Autora: Sandra M.P.
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—Pase. —escuché del otro lado.
—Bienvenida al “PlayBoy Stars”. —dijo el hombre con una sonrisa. —Se me hace extraño ver a una mujer tan joven por aquí. —sonreí falsamente.
—Soy una clienta como cualquier otra. —dije, y él sonrió.
—Decidida, me gusta. —dijo en aprobación. —¿Buscas algo en concreto? —dijo sacando un libro del cajón y colocándolo encima del escritorio, me lo ofreció.
—¿Tienes fotos del número doce? —pregunté, y él sonrió.
—El doce, ¿eh? Es el más solicitado. —dijo riendo. Luchaba por no gritarle que era un sucio desgraciado, y me concentraba en seguirle el juego. —¿Y bien? —dije mientras él buscaba por dentro de su escritorio. Sacó otro cuaderno y lo colocó encima de la mesa.
—Fotos del número doce. —dijo. —Siéntate.
—Para una fiesta privada. —respondí.
—Oh... Y... ¿Tienes dinero? —dijo él haciendo un gesto.
Sonreí. Ser rica tenía sus ventajas. —Por supuesto —, soy Leah Stock, hija del famoso empresario George Stock. —dije, y él sonrió.
—Ahora mismo. —respondí, y él carraspeó.
—¿Ahora? —dijo, sin esperárselo.
—Ahora, sino no será necesario. —dije. Mi padre me había enseñado a tomar el control de las situaciones como buen empresario de éxito.
—¿Tienes una fiesta montada en casa y avisas ahora? —dijo, y yo rodé los ojos.
—¿No sabes a qué me refiero con “fiesta privada”? —dije, alzando ambas cejas. Él alzó una ceja.
—Hay que ver cómo están los jóvenes de hoy en día. —dijo divertido. —¿No preferirías ir a un prostíbulo? —propuso.
—¿Quieres el dinero o no? —dije, y él asintió.
—Está bien. —dijo él. Hizo un gesto con la mano y dos hombres musculosos salieron de las sombras. ¿Habían estado ahí todo el rato?
—Ahora te lo traemos, aunque... Está un poco indispuesto, igual podemos ofrecerte algo mejor. —dijo. ¿Qué?
Los dos hombres entraron cargando a Zayn. Parecía inconsciente, y no pude evitar que una mueca de preocupación apareciera en mi cara.
—¿Qué le habéis hecho? —susurré acercándome a Zayn.
—Es lo que le pasa por incumplir las órdenes de sus amos.
—¿Qué? —dije girándome hacia él.
—Él sabía lo que le ocurriría si no obedecía.
—Pero ha obedecido. —dije, y luego me arrepentí de haber hablado.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó con curiosidad. Bien, la has cagado.
—Porque yo estaba en la despedida de soltera de Nerea Verdana, mi tía. —dije seriamente. —Y en todo momento obedeció.
—Oh, habrá sido una confusión entonces. —dijo sin darle importancia. ¡Pero cómo no puede importarte, hijo de la gran puta?
—Bueno, si no lo quieres... —empezó a hablar.
—Sí que lo quiero. —dije seriamente. —Y que sepas que me parece un acto inhumano tratar así a tus trabajadores. —dije, con los ojos ardiendo en furia.
Sonrió. —En este lugar, nada es humano, querida. —dijo.
—Eres repugnante. —dije con asco.
—El dinero. —dijo extendiendo la mano.
Metí la mano en el bolsillo y le di dos billetes de quinientos. Supuse que sería suficiente, y pareció contento con la suma.
—¿Vas a pagar tanto por una noche con él? —dijo, con sorpresa y burla.
—Él vale mucho más que eso. —dije desafiante.
—Dudo que inconsciente te sirva de mucho. —dijo él.
—Quiero que me des tres días entonces. —dije seriamente.
—¿Qué? —dijo, ahora con cara de pocos amigos.
—Está bien. —dijo. —Ayudadla. —ordenó. —Ellos lo llevarán hasta tu coche, tú te encargas de cargarlo hasta tu casa. —dijo él.
Di media vuelta y empecé a andar.
A 80km/h, mirando a ratos, de reojo, a Zayn, y dispuesta a llegar lo antes posible a mi apartamento, avanzaba yo en mi coche. Zayn seguía inconsciente, y no se había movido, ni parpadeado, nada. Estaba preocupada, no tenía ni idea de lo que le habían hecho, pero estaba segura de que fuera lo que fuera, yo lo cuidaría, y lo ayudaría a salir de esto, a seguir adelante.
Vi movimiento a mi lado, y automáticamente aparqué, tan rápido que nos sacudimos hacia la derecha, y di gracias a que ambos llevábamos el cinturón.
—Zayn. —lo llamé, y él me miró, como si hubiera visto un espíritu.
—¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí? —susurró débilmente. Empezó a toser y a hacer muecas de dolor.
—Tranquilo, estás a salvo. —dije, acariciando su mejilla suavemente, hizo una mueca de dolor, pero no se movió ni un centímetro. —¿Qué te han hecho? —susurré, tragando saliva.
Suspiró y pegó su frente al cristal de la ventana. —Cuando te des cuenta de que no valgo nada te irás, y me dejarás, como todos los demás. —dijo, sorprendiéndome. ¿Qué?
Me
aparté de la foto y segura, llamé a la puerta.
—Pase. —escuché del otro lado.
Abrí
la puerta y entré.
—Bienvenida al “PlayBoy Stars”. —dijo el hombre con una sonrisa. —Se me hace extraño ver a una mujer tan joven por aquí. —sonreí falsamente.
—Soy una clienta como cualquier otra. —dije, y él sonrió.
—Decidida, me gusta. —dijo en aprobación. —¿Buscas algo en concreto? —dijo sacando un libro del cajón y colocándolo encima del escritorio, me lo ofreció.
Sólo
por curiosidad, lo abrí. Eran más fotos. Me mordí la lengua.
¿Sería lo correcto preguntar?
—¿Tienes fotos del número doce? —pregunté, y él sonrió.
—El doce, ¿eh? Es el más solicitado. —dijo riendo. Luchaba por no gritarle que era un sucio desgraciado, y me concentraba en seguirle el juego. —¿Y bien? —dije mientras él buscaba por dentro de su escritorio. Sacó otro cuaderno y lo colocó encima de la mesa.
—Fotos del número doce. —dijo. —Siéntate.
Me
senté y abrí el libro. Fotos eróticas una detrás de otra, de
Zayn, no cabía duda.
—¿Para
qué lo quieres? —me preguntó.
Buena
pregunta. No me esperaba llegar tan lejos.
—Para una fiesta privada. —respondí.
—Oh... Y... ¿Tienes dinero? —dijo él haciendo un gesto.
Sonreí. Ser rica tenía sus ventajas. —Por supuesto —, soy Leah Stock, hija del famoso empresario George Stock. —dije, y él sonrió.
—Bien.
¿Para cuándo lo necesitarías? —preguntó.
—Ahora mismo. —respondí, y él carraspeó.
—¿Ahora? —dijo, sin esperárselo.
—Ahora, sino no será necesario. —dije. Mi padre me había enseñado a tomar el control de las situaciones como buen empresario de éxito.
—¿Tienes una fiesta montada en casa y avisas ahora? —dijo, y yo rodé los ojos.
—¿No sabes a qué me refiero con “fiesta privada”? —dije, alzando ambas cejas. Él alzó una ceja.
—Hay que ver cómo están los jóvenes de hoy en día. —dijo divertido. —¿No preferirías ir a un prostíbulo? —propuso.
—¿Quieres el dinero o no? —dije, y él asintió.
—Está bien. —dijo él. Hizo un gesto con la mano y dos hombres musculosos salieron de las sombras. ¿Habían estado ahí todo el rato?
—Ahora te lo traemos, aunque... Está un poco indispuesto, igual podemos ofrecerte algo mejor. —dijo. ¿Qué?
Los dos hombres entraron cargando a Zayn. Parecía inconsciente, y no pude evitar que una mueca de preocupación apareciera en mi cara.
—¿Qué le habéis hecho? —susurré acercándome a Zayn.
—Es lo que le pasa por incumplir las órdenes de sus amos.
—¿Qué? —dije girándome hacia él.
—Él sabía lo que le ocurriría si no obedecía.
—Pero ha obedecido. —dije, y luego me arrepentí de haber hablado.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó con curiosidad. Bien, la has cagado.
—Porque yo estaba en la despedida de soltera de Nerea Verdana, mi tía. —dije seriamente. —Y en todo momento obedeció.
—Oh, habrá sido una confusión entonces. —dijo sin darle importancia. ¡Pero cómo no puede importarte, hijo de la gran puta?
—Bueno, si no lo quieres... —empezó a hablar.
—Sí que lo quiero. —dije seriamente. —Y que sepas que me parece un acto inhumano tratar así a tus trabajadores. —dije, con los ojos ardiendo en furia.
Sonrió. —En este lugar, nada es humano, querida. —dijo.
—Eres repugnante. —dije con asco.
—El dinero. —dijo extendiendo la mano.
Metí la mano en el bolsillo y le di dos billetes de quinientos. Supuse que sería suficiente, y pareció contento con la suma.
—¿Vas a pagar tanto por una noche con él? —dijo, con sorpresa y burla.
—Él vale mucho más que eso. —dije desafiante.
—Dudo que inconsciente te sirva de mucho. —dijo él.
—Quiero que me des tres días entonces. —dije seriamente.
—¿Qué? —dijo, ahora con cara de pocos amigos.
