Autora: Sandra M.P.
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—Hey, tampoco hace falta que me pongas esa cara de horror, si no lo decía con maldad. —me dijo. Parpadeé y me quedé quieto. —¿Estás bien? —ahora parecía preocupada. Asentí con la cabeza. No. Esto no estaba bien. Ella tenía novio y yo sobraba, lo sabía.
—Sí. —dije simplemente, pero sonó demasiado falso.
—Oye, no está mal que te haya gustado. Que te guste la penetración y seas un tío no significa que seas gay, y además, que lo fueras no tendría nada malo.
Suspiré. —No es por eso.
—¿Entonces? —preguntó. Cerré los ojos.
—Porque... —suspiré. —En realidad no lo sé. —dije.
—Zayn... Lamento si te he confundido. —me dijo.
Suspiré, y luego sonreí al mismo tiempo que la miraba. —Tranquila, sabía que alguien como tú nunca se fijaría en alguien como yo.
Leah:
Mi corazón se detuvo al escuchar esas palabras. Era como si lo hubieran exprimido como a una naranja, con fuerza. ¿Cómo era capaz de decir eso? Mentira. Alguien como él enamoraría a cualquiera.
—No digas estupideces. —susurré mirándolo a los ojos. —Alguien como tú enamoraría a cualquier chica del mundo. —dije.
Se rió, de sí mismo. —¿De verdad? ¿Tú crees que alguien se enamoraría de alguien como yo? ¿Alguien que se vende cada día, cada noche? ¿Alguien que ha sido violado por... Por vete a saber cuántos hombres? ¿Alguien que es de usar y tirar?
Cubrí su boca con mi mano, impidiendo que siguiera hablando. —Sí. —afirmé. —Alguien como tú necesita amor. —dije.
—¿Y quién va a amarme a mí, eh? —dijo, con cierta diversión. Se reía de él, se burlaba, se maltrataba, como todos hacían con él.
—Deja de reírte de ti mismo. —le dije.
—¿Por qué? Todos lo hacen. —dijo.
—Que ellos lo hagan no significa que tú debas hacerlo. —dije.
—Entiéndelo, Leah, nunca nadie va a amarme. —dijo él.
¿Le dolía tanto como a mí? Porque a mí me destrozaba escuchar esto. Escucharlo despreciarse como si fuera una mierda. Ardían dentro de mi pecho las ganas de amarlo, las ganas de abrazarlo... De demostrarle que eso no era cierto... Que yo podía amarlo... Y no pensé, no pensé en las consecuencias de mi necio acto, y lo besé. Y pensaréis: Ya lo has besado antes. Pero es que ya no era lo mismo. Él ya sabía que tenía novio, él ya lo sabía todo. Y aún así, lo hice, y seguí invadiendo su boca.
Se separó de mí. —Por favor... Para... ¿No ves que me haces daño? —me dijo, con la voz quebrada. —Sé... Que intentas que me sienta bien... Pero —sollozó —yo sé que tú no sientes esto.
Sí que lo sentía. Lo sentía. Lo sentía. Sabía que tenía novio, lo sabía, y lo amaba, pero también lo amaba a él. Y... era tan confuso.
—Simplemente sientes lástima... No tienes por qué hacerlo ¿sabes? No necesito la lástima de nadie. —dijo, duramente.
—No, no es lástima. —dije. —¿De verdad crees que esto es lástima? —dije, sin creerme lo que escuchaba.
—¿Qué es sino? ¿Amor? —dijo, y volvió a burlarse de sí mismo.
—Sí. —afirmé.
Zayn parpadeó aturdido, como si le hubieran dado un golpe. —No puedes enamorarte de mí. —dijo negando con la cabeza.
—Sí puedo. Te he dicho que cualquiera puede, y yo soy una de ellas. ¿No lo ves? —dije.
—¿Y tu novio? ¿A él lo amas también?
Me quedé callada.
—Mi novio... —bajé la mirada y suspiré. —Hace cinco años que estamos juntos, Zayn, pero ya no sé lo que siento por él. Nunca está, es como si estuviera con un completo desconocido.
