sábado, 21 de noviembre de 2015

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 55

Autora: Sandra M.P.

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Pasó por su lado mientras él temblaba, las lágrimas bajaban por su rostro e intentaba recomponer los pedazos de su corazón. Por un momento sus piernas fallaron y sintió que se caería al suelo, todas las fuerzas se habían esfumado de su cuerpo, la voz había desaparecido. Ella andaba a paso casual, acababa de destrozarlo con unas simples palabras, y él sentía como si una apisonadora le hubiera pasado por encima, destrozando cada uno de sus huesos. Ella no parecía haberse inmutado. Correría e iría a intentarlo de nuevo, pero se acabó, ella había ganado, él se había roto, estaba tan roto que apenas podía moverse.
"Así se hace". Ella sonrió, hasta que más tarde escuchó un sollozo, y la sonrisa fue esfumándose lentamente de su rostro. Parpadeó. ¿Qué acababa de hacer? Dio media vuelta y tragó saliva, Zayn seguía de pie en su lugar, sus ojos estaban fijos en los de ella, él estaba roto.

Él estaba roto y era su culpa.

"He aquí tu venganza, ¿no es algo exquisito?" Pero no, era como si la venganza hubiera sido como un boomerang, porque sintió que le faltaba aire. Ella había doblado sus alas, como si las hubiera golpeado con fuerza, había intentado romperlas. Empezó a andar hacia él, hasta tenerlo delante. Él no se movió, aunque ella estuviera acercándose. Se sentía la peor persona del mundo, culpable, se sentía pésima, se sentía hundida, destrozada. Ella había destrozado a su ángel. La venganza es amarga cuando de amor se trata. Los ojos de ella estaban fijos en los de él, él podía verla ahora. Era ella, ella había vuelto. Esbozó una débil sonrisa y ella lo rodeó fuertemente con sus brazos.

—Lo siento. —susurró, y él soltó un pequeño sollozo. Pasaron minutos, él seguía en pijama y zapatillas en medio de la calle, debería sentirse incómodo, pero jamás se había sentido mejor. Ella se separó de él y agarró sus mejillas, juntó sus labios con los de él, y no pasó de sus labios a pesar de que él dejara más acceso, ella no se lo merecía. Malditas voces... Estúpidas... Estúpida ella por dejar que volvieran a controlarla. ¿Por qué habían vuelto? Se separó de sus labios y lo miró. —Me satisfaces como nadie lo hace, ¿me oyes? —susurró, y él bajó la mirada, pero ella agarró su mentón y se lo impidió. —¿Me oyes? —repitió.

—No es necesario que mientas. —dijo, dolido aunque pretendiera no sonar de aquel modo.

—No sabía lo que decía. —dijo ella. —No pensaba con claridad. —dijo, plantando otro beso sobre sus labios. —Dios, lo siento. —susurró. Algo dentro de ella la estaba apuñalando. ¿Cómo había sido capaz de hacer eso?

—Estoy bien. —murmuró, y ella lo alzó en brazos, sorprendiéndolo. Lo cogió como aquella vez cuando él estaba malherido, aquello hizo que su mente se llenara de recuerdos.

Ella anduvo con él en brazos de nuevo hasta el interior de la casa y cerró con el pie, yendo al sofá y sentándose con él sobre su regazo. Había estado en silencio durante demasiado tiempo. —Perdón. —repitió ella, y él lo miró.

—Está bien, no importa. —murmuró él, en voz baja. Las palabras seguían ahí, en su cabeza. Sabía que no era ella la que hablaba, pero no podía evitar que doliera, doliera mucho. Ella acercó sus labios a los de él y lo besó, con suavidad. Él cerró los ojos mientras ella acariciaba sus labios. No podía dejar de pensar en ello, él quería dar el paso, estaba listo para ello, pero tal vez ella pensara que sólo quería hacerlo por aquella satisfacción, cuando no era así. —Deja de pensar en eso. —murmuró ella al ver que estaba sumido en sus pensamientos.

—Quiero dar el paso. —murmuró él, y ella torció la cabeza, él vio algo chispear en los ojos de ella, culpabilidad. —No... No por eso, Noa. Antes de lo que pasó... Yo ya lo había pensado. —murmuró, con las mejillas levemente rojas.

