Autora: Sandra M.P.
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—No me odies... —susurró. Cerré los ojos con fuerza. No. No voy a odiarte, pero tampoco pretendas que siga así siempre. No voy a estar todos los días de instituto soportando sus insultos. Me levanté con mi pijama en la mano y me dispuse a irme a la habitación de mi madre. —¿Dónde vas?
—No. —lo interrumpí. —Zayn, yo no puedo. No quiero. —negué con cansancio. —Elige. Soy yo... O ellos, Zayn. —me tumbé, recto, mirando al techo y con las manos sobre mi abdomen, esperando su respuesta. Supongo que elegiría a los populares. Supongo que su secreto iba sobre todo.
—Deja que te ensucie un poco más. —susurró, deslizando sus manos por mi cintura hasta llegar a mi miembro.
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—Niall...
Mi padre me matará si se entera de que soy gay. —dijo. Su labio
inferior temblaba y no paraban de salir lágrimas de sus ojos.
—¿Y
qué pruebas tienen, Zayn? —dije.
Se
tragó sus sollozos, le costaba hablar a causa de éstos. —No lo
sé. Sólo... Sólo me dijeron que se lo dirían si no...
Y
se calló. —¿Si no qué?
Bajó
la mirada. —Me metía contigo. —susurró. Oh... ¿Y qué coño
tenía que ver yo en esto? Joder. Qué manía conmigo. Pero... ¿Y él
y Amanda? No lo entendía. Yo... Pensaba que se gustaban, claro que
luego él estaba conmigo y... Y... No entendía nada.
—¿Entonces
no era por lo de ser popular?
—Sólo...
Al principio. —susurró.
Asentí
seriamente con la cabeza. No estaba muy contento con eso de todos
modos. Además de que no entendía por qué su padre lo mataría. Es
decir, vale, odiaba a los homosexuales, o... No sé. Algo raro. Pero
joder, ¿por qué? Era su hijo. Si era gay, era gay. Y si lo quería
lo entendería.
—Zayn,
es tu padre. —dije.
—Niall...
No puedo decírselo.
—Zayn,
tienes que hacerlo. —dije. Negó con la cabeza rotundamente.
—No.
Niall, me desheredará, me odiará... Me echará de casa. —se echó
a llorar de nuevo y lo abracé. Mierda... Viéndolo así no podía
enfadarme con él. Él no tenía la culpa de nada. Bueno... Quizás
un poco... Pero igualmente, él tenía miedo. No sabía qué hacer.
Simplemente era eso, incluso yo habría hecho eso. O... O no. A mi
madre le daba igual, era su hijo y me quería, me apoyaba.
—¿Y
qué? ¿Seguirás así siempre? —le dije, mirándolo cuando dejé
de abrazarlo.
—No me odies... —susurró. Cerré los ojos con fuerza. No. No voy a odiarte, pero tampoco pretendas que siga así siempre. No voy a estar todos los días de instituto soportando sus insultos. Me levanté con mi pijama en la mano y me dispuse a irme a la habitación de mi madre. —¿Dónde vas?
—Buenas
noches, Zayn. —le dije cerrando la puerta de mi habitación. Sabía
que tal vez estaba siendo demasiado duro con él, pero también tenía
que entender que yo no podía seguir así. Que él se metiera conmigo
en el instituto y luego estar como si nada. No. Además, que se lo
dijera a su padre era lo mejor, para todos. No podía seguir
mintiendo.
Cerré
la puerta con pestillo, para evitar que entrara. Me puse el pijama,
me tumbé en la cama y me dispuse a dormir. Se había hecho de noche
muy rápido, o había tardado demasiado en ir y volver con Zayn.
***
Sentí
algo acariciar mi espalda, de arriba a abajo. La reacción normal de
una persona, sería asustarse, pero yo reconocía ese contacto
perfectamente.
—¿Cómo
has entrado? —suspiré.
—Con
la llave que esconde en el marco. —me susurró él, sin dejar de
hacer círculos en mi espalda. Me di la vuelta y se quedó con la
mano en el aire.
