Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT. | SMUT | Violencia | Abusos | Violaciones
—Leah. —Zayn vino hasta mí y se sentó a mi lado, agarrándome la mano. —Lo he... Escuchado todo. —susurró. Asentí con la cabeza y cogí aire, después lo solté lentamente. —Lo amas. —susurró.
—No. —negué mirándolo. —Te amo a ti, Zayn. —susurré. —Sólo a ti. Él bajó la mirada y yo apreté su mano. Alzó la mirada y lo besé. —Yo te amo a ti, Zayn, no lo dudes nunca. —susurré.
Él mostró una débil sonrisa y después me besó. —Leah... Si lo amas, yo... No quiero retenerte. —dijo.
Parpadeé y negué con la cabeza. —No. Te amo a ti. —era curioso, nunca me había sentido así. Estaba convencida de que yo amaba a Zayn, pero a la vez sentía algo por Justin y... Era muy confuso. Sonreí y lo besé. —Sólo a ti. —susurré.
Leah deja de narrar.
—¿De verdad? —preguntó.
—Sí. —dije, dejando el vaso de whisky de mala manera, sobre la mesa. —¿Por qué? ¿Quién? —gruñí y estampé el vaso contra la pared.
—Calma. —me dijo.
Gruñí. —Cuando me entere de quién es el maldito desgraciado, yo... —dije, con la voz envenenada. Sentía tanta rabia. Cinco años, cinco putos años a su lado. Los mejores años de mi vida, y me dejaba por otro después de acostarse con él. ¿Cuánto tiempo habría estado engañándome?
—Cuando sepas quién es... Yo mismo te ayudaré a hacerlo sufrir. Ya sabes lo que hacemos aquí con los enemigos de nuestros amigos, ¿no, Justin? —me dijo con una sonrisa.
Sonreí. —Lo sé, Harry... Lo sé. Y estoy deseando encontrarlo.
Sonrió. —Nadie se mete con los amigos de Harry Styles.
Zayn:
Ya era de noche... Tenía que irme. Ella me miró tristemente y me abrazó. —Odio que tengas que irte. —me susurró.
La rodeé con los brazos. —Y yo odio tener que irme... Pero no puedo hacer nada. —susurré. Ella sorbió su nariz y yo la miré, limpié sus lágrimas con mis pulgares y la besé. —Gracias por todo, Leah. —susurré.
Ella me sonrió y negó con la cabeza. —No tienes por qué darlas. Sonreí y la abracé de nuevo. —Prométeme que vendrás a verme. —me susurró.
—Lo prometo. —prometí. Vendría a verla cada día, de eso estaba seguro, pues no soportaría estar sin ella. —Adiós. —susurré, ella me miró y me besó.
Sonrió, una sonrisa forzada. —Adiós. —susurró.
Me alejé y salí por la puerta, dedicándole una última mirada, me miraba con una mirada triste, y quería quedarme, pero no podía. Aparté la mirada y me fui cerrando la puerta.
Salí fuera y el viento agitó mi pelo con fuerza, empecé a andar mirando al suelo, hasta que choqué con alguien. —Lo siento. —me excusé, y me dispuse a seguir andando, pero el sujeto me agarró del brazo con fuerza y me arrastró. —¡Eh! —grité, intentando soltarme. El sujeto me golpeó y caí de rodillas, retorciéndome de dolor, él empezó a arrastrarme y me metió en un callejón.
—Así que tú eres el amante de Leah. —esa voz... alcé la mirada.
—Vaya, si te acuerdas de mí. —dijo, y después de eso soltó una amarga carcajada.
—No, no. ¡Dejadme! —grité, y el sujeto que anteriormente me había arrastrado hacia ahí me sujetó los brazos con fuerza y colocó su boca a unos centímetros de mi cuello, lo sabía porque su aliento rozó mi piel cuando habló.
—Quédate quietecito, precioso... Si no lo haces será peor para ti. —me susurró.
Yo tragué saliva y las lágrimas empezaron a salir de mis ojos. El chico me sonrió. —Me encantan los llorones, ¿sabes? Son los que más me ponen. —dijo el chico.
