de rodillas al lado de la bañera. Me levanté y ella también lo hizo. Salí de la bañera y quedé delante de ella. Caminó hasta la puerta, puso el seguro y volvió donde antes.

¿Me obedecerás? —preguntó, haciéndome dudar un momento.

Sí. —afirmé.

Bien. —dijo ella. Se acercó más a mí y empezó a repartir besos por mi abdomen, bajando cada vez más, pero esta vez se entretuvo más en mi zona abdominal antes de bajar hacia mi miembro.
Empezó a lamer, y otra vez volví a sentir esa sensación tan placentera.
De arriba a abajo, seguidamente, mientras que con la otra mano masajeaba mis testículos.

Oh. —gemí, sin poder evitarlo. Sentí que no podía más, que llegaría, y esperaba que parara, pero no lo hizo. —Oh, Dios. —gemí más alto, explotando.

Ella escupió en la bañera y se levantó, sentía un calor sofocante en mis mejillas y respiraba agitadamente mientras mi corazón iba a mil.

¿Mejor ahora? —me preguntó frotando sus labios sobre mi mejilla, cerré los ojos y disfruté de ese pequeño contacto.

Sí. —susurré. Como si nada de lo anterior hubiera sucedido. Me sentía limpio. Bien. Como nunca. —¿Cómo has... Hecho esto? —pregunté, absorto. Ella me sonrió tímidamente.

Porque no es lo mismo. —dijo ella.

Es sexo de todos modos. —dije yo. Ella medio-sonrió.

Pero hacerlo con cariño no es lo mismo que hacerlo... —dijo buscando la palabra correcta. —Por placer propio. —dijo.

No había conocido nunca un trato que no fuera sádico.
Abrí la boca, para decirlo, pero me callé.

Dilo. —dijo ella. —Puedes contar conmigo. —me animó.

Nunca he tenido un trato que no fuera sádico. —dije, y ella parpadeó, pude notar que aturdida.

No digas eso. —susurró.

Estoy metido en esto desde que tenía quince años. —dije, y ella abrió la boca, sorprendida.

¿Por qué no lo dejas? —preguntó.

¿Por qué? Porque no podía. Era imposible salir de esto. Nadie sería capaz de sacarme de esto. Una vez que has entrado no puedes salir, das vueltas sobre tu propia mierda hasta que te mueres.

Porque no puedo. —respondí.

Sí que puedes. Tienes... Que poder. —dijo ella, buscando que aceptara.

Suspiré. —No lo entenderías.

Sí que lo entendería. —dijo ella. —Y lo sabes. —añadió. Cierto.

No puedes ayudarme, nadie puede. —dije, y vagamente recordé la llamada telefónica que recibí.

Suspiró, y parecía pensar en algo. —Tal vez no pueda, pero quiero intentarlo. —dijo.

Ellos me rescataron de la calle cuando no tenía a dónde ir, me dieron comida, ropa y un hogar. —expliqué.

Eso no significa que tengas que... —dijo ella, no queriendo decir la palabra.

¿Que venderme? —completé.

Suspiró. —Si prefieres decirlo así. —dijo ella, y luego suspiró. —Sabes que no mereces esto, sabes que puedes ser algo mejor.

Sus palabras me sorprendían, era como si me conociera de siempre, como si ella se hubiera puesto en mi piel, como si se hubiera sentido igual, como si leyera mis pensamientos.

A ratos me asustas. —dije, y ella rió un poco. Su risa era increíble. —Es como... Si leyeras mis pensamientos. —dije.
Por un instante tuve miedo de que leyera de verdad los pensamientos, eso sería vergonzoso.

Simplemente sé comprender a la gente. —dijo ella.

[Bueeno baes, espero que os haya gustado el capitulo, y no olvidéis el +1, que es gratis :D Si os está gustando la novela también podéis darle +1 aquí xx :D]

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