Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT.
[BAES, lo siento, me equivoqué y me acabo de dar cuenta de ello. Este es el capitulo 31, me salté un capi I'M SORRY. Este es el capitulo 31, y luego va el 32 que lo subí como "31". SOS, que cagada. Al final de este capi os dejo el link del verdadero 32]
[BAES, lo siento, me equivoqué y me acabo de dar cuenta de ello. Este es el capitulo 31, me salté un capi I'M SORRY. Este es el capitulo 31, y luego va el 32 que lo subí como "31". SOS, que cagada. Al final de este capi os dejo el link del verdadero 32]
Estaba
seguro de que era la persona con más mala suerte del mundo que había
pisado la Tierra, ¿cómo era posible que la primera vez que se
decidiera a comer, el lugar donde se disponía a hacerlo estaba
cerrado? Bufó y dio media vuelta, pateando una lata de refresco que
había en el suelo. Increíble. Definitivamente, los dioses no
querían que él comiera, no, ellos querían matarlo de hambre,
eliminarlo de esta Tierra. Bueno, al menos así no sufriría más de
lo que estaba haciendo.
Y
entonces, cuando se dispuso a irse, los dioses intervinieron de
nuevo, o tal vez se trataba de una mala jugada, y habían decidido
hacer aparecer un espejismo frente a él, o era la falta de comida en
su organismo la causante de aquello, pero él juraría que la tenía
a tan sólo unos metros, sentada en un banco mientras se comía una
hamburguesa. Parpadeó y se fregó los ojos, seguro de que así
desaparecería, pero no. ¿De verdad era ella? Podría acercarse, o,
bien podría ignorarla y seguir con su camino a casa. ¿Pero de
verdad quería volver a casa y estar tumbado en su cama todo el día
sin hacer nada mientras pensaba en ella? Sus piernas anduvieron por
sí solas, acercándose cada vez más, hasta que ella alzó su mirada
y se posó en él, fue entonces cuando paró en seco y empalideció.
Su expresión permanecía indescifrable, y no sabría decir qué
estaba pensando ahora mismo. ¿Seguía enfadada, lo ignoraría...?
Cogiendo aire, siguió acercándose y se paró frente a ella. De
cierto modo, el que ella estuviera sentada le hacía sentir más
seguro, ya que ahora estaba más alto que ella.
—¿Por qué no viniste ayer? —le preguntó, ni "hola", ni “¿cómo estás?", fue directamente a esa pregunta.
Ella pareció no tomarle importancia a eso. —Me surgieron planes. —respondió secamente.
Y entonces él ya no pudo más. —¿Te enfadaste por eso? —dijo, con enfado. —¿Te das cuenta? Fue una estupidez. —dijo, y ella alzó una ceja, ante su tono de voz. —Yo no quería que te enfadaras, simplemente... Simplemente me sentó mal, ¿sabes? No hace falta que me recuerdes que no te gusto. —dijo, sentía un picor en los ojos, y sabía que estaba a punto de derrumbarse, y antes de hacerlo decidió conservar la poca dignidad que le quedaba y dar media vuelta para irse, pero un tirón en su brazo se lo impidió, y terminó siendo girado bruscamente, encontrándose de nuevo, a una altura inferior.
—¿Qué has dicho? —murmuró ella, las lágrimas ya estaban sobre sus mejillas, y él no alzaría la mirada. Se mordió los labios con fuerza y sintió cómo su mano intentaba alzar su cabeza, pero él se movió bruscamente, y ella suspiró. —Sé que estás llorando ahora mismo, Zayn, y no hace falta que intentes esconderlo.
Él se fregó los ojos con coraje, con la manga de su chaqueta, y la miró, con los ojos levemente rojos. —No estoy llorando. —mintió, y ella sonrió, haciéndolo enfurecer más.
—Eres un mal mentiroso. —dijo ella, divertida, y él se dio la vuelta dispuesto a irse, pero unos brazos lo agarraron firmemente desde detrás, por la cintura. —Has dicho "no haca falta que me recuerdes que no te gusto"... No te estarás enamorando de mí, ¿verdad? —murmuró ella, muy cerca de su oído. Él enrojeció. ¿Él había dicho eso?
