Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT.
—Joder, Austin, que tengo planes. —seguía peleando ella por teléfono, su amigo no dejaba de dar la lata con que era urgente y ella tenía que ir con él a una especie de quedada con unos traficantes de esclavos.
—Noa, es muy urgente, por favor. —suplicó.
—Austin, he quedado y no puedo faltar. —dijo ella seriamente. Tenía que ir con Zayn, para darle clases, aunque estuvieran peleados.
—Por favor. Noa, ¿cuántas veces te he suplicado? —dijo, y Noa bufó.
—Todas las veces que te has quedado sin casa y has tenido que vivir conmigo, y ya estás quitando el chicle del techo. —dijo ella mientras se paseaba en busca de su otra bota, ya que el día anterior, al no estar de humor, la lanzó a algún lado de su habitación y ahora no la encontraba.
—Noa, de verdad que es importante, tienes que ser mi acompañante. —dijo, y ella bufó agachándose para mirar debajo de la cama. La bota tampoco estaba ahí.
—Me cago en la puta. —gruñó, dando vueltas por la habitación, hasta que vio un cordón bastante familiar entre la montaña de objetos que era su mesa. —Ahí está. —murmuró, y dejó el móvil encima de la cama, con una mano sujetó la montaña y con la otra agarró su bota, y se la puso. Volvió a la cama y agarró de nuevo el móvil, llevándoselo al oído.
—¿Noa? Noa, joder, estamos hablando de mucho dinero. —dijo frustrado.
—¿No puedes llevar a otra persona? —le ladró.
—¿Quieres que vaya de gay? —exclamó. —Joder, Noa, tengo que llevar a alguien de confianza. Te pagaré.
—Joder, Austin, que tengo planes. —seguía peleando ella por teléfono, su amigo no dejaba de dar la lata con que era urgente y ella tenía que ir con él a una especie de quedada con unos traficantes de esclavos.
—Noa, es muy urgente, por favor. —suplicó.
—Austin, he quedado y no puedo faltar. —dijo ella seriamente. Tenía que ir con Zayn, para darle clases, aunque estuvieran peleados.
—Por favor. Noa, ¿cuántas veces te he suplicado? —dijo, y Noa bufó.
—Todas las veces que te has quedado sin casa y has tenido que vivir conmigo, y ya estás quitando el chicle del techo. —dijo ella mientras se paseaba en busca de su otra bota, ya que el día anterior, al no estar de humor, la lanzó a algún lado de su habitación y ahora no la encontraba.
—Noa, de verdad que es importante, tienes que ser mi acompañante. —dijo, y ella bufó agachándose para mirar debajo de la cama. La bota tampoco estaba ahí.
—Me cago en la puta. —gruñó, dando vueltas por la habitación, hasta que vio un cordón bastante familiar entre la montaña de objetos que era su mesa. —Ahí está. —murmuró, y dejó el móvil encima de la cama, con una mano sujetó la montaña y con la otra agarró su bota, y se la puso. Volvió a la cama y agarró de nuevo el móvil, llevándoselo al oído.
—¿Noa? Noa, joder, estamos hablando de mucho dinero. —dijo frustrado.
—¿No puedes llevar a otra persona? —le ladró.
—¿Quieres que vaya de gay? —exclamó. —Joder, Noa, tengo que llevar a alguien de confianza. Te pagaré.
Ella se mordió los labios,
pensativa. —¿Cuánto? —le preguntó.
—Doscientos.
—ella rió.
—Adiós, Austin. —dijo.
—¡Quinientos! —exclamó.
—Chao...
—¡Mil, joder! —gritó.
—Que sean dos mil. —dijo ella, y él bufó.
—Bien. —dijo resignado. —Voy a pasar a por ti, ahora. Vístete con algo elegante. —dijo, y finalizó la llamada.
