jueves, 30 de julio de 2015

No soy para ti | Zayn Malik [One Shot]

Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT.
Terminó de pintarse los labios del rojo más intenso que había y se miró al espejo. Perfecta. Sonrió.
Llevaba una camiseta negra, una chaqueta de cuero, pantalones rojos con rayas negras verticales, y unos botines negros con tacón de aguja. Ella no necesitaba vestir provocativa para ir al lugar donde se dirigía, pues total, ella no tendría que enseñar nada.
Ella tenía un problema, lo sabía, aunque para ella no resultaba un problema en lo más mínimo, es más, para ella era un hobbie. Pero sólo pensaba eso ocultando lo que era en realidad. Un pasado terrible. Seguramente habréis oído hablar del famoso Christian Grey, pues bien, ella tenía el mismo problema, y es que no soportaba que la tocaran, pero en el sentido placentero, pues el trauma venía de aquello.
Trece años, y lo recordaba como si fuera ayer. Era imposible borrar sus huellas de su cuerpo. Sentía escalofríos cada vez que alguien la tocaba, pero ella quería ver chicos desnudos, quería tocarlos, quería excitarlos... Sin que ella tuviera que verse en las mismas. ¿Y qué mejor lugar que el que iba? Todos los chicos iban para recibir placer, el placer más extremo. Y a ella se la conocía por ser la mejor en esto, lo cual le agradaba, aunque no era la única con ese problema. El de no soportar ser tocada. Había muchas chicas que no soportaban que las tocaran, más de las que ninguno imagina. Maltratadas, violadas, tratadas como nadie, rechazadas por la sociedad... Y todas tenían algo en común: Odio. Odio hacia los hombres, odio hacia esa raza. Porque eran la causa de sus traumas, de sus dolores, de sus miedos, de todo. Y lo único que ellas querían, era hacerles sufrir, verlos retorcerse, verlos suplicar, llorar quizás. Y ella, era igual.
***
Llegó, como siempre, atrayendo las miradas de todos, lascivas, ansiosas de los hombres. Y de respeto e indiferencia de las mujeres. Siempre había alguna que otra envidiosa.
Miraba a los chicos pasar, viéndolos. Eran muy guapos... Algunos. Pero no había ninguno que llamara su atención. Alguien tocó su hombro y ella se dio la vuelta. Parpadeó. Un chico de ojos miel, moreno, con una barba escasa, cejas pobladas y pelo castaño oscuro la miraba, algo cortado. —Eh... Eh... —se quedó en blanco al mirarla a los ojos, pues eran fríos y lascivos, y él se estremeció, a la vez que sintió una ola de placer. Eso lo dejó tocado, no sabía a qué venía esa reacción por parte de su cuerpo.
—¿Sí? —ella lo incitó a seguir hablando, pero él estaba perdido. Había caído. Carraspeó.
Agitó su cabeza. —Me... Me he perdido. —dijo, y la chica sonrió. Se había decepcionado un poco. Pensaba que venía para pedirle que fuera su ama, pero no.
Lo que había llamado su atención eran sus ojos. Eran inocentes, y eso la dejó interesada en él. Rara vez veías a alguien con esos ojos, acompañados de ese cuerpo. —Será mejor que te vayas de aquí entonces. No es un buen lugar para perderse. —dijo ella.
El chico parpadeó, confundido. ¿No? ¿Por qué? Ni que se hubiera perdido a propósito. Aunque eso lo dejó pensando. Aparte de caliente, pues la mirada de la chica lo estaba excitando, y ella ni siquiera se daba cuenta de ello. —¿Por qué? —preguntó con el ceño fruncido.
La chica sonrió, derritiendo al chico, quien tragó saliva. —Mira a tu al rededor. —miró, como ella dijo. —¿Qué ves?
Pero él no veía nada. Hombres y mujeres. ¿Qué había de extraño en eso? —Gente. —respondió.
Rió. —Lascivia, odio, deseo. Por todos lados. Por eso mismo no es un buen lugar para perderse. —respondió ella.
¿Lascivia? ¿Deseo? Se podía respirar, pero, ¿odio? —Sigo sin saber por qué no es un buen lugar para perderse. —dijo él. Para él era una especie de paraíso, pues había mujeres por doquier, y no le importaría acostarse con alguna de ellas, aunque tenía a una en mente. Aunque... No lograría precisamente acostarse con ella.
—¿Sabes qué es la dominación? —preguntó ella. Él frunció el ceño. ¿En qué sentido? —Un arte. El arte del sexo. Lo más fuerte, y extremo.
Parpadeó. ¿Qué tenía que ver eso? ¿Estaba en una especie de convención de dominantes? Miró a su al rededor. Lo captó. —¿Eres... Una dominante? —preguntó, con cierto temor, no sabía por qué. La idea lo excitó.
Ella sonrió y torció la cabeza. —Lo soy. —afirmó. A él no le importaría ser dominado por ella, es más, le encantaría. ¿Por qué? No lo sabía. Era algo como el sadomasoquismo, siempre le dio miedo, pero ahora lo deseaba.
