Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT. | SMUT | Violencia | Abusos | Violaciones
—Por favor... —susurré. Era una súplica. Una necia súplica a la vez que inútil, y lo supe al verlo sonreír. Negué con la cabeza, pidiendo compasión. —Por favor. —empecé a sollozar. Me importaba una mierda el orgullo, si es que me quedaba algo de ello.
—Me encanta ver llorar a mis víctimas... —me dijo, y acarició mi mejilla.
Sollocé. —Por favor. —Supliqué una vez más, en vano.
—No lograrás nada suplicando, cariño. —me susurró. Perdí la esperanza en cuanto empezó a acariciar mi abdomen por encima de la tela, con fuerza, parecía ansioso. Sollocé y él me besó, mordiendo mi labio inferior con fuerza y haciendo que sangrara. Lamió mi sangre y sonrió. Sollocé, espantado. Por favor... Por favor... Que alguien me ayude. —supliqué internamente, incapaz de hablar, aparte de que sería inútil. —Bueno, no podremos hacer mucho teniéndote atado. —me dijo, yo lo miré con los ojos llenos de lágrimas. —Voy a desatarte y vas a obedecerme. —amenazó. Yo asentí con la cabeza, aterrado ante su tono de voz. Me desató como dijo y yo me quedé quieto, bueno, temblando como un flan. Lo miré, era unos centímetros más alto que yo. Sonrió divertido. —A cuatro patas, perrito. —me dijo. Bajé la mirada y sollocé al tiempo que obedecía. Como un perro... Al pie de la letra. Estaba acostumbrado a que me humillaran, pero esto... Esto lo superaba todo. Estaba tan aterrado, tan desesperado... Que en este mismo momento deseaba que me asfixiara, que me matara, cualquier cosa mientras hiciera que dejara de sentirme así. Me bajó los pantalones y los calzoncillos de un tirón. —Quítate la ropa. —ordenó.
—No. —dije como pude. Me azotó de nuevo y cerré los ojos con fuerza al tiempo que mordía mi labio herido.
—A lo mejor te pone más si te doy con un látigo. —dijo, con una voz que hizo que me estremeciera.
Su mano dejó de posarse sobre mi trasero y se levantó. Me giré de golpe, asustado. —No, no, por favor. —supliqué, y él se dio la vuelta, mirándome.
Torció la cabeza, divertido. —Ahora eres mi puta, mi perro, ¿entiendes? Puedo hacer contigo lo que quiera. —dijo, y se dio la vuelta, dirigiéndose hacia un látigo que había colgado en la pared. Añarte de eso, me fijé en que había muchas más cosas. Vibradores, dildos de todos los tamaños, una especie de pelotitas atadas con una cuerda, látigos, cinturones. Me estremecí y empecé a temblar de nuevo.
—No, no, por favor. —supliqué. Él rió y agitó el látigo, pegando al suelo y haciendo un ruido estremecedor. Cerré los ojos. No me había tocado y ya me dolía. ¿Era Anastasia? No... Ojalá, porque no podía decir "rojo" y que él parara.
—Bien, date la vuelta y colócate como antes. —me ordenó.
Negué con la cabeza, en súplica, y él entrecerró los ojos, tirando del látigo y viniendo hacia mí, con muy mala leche. Me tiró del pelo haciéndome daño, y me dijo al oído. —¿Crees que eres alguien para negarte? Te diré una cosa, o lo haces, o te ataré y te daré con el látigo hasta arrancarte la piel. ¡Me has oído? —gritó, con una voz tremendamente terrorífica.
Asentí efusivamente con la cabeza al tiempo que rompía a llorar. Me soltó bruscamente y me coloqué como él quería.
—Date la vuelta. —me dijo. Tragué saliva y lo hice, quedándome de rodillas. Medio-sonrió.
—Túmbate. —ordenó. Miré el látigo y después lo miré a él. Me sonrió, de tal manera que hizo que temblara, me retorciera y mi labio empezara a temblar. No... No... No... —Vamos. —ordenó.
—¿Q-qué v-vas a-a hacer? —tartamudeé.
Sonrió, con esa sonrisa malévola. —Creo que ya te haces una idea de lo que voy a hacer. Tragué saliva. No... No... Por favor...