Ella tenía un vestido rojo que usaba para todas aquellas ocasiones que se le presentaban de ir a cenas importantes con hombres importantes, aunque claro, aquello no era una cena. Se pondría algo encima, de todos modos hacía frío, y aquel vestido la cubría un poco más arriba de las rodillas, dejando poco a la imaginación. Era provocativo, así como tenía que ser. Ponía su vida en riesgo yendo a esas cenas, pero sabía que ella no era plato de venta para aquellas personas, debido a su rango en el Infierno. Se vistió rápido y se maquilló excesivamente, junto a un pintalabios rojo oscuro que hacía sus labios más tentadores, se puso sus zapatos de tacón con plataformas y se miró al espejo, estaba lista y deslumbrante.
Escuchó cómo alguien llamaba insistentemente a la puerta y fue hacia ésta, bastante sorprendida con la rapidez de su amigo, normalmente no tardaba tan poco. Pero no era él.
—Hola. —se encontró con un chico rubio con mechas azules y frunció el ceño, no lo había visto en su vida.
—¿Quién eres? —su falta de modales y desconfianza actuaron en seguida, y el hombre esbozó una pequeña sonrisa.
—Max, soy... El amante de Mafalda. —explicó, y ella asintió seriamente. —La salvaste, y venía a agradecértelo. —dijo. —Me lo ha explicado todo.
—Ya, vale, no es nada. —dijo ella sin darle importancia.
—Es mucho, contando que has salvado una vida. —dijo él. —Sólo venía a agradecértelo, porque ella significa mucho para mí. —dijo, y ella asintió con la cabeza, aún un tanto desconfiada.
—Noa. —alguien a las espaldas del chico apareció, su fiel amigo y amante, Austin. —Vamos. —dijo.
—Voy. —dijo ella, y el chico de mechas azules la dejó pasar.
—Gracias otra vez. —dijo, y después se fue.
—¿Y el tío ese? —preguntó Austin mientras andaban hacia el ascensor, pulsó el botón con rapidez y las puertas se abrieron, supuso que antes de venir a por ella había pulsado de nuevo el botón. Entraron en el ascensor y Austin volvió a pulsar el botón.
—Adiós, Austin. —dijo.
—¡Quinientos! —exclamó.
—Chao...
—¡Mil, joder! —gritó.
—Que sean dos mil. —dijo ella, y él bufó.
—Bien. —dijo resignado. —Voy a pasar a por ti, ahora. Vístete con algo elegante. —dijo, y finalizó la llamada.
Ella tenía un vestido rojo que usaba para todas aquellas ocasiones que se le presentaban de ir a cenas importantes con hombres importantes, aunque claro, aquello no era una cena. Se pondría algo encima, de todos modos hacía frío, y aquel vestido la cubría un poco más arriba de las rodillas, dejando poco a la imaginación. Era provocativo, así como tenía que ser. Ponía su vida en riesgo yendo a esas cenas, pero sabía que ella no era plato de venta para aquellas personas, debido a su rango en el Infierno. Se vistió rápido y se maquilló excesivamente, junto a un pintalabios rojo oscuro que hacía sus labios más tentadores, se puso sus zapatos de tacón con plataformas y se miró al espejo, estaba lista y deslumbrante.
Escuchó cómo alguien llamaba insistentemente a la puerta y fue hacia ésta, bastante sorprendida con la rapidez de su amigo, normalmente no tardaba tan poco. Pero no era él.
—Hola. —se encontró con un chico rubio con mechas azules y frunció el ceño, no lo había visto en su vida.
—¿Quién eres? —su falta de modales y desconfianza actuaron en seguida, y el hombre esbozó una pequeña sonrisa.
—Max, soy... El amante de Mafalda. —explicó, y ella asintió seriamente. —La salvaste, y venía a agradecértelo. —dijo. —Me lo ha explicado todo.
—Ya, vale, no es nada. —dijo ella sin darle importancia.
—Es mucho, contando que has salvado una vida. —dijo él. —Sólo venía a agradecértelo, porque ella significa mucho para mí. —dijo, y ella asintió con la cabeza, aún un tanto desconfiada.
