Autora: Sandra M.P.
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—Aún no sé cómo te llamas. —dijo ella, y yo parpadeé varias veces. A nadie le importaba eso.
***
Llegué al “PlayBoy Star” y entré en el despacho de mi jefe, quien me miraba con cara de pocos amigos.
—Así que no has obedecido. —dijo él negando con la cabeza, a la vez que tenía una sonrisa malvada y sádica en la cara.
—N-no, sí que he obedecido. —dije, tartamudeando.
—Pues a mí me han dicho lo contrario. —dijo él.
—No, por favor, no. —supliqué. Piedad. Pero ellos no tenían piedad, ante nadie.
—Ya sabéis lo que tenéis que hacer. —dijo el jefe.
Recibí otro golpe en las piernas y grité de dolor. Sollocé y mordí mi labio, tan fuerte que hice que sangrara. Podía sentir el sabor metálico de mi sangre. Me quitaron la camiseta, por mucho que suplicara recibiría un castigo injusto.
—¡Ah! —grité, cerrando los ojos con fuerza. La sangre iba cayendo por mi espalda. Un latigazo. Y otro, y otro... Y no cesaron hasta media noche.
Me lanzaron al suelo y me golpearon en la cara. Me arrastraron, haciendo que la piel herida de mi espalda rozara contra el suelo, haciendo que me ardiera la espalda, que escociera. Era un dolor insoportable.
Leah:
Estaba tumbada en la cama, boca arriba, sin poder dormir.
«PlayBoy Stars
Abrí más los ojos.
«No, pero nadie puede hacer que me sienta mejor.»
Esa llamada telefónica tan extraña me recordó a Zayn... Tal vez...
***
Tenía pinta de club de striptease, y había hombres por doquier, todos musculosos.
—¿Buscas algo? —preguntaron. Supuse que se dirigían a mí.
—Tú... ¿Trabajas aquí? —le pregunté al hombre que me guiaba.
—Sí. —respondió sin dejar de andar.
—¿Conoces a Zayn Malik? —le pregunté, y se paró de golpe.
Mierda, esperaba no haberla cagado.
Me miró con el ceño fruncido. —No. —respondió. Siguió andando y yo solté el aire que estaba conteniendo. Lo seguí. —Aquí es. —dijo parándose delante de una puerta.
—Gracias. —dije. Me sonrió amablemente y se fue.
Bien, aparte de la extraña decoración, no estaba mal, el hombre había sido amable conmigo.
«Soy el número doce.»
Recordé sus palabras y anduve rápidamente por el pasillo, hasta dar con el doce. Lo encontré.
«Estoy metido en esto desde que tenía quince años.»
—Aún no sé cómo te llamas. —dijo ella, y yo parpadeé varias veces. A nadie le importaba eso.
—Soy
el número doce. —dije, y una mueca de confusión apareció en su
rostro.
—¿Número?
—dijo confundida.
—Sí.
En el “PlayBoy
Star”
nunca
decimos nuestro nombre, no somos nadie, somos un simple número. El
jefe es el único que nos llama por nuestro apellido. —expliqué.
—Eso
es cruel. —susurró ella. —Y es una estupidez. No hay derecho a
que desechen a alguien. —dijo, molesta.
—Lo
hay, cuando eres como yo. —dije, en voz baja.
—¿Por
aceptar comida y hogar de un hombre sin corazón? —dijo ella
incrédula. —No, no lo hay. Tenías quince años, no sabías en lo
que estabas a punto de meterte. —dijo ella, notablemente molesta.
—Y no puedes pensar que no eres nadie. —añadió.
Aunque
ella dijera eso, yo seguía siendo un simple número, seguía
siendo... Nada... Alguien que no valía la pena amar, alguien que no
valía la pena rescatar del pozo que él mismo había cavado, y había
caído. No era nadie, una sombra vacía en un cuerpo agradable a la
vista, nada más que un juguete llorón y sin vida. —¿Cómo te
llamas? —preguntó, de nuevo.