—Ed... No creo que a Harry le agrade que juegues con él antes de llevárselo. —dijo Justin. Lo miré. Su mirada mostraba repugnancia hacia mí, pero aún así le agradecía el comentario, porque al parecer, ese tal Ed, dudó entre si seguir o no. Sonrió, de tal manera que me hizo sentir escalofríos.
—Ya lo he tocado antes. —dijo con la misma sonrisa.
—Aún así, ahora lo quiere Harry. —dijo Justin con una sonrisa.
Al verlo sonreír supe que lo que quería en realidad era que sufriera más. Ese tal Harry... Debía de ser alguien importante para hacer retroceder a Ed... El chico que me violó...
Tragué saliva mientras las lágrimas seguían brotando de mis ojos. —Justin... Justin, por favor, no hagas esto. —le supliqué, y él se rió y se acercó a mí, quedando demasiado cerca.
—¿Sabes cuántos años he estado con Leah? —me susurró con repugnancia. —?Acaso sabes... Lo importante que ella es para mí? Y no es justo que un puto como tú me la quite, ¿sabes? Ella merece algo mejor que un stripper de mierda como tú, que va vendiéndose cada noche. —me escupió, y me tragué los sollozos, y bajé la mirada. ¿Cómo podía discutirle eso? Yo mismo sabía que no la merecía, y no era el único que lo pensaba. —Y vas a sufrir por haberla ensuciado. —me dijo, con tal rencor que me hizo temblar. Me empujaron y caí de rodillas hacia adelante, haciéndome daño al caer.
Leah:
Me quedé sentada en el sofá, cubriéndome la cara con las manos, acallando todos los sollozos provenientes de mis labios.
***
Estaba aquí de nuevo, y entré, a paso rápido y recordando el recorrido que había hecho tres días antes, cuando vine a buscar a Zayn. Entré sin llamar a la puerta, lo cual fue un grave error. Me quedé de piedra al ver a Niall ahí sentado. Se dio la vuelta y los ojos casi se le salen de las órbitas.
—¿Niall? —articulé, sin aire.
—Y-yo... Espera, ¿y tú qué? —me dijo.
Salió del despacho y me dejó a solas con el hombre, quien me miraba con mala cara.
—¿Y el doce? —me dijo.
Me quedé estática. —¿Q-qué? —dije. ¿No había llegado? —¿Cómo que "y el 12"? Está aquí. Ya ha llegado. Ha tenido que llegar. —dije, exaltada.
Frunció el ceño. —No, no ha llegado. —negó.
—Pero... Pero hace un rato que se ha ido. Ya tendría que estar aquí. —dije, nerviosa.
—Pues no ha llegado. —negó él, tan tranquilo.
Parpadeé. Tendría que estar aquí... Tendría... Tendría que haber llegado ya. ¿Y si le había pasado algo? ¿Estaría bien? —Tenemos que buscarlo. —dije preocupada, y él alzó una ceja, después se echó a reír.
—Ya vendrá. —dijo sin más.
—¿Y si le ha pasado algo? —dije yo. Se encogió de hombros. Sentía mi cara arder, la temperatura de mi cuerpo aumentando por momentos y mi pulso empezando a temblar. Siempre que me enfadaba me pasaba eso. —¿Te da igual? —dije, con cólera.
El hombre me miró extrañado, y una chispa de miedo pasó por sus ojos, pero desapareció. —Francamente, sí. —respondió.
Respiré, intentando mantenerme a raya y controlar mi cólera. —Bien, entonces, supongo que no te importará que deje este lugar. —dije. —Que deje de trabajar para ti.
El hombre mostró una media sonrisa. —Yo no he dicho eso.
—Has dicho que te da igual. —dije.
—Me da igual que le haya pasado algo o no, pero si está bien tiene que volver. —aclaró.
Cerré mis manos en puño y mis uñas quedaron clavadas en mi piel, doliéndome, pero sin sangrar. Empecé a acercarme e hizo una señal, me agarraron fuertemente, impidiendo que me moviera. Gruñí y lo miré con mala cara. ¿Me tenía miedo? Mejor.
—Si llego a encontrarlo... Juro que no volverá a pisar este lugar. —dije.