—Noa. —alguien a las espaldas del chico apareció, su fiel amigo y amante, Austin. —Vamos. —dijo.
—Voy. —dijo ella, y el chico de mechas azules la dejó pasar.
—Gracias otra vez. —dijo, y después se fue.
—¿Y el tío ese? —preguntó Austin mientras andaban hacia el ascensor, pulsó el botón con rapidez y las puertas se abrieron, supuso que antes de venir a por ella había pulsado de nuevo el botón. Entraron en el ascensor y Austin volvió a pulsar el botón.
—No
lo sé, dice que se llama Max. —se encogió de hombros, y Austin la
miró de reojo.
—Ah. —no le tomó importancia, ya que Noa había tenido amantes en muchas ocasiones. Aunque ese no fuera el caso, él pensaba así. Las puertas se abrieron y anduvieron hasta su coche, abrió y entró rápidamente, y después ella lo siguió.
—Eres una jodida rata interesada. —le gruñó en cuanto subió al coche. Ella rió y cruzó las piernas.
—Bueno, si quieres no me pagues, me salgo del coche y vuelvo a mi casa. —dijo ella. —He tenido que cancelar mis planes por esto. —dijo ella. Y no había avisado a Zayn.
—No. —dijo, arrancando. —Pero que los amigos se hacen favores.
—Aplícatelo. —dijo ella seriamente, y él no dijo nada. Sí, no tenía nada que decir ante eso, porque era verdad, a él sólo le importaba él, y en cuanto podía se aprovechaba de ella, claro que a ella no le suponía un gran problema.
***
Las seis y media, y ella no había llegado, tal vez ni pensara en presentarse, y aquello mantenía a Zayn deprimido. Ella ni siquiera vendría, y él no tendría oportunidad de decirle nada. ¿Terminaría todo por una estupidez como aquella? Cualquiera diría que ella buscaba excusas para alejarse de él, constantemente. Otra vez, no tenía hambre. ¿Siempre sería igual? Y esta vez no era porque quisiera adelgazar, sino porque sentía una especie de conexión entre su cabeza y su estómago, no se encontraba bien.
El teléfono sonó, supuso en seguida que se trataba de su madre, ya que era la única que lo llamaba siempre. Lo cogió y lo llevó directamente a su oído. —¿Sí?
—Cariño, ¿qué tal va todo? —preguntó su madre.
—Bien. —respondió, intentando sonar como su palabra, "bien".
—Ah. —no le tomó importancia, ya que Noa había tenido amantes en muchas ocasiones. Aunque ese no fuera el caso, él pensaba así. Las puertas se abrieron y anduvieron hasta su coche, abrió y entró rápidamente, y después ella lo siguió.
—Eres una jodida rata interesada. —le gruñó en cuanto subió al coche. Ella rió y cruzó las piernas.
—Bueno, si quieres no me pagues, me salgo del coche y vuelvo a mi casa. —dijo ella. —He tenido que cancelar mis planes por esto. —dijo ella. Y no había avisado a Zayn.
—No. —dijo, arrancando. —Pero que los amigos se hacen favores.
—Aplícatelo. —dijo ella seriamente, y él no dijo nada. Sí, no tenía nada que decir ante eso, porque era verdad, a él sólo le importaba él, y en cuanto podía se aprovechaba de ella, claro que a ella no le suponía un gran problema.
***
Las seis y media, y ella no había llegado, tal vez ni pensara en presentarse, y aquello mantenía a Zayn deprimido. Ella ni siquiera vendría, y él no tendría oportunidad de decirle nada. ¿Terminaría todo por una estupidez como aquella? Cualquiera diría que ella buscaba excusas para alejarse de él, constantemente. Otra vez, no tenía hambre. ¿Siempre sería igual? Y esta vez no era porque quisiera adelgazar, sino porque sentía una especie de conexión entre su cabeza y su estómago, no se encontraba bien.
