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Nora paseaba por la oscura calle y las farolas que alumbraban intermitentemente, haciendo que sombras deformes se dibujaran en los muros de las casas. Normalmente cualquier persona que pasara por allí a las doce de la noche tendría aunque fuera, un poco de miedo al andar por los barrios bajos de Bradford, hogar de violadores y asesinos que nunca sabes cuándo pueden aparecer de detrás de una farola, un árbol o de detrás de ti, sigilosos como un gato. Nora se había criado entre la basura y la mugre de ese lugar, y a base de escarmiento había aprendido a ser fría como un témpano, a no tener compasión por nadie, y a ser frívola, como toda la gente de aquél barrio. Allí no podías fiarte de nadie, ni de tu propia familia, porque te venderían por unos simples billetes, o incluso por algo de comer. Ella no tenía problema en cuanto a eso, ya que tenía un pequeño apartamento en un piso, no era lujoso, pero tampoco un basurero. Y por el dinero no había de qué preocuparse, incluso no tenía que preocuparse de violadores o asesinos, cualquiera de estos se escondería debajo de una piedra para evitar la atención de Nora, que se había ganado el respeto de cada una de las personas de ese barrio. Nora, con tan solo 18 años tenía antecedentes de agresión y cargos de asesinato, y era un misterio para todos el cómo se había librado de la cárcel, pero ella lo sabía, había amenazado y comprado a unos policías corruptos, y la habían dejado salir sin ningún problema ni inconveniente. Nora trabajaba "legalmente", no eran drogas ni tráfico de armas, a veces se drogaba, sí, pero no era un vicio, era más bien para no quedar mal. Trabajaba protegiendo clubs privados, de gente rica, que temía por su seguridad al atraer gente de los barrios bajos. Ella y su banda se turnaban para vigilar que ninguna amenaza se dejara ver por allí y se armara escándalo, ganaban miles por semana. Por lo cual, el dinero, no le preocupaba.
Eran
las doce y media de la noche exactamente, y Nora andaba por la calle
resignada, arrastrando su moto que se había quedado sin gasolina.
—¡Ayuda!
—un grito agudo seguido de un sollozo se escuchó. Nora siguió
andando, ya había visto y escuchado antes gente suplicando,
gritando, por una pizca de compasión. Como ella cuando vino aquí...
¿Pero la tuvieron? No. Y ella tampoco pensaba tenerla. —¡Por
favor, no! —dijeron en sollozo. Y se detuvo, era la voz de un
hombre. «¿Un hombre? Es increíble. Pensaba que solo violaban a las
mujeres. Se ve que les da igual mientras metan la polla en alguna
parte.» —pensó. Hizo una mueca de asco y dejó la moto a un lado
de la acera, apoyada en el caballete. Caminó despacio hacia el
callejón de donde provenían los gritos. No tenía miedo, pero
tampoco le importaba demasiado.
Un
grupo de unas diez personas estaba rodeando a cinco chicos con
miradas asustadas y caras llenas de lágrimas. Reconoció enseguida a
las diez personas que los rodeaban. Bill y su pandilla. Y no eran
bienvenidos por aquí, lo sabían.
—Por
favor. —rogó el chico de los rulos. —Somos chicos... No podemos
darte placer. —suplicó. Una amarga carcajada salió de los labios
de Bill.
—Cállate.
—ordenó, y lo golpeó. Ella observaba la escena, impasible.
—Por
favor, no... —dijo un rubio con la voz temblorosa. —N-no nos
haga daño. —suplicó sollozando al final. Bill y su pandilla
rieron, con voces agrias.
—¿Sabéis?
Vamos a divertirnos mucho con vosotras, nenazas, y luego os dejaremos
muertos y tirados en un cubo de basura. —dijo Bill soltando una
horrible carcajada al final.
—N-no... Por favor... Podemos pagaros. —suplicó el moreno con la voz
temblorosa, intentando no sollozar.
—Oh,
ya lo creo. —dijo uno de la pandilla de Bill, no sabía su nombre,
ni le importaba. —Vamos a daros por culo hasta que os desangréis
por ahí. —dijo Bill haciendo que todos los de su pandilla rieran.
Hasta Nora podía oler el miedo de esos chicos. Ella se sintió igual
cuando estuvo a punto de ser violada, y nadie acudió en su ayuda.
Agarró
la navaja que se escondía en su calcetín y la escondió en su
manga. Tosió falsamente y se apoyó en la pared, con una pierna
cruzada y el codo apoyado en la pared. Todos se giraron a verla, y
pudo ver el terror en la cara de cada uno de ellos.
—Nora.
—dijo Bill. —¿Qué te trae por aquí? —preguntó. Por mucho
que se hiciera el duro, sus ojos lo delataban.
—¿Te
importa? —dijo ella indiferente. —Es mi barrio. —respondió
como si eso lo explicara todo.
—¿Vienes
a divertirte tú también? —preguntó. —Elige al que quieras y
haz lo que te plazca con él. —dijo él. Intentaba distraerla,
comprarla. Ella soltó una risa burlona y negó con la cabeza.
—No, gracias. No he venido a jugar, y mucho menos con vosotros. —dijo
ella, fría, cortante y dura.
—¿Entonces?
—dijo. Ya empezaba a tener más miedo. Ella miró a los chicos, que
le suplicaban ayuda con la mirada, compasión. Ella, al verlos así
se sorprendió con deseos de ayudarlos, de ser compasiva.
