Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT. | SMUT | Violencia | Abusos | Violaciones
—¿Qué haces aquí? —la desesperación se había convertido en enfado. —¿Por qué te has ido? ¿Estás loco o qué? ¿Acaso sabes lo peligroso que es este lugar? —mezcla de ira y preocupación notándose en cada vocal de esas palabras.
—Leah, calma. —dijo Liam. —Casi lo violan dos tíos. —dijo, y ahí mi corazón se paró y sentí como si estuviera siendo escurrido como un trapo mojado.
—Mierda, ¿estás bien? —dije mirándolo, él asintió con la cabeza, pero podían notarse sus ojos brillantes, con pequeñas gotitas de agua salada escondidas en ellos.
—... ¿Es él a quien estabas buscando? —dijo Niall, yo asentí con la cabeza, sin dejar de mirar a Zayn.
—Zayn, ¿por qué te escapaste? —preguntó Liam seriamente. —¿Y por qué estaba en tu casa? —dijo mirándome. Suspiró. —Mirad, no entiendo nada, y con tanto lío se me ha quitado el calentón.
Bufé. —Liam. —advertí.
—Zayn, será mejor que vayas con ella. No sé lo que ha pasado pero será mejor que vayas con ella, es de fiar. —dijo Liam mirando a Zayn.
Zayn asintió con la cabeza y me miró, como pidiendo disculpas, y a la vez pidiéndome que le dejara volver.
—Vamos a casa. —fue lo único que dije. Y me di media vuelta para empezar a andar.
Notaba a Zayn incómodo, y a Niall decaído. Pero Zayn no podría hablar de nada con Niall delante y Niall no podría hablarme sobre Liam delante de Zayn. Y yo... Pues… Simplemente me mantenía callada y andando, al igual que ellos.
—Os llevo a tu casa y me voy directamente a la mía, tengo sueño. —dijo Niall seriamente, y sabía que no era por mí, sino por Liam.
—Vale. —fue lo único que dije.
***
Habíamos pasado todo el viaje en silencio. Niall miraba fijamente a la carretera, yo al frente, y Zayn su regazo, y a veces me miraba de reojo. ¿Cómo lo sabía? Se reflejaba en el cristal.
—Ya estamos. —dijo Niall parando el coche.
—Gracias, Niall. —le agradecí.
Él medio-sonrió, más relajado, pero sabía que aún estaba tocado por lo sucedido.
—¿Me vas a explicar por qué te has escapado? —le pregunté, y él bajó la mirada.
—No lo sé. —dijo en voz baja, arrepentido.
—Me parece increíble que intente ayudarte y tú... Tú simplemente te escapes sin motivo y yo tenga que ir detrás a buscarte. —dije, sin pensar y poseída por el enfado.
Él alzó la mirada y me miró arrepentido. —Lo siento... Tienes razón. —dijo en voz baja. —No pensé...
Sus ojos brillaban. Suspiré. Todo el enfado se fue con un soplo del viento. —Está bien, no pasa nada. Has tenido suerte de que Liam te haya encontrado. —dije, y asintió.
—Aquí conmigo estás a salvo. —dije. —Siempre y que no te escapes de nuevo.
Mostró una débil sonrisa. —No me escaparé. —susurró.
Entramos de nuevo en mi casa y anduve escaleras arriba.
—Vamos, es muy tarde. —dije seriamente. —Es hora de dormir.
Entré en la habitación y cerré la puerta, tirándome sobre la cama. Había sido un poco brusca con él, pero estaba agotada y había hecho que me preocupara mucho escapándose, no tendría que haberlo hecho.
Zayn:
Subí las escaleras lentamente.
La puerta se abrió y yo abrí los ojos. Leah entró y se arrodilló a mi lado.
—¿Estás bien? —me preguntó.
—¿Te duele mucho? —preguntó.
—No puedo sentarme. —dije.
Ella torció la cabeza. —Tengo anti-inflamatorios abajo. —dijo. —Iré a por uno.
—Si quieres que no te duela más tendrás que hacerlo. —dijo al ver mi cara. Bien, si no me habían humillado lo suficiente ahora sería peor. Se incorporó y salió de la habitación a buscar los anti-inflamatorios, supuse.