El teléfono sonó, supuso en seguida que se trataba de su madre, ya que era la única que lo llamaba siempre. Lo cogió y lo llevó directamente a su oído. —¿Sí?
—Cariño, ¿qué tal va todo? —preguntó su madre.
—Bien. —respondió, intentando sonar como su palabra, "bien".
—¿Sí?
¿Y de dinero, te va bien? Ya sabes que no es problema enviarte más.
—dijo ella con preocupación.
—No, de verdad, mamá. —dijo él. Supongo que estaba preocupada porque pensaba que ya que podía gastarse todo el dinero que tenía, lo habría hecho, y en comida, porque realmente comía mucho, pero eso era antes.
—¿Seguro? —preguntó, desconfiando.
—Totalmente. —respondió él.
—Bien... Bueno, cuídate mucho, mi amor, te echo mucho de menos, y tu padre también. —dijo, y él bajó su mirada.
—Yo también os hecho de menos. —dijo, con toda la sinceridad del mundo. Ellos eran las únicas personas que tenía.
—Volveremos lo antes posible. —dijo ella dulcemente. —Ahora debo colgar, cariño.
Él esbozó una pequeña sonrisa. —Sí. —dijo, estaba acostumbrado a ello, ella siempre tenía que colgar rápido, nunca podía quedarse mucho rato hablando, nunca podía pasar mucho tiempo con él, nunca tenía tiempo para él.
—Te quiero. —abrió la boca para hablar, pero lo único que se escuchaban eran los pitidos intermitentes, ella había colgado.
—Yo también. —murmuró, y dejó el teléfono en su lugar. Subió las escaleras a su habitación y cogió su ordenador, se sentó en la cama y lo desbloqueó con su contraseña. Tenía que haber algo que él pudiera hacer, y que no fuera HABBO, porque sabía que aquello acabaría mal. Quizás... Música. Miró lo más popular de "VEVO", encontrándose con una nueva canción llamada "Elastic Heart", de Sia. Cliqueó y el vídeo empezó. Era un vídeo extraño, con una letra que no comprendía realmente, simplemente algunas frases, y lograba encajarlas en su cabeza.
Now another one bites the dust (Y otro que muerde el polvo.)
But why can I not conquer love? (Pero, ¿por qué no puedo conquistar el amor?)
Por alguna razón no dejaba de aplicar las letras de sus canciones a su vida.
Well I’ve got a thick skin and an elastic heart (Bueno, tengo una piel dura y un corazón elástico.)
But your blade it might be too sharp (Pero tu espada podría ser demasiado fuerte.)
—No, de verdad, mamá. —dijo él. Supongo que estaba preocupada porque pensaba que ya que podía gastarse todo el dinero que tenía, lo habría hecho, y en comida, porque realmente comía mucho, pero eso era antes.
—¿Seguro? —preguntó, desconfiando.
—Totalmente. —respondió él.
—Bien... Bueno, cuídate mucho, mi amor, te echo mucho de menos, y tu padre también. —dijo, y él bajó su mirada.
—Yo también os hecho de menos. —dijo, con toda la sinceridad del mundo. Ellos eran las únicas personas que tenía.
—Volveremos lo antes posible. —dijo ella dulcemente. —Ahora debo colgar, cariño.
Él esbozó una pequeña sonrisa. —Sí. —dijo, estaba acostumbrado a ello, ella siempre tenía que colgar rápido, nunca podía quedarse mucho rato hablando, nunca podía pasar mucho tiempo con él, nunca tenía tiempo para él.
—Te quiero. —abrió la boca para hablar, pero lo único que se escuchaban eran los pitidos intermitentes, ella había colgado.