—Por
favor. —susurró el moreno. Ella se fijó mejor en él. Tenía
pinta de chico malo, pero su aspecto ahora mismo dejaba ver lo
contrario. Ella al mirarlo a los ojos, por alguna razón, sintió
compasión.
—He
venido a decirte que los sueltes. —dijo Nora, segura, sin miedo,
decidida y amenazante, como siempre.
—¿Y
por qué íbamos a hacerlo? —dijo Bill, haciéndose el duro. Ella
alzó una ceja, irónica. Suspiró mientras negaba con la cabeza y
sacó la navaja escondida en su manga anteriormente. Empezó a
hacerla girar en el aire, y luego cogerla con la mano. Lanzarla, y
cogerla, lanzarla, y cogerla. Bill estaba intimidado, muerto de
miedo, aunque no quería hacerse ver débil.
—A
ver. —dijo ella cogiendo la navaja al vuelo por última vez antes
de acercarse a ellos para intimidarlos. Éstos, casi por instinto,
retrocedieron. Nora sonrió, había conseguido lo que quería. —Este
es mi barrio. Y yo digo que los dejéis. ¿Es tan complicado? No
tengo por qué daros explicaciones. —dijo ella fría e indiferente.
Bill no dijo nada, y no tenía intenciones de dejar escapar a sus
presas. Nora suspiró, cansada, y cruzó los brazos, en expresión
firme y dominante a la vez que confiada y segura. —Sabes que puedo
hacerme un collar con tus intestinos en un abrir y cerrar de ojos.
—dijo ella amenazante. Y Bill dejó ver el miedo, tragó saliva.
Bill sabía que ella era capaz de eso y más.
—Vamos.
—ordenó Bill y pasó por al lado de Nora, resignado. Él y su
pandilla salieron corriendo calle abajo.
Nora
miró a los chicos y se dio media vuelta para empezar a andar de
nuevo hacia su moto.
—¡Espera!
—gritó uno de ellos para detenerla, desesperado. Nora se detuvo y
se giró para mirarlo. —No te vayas. —suplicó, y Nora bufó. No
eran de por aquí. —Nos hemos perdido, nuestro coche se ha quedado
sin gasolina, e íbamos a buscar una gasolinera cuando escuchamos un
ruido y nos asustamos. Salimos corriendo y ahora no sabemos volver.
—explicó. Y Nora alzó una ceja, indiferente. «¿Qué me están
contando?» —pensó.
—Ya,
¿y? Ese no es mi problema. —dijo ella fría, y volvió a dar media
vuelta para dirigirse hacia su moto, por segunda vez.
—Necesitamos
tu ayuda. Por favor. —suplicó el chico de ojos turquesas de nuevo.
Nora puso los ojos en blanco y se encaró a él.
—Mira,
te he salvado a ti y a tus amiguitos de que os violen, ¿de acuerdo?
Yo podría haber seguido andando y dejar que hicieran lo que les
diera la gana con vosotros, pero no lo he hecho. Así que confórmate,
y déjame en paz. —dijo ella dura, haciendo que el chico de ojos
turquesas sintiera miedo, desespero y ganas de echarse a llorar.
Nora
dio media vuelta y por tercera vez, intentó llegar hasta su moto. «¿Lo lograré esta vez?»
—No.
—dijo el moreno agarrándose a la pierna de Nora. Ésta se
sobresaltó y por poco le mete un puñetazo en la cabeza. —Por
favor, por favor, te lo pido de rodillas. No nos dejes aquí. —dijo
el moreno de rodillas, agarrando las piernas de Nora y con la cabeza
baja. Nora empezaba a desesperarse.
—Suéltame.
—ordenó. El moreno temió ante su tono de voz y la soltó, aún de
rodillas. Tenía miedo de alzar su mirada, pero finalmente lo hizo,
encontrándose con una chica rubia de ojos verdes y mirada seria y fría como un iceberg.
—Mira,
no es mi problema. Me he quedado sin gasolina, me he despertado en el
suelo del baño de un puto club y me duele la cabeza, ¿entiendes?
—dijo ella empezando a perder los nervios. —Y agradece que haya
decidido decirles a esos hijos de perra que os dejaran en paz. —finalizó la rubia sorprendiendo al chico de ojos miel. El labio le empezaba a
temblar, se sentía impotente e incapaz de convencer a la chica de
ayudarles y sus ojos empezaron a aguarse. Nora sintió una punzada en
el pecho y apartó la mirada del chico, incapaz de ver las lágrimas
acumuladas en sus ojos. No sabía por qué sentía compasión hacia
él, pero aún así no la tendría. Los dejaría tirados en la puta
calle, sin la más mínima ayuda, como hicieron con ella. Aunque a
ella la dejaron desangrándose en un callejón oscuro y frío,
después de ser violada tan violentamente que le dejó marcas tanto
físicas, como psicológicas.
—Vamos, Zayn. —escuchó que decía uno de los muchachos. Escuchaba los
sollozos del moreno tras ella, el cual supuso que se llamaba Zayn.
Por
fin, a la cuarta, agarró el manillar de su moto y empezó a andar
rumbo a la gasolinera más cercana. Andaba en silencio, sumida en sus
pensamientos, confusa ante tal reacción de su parte. Normalmente
ella pasaba de los gritos de la gente pidiendo ayuda, sin importarle. «¿Qué había pasado de repente?» —se preguntó.
Mientras
tanto, los cinco chicos seguían en la calle, donde Nora los había
dejado plantados, muertos de frío y de miedo.
—¿Por
qué nos ha dejado aquí? —susurró el chico de pelo corto y ojos
marrones, muerto de frío. El vaho salía de su boca a causa
del frío de la noche sobre Bradford.