—Yo no he dicho eso. —murmuró.
—Sí, sí lo has dicho. —dijo ella. —De no haberlo hecho no te lo diría, ¿no crees?
Zayn cogió aire para tranquilizarse. —No me refería a ese sentido. —fue lo único que pudo murmurar, no podía desmentir que él no estaba enamorándose de ella, porque mentiría, y entonces ella se daría cuenta. —Me refería a mi físico. —murmuró, bajando la mirada.
—Oh. —murmuró ella. —Tienes razón... No me gustas. —dijo con diversión, y su corazón se partió en dos, sintió que el aire escaseaba en sus pulmones y el nudo en su garganta le dolía como nunca. —Me encantas, Zayn, pero necesitas comer. —se sintió desfallecer, y ella lo soltó y lo atrajo hacia sí, sentándolo sobre su regazo y ofreciéndole su hamburguesa. —Come. —le dijo, y él negó con la cabeza.
—No quiero dejarte sin comer. —murmuró avergonzado.
—Y yo no quiero que no comas, así que venga, sé que tienes hambre. —insistió ella, sujetando la hamburguesa frente a él, para que le diera un mordisco. Abrió la boca y ella la acercó para que pudiera morder. Y ya estaban bien otra vez, sin saber cómo había sucedido todo tan rápido, ahora se encontraban sentados en un banco, mientras ella le ofrecía su hamburguesa.
Tragó una vez hubo masticado y la miró. —¿Por qué te fuiste así? —murmuró, todavía dolido.
—Porque te enfadaste. —respondió, colocando la hamburguesa frente a su rostro, para que le diera otro mordisco.
—¿Y no podías simplemente hablar conmigo? Intenté pedirte perdón. —dijo él dolido, e ignorando el hecho de que ella le indicara que comiera. Ella suspiró y bajó su mano. —Es como si usaras cualquier excusa para alejarte de mí... ¿Por qué lo haces?
Ella humedeció sus labios y miró los árboles del pequeño parque. Ella no sabía por qué lo hacía, su instinto le decía que lo hiciera, y su cerebro también, pero por algún motivo siempre decidía volver ignorándolos a ambos, y entonces se percató de algo: ella tenía miedo. Pero ella no lo admitiría. —Zayn, no soy buena para ti, ¿entiendes? —le dijo, y él negó con la cabeza.
—¿Cómo me puedes decir eso? ¿Te das cuenta? Eres la única persona que me ha ayudado, Noa, la única persona que conociéndome no me ha dejado. —dijo él, haciendo amago de volver a romperse, pero no lo hizo.
—Pero no lo entiendes, Zayn. —dijo ella, y suspiró. —Ya has visto de dónde vengo, ya sabes quién soy. —dijo. Sí, pero no sabía que ella era una asesina, que vendía drogas y que llegó incluso a prostituirse.
—Y me da igual, Noa, eso no cambia nada. —interrumpió Zayn. —Me cuesta estar bien si sé que estás enfadada conmigo, no tengo hambre, no... No... No sé. —acabó bajando la voz. Había admitido que ella le afectaba, claro que tal vez ella suponía algo. Ella se mordió los labios. Supongo que entonces era su culpa, en parte. Se sentía culpable por ello, no era justo que la pagara con él cuando no tenía la culpa, no era su culpa ser así, tan... Apetecible, supongo.
—No sabía que eso era mi culpa. —admitió ella, pensaba que era por su físico, claro que supongo que también le afectaba.
—Antes no lo era. —murmuró. —Prométeme que no te enfadarás más... Por favor. —le pidió, mirándole con aquellos ojos miel un tanto rojos, brillantes.
—No puedo prometerte eso. —murmuró ella, y antes de que apartara su mirada sujetó sus mejillas. —Pero te prometo que pase lo que pase, siempre estaré ahí para ayudarte, ¿vale?