Miró de reojo a un hombre y una mujer. —Domíname. —le dijo el hombre. La mujer sonrió y alargó su mano, atrayéndolo hacia ella. Parpadeó y volvió su vista a su objetivo. ¿Todas las mujeres eran dominantes?
Un chico se les acercó, más bien se le acercó a ella. —¿Me dominas? —se le quedó muy cerca, pero no la tocó. Ni la rozó.
La chica sonrió y se giró, mirándolo. Era un chico bastante guapo para su gusto. Moreno, de ojos verdes y musculoso. Había encontrado presa. Pero a Zayn no le agradaba la idea de que lo dejaran plantado. 
—No. —dijo, y la chica se dio la vuelta, con el ceño algo fruncido. —Estaba yo antes. —susurró, algo arrepentido, pues parecía idiota sin saber nada acerca de la dominación. Seguramente había reglas, pero él no tenía ni idea, e igual lo dejaban en ridículo.
El chico lo miraba con rabia y burla. —Parece que tienes que decidir. —le dijo a la chica. Ella estaba en un aprieto. Prefería a Zayn, pero para ella era un pecado destruir su inocencia, no sabía por qué, pero no quería hacerle daño.
—Domíname... —dijo Zayn, mirándola intensamente, pero ella no quería hacerlo —Por favor. —y esa súplica fue su rendición.
Se apartó del ojiverde y dio un paso hacia Zayn. Al chico no le quedó otro remedio que resignarse, dio media vuelta y se fue. —Todavía puedes echarte atrás. —dijo ella. Zayn negó con la cabeza. Él quería esto, lo deseaba, estaba seguro de ello. —Hay reglas que debes cumplir. —dijo.
—Las cumpliré. —accedió él, completamente seguro.
Ella sonrió. No quería manchar su inocencia, pero era demasiada tentación para ella. Lo agarró de la mano y empezó a andar, guiándolo por las escaleras hasta una habitación.
En la habitación había muchas cosas. Vibradores, látigos, cuerdas, esposas, maderas, una cama, antifaces... Y más cosas que Zayn desconocía. Esa habitación le daba algo de miedo. Era fría, oscura, tétrica... —¿Tienes miedo? —susurró ella en su oído. Él negó con la cabeza. Lo tenía. Pero por otra parte quería esto.
—¿Cuáles son las reglas? —preguntó.
—Primera regla: obedecer, segunda regla: no dudar, tercera regla: no puedes tocarme, cuarta regla: tienes que aguantar y resignarte, quinta regla: una vez hayas aceptado, no puedes echarte atrás. —dijo, y Zayn las repasó mentalmente. ¿Quería? El deseo era más fuerte que él.
—Acepto. —susurró. Ella sonrió. —¿Qué pasa si incumplo alguna regla?
Ella sonrió aún más. —Serás castigado. —dijo con malicia. Él tragó saliva y asintió sin decir nada. Se acercó a él a paso lento, y a cada paso que daba, a Zayn le temblaban más las piernas, impaciente. —Desnúdate. —le dijo. Zayn quería que lo tocara, ya. Lo necesitaba, estaba impaciente. Y lo que le faltaba por llegar... Obedeció, y se quitó la camiseta, y después los zapatos, los pantalones... —Para. —lo frenó. Iba a quitarse los boxers, pero se detuvo al escucharla decir que parara. —Tócate. —dijo ella. Zayn tragó saliva, indeciso. —No dudar, obedecer. —le recordó las reglas. Él obedeció. Empezó a acariciarse por encima de la tela de los boxers, y su respiración se agitó. Se estaba tocando delante de ella, para ella, mirándola a los ojos. —Así es... Por encima de la tela... Mírame. —susurró ella, excitándolo más.
Gimió. Su miembro ya estaba erecto, y dolía tenerlo bajo los boxers, a un espacio demasiado reducido. —¿No vas a tocarme? —susurró él, sin dejar de tocarse, con la voz ronca. Ella sonrió.
—¿Ya estás impaciente? —ella colocó la mano en su pecho, y fue bajándola lentamente. Él cesó. —No pares, sigue tocándote. —le susurró ella. Y Zayn obedeció. Ella siguió bajando su mano, y metió un dedo bajo los boxers, sin rozar si quiera su miembro, simplemente llegando a su vello púbico. Y después sacó la mano y se apartó. Zayn hizo un pequeño gemido de decepción. Tenía la tentación de colar la mano bajo sus boxers y terminar, pero no había recibido permiso para hacerlo.
—¿Puedo quitarme los boxers? —preguntó, aunque sonó más como una súplica. Ella asintió, y él se los bajó y los dejó en el suelo.