—No
lo sé. —susurró el de rulos. —Liam... Tengo miedo. —dijo
mientras las lágrimas empezaban a inundar sus ojos.
—Tranquilízate, Harry... Saldremos de aquí. —susurró el castaño para calmarlo.
—¿Saldremos
de aquí? —dijo el chico de ojos turquesas, con ironía. —Casi
nos violan, si no hubiera aparecido esa chica quién sabe lo que nos
hubieran hecho. —dijo él, siendo sinceramente pesimista. El rubio
se echó a llorar.
—Niall...
—susurró Liam. —Cálmate, anda. —dijo, y abrazó al rubio, que
empezó a moquearle en el hombro. —Louis, si no tienes nada bueno
que decir, mejor cierra la boca. —dijo de mala manera.
Mientras
tanto, Nora estaba ya en la gasolinera. La gasolinera estaba cerrada.
Dan era un viejo cascarrabias con una voz desagradablemente grave y rasposa a
causa de fumar tanto, era el dueño de la vieja gasolinera. Él
siempre se quedaba dormido, roncando como un cerdo en su silla
plegable, siempre con una escopeta debajo de ella, por si acaso.
Nora
dejó la moto a un lado y golpeó la puerta metálica de la
gasolinera, haciendo un ruido metálico seguido de un corto eco. Se
escuchó el ruido estridente de algo metálico deslizarse por el
suelo, rápidamente, causando un estruendo. Y escuchó unos pasos de
detrás de la puerta. Ésta se abrió unos cinco centímetros,
dejando salir la escopeta del viejo Dan.
—¿Quién
va? —dijo, y Nora rodó los ojos.
—Nora.
—respondió la chica con cansancio. —Vengo a por gasolina, mi
moto se ha quedado sin. —dijo ella. El viejo Dan abrió más la
puerta bajando la escopeta y dejando ver su cuerpo. Era un tipo
gordo, alto y con el pelo blanco además de su falta de dentadura y
mal aliento.
—¿Traes
dinero? —dijo con su voz amarga. Nora sacó dos billetes de su
bolsillo y se los enseñó. Éste los agarró acto reflejo y salió.
Anduvo con cierta dificultad hasta la moto y la llenó, mientras que
con la otra mano se rascaba la entrepierna. Nora lo observaba con una
mueca de asco. «Puto cerdo» —Ya está. —dijo el viejo
poniendo el tapón de nuevo. Nora asintió con la cabeza y se subió a la moto, poniéndose el casco negro que tenía atado con una
cadena al manillar. Arrancó la moto a toda velocidad y se dispuso a
ir por fin, a su hogar.
Con
la moto a la máxima velocidad que le permitía el contador se
dirigió hacia su apartamento, dejando que la brisa de la noche la golpeara en los ojos, debido a que llevaba el casco y cubría la otra
parte de su cara. Por suerte, no había tráfico por el que
preocuparse, lo único que tenía que esquivar era la excesiva basura
de ese lugar.
—¡No,
ayuda! —escuchó, y frenó de golpe, saliendo disparada y rodando
por el suelo unos diez metros más adelante que su moto, que quedó
empotrada contra una vieja farola con el cristal roto y sin bombilla.
—Joder.
—gruñó. «Eres idiota. ¿Por qué frenas? ¡Llevas pasando de esto
toda tu puta vida!» —le ladró su subconsciente.
Esa
voz... Esa voz era la del chico... Zayn... Sí. De alguna u otra
manera siempre tenía que cruzarse en su camino. Desde luego esa
noche no era la suya.
—¡Cierra
la puta boca! —gritó una voz varonil y sádica seguida de un
estruendo. Supuso que habían empotrado a Zayn contra los cubos de
basura.
Nora
apretó los puños al pensar eso. Y después frunció el ceño. ¿Y a
ella que le importaba?
—¡No,
por favor! —escuchó de nuevo sus súplicas seguidas de un sollozo, y Nora no lo resistió más. Agarró la navaja de su tobillo, la
escondió de nuevo en su manga derecha y corrió hacia el callejón.
—¡Eh,
tú! —gritó Nora, más bien gruñó. Si las miradas mataran, ese
tío estaría muerto ahora mismo. Zayn, al escuchar la voz de la
chica se sintió esperanzado, incluso protegido aunque antes lo
hubiera dejado tirado.
El
tío agarró al moreno del cuello y le puso una navaja rozándole la
garganta, haciendo que toda pizca de esperanza en los ojos de Zayn,
desapareciera.
—¡Alto!
—gritó el hombre que amenazaba a Zayn con rajarle la garganta.
—¡Alto o le rajo! —le ladró a Nora. Y ésta acto reflejo paró. «¿Y a mí qué me importa que lo raje?» Pero no
hizo nada, no se movió del lugar. E iba a dar media vuelta para
irse, pero al mirar al chico a los ojos, toda la intención de
pirarse desapareció. Ella no iba a dejar que le hicieran daño.
—Déjale.
—ordenó ella. Amenazante como siempre, fría, dura y segura.
—Sólo
quiero divertirme un poco. —dijo el hombre soltando una risa de
loco mientras dirigía la mano con la que no empuñaba la navaja
hacia la entrepierna de Zayn. La estrujó y Zayn cerró los ojos con
fuerza.
