Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT. | SMUT | Violencia | Abusos | Violaciones
—Coleman. —saludé seriamente.
—Styles. —saludó de vuelta. —¿Qué quieres? —me ladró.
Sonreí. —¿Qué son esos tratos? —negué divertido. —Recuerda que me lo debes todo, Tommy. —le dije.
Él rió amargamente. —Por supuesto, te debo mi vida, y puedes quedártela. Eres la causa de todos mis problemas, maldito desgraciado. —me ladró.
Reí. —Sí, sí... Como digas. Escúchame bien, Coleman, y obedece mis órdenes, me debes una y es hora de pagármela, si no lo haces, ya sabes lo caro que te va a costar. —dije.
—¿Qué quieres? —dijo resignado.
Liam:
Hacía unos cuantos días que Ed estaba extraño. Parecía que me evitaba, antes, siempre, cada vez que podía venía a verme, y aprovechábamos para... Pasar un buen rato, ¿pero ahora? Ya ni aparecía, hacia unos días que no lo veía. No respondía a mis mensajes, tampoco a mis llamadas. ¿Y si le había pasado algo? Ahora estaba preocupado. Joder... Joder... Y si... ¿Y si le había pasado algo? ¿Y si necesitaba mi ayuda? ¿Y si había tenido un accidente?
—Liam. —saludó Leah.
—Hola, Leah, pasa. —dije abriéndole más la puerta para que entrara.
—Leeyum, ¿estás bien? —me preguntó preocupada.
Asentí con la cabeza. —Sí... Es sólo que... Estoy preocupado por Ed... Hace días que no viene. —hace días que no viene, días sin escuchar su voz, sin sentirlo... Lo quería tanto... Que si llegaba a pasarle algo me moría. —¿Y qué te trae por aquí? —pregunté una vez estuvimos sentados en mi sofá.
Ella sacó un sobre de su chaqueta y me lo ofreció. Lo agarré con el ceño fruncido. —¿Qué es esto? —pregunté examinándolo.
Se encogió de hombros. —No lo sé. El propietario me ha dicho que no lo abra, y no lo he hecho.
Lo miré, indeciso. Le había pedido a Leah que no lo abriera. ¿Qué habría dentro? ¿Algo malo? ¿Algo bueno? Lo abrí cuidadosamente y metí la mano dentro. Saqué su contenido y lo observé con el ceño fruncido. Una carta.
«Para Liam:
¿Qué? Bueno, una carta extraña. No lo conocía pero él a mí sí... Qué yuyu, ¿no? Eso significaba que me observa, ¿me observaba? Acto reflejo miré a mi alrededor, sintiéndome algo estúpido. Yo no veía nada. Me dejé de tonterías y dejé la carta sobre mis piernas. Veamos... Fotos. ¿Ed? Fruncí el ceño. Pasé la foto. Abrí la boca. Ed... Y... ese chico... El que Leah buscaba, el chico que se quedó en mi casa. Zayn. Pasé la foto.
—¡Es un hijo de puta! —grité.
—¿Que me calme? ¡Que me calme? ¡Me calmaré cuando le reviente la cabeza a ese maldito gilipollas, hijo de puta, imbécil y calienta culos de Ed! —grité.
Leah parpadeó y se levantó, sujetándome de los hombros. —¡Calma, Liam! —me gritó. Respiraba agitadamente, a causa de la cólera y la adrenalina corriendo por mis venas. —Te lo dijimos. Niall y yo te dijimos que Ed era un jodido imbécil, ¿recuerdas? —me dijo Leah. Rompí a llorar, como si fuera un niño al que acababan de regañar. Ella me abrazó. —Oh... Li...
—No... Tendría que haberos hecho caso. —sollocé abrazado a ella. —Fui un idiota. —sollocé.
—Tranquilo. —me susurró.
Zayn:
Seguía aquí dentro. ¿Pero cuántos días hacía que estaba ahí encerrado? Había perdido la cuenta, pero agradezco el hecho de tener a Louis. Era un gran amigo, uno en el que podía confiar. Louis entró corriendo, sonriéndome. Le sonreí de vuelta. ¿Y esa sonrisa? ¿Buenas noticias?
—¿Y esa sonrisa? —le pregunté. Él me mostró un teléfono móvil. Fruncí el ceño. ¿Y su idea era...? Esperaba que no fuera llamar a la policía, porque si fuera así... —¿Y qué pretendes con eso? —Louis apretó unos cuantos botones y me dio el teléfono, con una inmensa sonrisa. —Louis, ¿qué...?
—¿Sí? —su voz... Todo el aire desapareció de mis pulmones, esfumándose. Me volví pálido al escuchar su voz angelical y apagada. ¿Pero qué demonios?
—¿Leah? —susurré. Nada. Silencio. Temí que se hubiera cortado.