—¿Y
qué haces aquí? —ya estaba despierto del todo.
—Niall...
No sé qué tengo que hacer.
—Pues
no me lo preguntes a mí, porque mi respuesta siempre será la misma.
—dije. Él bajó la mirada.
—Niall...
—conocía ese tono de voz, el que usaba para convencerme de algo.
—No. —lo interrumpí. —Zayn, yo no puedo. No quiero. —negué con cansancio. —Elige. Soy yo... O ellos, Zayn. —me tumbé, recto, mirando al techo y con las manos sobre mi abdomen, esperando su respuesta. Supongo que elegiría a los populares. Supongo que su secreto iba sobre todo.
Se
quedó en silencio. Supongo que era obvio. Sonreí, no supe muy bien
por qué. ¿Porque me lo esperaba y aún así era tan tonto como para
decirle que decidiera?
—A
ti. —susurró. La sonrisa se borró de mi rostro para dejar lugar a
una expresión de desconcierto.
—¿Qué?
—susurré, sin creerlo.
—Niall...
Yo... Te quiero. —dijo lentamente.
—¿Pero
qué vas a hacer? —pregunté.
—No
me meteré más contigo. —dijo. —No... Iré más con Amanda.
—parpadeé. ¿Se acabó el ser popular? —Ya no me importa ser
popular... Ahora... Sólo me importas tú. —susurró.
Lo
miré, sus ojos brillaban con la luz de la luna que entraba por la
ventana. Eso había sido... Tan dulce. Se acercó a mí, mirándome,
pidiendo permiso, y lo besé. Se merecía ese beso... Por ser tan
dulce. Aparte, yo también quería... Y quería... Más.
Al
parecer, él también quería, porque empezó a acariciarme
suavemente por encima de la camiseta de pijama, buscando la parte de
abajo, para colarse bajo ésta. Yo también lo acaricié, por encima
de la camiseta de pijama que le había prestado, y colé mi mano bajo
ésta mientras acercaba su boca a la mía con mi mano en su nuca.
Bajé más mi mano y acaricié su miembro, descubriendo que no
llevaba nada debajo. Sonreí y mordí su cuello. Perfecto. A
diferencia de él, yo hoy sí llevaba calzoncillos, ya aprendí la
lección la última vez.
—Niall...
—gimió. Me coloqué sobre él y me deshice de sus pantalones de
pijama, bajándolos del todo y dejando libre su miembro, el cual ya
estaba un tanto erecto. Lo acaricié levemente con los labios y subí
hacia arriba, repartiendo besos por su abdomen hasta llegar a su
boca. —Pensé que... —lo besé, sin dejarlo continuar. Lo sé.
Pensó que yo se la chuparía, pero no era algo que me gustara hacer.
Aunque... Quizás... Sólo quizás... Lo haría. Aunque por supuesto,
prefería que me lo hicieran a mí.
—No
me gusta chupársela a la gente. —susurré sobre sus labios, y le
di una leve mordida en el labio.
Gimió.
—Yo lo hice. —susurró, mirándome a los ojos.
Medio-sonreí.
—Y no lo hiciste mal. —le susurré. Parpadeó y bajó la mirada,
supuse que le daba algo de cosa que dijera eso. Con mi mano empecé a
masturbarlo lentamente, sin dejar de mirarlo. No podía verle los
ojos, porque estaba mirando hacia abajo, pero podía ver cómo mordía
su labio, acallando sus gemidos. Con lo que me gustaba a mí
escucharlo... Mordí uno de sus pezones y jadeó, y bajé, y bajé.
Abrí mi boca y empecé a hacer círculos en la parte más sensible
de su miembro.
—Niall.
—gimió, apretando mi pelo con fuerza. Joder... Y vaya fuerza.
Succioné sus testículos y empecé a hacer penetración con mi boca,
mientras lo escuchaba gemir. —Oh... Joder... —gimió, apretando
más fuerte.