—Yo también. —murmuró, y dejó el teléfono en su lugar. Subió las escaleras a su habitación y cogió su ordenador, se sentó en la cama y lo desbloqueó con su contraseña. Tenía que haber algo que él pudiera hacer, y que no fuera HABBO, porque sabía que aquello acabaría mal. Quizás... Música. Miró lo más popular de "VEVO", encontrándose con una nueva canción llamada "Elastic Heart", de Sia. Cliqueó y el vídeo empezó. Era un vídeo extraño, con una letra que no comprendía realmente, simplemente algunas frases, y lograba encajarlas en su cabeza.
Now another one bites the dust (Y otro que muerde el polvo.)
But why can I not conquer love? (Pero, ¿por qué no puedo conquistar el amor?)
Por alguna razón no dejaba de aplicar las letras de sus canciones a su vida.
Well I’ve got a thick skin and an elastic heart (Bueno, tengo una piel dura y un corazón elástico.)
But your blade it might be too sharp (Pero tu espada podría ser demasiado fuerte.)
I’m
like a rubber band until you pull too hard (Soy como un elástico
hasta que tire demasiado fuerte.)
But I may snap when I move close (Pero se puede romper si me muevo cerca.)
But you won’t see me move no more (Pero no me verás acercarme más.)
Cause I’ve got an elastic heart. (Porque tengo un corazón elástico.)
I’ve got an elastic heart (Tengo un corazón elástico.)
Yeah, I’ve got an elastic heart. (Sí, tengo un corazón elástico.)
Suspiró y se mordió los labios. "Un corazón elástico", podría desaparecer y alejarse en cualquier momento, pero él jamás mordería el polvo... No, no debía dejar que aquello sucediera, su espada podría ser fuerte... Aquello sonaba un tanto extraño si se paraba a pensarlo. Se sonrojó. Ella tiene una piel dura, lo sabía bien, era fuerte, así como la había descrito. ¿Por qué cada canción que escuchaba la relacionaba con ella? Tal vez simplemente no podía escucharlas de otro modo. Desearía tener su número telefónico para poder preguntarle por qué no había venido, por qué no había podido, aunque fuera, avisar de que no vendría, del modo que fuera. ¿Y si le había pasado algo? No, eso no sería posible, conociéndola. Ella era demasiado fuerte como para que algo le hubiera pasado, claro que el lugar en el que vivía era muy peligroso. Y si... No, ella era "amiga de Satanás", dudaba que algo le hubiera sucedido. Idiota sea por haber perdido el papel con su número. Lo apuntó en un papel antes de borrarlo de su brazo, y así de torpe, acabó perdiéndolo.
Dio un suspiro antes de buscar más canciones, y buscó canciones que había encontrado el día que estuvo buscando canciones para Educación Física, se decidió por "Habits (Stay High)", de Tove Lo. Mala elección, supongo, ya que era su tono de llamada, pero debía admitir que aquella canción le encantaba. Se tumbó y dejó que la canción sonara, no la compararía esta vez. Cerró los ojos y sin darse cuenta, se durmió.
***
Era odioso para ella tener que estar ahí, siendo agarrada de la cintura por Austin, cada uno de aquellos hombres llevaba a una mujer consigo, claro que Austin no mencionó quiénes eran aquellas mujeres. Lo apartó levemente y lo llevó detrás de una de aquellas cortinas, y lo abofeteó con fuerza.
—¿Pero tú de qué vas, hijo de la gran puta? —le gruñó, y él se sobó el golpe. —¿Me has traído como a tu puta? Ya me estás sacando de aquí. —estaba roja, iba a explotar, y a su amigo le convenía no estar delante cuando aquello sucediera, bien él podía ser Satanás, pero Satanás le temía a lo que era su secuaz, como en las relaciones marido y mujer más corrientes, igual.
—No lo sabía. —dijo él, y ella le alzó una ceja, sabía muy bien cuando él mentía, también, ya que lo conocía desde hace mucho. Él se humedeció los labios, gesto que hacía cuando sabía que le acababan de pillar una mentira o estaba incómodo. —Te doblaré la cantidad de dinero, ¿vale? —dijo.
—Aclara que no soy tu puta, soy tu socia. —dijo ella seriamente.