Bufé. Me daba asco tener que hacer eso... Bueno... Asco no... Pero no me agradaba la idea. Ni siquiera había tenido los cojones para masturbarme, me daba vergüenza darme auto-placer. Y ahora esto. No sería capaz.
—Aquí está. —dijo entrando de nuevo con un bote alargado. Me sonrojé y parpadeé, mirando el bote, inseguro. —También te he traído esto. —dijo mostrándome una especie de... Dildo. —Liam se lo olvidó un día en mi casa y desde entonces... Pues ya me lo he quedado yo. —dijo. —Pero no lo uso, eh. —añadió. —Lo limpié y lo guardé en el fondo de un cajón. Creo que lo necesitarás también.
—Eh... —No sabía qué decir, y además me estaba asfixiando. Me daba mucha vergüenza, ¿un dildo? Encima. Espachurré la cara contra la almohada.
—Oh... ¿Te da vergüenza? —dijo ella. La verdad era que me sorprendió bastante que lo acertara, ya que era muy raro. Asentí con la cabeza, aún sin mirarla, y cada vez tenía más calor. —Zayn, en primer lugar, no tiene que darte vergüenza provocarte placer —dijo, haciendo que la temperatura de mi cuerpo aumentara todavía más. —; y en segundo lugar, es para que no te duela tanto, no tienes por qué tener vergüenza. —dijo.
Giré un poco la cara y la miré de reojo. —No puedo. —dije.
Medio-sonrió. —Sí puedes. —dijo ofreciéndome el dildo. Alargué la mano y lo agarré, lo inspeccioné inseguro y finalmente negué con la cabeza. Rió. —Pruébalo, anda. Igual te gusta. —dijo. Abrí los ojos como platos y negué rápidamente con la cabeza.
—¡No! —negué alarmado. —Da igual, ya no me duele. —dije incorporándome. Me senté rápidamente y me quedé sin aliento.Todo el color desapareció de golpe y me puse pálido.
—¿Que no? Joder, Zayn, te has puesto pálido. —dijo ella. Me agarró y me puso como estaba antes. —Mira, o lo haces tú, o lo hago yo. —dijo firmemente. El calor regresó a mí de golpe y hundí la cara en la almohada. Inhalé al sentir cómo bajaba mis pantalones de un tirón. ¡No! ¡Qué vergüenza! Me removí y ella agarró mis piernas y se situó entre ellas con un rápido movimiento, agarrándolas. —O te estás quietecito o te ato. —me amenazó. ¿Qué? No quería que me metiera nada. Pero tuve que resignarme. A decir verdad, me dolía mucho, y como yo no sería capaz de hacerlo... Bajó mis calzoncillos y me desnudó entero de cintura para abajo. —De acuerdo, flexiona las piernas. —dijo ella. Era incapaz de decir nada. Tenía mucha vergüenza, mucha calor, ¡y ella estaba entre mis piernas, y yo con el culo en pompa! Quien viera esto... No sé qué pensaría. Inhalé y aguanté la respiración al sentir cómo colocaba la punta del dildo sobre mi entrada. Mierda... No quería.
—¿Cómo pretendes que me relaje? —dije, con sarcasmo.
Bufó. —Si lo hicieras tú mismo ahora no estaríamos así, ¿sabes? Me da igual que te de vergüenza o no. —dijo seriamente. Cogí aire al darme cuenta de que en mis pulmones escaseaba. Empujó más hacia dentro. Era extraño, no dolía. —¿Duele? —me preguntó. Negué con la cabeza y siguió empujando lentamente. Hice una mueca de dolor. —Ahora sí, ¿verdad?
—Sí. —afirmé conteniendo el aire.
—¿Ya no te duele? —me preguntó.
Leah:
Decía que no le dolía, sin embargo; tenía la cara hundida en la almohada y apretujaba las sábanas entre sus dedos.¿Por qué...? Oh.
—Ya no me duele. —dijo él apartándose un poco hacia delante, pero sin darse la vuelta.
—Ah, ¿no? —dije.