—Si
sigues apretando tanto vas a dejarme calvo. Sí que te pone que haga
esto. De haberlo sabido, lo habría hecho antes. —me burlé. Gruñó
y apretó más fuerte. —Bueno, si quieres paro. —dije, haciendo
amago de levantarme.
—¡No!
—gritó. Reí. Oh... Cómo le gustaba esto... Seguí haciendo
círculos, ahí, sintiendo mi lengua empaparse con su presemen.
—Niall. —gimió, inclinando su pelvis hacia delante. Succioné.
Sentí que iba a venirse, así que paré, haciendo que soltara un
leve gemido de decepción. Alcé sus piernas, dispuesto a penetrarlo,
pero agarró mi mano y lo miré. Sus mejillas estaban sonrojadas y
sus labios entreabiertos.
—No...
—¿No?
—¿No
quieres hacerlo? —le pregunté, sorprendido.
—Otra
vez así, no... —dijo cortado. ¿A qué...? Oh.
—Es
por lo que te dije la otra vez, ¿no? —solté sus piernas y me
senté. Me estaba gustando eso de ser el activo, lo de no llevar la
correa.
—Es
que no... —suspiró. —Duele mucho.
Medio
sonreí. Ya. Y más sin lubricante. —Y quiero... —se quedó
callado, esperando a que lo pillara, y obviamente lo hice. Ya, pero
igual podríamos ir turnando, ¿no? Porque yo no quería ser el que
llevara la correa siempre. Me tumbé a su lado y esperé a que se
moviera. —Niall, yo...
—¿Vas
a hacerlo o no? —lo interrumpí. Se deshizo de mis pantalones de
pijama y mis boxers, que los últimos los quitó con una pequeña
sonrisa, y también se deshizo de mi camiseta.
—No
me has quitado la camiseta. —susurró. No, ya lo sabía. Una
estupidez de mi parte, porque su torso desnudo era algo digno de
admirar, y sobre todo... De tocar. Se la quitó él mismo, haciendo
que su pelo se agitara al sacársela por encima de la cabeza,
viéndose totalmente sexy. Cerré las piernas de imprevisto, haciendo
que cayera sobre mí, y besé su torso con deseo. Hum... Me encantaba
el sabor de su piel. Mordí levemente sus pezones y gimió. Acaricié
su espalda y lo liberé, dispuesto a dejarle hacer lo que tenía que
hacer. Se situó mejor entre mis piernas y me miró. —¿No tienes
lubricante?
Negué
con la cabeza. —Da igual. —alcé las piernas colocándolas sobre
sus hombros y él colocó la punta de su erección en mi entrada. Me
estremecí al sentir su grosor. Maldita sea... No parecía tan grande
en mi boca. Empezó a entrar lentamente y abrí la boca. No me dolía,
y era algo extraño, porque hacía tiempo que no me penetraban. Entró
del todo y empezó a moverse, creando más placer. Me incliné hacia
delante, intentando buscar más profundidad, cosa que era imposible,
porque sus testículos ya chocaban contra mi culo. Oh... La sensación
era extraordinaria. ¿Me había sentido así con Luke? Yo... Creo que
no. En absoluto. Ese rubio de ojos azules era guapísimo, y un buen
novio, pero yo estaba por Zayn y no quería herirlo, así que
cortamos.
—Oh...
—gimió él, entrando una vez más y encontrando... Ese dulce
punto.
Apreté
las sábanas entre mis dedos, sintiendo que me derretía por dentro,
y me corrí sin poder evitarlo, empapándome a mí mismo de mi propia
semilla. Zayn salió de mí y empezó a masturbarse, haciendo muecas
de placer, hasta que ese líquido blanco salió, haciendo que un
gemido saliera de sus labios. Su semen cayó sobre mí, también,
juntándose con el mío. Asqueroso, francamente. Pero mejor
ensuciarme a mí, ¡y no las sábanas de mi madre!