Él esbozó una pequeña sonrisa y asintió con la cabeza. Gestos tan adorables como ese hacían que algo se revolviera en su interior y sonriera sin querer, y él la abrazó. Ella lo abrazó de vuelta y sonrió. ¿Por qué tenía que sentirse tan bien, haciendo algo que estaba tan mal? Ella no debía corromper a un ángel... Pero la tentación era demasiada.
***
Llegaron a su casa, ella había accedido a quedarse, y Zayn no podía estar más feliz con eso. Ella le había dicho que ya que al día anterior no pudo ir a darle clases de repaso, podría enseñarle hoy, pero él le había rogado que lo dejara estar, porque era lo último que necesitaba en aquel momento.
—¿Sabes? Paso demasiado tiempo aquí. —dijo ella. —Acabaré acostumbrándome.
Él sonrió. No le importaría que pasara todavía más tiempo ahí, de hecho, le encantaría incluso, que viviera con él, claro que no se lo propondría. —Me siento bastante solo, a decir verdad. —admitió, y ella lo miró.
—¿Con quién pasarás las Navidades? —le preguntó, pregunta que lo pilló por sorpresa.
—Pues... Solo... Supongo. —dijo, esbozando una media sonrisa triste. Ella solía pasar las Navidades sola, también, o con algún hombre de su agrado que también estuviera solo.
—¿Primos, primas, tías...? —preguntó ella, y él torció la boca.
—Antes estaba bien, pero ahora están muy cambiados. —murmuró él, y ella asintió con la cabeza. La gente cambiaba, supuso que serían de su edad ante su manera de decirlo, ellos y ellas podrían ser bastante diferentes a él.
—Entiendo... —dijo ella. —¿Y qué vas a comprarte para Navidad, entonces? —le preguntó. —¿O esperarás a que vengan tus padres, o algo?
—No. —negó. —Supongo que puedo comprarme lo que quiera. —suspiró. Él era un amante de las sorpresas, y ya no sería una sorpresa para él, supongo.
—Oh, guay. —dijo ella, y él esbozó una pequeña sonrisa. —¿No te parece guay? Puedes comprarte lo que quieras. —dijo ella.
—Sí, pero... Prefería encontrarme con un regalo debajo del árbol. —murmuró. —Uno que no supiera lo que es.
—Te gustan las sorpresas, supongo. —dijo, y él asintió con la cabeza. Una idea cruzó por la mente de la chica, una idea un tanto arriesgada, y a la vez tal vez fuera una mala idea, claro que aquello era lo que decía su cerebro, porque su corazón estaba gritando de felicidad por la idea.
—Sí. —sonrió, y ella se acomodó mejor en el sofá. Se tumbó levemente y él la miró, seguía sentado, pero quería tumbarse con ella, no supo por qué pero esperaba una invitación que sabía que no llegaría.
—¿Qué? —preguntó ella.
—Me quiero tumbar. —murmuró, y ella rió.
—Pues ven. —dijo, y no hizo falta que lo dijera dos veces, se movió y se tumbó entre sus piernas y apoyando la cabeza en su pecho, y sin él esperárselo, ella colocó los brazos alrededor de su cuerpo, por la cintura. —¿Cómodo? —le preguntó, y él asintió tímidamente con la cabeza, y después miró hacia arriba, los labios de ella se curvaron en una sonrisa. Llevaba demasiado tiempo sin besarla, y quería hacerlo, y fue como si de algún modo ella hubiera leído sus pensamientos, porque unió sus labios. Y no fue porque leyera sus pensamientos, sino porque al tenerlo tan cerca, simplemente quiso hacerlo, no pudo resistirse a hacerlo, y él no se resistió. A Zayn le gustaba eso, de hecho, no le importaría acostumbrarse. ¿Qué eran ellos dos exactamente? Aquella pregunta rondaba demasiado por su cabeza, pero no sabía si preguntar o no, ya que tal vez la respuesta le costaría otro buen golpe. —¿En qué piensas? —no se fijó en que se había quedado mirándola fijamente después de haberse separado del beso. Se sonrojó y parpadeó, apartando la mirada.
