sábado, 14 de noviembre de 2015

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 53

Autora: Sandra M.P.

NO COPYRIGHT.

Después de tener al husky de Zayn fue a una tienda de animales, y compró comida para perros y una mantita, ya que el cachorro no había dejado de temblar. También se pasó por su casa y cogió más ropa para pasar más días junto a Zayn sin tener que volver ahí, algo estaba distinto en el salón, pero no sabría decir el qué. Juraría que el sofá no estaba tan atrás. Lo empujó un poco y miró su apartamento sin soltar al pequeño cachorro. Debía darle una sorpresa a Zayn, ¿pero cómo se suponía que debía ocultar al pequeño cachorro? Necesitaba una caja, una caja grande, claro que no la cerraría del todo, ya que el cachorro necesitaba aire. Debía tener alguna en su habitación. Dejó al cachorro enrollado en su mantita sobre el sofá y acarició su pequeña cabeza.

—Espera aquí y no te muevas. —le dijo, como si el perro fuera a entenderlo.

Fue hacia su habitación y entró, movió la gran montaña de artefactos, derrumbándola, y cogió una caja de cartón que todavía seguía plegada. Aquella montaña estaba llena de harapos que ya no usaba, bolsas, botellas y alguna que otra prenda de Austin. Nunca más volvería a necesitar nada de aquel lugar. Esperaba no tener que volver, ahora que todo había terminado se mudaría a un lugar mejor y le diría a Zayn que se viniera a vivir con ella. Metió la mano bajo su almohada y agarró la caja de condones. No desperdiciaría eso. Recogió la mochila que había caído al suelo junto a toda la montaña de objetos y la abrió, metiendo la caja dentro, y también la de cartón que todavía seguía plegada. Guardó su ropa ahí también y se la colgó a la espalda. Fue hacia el sofá de nuevo y divisó la mantita azul en la que se suponía que debía estar el pequeño cachorro.

—Eh, se suponía que no tenías que moverte. —suspiró ella, viéndolo en una de las esquinas de la casa, acurrucado. Se acercó a éste y se encogió. Ella lo cogió y volvió al sofá, cogió la mantita y lo cubrió con ésta. —No me tengas miedo, pequeño. —murmuró ella bajando su cabeza para acariciar la oreja suave del cachorro con sus labios. Era demasiado dulce con los perros, pero realmente eran una de sus debilidades, los trataba como si fueran bebés recién nacidos, al menos cuando eran cachorros. —Venga, vámonos. —dijo, saliendo de su apartamento.

***

Como no tenía las llaves, llamó al timbre, aunque sabía forzar la cerradura. Esperaba que Zayn fuera rápido al abrir, es más, por algún motivo pensó que él habría estado esperándola un tanto impaciente, cerca de la puerta. Pero no abría. Frunció un poco el ceño y se preocupó. Se agachó en el suelo y dejó al perrito con cuidado, se descolgó la mochila y la abrió, cogiendo la caja de cartón y abriéndola. No quería arriesgarse a entrar con el perro, y tampoco a dejarlo así para que se escapara. Lo metió dentro de la caja y la colocó junto al portal. Sólo esperaba que el cachorro no tumbara la caja y escapara, no era seguro dejarlo así. Abrió la caja de nuevo y sacó al cachorro de dentro, la giró de modo que la parte que podía abrirse estuviera a modo de puerta y con un palo que había por el suelo hizo unos cuantos agujeros para que pudiera respirar. Bloqueó la supuesta puerta de cartón colocándola contra la pared de la casa y metió la mano dentro del bolsillo de su chaqueta, agarrando aquel clip para forzar cerraduras que siempre llevaba consigo. Y sin mucho trabajo, logró abrir la puerta. Dio un paso dentro y vio que las luces estaban apagadas, entró colgándose bien la mochila y encendió la luz.

—¿Zayn? —dijo, un poco alto. Después de ir a la cocina en su búsqueda sin encontrar nada, lo divisó bajando por las escaleras con una mochila. Ella frunció el ceño al ver su rostro, tenía los ojos rojos y podía ver el dolor en ellos. —¿Zayn? ¿Qué pasa? ¿Estás bien? —preguntó preocupada, y él se mordió los labios mientras le entregaba una mochila, aquella mochila era de ella, la reconocía porque en aquella mochila había traído sus pertenencias. —¿Qué haces? ¿Qué pasa? ¿Por qué me das esto? —le preguntó confundida.

—Porque quiero que te vayas. —dijo, su voz sonaba ronca y débil.

—¿Qué? —ella no lo comprendía. ¿Qué estaba sucediendo? —Zayn, ¿me puedes explicar qué coño está pasando?

Zayn sollozó, no podía estar reprimiéndolo durante más tiempo. Ella quiso acercarse para rodearlo con sus brazos, pero él se apartó. —No. —dijo con la voz quebrada. —¿Durante cuánto tiempo estuviste con otros hombres, Noa? —dijo con la voz quebrada, y ella abrió mucho los ojos.

