martes, 28 de julio de 2015

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 9

Autora: Sandra M.P.

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Las cinco y media, ella seguía mirando vete a saber qué en el móvil, y él fingía estar interesado en lo que estaban dando, cuando en realidad se aburría y quería irse a casa. ¿Cómo se suponía que iba a volver exactamente si lo había traído en brazos? Porque estaba seguro de que no lo llevaría en brazos hasta su casa. Su móvil vibró y lo agarró despreocupadamente, como si en realidad prefiriera seguir viendo lo que estaban dando en la televisión, aunque por dentro agradecía aquella llamada, fuera de quien fuera. "Mamá". Empalideció. No. Ellos no llegaban hasta las ocho, por lo cual no podían estar en casa, ellos no podían haber llegado aún y tampoco podían haberse dado cuenta de que él no estaba en casa y tendría que haber estado ahí hace tres horas.
¿Diga? —murmuró, mirándola de reojo. No había despegado la mirada del móvil.

—Cariño, te llamaba para decirte que no vendremos a casa hoy, tenemos una cena bastante lejos de aquí y dormiremos en un hotel, espero que lo comprendas, mi amor. —dijo la dulce voz de su madre.

—Oh, claro, mamá. —respondió él. Su voz se endulzaba cuando hablaba con su madre. ¿Cómo no hacerlo cuando ella lo trataba como si fuera su pequeño tesoro? Que al fin y al cabo, para ella es lo que era. Miró la televisión y desvió los ojos a Noa, quien sonreía mirando la pantalla. Habría leído algo gracioso. —Lo entiendo.

—Espero que no te importe. Estaremos ahí por la mañana, mi amor. —dijo ella dulcemente, y él sonrió sin poder evitarlo. Amaba que su madre le pusiera apodos cariñosos, era... Quizás la única persona que se los ponía. —¿Podrás aguantar cenar un sándwich? —preguntó.

—Claro, mamá. —respondió. Ella sabía perfectamente que él era un asco cocinando.

—Bueno, tesoro, tengo que dejarte. —dijo tronando un beso. —Te quiero mucho.

—Yo también te quiero, mamá. —dijo con un leve sonrojo, siendo consciente de que no estaba solo en aquella habitación. Y finalizó la llamada.

—¿Tu madre? —habló ella, por fin.

—Sí. —respondió él.
Asintió con la cabeza y guardó su móvil. Por fin había acabado de ver lo que fuera que estuviera viendo. —¿Qué querrás cenar? —preguntó. Todavía era pronto. Espera, ¿le estaba invitando a quedarse?
—Hum... No sé, ¿no es pronto? —dijo tímidamente. Aparte de que no tenía hambre. Empezaba a preocuparle aquel hecho.

—Ya, pero no hay comida en la nevera. —oh, él no podría vivir con el frigorífico vacío.

—¿Cómo regresaré a casa? —preguntó.

—Pues... Puedo llamar un taxi. —dijo ella. —¿Quieres irte a casa? —preguntó.

—No. —negó, tal vez demasiado rápido. Se sonrojó y ella esbozó una pequeña sonrisa. —Hum... Bueno, me da igual... Si molesto me voy, pero no tengo dinero. —dijo apenado.

—Yo te presto dinero, y por segunda vez, no molestas, Zayn. —dijo ella.

***

No fue mal del todo, de hecho, comió sin apetito, sólo para no ser un mal invitado. Ella cocinaba realmente bien, debía admitir. Se había sorprendido bastante, porque era, tal vez, la comida más exquisita que había probado nunca, y simplemente se trataba de una hamburguesa y unas patatas, pero la hamburguesa llevaba cebolla, beicon, lechuga... Y una salsa deliciosa, la cual preguntó cual era y ella respondió: "secreto del chef". Tenía sentido del humor aunque a veces fuera una persona seria y cortante, e incluso diera miedo. Supongo que él no tenía por qué tenerle miedo, aunque no fuera capaz de ver la verdadera realidad y nadie supiera el verdadero por qué.

Aparte de comer, habían estado viendo la televisión, volviendo a la posición anterior de la pierna de Zayn sobre el regazo de la chica, por lo cual Zayn estuvo contento, y rezó internamente para que no recibiera otra llamada como aquella, que le hiciera repentinamente, cambiar el ambiente y a ella misma. Definitivamente, aquello era uno de sus peores temores en aquel momento, aparte de que aquel sofá viejo se partiera en dos. Por lo menos, era cómodo.

Eran las ocho, y debido a que estaban en invierno, estaba muy oscuro. Por suerte tenía las llaves de casa, pero recordó el dolor en su pierna y se preguntó: ¿Cómo se lo montaría para subir las escaleras a su habitación? ¿Y para bajar del taxi e ir a casa?

—Será mejor que me vaya ya. —dijo Zayn mirando por la ventana y viendo la oscuridad de la noche bastante evidente.

