Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT.
Frunció
el ceño, sintiendo como si alguien estuviera lamiéndole la cara.
Abrió los ojos y se encontró con unos ojos claros y un cuerpo
pequeño y peludo. El cachorro siguió lamiéndole la mejilla y no
pudo evitar sonreír. Alargó la mano un poco y acarició la cabeza
del cachorro, haciendo que cerrara los ojos y se tumbara a su lado,
estirándose. Al parecer, ya no le tenía miedo. Sonrió cuando el
cachorro le lamió la mano y se inclinó para besar la cabeza peluda
del pequeño. Le recordaba a él, porque era para él, lo había
escogido por el carácter, porque cuando lo vio por primera vez le
recordó a él.
La sonrisa se esfumó de su rostro mientras seguía acariciándolo. ¿Qué haría ahora, sin hogar y con un cachorro? Necesitaba terminar los estudios y conseguir un trabajo. Debía recuperar el tiempo que había perdido, ella era una buena estudiante, podría hacerlo, era simplemente esforzarse al máximo, un poco más. Atrajo el cachorro a ella y lo abrazó. Mañana volvería a clases y pediría aquel favor, le pediría al director si podía recuperar aquellos meses, porque había tenido problemas personales. Cualquier excusa serviría, no debía ser tan complicado.
—Bueno, ¿y ahora qué? —murmuró. —Ni siquiera tienes nombre. —suspiró, mirando al cachorro. Lo único que sabía era que era una hembra. —Creo que como nombre provisional podríamos llamarte Hush, porque no ladras y eres un husky. Me gusta Hush. —murmuró ella. Hush, su nueva compañera. Se levantó dejando al pequeño husky sobre la cama y divisó un charco de color amarillo en el suelo. Torció la boca y miró a Hush. —Veo que les has dado trabajo a las señoras de la limpieza. —murmuró ella. Por lo menos no lo había hecho en la cama.
Abrió su mochila, agarrando unos vaqueros negros limpios y una camiseta blanca con una calavera en el centro. Fue hacia el baño y entró, realmente necesitaba un baño y relajarse un poco. Era lujoso también, acordando con toda la decoración del edificio. Graduó el agua y puso el tapón, se quitó la ropa dejándola en el suelo y se miró al espejo, se acercó un poco a éste y miró su reflejo fijamente a los ojos, ¿qué tenía en ellos que lograba aterrorizar a la gente con una sola mirada? Los comparó con los del ángel, ya que no podía llamarlo "su ángel", ya no era suyo, ahora había volado lejos, demasiado lejos de su alcance. En ellos no había vida, no había ilusión, tampoco dulzura, ni amor. Pero en los del ángel había todo eso. Una dulzura imaginable, mucho amor, amor que le daba a ella, ilusión, la ilusión que le transmitía con cada sonrisa tímida. La vida, la vida del precioso ángel. Vio sus ojos nublarse de repente y apartó la vista de su reflejo. "Su ángel..." Dolía el saber que jamás volvería a ser suyo, tanto que pensó que en cualquier momento aquel dolor se haría más fuerte que ella, el dolor empezaba a ser insoportable.
La sonrisa se esfumó de su rostro mientras seguía acariciándolo. ¿Qué haría ahora, sin hogar y con un cachorro? Necesitaba terminar los estudios y conseguir un trabajo. Debía recuperar el tiempo que había perdido, ella era una buena estudiante, podría hacerlo, era simplemente esforzarse al máximo, un poco más. Atrajo el cachorro a ella y lo abrazó. Mañana volvería a clases y pediría aquel favor, le pediría al director si podía recuperar aquellos meses, porque había tenido problemas personales. Cualquier excusa serviría, no debía ser tan complicado.