Ella agarró el antifaz y fue hacia la cama. —Túmbate aquí, boca abajo. —ordenó. Zayn anduvo tímidamente hasta la cama y obedeció. Ella volvió con dos esposas. —Flexiona las rodillas. —ordenó. A Zayn no le hacía mucha gracia, pero tenía que obedecer, así que lo hizo. Ella ató una esposa en su muñeca y otra en su tobillo, y la otra igual, cruzadas, dejándolo inmóvil y totalmente expuesto. Ella acarició su trasero con la yema de sus dedos y Zayn se estremeció. —¿Alguna vez has tenido penetración anal?
Zayn tragó saliva. No. Por supuesto que no. Ni tenía intención de hacerlo, aunque hoy, acabaría siendo su primera vez. —No. —negó.
Ella le puso el antifaz, y Zayn ya no pudo ver nada más. Simplemente escuchaba sus pasos alejarse. Sintió que venía hacia aquí de nuevo. Y su peso sobre la cama, tras él. Volvió a acariciar su trasero, pero esta vez, su dedo se dirigió hacia la entrada, y él se estremeció al sentirla sobre aquél lugar.
Ella se humedeció los dedos con el lubricante que había cogido anteriormente y volvió a posarlos sobre la entrada del joven. Estaban fríos. No esperó, y empezó a introducir su frío dedo a causa del lubricante en su interior. Dolía, pero a la vez le producía placer. Empezó a meterlo y sacarlo, y la respiración de Zayn cada vez se dificultaba más a causa del placer y la excitación. ¿Quién diría que le gustaría esto?
—Oh. —gimió cuando introdujo otro dedo en su interior. Quería tocarse, quería, pero no podía, porque estaba inmovilizado. Se removió, y ella sonrió. Estaba lo suficientemente lubricado. Agarró el vibrador que tenía a su lado y lo cubrió por una capa de lubricante. Lo colocó en su entrada y empezó a introducirlo. Se llevaría una sorpresa al sentirlo vibrar en su interior... Sonrió. —Hm... —gimió. Había llegado al punto. Ella empezó a moverlo, y Zayn flotaba en una nube, disfrutando del placer, en ese dulce punto. Ella apretó el botoncito y el aparato empezó a vibrar. Zayn gimió, alto, muy alto. Nunca había experimentado nada así, y le encantaba. Le encantaba, pero necesitaba... Lo necesitaba... Tocarse, saciarse... —Por favor. —suplicó.
Ella sonrió. Estaba cayendo. —Te prohíbo que te toques. —le dijo ella, malevolamente. Aunque de todos modos, no podía. Pero no lo decía por ahora.
—Por favor... Por favor... —suplicó de nuevo, empezando a perder el control. A ella le encantaba esto. Controlarlo. Lo azotó, y él gimió, se le escapó. Ella se sorprendió. Le había gustado. Empezó a acariciar sus testículos, con las uñas, suavemente, enloqueciéndolo cada vez más. Subió más la mano y posó sus uñas en su glande, rozándolo. Gimió fuerte. —Por favor. —suplicó de nuevo. Mordió su labio con fuerza al sentir la mano de la chica enroscarse en su miembro y empezar a masturbarlo lentamente. Él quería más. Más. Más rápido. —Oh, Dios... Más rápido... Por favor, por favor. —estaba totalmente desesperado. Ella apartó su mano y subió más el nivel del vibrador. —¡No! —gritó Zayn, retorciéndose de placer. No podía, no lo soportaba. Ella disfrutaba de esto. Verlo retorcerse, excitado, desesperado, suplicando... Le encantaba verlo expuesto.
—¿Suficiente? —susurró ella, con malicia.
—Sí, sí, sí... Por favor. —susurró, ansioso, sin fuerzas, suplicando por su liberación.
Ella sonrió y retiró el vibrador de su interior. —Recuerda, no puedes tocarte. Ahora te toco yo. —dijo.
—Sí. —asintió él respirando entrecortadamente.
Dejó el vibrador a un lado y lo desató. —Gírate y túmbate boca a arriba. —ordenó. Zayn obedeció, y esta vez ató sus muñecas a los barrotes de la cama, y se colocó entre sus piernas.
—¿Q-qué vas a hacer ahora? —susurró. Ella sonrió. Algo que no había hecho jamás, pero que ahora mismo tenía la tentación de hacer. Inclinó su cabeza hacia delante y succionó sus testículos. Él gimió y tiró de las esposas. —Oh... Por favor. —suplicó de nuevo. Ella retiró su prepucio y lamió. Él sollozó, sin fuerzas. Necesitaba la liberación, la necesitaba, o de lo contrario se volvería loco. —Por favor... Por favor... No puedo... No puedo. —sollozó.
Suficiente. No sabía por qué, pero ella tampoco quería seguir escuchándolo sollozar, no le gustaba. Al principio sí, pero ya no. Empezó a masturbarlo duramente al mismo tiempo que masajeaba sus testículos, y finalmente, se corrió, gimiendo, gritando. Había sido lo más extremo que había probado jamás, y le había encantado... Le había encantado por muy duro que fuera. Pero ella necesitaba chicos dispuestos a llegar a más.
—Yo no soy para ti, chico...
FIN.

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