Ella lo miró apartando su vista y atención del televisor y asintió con la cabeza, moviendo su pierna con cuidado. Se levantó y se estiró. Él también quería estirarse, pero era consciente de que hacerlo no le iría muy bien. Agarró su móvil y marcó un número de teléfono, le dio una dirección y colgó después de decir "ajá" unas cuantas veces. Vaya, jamás había escuchado la calle que ella había nombrado. Tampoco preguntaría para quedar aparte de torpe, inculto. No quería que la lista creciera más.

—En diez minutos está aquí. —dijo ella. —Podemos bajar dentro de cinco minutos. Al menos tenemos ascensor. —dijo con una sonrisa torcida. Zayn se sonrojó y rió levemente. No se tomó a mal el comentario, viniendo de ella y notando que era un comentario divertido y sin mala intención. —¿O quieres bajar ya?

—Me da igual. —dijo él sinceramente. Aquí o allá, mientras estuviera con ella sería lo mismo.

—Vamos entonces. —dijo, yendo hacia el lado del sofá y agarrando la mochila de Zayn.

—Si quieres me la puedo colgar yo. —dijo, intentando ayudar.

—Da igual, mejor así. —dijo ella metiendo la mano en su bolsillo y sacando una cartera negra, la abrió, después volvió a cerrarla y la guardó en su bolsillo de nuevo. —Ven. —dijo acercándose a él, quien por instinto, alzó los brazos como si fuera un bebé queriendo que su madre lo cogiera.

Ella lo agarró en brazos y anduvo hacia fuera, cerrando con llave. Caminó por el pasillo con él en brazos, era un pasillo vacío y con las paredes que se caían a trozos, y en algunas puertas faltaba el pomo, y en otras el número. Y pasaron frente a una que tenía la pared pintada con palabras obscenas. Zayn abrió mucho los ojos.

—¿Quién vive aquí? —preguntó, sorprendido. Pobre de quien viviera ahí.

—Una puta. —dijo ella con desprecio, y no preguntó nada más.

Se mantuvo aferrado a su cuello y llamó al ascensor, el cual se abrió enseguida, entraron y ella pulsó el botón de la planta baja. En ese ascensor, ni siquiera se habían molestado en poner una absurda musiquita. Observó los espejos de éste, rayados y con ciertos dibujitos, los cuales también eran obscenos. En algunas partes el espejo estaba manchado, y no quería saber qué era aquella mancha blanquecina. Podía irse con la duda, no le suponía una gran pérdida. Definitivamente, su casa era mucho mejor que todo lo que había visto hasta ahora.

—¿No peso mucho? —murmuró en voz baja, rompiendo el silencio. —Puedo intentar andar.

—No pesas. —dijo ella. Mentía. Pesaba, aunque ella no quisiera admitirlo. ¿Para no hacerlo sentir mal? Le había hecho sentir mal en algunas ocasiones y no había parecido importarle mucho, por lo cual ese no era el motivo. —No te tomes en serio las palabras de Tomlinson. —le dijo, sorprendiéndolo de repente. ¿Lo sabía? ¿Cuánto sabía esta chica? Se sonrojó y las puertas se abrieron. No dijo nada más y el tema se dio por zanjado.

El panorama no mejoraba, por no decir que era mucho peor. Las paredes seguían cayéndose a pedazos y el lugar seguía estando vacío, a excepción de un hombre gordo dormido sobre recepción y con la caja fuerte abierta. Menudo personal. Él seguía sin poder creerse que ella viviera en un lugar así. Ella no merecía vivir rodeada de tanta... Mierda. Porque vivía en un lugar que se deshacía a pedazos, sucio, del cual jamás había oído hablar. Y sin padres, sin padres que la apoyaran como lo apoyaban a él.

—Nos quedaremos aquí, que fuera hace frío. —dijo ella, y él cayó en que no tenía su chaqueta.

—¿Y mi chaqueta? —murmuró, y ella maldijo en voz baja.

—Está arriba. —dijo. —Voy a buscarla y enseguida vuelvo, ¿vale? —miró a su al rededor, buscando algo que parecía no encontrar. —¿Dónde...? —resopló. —Vale, ya ni la jodida silla de plástico. —quiso reír al verla tan estresada, pero se lo aguantó al ser un mal momento. —Vale, ¿puedes quedarte de pie un momento? Vuelvo rápido.

—Sí. —dijo rápidamente, y ella lo dejó con cuidado.

—No te muevas de aquí, ¿vale? —pareció preocupada al decirlo. El lugar estaba vacío, aunque fuera un lugar bastante tétrico e impresentable, podría aguantarse. Asintió con la cabeza y ella anduvo a paso rápido hasta el ascensor, pulsó el botón, entró y las puertas se cerraron. Bien. Escuchó un ruido y se sobresaltó, mirando hacia donde provenía éste. Falsa alarma. Ahora el gordito había empezado a roncar. Igual debería dejar de llamarlo así, era de mala educación.