—Bueno, ¿y ahora qué? —murmuró. —Ni siquiera tienes nombre. —suspiró, mirando al cachorro. Lo único que sabía era que era una hembra. —Creo que como nombre provisional podríamos llamarte Hush, porque no ladras y eres un husky. Me gusta Hush. —murmuró ella. Hush, su nueva compañera. Se levantó dejando al pequeño husky sobre la cama y divisó un charco de color amarillo en el suelo. Torció la boca y miró a Hush. —Veo que les has dado trabajo a las señoras de la limpieza. —murmuró ella. Por lo menos no lo había hecho en la cama.
Abrió su mochila, agarrando unos vaqueros negros limpios y una camiseta blanca con una calavera en el centro. Fue hacia el baño y entró, realmente necesitaba un baño y relajarse un poco. Era lujoso también, acordando con toda la decoración del edificio. Graduó el agua y puso el tapón, se quitó la ropa dejándola en el suelo y se miró al espejo, se acercó un poco a éste y miró su reflejo fijamente a los ojos, ¿qué tenía en ellos que lograba aterrorizar a la gente con una sola mirada? Los comparó con los del ángel, ya que no podía llamarlo "su ángel", ya no era suyo, ahora había volado lejos, demasiado lejos de su alcance. En ellos no había vida, no había ilusión, tampoco dulzura, ni amor. Pero en los del ángel había todo eso. Una dulzura imaginable, mucho amor, amor que le daba a ella, ilusión, la ilusión que le transmitía con cada sonrisa tímida. La vida, la vida del precioso ángel. Vio sus ojos nublarse de repente y apartó la vista de su reflejo. "Su ángel..." Dolía el saber que jamás volvería a ser suyo, tanto que pensó que en cualquier momento aquel dolor se haría más fuerte que ella, el dolor empezaba a ser insoportable.
Se
metió en el jacuzzi y se inclinó hacia atrás, cerrando los ojos y
sintiendo la humedad resbalar por su mejilla derecha. No se había
mojado la cara, pero sabía de dónde provenía la humedad. Del dolor
que sentía en su interior.
***
Se levantó apenas sin fuerzas y su móvil sonó, alargó la mano como pudo hasta la mesita de noche y lo agarró, fijándose en el identificador de llamadas. El nombre de "Harry" brillaba en la pantalla, y dudaba entre si contestar o no contestar. Finalmente lo hizo, algo en su interior lo obligó a hacerlo.
—Zayn. —su amigo sonaba sorprendido, el hecho de que le hubiera cogido el teléfono realmente lo sorprendía.
—Hola. —murmuró él sin ganas.
—Zayn, vuelve. —le pidió. —Vamos, todo será distinto cuando vuelvas. —le insistió.
Zayn cerró los ojos y se llevó una mano a la cabeza, le dolía. ¿Distinto en qué? Louis salía con Harry ahora, o tal vez no, tal vez habían cortado y él ni siquiera lo sabía. —¿Distinto? —murmuró.
—Sí, hablé con Louis. —suspiró. —Por favor, Zayn, vuelve.
—¿Para que siga metiéndose conmigo? No, gracias. —dijo, y se dispuso a colgarle.
—No. —dijo su amigo. —Zayn, confía en mí. Por favor, si seguimos siendo amigos ven mañana. Por mí. —pidió. Zayn se mordió los labios y finalmente pulsó el botón, finalizando la llamada. No quería volver, no quería perder a Harry pero realmente no quería hacerlo. El instituto había sido un infierno, siempre. ¿Por qué debería volver, para tener un futuro? Él no quería un futuro, él no tendría uno, porque no esperaba durar vivo mucho más tiempo.
Escuchó un ruido, alguien llamando al timbre. Suspiró y se levantó, sin ganas. Anduvo lentamente saliendo de la habitación y bajando por las escaleras y finalmente llegó frente a la puerta, completamente despeinado, con los ojos rojos y en pijama. Abrió la puerta y se quedó estático, fue incapaz de reaccionar hasta que habló.