Me miraba impasible, como sumido en sus pensamientos, confundido. —... ¿Lo dejarías por mí? —me preguntó. Y luego de preguntarlo su mirada se llenó de temor, arrepentimiento, y vergüenza. ¿Lo dejaría?
—Sí. —afirmé. Me levanté y fui directamente hacia mi destino.
—¿Adónde vas? —dijo él confundido.
Agarré el teléfono, firme, segura de mi decisión, y marqué el número de Justin.
—¿Diga? —la voz de Justin me dejó sin aliento.
—Justin. —dije.
—Oh, hola, amor, lo siento, no he visto quién llamaba. —dijo.
—Leah, no lo hagas, te arrepentirás. —me dijo Zayn en voz baja.
Y eso fue lo único que necesité para armarme de valor y tomar una decisión.
—¿Qué? —articuló. —Leah. Leah, escúchame, por favor, yo...
Lo interrumpí. —No, Justin.
Zayn me miraba absorto.
Tragué saliva. —Adiós, Justin. —dije.
Colgué y apagué el teléfono.
Zayn me miraba en shock. —¿Por qué lo has hecho? —dijo Zayn shockeado.
—Porque ya he decidido. —dije. —Y te he elegido a ti.
Zayn parpadeó, y me miró de una forma extraña, como si fuera un ser místico. —¿Me has...? Elegido a mí. —empezó preguntando, pero finalmente afirmó. Asentí y sonreí. Fui hacia él y me senté a su lado, él no me perdió de vista ni un segundo. Acaricié su mejilla y él cerró los ojos e inclinó la cabeza disfrutando de mi caricia. —¿Me crees ahora? —dije. —Te quiero.
Parpadeó y sonrió tímidamente, derritiéndome de ternura. —¿Cómo puedes querer a alguien como yo? —dijo en voz baja.
Sonreí. —Porque eres tú... Y vales más de lo que crees. —susurré, y besé la comisura de sus labios.
Cerró los ojos. —Pero... Leah... Eso no cambia que yo... —tragó saliva. —Siga teniendo mi trabajo. —parpadeé y él negó con la cabeza. —¿Crees que yo quiero esto? —dijo. —No, Leah, pero no puedo dejarlo. —suspiró. —Si pudiera hacerlo... —se quedó callado. —Viviría por siempre contigo. —ojalá fuera eso posible. —Nos queda un día... —susurró.
Bueno, acababa de terminar con Justin y llevábamos cinco años juntos, y quizás la gente si supiera de lo que iba a hacer me tomaría por puta, pero me daba igual.
Zayn me miró a los ojos y yo lo besé. Tardó en reaccionar, pero me siguió el beso.
—¿Estás segura? —susurró.
—Más que nunca. —susurré, y seguí bajando más, hasta llegar a su miembro. Planté un beso en la punta y subí de nuevo para invadir su boca. Mientras, empecé a masturbarlo con la mano, firmemente, consiguiendo una erección. Me quité de encima y me tumbé a su lado. Él se colocó sobre mí algo dudoso. —Adelante. —susurré mirándolo. Vi el movimiento de su nuez tragar saliva, y empezó a subir mi camiseta lentamente y con manos temblorosas. —No tengas miedo. —dije. —Quiero esto.
Al parecer dudaba de que lo quisiera de verdad, porque al escuchar que yo también lo deseaba agarró más confianza.
—¿Te duele? —susurró introduciendo el dedo más hondo.
—No. —mentí. Hacía mucho tiempo que Justin y yo no teníamos relaciones. Sacó y metió el dedo de dentro de mí repetidas veces, y repitió el suceso con dos y tres dedos.
—¿Segura? Siempre puedes echarte atrás. —me dijo.
No quería echarme atrás. Alargué la mano y abrí el cajón, agarré un condón y se lo entregué. —No quiero echarme atrás. —dije segura. Me sonrió, con un brillo intenso en los ojos. Agarró el condón de mi mano y me besó, un beso sin lengua con una pequeña mordida en el labio inferior. Colocó la punta de su miembro en mi entrada y empezó a introducirlo en mí lentamente.