—No. —negó él.
Sabía que sí, pero no aguantaba más sin tocarse. Lo sabía. Sonreí. —Zayn, ¿te importaría darte la vuelta? —dije inocentemente. Él tardó un poco, agarró la sábana y se cubrió la intimidad. Luego se dio la vuelta. Solté una risa. —¿Por qué te tapas? —pregunté.
—No tienes por qué verme... —dijo él.
—¿Hay algo que no haya visto antes? —dije yo alzando una ceja. Él enrojeció y bajó la mirada. —Vamos, Zayn, no hace falta que te cubras, sé lo que hay ahí debajo. —dije rodando los ojos. Él bufó. Se cubrió la cara con el brazo y luego se destapó. Sonreí.
—Sí. —dijo, en voz muy baja, pero logré escucharlo.
—¿Y vas a hacerlo tú o quieres que lo haga yo? —dije. Él no respondió. Supuse que no quería hacérselo a él mismo, pero tampoco quería decir que lo hiciera yo. —¿Y bien? —dije.
—Ya lo sabes. —dijo en voz baja. Seguía con la cara tapada por su brazo.
—Pues... No, no lo sé. —dije haciéndome la tonta.
Gruñó. —¿Por qué haces esto? —me preguntó.
Reí. —Anda, date la vuelta. —dije.
Zayn:
Bien, ¿ya qué? Me habían violado, me habían hecho chuparles la polla, y resultaba que ahora me gustababa que me metieran algo por el culo. ¿Pero y esto qué era? Lo detestaba, ¿por qué ahora no? Volvió a colocar el dildo sobre mi entrada y presionó de nuevo, penetrándome. Mordí mi labio.
—Si lo necesitas, házlo. —me dijo.
A la mierda la vergüenza. Empecé a masturbarme, sin importarme nada, olvidándome de que simplemente era con fin de curarme. Intentaba no gemir, y aún así se me escapaban algunos pequeños gemidos, sin poder evitarlo. Estaba apunto de correrme, y ella paró y se dispuso a sacar el dildo de dentro de mí. Oh, mierda... Ahora no.
—¿Quieres que siga? —preguntó en voz baja mientras volvía a presionar hacia dentro, muy lentamente.
—Sí. —solté, en un gemido, y enrojecí de nuevo. Lentamente empezó a sacarlo y a meterlo. Mierda, era desesperante. Empezó a hacerlo más rápido, al ritmo de mi mano, bajando y subiendo, hasta que no aguanté más y exploté. Caí en la cama, sin fuerzas, de boca y con la cara hundida en la almohada.
—Y yo que pensaba que tendrías alguna especie de trauma con que te dieran por detrás. —me dijo. Sentí mis mejillas arder.
—Leah...
—dijo él, quedándose estático en el umbral de la puerta.
—¿Qué haces aquí? —la desesperación se había convertido en enfado. —¿Por qué te has ido? ¿Estás loco o qué? ¿Acaso sabes lo peligroso que es este lugar? —mezcla de ira y preocupación notándose en cada vocal de esas palabras.
—Leah, calma. —dijo Liam. —Casi lo violan dos tíos. —dijo, y ahí mi corazón se paró y sentí como si estuviera siendo escurrido como un trapo mojado.
—Mierda, ¿estás bien? —dije mirándolo, él asintió con la cabeza, pero podían notarse sus ojos brillantes, con pequeñas gotitas de agua salada escondidas en ellos.
—... ¿Es él a quien estabas buscando? —dijo Niall, yo asentí con la cabeza, sin dejar de mirar a Zayn.
—Zayn, ¿por qué te escapaste? —preguntó Liam seriamente. —¿Y por qué estaba en tu casa? —dijo mirándome. Suspiró. —Mirad, no entiendo nada, y con tanto lío se me ha quitado el calentón.
Bufé. —Liam. —advertí.
—Zayn, será mejor que vayas con ella. No sé lo que ha pasado pero será mejor que vayas con ella, es de fiar. —dijo Liam mirando a Zayn.
Zayn asintió con la cabeza y me miró, como pidiendo disculpas, y a la vez pidiéndome que le dejara volver.