Hizo una seña con la cabeza y empezaron a arrastrarme fuera de ese lugar, me dejé. ¿Total? ¿De qué servía si Zayn no estaba ahí? De nada servía malgastar mi tiempo.
***
La gasolina empezaba a escasear, y... Me quedé ahí. Sin gasolina.
—¡Mierda! —exclamé golpeado el volante del coche. Bufé. —¡Joder!
¿Y ahora qué?
Zayn:
Estaba oscuro, había perdido la noción del tiempo, sólo sabía que estaba atado de pies y manos sentado en una silla, y no veía absolutamente nada. Tenía sed, y hambre, mucha. Había llorado, y mucho, pero estaba totalmente seco, no quedaban más lágrimas por soltar, aunque quisiera no podía.
—¿Quién eres? ¿Qué quieres? —dije en un susurro, aterrado.
El chico sonrió y se colocó delante de mí. Me agarró del mentón y empezó a examinarme. —No estás nada mal. —dijo, y me soltó la cara bruscamente.
—¿Por qué hacéis esto? —Dije, y las lágrimas amenazaron con salir de nuevo, sorprendiéndome. Pensaba que estaba seco.
Sonrió. —Vaya... Un llorica. —dijo agarrándome de nuevo del mentón. Mordió mi mejilla. —Me encantan. —susurró, y me estremecí al tiempo que sollocé.
—Por favor, deja que me vaya. —supliqué.
Rió. —Ni hablar. Ahora eres mío. —dijo, como si le estuviera hablando a un perro.
«Ahora, te trataremos como el perro que eres.» Cerré los ojos con fuerza y bajé la mirada. Estaba perdido, ¿de qué servía luchar en vano? —¿Qué vas a hacerme? —susurré, sin fuerzas, abatido.
Rió. —Divertirme. —dijo él. No se alejó de mí en ningún momento. Mordió mi cuello y succionó. ¿Era un imán para los maricones o qué? ¿Por qué siempre me pasaba lo mismo? ¿Por qué siempre a mí?
Después
de lo sucedido con Justin fui directamente a sentarme en el sofá, y
ahí me quedé. Me sentía vacía, sí. ¿Pero a qué venía esa
sensación? Yo... Yo amaba a Zayn, no a Justin.
—Leah. —Zayn vino hasta mí y se sentó a mi lado, agarrándome la mano. —Lo he... Escuchado todo. —susurró. Asentí con la cabeza y cogí aire, después lo solté lentamente. —Lo amas. —susurró.
—No. —negué mirándolo. —Te amo a ti, Zayn. —susurré. —Sólo a ti. Él bajó la mirada y yo apreté su mano. Alzó la mirada y lo besé. —Yo te amo a ti, Zayn, no lo dudes nunca. —susurré.
Él mostró una débil sonrisa y después me besó. —Leah... Si lo amas, yo... No quiero retenerte. —dijo.
Parpadeé y negué con la cabeza. —No. Te amo a ti. —era curioso, nunca me había sentido así. Estaba convencida de que yo amaba a Zayn, pero a la vez sentía algo por Justin y... Era muy confuso. Sonreí y lo besé. —Sólo a ti. —susurré.
Leah deja de narrar.
—¿De verdad? —preguntó.
—Sí. —dije, dejando el vaso de whisky de mala manera, sobre la mesa. —¿Por qué? ¿Quién? —gruñí y estampé el vaso contra la pared.
—Calma. —me dijo.
Gruñí. —Cuando me entere de quién es el maldito desgraciado, yo... —dije, con la voz envenenada. Sentía tanta rabia. Cinco años, cinco putos años a su lado. Los mejores años de mi vida, y me dejaba por otro después de acostarse con él. ¿Cuánto tiempo habría estado engañándome?
—Cuando sepas quién es... Yo mismo te ayudaré a hacerlo sufrir. Ya sabes lo que hacemos aquí con los enemigos de nuestros amigos, ¿no, Justin? —me dijo con una sonrisa.
Sonreí. —Lo sé, Harry... Lo sé. Y estoy deseando encontrarlo.