Y vi su mirada. Entonces comprendí, que nunca podría echarme atrás, que para él significaba mucho más. Gemimos y empezó a entrar y salir de mí lentamente. Lo que sentía en ese momento no tenía descripción, y supe que había hecho lo correcto, con la persona correcta. Se inclinó hacia delante y me besó, dulcemente, con tanta ternura.
Gemí en su boca. Iba a correrme ya.
Respiraba agitadamente, mirándome, con la mejilla sobre el colchón. Acaricié su mejilla delicadamente y me giré barriga abajo, me puse en su misma posición, mirándolo. Acaricié su pelo y lo besé. Al separarnos seguía con los ojos cerrados, y una sonrisa, una preciosa sonrisa de felicidad.
—Acabas de cambiarme la vida. —susurró con los ojos cerrados y una sonrisa.
Esto
era muy vergonzoso, y aún así me encantaba. Pero ella tenía razón.
Tendría que tener una especie de trauma, y lo tenía. Odiaba que los
hombres me tocaran, ese era el único trauma que tenía. Odiaba que
me tocaran contra mi voluntad, pero cuando se trataba de ella me daba
igual, lo toleraba, pero no entendía el por qué.
—Hey, tampoco hace falta que me pongas esa cara de horror, si no lo decía con maldad. —me dijo. Parpadeé y me quedé quieto. —¿Estás bien? —ahora parecía preocupada. Asentí con la cabeza. No. Esto no estaba bien. Ella tenía novio y yo sobraba, lo sabía.
—Sí. —dije simplemente, pero sonó demasiado falso.
—Oye, no está mal que te haya gustado. Que te guste la penetración y seas un tío no significa que seas gay, y además, que lo fueras no tendría nada malo.
Suspiré. —No es por eso.
—¿Entonces? —preguntó. Cerré los ojos.
¿Por
qué? ¿Por qué? ¿Tendría que decirle que me sentí fatal al
escucharla hablar con su novio?
—Porque... —suspiré. —En realidad no lo sé. —dije.
—Zayn... Lamento si te he confundido. —me dijo.
Suspiré, y luego sonreí al mismo tiempo que la miraba. —Tranquila, sabía que alguien como tú nunca se fijaría en alguien como yo.
Leah:
Mi corazón se detuvo al escuchar esas palabras. Era como si lo hubieran exprimido como a una naranja, con fuerza. ¿Cómo era capaz de decir eso? Mentira. Alguien como él enamoraría a cualquiera.
—No digas estupideces. —susurré mirándolo a los ojos. —Alguien como tú enamoraría a cualquier chica del mundo. —dije.
Se rió, de sí mismo. —¿De verdad? ¿Tú crees que alguien se enamoraría de alguien como yo? ¿Alguien que se vende cada día, cada noche? ¿Alguien que ha sido violado por... Por vete a saber cuántos hombres? ¿Alguien que es de usar y tirar?
Cubrí su boca con mi mano, impidiendo que siguiera hablando. —Sí. —afirmé. —Alguien como tú necesita amor. —dije.
—¿Y quién va a amarme a mí, eh? —dijo, con cierta diversión. Se reía de él, se burlaba, se maltrataba, como todos hacían con él.
—Deja de reírte de ti mismo. —le dije.
—¿Por qué? Todos lo hacen. —dijo.
—Que ellos lo hagan no significa que tú debas hacerlo. —dije.
—Entiéndelo, Leah, nunca nadie va a amarme. —dijo él.
¿Le dolía tanto como a mí? Porque a mí me destrozaba escuchar esto. Escucharlo despreciarse como si fuera una mierda. Ardían dentro de mi pecho las ganas de amarlo, las ganas de abrazarlo... De demostrarle que eso no era cierto... Que yo podía amarlo... Y no pensé, no pensé en las consecuencias de mi necio acto, y lo besé. Y pensaréis: Ya lo has besado antes. Pero es que ya no era lo mismo. Él ya sabía que tenía novio, él ya lo sabía todo. Y aún así, lo hice, y seguí invadiendo su boca.
Se separó de mí. —Por favor... Para... ¿No ves que me haces daño? —me dijo, con la voz quebrada. —Sé... Que intentas que me sienta bien... Pero —sollozó —yo sé que tú no sientes esto.
