sábado, 28 de noviembre de 2015

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 57

Autora: Sandra M.P.

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Aquí es. —murmuró ella, acercándose a la puerta de madera vieja.
Está realmente en ruinas. —murmuró la mujer detrás de ella. Noa giró un poco el pomo, probando si abría. Le propinó una patada, pero siguió igual. —¿Podrás abrirla? —le preguntó, y se fijó en que el orificio de la llave era más grande, antiguo. Se agachó levemente y miró el interior, el sol lo alumbraba debido a una ventana rota, y la puerta estaba atrancada.

—La puerta está atrancada. —dijo poniéndose recta y yendo hacia la parte trasera del edificio, donde había divisado la ventana rota.

—¿Dónde vas? —preguntó la mujer siguiéndola a través del jardín descuidado.

—He visto una ventana rota. —dijo, girando en la esquina y parándose frente a la ventana rota, alzó la pierna y entró dentro, pisando la superficie de madera y haciendo que ésta, vieja, chirriara. En seguida divisó un montón de basura, había colillas, barro, polvo, botellas rotas, cristales, latas vacías, tubos, condones... Ella puso los ojos en blanco al ver aquello. "Los que vinieron aquí para eso debían ser amantes del romanticismo", pensó ella con sarcasmo.

—Esto está asqueroso. —murmuró Tania asqueada, entrando dentro y fregándose las manos en los pantalones, con una mueca asqueada.

—¿Qué esperas? Está en ruinas. —le dijo ella entrando más hacia dentro, dirigiéndose a la recepción. Entró y se metió donde solían estar todos los papeles. Se sorprendió viendo que todavía había libretas, estaban allí, intactas a excepción del polvo. Por lo menos los gamberros que entraban ahí habían decidido no tocar aquello.

—¿Y ahora? —preguntó la mujer, observando a su alrededor con desconfianza. Noa agarró una de aquellas libretas y se la ofreció.

—Ahora vas a buscar a Leslie. —le dijo, y la chica miró el libro y alargó la mano para agarrarlo, e hizo una mueca de asco al sentir el polvo en su mano. Noa se giró y agarró otra de las libretas, con cuidado.

—Podríamos tardar siglos, hay muchos libros. —dijo la mujer.

—Lo sé, pero están archivados por años, y yo he cogido el correcto, Austin estuvo aquí poco tiempo, en el 2004. —explicó.

—Erais amigos, ¿no? —murmuró la mujer, y ella abrió el libro, apretando la mandíbula.
Éramos. —afirmó, pasando la primera página y posando los ojos sobre los nombres, por lo menos estaban por orden alfabético.

—¿Qué pasó? —siguió preguntando. Noa entrecerró los ojos y fue directamente a la letra ele.

—¿Puedes buscar? No hemos venido aquí para charlar de nuestras vidas. —dijo ella cortante, mientras examinaba la hoja en busca del nombre de "Leslie". En aquella página no estaba, así que pasó la página.

—Como quieras. —murmuró la mujer, mirando el libro.

Noa bufó y cerró el libro de golpe, haciendo saltar el polvo. Lo apartó con su mano mientras tosía. Maldita sea. —Aquí no hay ningún Leslie. —dijo, dejando la libreta y buscando más del mismo año.

—He encontrado uno. —murmuró ella, y Noa salió de detrás de la recepción para acercarse a mirar. —Pero está tachado. —murmuró.

—¿Cómo? —se acercó para mirar a qué se refería y vio que el nombre de "Leslie" estaba tachado y reemplazado por "Andreas". A su derecha había un número de teléfono y una dirección. Bien, dudaba que aquello la llevara a algún lado, porque tal vez ni siquiera se trataba de aquel "Leslie".

—Si llamamos a este número encontraremos a Leslie. —dijo la mujer, y Noa se apartó, pateando una de aquellas latas que había por el suelo.

—¿Tú crees? Esto es de hace años, ahora Leslie debe tener la misma edad que Austin, dudo que a esa edad tuviera teléfono. —dijo Noa con rabia. Era inútil, jamás encontrarían a Leslie.

—Pero puede que consigamos algo, ¿no crees? —murmuró ella.

—¿El qué? ¿El número de sus difuntos padres? —suspiró ella. —Es inútil.

—¿Me buscabais?

—¡Ah! —Tania soltó un chillido y se cubrió la boca con las manos, dándose la vuelta de golpe hacia un lado, una puerta abierta. Un hombre musculoso, con tatuajes y pelo hacia arriba las miraba a ambas.

—¿Leslie? —dijo Noa con desconfianza.

—Andreas. —corrigió.

—Demasiada casualidad, ¿qué coño haces aquí? —ladró con desconfianza, y el hombre sonrió de lado.

—Pasé toda mi vida en este orfanato, es mi casa. —respondió secamente, mientras se acercaba a ellas. Tania dio un paso hacia atrás y el tal Andreas se colocó frente a Noa, eran casi de la misma altura, pero él un centímetro más alto, apenas nada. —Creo que eres la primera mujer que me llega más arriba de la barbilla. —murmuró divertido.