—Voy
a repetírtelo. Aléjate de él. —dijo Nora con la mirada
envenenada. Cualquiera diría que en cualquier momento, Nora saltaría
encima del vagabundo miserable que sujetaba la navaja y acabaría
muerto y sin cabeza, en un contenedor de basura, pudriéndose como la
escoria que era. El vagabundo rió mostrando sus dientes amarillos
escasos y con una mano, en un rápido movimiento, bajó los
pantalones y los calzoncillos de Zayn. «Joder, me va a costar más de
lo que pensaba.» —pensó la chica a la vez que apretaba la
mandíbula.
El
vagabundo empezó a toquetear la polla de Zayn, mientras éste sólo
sollozaba, con los ojos cerrados fuertemente. Y Nora miraba al
vagabundo, con asco, con una tremenda repugnancia. Y lo más
extraño, era que ver a Zayn en esas condiciones sólo le hicieron
querer acabar con el vagabundo.
—¿Sabes
a caso quién soy? —dijo ella con una voz amenazante, de psicópata
incluso. —Puedo arrancarte la piel a tiras, ¿lo sabías? Nora
Welch... ¿Te suena? —dijo ella con la voz envenenada y la mirada
de un lobo hambriento. El vagabundo empezó a temblar. —Vaya...
—susurró ella. —Me conoces. —dijo, y sonrió sádicamente. Zayn
abrió los ojos, despacio, fijándose en ella.
—Todo
el mundo lo hace. —dijo el vagabundo con la voz algo temblorosa.
—Pero nunca te había visto en persona... No sabía que eras tú.
—dijo el vagabundo tragando saliva.
—Bien,
ya lo sabes entonces. —dijo ella. —Y voy a darte a elegir. —dijo, y el vagabundo tragó saliva por segunda vez. —Uno: dejas al chico
y tal vez vivas; o dos: atrévete a tocarle, a mover aunque sea un
solo músculo para tocarle, y será lo último que hagas. No voy a dejarte ni si
quiera respirar por última vez, porque va a ser tan rápido... Que
no va a darte tiempo ni a eso. —dijo ella amenazante, con voz de
asesina, al fin y al cabo, eso es lo que era.
El
vagabundo miró a su izquierda y luego a su derecha, indeciso. Y Zayn
no tragaba saliva, ya que con un simple movimiento de su nuez
llegaría a rajarse él solo. Su vista se estaba nublando, su
respiración agitándose, y sus piernas temblando. Finalmente el
vagabundo empujó al chico y desapareció entre las sombras del
callejón. Se escuchó el sonido de una verja metálica agitarse bruscamente y unos pasos veloces correr calle abajo. Zayn ya estaba
en el suelo, de rodillas y con los pantalones bajados. Tenía miedo,
frío, y no cesaba de sollozar. Nora se acercó a él y se agachó a
su lado. Él alzó su mirada nublada y alzó sus brazos, abrazándola,
buscando calor y consuelo. Protección. Nora se sorprendió y se
quedó como una estatua. No sabía qué hacer, nunca la habían
abrazado así. Ella simplemente lo imitó y lo rodeó con sus brazos,
mientras el chico sollozaba escondiendo la cara en su cuello.
—Gra... Gracias... Yo... —dijo intentando dejar de llorar, aún sin dejar
de abrazar a Nora. Ésta no lo soltó, por extraño que le pareciera,
le gustaba esa sensación extraña en su estómago.
El
moreno finalmente se calmó y se separó de ella. Ésta, sin saber
qué hacer, se levantó, sorprendiendo al chico, que no tenía ni la
menor idea de lo que haría la chica.
—¿Dónde
vas? —le preguntó el moreno con la voz temblorosa.
—Simplemente
me voy. —respondió ella cortante de nuevo.
—No.
—exclamó el chico, horrorizado al pensar en lo que acababa de
pasar, horrorizado de tan solo pensar en quedarse solo de nuevo.
—No... No. —suplicó levantándose y acercándose a ella, sin
importarle que tuviera los pantalones por las rodillas. No se
molestaría en subírselos. Ahora mismo lo más importante era
suplicar para que no lo dejara solo. —Por favor, no me dejes solo.
He perdido a mis amigos... No sé dónde están. —suplicó. Ella
siguió mirándolo indiferente, haciendo que el chico sintiera miedo
al ver su mirada. La última vez que lo había mirado así, se había
marchado dejándolo solo.
—¿Por
qué te fías de mí? —preguntó Nora, impasible. Ella no lo
entendía. Todos la temían. Él no. Tal vez porque le había
salvado, dos veces, pero eso no significaba nada. Ella seguía siendo
una asesina.
—¿Por
qué no debería hacerlo? —dijo él temblando por el frío. —Me
has salvado. Dos veces. —añadió.
—¿Cómo
sabes que no soy una asesina? Que no soy como los demás. ¿Cómo
sabes que no voy a violarte? —preguntó ella, haciendo que el chico
sintiera un escalofrío.
—Porque... Lo sé. —dijo el moreno sin saber qué más decir. Intuición, quizás. —Porque ya lo habrías hecho. —dijo él, y la chica
sonrió.
—Tal
vez lo único que quería era esto, que creyeras que podías confiar
en mí... Y luego, cuando menos te lo esperaras... Atacar. —dijo
ella, y Zayn tragó saliva. «¿Qué decir ante tal cosa?» —pensó el
chico. Aún así, después de esa declaración, seguía sintiendo
que podía confiar en ella.
—Si
fuera cierto no me lo habrías dicho. —dijo él, buscando algo,
cualquier excusa.