—Lo
que has oído. Como tú has dicho, esta noche no creo que esté
dispuesto a hacer nada, y te estoy pagando mucho, así que quiero
tres. —dije.
Pasó
los dedos por su perilla y asintió.
—Está bien. —dijo. —Ayudadla. —ordenó. —Ellos lo llevarán hasta tu coche, tú te encargas de cargarlo hasta tu casa. —dijo él.
Di media vuelta y empecé a andar.
No
me había resultado posible mostrar desinterés por Zayn, pero eso
daba igual. No hablaron para nada, y durante el trayecto me fijé
mejor en ellos. Ambos con mucho músculo, sus caras mostraban
seriedad, podía verse en sus ojos lo frívolos que eran, ojos
sumisos y llenos de dolor. Uno de ellos tenía una cicatriz un poco
más abajo del ojo, en la mejilla, y el otro una en la frente, medio
cubierta por un mechón de pelo negro.
—Es
aquí. —apreté el botón y quité el seguro del coche, uno de
ellos abrió la puerta y el otro dejó a Zayn dentro, de mala manera,
pero no rechisté, por si acaso. Esos hombres no me inspiraban
ninguna confianza.
Rápidamente
me dirigí a mi lugar, entré y arranqué. Ahora mismo, lo único que
quería era alejarme de allí.
A 80km/h, mirando a ratos, de reojo, a Zayn, y dispuesta a llegar lo antes posible a mi apartamento, avanzaba yo en mi coche. Zayn seguía inconsciente, y no se había movido, ni parpadeado, nada. Estaba preocupada, no tenía ni idea de lo que le habían hecho, pero estaba segura de que fuera lo que fuera, yo lo cuidaría, y lo ayudaría a salir de esto, a seguir adelante.
Vi movimiento a mi lado, y automáticamente aparqué, tan rápido que nos sacudimos hacia la derecha, y di gracias a que ambos llevábamos el cinturón.
Él
tosió y yo me desabroché el cinturón, para poder estar más cerca
de él.
Abrió
los ojos lentamente y parecía perdido, aturdido.
—Zayn. —lo llamé, y él me miró, como si hubiera visto un espíritu.
—¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí? —susurró débilmente. Empezó a toser y a hacer muecas de dolor.
—Tranquilo, estás a salvo. —dije, acariciando su mejilla suavemente, hizo una mueca de dolor, pero no se movió ni un centímetro. —¿Qué te han hecho? —susurré, tragando saliva.
—Castigarme.
—susurró, y luego cerró los ojos.
—Hey.
—lo llamé, moviéndolo un poco, asustada.
—Estoy
bien. —respondió. Suspiré y volví a abrocharme el cinturón.
—¿Dónde me llevas? —susurró. Lo miré de reojo, aún tenía
los ojos cerrados, estaba débil.
—A
mi apartamento. —dije, y abrió los ojos, asustado. —Vivo yo
sola. —añadí, para tranquilizarlo, y al parecer lo logré.
Al
menos sabía que no me temía a mí.
—¿Por
qué me ayudas? —preguntó, otra vez tenía los ojos cerrados.
Has
pagado mil por él y ahora lo llevas a tu apartamento. ¿Qué
pretendes exactamente, Leah?
—No
lo sé. —respondí, pareciendo estúpida, ya que ni yo misma sabía
la respuesta.
—No
merezco tu ayuda... Ni la necesito. —dijo, mirándome. Yo lo miré
y negué con la cabeza.
—La
necesitas, y lo sabes. —dije. —Sabes que tú no quieres esto.
Cerró
fuertemente los ojos, parecía que le dolía escuchar esas palabras,
y necesitaba saber el por qué. Mordió fuertemente su labio y giró
su cara hacia la ventana.
—Zayn,
déjame ayudarte. —pedí. Suspiré. No dijo nada durante unos
segundos que parecieron eternos.
—¿Cómo
me has encontrado? —preguntó, y no apartó la vista de la ventana.
—Encontré
un folleto. —dije. —Y fui.
Se
giró de repente, desconcertado, lo cual me dejó aturdida a mí
también.
—¿Fuiste
ahí por mí? —preguntó, y no esperaba respuesta. —¿Por qué?
¿Sabes acaso lo peligroso que es? —dijo, algo molesto.
—Claro
que fui a por ti. Saliste corriendo, sin dar explicaciones. Y no me
ha pasado nada. —dije, mirando al frente.
Suspiró y pegó su frente al cristal de la ventana. —Cuando te des cuenta de que no valgo nada te irás, y me dejarás, como todos los demás. —dijo, sorprendiéndome. ¿Qué?
[Heey baes, espero que os haya gustado el capitulo *-* ¿Quién quiere contratar al nº12 también? Yo sé que todo el mundo, y todos le daríamos amor. ¿+1?]


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