Me
lo pensé. Revelar tu identidad, creo que no iba contra las normas.
—Zayn... Zayn Malik. —respondí, y ella me sonrió.
—¿De
dónde eres? —me preguntó. Me sentía incómodo ante tal interés,
y empezaba a desconfiar.
—Yo...
Tengo que irme. —dije de golpe, dejándola aturdida.
—¿Qué?
¿Vas a volver allí? —dijo ella, mirándome incrédula. Yo empecé
a vestirme.
—¿Adónde
sino? —dije, frío.
—No
puedes volver, sabes que puedes ser algo mejor, sabes que necesitas
algo mejor. —dijo ella, rozando cerca de una cicatriz.
«Vamos,
no eres nadie. No tienes padres, ni familia. No puedes llegar a ser
nada mejor que esto. ¡Eres un completo inútil!» Intentó acariciar
mi mejilla, pero di un paso atrás, asustado.
—Déjame
en paz. —dije. Ella, con su mano aún en el aire, parpadeó, sin
comprender, y bajó su mano.
—Zayn,
déjame ayudarte. —pidió.
—¡No!
—grité. —No valgo la pena, soy un inútil, no sirvo para nada.
—dije, y salí corriendo del baño.
—¡Espera!
—escuché que gritaba.
Bajé
las escaleras más rápido que nunca y salí, del apartamento y del
edificio.
Los
recuerdos me hacían dudar, de mí mismo, de la gente que me rodeaba.
***
Llegué al “PlayBoy Star” y entré en el despacho de mi jefe, quien me miraba con cara de pocos amigos.
Automáticamente
tragué saliva, preocupado, ya que siempre que llegaba me felicitaba,
de mala manera, pero lo hacía.
—Así que no has obedecido. —dijo él negando con la cabeza, a la vez que tenía una sonrisa malvada y sádica en la cara.
—N-no, sí que he obedecido. —dije, tartamudeando.
—Pues a mí me han dicho lo contrario. —dijo él.
Sin
levantarse, hizo una seña con su mano derecha, y me sujetaron dos
hombres corpulentos. Rick y Daniel.
—No, por favor, no. —supliqué. Piedad. Pero ellos no tenían piedad, ante nadie.
Recibí
un golpe, tan fuerte que me tiró al suelo.
—Ya sabéis lo que tenéis que hacer. —dijo el jefe.
Recibí otro golpe en las piernas y grité de dolor. Sollocé y mordí mi labio, tan fuerte que hice que sangrara. Podía sentir el sabor metálico de mi sangre. Me quitaron la camiseta, por mucho que suplicara recibiría un castigo injusto.
—¡Ah! —grité, cerrando los ojos con fuerza. La sangre iba cayendo por mi espalda. Un latigazo. Y otro, y otro... Y no cesaron hasta media noche.
Me lanzaron al suelo y me golpearon en la cara. Me arrastraron, haciendo que la piel herida de mi espalda rozara contra el suelo, haciendo que me ardiera la espalda, que escociera. Era un dolor insoportable.
Me
dejaron en el callejón de atrás, junto a un cubo de basura, donde
nadie se molestaría en rescatarme.
Me
dieron un puñetazo en la cara y me tiraron, golpeándome contra el
cubo.
Me
dolía todo el cuerpo, y la espalda más que nada.
Empecé
a llorar, de dolor. Me dolía todo, y el corazón también. Era
doloroso estar solo en el mundo, que nadie se preocupara por ti, que
no fueras nadie, que fueras... Nada.
Cerré
los ojos y seguí sollozando, nadie vendría a ayudarme, porque no
tenía a nadie.
Leah:
Estaba tumbada en la cama, boca arriba, sin poder dormir.
¿Por
qué se había ido así? Zayn Malik... Su nombre no se borraba de mi
cabeza.
Rendida,
me levanté. No podría dormir.
Salí
de la habitación sin hacer ruido y bajé las escaleras. Fui a la
cocina, encendí la luz y parpadeé, intentando acostumbrarme a ésta.