—¿Conoces a Austin? —le preguntó, y Andreas entrecerró levemente los ojos.

—¿Bailey? —preguntó, y ella torció la cabeza. Estaban hablando con el Leslie correcto. Ella dio un asentimiento de cabeza. —Lo conozco. —afirmó.

—Ya lo veo, ¿de qué? —preguntó.

—Lo conozco del tráfico de esclavas, él me ha vendido a muchas mujeres. —sonrió de lado. —Pero me sabe a mí que no eres una de ellas.

—Has acertado, no lo soy. —respondió ella.

—Se te nota en el carácter, Noa Wilson. —sonrió él, y ella entrecerró los ojos.

—¿De qué me conoces? —preguntó con desconfianza.

—Sé más de lo que crees. —respondió.

—Eso no me tranquiliza. —dijo ella.

—Tranquila, no resulto una amenaza para ti. —dijo él. —Austin me hablaba de ti cuando salíamos a beber unas copas, ¿qué ha sido de él?

—Está en la cárcel y te busca para que lo ayudes. —explicó Noa, y el hombre se cruzó de brazos con una sonrisa divertida en el rostro.

—¿Sí? Supongo que vosotras dos habréis venido a convencerme. —dijo, pasando los nudillos de su mano sobre la mejilla de Noa, pero ésta agarró firmemente su mano, sorprendiéndolo.

—Vas por el camino equivocado. —apartó bruscamente su mano. —En realidad, queremos que se quede ahí.

—Tú y yo sabemos que terminará saliendo. —dijo él.

—¿Por qué nos dijo que te buscáramos a ti? —preguntó.

—Supongo que porque tengo a la mafia de mi parte. —respondió él. —Soy... Una persona importante.

—¿Y por eso estás aquí? —lo retó ella, y la comisura de los labios del hombre se alzó levemente.
No vivo aquí, pero sí que vengo todos los días, me agrada pasearme por este lugar. —dijo.

—Oh, veo que no vienes solo. —rodó los ojos.

—El de los condones no he sido yo. —murmuró divertido. —Pero sí que he dejado algunas colillas. —respondió.

—Vale, como sea, ¿puedes encargarte de que Austin no salga de la cárcel? —dijo ella, y él le alzó una ceja.

—¿Y qué gano yo? —sus brazos seguían cruzados sobre su pecho. Noa miró a Tania y ésta se mordió los labios.

—Un millón. —murmuró ella.

—Bonita suma. —murmuró. —Pero preferiría una bonita noche contigo antes que eso. —dijo pícaramente.

—Pues va a ser imposible, sólo voy a ofrecerte el dinero. —dijo ella seriamente.

El hombre bajó los brazos y se encogió de hombros. —Es una pena, si Austin encuentra a alguien que lo ayude a salir será libre. —dijo.

—Dos millones. —dijo Tania, y el hombre la miró a ella.

—Hum... Sigo prefiriendo lo primero. —sonrió él, y Noa apretó los puños.

—Yo puedo acostarme contigo. —añadió Tania.

—Tania. —murmuró Noa mirándola, en sus ojos había cierto miedo. —No es necesario, creo que será mejor irnos. —dijo.

El hombre rió. —Me gustan más jovencitas... Con ojos verdes y pelo oscuro. —dijo el hombre divertido.

—Vámonos, Tania. —dijo ella pasando junto al hombre y dispuesta a irse.

—No es una buena manera de proteger a tu novio. —ella paró en seco y se dio la vuelta, apretando la mandíbula y mirándolo con los ojos en llamas. Él no podía saber de su existencia. ¿Cómo coño sabía eso? —Sí, sé que tienes novio. Austin me lo dijo. —sonrió él de lado.

—Como le toques un pelo te juro que...

—¿Qué? —la interrumpió con diversión. —Mira, guapa, no me amenaces si no quieres que le haga daño a tu novio bonito, ¿está bien?
Apretó los puños y tragó saliva. —No te acerques a él. —dijo secamente.

—No tenía pensado desperdiciar mi tiempo en ese saco de huesos. —rió, y los ojos de ella se abrieron más. ¿Él sabía de su situación actual? —No voy a ser yo quien le haga daño, cariño. —le guiñó un ojo. —Pero sé que será el objetivo principal de Austin cuando salga.

—Andreas. —dijo ella, estaba dudando, ella no quería hacer esto. —¿Tú puedes matar a Austin?

Rió. —¿Que si puedo? Puedo hacer que uno de esos presos se lo cargue. —rodó los ojos con diversión.

—Hazlo. —dijo ella tragando saliva con fuerza. El hombre sonrió.

—¿Qué ganaré yo con eso? —me preguntó, sabiendo perfectamente cuál sería la respuesta.

—Lo haré. —respondió ella, sonando segura a la vez que resignada.

