Autora: Sandra M.P.
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ZAYN:
—Zayn, cariño. —dijo mi madre, y me abrazó. —¿Qué tal tu primer día? —me preguntó preocupada, y tocó la herida de mi labio. —Hijo, no. —dijo en susurro, y yo negué.
—Tranquila, mamá, estoy bien. —dije sonriendo, y ella me abrazó fuerte.
—Lo siento mucho, hijo. —dijo ella, y yo acaricié su espalda.
—Mamá, estoy bien, de verdad. —dije, y ella me miró.
—¿De verdad? —dijo ella mirándome y buscando algún otro rasguño en mi cara.
—Sí. —afirmé, y ella suspiró.
—¿Te han desinfectado la herida? —preguntó ella, y yo asentí.
—Bueno, me alegra que al menos allí se dignen a eso. —dijo ella, y yo reí. —Zayn, quiero que si pasa algo me lo digas, ¿está bien? —dijo ella preocupada, y yo asentí. Ella se separó de mí y yo iba a ir a mi habitación, pero me acordé de que tenía que avisarles de que vendría Avril.
—Oh, mamá. —la llamé, y ella me miró.
—¿Si, hijo?
—Mañana vendrá una amiga después de clase, tenemos que hacer el trabajo de fin de curso. —dije yo, y no pude evitar sonreír. Mi madre me miró con una inmensa sonrisa y luego yo subí a mi habitación. Me tumbé en mi cama y cerré los ojos con una sonrisa.
—¡Hijo, a comer! —me llamó mi madre desde abajo.
—¡Ya voy! —grité de vuelta, y me levanté. Bajé las escaleras a trote y me senté con mis padres a comer.
—Oh, hijo, ¿tu amiga se quedará a comer? —me preguntó mi madre.
—Pues... No lo sé. —dije yo.
—¿Amiga? —dijo mi padre alzando y bajando las cejas. Yo me sonrojé.
—¡Yaser! —lo regañó mi madre seguido de una risa.
—Oh, vamos, ya está mayorcito. —se excusó mi padre.
—Por favor, no me pongáis en ridículo delante de ella. —supliqué, y ellos rieron.
—Está bien. —dijo mi madre soltando una risa.
—Posiblemente comeremos en mi habitación mientras hacemos el trabajo. —dije mientras me metía un trozo de pollo en la boca.
—Cuidado con lo que hacéis. —advirtió mi padre, y yo me atraganté con el pollo y empecé a toser.
—¡Papá! —dije cuando me calmé. Estaba más rojo que un tomate.
Terminé de comer y esperé a que mis padres terminaran. Recogí mi plato y lo llevé a la cocina.
—Voy a seguir haciendo los deberes. —dije, y volví a mi habitación para seguir haciendo mis deberes.
Cuando terminé y estaba preparando la mochila para el día siguiente, mi padre entró en mi habitación.
—Hola, papá, ¿qué pasa? —dije girando mi silla de escritorio hacia él.
—Nada, sólo quería hablar contigo. —dijo, y se sentó en mi cama. —Hijo, sé que tienes problemas para... Adaptarte. —empezó a hablar mi padre, y yo me puse serio. —Y me alegro de que por fin alguien tenga el corazón lo suficientemente grande para ver que eres un buen chico. —dijo él, y yo esbocé una pequeña sonrisa. —Dime, ¿cómo es la chica? —preguntó él, y yo me sonrojé.
—Pues... Tiene el pelo castaño, largo y liso... Los ojos azules... Es delgada, de estatura normal, tiene dos tatuajes en su mano derecha...
—¿Tatuajes? —dijo mi padre algo sorprendido, y yo asentí con la cabeza. —¿Y a qué grupo pertenece?
—¿Está en el grupo de los populares, el normal o el de los empollones? —preguntó, y yo me sorprendí.
—Pues... En otro. —dije yo, y él alzó una ceja. —Deja de atosigarme a preguntas, ya la verás mañana. —dije, y lo saqué de la habitación.
—Sólo quería saber. —dijo él, y yo me despedí de él con la mano mientras cerraba la puerta.
ZAYN:
Era
cierto que había dicho que sólo me había ayudado por pena, y que
ella era una persona... No muy buena influencia... Pero yo estaba
convencido de que no era así. Había estado en muchos colegios e
institutos durante los últimos años, siempre me habían tratado
mal, como si fuera un bicho raro, me pegaban y me insultaban, y nadie
hacía nada al respecto, ni siquiera los profesores. Les daba igual
con tal de que no saliera a la luz que en su institución había un
alumno que sufría bullying.
¿Amigos?
Sólo había tenido un amigo en toda mi vida, de cuando íbamos a
primaria. Liam, aún seguimos comunicándonos, muy poco, pero lo
hacíamos. ¿Novia? No, la verdad era que nunca había salido con
nadie. Y sabía que era algo patético para alguien que tenía
diecisiete años, pero al menos había dado mi primer beso. Fue a los
dieciséis, la chica perdió una apuesta y tuvo que besarme. Era
triste, pero era verdad.