—A
lo mejor sí. Te lo habría dicho pensando que no me creerías. —dijo
ella sonriendo. El chico empezaba a sentir miedo. «¿Y si era
verdad?» —esa pregunta cruzó por la mente del moreno. —Y me lo
has dejado muy fácil. —dijo ella bajando la mano hasta la cadera
del moreno, haciéndolo tragar saliva.
—Sólo... Sólo lo dices para asustarme. —dijo él temblando. Nora sonrió.
Sí, eso era lo que quería, quería asustarlo, asustarlo por haber
hecho que perdiera los nervios, por haber hecho que se estrellara con
la moto... Lo culpaba de todas las cosas malas que le habían
sucedido esa noche.
—¿Sí?
—dijo ella alzando una ceja.
Detrás
de él había una vieja tubería enganchada a la pared, una cañería
que subía hasta el tejado de la vieja casa que había ahí con la
pared de ladrillo sin pintar. Ella sonrió, metió la mano por dentro
de su chaqueta de cuero y agarró la cadena de la moto con la que
había asegurado el casco antes. No dejó que Zayn la viera, la
mantuvo dentro de la chaqueta. Zayn tenía miedo, miedo de verdad.
Ahora sí, se había dado cuenta de que había caído ante la
falsedad de la chica, comiendo de la palma de su mano y metiéndose
en la boca del lobo. La rapidez era una de las habilidades más
gratas de Nora, aparte de su agilidad y buena puntería. Empujó a
Zayn a la pared, y amarró sus muñecas a la tubería vieja, por
encima de su cabeza. La respiración de Zayn se agitó, con miedo,
con horror, con impotencia, y un nudo volvió a subir a su garganta.
—¿Confías
en mí ahora? —susurró ella cerca de su cara, esperando un tremendo "NO". Y por alguna extraña razón, Zayn seguía confiando en que no
le haría nada, una pequeña parte de su corazón se lo decía.
—Sí.
—dijo él con la voz quebrada, sorprendiendo a Nora. —No vas a
violarme. —susurró. —No... Por favor. —Terminó suplicando. No
se entendía ni a sí mismo. Decía que confiaba y finalmente
suplicaba que no lo violara. «Maldita sea. ¿Cómo que sigue
confiando? Sé más real, imbécil.» —dijo el subconsciente de la
chica.
Nora
empezó a acariciar su torso y a besar su cuello, haciendo creer al
chico que iba a hacerlo de verdad. Ella siguió, quería asustarlo
para que no la persiguiera más, para que la dejara en paz. Lo mordió
levemente, y el chico soltó un gemido. «¿Lo disfrutaba?» A punto de ser "violado", pero Zayn lo disfrutaba.
Prefería ser violado por ella que por cualquier hombre de los que se
le habían cruzado esa noche.
—¿Encima
lo disfrutas? ¿Quieres que te viole? —Dijo Nora con una pizca de
diversión y admiración.
—Sí.
—susurró el chico. No respondía él, era su cuerpo el que le
hacía responder cosas indebidas. Cosas que su cerebro decía no,
pero que su cuerpo rogaba que sí. Él quería ser violado por su
salvadora esa noche, ahora. Nora estaba sorprendida. «Le echaba
cojones.» —pensó. Pero ella quería asustarlo, quería alejarlo,
quería que la dejara en paz.
—Bueno... Es tarde... Y tengo sueño... Así que mejor me voy a casa. —dijo
Nora susurrando en su oído y mordiendo el lóbulo de su oreja.
Acarició su miembro suavemente y se alejó, dejando a Zayn confuso.
Estaba atado a una tubería vieja, con los brazos sobre su cabeza y
con los pantalones bajados. «Un bonito festín para quien lo vea.»
—¿Q-qué?
¿Vas... Vas a dejarme aquí? —dijo con horror. Tenía miedo, y
mucho. ¿Qué haría si alguien le encontrara ahí? Y aún peor,
desnudo, atado e indefenso.
—Eres
listo. —dijo ella con una sonrisa. —¿Sabes? El que te encuentre
tendrá mucha suerte. Sólo te falta tener un cartel pegado en la
frente que ponga "viólame". —dijo ella riendo con diversión. —Les
he dejado el plato listo. —dijo ella, y el moreno empezó a temblar,
de frío y de miedo. Nora sonrió y empezó a andar fuera del
callejón.
—¡No!
¡No, por favor! —suplicó el moreno desde el callejón. Nora giró
la esquina, escondiéndose detrás del muro, sin apartarse del
callejón. —¡Por favor! —suplicó de nuevo.
Nora
lo escuchaba suplicar desde su posición. Quería hacerle sufrir por
su mala noche, pero cada súplica de él era un puñal en el corazón.
—Por
favor... Por favor... —seguía suplicando. Ya no gritaba, su voz
estaba quebrada, y cada vez se iba apagando, perdiendo fuerzas.
Finalmente ya no escuchó más súplicas, sólo el llanto sin cesar.
El moreno había aceptado que moriría, violado y asesinado a sangre
fía o por el helado frío de Bradford.
Nora
no lo soportó más y entró de nuevo en el callejón, observando al
moreno sollozar desolado, sin esperanza alguna y con los ojos
cerrados. A ella se le encogió el corazón. No entendía por qué le
afectaba así.
—¿Aceptas
la derrota? —dijo ella, haciendo que el moreno abriera los ojos de
golpe, esperanzado, con miedo, con temor y con sorpresa.
—Si-sigues
aquí. —dijo sin creerlo. —¿Por qué? —preguntó. Él no lo
entendía. No sabía el propósito de sus actos hirientes pero a la
vez esperanzadores.