—¿Zayn? —me respondió igual, con temor, y esperanza. —Zayn, ¿eres tú?
—Sí. —mi voz se quebró, de la nostalgia, de la inmensa plenitud y felicidad que sentí al escuchar su voz.
—Zayn... ¡Oh, Dios mío! ¿Estás bien? ¿Qué te han hecho? Por favor, dime que estás bien. —su voz también sonaba quebrada, a la vez que preocupada y esperanzada.
—Estoy bien. —mentí. No quería que se sintiera mal.
Suspiró. —¿Dónde estás? Zayn, voy a buscarte... No... No puedo dejarte ahí.
—No. —negué. Eso la pondría en peligro, y yo no quería eso. Todo menos eso. Podían violarme, abofetearme, darme latigazos, matarme, torturarme... Lo que quisieran, pero a ella, a ella no.
—Zayn, por favor... —sonó como una súplica.
—No, Leah... —negué de nuevo.
—Pero, Zayn... —susurró, con la voz quebrada.
—Si te pasara algo no lo soportaría, Leah. —dije yo.
Ella sollozó. —¿Y cómo crees que me siento yo? —dijo. Sollocé y miré a Louis. Tenía los ojos humedecidos, supuse que triste y enternecido, pues estaba viendo una película de amor en 3D y él formaba parte de ésta.
Mordí mi labio, tragándome los sollozos. —Por favor... —susurré. —No intentes buscarme.
—Quiero ayudarte. —dijo con la voz quebrada.
—Me ayudas... Escuchar tu voz me hace fuerte. Saber que te importo me hace sentir bien. Saber que eres mía es mi razón de vivir... Tú eres mi razón, Leah. —susurré. Ella sollozó, y escuché otro sollozo proveniente de Louis, lo miré. Se cubría la boca y me miraba enternecido.
—¿Hay alguien más ahí? —me susurró.
Miré a Louis. —Sí. —afirmé, y le hice una señal a Louis para que viniera. Lo hizo.
—Hola, Leah. —dijo Louis.
—¿Louis? —dijo ella. Fruncí el ceño. Vale, se conocían, obvio ya que él tenía su número. ¿Pero cuánto hacía que se conocían? A ver, Louis conocía a Justin, que era novio de Leah, y Leah lo dejó para estar conmigo, él se puso celoso y ahora yo estaba aquí. ¿Eso significaba que se conocían de antes?
—¿Hace mucho tiempo que os conocéis? —le pregunté a Louis. Él negó con la cabeza. Vale, entonces había ido a buscarla, por mí. Sonreí.
—Hay que colgar ya, Zayn, puede entrar alguien en cualquier momento. —me dijo Louis. Asentí con la cabeza, triste. Lo entendía. Él ya arriesgaba mucho dejándome hablar con ella, no podía pedir más.
—Tengo que colgar, Leah. —dije.
—No... —susurró ella con la voz quebrada.
—Si no lo hago Louis tendrá problemas por mi culpa... Y puede que no hablemos más. —dije. La línea se quedó en silencio.
—Te amo, Zayn... —me susurró ella.
Sonreí. —Yo también te amo, Leah... Prometo que volveré a llamarte. —susurré, y colgué. Si no lo hacía después de decir eso no sería capaz de colgar. Le entregué el teléfono a Louis.
—Eres un jodido romántico. —me dijo.
Reí un poco, sin ganas. —Gracias, Louis. —le agradecí.
Zayn deja de narrar.
El chico de ojos verdes volvía a observarlos, pero ahora sabía más. Ahora sabía el punto débil de su enemigo, e iría a por él.
—Styles... Cuánto tiempo, hermano. —su voz grave y gastada a causa de tanto tabaco se escuchó por el auricular.
—Déjate de peloteo, me debes un favor. —dije, directamente al grano, pues no tenía tiempo para seguirle la corriente, aparte que ni quería, ni estaba en condiciones con esa cólera dentro de mí.
Rió. —Nunca cambiarás, Styles. Pide. —dijo, también directo.
Sonreí. —Bueno... me debes uno muy grande... —empecé. —Lo recuerdas, ¿verdad?
—Lo recuerdo perfectamente, Styles. —dijo él.
—Bien... Eres un empresario de éxito, y como tal, necesito tu ayuda para cierto... Trabajito.
—¿Dígame?
—una voz grave respondió por el otro lado del auricular.
—Coleman. —saludé seriamente.
—Styles. —saludó de vuelta. —¿Qué quieres? —me ladró.
Sonreí. —¿Qué son esos tratos? —negué divertido. —Recuerda que me lo debes todo, Tommy. —le dije.
Él rió amargamente. —Por supuesto, te debo mi vida, y puedes quedártela. Eres la causa de todos mis problemas, maldito desgraciado. —me ladró.