—En nada. —murmuró, mintió, y cómo no, ella se dio cuenta.
—Puedes decírmelo. —insistió, y él cerró los ojos y cogió aire, conteniéndolo.
—¿Tú y yo... Qué somos? —murmuró, sin aire, y la respuesta no llegaba. Ella se lo estaba pensando realmente. Eran amigos, amigos con derecho... No... ¿O sí? Sus amigos con derecho hacían algo más que besarla, claro que ahora no tenía a ninguno.
—Pues... No lo sé. —respondió ella siendo sincera. —Amigos, supongo. —dijo, y él abrió los ojos y soltó el aire que estaba conteniendo.
—¿Amigos que se besan? —murmuró, tímidamente.
—Amigos que se besan. —confirmó ella, plantando un beso suave en su cuello. —¿Te parece bien eso? —susurró, y él asintió levemente con la cabeza. El beso que ella había plantado en su cuello había enviado electricidad a través de todo su cuerpo. Supongo que no podía pedir más, y para él era bastante.
—Sí. —murmuró de vuelta, cerrando los ojos y disfrutando de los besos en su cuello, que iban encendiéndolo poco a poco, pero le resultaba tan placentero que no quería decirle que parara. Escuchó su risa y abrió los ojos.
—¿Te gusta? —murmuró, y él asintió con la cabeza y un leve rubor en las mejillas. ¿Para qué mentir? Sí le gustaba, le encantaba aquel dulce contacto. Sólo faltaba que empezara a ronrronear, porque se sentía cómodo como nunca. Ella sonrió de lado, él estaba relajado ahora, le gustaba que dejara besos en su cuello, y a ella le gustaba plantar besos ahí. Estaba siendo mimosa, mucho, con él. ¿Eso tenía algo de malo? Soltó un pequeño suspiro y acarició levemente sus caderas, provocando que una pequeña sonrisa se asomara de sus labios.
Ella estaba siendo muy afectiva, quizás demasiado, y ella nunca había hecho lo que estaba haciendo ahora, con nadie, sólo con Zayn, y no sabía si estaba bien o no. ¿Lo estaba ilusionando, quizás? Malcriando, tal vez. Ella no quería cortarle las alas a un ángel como él, pero... ¿Cómo sería capaz de no tratarlo como lo estaba haciendo ahora, cuando él era un ángel? Un precioso ángel.
—¿Te quedarás a dormir? —murmuró con los ojos cerrados, y ella sonrió de lado sin que él pudiera verlo.
—¿Por qué no viniste ayer? —le preguntó, ni "hola", ni “¿cómo estás?", fue directamente a esa pregunta.
Ella pareció no tomarle importancia a eso. —Me surgieron planes. —respondió secamente.
Y entonces él ya no pudo más. —¿Te enfadaste por eso? —dijo, con enfado. —¿Te das cuenta? Fue una estupidez. —dijo, y ella alzó una ceja, ante su tono de voz. —Yo no quería que te enfadaras, simplemente... Simplemente me sentó mal, ¿sabes? No hace falta que me recuerdes que no te gusto. —dijo, sentía un picor en los ojos, y sabía que estaba a punto de derrumbarse, y antes de hacerlo decidió conservar la poca dignidad que le quedaba y dar media vuelta para irse, pero un tirón en su brazo se lo impidió, y terminó siendo girado bruscamente, encontrándose de nuevo, a una altura inferior.
—¿Qué has dicho? —murmuró ella, las lágrimas ya estaban sobre sus mejillas, y él no alzaría la mirada. Se mordió los labios con fuerza y sintió cómo su mano intentaba alzar su cabeza, pero él se movió bruscamente, y ella suspiró. —Sé que estás llorando ahora mismo, Zayn, y no hace falta que intentes esconderlo.
Él se fregó los ojos con coraje, con la manga de su chaqueta, y la miró, con los ojos levemente rojos. —No estoy llorando. —mintió, y ella sonrió, haciéndolo enfurecer más.