—Porque
tenías razón. —admitió ella. —Sólo quería asustarte.
—confesó, y a él la esperanza le invadió. Nora no dejaba de
pensar en que lo mejor era dejarlo ahí tirado, pero claro, pensar
era fácil, lo difícil era hacerlo, y había comprobado que no era
posible.
Se
acercó a él, y con la pequeña llave lo soltó. Él parpadeó
varias veces y tragó saliva, aún seguía temblando, pero del frío.
Y las lágrimas se habían congelado sobre sus mejillas. Él, en un
impulso la abrazó de nuevo, sin importarle lo pasado hace tan solo
unos segundos. Lo único que le importaba ahora era que ella no lo
había abandonado.
—¿Te
dejo colgado con los pantalones hasta las rodillas, indefenso, y tú
me abrazas? —dijo Nora, sorprendida. No se esperaba tal reacción
de él. A decir verdad, ni de él, ni de nadie.
—No
te has ido. Sigues aquí... No me has dejado tirado. —susurró Zayn
abrazando aún a la chica. Y sí, tenía razón, porque podría
haberlo dejado ahí, y no lo ha hecho. —No me dejes... —suplicó.
Y a Nora le llegó tan hondo... Que llegó a dolerle el pensar la
sola idea de dejarlo tirado allí, de nuevo.
—No
te dejaré. —susurró ella abrazándolo también, queriendo
protegerlo. Zayn sabía que podía confiar en ella, y toda la
esperanza fluyó por su cuerpo. Y de pronto empezó a temblar.
—Súbete los pantalones, anda. —dijo Nora, y Zayn miró hacia
abajo, sintiendo de repente un calor sofocante en las mejillas. Se
subió rápidamente los pantalones y siguió con la mirada baja.
Nora
empezó a andar y Zayn se quedó petrificado. No podía ser. Había
dicho que no se iría. Lo había dicho.
—¿Vienes?
—dijo Nora girándose hacia él. Éste se sorprendió, pero corrió
detrás de ella y la siguió andando a su lado. Ella anduvo hasta su
moto, tirada en el suelo y apoyada, o más bien espachurrada contra
la farola.
—¿Te
has chocado? —preguntó Zayn sorprendido, examinando con temor a la
chica. La moto había quedado bastante aboyada. —¿Estás bien?
—preguntó preocupado, y la chica asintió, ocultando su extrañeza. «¿A qué venía tanta preocupación?»
—Estoy
bien, más bien he salido volando por los aires, pero no ha sido un
choque, ha sido por una frenada a máxima velocidad. —explicó la
chica sorprendiendo al moreno.
—¿Por
qué ibas tan rápido? —preguntó el chico.
—Porque
quería llegar ya a casa. —respondió ella obvia y con cierto
cansancio.
—¿Y
por qué has parado de golpe? —preguntó. La chica se quedó
callada. Ni ella misma lo sabía. El chico al ver que no respondía
sintió más curiosidad que nunca.
—No
lo sé. —respondió simplemente. —Vamos. —dijo seria mientras
levantaba la moto del suelo.
Nora
giró la llave para comprobar si funcionaba, y por suerte, el motor
arrancó. Nora suspiró de alivio haciendo que el humo blanco saliera
de su boca, se subió encima y le pasó el casco a Zayn. No tenía
más cascos, y aún así se lo dio, para protegerle del frío y de un
accidente. Zayn lo agarró y se lo puso.
—¿Tú
no llevas casco? —le preguntó Zayn, y ella negó.
—No
tengo más. —dijo ella subiéndose a la moto. Zayn se sintió algo
culpable al ser él el que llevaba el casco, pero tenía frío y el
casco le sería útil para no congelarse la cara. —¿Subes? —le
preguntó Nora al ver que él no tenía intención de subirse. Zayn
se subió a la moto y miró a ambos lados de la moto, sin saber
dónde agarrarse. Nora sonrió y aceleró rápidamente, haciendo que
Zayn casi cayera hacia atrás, pero reaccionó rápido y se agarró a
la cintura de la chica.
Nora
iba a mucha velocidad, no a tanta después de haber salido volando
por los aires anteriormente, pero tan rápido que el pelo le volaba
al viento chocando contra la cara de Zayn cubierta por el casco.
Éste, iba con la cabeza apoyada en la espalda de la chica, y los
ojos cerrados, ya que no quería marearse. Finalmente, llegaron al
viejo edificio y Nora bajó la velocidad.
—¿Bien?
—preguntó la chica girando la cabeza para ver a Zayn, quien aún
la agarraba de la cintura. Éste asintió con la cabeza y ella apagó
el motor. Zayn se separó de ella y bajó, quitándose el casco y
entregándoselo a Nora. Ella lo aseguró con la cadena y se giró
hacia el edificio.
—¿Y
ahora? —preguntó el chico con algo de temor. Podría dejarlo solo
de nuevo, y él no quería eso.
—Si
quieres puedes pasar la noche en mi apartamento, pero yo no pienso
dormir en el suelo. —dijo ella entre dientes, y el moreno asintió,
siguiendo sus pasos.
Nora
y Zayn entraron en el edificio y empezaron a subir las escaleras
hasta el segundo piso, puerta 45 C. Nora abrió con su llave
y entró, seguida de Zayn. Volvió a cerrar con llave y con la
pequeña cadenita de la puerta y se giró hacia Zayn, que observaba
el pequeño apartamento.
—¿Aquí
vives tú? —preguntó Zayn mirando las paredes blancas con la
pintura pelada.
—Sí.