Sonrió. —Nadie se mete con los amigos de Harry Styles.
Zayn:
Ya era de noche... Tenía que irme. Ella me miró tristemente y me abrazó. —Odio que tengas que irte. —me susurró.
La rodeé con los brazos. —Y yo odio tener que irme... Pero no puedo hacer nada. —susurré. Ella sorbió su nariz y yo la miré, limpié sus lágrimas con mis pulgares y la besé. —Gracias por todo, Leah. —susurré.
Ella me sonrió y negó con la cabeza. —No tienes por qué darlas. Sonreí y la abracé de nuevo. —Prométeme que vendrás a verme. —me susurró.
—Lo prometo. —prometí. Vendría a verla cada día, de eso estaba seguro, pues no soportaría estar sin ella. —Adiós. —susurré, ella me miró y me besó.
Sonrió, una sonrisa forzada. —Adiós. —susurró.
Me alejé y salí por la puerta, dedicándole una última mirada, me miraba con una mirada triste, y quería quedarme, pero no podía. Aparté la mirada y me fui cerrando la puerta.
Cerré
los ojos con fuerza y empecé a andar para salir de ahí.
Salí fuera y el viento agitó mi pelo con fuerza, empecé a andar mirando al suelo, hasta que choqué con alguien. —Lo siento. —me excusé, y me dispuse a seguir andando, pero el sujeto me agarró del brazo con fuerza y me arrastró. —¡Eh! —grité, intentando soltarme. El sujeto me golpeó y caí de rodillas, retorciéndome de dolor, él empezó a arrastrarme y me metió en un callejón.
—Así que tú eres el amante de Leah. —esa voz... alcé la mirada.
—Tú...
¿Tú eres... Justin? —dije. El chico sonrió. Había más gente a
su lado, y uno de ellos me resultaba muy familiar. Tragué saliva
cuando éste se me acercó sonriendo, y mis ojos se llenaron de
lágrimas. Me eché hacia atrás en un acto reflejo. —Tú.
—susurré, aterrado. —¡No! —grité al ver que me arrastraban
hacia él, y empecé a dar golpes en vano, para alejarme.
—Vaya, si te acuerdas de mí. —dijo, y después de eso soltó una amarga carcajada.
—No, no. ¡Dejadme! —grité, y el sujeto que anteriormente me había arrastrado hacia ahí me sujetó los brazos con fuerza y colocó su boca a unos centímetros de mi cuello, lo sabía porque su aliento rozó mi piel cuando habló.
—Quédate quietecito, precioso... Si no lo haces será peor para ti. —me susurró.
Yo tragué saliva y las lágrimas empezaron a salir de mis ojos. El chico me sonrió. —Me encantan los llorones, ¿sabes? Son los que más me ponen. —dijo el chico.
—Ed... No creo que a Harry le agrade que juegues con él antes de llevárselo. —dijo Justin. Lo miré. Su mirada mostraba repugnancia hacia mí, pero aún así le agradecía el comentario, porque al parecer, ese tal Ed, dudó entre si seguir o no. Sonrió, de tal manera que me hizo sentir escalofríos.
—Ya lo he tocado antes. —dijo con la misma sonrisa.
—Aún así, ahora lo quiere Harry. —dijo Justin con una sonrisa.
Al verlo sonreír supe que lo que quería en realidad era que sufriera más. Ese tal Harry... Debía de ser alguien importante para hacer retroceder a Ed... El chico que me violó...
Gruñó
y dio media vuelta, girándose hacia Justin. —Vamos. —le ladró.
Tragué saliva mientras las lágrimas seguían brotando de mis ojos. —Justin... Justin, por favor, no hagas esto. —le supliqué, y él se rió y se acercó a mí, quedando demasiado cerca.
—¿Sabes cuántos años he estado con Leah? —me susurró con repugnancia. —?Acaso sabes... Lo importante que ella es para mí? Y no es justo que un puto como tú me la quite, ¿sabes? Ella merece algo mejor que un stripper de mierda como tú, que va vendiéndose cada noche. —me escupió, y me tragué los sollozos, y bajé la mirada. ¿Cómo podía discutirle eso? Yo mismo sabía que no la merecía, y no era el único que lo pensaba. —Y vas a sufrir por haberla ensuciado. —me dijo, con tal rencor que me hizo temblar. Me empujaron y caí de rodillas hacia adelante, haciéndome daño al caer.