—Eres un mal mentiroso. —dijo ella, divertida, y él se dio la vuelta dispuesto a irse, pero unos brazos lo agarraron firmemente desde detrás, por la cintura. —Has dicho "no haca falta que me recuerdes que no te gusto"... No te estarás enamorando de mí, ¿verdad? —murmuró ella, muy cerca de su oído. Él enrojeció. ¿Él había dicho eso?
—Yo no he dicho eso. —murmuró.
—Sí, sí lo has dicho. —dijo ella. —De no haberlo hecho no te lo diría, ¿no crees?
Zayn cogió aire para tranquilizarse. —No me refería a ese sentido. —fue lo único que pudo murmurar, no podía desmentir que él no estaba enamorándose de ella, porque mentiría, y entonces ella se daría cuenta. —Me refería a mi físico. —murmuró, bajando la mirada.
—Oh. —murmuró ella. —Tienes razón... No me gustas. —dijo con diversión, y su corazón se partió en dos, sintió que el aire escaseaba en sus pulmones y el nudo en su garganta le dolía como nunca. —Me encantas, Zayn, pero necesitas comer. —se sintió desfallecer, y ella lo soltó y lo atrajo hacia sí, sentándolo sobre su regazo y ofreciéndole su hamburguesa. —Come. —le dijo, y él negó con la cabeza.
—No quiero dejarte sin comer. —murmuró avergonzado.
—Y yo no quiero que no comas, así que venga, sé que tienes hambre. —insistió ella, sujetando la hamburguesa frente a él, para que le diera un mordisco. Abrió la boca y ella la acercó para que pudiera morder. Y ya estaban bien otra vez, sin saber cómo había sucedido todo tan rápido, ahora se encontraban sentados en un banco, mientras ella le ofrecía su hamburguesa.
Tragó una vez hubo masticado y la miró. —¿Por qué te fuiste así? —murmuró, todavía dolido.
—Porque te enfadaste. —respondió, colocando la hamburguesa frente a su rostro, para que le diera otro mordisco.
—¿Y no podías simplemente hablar conmigo? Intenté pedirte perdón. —dijo él dolido, e ignorando el hecho de que ella le indicara que comiera. Ella suspiró y bajó su mano. —Es como si usaras cualquier excusa para alejarte de mí... ¿Por qué lo haces?
Ella humedeció sus labios y miró los árboles del pequeño parque. Ella no sabía por qué lo hacía, su instinto le decía que lo hiciera, y su cerebro también, pero por algún motivo siempre decidía volver ignorándolos a ambos, y entonces se percató de algo: ella tenía miedo. Pero ella no lo admitiría. —Zayn, no soy buena para ti, ¿entiendes? —le dijo, y él negó con la cabeza.
—¿Cómo me puedes decir eso? ¿Te das cuenta? Eres la única persona que me ha ayudado, Noa, la única persona que conociéndome no me ha dejado. —dijo él, haciendo amago de volver a romperse, pero no lo hizo.
—Pero no lo entiendes, Zayn. —dijo ella, y suspiró. —Ya has visto de dónde vengo, ya sabes quién soy. —dijo. Sí, pero no sabía que ella era una asesina, que vendía drogas y que llegó incluso a prostituirse.
—Y me da igual, Noa, eso no cambia nada. —interrumpió Zayn. —Me cuesta estar bien si sé que estás enfadada conmigo, no tengo hambre, no... No... No sé. —acabó bajando la voz. Había admitido que ella le afectaba, claro que tal vez ella suponía algo. Ella se mordió los labios. Supongo que entonces era su culpa, en parte. Se sentía culpable por ello, no era justo que la pagara con él cuando no tenía la culpa, no era su culpa ser así, tan... Apetecible, supongo.
—No sabía que eso era mi culpa. —admitió ella, pensaba que era por su físico, claro que supongo que también le afectaba.
—Antes no lo era. —murmuró. —Prométeme que no te enfadarás más... Por favor. —le pidió, mirándole con aquellos ojos miel un tanto rojos, brillantes.