—Simplemente he venido a por mi mochila. —dijo ella. —La del instituto, no me la diste. —parecía como siempre, era como cuando él la conoció. En su rostro no había rastro de no haber dormido, sus ojos no parecían tristes, ella no parecía cansada. Él no dijo nada, simplemente asintió con la cabeza y entró, subió las escaleras y agarró la mochila de la chica que se encontraba en su habitación. Sintió una nostalgia recorrerle, tenía ganas de echar a llorar de nuevo. Bajó las escaleras reprimiendo todas aquellas ganas de llorar y haciendo el mayor esfuerzo de su vida para no romperse de nuevo. Se la entregó y fue a cerrar la puerta, pero el pie de ella se interpuso y sin que él pudiera hacer nada, ella estampó sus labios sobre los de él.
No podía más, simplemente no lo soportaba. El verlo así y no poder consolarlo, el no poder besarlo ni abrazarlo. Maldita sea, no. Era demasiado. Lo había intentado, había intentado permanecer fuerte, no ceder y fingir que no le importaba, pero no pudo. Él reaccionó y se apartó, las lágrimas amenazaban con volver a salir, todo el dolor volvió, los recuerdos. —Será mejor que te vayas. —dijo con la voz quebrada.
—No sé lo que hice mal. —dijo ella. —Pero creo que al menos merezco que me lo digas, ¿no?
—Lo sabes perfectamente. —dijo con la voz en un puño.
—Yo no sé nada, Zayn. Sólo sé que estaba haciendo algo importante, esperaba a que hubieras estado esperándome y en lugar de eso me echaste, diciéndome que me habías visto con otro hombre. Zayn, sólo fui a mi apartamento un momento, a buscar mi ropa. —explicó ella. No podía fingir que no le importaba, no podía apartarse de él. Se había mentalizado de que no caería y que frente a él actuaría como la primera vez mientras le pedía su mochila, que lo olvidaría. Pero al tenerle frente a ella todo se esfumó, porque era más fuerte que ella, la necesidad. Ella lo necesitaba en su vida.
—Tardabas, y fui a tu apartamento. —dijo con la voz quebrada. No tenía nada que perder, así que lo dijo. Al menos así tal vez se fuera y le dejara ahogándose en su tristeza. —Subí, tu puerta estaba abierta y te vi, con otro hombre. —susurró dolido.
—Eso es imposible. ¿Me viste de cara? —dijo ella, con el ceño levemente fruncido. El sofá, el sofá. Sabía que el sofá no estaba ahí.
—No. —murmuró. —Pero el chico dijo tu nombre. —dijo, y se mordió los labios.
Ella tragó saliva. Lo habían engañado. Ella no había ido a su apartamento y jamás engañaría a Zayn. ¿Quién habría sido tan rastrero? Pensó en Austin, pero luego cayó en que era imposible. ¿Quién? —¿Hablaste con alguien ahí dentro? —Zayn bajó la mirada. Con su hermanastra, sí. —Zayn, joder. Sé que ahora mismo tu confianza está por los suelos, pero te juro que no era yo. Yo no estaba ahí, yo jamás te engañaría, Zayn. Te amo, joder. —dijo, desesperándose por momentos al ver que él no alzaba su mirada. —Me la han jugado, era simplemente alguien parecida a mí, y no sé quién era pero te juro que cuando lo sepa la mato. —susurró con rencor. Alguien había intentado que su ángel se alejara de ella, y ese alguien lo pagaría muy caro.
—Hablé con tu hermanastra. —murmuró, alzando de nuevo la vista.