—Bien. —sonrió él. —Veo que no le quieres tanto como para serle fiel.

—Le quiero tanto como para alejar a cualquiera que pueda hacerle daño. —dijo ella, sus ojos brillaron momentáneamente con pequeñas lágrimas que ella no dudó en hacer desaparecer con un parpadeo.

—Recuerda tus palabras. —dijo misteriosamente.

***

—Noa, ¿dónde estabas? —preguntó Zayn viniendo hacia ella, aliviado al verla aparecer un poco despeinada, supuso que haría viento debido al clima.

—Salí un rato. —sonrió ella, y él se puso de puntillas para plantar un beso sobre sus labios, aunque ella apartó la cara, confundiéndolo. —Estoy un poco cansada. —murmuró. —Iré a ducharme.

Pasó por su lado y Zayn parpadeó, sin comprender muy bien qué acababa de suceder. Él no había hecho nada malo, o al menos eso creía. Ella se metió en el baño y se cubrió la cara con las manos. Horrible sentimiento de culpabilidad. Ella no quería hacerlo, pero era el único modo de mantener a Zayn a salvo, y ella haría cualquier cosa. Se desvistió con rabia, se sentía más sucia de lo que había estado jamás, abrió el grifo y se metió dentro, colocándose en seguida bajo el chorro de agua, estaba helada, pero ella no soportaba sentirse así. Finalmente, Leslie había logrado su cometido. Cerró los ojos y empezó a enjabonarse, pero aquel sentimiento de culpa no desaparecía, las lágrimas picaban en sus ojos y tuvo que morderse los labios y sentarse. Se sentía mal, muy mal.
Zayn estaba tumbado en la gran cama, abrazando a Hush y pensando en qué habría hecho para que ella evitara el beso, tal vez ella simplemente estuviera cansada, tal vez hubiera andado durante mucho tiempo. Estaba seguro de que esta vez él no había hecho nada mal.
Ella estaba tardando mucho ahí dentro, hasta que la puerta finalmente se abrió. Ella se tumbó a su lado y la miró, sus ojos estaban levemente rojos y en seguida se preocupó y se colocó sobre ella, mirándola. —Noa, ¿estás bien? —preguntó con preocupación.

—Sí, me ha entrado un poco de champú en los ojos. —sonrió ella, y Zayn se acercó y plantó un beso sobre los labios de ella. Ella siguió el beso, sabía que Zayn se preocuparía si no lo hacía. ¿Cuánto duraría aquel sentimiento de culpa? —Estoy bien. —susurró, y Zayn asintió esbozando una débil sonrisa. Se tumbó sobre ella y ésta colocó los brazos a su alrededor, necesitándolo. Agradecía mentalmente que se hubiera tumbado así. Su pequeño ángel... Moriría si lo perdiera.

—Has tardado mucho. —murmuró él. —Han traído la comida, te he guardado un poco.

—No importa, no tengo hambre, ya he comido. —mintió sin dejar de abrazarlo. —¿Tú has comido?

—Sí. —murmuró.

—Bien. —susurró ella, contenta al menos con eso. Acarició su espalda y plantó un beso sobre su cabeza.

—¿Segura que estás bien? —murmuró Zayn.

—¿No puedo abrazarte? —le preguntó, y Zayn cerró los ojos.

—Sí. —murmuró.

—Hay una cosa que quería preguntarte. —murmuró ella, y apartó los brazos. Él se movió colocándose a su lado y ella lo miró.

—¿El qué? —preguntó con curiosidad.

—Quiero que dejemos de ser amigos que se besan y que se aman. —susurró ella, y él se preocupó. Tal vez su extraño comportamiento se debía a eso, ella tal vez quería dejarlo. Se alarmó. —¿Quieres ser mi novio, Zayn? —dejó de respirar momentáneamente, procesándolo. Una sonrisa invadió su rostro y la chica también sonrió, contagiada por su felicidad.

—Sí. —sonrió y plasmó sus labios sobre los de ella, con ansiedad debido a la felicidad. Él se sentía feliz, completo ahora que por fin podía decir que era su novia, él no podía creerlo. Cuando volvieran al instituto, él podría cogerla de la mano y decir que era su novia.

Ella sonrió, aquella culpabilidad seguía ahí, pero estaba dispuesta a dejarlo atrás. Ella lo había hecho para mantenerlo a salvo, porque no soportaría que algo le sucediera a él. —No sabes lo feliz que me haces. —susurró ella. Tenía la oportunidad de empezar una nueva vida junto a quien en verdad quería, y la tomaría. No iba a dejar que aquello se interpusiera en su relación, Zayn no tenía por qué saberlo jamás, porque no había sido nada, ella había sido una moneda de cambio, simplemente eso.
[Mala espina... Estúpido Leslie.]

1 comentario:

  1. Sandraaaaaa...que quedan dos capítulos y ese Leslie me da muy mala espina...pero MUY MUY mala espina... Iré preparando los pañuelos

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