—No puedo prometerte eso. —murmuró ella, y antes de que apartara su mirada sujetó sus mejillas. —Pero te prometo que pase lo que pase, siempre estaré ahí para ayudarte, ¿vale?
Él esbozó una pequeña sonrisa y asintió con la cabeza. Gestos tan adorables como ese hacían que algo se revolviera en su interior y sonriera sin querer, y él la abrazó. Ella lo abrazó de vuelta y sonrió. ¿Por qué tenía que sentirse tan bien, haciendo algo que estaba tan mal? Ella no debía corromper a un ángel... Pero la tentación era demasiada.
***
Llegaron a su casa, ella había accedido a quedarse, y Zayn no podía estar más feliz con eso. Ella le había dicho que ya que al día anterior no pudo ir a darle clases de repaso, podría enseñarle hoy, pero él le había rogado que lo dejara estar, porque era lo último que necesitaba en aquel momento.
—¿Sabes? Paso demasiado tiempo aquí. —dijo ella. —Acabaré acostumbrándome.
Él sonrió. No le importaría que pasara todavía más tiempo ahí, de hecho, le encantaría incluso, que viviera con él, claro que no se lo propondría. —Me siento bastante solo, a decir verdad. —admitió, y ella lo miró.
—¿Con quién pasarás las Navidades? —le preguntó, pregunta que lo pilló por sorpresa.
—Pues... Solo... Supongo. —dijo, esbozando una media sonrisa triste. Ella solía pasar las Navidades sola, también, o con algún hombre de su agrado que también estuviera solo.
—¿Primos, primas, tías...? —preguntó ella, y él torció la boca.
—Antes estaba bien, pero ahora están muy cambiados. —murmuró él, y ella asintió con la cabeza. La gente cambiaba, supuso que serían de su edad ante su manera de decirlo, ellos y ellas podrían ser bastante diferentes a él.
—Entiendo... —dijo ella. —¿Y qué vas a comprarte para Navidad, entonces? —le preguntó. —¿O esperarás a que vengan tus padres, o algo?
—No. —negó. —Supongo que puedo comprarme lo que quiera. —suspiró. Él era un amante de las sorpresas, y ya no sería una sorpresa para él, supongo.
—Oh, guay. —dijo ella, y él esbozó una pequeña sonrisa. —¿No te parece guay? Puedes comprarte lo que quieras. —dijo ella.
—Sí, pero... Prefería encontrarme con un regalo debajo del árbol. —murmuró. —Uno que no supiera lo que es.
—Te gustan las sorpresas, supongo. —dijo, y él asintió con la cabeza. Una idea cruzó por la mente de la chica, una idea un tanto arriesgada, y a la vez tal vez fuera una mala idea, claro que aquello era lo que decía su cerebro, porque su corazón estaba gritando de felicidad por la idea.
—Sí. —sonrió, y ella se acomodó mejor en el sofá. Se tumbó levemente y él la miró, seguía sentado, pero quería tumbarse con ella, no supo por qué pero esperaba una invitación que sabía que no llegaría.
—¿Qué? —preguntó ella.
—Me quiero tumbar. —murmuró, y ella rió.
—Pues ven. —dijo, y no hizo falta que lo dijera dos veces, se movió y se tumbó entre sus piernas y apoyando la cabeza en su pecho, y sin él esperárselo, ella colocó los brazos alrededor de su cuerpo, por la cintura. —¿Cómodo? —le preguntó, y él asintió tímidamente con la cabeza, y después miró hacia arriba, los labios de ella se curvaron en una sonrisa. Llevaba demasiado tiempo sin besarla, y quería hacerlo, y fue como si de algún modo ella hubiera leído sus pensamientos, porque unió sus labios. Y no fue porque leyera sus pensamientos, sino porque al tenerlo tan cerca, simplemente quiso hacerlo, no pudo resistirse a hacerlo, y él no se resistió. A Zayn le gustaba eso, de hecho, no le importaría acostumbrarse. ¿Qué eran ellos dos exactamente? Aquella pregunta rondaba demasiado por su cabeza, pero no sabía si preguntar o no, ya que tal vez la respuesta le costaría otro buen golpe. —¿En qué piensas? —no se fijó en que se había quedado mirándola fijamente después de haberse separado del beso. Se sonrojó y parpadeó, apartando la mirada.