—afirmó ella. —Sé que no es un palacio, pero tampoco es que
pase mucho tiempo aquí dentro. —dijo ella quitándose la chaqueta
de cuero. La dejó en el perchero y observó a Zayn. —Oye, deberías
darte un baño caliente. —le dijo ella al observar al chico de ojos
rojos e hinchados. Estaba pálido y con la nariz roja. La chica anduvo hasta un armario situado al lado de la puerta de la cocina y de ahí
sacó una toalla. —Toma, que te pareces a Rudolf. —dijo
ofreciéndosela al chico. Éste la agarró y le dedicó una pequeña
sonrisa. —La puerta blanca. —dijo la chica señalando con la
cabeza una puerta a la derecha.
—Gracias.
—le dijo el chico en voz baja, y se dirigió hacia el baño.
Nora
entró en su habitación y se cambió. Se puso unos pantalones largos
y una camisa de manga larga para no pasar frío y se tumbó en la
cama, cubriéndose con las sábanas hasta el pecho.
Zayn
de mientras, estaba en el baño, bajo el chorro de agua caliente que
acariciaba su piel. Estuvo unos diez minutos debajo del agua, se
enjabonó, se lavó el pelo y se pasó de nuevo con el chorro de agua
caliente. Salió de la ducha y se secó. Recordó que no tenía más
ropa que la que llevaba, la cual estaba sucia y había sido tocada
por sus violadores. No le gustaba para nada la idea de ponérsela de
nuevo. Se enrolló la toalla en la cadera, cubriendo sus partes y
poco más de los muslos y salió del baño. El salón estaba vacío.
Miró en dirección a una puerta marrón desgastada y entró
sigilosamente. Tal y como pensaba, Nora estaba tumbada ahí en la
cama.
"Nora
Welch"... El nombre de su salvadora pronunciado en ese callejón se
había quedado grabado en su mente a fuego.
—Nora.
—la llamó y ésta se apoyó sobre los codos para poder mirarlo.
—No tengo ropa... Y no me gustaría usar... La que llevaba antes.
—dijo el moreno algo avergonzado.
Nora
no tenía ropa de hombre, sólo unos boxers que pertenecían a uno de
sus ligues. Se los dejó aquí y ella pasó de devolvérselos. Los
había lavado después de encontrarlos debajo de la cama, y los
escondió en un cajón entre su ropa, por si las moscas. «Había sido
buena idea no tirarlos, al final.»
—Bueno,
no tengo mucha ropa de hombre, la verdad. —dijo Nora destapándose y
colocando los pies en el suelo. Caminó hasta su cómoda y abrió el
cajón de abajo. Revolvió un poco la ropa y agarró los boxers
negros. —¿Esto te vale? —le preguntó lanzándoselos. Él los
agarró en el aire y los observó. «¿De quién serán?» —pensó el
chico.
—Sí.
—afirmó, y la chica volvió a tumbarse en la cama.
Zayn
se puso los boxers sin quitarse la toalla que cubría su intimidad, y
al acabar de ponerse los boxers se la quitó.
—¿Dónde
dejo la toalla? —preguntó el moreno.
—En
el suelo, ya la lavaré. —respondió Nora desinteresada. El chico
obedeció y se quedó quieto en el sitio, esperando a que la chica le
dijera dónde dormir o tuviera algo de hospitalidad. Pero como no
dijo nada suspiró, sintiéndose tímido de repente.
—¿Dónde
duermo? —le preguntó intentando sonar normal.
—Donde
quieras.—dijo la chica entre las sábanas. Nora estaba cansada y
quería dormir. Ya había sido lo suficientemente considerada con él,
y no pensaba hacer más.
Zayn
cogió aire. No estaba dispuesto a dormir en el suelo en
calzoncillos, y menos con el frío que hacía. Anduvo hasta la cama
individual en la que dormía la chica y se tumbó a su lado,
cubriéndose con las sábanas. Nora frunció el ceño y se giró
hacia él.
—¿Qué
haces? —le preguntó la chica alzando una ceja.
—Has
dicho que podía dormir donde quisiera. —dijo él conteniendo aire.
La chica suspiró y cerró los ojos dejándolo pasar.
Zayn
soltó todo el aire contenido, olvidándose de que tenía a Nora
delante. Ésta rió.
—¿Pensabas
que te sacaría a patadas de la cama? —preguntó con diversión, mirando a Zayn. Éste frunció el ceño ante su descubrimiento.
Estaban
tan cerca que sus anatomías chocaban. El cuerpo desnudo de Zayn
contra el de Nora, cubierto por una capa de ropa de invierno.
—Sí, la verdad es que sí. —dijo él siendo sincero.
—¿Y
qué te hacía pensar eso? —preguntó ella alzando una ceja. Zayn
abrió la boca para responder, pero la cerró acto seguido al ver que
no tenía nada que decir.
—Pues
no lo sé. —respondió él. —Tal vez porque me esperaba que
fueras más hospitalaria. —respondió sin pensar, y la chica alzó
las cejas, sorprendida. Zayn esperaba una mala reacción de ella, tal
vez que lo empujara de la cama, que lo sacara a patadas de la casa, o
que le metiera un puñetazo en la cara.
Nora
metió la mano debajo del cojín y agarró unas esposas que le había
robado a un policía. Normalmente las usaba para ladrones, pero esta
vez les daría otro uso. Zayn no logró ver lo que cogió, y ella en
un rápido movimiento los destapó a ambos dejando a Zayn tan solo en
boxers. Agarró a Zayn de las muñecas y le colocó las esposas sobre
su cabeza y entre uno de los barrotes de la cama. Se situó mejor
encima de él y colocó las manos a cada lado de su cabeza.