—¿Con mi...? —apretó los puños. Nancy. Nancy se había teñido de negro. Ella, tenía que ser ella. Le dijo que no se le acercara, le dijo que se alejara de él. Iba a matarla. Se acabó, esta vez había cruzado la puta raya. —Nancy. —gruñó entre dientes. —Joder, Zayn, ¿no te das cuenta? —Zayn parpadeó, mirándola. —Era ella. Era ella, no yo. —casi lo gritó. —¿Cómo no pudiste verlo? Ella y yo casi somos idénticas de detrás. —dijo, furiosa. Él dudó de ella, dudó de ella a pesar de todas las cosas que hizo por él. Zayn parpadeó, empezando a dudar. Ella intentó hacer algo con él, ellas dos no se llevaban bien. ¿Y si fue una jugada? —Zayn, esa... Esa zorra. Dios, esa zorra me las va a pagar. —gruñó, pegando con el puño al marco de la puerta y haciendo que Zayn diera un salto, asustado. ¿Y si se había equivocado? —Esa sucia perra haría lo que fuera con tal de arruinarme la puta vida.
—N-Noa. —tartamudeó su nombre y alargó débilmente la mano, agarrando la suya, la cual había empezado a sangrar a causa del puñetazo que le había propinado al marco de la puerta. —Estás sangrando.
—Me importa una mierda. —apartó la mano bruscamente. —Más va a sangrar esa zorra cuando la pille. —dijo, dando media vuelta y empezando a andar.
—¡Noa! —gritó Zayn, corriendo fuera con sus zapatillas. Ella no se detenía. —Noa, por favor, espera. —pidió, corriendo un poco y colocándose delante de ella, y ésta frenó. Sus ojos estaban coléricos, ella estaba enfadada, ella se sentía defraudada.
—¿Qué? ¿Y tú qué coño quieres? —le ladró, y Zayn tembló. La ira hablaba por ella. "Vamos, véngate, que le duela." Las voces, las malditas voces habían vuelto. —¿No era que no querías volver a verme? —rió. —Pues apártate. —lo empujó, y Zayn se mordió los labios, dolido. No, él no iba a dejar que se fuera. Tragó saliva y corrió de nuevo, volviéndose a colocar frente a ella.
—No. —negó. Ella vio el dolor en sus ojos, sabía que su comportamiento y sus palabras lo afectaban. —No me voy a ir. Noa, escúchame.
"Cansino, no merece tu atención. ¿Él te escuchó? No, no lo hizo." —¿A caso tú me escuchaste a mí, Zayn? —dijo ella acercándose a él peligrosamente. —Yo no lo recuerdo, creo que en lugar de eso me echaste.
—Por
favor. —dijo con la voz quebrada.***
Se levantó apenas sin fuerzas y su móvil sonó, alargó la mano como pudo hasta la mesita de noche y lo agarró, fijándose en el identificador de llamadas. El nombre de "Harry" brillaba en la pantalla, y dudaba entre si contestar o no contestar. Finalmente lo hizo, algo en su interior lo obligó a hacerlo.
—Zayn. —su amigo sonaba sorprendido, el hecho de que le hubiera cogido el teléfono realmente lo sorprendía.
—Hola. —murmuró él sin ganas.
—Zayn, vuelve. —le pidió. —Vamos, todo será distinto cuando vuelvas. —le insistió.
Zayn cerró los ojos y se llevó una mano a la cabeza, le dolía. ¿Distinto en qué? Louis salía con Harry ahora, o tal vez no, tal vez habían cortado y él ni siquiera lo sabía. —¿Distinto? —murmuró.
—Sí, hablé con Louis. —suspiró. —Por favor, Zayn, vuelve.
—¿Para que siga metiéndose conmigo? No, gracias. —dijo, y se dispuso a colgarle.
—No. —dijo su amigo. —Zayn, confía en mí. Por favor, si seguimos siendo amigos ven mañana. Por mí. —pidió. Zayn se mordió los labios y finalmente pulsó el botón, finalizando la llamada. No quería volver, no quería perder a Harry pero realmente no quería hacerlo. El instituto había sido un infierno, siempre. ¿Por qué debería volver, para tener un futuro? Él no quería un futuro, él no tendría uno, porque no esperaba durar vivo mucho más tiempo.