Reí. —Sí, sí... Como digas. Escúchame bien, Coleman, y obedece mis órdenes, me debes una y es hora de pagármela, si no lo haces, ya sabes lo caro que te va a costar. —dije.
—¿Qué quieres? —dijo resignado.
Liam:
Hacía unos cuantos días que Ed estaba extraño. Parecía que me evitaba, antes, siempre, cada vez que podía venía a verme, y aprovechábamos para... Pasar un buen rato, ¿pero ahora? Ya ni aparecía, hacia unos días que no lo veía. No respondía a mis mensajes, tampoco a mis llamadas. ¿Y si le había pasado algo? Ahora estaba preocupado. Joder... Joder... Y si... ¿Y si le había pasado algo? ¿Y si necesitaba mi ayuda? ¿Y si había tenido un accidente?
El
timbre sonó, impidiendo que siguiera preocupádome más, pues todos
mis pensamientos colapsaron pensando lo mismo al escuchar el timbre:
¡Ed! Corrí hacia la puerta y la abrí, mi ilusión se esfumó con
un soplo del viento.
—Liam. —saludó Leah.
—Hola, Leah, pasa. —dije abriéndole más la puerta para que entrara.
—Leeyum, ¿estás bien? —me preguntó preocupada.
Asentí con la cabeza. —Sí... Es sólo que... Estoy preocupado por Ed... Hace días que no viene. —hace días que no viene, días sin escuchar su voz, sin sentirlo... Lo quería tanto... Que si llegaba a pasarle algo me moría. —¿Y qué te trae por aquí? —pregunté una vez estuvimos sentados en mi sofá.
Ella sacó un sobre de su chaqueta y me lo ofreció. Lo agarré con el ceño fruncido. —¿Qué es esto? —pregunté examinándolo.
Se encogió de hombros. —No lo sé. El propietario me ha dicho que no lo abra, y no lo he hecho.
Lo miré, indeciso. Le había pedido a Leah que no lo abriera. ¿Qué habría dentro? ¿Algo malo? ¿Algo bueno? Lo abrí cuidadosamente y metí la mano dentro. Saqué su contenido y lo observé con el ceño fruncido. Una carta.
«Para Liam:
No
me conoces, pero yo a ti sí, de lejos. Tal vez creas que no tenga
razones a enviarte esto, que no entiendas el por qué... Yo sé el
porqué de que te envíe esto. Míralo, te conviene, yo simplemente
quiero abrirte los ojos.»
¿Qué? Bueno, una carta extraña. No lo conocía pero él a mí sí... Qué yuyu, ¿no? Eso significaba que me observa, ¿me observaba? Acto reflejo miré a mi alrededor, sintiéndome algo estúpido. Yo no veía nada. Me dejé de tonterías y dejé la carta sobre mis piernas. Veamos... Fotos. ¿Ed? Fruncí el ceño. Pasé la foto. Abrí la boca. Ed... Y... ese chico... El que Leah buscaba, el chico que se quedó en mi casa. Zayn. Pasé la foto.
Oh...
Joder... ¡Pero será hijo de la gran puta!
Pasé
las fotos rápidamente. Todas iguales, pero al parecer, de días
diferentes, pues Ed no llevaba la misma ropa. Mi vista se nubló y
arrojé el sobre y las fotos al suelo, levantándome.
—¡Es un hijo de puta! —grité.
—Liam.
—exclamó Leah. —Cálmate. —dijo.
—¿Que me calme? ¡Que me calme? ¡Me calmaré cuando le reviente la cabeza a ese maldito gilipollas, hijo de puta, imbécil y calienta culos de Ed! —grité.
Leah parpadeó y se levantó, sujetándome de los hombros. —¡Calma, Liam! —me gritó. Respiraba agitadamente, a causa de la cólera y la adrenalina corriendo por mis venas. —Te lo dijimos. Niall y yo te dijimos que Ed era un jodido imbécil, ¿recuerdas? —me dijo Leah. Rompí a llorar, como si fuera un niño al que acababan de regañar. Ella me abrazó. —Oh... Li...
—No... Tendría que haberos hecho caso. —sollocé abrazado a ella. —Fui un idiota. —sollocé.
—Tranquilo. —me susurró.
Zayn:
Seguía aquí dentro. ¿Pero cuántos días hacía que estaba ahí encerrado? Había perdido la cuenta, pero agradezco el hecho de tener a Louis. Era un gran amigo, uno en el que podía confiar. Louis entró corriendo, sonriéndome. Le sonreí de vuelta. ¿Y esa sonrisa? ¿Buenas noticias?
—¿Y esa sonrisa? —le pregunté. Él me mostró un teléfono móvil. Fruncí el ceño. ¿Y su idea era...? Esperaba que no fuera llamar a la policía, porque si fuera así... —¿Y qué pretendes con eso? —Louis apretó unos cuantos botones y me dio el teléfono, con una inmensa sonrisa. —Louis, ¿qué...?