Sacó su móvil para comprobar la hora y alguien pasó frente a él. —Tú. —por instinto alzó su mirada, y se encontró con unos ojos marrones y fríos mirándolo. —Dame el móvil. —empezó a temblar ante su voz y miró hacia el gordo que roncaba desde su lugar, deseando que se despertara y lo ayudara. Miró hacia el ascensor, deseando que las puertas se abrieran y ella apareciera. Tal vez sabría cómo salir de esta situación... O tal vez no. —Te he dicho que me des el puto móvil. —inquirió, ahora dejando ver una navaja. Tragó saliva, y con la mano temblorosa alzó su móvil, y antes de que el hombre se lo arrebatara, una mano se posó sobre el brazo de éste y ambos giraron la cabeza para ver de quién se trataba.

—¿Me puedes explicar qué coño hacías? —preguntó ella, casualmente. Zayn desvió sus pupilas hacia el hombre y lo vio tragar saliva.

—N-nada. —su voz tembló y rápidamente bajó la mano, asustado.

—Largo. —dijo, amenazante. ¿De dónde había salido eso? Zayn parpadeó sin salir de su asombro. Ella al parecer, sí que sabía cómo salir de aquel tipo de situaciones, pero le había sorprendido el cómo. Estaba seguro de que aquel método no sería efectivo en él. El hombre obedeció, y salió a paso rápido del edificio como alma a la que se lleva el diablo. Los ojos miel de Zayn, los cuales seguían brillando por el susto y la adrenalina, se fijaron en los de ella, salvajes por lo sucedido hacía escasos segundos. —No debes sacar el móvil en lugares así. —dijo seriamente.

Él asintió repetidas veces con la cabeza, todavía asustado. Ella suspiró y se acercó a él, para cogerlo de nuevo en brazos. Cualquiera que los viera pensaría: "Qué pareja más extraña". Vio el taxi estacionar a través de las puertas de cristal, y ella empujó la puerta con el pie, saliendo fuera. El viento los azotó a ambos, y ella con una mano colocó la chaqueta sobre el cuerpo del chico, quien no dudó en mover las manos de su cuello para usarla como manta.

Lo dejó en el suelo y éste se puso la chaqueta rápidamente. Ella también llevaba una, de cuero. Abrió la puerta trasera del taxi y Zayn se fijó en su conductor, el cual no le daba muy buena espina. Tragó saliva. Sería un hombre de unos cincuenta y tantos, calvo, gordo y con los dientes amarillos, lo supo al ver aquella sonrisa, un tanto falsa, quizás. No quería subirse ahí.

—Te acompañaré. —murmuró ella, tan cerca de su oído que hizo que se estremeciera ante su cercanía. Asintió con la cabeza sin dudar, completamente de acuerdo con su decisión. No se quejaría. Entró con cuidado y ella lo siguió, descolgándose la mochila de la espalda y colocándola en el asiento, cerró la puerta y se acomodó al lado de Zayn, quien no terminaba de pegarse a la ventana, mirando el chicle que había pegado en ésta. Se mordió los labios y la miró. Arrastró su trasero por los asientos y se pegó a ella, sin importarle mucho lo que pensara. Ella se giró y lo miró. Era un poco más alta que él, pero a ninguno de los dos le importaba eso. —¿Qué pasa? —preguntó ella.

—Hay un chicle pegado en la ventana. —murmuró él en voz baja, para que el conductor no lo escuchara. Ella miró detrás de él, a la ventana, y rió, causando un leve sonrojo en el chico.

—No te va a comer. —dijo ella con cierta burla, y Zayn rió levemente. Cierto, pero era asqueroso, aparte de que no le hacía mucha gracia tener al conductor delante de él, tan cerca. Porque tenía el asiento demasiado echado hacia atrás.

—Espera. —dijo ella cambiando la mochila de lugar, y él se acercó todavía más a ella, sin dudarlo dos veces. Se sentía protegido así.

—¿Cómo es que me acompañas? —dijo en voz baja, de modo que sólo ella pudiera escucharlo. Le costaría más a causa de la vuelta.

Ella miró al conductor y después volvió a fijar su vista sobre los ojos miel de Zayn. —No iba a dejarte solo con el tío este. —dijo en voz baja. —Capaz de violarte con las pintas que lleva. —murmuró, y Zayn soltó una pequeña risa ante el tono con el que lo dijo. Sonrió y apoyó la cabeza en su brazo, lo hizo sin pensar, pero no la retiró. Se sentía cómodo así, seguro, a gusto. Jamás pensó que acabaría en un taxi junto a ella, de este modo. Eran apenas unos desconocidos, y sentía que confiaba en ella más que en nadie.


[Hey, baes, aquí el capitulo del martes :) No os olvidéis de:]

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