Leah:
Ya estaba en casa, abatida. Supongo que encontrarlo sería demasiado difícil, pero aún así, no me rendiría. Jamás. Liam... Ashton... Niall... ¡Alguien! Tenía que haber alguien que pudiera ayudarme. Me pasé las manos por el pelo, bastante despeinado por haber repetido ese acto mil veces, frustrada y desesperada. ¿Quién coño me mandaba a mí no pedirle el número de teléfono? Me levanté y pegué un puñetazo a la pared, haciendo mis nudillos sangrar. —¡Joder! —grité, de dolor. Esto de tener el mal genio de mi padre y estos impulsos, a veces iban en mi contra. Rompí en llanto y me apoyé en la pared, deslizándome hasta el suelo abrazando mis rodillas. Zayn... Mierda, Zayn... Por favor... Dios, sólo te pido que Zayn esté bien. El teléfono sonó, y quise esperar hasta que cesara, no quería cogerlo. Pero luego volvió a llamar, y no me quedó más remedio que cogerlo. —Diga. —dije, intentando sonar normal
—Leah. —saludó cortante.
—Niall. —dije igual.
—¿Qué hacías allí? —interrogó.
—Puedo hacerte la misma pregunta. —le dije, y la línea quedó en silencio unos segundos.
Suspiró. —Vengo en diez minutos. —y cortó.
Dejé el inalámbrico en su lugar y me senté en el sofá. Sí, necesitábamos hablar y aclarar las cosas.
Zayn:
Se bajó los pantalones, quedando totalmente desnudo, al igual que yo. Tenía el trasero completamente rojo, debido a los latigazos, y el torso cubierto de chupetones, y a diferencia de antes, ahora estaba atado, de pies y manos en una cama, boca abajo, con las rodillas flexionadas y las piernas abiertas, y los brazos encadenados a mis tobillos, quedando completamente inmóvil.
Me lo puso delante de la cara. —Vamos, perra. —gruñó, harto de que me resistiera constantemente a sus órdenes. Abrí la boca, resignado. Si no lo hacía sería mucho peor para mí, lo sabía. Él sonrió e inclinó su pelvis hacia delante, llenándome la boca con su miembro, y fue entrando y saliendo, a su ritmo. —Succiona. —ordenó. Lo hice y él gruñó, lo hacía cada vez que sentía placer, no gemía, gruñía. Lo sacó de mi boca, y con la mirada supe lo que quería. Antes de que lo dijera lo hice. Lo lamí de arriba a abajo, asqueado, y para mi sorpresa, gimió.
—Harry. —fue lo único que dijo, haciendo un movimiento de cabeza.
—¿Ahora? —gruñó. —Tú no pares. —me ladró. Y seguí lamiendo, incómodo. Ahora sí que parecía una puta de verdad.
—Es importante. —dijo el chico mirándome con recelo. Bajé la vista, sin dejar de lamer. ¿Creía que me gustaba esto? Chúpale tú la polla si quieres, ¡yo daría lo que fuera por no hacerlo!
Harry gruñó y se apartó de mí. Agarró sus pantalones y se vistió. —Aún no he terminado contigo. —me dijo con una sonrisa pícara y malvada. Bajé la mirada y mordí mis labios, para no sollozar. Empezó a andar y alcé la vista. El chico de ojos azules me miraba con curiosidad.
—Ayúdame. —susurré, vocalizando.
El chico parpadeó, bajó la mirada y se fue junto a Harry. Empecé a llorar desconsoladamente. ¿Cómo había caído tan bajo? ¿Por qué? Por una vez que todo empezaba a ir bien... Y me lo arrebataban. ¿Por qué? ¿Por qué la vida era tan cruel? ¿Estaba destinado a morir siendo un desgraciado? ¿No había sufrido lo suficiente?
[Y aquí está el capitulo que debería haber subido ayer pero soy un desastre y no lo subí c: Así que sorry.]
Ahora
temblaba, no quería que me hiciera nada. Me habían violado, muchas
veces, te sientes como una mierda, te sientes indefenso, te sientes
despreciado, es más, te desprecias a ti mismo.
—Por favor... —susurré. Era una súplica. Una necia súplica a la vez que inútil, y lo supe al verlo sonreír. Negué con la cabeza, pidiendo compasión. —Por favor. —empecé a sollozar. Me importaba una mierda el orgullo, si es que me quedaba algo de ello.
—Me encanta ver llorar a mis víctimas... —me dijo, y acarició mi mejilla.
Sollocé. —Por favor. —Supliqué una vez más, en vano.