—Pero...
—Házlo, o me voy. —dijo ella seriamente, y él suspiró y asintió con la cabeza.
Ambos salieron de ahí, era un lugar extraño, una especie de cabaret privado, supuso, ya que estaba lleno de cortinas suaves de color lila oscuro. La mirada de un hombre se posó en ellos saliendo de detrás de las cortinas y sonrió. —Mi querido amigo, si quieres castigar a tu puta, tenemos cuartos para eso. —le guiñó un ojo. Ella apretó los puños y Austin fue a hablar, pero ella se adelantó.
—De puta nada, estúpido imbécil, de haber sabido esto ni siquiera habría venido, ¿pillas, puto gordo? —le ladró, y el hombre parpadeó con sorpresa.
—Cálmate. —le susurró Austin.
—Vaya, lamento la confusión. —se disculpó, ignorando los insultos que había soltado ella, quien todavía seguía roja de rabia y apretando los puños. —Eres una chica con carácter. —dijo dirigiéndose a ella.
—Lo es, Brandom, con mucho carácter. —admitió Austin.
—No sé cómo he podido confundirla con una de ellas, en verdad. Lo lamento. —siguió disculpándose, y ella simplemente dio un asentimiento de cabeza. Estúpido machista de mierda, era lo que pensaba ella a cerca de aquel hombre. Supongo que se trataba de otro traficante de esclavos, o de mujeres.
—Bueno, Brandom, ¿por qué tanta urgencia? —preguntó Austin, y Brandom lo miró, como si saliera de un pequeño trance.
—Venid, sentaos. —dijo andando hacia el centro, donde había una mesa con sofás, los cuales parecían muy cómodos. Él se sentó en uno y Noa y Austin en otros dos, por separado, ya que eran bastante pequeños y no cabían dos personas.
—¿Y bien? —Noa prefería dejar a su amigo Austin hablar, ella había venido simplemente a acompañar y ya había hablado suficiente.
—Bueno, este es un caso bastante especial, me ha llegado un nuevo cliente bastante exigente. —explicó él con seriedad.
—Nada que no pueda conseguir. —dijo Austin como si no fuera la gran cosa. —¿De qué se trata?
—Necesito un hombre, joven, que no pase de los veinte, con aire sumiso. —dijo, aquello no era explícito para Noa, pero supuso que tal vez cuando le pedía algo a Austin sólo le decía el género, y tal vez la edad, aunque encontrar a un hombre sumiso supuso que no sería fácil, nadie quedaba sumiso a esa edad... Bueno...
—Vaya. —dijo Austin pensativo. —Lo veo complicado, la verdad. —dijo, sincero. —Las mujeres... Algunas mujeres —rectificó cuando vio a Noa mirándolo con una ceja alzada —, son sumisas, pero no hombres, aunque aún así, lo único sería amansarlo.
—El señor paga bastante bien, se ve que es algo importante. —dijo él.
—¿Cuánto? —preguntó Austin.
—Diez millones. —las bocas de ambos jóvenes cayeron abiertas. Nadie pagaba diez millones por un simple esclavo, tras aquel tráfico había algo más.
—¿Millones? —dijo Austin, con incredulidad, y Brandom asintió con la cabeza.
—Tú cobrarías un millón. —dijo, y aquello le desagradó.
—Ya que cobras tanto, quiero la mitad. —dijo él, y eso pareció enfurecer a Brandom.
—Siempre te pago lo mismo. —dijo, enfurecido.
—Sí, pero no es justo que yo haga el trabajo sucio y tú simplemente cobres, sería justo que me dieras la mitad. —dijo Austin, confiado. Brandom apretó la mandíbula. Era la primera vez que cobraba tanto en efectivo, así que no tenía nada que perder, mejor eso que nada, y no encontraría a alguien como Austin en tan poco tiempo. —¿Lo tomas o lo dejas? —alzó la mano, y Brandom lo miró, y finalmente decidió estrecharle la mano.