Escuchó un ruido, alguien llamando al timbre. Suspiró y se levantó, sin ganas. Anduvo lentamente saliendo de la habitación y bajando por las escaleras y finalmente llegó frente a la puerta, completamente despeinado, con los ojos rojos y en pijama. Abrió la puerta y se quedó estático, fue incapaz de reaccionar hasta que habló.
—Simplemente he venido a por mi mochila. —dijo ella. —La del instituto, no me la diste. —parecía como siempre, era como cuando él la conoció. En su rostro no había rastro de no haber dormido, sus ojos no parecían tristes, ella no parecía cansada. Él no dijo nada, simplemente asintió con la cabeza y entró, subió las escaleras y agarró la mochila de la chica que se encontraba en su habitación. Sintió una nostalgia recorrerle, tenía ganas de echar a llorar de nuevo. Bajó las escaleras reprimiendo todas aquellas ganas de llorar y haciendo el mayor esfuerzo de su vida para no romperse de nuevo. Se la entregó y fue a cerrar la puerta, pero el pie de ella se interpuso y sin que él pudiera hacer nada, ella estampó sus labios sobre los de él.
No podía más, simplemente no lo soportaba. El verlo así y no poder consolarlo, el no poder besarlo ni abrazarlo. Maldita sea, no. Era demasiado. Lo había intentado, había intentado permanecer fuerte, no ceder y fingir que no le importaba, pero no pudo. Él reaccionó y se apartó, las lágrimas amenazaban con volver a salir, todo el dolor volvió, los recuerdos. —Será mejor que te vayas. —dijo con la voz quebrada.
—No sé lo que hice mal. —dijo ella. —Pero creo que al menos merezco que me lo digas, ¿no?
—Lo sabes perfectamente. —dijo con la voz en un puño.
—Yo no sé nada, Zayn. Sólo sé que estaba haciendo algo importante, esperaba a que hubieras estado esperándome y en lugar de eso me echaste, diciéndome que me habías visto con otro hombre. Zayn, sólo fui a mi apartamento un momento, a buscar mi ropa. —explicó ella. No podía fingir que no le importaba, no podía apartarse de él. Se había mentalizado de que no caería y que frente a él actuaría como la primera vez mientras le pedía su mochila, que lo olvidaría. Pero al tenerle frente a ella todo se esfumó, porque era más fuerte que ella, la necesidad. Ella lo necesitaba en su vida.
—Tardabas, y fui a tu apartamento. —dijo con la voz quebrada. No tenía nada que perder, así que lo dijo. Al menos así tal vez se fuera y le dejara ahogándose en su tristeza. —Subí, tu puerta estaba abierta y te vi, con otro hombre. —susurró dolido.
—Eso es imposible. ¿Me viste de cara? —dijo ella, con el ceño levemente fruncido. El sofá, el sofá. Sabía que el sofá no estaba ahí.
—No. —murmuró. —Pero el chico dijo tu nombre. —dijo, y se mordió los labios.
Ella tragó saliva. Lo habían engañado. Ella no había ido a su apartamento y jamás engañaría a Zayn. ¿Quién habría sido tan rastrero? Pensó en Austin, pero luego cayó en que era imposible. ¿Quién? —¿Hablaste con alguien ahí dentro? —Zayn bajó la mirada. Con su hermanastra, sí. —Zayn, joder. Sé que ahora mismo tu confianza está por los suelos, pero te juro que no era yo. Yo no estaba ahí, yo jamás te engañaría, Zayn. Te amo, joder. —dijo, desesperándose por momentos al ver que él no alzaba su mirada. —Me la han jugado, era simplemente alguien parecida a mí, y no sé quién era pero te juro que cuando lo sepa la mato. —susurró con rencor. Alguien había intentado que su ángel se alejara de ella, y ese alguien lo pagaría muy caro.
—Hablé con tu hermanastra. —murmuró, alzando de nuevo la vista.