—No lograrás nada suplicando, cariño. —me susurró. Perdí la esperanza en cuanto empezó a acariciar mi abdomen por encima de la tela, con fuerza, parecía ansioso. Sollocé y él me besó, mordiendo mi labio inferior con fuerza y haciendo que sangrara. Lamió mi sangre y sonrió. Sollocé, espantado. Por favor... Por favor... Que alguien me ayude. —supliqué internamente, incapaz de hablar, aparte de que sería inútil. —Bueno, no podremos hacer mucho teniéndote atado. —me dijo, yo lo miré con los ojos llenos de lágrimas. —Voy a desatarte y vas a obedecerme. —amenazó. Yo asentí con la cabeza, aterrado ante su tono de voz. Me desató como dijo y yo me quedé quieto, bueno, temblando como un flan. Lo miré, era unos centímetros más alto que yo. Sonrió divertido. —A cuatro patas, perrito. —me dijo. Bajé la mirada y sollocé al tiempo que obedecía. Como un perro... Al pie de la letra. Estaba acostumbrado a que me humillaran, pero esto... Esto lo superaba todo. Estaba tan aterrado, tan desesperado... Que en este mismo momento deseaba que me asfixiara, que me matara, cualquier cosa mientras hiciera que dejara de sentirme así. Me bajó los pantalones y los calzoncillos de un tirón. —Quítate la ropa. —ordenó.
Me
deshice de mis pantalones y calzoncillos, quitándomelos del todo, y
los dejé a un lado.
Me
tensé al sentir algo rozar mi trasero, acariciándolo. Me azotó y
cerré los ojos con fuerza. —Estoy deseando jugar contigo. —susurró
rozando mi entrada con un dedo. Me estremecí y solté un sollozo. Me
azotó de nuevo, más fuerte, y grité de dolor.
—¿Te
pone que te azote así, perra? —me dijo, burlón.
—No. —dije como pude. Me azotó de nuevo y cerré los ojos con fuerza al tiempo que mordía mi labio herido.
—A lo mejor te pone más si te doy con un látigo. —dijo, con una voz que hizo que me estremeciera.
Su mano dejó de posarse sobre mi trasero y se levantó. Me giré de golpe, asustado. —No, no, por favor. —supliqué, y él se dio la vuelta, mirándome.
Torció la cabeza, divertido. —Ahora eres mi puta, mi perro, ¿entiendes? Puedo hacer contigo lo que quiera. —dijo, y se dio la vuelta, dirigiéndose hacia un látigo que había colgado en la pared. Añarte de eso, me fijé en que había muchas más cosas. Vibradores, dildos de todos los tamaños, una especie de pelotitas atadas con una cuerda, látigos, cinturones. Me estremecí y empecé a temblar de nuevo.
Era...
Era... Era un... ¡Un puto sádico!, ¡un Christian Gray versión
gay! Entré en pánico en cuanto lo vi acercarse hacia mí con el
látigo y una sonrisa.
—No, no, por favor. —supliqué. Él rió y agitó el látigo, pegando al suelo y haciendo un ruido estremecedor. Cerré los ojos. No me había tocado y ya me dolía. ¿Era Anastasia? No... Ojalá, porque no podía decir "rojo" y que él parara.
—Bien, date la vuelta y colócate como antes. —me ordenó.
Negué con la cabeza, en súplica, y él entrecerró los ojos, tirando del látigo y viniendo hacia mí, con muy mala leche. Me tiró del pelo haciéndome daño, y me dijo al oído. —¿Crees que eres alguien para negarte? Te diré una cosa, o lo haces, o te ataré y te daré con el látigo hasta arrancarte la piel. ¡Me has oído? —gritó, con una voz tremendamente terrorífica.
Asentí efusivamente con la cabeza al tiempo que rompía a llorar. Me soltó bruscamente y me coloqué como él quería.
Sólo
escuchaba mis sollozos. Silencio. Hasta que sentí el primer latigazo
y grité de dolor. Y otro, y otro, y otro. Me ardía el trasero, y él
no cesaba. No paraba de llorar.
Paró
y me tragué los sollozos. Esperanzado, esperé a que ese fuera el
final.
—Date la vuelta. —me dijo. Tragué saliva y lo hice, quedándome de rodillas. Medio-sonrió.
—Túmbate. —ordenó. Miré el látigo y después lo miré a él. Me sonrió, de tal manera que hizo que temblara, me retorciera y mi labio empezara a temblar. No... No... No... —Vamos. —ordenó.
—¿Q-qué v-vas a-a hacer? —tartamudeé.
Sonrió, con esa sonrisa malévola. —Creo que ya te haces una idea de lo que voy a hacer. Tragué saliva. No... No... Por favor...
Obedecí,
resignado, aterrado y sollozando.
Cuando
pasó el látigo por encima de mi miembro dejé de respirar,
esperando un fuerte golpe que me hiciera gritar. —¿Es esto lo que
creías que haría? —me preguntó, divertido. Alzó el látigo y me
azotó. Estaba totalmente seguro de que me puse pálido en ese
momento, porque dejé de respirar.