—Lo tomo. —dijo entre dientes. ¿Quién sería el pobre desafortunado que acabaría entre las zarpas Satanás?
But I may snap when I move close (Pero se puede romper si me muevo cerca.)
But you won’t see me move no more (Pero no me verás acercarme más.)
Cause I’ve got an elastic heart. (Porque tengo un corazón elástico.)
I’ve got an elastic heart (Tengo un corazón elástico.)
Yeah, I’ve got an elastic heart. (Sí, tengo un corazón elástico.)
Suspiró y se mordió los labios. "Un corazón elástico", podría desaparecer y alejarse en cualquier momento, pero él jamás mordería el polvo... No, no debía dejar que aquello sucediera, su espada podría ser fuerte... Aquello sonaba un tanto extraño si se paraba a pensarlo. Se sonrojó. Ella tiene una piel dura, lo sabía bien, era fuerte, así como la había descrito. ¿Por qué cada canción que escuchaba la relacionaba con ella? Tal vez simplemente no podía escucharlas de otro modo. Desearía tener su número telefónico para poder preguntarle por qué no había venido, por qué no había podido, aunque fuera, avisar de que no vendría, del modo que fuera. ¿Y si le había pasado algo? No, eso no sería posible, conociéndola. Ella era demasiado fuerte como para que algo le hubiera pasado, claro que el lugar en el que vivía era muy peligroso. Y si... No, ella era "amiga de Satanás", dudaba que algo le hubiera sucedido. Idiota sea por haber perdido el papel con su número. Lo apuntó en un papel antes de borrarlo de su brazo, y así de torpe, acabó perdiéndolo.
Dio un suspiro antes de buscar más canciones, y buscó canciones que había encontrado el día que estuvo buscando canciones para Educación Física, se decidió por "Habits (Stay High)", de Tove Lo. Mala elección, supongo, ya que era su tono de llamada, pero debía admitir que aquella canción le encantaba. Se tumbó y dejó que la canción sonara, no la compararía esta vez. Cerró los ojos y sin darse cuenta, se durmió.
***
Era odioso para ella tener que estar ahí, siendo agarrada de la cintura por Austin, cada uno de aquellos hombres llevaba a una mujer consigo, claro que Austin no mencionó quiénes eran aquellas mujeres. Lo apartó levemente y lo llevó detrás de una de aquellas cortinas, y lo abofeteó con fuerza.
—¿Pero tú de qué vas, hijo de la gran puta? —le gruñó, y él se sobó el golpe. —¿Me has traído como a tu puta? Ya me estás sacando de aquí. —estaba roja, iba a explotar, y a su amigo le convenía no estar delante cuando aquello sucediera, bien él podía ser Satanás, pero Satanás le temía a lo que era su secuaz, como en las relaciones marido y mujer más corrientes, igual.
—No lo sabía. —dijo él, y ella le alzó una ceja, sabía muy bien cuando él mentía, también, ya que lo conocía desde hace mucho. Él se humedeció los labios, gesto que hacía cuando sabía que le acababan de pillar una mentira o estaba incómodo. —Te doblaré la cantidad de dinero, ¿vale? —dijo.
—Aclara que no soy tu puta, soy tu socia. —dijo ella seriamente.
—Pero...
—Házlo, o me voy. —dijo ella seriamente, y él suspiró y asintió con la cabeza.
Ambos salieron de ahí, era un lugar extraño, una especie de cabaret privado, supuso, ya que estaba lleno de cortinas suaves de color lila oscuro. La mirada de un hombre se posó en ellos saliendo de detrás de las cortinas y sonrió. —Mi querido amigo, si quieres castigar a tu puta, tenemos cuartos para eso. —le guiñó un ojo. Ella apretó los puños y Austin fue a hablar, pero ella se adelantó.
—De puta nada, estúpido imbécil, de haber sabido esto ni siquiera habría venido, ¿pillas, puto gordo? —le ladró, y el hombre parpadeó con sorpresa.