En
todos los años de colegio e instituto nunca, jamás, alguien me
había defendido, y menos una chica. La primera vez que entré en
clase y vi que sólo había un sitio me puse nervioso al ver que era
a su lado. Era muy guapa, pero jamás se fijaría en mí, así como
en estos diecisiete años nadie lo había hecho.
Me
pegó la bronca por sentarme a su lado y empecé a tartamudear, ese
problema de inseguridad apareció en mí a los once años, cuando
empecé a sufrir bullying más violento. Desde entonces era demasiado
inseguro. Y la gente me consideraba un crío inocente... Seguía
siendo virgen, nunca me había masturbado, pero siempre había
querido saber qué se sentía al tener relaciones.
Aparqué
el coche en el garaje y bajé.
Entré
en casa y me encontré con mi madre.
—Zayn, cariño. —dijo mi madre, y me abrazó. —¿Qué tal tu primer día? —me preguntó preocupada, y tocó la herida de mi labio. —Hijo, no. —dijo en susurro, y yo negué.
—Tranquila, mamá, estoy bien. —dije sonriendo, y ella me abrazó fuerte.
—Lo siento mucho, hijo. —dijo ella, y yo acaricié su espalda.
—Mamá, estoy bien, de verdad. —dije, y ella me miró.
—¿De verdad? —dijo ella mirándome y buscando algún otro rasguño en mi cara.
Esperaba
que no me levantara la camiseta.
—Sí. —afirmé, y ella suspiró.
—¿Te han desinfectado la herida? —preguntó ella, y yo asentí.
—Bueno, me alegra que al menos allí se dignen a eso. —dijo ella, y yo reí. —Zayn, quiero que si pasa algo me lo digas, ¿está bien? —dijo ella preocupada, y yo asentí. Ella se separó de mí y yo iba a ir a mi habitación, pero me acordé de que tenía que avisarles de que vendría Avril.
—Oh, mamá. —la llamé, y ella me miró.
—¿Si, hijo?
—Mañana vendrá una amiga después de clase, tenemos que hacer el trabajo de fin de curso. —dije yo, y no pude evitar sonreír. Mi madre me miró con una inmensa sonrisa y luego yo subí a mi habitación. Me tumbé en mi cama y cerré los ojos con una sonrisa.
Tenía
la corazonada de que mi vida iba a cambiar, para bien. Por fin.
Me
levanté de la cama y me puse a hacer los deberes de matemáticas.
—¡Hijo, a comer! —me llamó mi madre desde abajo.
—¡Ya voy! —grité de vuelta, y me levanté. Bajé las escaleras a trote y me senté con mis padres a comer.
—Oh, hijo, ¿tu amiga se quedará a comer? —me preguntó mi madre.
—Pues... No lo sé. —dije yo.
—¿Amiga? —dijo mi padre alzando y bajando las cejas. Yo me sonrojé.
—¡Yaser! —lo regañó mi madre seguido de una risa.
—Oh, vamos, ya está mayorcito. —se excusó mi padre.
—Bueno,
yo haré comida para todos por si acaso. —dijo mi madre, y yo
asentí.
—Por favor, no me pongáis en ridículo delante de ella. —supliqué, y ellos rieron.
—Está bien. —dijo mi madre soltando una risa.
—Posiblemente comeremos en mi habitación mientras hacemos el trabajo. —dije mientras me metía un trozo de pollo en la boca.
—Cuidado con lo que hacéis. —advirtió mi padre, y yo me atraganté con el pollo y empecé a toser.
—¡Papá! —dije cuando me calmé. Estaba más rojo que un tomate.
Terminé de comer y esperé a que mis padres terminaran. Recogí mi plato y lo llevé a la cocina.
—Voy a seguir haciendo los deberes. —dije, y volví a mi habitación para seguir haciendo mis deberes.
Cuando terminé y estaba preparando la mochila para el día siguiente, mi padre entró en mi habitación.
—Hola, papá, ¿qué pasa? —dije girando mi silla de escritorio hacia él.
—Nada, sólo quería hablar contigo. —dijo, y se sentó en mi cama. —Hijo, sé que tienes problemas para... Adaptarte. —empezó a hablar mi padre, y yo me puse serio. —Y me alegro de que por fin alguien tenga el corazón lo suficientemente grande para ver que eres un buen chico. —dijo él, y yo esbocé una pequeña sonrisa. —Dime, ¿cómo es la chica? —preguntó él, y yo me sonrojé.
—Pues... Tiene el pelo castaño, largo y liso... Los ojos azules... Es delgada, de estatura normal, tiene dos tatuajes en su mano derecha...
—¿Tatuajes? —dijo mi padre algo sorprendido, y yo asentí con la cabeza. —¿Y a qué grupo pertenece?
—¿A
qué te refieres? —dije confundido.
—¿Está en el grupo de los populares, el normal o el de los empollones? —preguntó, y yo me sorprendí.
—Pues... En otro. —dije yo, y él alzó una ceja. —Deja de atosigarme a preguntas, ya la verás mañana. —dije, y lo saqué de la habitación.
—Sólo quería saber. —dijo él, y yo me despedí de él con la mano mientras cerraba la puerta.


Me encantan los padres, en serio xD
ResponderEliminarque emocion... por favor continua ;)
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