—Vamos a casa. —fue lo único que dije. Y me di media vuelta para empezar a andar.
Esa
era una situación muy incómoda, de hecho, si no fuera por Niall
ahora mismo... Vete a saber lo que ocurriría.
Notaba a Zayn incómodo, y a Niall decaído. Pero Zayn no podría hablar de nada con Niall delante y Niall no podría hablarme sobre Liam delante de Zayn. Y yo... Pues… Simplemente me mantenía callada y andando, al igual que ellos.
—Os llevo a tu casa y me voy directamente a la mía, tengo sueño. —dijo Niall seriamente, y sabía que no era por mí, sino por Liam.
¿Pero
desde cuándo a Niall le gustaba Liam?
—Vale. —fue lo único que dije.
***
Habíamos pasado todo el viaje en silencio. Niall miraba fijamente a la carretera, yo al frente, y Zayn su regazo, y a veces me miraba de reojo. ¿Cómo lo sabía? Se reflejaba en el cristal.
—Ya estamos. —dijo Niall parando el coche.
—Gracias, Niall. —le agradecí.
Él medio-sonrió, más relajado, pero sabía que aún estaba tocado por lo sucedido.
Zayn
y yo bajamos del coche, y me despedí de Niall con la mano. Miré a
Zayn sin saber qué decir, y él igual.
—¿Me vas a explicar por qué te has escapado? —le pregunté, y él bajó la mirada.
—No lo sé. —dijo en voz baja, arrepentido.
—Me parece increíble que intente ayudarte y tú... Tú simplemente te escapes sin motivo y yo tenga que ir detrás a buscarte. —dije, sin pensar y poseída por el enfado.
Él alzó la mirada y me miró arrepentido. —Lo siento... Tienes razón. —dijo en voz baja. —No pensé...
Sus ojos brillaban. Suspiré. Todo el enfado se fue con un soplo del viento. —Está bien, no pasa nada. Has tenido suerte de que Liam te haya encontrado. —dije, y asintió.
—Tenía
miedo. —susurró mirándome. Acaricié su mejilla.
—Aquí conmigo estás a salvo. —dije. —Siempre y que no te escapes de nuevo.
Mostró una débil sonrisa. —No me escaparé. —susurró.
Entramos de nuevo en mi casa y anduve escaleras arriba.
—Vamos, es muy tarde. —dije seriamente. —Es hora de dormir.
Entré en la habitación y cerré la puerta, tirándome sobre la cama. Había sido un poco brusca con él, pero estaba agotada y había hecho que me preocupara mucho escapándose, no tendría que haberlo hecho.
Zayn:
Subí las escaleras lentamente.
¿Y
ahora qué?, ¿habitación de invitados?
Hice
una mueca con la cara y suspiré. Sí. Supongo que ella no querría
dormir conmigo después de lo sucedido.
Me
senté en la cama de invitados e hice una mueca de dolor. Incluso se
me saltaron las lágrimas. Mierda, estaba reventado.
Me
tumbé barriga abajo, con cuidado, intentando no hacerme daño, y
quedé totalmente tumbado y mirando la puerta.
No
tendría que haberme escapado. No habría pasado nada. No me habrían
violado, Leah no estaría enfadada conmigo...
Suspiré
y cerré los ojos. Me sentía como un niño pequeño y arrepentido.
La puerta se abrió y yo abrí los ojos. Leah entró y se arrodilló a mi lado.
—¿Estás bien? —me preguntó.
Tragué
saliva y negué con la cabeza. Miró hacia otra parte de mi cuerpo.
—¿Te duele mucho? —preguntó.
—No puedo sentarme. —dije.
Ella torció la cabeza. —Tengo anti-inflamatorios abajo. —dijo. —Iré a por uno.
Me
sonrojé. ¿Tendría que meterme el dedo por el culo?
—Si quieres que no te duela más tendrás que hacerlo. —dijo al ver mi cara. Bien, si no me habían humillado lo suficiente ahora sería peor. Se incorporó y salió de la habitación a buscar los anti-inflamatorios, supuse.