Sí que lo sentía. Lo sentía. Lo sentía. Sabía que tenía novio, lo sabía, y lo amaba, pero también lo amaba a él. Y... era tan confuso.
—No.
—susurré. —Por favor, no llores. —susurré, y besé su
mejilla. —Yo estoy confundida... Porque... Amo a mi novio... Pero
tú. —susurré y me alejé. —Tú me confundes.
—Simplemente sientes lástima... No tienes por qué hacerlo ¿sabes? No necesito la lástima de nadie. —dijo, duramente.
—No, no es lástima. —dije. —¿De verdad crees que esto es lástima? —dije, sin creerme lo que escuchaba.
—¿Qué es sino? ¿Amor? —dijo, y volvió a burlarse de sí mismo.
—Sí. —afirmé.
Zayn parpadeó aturdido, como si le hubieran dado un golpe. —No puedes enamorarte de mí. —dijo negando con la cabeza.
—Sí puedo. Te he dicho que cualquiera puede, y yo soy una de ellas. ¿No lo ves? —dije.
—¿Y tu novio? ¿A él lo amas también?
Me quedé callada.
Justin
y yo nos conocíamos desde pequeños. Él y yo éramos mejores
amigos, y nos enamoramos. Yo pensaba que él no sentía lo mismo por
mí, hasta que un día se me declaró. Empezamos a salir. Llevábamos
cinco años juntos, felices. Pero actualmente casi ni lo veía,
estaba siempre ocupado. ¿Lo seguía amando?
—Mi novio... —bajé la mirada y suspiré. —Hace cinco años que estamos juntos, Zayn, pero ya no sé lo que siento por él. Nunca está, es como si estuviera con un completo desconocido.
Me miraba impasible, como sumido en sus pensamientos, confundido. —... ¿Lo dejarías por mí? —me preguntó. Y luego de preguntarlo su mirada se llenó de temor, arrepentimiento, y vergüenza. ¿Lo dejaría?
¡Sí!
—una parte de mí gritaba como loca. Pero yo estaba confusa. —No
hace falta que digas nada. —dijo él con una media sonrisa. —Es
obvio, ¿no?
—Sí. —afirmé. Me levanté y fui directamente hacia mi destino.
—¿Adónde vas? —dijo él confundido.
Agarré el teléfono, firme, segura de mi decisión, y marqué el número de Justin.
—¿Diga? —la voz de Justin me dejó sin aliento.
—Justin. —dije.
—Oh, hola, amor, lo siento, no he visto quién llamaba. —dijo.
—Leah, no lo hagas, te arrepentirás. —me dijo Zayn en voz baja.
Y eso fue lo único que necesité para armarme de valor y tomar una decisión.
—Justin,
quiero dejarlo. —dije firme.
Silencio.
Pensé que se había cortado la llamada hasta que escuché una
respiración.
—¿Qué? —articuló. —Leah. Leah, escúchame, por favor, yo...
Lo interrumpí. —No, Justin.
Zayn me miraba absorto.
—Leah...
Yo te amo... Por favor. —dijo.
Tragué saliva. —Adiós, Justin. —dije.
Colgué y apagué el teléfono.
Zayn me miraba en shock. —¿Por qué lo has hecho? —dijo Zayn shockeado.
—Porque ya he decidido. —dije. —Y te he elegido a ti.
Zayn parpadeó, y me miró de una forma extraña, como si fuera un ser místico. —¿Me has...? Elegido a mí. —empezó preguntando, pero finalmente afirmó. Asentí y sonreí. Fui hacia él y me senté a su lado, él no me perdió de vista ni un segundo. Acaricié su mejilla y él cerró los ojos e inclinó la cabeza disfrutando de mi caricia. —¿Me crees ahora? —dije. —Te quiero.
Parpadeó y sonrió tímidamente, derritiéndome de ternura. —¿Cómo puedes querer a alguien como yo? —dijo en voz baja.
Sonreí. —Porque eres tú... Y vales más de lo que crees. —susurré, y besé la comisura de sus labios.