—En nada. —murmuró, mintió, y cómo no, ella se dio cuenta.
—Puedes decírmelo. —insistió, y él cerró los ojos y cogió aire, conteniéndolo.
—¿Tú y yo... Qué somos? —murmuró, sin aire, y la respuesta no llegaba. Ella se lo estaba pensando realmente. Eran amigos, amigos con derecho... No... ¿O sí? Sus amigos con derecho hacían algo más que besarla, claro que ahora no tenía a ninguno.
—Pues... No lo sé. —respondió ella siendo sincera. —Amigos, supongo. —dijo, y él abrió los ojos y soltó el aire que estaba conteniendo.
—¿Amigos que se besan? —murmuró, tímidamente.
—Amigos que se besan. —confirmó ella, plantando un beso suave en su cuello. —¿Te parece bien eso? —susurró, y él asintió levemente con la cabeza. El beso que ella había plantado en su cuello había enviado electricidad a través de todo su cuerpo. Supongo que no podía pedir más, y para él era bastante.
—Sí. —murmuró de vuelta, cerrando los ojos y disfrutando de los besos en su cuello, que iban encendiéndolo poco a poco, pero le resultaba tan placentero que no quería decirle que parara. Escuchó su risa y abrió los ojos.
—¿Te gusta? —murmuró, y él asintió con la cabeza y un leve rubor en las mejillas. ¿Para qué mentir? Sí le gustaba, le encantaba aquel dulce contacto. Sólo faltaba que empezara a ronrronear, porque se sentía cómodo como nunca. Ella sonrió de lado, él estaba relajado ahora, le gustaba que dejara besos en su cuello, y a ella le gustaba plantar besos ahí. Estaba siendo mimosa, mucho, con él. ¿Eso tenía algo de malo? Soltó un pequeño suspiro y acarició levemente sus caderas, provocando que una pequeña sonrisa se asomara de sus labios.
Ella estaba siendo muy afectiva, quizás demasiado, y ella nunca había hecho lo que estaba haciendo ahora, con nadie, sólo con Zayn, y no sabía si estaba bien o no. ¿Lo estaba ilusionando, quizás? Malcriando, tal vez. Ella no quería cortarle las alas a un ángel como él, pero... ¿Cómo sería capaz de no tratarlo como lo estaba haciendo ahora, cuando él era un ángel? Un precioso ángel.
—¿Te quedarás a dormir? —murmuró con los ojos cerrados, y ella sonrió de lado sin que él pudiera verlo.
—Si
quieres. —dijo ella, y él asintió con la cabeza. Ella plantó
otro beso, detrás de su oreja, y él se estremeció haciéndola
sonreír. —Entonces sí. —murmuró, plantando de nuevo besos en
su cuello.
"Mírate... ¿Lo ves? ¿Quién es el ángel y quién el demonio, Noa? Él es malo para ti, va a lograr que te maten, toda esa humanidad debe desaparecer, tú sabes muy bien que no eres así." Cerró los ojos al escuchar aquella voz en su cabeza, su cerebro diciéndole que se alejara, de nuevo. Pero ella no lo haría, no de nuevo.
"Mírate... ¿Lo ves? ¿Quién es el ángel y quién el demonio, Noa? Él es malo para ti, va a lograr que te maten, toda esa humanidad debe desaparecer, tú sabes muy bien que no eres así." Cerró los ojos al escuchar aquella voz en su cabeza, su cerebro diciéndole que se alejara, de nuevo. Pero ella no lo haría, no de nuevo.


Ya me resultaba un poco raro que en el otro capitulo estaban Zayn y Noa tan acaramelados cuando en el anterior capítulo estaban en 'crisis'...
ResponderEliminarMe encantan ^^ ¡Son tan lindos! <3