Ella se mordió los labios. No merecía esto después del daño que le había hecho, no estaría bien. Sentía no merecérselo, el placer de tenerlo a él. No. —Zayn —murmuró ella. —, mejor esperar. —él asintió débilmente con la cabeza y apoyó la barbilla en el hombro de ella, topándose con el respaldo del sofá. —Zayn, no es por ti. Después de lo que ha sucedido siento que no merezco esto. —murmuró ella, y él giró un poco la cabeza.

—Está bien. —murmuró él.

Ella suspiró. Sabía que él no estaba totalmente de acuerdo con esto, tal vez él lo quería de verdad, pero ella sentía no merecerlo. Lo había herido, se sentía mal y sentía que merecía un castigo. —Tenía un regalo para ti. —murmuró, y él se alejó un poco para mirarla.

—¿Un regalo? —preguntó, y ella asintió con la cabeza.

—Cuando estuve fuera, fue para eso. —murmuró, y la culpabilidad lo invadió. —Pensaba regalártelo para Navidad, pero... —no terminó la frase, él ya sabía lo que quería decir.

—Ya. —murmuró él. ¿Ella pensaba regalarle algo para Navidad?

—Pero no tengo el regalo aquí, necesitamos coger un taxi. —explicó ella. Había dejado a Hush en el hotel, con sus pertenencias. Había pagado para quedarse otro día, quien fuera a limpiar se llevaría una sorpresa. Pero ya advirtió de que Hush estaría allí.

***

—¿Qué estamos haciendo aquí? —preguntó Zayn caminando sobre aquel suelo brillante y mirando a su alrededor un tanto confundido a la vez que maravillado. Parecía un castillo.

—Ayer vine aquí. —dijo ella. —No pienso volver a mi supuesta casa.

—Oh. —murmuró él.

Ella se apoyó sobre el separador de recepción y el hombre se giró y la miró. —Habitación ciento dos. —dijo entregándole una tarjeta. —Me acuerdo de usted.

—Gracias. —respondió ella cogiendo la tarjeta y dando media vuelta para ir al ascensor.

—Es un hotel muy lujoso, debe de ser muy caro. —murmuró él.

—Lo es. —afirmó ella, y se encogió de hombros después de pulsar el botón del ascensor. —Pero sólo será una noche más, después ya buscaré una casa.

—Puedes vivir conmigo hasta que encuentres una. —dijo Zayn. Realmente no le importaría. Las puertas se abrieron y ella dio un paso dentro, seguida de él.

—Encontraré casa rápido. —dijo, y Zayn la miró.

—Es como si no quisieras estar conmigo. —murmuró un tanto decepcionado, y ella lo miró.

—Claro que quiero. —afirmó. —Pero no se trata de invadir la casa de tus padres. —dijo ella. —Además, te vendrás a vivir conmigo. —dijo, y Zayn parpadeó.

—¿Y quién te ha dicho eso? —sonaba seguro. Ella rió y las puertas se abrieron.

—Yo misma. —dijo andando hacia atrás mientras salía del ascensor, con una sonrisa burlona en el rostro. Se giró y anduvo por el pasillo, se paró en la habitación ciento dos y deslizó la tarjeta, la puerta se abrió y entró. Zayn la siguió hasta el interior y cerró a sus espaldas.

Ella fue hasta el armario que estaba medio abierto y se agachó, abriéndolo levemente. Agarró al pequeño cachorro sin que Zayn se percatara de lo que estaba haciendo y al darse la vuelta, los ojos de Zayn brillaron. —Awwww, pero qué monada. —exclamó, yendo directamente a acariciarlo. —¿Lo puedo coger?

Ella sonrió y se lo entregó, Zayn lo abrazó como si fuera un peluche y empezó a plantar besos sobre la cabecita peluda del animal. Ella rió al verlo tan entusiasmado. —Veo que te gusta tu regalo. —dijo, y Zayn la miró.

—¿Mi...? —se calló y miró al perrito que tenía en brazos. —¿Un perrito? ¿Cómo sabías que me gustaban? —dijo, todavía igual de entusiasmado con el perrito, era el mejor regalo que había recibido nunca.