—Ahora,
te trataremos como el perro que eres. —me dijo con asco y burla.
Leah:
Me quedé sentada en el sofá, cubriéndome la cara con las manos, acallando todos los sollozos provenientes de mis labios.
Me
sentía tan vacía... Había dejado que se fuera, aún sabiendo que
era necesario para mí. Golpeé la mesa con el puño, rabiosa ante mi
impotencia. ¿Por qué había dejado que se fuera? ¿Muerta? Sí,
podría decirse que me sentía así. No tenía frío, tampoco calor.
No estaba triste, tampoco feliz. Estaba... Vacía. Sollocé y volví
a cubrirme la cara con las manos. Jamás me había sentido así.
Nunca. Era una sensación muy extraña.
Suspiré
y me levanté, dispuesta a volver a por él. Sacaría dinero en
efectivo del banco, y después volvería a por él. Sí, seguiría
pagando por él hasta quedar en la misma ruina, pero me daba igual.
Fui a mi habitación a paso rápido y me vestí con lo primero que
encontré. Me puse unos pantalones negros estrechos, unas Vans
todas
negras y una sudadera con el logo de "Starbucks".
Agarré
mi cartera, las llaves de mi casa, de mi coche, y corrí hacia abajo.
Salí
de mi apartamento cerrando con llave y corrí hacia el ascensor.
***
Estaba aquí de nuevo, y entré, a paso rápido y recordando el recorrido que había hecho tres días antes, cuando vine a buscar a Zayn. Entré sin llamar a la puerta, lo cual fue un grave error. Me quedé de piedra al ver a Niall ahí sentado. Se dio la vuelta y los ojos casi se le salen de las órbitas.
—¿Niall? —articulé, sin aire.
—Y-yo... Espera, ¿y tú qué? —me dijo.
Negué
rápidamente con la cabeza, saliendo de mi atontamiento. —Necesito
hablar con él. —le dije a Niall. Niall miró al hombre y asintió,
al pasar por mi lado le dije: —Y luego hablaré contigo.
Salió del despacho y me dejó a solas con el hombre, quien me miraba con mala cara.
—¿Y el doce? —me dijo.
Me quedé estática. —¿Q-qué? —dije. ¿No había llegado? —¿Cómo que "y el 12"? Está aquí. Ya ha llegado. Ha tenido que llegar. —dije, exaltada.
Frunció el ceño. —No, no ha llegado. —negó.
—Pero... Pero hace un rato que se ha ido. Ya tendría que estar aquí. —dije, nerviosa.
—Pues no ha llegado. —negó él, tan tranquilo.
Parpadeé. Tendría que estar aquí... Tendría... Tendría que haber llegado ya. ¿Y si le había pasado algo? ¿Estaría bien? —Tenemos que buscarlo. —dije preocupada, y él alzó una ceja, después se echó a reír.
—Ya vendrá. —dijo sin más.
—¿Y si le ha pasado algo? —dije yo. Se encogió de hombros. Sentía mi cara arder, la temperatura de mi cuerpo aumentando por momentos y mi pulso empezando a temblar. Siempre que me enfadaba me pasaba eso. —¿Te da igual? —dije, con cólera.
El hombre me miró extrañado, y una chispa de miedo pasó por sus ojos, pero desapareció. —Francamente, sí. —respondió.
Respiré, intentando mantenerme a raya y controlar mi cólera. —Bien, entonces, supongo que no te importará que deje este lugar. —dije. —Que deje de trabajar para ti.
El hombre mostró una media sonrisa. —Yo no he dicho eso.
—Has dicho que te da igual. —dije.
—Me da igual que le haya pasado algo o no, pero si está bien tiene que volver. —aclaró.
Cerré mis manos en puño y mis uñas quedaron clavadas en mi piel, doliéndome, pero sin sangrar. Empecé a acercarme e hizo una señal, me agarraron fuertemente, impidiendo que me moviera. Gruñí y lo miré con mala cara. ¿Me tenía miedo? Mejor.