Cerró los ojos. —Pero... Leah... Eso no cambia que yo... —tragó saliva. —Siga teniendo mi trabajo. —parpadeé y él negó con la cabeza. —¿Crees que yo quiero esto? —dijo. —No, Leah, pero no puedo dejarlo. —suspiró. —Si pudiera hacerlo... —se quedó callado. —Viviría por siempre contigo. —ojalá fuera eso posible. —Nos queda un día... —susurró.
Bueno, acababa de terminar con Justin y llevábamos cinco años juntos, y quizás la gente si supiera de lo que iba a hacer me tomaría por puta, pero me daba igual.
—Pues
disfrutemos lo que nos queda. —dije.
Zayn me miró a los ojos y yo lo besé. Tardó en reaccionar, pero me siguió el beso.
Me
tumbé sobre él y empecé a besar su cuello, fui quitándole la
camiseta hasta arrojarla al suelo y empecé a besar su abdomen, con
los ojos cerrados.
Acaricié
su piel con mis labios, y fui bajando mis besos y dejando pequeñas
mordidas, mientras Zayn lanzaba suspiros de placer.
—¿Estás segura? —susurró.
—Más que nunca. —susurré, y seguí bajando más, hasta llegar a su miembro. Planté un beso en la punta y subí de nuevo para invadir su boca. Mientras, empecé a masturbarlo con la mano, firmemente, consiguiendo una erección. Me quité de encima y me tumbé a su lado. Él se colocó sobre mí algo dudoso. —Adelante. —susurré mirándolo. Vi el movimiento de su nuez tragar saliva, y empezó a subir mi camiseta lentamente y con manos temblorosas. —No tengas miedo. —dije. —Quiero esto.
Al parecer dudaba de que lo quisiera de verdad, porque al escuchar que yo también lo deseaba agarró más confianza.
Se
deshizo de mi camiseta y bajó mi sujetador, liberando mis pechos.
Gemí al sentir su lengua acariciando uno de mis pezones, poniéndose
erecto ante su lengua húmeda y rasposa. Succionó.
Con
las manos empezó a acariciar mi abdomen y fue bajando hasta colarse
bajo mis pantalones, me acarició por encima de las bragas. Estaba
húmeda. Sonrió y coló su mano por debajo de mis bragas, sobre mi
vello público. Mordí mi labio. Con un dedo empezó a acariciar mi
clítoris, y se escapó un suspiro de mis labios. Introdujo un dedo
dentro de mí e hice una mueca de dolor.
—¿Te duele? —susurró introduciendo el dedo más hondo.
—No. —mentí. Hacía mucho tiempo que Justin y yo no teníamos relaciones. Sacó y metió el dedo de dentro de mí repetidas veces, y repitió el suceso con dos y tres dedos.
—¿Segura? Siempre puedes echarte atrás. —me dijo.
No quería echarme atrás. Alargué la mano y abrí el cajón, agarré un condón y se lo entregué. —No quiero echarme atrás. —dije segura. Me sonrió, con un brillo intenso en los ojos. Agarró el condón de mi mano y me besó, un beso sin lengua con una pequeña mordida en el labio inferior. Colocó la punta de su miembro en mi entrada y empezó a introducirlo en mí lentamente.
Y vi su mirada. Entonces comprendí, que nunca podría echarme atrás, que para él significaba mucho más. Gemimos y empezó a entrar y salir de mí lentamente. Lo que sentía en ese momento no tenía descripción, y supe que había hecho lo correcto, con la persona correcta. Se inclinó hacia delante y me besó, dulcemente, con tanta ternura.
Gemí en su boca. Iba a correrme ya.
Gimió.
A él también le quedaba poco.
Y
así fue. Explotamos, deshaciéndonos en gemidos, y cayó rendido a
mi lado.
Lo
que había sentido con él lo había sentido con Justin, la primera
vez que lo hicimos... Amor.
Respiraba agitadamente, mirándome, con la mejilla sobre el colchón. Acaricié su mejilla delicadamente y me giré barriga abajo, me puse en su misma posición, mirándolo. Acaricié su pelo y lo besé. Al separarnos seguía con los ojos cerrados, y una sonrisa, una preciosa sonrisa de felicidad.
—Acabas de cambiarme la vida. —susurró con los ojos cerrados y una sonrisa.


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