Ella sonrió. —Me acuerdo de cuando lo dijiste en el parque. —dijo, y Zayn no pudo evitar sonreír. Ella lo recordaba a pesar del tiempo que había pasado. Se agachó para dejar al cachorro en el suelo y la abrazó con fuerza.

—Gracias. —dijo. —Me encanta, de verdad. —estaba feliz. Ella recordaba su amor hacia los perros, de aquel día que salieron a pasear, él se lo dijo. No podía creerse que todavía lo recordara después de todo. Y ahora le había regalado un cachorro husky precioso.

—Me alegro. —sonrió ella, y él se colocó de puntillas para besarla. Ella amaba que fuera más bajo, le resultaba adorable aquello, tan pequeño, su precioso ángel. Él colocó las manos en la cintura de ella y pidió permiso para que su lengua entrara, permiso que ella le concedió. Ambas lenguas se acariciaban lentamente y ella acarició la espalda de él. Algo en el ambiente cambió, encendiéndose como una llama. Ella deslizó sus manos bajo la camiseta de él mientras no paraban de besarse y él, un tanto inseguro empezó a hacer lo mismo, colando sus manos bajo la camiseta de ella. Fue entonces cuando ella despertó y frenó sus manos. —Hey. —susurró, mirándolo desde arriba. Las mejillas de él estaban levemente sonrojadas por lo que acababa de suceder y las respiraciones de ambos un tanto agitadas.

—Perdón. —murmuró. Ella plantó un beso en su nariz y él suspiró sin que lo notara. De no ser virgen lo habrían hecho más de una vez, quizás. ¿Tan difícil era que lo acariciara como él quería que hiciera? Él deseaba esto.

—Le había puesto un nombre provisional al cachorro, es hembra. —murmuró. El tema había concluido.

—¿Cuál? —le preguntó, viendo como ella iba hacia la cama y se sentaba, mirándolo.

—Hush. —le dijo.

—¿Por qué le pusiste Hush? —preguntó, y ella sonrió.

—Porque es muy silenciosa, no ladra. Y es un husky. —explicó.

—Me gusta Hush. —dijo, agachándose y acariciando la cabeza del cachorro con suavidad. Daban ganas de achucharlo. Ella sonrió y se tumbó, mirando el techo de la habitación.

Zayn la miraba desde su lugar mientras acariciaba al cachorro. Tenía la oportunidad de hacerla entrar en razón ahora, de saber seducir. Podría intentarlo pero corría el riesgo de hacer el ridículo. Se mordió los labios, indeciso. Él quería hacerlo pero ella seguía sintiéndose culpable de algún modo y no quería. Se levantó, y todavía un poco indeciso llegó a la cama, ella desvió la vista hacia él y le esbozó una pequeña sonrisa. Él plasmó sus labios sobre los de ella, pero no era un beso dulce, él pretendía encender el ambiente como había pasado anteriormente.

—Zayn. —murmuró ella, sujetando la cara del chico para frenarlo. —No.

—¿Por qué? —se sentía herido, porque era como si realmente ella no quisiera hacerlo. Él no se sentía atractivo y ahora había sido rechazado, sentía como si ella no lo viera atractivo.

—Porque no. —dijo ella. Estaba seria, demasiado, mientras lo miraba a los ojos.

—¿Pero por qué? No lo entiendo, deja de sentirte culpable, estoy bien. Quiero esto. —dijo él, al borde de romperse al sentir que ella no cedía. Él necesitaba esto ahora.

—Zayn, no es por eso. —dijo ella, y él tragó saliva. Se apartó y se tumbó, girado hacia la puerta, al lado contrario que ella. —Zayn, joder, que no es por ti. —dijo ella, parecía exasperada. —¿Siempre vamos a acabar peleándonos?

Él se dio la vuelta. —¿Por qué puedes acostarte con otros como si nada y conmigo no? —dijo, sonaba herido, y también enfadado. Lo estaba.

—Porque no me importa ensuciarlos a ellos con mi mierda, pero contigo es diferente, Zayn, porque me importas. —dijo ella, empezando a enfadarse también. Ni que se hubiera acostado con ellos por mera diversión, ella no estaba en condiciones para aquel entonces.