—¿Con mi...? —apretó los puños. Nancy. Nancy se había teñido de negro. Ella, tenía que ser ella. Le dijo que no se le acercara, le dijo que se alejara de él. Iba a matarla. Se acabó, esta vez había cruzado la puta raya. —Nancy. —gruñó entre dientes. —Joder, Zayn, ¿no te das cuenta? —Zayn parpadeó, mirándola. —Era ella. Era ella, no yo. —casi lo gritó. —¿Cómo no pudiste verlo? Ella y yo casi somos idénticas de detrás. —dijo, furiosa. Él dudó de ella, dudó de ella a pesar de todas las cosas que hizo por él. Zayn parpadeó, empezando a dudar. Ella intentó hacer algo con él, ellas dos no se llevaban bien. ¿Y si fue una jugada? —Zayn, esa... Esa zorra. Dios, esa zorra me las va a pagar. —gruñó, pegando con el puño al marco de la puerta y haciendo que Zayn diera un salto, asustado. ¿Y si se había equivocado? —Esa sucia perra haría lo que fuera con tal de arruinarme la puta vida.
—N-Noa. —tartamudeó su nombre y alargó débilmente la mano, agarrando la suya, la cual había empezado a sangrar a causa del puñetazo que le había propinado al marco de la puerta. —Estás sangrando.
—Me importa una mierda. —apartó la mano bruscamente. —Más va a sangrar esa zorra cuando la pille. —dijo, dando media vuelta y empezando a andar.
—¡Noa! —gritó Zayn, corriendo fuera con sus zapatillas. Ella no se detenía. —Noa, por favor, espera. —pidió, corriendo un poco y colocándose delante de ella, y ésta frenó. Sus ojos estaban coléricos, ella estaba enfadada, ella se sentía defraudada.
—¿Qué? ¿Y tú qué coño quieres? —le ladró, y Zayn tembló. La ira hablaba por ella. "Vamos, véngate, que le duela." Las voces, las malditas voces habían vuelto. —¿No era que no querías volver a verme? —rió. —Pues apártate. —lo empujó, y Zayn se mordió los labios, dolido. No, él no iba a dejar que se fuera. Tragó saliva y corrió de nuevo, volviéndose a colocar frente a ella.
—No. —negó. Ella vio el dolor en sus ojos, sabía que su comportamiento y sus palabras lo afectaban. —No me voy a ir. Noa, escúchame.
"Cansino, no merece tu atención. ¿Él te escuchó? No, no lo hizo." —¿A caso tú me escuchaste a mí, Zayn? —dijo ella acercándose a él peligrosamente. —Yo no lo recuerdo, creo que en lugar de eso me echaste.
—Quítate.
—dijo ella firmemente, sus ojos no cambiaban, permanecían
mirándolo fríamente a pesar de que él lloraba y le estaba
suplicando con los ojos. Él no se apartaba, así que ella dio un
paso a su lado y se dispuso a seguir con su camino, pero él volvió
a interponerse.
—No voy a dejar que te vayas. —dijo con la voz quebrada. A pesar de estar destrozado, a pesar de que ella estuviera destrozándolo con cada palabra y con cada acto, él no se iría. No se iría de nuevo porque debía remediar su error. —Noa, perdón... Perdón... Simplemente soy así, yo nunca he sido seguro de mí mismo, nunca te he... Nunca he hecho nada para satisfacerte. —sollozó, frente a ella. Su labio temblaba, viendo como la chispa de humanidad no se asomaba en sus ojos. —Y cuando vi eso pensé que... Que me engañabas porque yo no te lo daba.
"Lo tienes tan fácil... Es tan fácil romperlo ahora en pedazos... Vamos, Noa, yo sé que puedes. Díselo: No me satisfaces, nunca lo harás. Hazlo, Noa, hazlo." Ella sonrió, dispuesta a dar el golpe final a la conversación. Era tan sencillo, con unas cuantas palabras. Sus ojos suplicaban por piedad, su cuerpo entero temblaba, tan delgado y débil como siempre fue. Tan dulce y sensible, y ella tan fuerte a su lado. Ella siempre fue amante de la venganza, y ahora la obtendría, por todo su dolor, por las lágrimas de amor y por la desconfianza. Por haber ido a la cárcel, por haber caído y haber sido traicionada.