Me
dirigí a la nevera, la abrí y cogí la botella de agua. Agarré un
vaso del mueble y vertí agua en él. Bebí y puse el vaso para
lavar. Fui a dejar el agua en su lugar, y al cerrar la nevera, un
papel que estaba pegado en ésta cayó al suelo.
Me
agaché y lo agarré. Era un folleto.
«PlayBoy Stars
•Abierto
todas las noches de lunes a domingo.
•Apto
para despedidas de soltera, despedidas de soltero gays y otras.»
Abrí más los ojos.
Zayn.
Le
di la vuelta al folleto, y me encontré con una dirección y un
número de teléfono.
¿Podría
ir allí?
Me
lo pensé.
«No, pero nadie puede hacer que me sienta mejor.»
Esa llamada telefónica tan extraña me recordó a Zayn... Tal vez...
Cogí
un papel de la libreta y apunté el número y la dirección. Volví a
dejar el folleto pegado en la nevera y salí de la cocina apagando la
luz.
Subí
las escaleras sin hacer ruido, otra vez, y entré en mi habitación.
Me
vestí con lo primero que encontré, unos vaqueros azules, una
sudadera y unas Converse.
No pensaba maquillarme para ir a un lugar así.
Salí
del apartamento, por suerte nadie se dio cuenta, o al menos eso
creía.
***
Tenía pinta de club de striptease, y había hombres por doquier, todos musculosos.
Zayn
no era como ellos.
Zayn
era dulce, Zayn estaba perdido, Zayn necesitaba ayuda, amor, quizás,
alguien que se preocupara por él. Y yo sería ese alguien.
Me
miraban con una sonrisa burlona en la cara, algunos pícaramente, y
otros con indiferencia.
—¿Buscas algo? —preguntaron. Supuse que se dirigían a mí.
Me
di la vuelta. Era un hombre de unos treinta años, musculoso y casi
desnudo.
—Eh...
Sí... Me gustaría hablar con el encargado. —dije. No sabía muy
bien cómo funcionaba esto.
—Claro,
sígueme. —dijo con una sonrisa. Parecía un hombre amable.
Me
guió por un pasillo forrado de papel, lo cual hacía —aparte de la
ausencia de luz— que estuviera oscuro.
—Tú... ¿Trabajas aquí? —le pregunté al hombre que me guiaba.
—Sí. —respondió sin dejar de andar.
—¿Conoces a Zayn Malik? —le pregunté, y se paró de golpe.
Mierda, esperaba no haberla cagado.
Me miró con el ceño fruncido. —No. —respondió. Siguió andando y yo solté el aire que estaba conteniendo. Lo seguí. —Aquí es. —dijo parándose delante de una puerta.
—Gracias. —dije. Me sonrió amablemente y se fue.
Bien, aparte de la extraña decoración, no estaba mal, el hombre había sido amable conmigo.
Observé
a mi alrededor, mientras dudaba entre si llamar a la puerta o no.
Apenas había luz, y en las paredes había fotos de hombres posando
eróticamente, enmarcadas. Paseé por el pasillo, mirando las fotos.
Estaban
numeradas. Uno, dos, tres, cuatro... Todas ordenadas.
«Soy el número doce.»
Recordé sus palabras y anduve rápidamente por el pasillo, hasta dar con el doce. Lo encontré.
Era
Zayn, posando eróticamente, pero se veía la inseguridad y el miedo
en sus ojos. Parecía más joven en esa foto, como si tuviera quince
o dieciséis años.
«Estoy metido en esto desde que tenía quince años.»
Acaricié
el número doce bordado con letras doradas y bajé la mirada.
Lleva
años perdido y solo.
En
ese instante me di cuenta de algo. Yo no sería como los demás, yo
sería la mano que lo sacara de la oscuridad, yo jamás le
abandonaría.
[Bueno baes, aquí está el capi :D Espero que os haya gustadoo xx.]


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