Bufé. Me daba asco tener que hacer eso... Bueno... Asco no... Pero no me agradaba la idea. Ni siquiera había tenido los cojones para masturbarme, me daba vergüenza darme auto-placer. Y ahora esto. No sería capaz.
—Aquí está. —dijo entrando de nuevo con un bote alargado. Me sonrojé y parpadeé, mirando el bote, inseguro. —También te he traído esto. —dijo mostrándome una especie de... Dildo. —Liam se lo olvidó un día en mi casa y desde entonces... Pues ya me lo he quedado yo. —dijo. —Pero no lo uso, eh. —añadió. —Lo limpié y lo guardé en el fondo de un cajón. Creo que lo necesitarás también.
—Eh... —No sabía qué decir, y además me estaba asfixiando. Me daba mucha vergüenza, ¿un dildo? Encima. Espachurré la cara contra la almohada.
—Oh... ¿Te da vergüenza? —dijo ella. La verdad era que me sorprendió bastante que lo acertara, ya que era muy raro. Asentí con la cabeza, aún sin mirarla, y cada vez tenía más calor. —Zayn, en primer lugar, no tiene que darte vergüenza provocarte placer —dijo, haciendo que la temperatura de mi cuerpo aumentara todavía más. —; y en segundo lugar, es para que no te duela tanto, no tienes por qué tener vergüenza. —dijo.
Giré un poco la cara y la miré de reojo. —No puedo. —dije.
Medio-sonrió. —Sí puedes. —dijo ofreciéndome el dildo. Alargué la mano y lo agarré, lo inspeccioné inseguro y finalmente negué con la cabeza. Rió. —Pruébalo, anda. Igual te gusta. —dijo. Abrí los ojos como platos y negué rápidamente con la cabeza.
Soltó
una carcajada al ver mi reacción. —Vamos, Zayn, o lo haces tú...
O llamo a alguien para que lo haga.
—¡No! —negué alarmado. —Da igual, ya no me duele. —dije incorporándome. Me senté rápidamente y me quedé sin aliento.Todo el color desapareció de golpe y me puse pálido.
—¿Que no? Joder, Zayn, te has puesto pálido. —dijo ella. Me agarró y me puso como estaba antes. —Mira, o lo haces tú, o lo hago yo. —dijo firmemente. El calor regresó a mí de golpe y hundí la cara en la almohada. Inhalé al sentir cómo bajaba mis pantalones de un tirón. ¡No! ¡Qué vergüenza! Me removí y ella agarró mis piernas y se situó entre ellas con un rápido movimiento, agarrándolas. —O te estás quietecito o te ato. —me amenazó. ¿Qué? No quería que me metiera nada. Pero tuve que resignarme. A decir verdad, me dolía mucho, y como yo no sería capaz de hacerlo... Bajó mis calzoncillos y me desnudó entero de cintura para abajo. —De acuerdo, flexiona las piernas. —dijo ella. Era incapaz de decir nada. Tenía mucha vergüenza, mucha calor, ¡y ella estaba entre mis piernas, y yo con el culo en pompa! Quien viera esto... No sé qué pensaría. Inhalé y aguanté la respiración al sentir cómo colocaba la punta del dildo sobre mi entrada. Mierda... No quería.
Calor.
Calor y mucha. Eso era vergonzoso, y mira que mi vida estaba llena de
situaciones vergonzosas... Pero esto... Empezó a empujar lentamente,
y yo seguía aguantando la respiración. —Relájate, Zayn. —dijo
ella.
—¿Cómo pretendes que me relaje? —dije, con sarcasmo.
Bufó. —Si lo hicieras tú mismo ahora no estaríamos así, ¿sabes? Me da igual que te de vergüenza o no. —dijo seriamente. Cogí aire al darme cuenta de que en mis pulmones escaseaba. Empujó más hacia dentro. Era extraño, no dolía. —¿Duele? —me preguntó. Negué con la cabeza y siguió empujando lentamente. Hice una mueca de dolor. —Ahora sí, ¿verdad?
—Sí. —afirmé conteniendo el aire.