—Cálmate. —le susurró Austin.
—Vaya, lamento la confusión. —se disculpó, ignorando los insultos que había soltado ella, quien todavía seguía roja de rabia y apretando los puños. —Eres una chica con carácter. —dijo dirigiéndose a ella.
—Lo es, Brandom, con mucho carácter. —admitió Austin.
—No sé cómo he podido confundirla con una de ellas, en verdad. Lo lamento. —siguió disculpándose, y ella simplemente dio un asentimiento de cabeza. Estúpido machista de mierda, era lo que pensaba ella a cerca de aquel hombre. Supongo que se trataba de otro traficante de esclavos, o de mujeres.
—Bueno, Brandom, ¿por qué tanta urgencia? —preguntó Austin, y Brandom lo miró, como si saliera de un pequeño trance.
—Venid, sentaos. —dijo andando hacia el centro, donde había una mesa con sofás, los cuales parecían muy cómodos. Él se sentó en uno y Noa y Austin en otros dos, por separado, ya que eran bastante pequeños y no cabían dos personas.
—¿Y bien? —Noa prefería dejar a su amigo Austin hablar, ella había venido simplemente a acompañar y ya había hablado suficiente.
—Bueno, este es un caso bastante especial, me ha llegado un nuevo cliente bastante exigente. —explicó él con seriedad.
—Nada que no pueda conseguir. —dijo Austin como si no fuera la gran cosa. —¿De qué se trata?
—Necesito un hombre, joven, que no pase de los veinte, con aire sumiso. —dijo, aquello no era explícito para Noa, pero supuso que tal vez cuando le pedía algo a Austin sólo le decía el género, y tal vez la edad, aunque encontrar a un hombre sumiso supuso que no sería fácil, nadie quedaba sumiso a esa edad... Bueno...
—Vaya. —dijo Austin pensativo. —Lo veo complicado, la verdad. —dijo, sincero. —Las mujeres... Algunas mujeres —rectificó cuando vio a Noa mirándolo con una ceja alzada —, son sumisas, pero no hombres, aunque aún así, lo único sería amansarlo.
—El señor paga bastante bien, se ve que es algo importante. —dijo él.
—¿Cuánto? —preguntó Austin.
—Diez millones. —las bocas de ambos jóvenes cayeron abiertas. Nadie pagaba diez millones por un simple esclavo, tras aquel tráfico había algo más.
—¿Millones? —dijo Austin, con incredulidad, y Brandom asintió con la cabeza.
—Tú cobrarías un millón. —dijo, y aquello le desagradó.
—Ya que cobras tanto, quiero la mitad. —dijo él, y eso pareció enfurecer a Brandom.
—Siempre te pago lo mismo. —dijo, enfurecido.
—Sí, pero no es justo que yo haga el trabajo sucio y tú simplemente cobres, sería justo que me dieras la mitad. —dijo Austin, confiado. Brandom apretó la mandíbula. Era la primera vez que cobraba tanto en efectivo, así que no tenía nada que perder, mejor eso que nada, y no encontraría a alguien como Austin en tan poco tiempo. —¿Lo tomas o lo dejas? —alzó la mano, y Brandom lo miró, y finalmente decidió estrecharle la mano.
—Lo tomo. —dijo entre dientes. ¿Quién sería el pobre desafortunado que acabaría entre las zarpas Satanás?
[Huh... Austin. Bueno, creo que fue un bonito maratón, ¿no? Y cosa aparte, más de 80 personas leen los capis y no dan +1, y no es del todo agradable pero es lo que hay. Bue. En el capitulo anterior tuve +11, pero llegamos a +13, es nuestro máximo. ¿+16 y el siguiente? (Veremos si se puede) xx y recuerdo que es gratis.]


Me encanto el capítulo :D
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminaryeii capitulo nuevo
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEres la mejor, gracias por el maratón fue grandioso:)
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