—¿Poco
hospitalaria? —dijo con diversión. —Te he salvado de ser violado, dos veces, y no te he dejado tirado en un callejón. Te he dejado
pasar la noche aquí, te he prestado ropa y he dejado que te bañes.
¿Consideras eso poco hospitalario? —dijo ella seria, cerca de su
cabeza, a tan solo unos centímetros. Ambos
se miraban a los ojos. Los de ella brillaban con molestia mientras
que los de Zayn mostraban arrepentimiento. —¿Qué?
¿No vas a decir nada? —dijo ella burlona al ver que Zayn seguía
callado. Se desvió hacia un lado y acercó más su rostro, colocando
los labios en su cuello, rozando su piel con ellos. Zayn se
estremeció ante el contacto.
—¿Qué
haces? —susurró el chico tragando saliva.
—¿Qué
dijiste en el callejón? —dijo la chica abriendo los labios y
rozando sus dientes por la piel del chico.
—¿Qué?
—dijo Zayn perdido. No sabía a qué se refería. Nora le mordió.
—Ah. —gimió de dolor y a la vez de placer.
—¿Qué
dijiste? —volvió a repetir mientras bajaba a su torso, pasando los
labios por todo su abdomen.
—No
lo sé. —dijo él disfrutando del tacto. —Ah. —la chica mordió
su piel de nuevo, ésta vez más fuerte. Y no resultó placentera,
sino más bien dolorosa.
—Sí
que lo sabes. Dilo. —dijo ella bajando más. Estaba sobre su
miembro, aún cubierto con el boxer. Se podía notar ya un pequeño
bulto.
Zayn
temblaba, pero no de miedo... O sí. «No irá a morder también
ahí... ¿O si?» —pensó con algo de miedo. Pero más que nada
temblaba por la impaciencia y el saber que estaba indefenso ante
ella, atado a unas esposas.
—No
lo sé. —volvió a repetir el chico, esta vez en un susurro lleno
de excitación.
La
chica sonrió y colocó las manos en las caderas del chico, bajando
lentamente la única parte que cubría su cuerpo. Zayn se estremeció
al sentir sus labios tibios en su parte más sensible, deslizándose
de arriba a abajo, lentamente, enloqueciéndolo.
—Dime.
—susurró ella cerca de su miembro, haciendo que su aliento
acariciara su punta.
—N-no... Lo sé. No me acuerdo. —dijo el moreno, esperando más de ese dulce
contacto.
—¿Seguro?
—preguntó ella plantando un beso en su punta y haciendo que se
escapara un gemido de los labios del chico.
«"¿Quieres
que te viole?"»
—Sí.
—susurró el chico en su nube de excitación. Esas palabras
pronunciadas anteriormente por su salvadora en el callejón llegaron
a él.
—¿Ya
lo recuerdas? —susurró ella con una sonrisa al ver ya la gran
erección del moreno.
—Sí...
Quiero —susurró él.
Nora
se separó de su miembro y se dirigió a la zona de su ingle,
succionando y dejando una marca ahí.
—¿Quieres
qué? —preguntó Nora en un susurro mientras se dirigía de nuevo a su
intimidad.
Zayn
por alguna razón, se sentía demasiado tímido para decirlo en voz
alta. Nora, al no recibir respuesta abrió la boca y mordió
suavemente su parte más sensible.
—Ah.
—gimió el chico, de dolor y de placer. Se le habían saltado
algunas lágrimas.
—Vamos... Sino te dejaré aquí atado —susurró ella rozando sus labios
contra la punta de su miembro. —, y no voy a hacer nada para bajar
esto. —añadió plantando un beso en su erección. —¿Quieres que
te viole? —repitió, como en el callejón, pero en este caso era
una situación más comprometedora, y Nora pensaba hacerlo de verdad.
—Sí.
—susurró el moreno con los ojos cerrados, dejándose llevar por el
placer.
Nora
abrió la boca y lentamente se lo metió en la boca. Iba metiéndolo
y sacándolo lentamente, enloqueciéndolo y sujetando las caderas del
chico para que no empujara buscando más profundidad.
—Vamos.
—suplicó frustrado, queriendo más. Pero Nora quería hacerlo
sufrir un poco más.
Con
su lengua empezó a dar vueltas sobre su punta, la zona más
sensible. Zayn gimió de placer. Necesitaba liberarse, no lo
soportaría mucho más. Pero Nora disfrutaba viéndolo así, su cara
de placer y frustración.
—Por
favor. —suplicó intentando otra vez buscar profundidad, pero era
inútil. Nora le sujetaba firmemente para que no obtuviera esa
profundidad.
Nora
seguía con su lenta tortura mientras Zayn dejaba de moverse, rendido
y sin fuerzas. Necesitaba explotar ya. Nora decidió que ya había
sufrido bastante y metió todo el miembro del chico en su boca,
sorprendiendo a Zayn, quien acto seguido gimió fuertemente. Nora
hacía movimientos rápidos, para que el chico llegara a su éxtasis, y finalmente, Nora se apartó antes de que eyaculara.
Zayn
respiraba agitadamente, sin ser capaz de mover un solo músculo.
Nora lo cubrió con la sábana y se tumbó a su lado.
—No
me dejes... —susurró el chico por última vez antes de quedarse
sumido en un profundo sueño.
—No
lo haré. —respondió la chica en un susurro antes de cerrar los
ojos.
FIN.


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