—¿Sí? —su voz... Todo el aire desapareció de mis pulmones, esfumándose. Me volví pálido al escuchar su voz angelical y apagada. ¿Pero qué demonios?
—¿Leah? —susurré. Nada. Silencio. Temí que se hubiera cortado.
—¿Zayn? —me respondió igual, con temor, y esperanza. —Zayn, ¿eres tú?
—Sí. —mi voz se quebró, de la nostalgia, de la inmensa plenitud y felicidad que sentí al escuchar su voz.
—Zayn... ¡Oh, Dios mío! ¿Estás bien? ¿Qué te han hecho? Por favor, dime que estás bien. —su voz también sonaba quebrada, a la vez que preocupada y esperanzada.
—Estoy bien. —mentí. No quería que se sintiera mal.
Suspiró. —¿Dónde estás? Zayn, voy a buscarte... No... No puedo dejarte ahí.
—No. —negué. Eso la pondría en peligro, y yo no quería eso. Todo menos eso. Podían violarme, abofetearme, darme latigazos, matarme, torturarme... Lo que quisieran, pero a ella, a ella no.
—Zayn, por favor... —sonó como una súplica.
—No, Leah... —negué de nuevo.
—Pero, Zayn... —susurró, con la voz quebrada.
—Si te pasara algo no lo soportaría, Leah. —dije yo.
Ella sollozó. —¿Y cómo crees que me siento yo? —dijo. Sollocé y miré a Louis. Tenía los ojos humedecidos, supuse que triste y enternecido, pues estaba viendo una película de amor en 3D y él formaba parte de ésta.
Mordí mi labio, tragándome los sollozos. —Por favor... —susurré. —No intentes buscarme.
—Quiero ayudarte. —dijo con la voz quebrada.
—Me ayudas... Escuchar tu voz me hace fuerte. Saber que te importo me hace sentir bien. Saber que eres mía es mi razón de vivir... Tú eres mi razón, Leah. —susurré. Ella sollozó, y escuché otro sollozo proveniente de Louis, lo miré. Se cubría la boca y me miraba enternecido.
—Eres
un romántico. —me susurró moviendo exageradamente los labios. Reí
un poco.
—¿Hay alguien más ahí? —me susurró.
Miré a Louis. —Sí. —afirmé, y le hice una señal a Louis para que viniera. Lo hizo.
—Hola, Leah. —dijo Louis.
—¿Louis? —dijo ella. Fruncí el ceño. Vale, se conocían, obvio ya que él tenía su número. ¿Pero cuánto hacía que se conocían? A ver, Louis conocía a Justin, que era novio de Leah, y Leah lo dejó para estar conmigo, él se puso celoso y ahora yo estaba aquí. ¿Eso significaba que se conocían de antes?
—¿Hace mucho tiempo que os conocéis? —le pregunté a Louis. Él negó con la cabeza. Vale, entonces había ido a buscarla, por mí. Sonreí.
—Hay que colgar ya, Zayn, puede entrar alguien en cualquier momento. —me dijo Louis. Asentí con la cabeza, triste. Lo entendía. Él ya arriesgaba mucho dejándome hablar con ella, no podía pedir más.
—Tengo que colgar, Leah. —dije.
—No... —susurró ella con la voz quebrada.
—Si no lo hago Louis tendrá problemas por mi culpa... Y puede que no hablemos más. —dije. La línea se quedó en silencio.
—Te amo, Zayn... —me susurró ella.
Sonreí. —Yo también te amo, Leah... Prometo que volveré a llamarte. —susurré, y colgué. Si no lo hacía después de decir eso no sería capaz de colgar. Le entregué el teléfono a Louis.
—Eres un jodido romántico. —me dijo.
Reí un poco, sin ganas. —Gracias, Louis. —le agradecí.
Zayn deja de narrar.
El chico de ojos verdes volvía a observarlos, pero ahora sabía más. Ahora sabía el punto débil de su enemigo, e iría a por él.
—Styles... Cuánto tiempo, hermano. —su voz grave y gastada a causa de tanto tabaco se escuchó por el auricular.
—Déjate de peloteo, me debes un favor. —dije, directamente al grano, pues no tenía tiempo para seguirle la corriente, aparte que ni quería, ni estaba en condiciones con esa cólera dentro de mí.
Rió. —Nunca cambiarás, Styles. Pide. —dijo, también directo.
Sonreí. —Bueno... me debes uno muy grande... —empecé. —Lo recuerdas, ¿verdad?
—Lo recuerdo perfectamente, Styles. —dijo él.
—Bien... Eres un empresario de éxito, y como tal, necesito tu ayuda para cierto... Trabajito.


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