Él sollozó y con la mano temblorosa, antes de que ella hablara tapó sus labios. Sabía que ella lo destruiría con unas cuantas palabras al ver que sus ojos permanecían sin vida. —Te amo. —sollozó. Apartó lentamente su mano y se puso de puntillas, sujetando la cara de ella y juntando sus labios, con miedo. Los de ella reaccionaron y el corazón de él dio un vuelco. Ella había vuelto. Las manos de ella bajaron a sus caderas y su lengua invadió la boca de él ferozmente, el nuevo movimiento lo tomó un poco desprevenido, pero intentó seguir sus movimientos. Al separarse y abrir los ojos vio que se equivocó, no era ella, no era su Noa. Era la Noa fría, y ella seguía ahí, sonriendo.
—Cariño, lo intentas —acarició su mejilla con suavidad. —, pero tú nunca me darás esa satisfacción.
Y se rompió.
—No voy a dejar que te vayas. —dijo con la voz quebrada. A pesar de estar destrozado, a pesar de que ella estuviera destrozándolo con cada palabra y con cada acto, él no se iría. No se iría de nuevo porque debía remediar su error. —Noa, perdón... Perdón... Simplemente soy así, yo nunca he sido seguro de mí mismo, nunca te he... Nunca he hecho nada para satisfacerte. —sollozó, frente a ella. Su labio temblaba, viendo como la chispa de humanidad no se asomaba en sus ojos. —Y cuando vi eso pensé que... Que me engañabas porque yo no te lo daba.
"Lo tienes tan fácil... Es tan fácil romperlo ahora en pedazos... Vamos, Noa, yo sé que puedes. Díselo: No me satisfaces, nunca lo harás. Hazlo, Noa, hazlo." Ella sonrió, dispuesta a dar el golpe final a la conversación. Era tan sencillo, con unas cuantas palabras. Sus ojos suplicaban por piedad, su cuerpo entero temblaba, tan delgado y débil como siempre fue. Tan dulce y sensible, y ella tan fuerte a su lado. Ella siempre fue amante de la venganza, y ahora la obtendría, por todo su dolor, por las lágrimas de amor y por la desconfianza. Por haber ido a la cárcel, por haber caído y haber sido traicionada.
Él sollozó y con la mano temblorosa, antes de que ella hablara tapó sus labios. Sabía que ella lo destruiría con unas cuantas palabras al ver que sus ojos permanecían sin vida. —Te amo. —sollozó. Apartó lentamente su mano y se puso de puntillas, sujetando la cara de ella y juntando sus labios, con miedo. Los de ella reaccionaron y el corazón de él dio un vuelco. Ella había vuelto. Las manos de ella bajaron a sus caderas y su lengua invadió la boca de él ferozmente, el nuevo movimiento lo tomó un poco desprevenido, pero intentó seguir sus movimientos. Al separarse y abrir los ojos vio que se equivocó, no era ella, no era su Noa. Era la Noa fría, y ella seguía ahí, sonriendo.
—Cariño, lo intentas —acarició su mejilla con suavidad. —, pero tú nunca me darás esa satisfacción.
Y se rompió.
[Putas voces...]


Porqueeee :'( malditas voces hijas de su madre rompieron mi kokoro </3
ResponderEliminarNo, NOA tu no eras así con zayn :(
ResponderEliminarNo, NOA tu no eras así con zayn :(
ResponderEliminarMe vas a matar de un infarto ... Porque ???? Noa tiene que volver ... Con permiso iré a un rincón a llorar :'(
ResponderEliminarMe despido de la vida, adiós... Osea, PUTAS.VOCES.DE.SHIT.!! ¡ESO NO SE HACE! Herir a Zayn malo, caca, eso no se hace... Lloro T.T me mató
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