Me
encogí de dolor, abrazando mis piernas, y él soltó una carcajada.
—Y esto sólo es el principio, precioso. —me susurró.
Leah:
Ya estaba en casa, abatida. Supongo que encontrarlo sería demasiado difícil, pero aún así, no me rendiría. Jamás. Liam... Ashton... Niall... ¡Alguien! Tenía que haber alguien que pudiera ayudarme. Me pasé las manos por el pelo, bastante despeinado por haber repetido ese acto mil veces, frustrada y desesperada. ¿Quién coño me mandaba a mí no pedirle el número de teléfono? Me levanté y pegué un puñetazo a la pared, haciendo mis nudillos sangrar. —¡Joder! —grité, de dolor. Esto de tener el mal genio de mi padre y estos impulsos, a veces iban en mi contra. Rompí en llanto y me apoyé en la pared, deslizándome hasta el suelo abrazando mis rodillas. Zayn... Mierda, Zayn... Por favor... Dios, sólo te pido que Zayn esté bien. El teléfono sonó, y quise esperar hasta que cesara, no quería cogerlo. Pero luego volvió a llamar, y no me quedó más remedio que cogerlo. —Diga. —dije, intentando sonar normal
—Leah. —saludó cortante.
—Niall. —dije igual.
—¿Qué hacías allí? —interrogó.
—Puedo hacerte la misma pregunta. —le dije, y la línea quedó en silencio unos segundos.
Suspiró. —Vengo en diez minutos. —y cortó.
Dejé el inalámbrico en su lugar y me senté en el sofá. Sí, necesitábamos hablar y aclarar las cosas.
Zayn:
Se bajó los pantalones, quedando totalmente desnudo, al igual que yo. Tenía el trasero completamente rojo, debido a los latigazos, y el torso cubierto de chupetones, y a diferencia de antes, ahora estaba atado, de pies y manos en una cama, boca abajo, con las rodillas flexionadas y las piernas abiertas, y los brazos encadenados a mis tobillos, quedando completamente inmóvil.
La
cama estaba en el centro de la habitación, y él se acercaba a mí
con una sonrisa. Ya estaba excitado, porque su miembro estaba
totalmente erecto.
Me lo puso delante de la cara. —Vamos, perra. —gruñó, harto de que me resistiera constantemente a sus órdenes. Abrí la boca, resignado. Si no lo hacía sería mucho peor para mí, lo sabía. Él sonrió e inclinó su pelvis hacia delante, llenándome la boca con su miembro, y fue entrando y saliendo, a su ritmo. —Succiona. —ordenó. Lo hice y él gruñó, lo hacía cada vez que sentía placer, no gemía, gruñía. Lo sacó de mi boca, y con la mirada supe lo que quería. Antes de que lo dijera lo hice. Lo lamí de arriba a abajo, asqueado, y para mi sorpresa, gimió.
Escuché
el sonido de una puerta abrirse, y ambos giramos la cabeza hacia el
ruido. Un chico de pelo castaño y ojos azules nos miraba con los
ojos muy abiertos, entre incómodo, molesto y decepcionado.
—Harry. —fue lo único que dijo, haciendo un movimiento de cabeza.
—¿Ahora? —gruñó. —Tú no pares. —me ladró. Y seguí lamiendo, incómodo. Ahora sí que parecía una puta de verdad.
—Es importante. —dijo el chico mirándome con recelo. Bajé la vista, sin dejar de lamer. ¿Creía que me gustaba esto? Chúpale tú la polla si quieres, ¡yo daría lo que fuera por no hacerlo!
Harry gruñó y se apartó de mí. Agarró sus pantalones y se vistió. —Aún no he terminado contigo. —me dijo con una sonrisa pícara y malvada. Bajé la mirada y mordí mis labios, para no sollozar. Empezó a andar y alcé la vista. El chico de ojos azules me miraba con curiosidad.
—Ayúdame. —susurré, vocalizando.
El chico parpadeó, bajó la mirada y se fue junto a Harry. Empecé a llorar desconsoladamente. ¿Cómo había caído tan bajo? ¿Por qué? Por una vez que todo empezaba a ir bien... Y me lo arrebataban. ¿Por qué? ¿Por qué la vida era tan cruel? ¿Estaba destinado a morir siendo un desgraciado? ¿No había sufrido lo suficiente?
[Y aquí está el capitulo que debería haber subido ayer pero soy un desastre y no lo subí c: Así que sorry.]


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