—¿Qué? —exclamó, estaba enfadada ante sus palabras. ¿Cómo podía pensar que ella estaba con otros hombres mientras estaba con él? —Zayn, ya te lo dije, fue antes de volver a verte.
No me refiero a eso. —dijo como pudo, intentando reprimir los sollozos. —Te he visto, Noa, yo... ¿Si te doy asco por qué me haces esto? ¿Era... Era necesario? —sollozó. —Podrías habérmelo dicho desde un principio.

—Zayn, ¿qué estás diciendo? ¿Te estás escuchando? —ella sentía una opresión en el pecho, no sabía qué estaba sucediendo ni por qué. Ella había estado todo el día con el cachorro, el cachorro que iba a regalarle a él, quiso regalárselo en su momento por Navidad, pero por lo que sucedió no pudo. —No me das asco, joder. —estaba poniéndose de los nervios. —No sé a qué viene esto. Te amo, ¿está bien? Pero no sé qué está pasando.

Zayn volvió a sollozar. —Yo tampoco. —dijo con la voz quebrada. —No me mientas más. —pidió, y ella frunció el ceño. Sus ojos picaban.

—Zayn, ¿qué coño pasa? —su voz salió baja, porque no quería quebrarse.

—Que te he visto con otro hombre cuando he ido a buscarte a tu apartamento. —dijo con la voz quebrada. —Yo pensaba... Pensaba que estábamos bien... Me equivoqué.

—Zayn, ¿para qué quiero yo estar con otra persona? Te quiero, ¡te quiero! —gritó. No podía estar pasando eso, no ahora, no de nuevo. No soportaría perderlo, ¿por qué?

—No lo sé. —sollozó. —Porque no puedo darte placer, ¿quizás? —dijo dolido. —Deja de decirme que me quieres. —sus ojos rojos empañados en lágrimas y las lágrimas bajando por su rostro fueron algo que quedó grabado en la mente de Noa.

—¿Por qué voy a hacer eso? Me das el placer de estar contigo, eso es más que placer. Me has dado el placer de dejarme amarte, y de amarme. Y te quiero, es la verdad y no voy a callarla. —dijo ella, sentía que iba perdiendo fuerzas por momentos.

—Vete. —dijo con la voz quebrada. Estaba tan débil que no podría soportarlo mucho más.

—Zayn, pero...

—¡No! —gritó, completamente destrozado. —Vete, vete. No quiero volver a verte, no me hagas más daño, por favor. —sollozó, en súplica.

Noa no podía ver claramente, empezaba a ver las cosas borrosas, él no quería volver a verla. Ella lo había herido, ¿cómo? No lo sabía pero lo estaba hiriendo de algún modo. —Bien. —su voz salió quebrada, dio un paso hacia delante para coger la mochila que él sujetaba entre sus manos y se dirigió hacia la puerta principal. Colocó la mano sobre el pomo y cogiendo aire habló de nuevo. —Desde el primer momento supe que esto ocurriría. —dijo, antes de salir por la puerta y cerrarla tras ella. Escuchó un ruido a su lado, algo removerse, y giró la cabeza. La caja se movía, y sabía que el pequeño cachorro estaba intentando salir de ahí. Podría abandonarlo ahí, y dejar que se escapara y que hicieran lo que quisiera con él, tal vez al alba lo habrían atropellado, u otra familia lo acogería. Pero simplemente no podía. Se agachó junto a la caja y la giró, abrió la puerta de cartón y cogió al cachorro en sus brazos. No se molestaría en coger la caja, porque ya no necesitaba ocultarle nada a nadie. Ese alguien no quería volver a verla.
Anduvo por la calle mientras se limpiaba las lágrimas, enrabiada consigo misma sin saber el por qué. Era su culpa, todo era su culpa. Era una mala idea, ella siempre pensó que aquello no funcionaría, siempre supo que el amor no era para ella, que no existía. Pensó que acabaría hiriéndolo, ¿pero quién había terminado herido al final? No sólo él, sino los dos. Ella, que pensó que jamás podrían herirla, y él, por motivos que ella desconocía. Todo iba bien, y de un momento a otro se había esfumado y reducido a cenizas.

***

—Señorita, no permitimos animales en nuestro hotel. —dijo el hombre, tan refinado y depilado que pasaría por homosexual sin duda, tipo con educación en recepción.

—Pues no voy a dejarlo, me hospedaré en una habitación individual. —dijo sacando el dinero de su bolsillo.

—Señorita, nosotros no... —alzó la mirada, algo en ella provocó que el hombre se callara de golpe. Dejó el dinero sobre el separador de mármol y cerró su chaqueta.

—No he tenido una buena noche, así que agradecería muchísimo que me dieras ya las putas llaves, ¿está bien? —el hombre no iba a decir nada más, asintió en silencio y se le entregó una tarjeta. Ella se dio la vuelta y se dirigió al ascensor. Pulsó el botón y entró en el ascensor, se apoyó en la pared y cerró los ojos, le dolía la cabeza. Necesitaba dormir.