Desde
pequeña había tenido ciertos problemas para controlarme, al igual
que mi padre. Supongo que heredé mi fuerza y carácter de él, en
cuanto se trataba de perder la paciencia. Cuando me enfadaba era
bastante impredecible y peligrosa, al igual que él, y eso es una de
las cosas que me distinguía de las otras chicas.
—Si llego a encontrarlo... Juro que no volverá a pisar este lugar. —dije.
El
hombre rió, sin tomarme en serio. Cerré los ojos con fuerza, y al
abrirlos su mirada cambió, y mis ojos ardían en cólera. —Ya
sabes quién es mi padre, sabes en qué trabaja, sabes lo que es
capaz de hacer... Con un simple abrir y cerrar de ojos es capaz de
hundirte, tanto a ti como a este lugar, dejarte en la ruina. —dije,
y él parpadeó, como si le hubieran dado un golpe bajo.
Hizo una seña con la cabeza y empezaron a arrastrarme fuera de ese lugar, me dejé. ¿Total? ¿De qué servía si Zayn no estaba ahí? De nada servía malgastar mi tiempo.
Me
empujaron fuera, y no caí de narices gracias a que llevaba Vans,
porque si hubiera venido con tacones me habría comido el asfalto. La
puerta se cerró de un portazo y empecé a andar, dispuesta a meterme
en mi coche y buscarlo, aunque tuviera que patearme todo el país. Lo
encontraría. Entré en mi coche, que había aparcado justo delante
del portal ya que estaba algo vacía esa calle. Arranqué y empecé a
mirar por todos lados.
***
La gasolina empezaba a escasear, y... Me quedé ahí. Sin gasolina.
—¡Mierda! —exclamé golpeado el volante del coche. Bufé. —¡Joder!
¿Y ahora qué?
Cogí
mi móvil y me metí en "Google Maps", empecé a buscar
alguna gasolinera cercana, y la más cercana estaba a diez
kilómetros.
Me
entraron ganas de llorar en ese momento. Diez kilómetros... Y luego
a volver a rellenar el tanque. Fin de la partida. Lo más seguro y lo
mejor, sería llamar a la grúa, porque si llamara a mi padre pediría
explicaciones que yo no podría darle.
Zayn:
Estaba oscuro, había perdido la noción del tiempo, sólo sabía que estaba atado de pies y manos sentado en una silla, y no veía absolutamente nada. Tenía sed, y hambre, mucha. Había llorado, y mucho, pero estaba totalmente seco, no quedaban más lágrimas por soltar, aunque quisiera no podía.
La
luz se encendió de golpe, cegándome. Parpadeé, intentando
acostumbrarme a ésta. Por la puerta entró un chico de pelo rizado y
ojos verdes, mirándome con una sonrisa.
—¿Quién eres? ¿Qué quieres? —dije en un susurro, aterrado.
El chico sonrió y se colocó delante de mí. Me agarró del mentón y empezó a examinarme. —No estás nada mal. —dijo, y me soltó la cara bruscamente.
—¿Por qué hacéis esto? —Dije, y las lágrimas amenazaron con salir de nuevo, sorprendiéndome. Pensaba que estaba seco.
Sonrió. —Vaya... Un llorica. —dijo agarrándome de nuevo del mentón. Mordió mi mejilla. —Me encantan. —susurró, y me estremecí al tiempo que sollocé.
—Por favor, deja que me vaya. —supliqué.
Rió. —Ni hablar. Ahora eres mío. —dijo, como si le estuviera hablando a un perro.
«Ahora, te trataremos como el perro que eres.» Cerré los ojos con fuerza y bajé la mirada. Estaba perdido, ¿de qué servía luchar en vano? —¿Qué vas a hacerme? —susurré, sin fuerzas, abatido.
Rió. —Divertirme. —dijo él. No se alejó de mí en ningún momento. Mordió mi cuello y succionó. ¿Era un imán para los maricones o qué? ¿Por qué siempre me pasaba lo mismo? ¿Por qué siempre a mí?


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