Empezó
a sacarlo lentamente, y luego a meterlo otra vez, y así
sucesivamente. Y yo me estaba poniendo de los nervios, porque me
gustaba... Sí, y mucho. Tragué saliva al sentir cómo me estaba
empezando a empalmar. Mierda. Ahora no.
—¿Ya no te duele? —me preguntó.
—No.
—negué. Tenía la tentación de llevar las manos a mi miembro.
Mordí mi labio hundiendo la cara sobre el colchón.
Leah:
Decía que no le dolía, sin embargo; tenía la cara hundida en la almohada y apretujaba las sábanas entre sus dedos.¿Por qué...? Oh.
Lo
pillé enseguida y sonreí. Le dije que le terminaría gustando, y al
parecer le costaba trabajo aguantar el placer. Pero no gemía.
Mordí
mi labio. Tenía la tentación de escucharle gemir. ¿Pero qué me
pasaba?
No,
Leah, no. ¿Qué demonios?
—Ya no me duele. —dijo él apartándose un poco hacia delante, pero sin darse la vuelta.
—Ah, ¿no? —dije.
—No. —negó él.
Sabía que sí, pero no aguantaba más sin tocarse. Lo sabía. Sonreí. —Zayn, ¿te importaría darte la vuelta? —dije inocentemente. Él tardó un poco, agarró la sábana y se cubrió la intimidad. Luego se dio la vuelta. Solté una risa. —¿Por qué te tapas? —pregunté.
—No tienes por qué verme... —dijo él.
—¿Hay algo que no haya visto antes? —dije yo alzando una ceja. Él enrojeció y bajó la mirada. —Vamos, Zayn, no hace falta que te cubras, sé lo que hay ahí debajo. —dije rodando los ojos. Él bufó. Se cubrió la cara con el brazo y luego se destapó. Sonreí.
Lo
sabía. —¿No te había dicho que te terminaría gustando? —dije.
Murmuró algo en voz baja, que yo no pude escuchar. —Bueno,
entonces ¿te sigue doliendo o no? —dije.
—Sí. —dijo, en voz muy baja, pero logré escucharlo.
—¿Y vas a hacerlo tú o quieres que lo haga yo? —dije. Él no respondió. Supuse que no quería hacérselo a él mismo, pero tampoco quería decir que lo hiciera yo. —¿Y bien? —dije.
—Ya lo sabes. —dijo en voz baja. Seguía con la cara tapada por su brazo.
—Pues... No, no lo sé. —dije haciéndome la tonta.
Gruñó. —¿Por qué haces esto? —me preguntó.
Reí. —Anda, date la vuelta. —dije.
Él
lo hizo sin rechistar y se colocó como antes.
Zayn:
Bien, ¿ya qué? Me habían violado, me habían hecho chuparles la polla, y resultaba que ahora me gustababa que me metieran algo por el culo. ¿Pero y esto qué era? Lo detestaba, ¿por qué ahora no? Volvió a colocar el dildo sobre mi entrada y presionó de nuevo, penetrándome. Mordí mi labio.
Volvía
a estar igual. Necesitaba tocarme, era una gran necesidad, pero me
daba vergüenza.
—Si lo necesitas, házlo. —me dijo.
A la mierda la vergüenza. Empecé a masturbarme, sin importarme nada, olvidándome de que simplemente era con fin de curarme. Intentaba no gemir, y aún así se me escapaban algunos pequeños gemidos, sin poder evitarlo. Estaba apunto de correrme, y ella paró y se dispuso a sacar el dildo de dentro de mí. Oh, mierda... Ahora no.
—¿Quieres que siga? —preguntó en voz baja mientras volvía a presionar hacia dentro, muy lentamente.
—Sí. —solté, en un gemido, y enrojecí de nuevo. Lentamente empezó a sacarlo y a meterlo. Mierda, era desesperante. Empezó a hacerlo más rápido, al ritmo de mi mano, bajando y subiendo, hasta que no aguanté más y exploté. Caí en la cama, sin fuerzas, de boca y con la cara hundida en la almohada.
—Y yo que pensaba que tendrías alguna especie de trauma con que te dieran por detrás. —me dijo. Sentí mis mejillas arder.


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