—Eso
ha sido asqueroso. —susurré, agitado. Que se corriera sobre mí,
sólo esa parte. Porque haberlo visto masturbarse delante de mí, ver
su cara, su mano subir y bajar rápidamente para alcanzar el
clímax... Eso me había encantado. Pensaba que se correría dentro
de mí, pero no lo había hecho, y en parte se lo agradecía, porque
tal vez habría más posibilidades de que cogiera alguna enfermedad.
Y yo... No había sido tan considerado. Pero de todos modos, yo tenía
más posibilidades de coger una de esas enfermedades, ya que lo había
hecho con más de uno y no había cogido nada, pero era pura suerte,
y era mejor así.
—Pues
ahora voy a hacer algo aún más asqueroso. —susurró con malicia y
una sonrisa pícara. Se agachó frente a mí, sin perder su contacto
visual con mis ojos, y cuando estuvo sobre mi abdomen, lamió los
jugos. ¡Joder! Mi boca cayó abierta a causa de la sorpresa. ¡Porque
era una guarrada! Pero me había encantado, y había resultado
excitante, porque hizo que me estremeciera y sintiera una ola de
placer.
—Eres
un guarro, ¿sabes?
Sonrió.
—Sólo cuando estoy contigo.
***
Tenía
la cabeza de Zayn en mi vientre, y estaba en el cuarto de mi madre.
¡Mierda! ¡Tenía que cambiar las sábanas! —Zayn, Zayn. —lo
removí, y al ver que no se movía lo empujé haciendo que cayera al
suelo. Me levanté de golpe, quitando las sábanas a una gran
velocidad, sintiéndome pegajoso. Mierda, tampoco me había duchado.
—¡Oye,
que me he hecho daño! —se quejó Zayn. Con las sábanas en mi
mano, me di la vuelta para mirarlo, e iba a decirle que no se quejara
porque venía mi madre dentro de poco, aunque en lugar de eso solté
una carcajada. —¿Y ahora de qué te ríes? —tal vez, yo me
sintiera asquerosamente pegajoso, mi abdomen, ¡pero es que él lo
llevaba por toda la cara y ni se daba cuenta! Lo jalé del brazo y lo
coloqué delante del espejo. Se miró con los ojos muy abiertos y
después de eso enrojeció.
—Te
sienta bien el blanco. —murmuré, con cierto tono de burla. Él
corrió hacia el baño y yo puse las sábanas a lavar.
Cogí
más sábanas del cajón, exactamente iguales a esas, ya que a mi
madre le gustaba mucho el diseño de esas sábanas. Simplemente beige
con una raya negra, pero es que mi madre era más refinada. Hice la
cama a una gran velocidad, y perfectamente lisa, y después de eso
corrí hacia mi habitación, dispuesto a bañarme.
Cogí
una camiseta con la palabra "OK", unos pantalones, y
después entré en el baño. Abrí la llave del agua y entré en la
ducha, limpiándo con movimientos rápidos mi zona abdominal.
Pegué
un salto al sentir unas manos sujetarme la cintura, y sentí su
miembro flácido en mi culo. —¿Quieres que te ayude? —susurró
en mi oído.
—Zayn,
¿qué demonios haces en la ducha? ¡me estoy duchando! —dije
liberándome de sus brazos y girándome.
Rió
y alzó los brazos. —Perdóneme usted. —dijo. —No es nada que
no haya visto antes. Sólo quería ayudar con el medioambiente,
ahorrar agua. —Jajajajaja. Sí, y una mierda. A él nunca le había
gustado eso de reutilizar, ahorrar... Como niño rico, no sabía lo
que era ahorrar.
—Sí,
ya, ahorrar agua. —dije irónico. —He venido a limpiarme, no a
ensuciarme. —dije enjabonándome, dándole la espalda.
—Deja que te ensucie un poco más. —susurró, deslizando sus manos por mi cintura hasta llegar a mi miembro.
[Bueeno baes, espero que os haya gustado el capitulo :D Y si os está gustando la novela dad +1 aquí también: Here. Y +1 al capi también (es gratis ;) xx.]


Me encanta siguela
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