—¿Y si te importo por qué no hacemos el amor? —las palabras salieron de sus labios antes de que él se lo planteara siquiera. Se sonrojó y apartó la mirada.

—Nunca he hecho el amor con nadie. —le dijo ella, y él alzó la vista lentamente. —También sería una primera vez para mí.

—¿Y entonces? —murmuró él, sin comprenderlo.

—Pero siento que no merezco un placer que provenga de ti. —dijo ella. Finalmente lo dijo. Ella le había causado mucho daño como para ahora hacerlo como si nada.
¿Por qué piensas eso? —dijo él, un tanto herido a la vez que confundido. Ella merecía aquello más que nadie, y él deseaba poder causarle algún tipo de placer, porque quería poder dárselo.
—Por todo el daño que te he hecho. —dijo ella. —Olvídalo. —murmuró.

—No. —negó él. —Noa, quiero saber lo que es, yo nunca... Nunca he hecho esto y...

—Lo entiendo. Pero no es necesario perder la virginidad, Zayn. —lo interrumpió ella, y él frunció levemente el ceño. —Yo puedo darte placer si quieres, pero sólo eso. —murmuró.

—¿Qué? —murmuró confundido. No comprendía a qué se refería con "sólo eso".

—Que yo te doy placer a ti, pero tú a mí no. —respondió ella, y él se sonrojó. —No lo necesito, no te preocupes. Sólo quiero que te sientas bien. —dijo ella acariciando su rostro. De pronto sentía vergüenza. Eso era lo que él quería y ahora se sentía cohibido.
Se movió y se colocó sobre él, repartiendo besos por su cuello. Él estaba nervioso, pero estaba disfrutando de aquel dulce contacto. Sintió sus manos rozar su piel, bajo su camiseta. Fue levantándola lentamente y él alzó los brazos para que se la quitara. Sus besos bajaron a su abdomen y empezó a repartirlos sobre su piel, mientras él mantenía los ojos cerrados y disfrutaba. Sus besos fueron bajando cada vez más, y aquello incrementó su nerviosismo, se mantuvieron en la zona baja de su barriga y se estremeció al sentir su mano bajar, de su abdomen hacia abajo. Soltó un pequeño gemido sin poder evitarlo, mientras ella tocaba aquella zona, produciéndole un gran placer. Aquello se sentía bien. Sus manos se colaron bajo la tela y siguieron acariciando. Humedeció sus labios y sintió cómo deslizaba la prenda hacia abajo. Ella bajó sus vaqueros y lo acarició por encima de los boxers, ver su cara hacía que su cuerpo se mantuviera caliente. Ella nunca había hecho un oral, porque le resultaba algo asqueroso, pero ahora deseaba hacer uno tan solo por su placer. Colocó las manos sobre el elástico de sus boxers y fue deslizándolo hacia abajo, hasta que sus ojos captaron su erección. Humedeció sus labios y se acercó, sin dejar de mirar su cara. Pasó la lengua sobre la punta y él gimió, aquel sonido llegó hasta lo más profundo de ella, incitándola y excitándola. Terminó cogiendo todo lo que su boca le permitía y él gimió, girando su cara hacia un lado. Estaba experimentando algo nuevo, algo muy placentero que no sabía cómo controlar. Ella no sabía que hacer orales fuera así, tal vez simplemente fuera que siendo él todo cambiaba, porque no le resultaba asqueroso en absoluto.

Su ceño estaba fruncido, él estaba intentando controlarlo, era nuevo y su cuerpo actuaba por sí solo. Ella sabía que lo estaba conteniendo. —Vamos, Zayn. —murmuró ella, deslizando su lengua una vez más y empezando a masturbarlo con su mano. Él estaba a punto de llegar. Su cuerpo se tensó pasados unos minutos de que ella estuviera masturbándolo, arqueaba levemente su espalda intentando controlarlo. —Déjate. —susurró ella, y entonces el líquido blanco salió, él gritó y cayó rendido con la respiración entrecortada. La mancha blanca estaba sobre su abdomen, él necesitaría un baño.
[Bueno, he aquí algo de acción para vuestro body, ya tu sabe.]

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