Todo se había ido a la mierda, todo. Ella tenía la culpa, ¿qué haría ahora? No tenía trabajo, no tenía estudios ni un lugar donde vivir, porque se negaba a volver a aquel lugar lleno de mugre cuando no tenía un por qué. Las puertas del ascensor se abrieron y salió, miró la tarjeta, viendo el número "102" en ésta. Tan modernos que funcionaban con una jodida tarjeta. Llegó a la habitación y la abrió, entró y cerró la puerta a sus espaldas.
El mayor lujo que sus ojos habían visto hasta ahora, tal vez se lo merecía después de la mierda de noche que había tenido. Anduvo hasta la cama y dejó al cachorro envuelto en la mantita sobre ésta, se quitó las botas con los pies y la mochila, y la arrojó al suelo, como la otra mochila. Se tumbó en la cama, sin siquiera molestarse en cambiarse, porque era como si la hubieran golpeado tan fuerte que estaba demasiado débil como para hacerlo, simplemente no podía. Cerró los ojos y se durmió.

Zayn estaba en su cama, acurrucado y abrazando la almohada mientras soltaba lágrimas en silencio, como llevaba haciéndolo hasta que ella llegó. ¿Por qué? Pensó que ella era la indicada, que lo amaba tanto como él a ella. ¿Por qué lo engañó? Su hermana tenía razón. Él no podía darle placer, ¿en qué pensaba? Estaba tan dolido, ¿pero y ella? Ella parecía confundida, parecía no comprender nada de lo que él estaba diciendo. ¿No podría, al menos, admitirlo? Pero no, en lugar de eso actuó como si no comprendiera nada. Le pareció ver lágrimas en sus ojos, pero tal vez su vista nublada le hiciera ver mal, le pareció escuchar su voz quebrándose, pero tal vez habría confundido las cosas. «Desde el primer momento supe que esto ocurriría.» Aquellas palabras se repetían constantemente en su cabeza. ¿El qué? ¿Que acabaría engañándolo por no poder satisfacerla? ¿Que aquel intento de salir sería en vano? ¿Que ella no podría seguir jugando con él? Simplemente no lo sabía, no sabía a qué se refería con eso, y seguro que nunca lo sabría, porque jamás volvería a verla.
Tal vez estaría bien empezar de cero ahora que todo había terminado, pero estaba tan débil que no sabría cómo hacerlo. Podría seguir sin comer hasta que su cuerpo no pudiera más y terminara muerto, de aquel modo dejaría de sufrir, y sería feliz. Podría volver al instituto e intentar recuperar a sus amigos. ¿Pero por qué hacerlo cuando no tenía motivos? No tenía motivos para seguir viviendo, o simplemente no quería encontrarlos. No quería tenerlos, porque estaba cansado de salir herido. Se acabó.

Todo había terminado entre ellos ahora, todo lo que habían tenido, todo lo que habían vivido. Aunque nunca hubieran sido nada formal, el "amigos que se besan" y el "amigos que se besan y se aman" se había quedado en el pasado, porque ya no estaba. Él estaba dispuesto a que fuera ella la persona indicada, él estaba dispuesto a dejar que ella le hiciera el amor. Pero no, porque simplemente "tendrían sexo", eso era para ella. Para ella no había amor, ella no sentía amor. Dolía tanto saber que había sido un juguete. ¿Por qué él? No, ¿por qué lo hizo después de todo? ¿Cómo pasó todo? Ella fue a la cárcel por él, ella lo dio todo por él, ¿cómo era posible aquello? Pero era su apartamento, y era ella, porque aquel hombre dijo su nombre, lo hizo.

«Mi hermana ni siquiera te ve atractivo, ni la satisfaces en nada, es por eso que se acuesta con otros.» Supongo que tenía razón. Él no era atractivo, jamás lo fue, y jamás lo sería. Y no había nacido para satisfacer, siempre pensó en hacer el amor con alguien, en la primera vez perfecta, como una adolescente enamoradiza. Pero el amor no existe, lo único existente es el deseo.
[Bueno, aquí os dejo con el capitulo 53, baes.]
#PrayForParis.

5 comentarios:

  1. Mierda ya entendi que paso maldita hermana arruino lo de Zoa :'( * se va a llorar a un rincón*

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  2. No puede ser Zayn ella no lo hizo :( entiende que fue su hermanastra . Siguela pronto ;)

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  3. No puede ser Zayn ella no lo hizo :( entiende que fue su hermanastra . Siguela pronto ;)

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  4. La hermanastra es una puta barata , esta haciendo sufrir a los dos, mas a Zayn, Noa no lo admite pero se que sufre....siguela por favor me encanta D:

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  5. ¡Hermanastra puta de shit! Necesito que esto se solucione, odio verlos sufrir a los dos :'( Me pone muy nerviosa saber que 'pronto' va a acabar y la situación está así, no puedo

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