NO COPYRIGHT.
Se movió. El cuerpo entero le dolía, como si todos los huesos de éste estuvieran rotos. Hizo una mueca de dolor y se mordió el labio con fuerza, soltando un pequeño grito al hacerse daño. Abrió los ojos de golpe y se dio cuenta de algo: No estaba en el instituto, tirado en el suelo como esperaba. Y también se dio cuenta de otra cosa: No conocía este lugar. Unos pasos veloces se acercaron y tuvo miedo. ¿Dónde estaba? Una puerta se abrió de golpe y todo el miedo se esfumó.
—¿Qué pasa? —dijo rápidamente, y él negó con la cabeza colocando la mano sobre su labio herido. Suspiró y se acercó a él, sentándose a su lado. —¿Te has hecho daño? —preguntó, y él asintió con la cabeza, un tanto avergonzado de su torpeza.
Miró a su alrededor, era una habitación bastante simple, lo único que había era un armario y una cama, y vagamente se preguntó si esa era su habitación. —¿Qué hago aquí? —murmuró, mirándola.
—Creo que es bastante obvio. —respondió ella levantándose y yendo hacia una mesa, la cual no había visto hasta ahora, una mesa con un montón de cosas encima. Quizás por eso no se había dado cuenta de que eso era una mesa y no una montaña de objetos. Volvió hacia él con una bolsa de hielo y se la colocó sobre el labio. Estaba congelada. —Te dejaron inconsciente. —dijo, seriamente, y según le pareció escuchar, enfadada al nombrarlo o recordarlo. —Y te traje aquí.
—¿Es tu casa? —murmuró como pudo, ya que tenía la bolsa de hielo sobre su labio, siendo sujetada por la preciosa chica que tenía enfrente.
—Sí.
¿No creerás que vivo de ocupa? —dijo, y él se sonrojó
levemente. Pues no, la verdad era que no.
—¿Y tus padres? —preguntó, mirándola. Sujetaba la bolsa de hielo sobre su labio, y ni se había planteado que tal vez estaba intentando que él la sujetara. Colocó rápidamente la mano sobre la bolsa y la sujetó. —¿No están contigo? —preguntó.
—¿Y tus padres? —preguntó, mirándola. Sujetaba la bolsa de hielo sobre su labio, y ni se había planteado que tal vez estaba intentando que él la sujetara. Colocó rápidamente la mano sobre la bolsa y la sujetó. —¿No están contigo? —preguntó.
—Nunca
lo están. —respondió ella. —Vivo sola, a decir verdad.
—respondió, y pilló enseguida que ella quería evitar aquel
tema, por lo cual decidió acatar la orden, ya que la última vez,
gracias a su curiosidad, acabó llorando siendo ignorado por ella, y
después ayudado por ella. Realmente, no entendía su
comportamiento.
—Oh. —murmuró, moviéndose para incorporarse y haciendo una mueca de dolor.
—No te muevas mucho. —dijo ella. —No tienes ningún hueso roto, por suerte no te ha dado tan fuerte, pero será mejor que no te remuevas mucho.
Él asintió. Ya estaba sentado y sujetando la bolsa sobre su labio. Y estaba completamente seguro de que su estado en ese mismo momento daba lástima. —¿Cómo me has traído aquí? —preguntó. Ya que ella venía en autobús, y bueno, que él supiera no venían a recogerla, y estaba seguro de que no, no habían vuelto en autobús.
—En brazos. —dijo sin darle mucha importancia, y sus ojos se abrieron más de la cuenta. ¿Qué? Bueno, supongo que con lo de llevarlo "en brazos" se refería o a arrastrarlo o a llamar a alguien para que viniera a recogerla, y tal vez arrastrarlo o, cogerlo en brazos y meterlo en el coche.
—¿Llamaste a alguien para que viniera a recogerte? —preguntó. Porque dudaba mucho que lo hubiera llevado en brazos hasta donde fuera que estuvieran ahora mismo. Estaba seguro de que pesaba mucho, recordando las palabras de Louis, las cuales por algún motivo, no se le iban de la cabeza.
Ella negó con la cabeza, como si aquello fuera lo más normal del mundo. —No. —negó, y él se sonrojó al pensar en la escena. Él siendo llevado en brazos por su rescatadora por la calle. ¿Cómo es que ella lo había llevado hasta aquí? ¿Por qué? —Si quieres podemos saltarnos la clase de hoy. —dijo. —Pero no te acostumbres. —advirtió, con cierta diversión, lo cual causó que sonriera.
—¿Por qué me has traído aquí? —se atrevió a preguntar, con cierto miedo a recibir una patada dolorosa que acabara de destrozarlo por completo. Estaba seguro de que si respondía algo como "me dabas pena", acabaría matándolo.
—Nadie parecía tener la intención de ayudarte, todos se fueron después del espectáculo. —dijo.
—¿Lo viste? —preguntó él interrumpiéndola, y ella asintió con la cabeza, seria.
—Completo. —murmuró, como si estuviera en desacuerdo. Ella lo había visto, aunque no sabía de dónde exactamente, cuando no había logrado encontrar sus ojos en aquel círculo. —Y cuando todos se fueron, te cogí en brazos y te llevé aquí. —terminó de explicar.
Él se quedó en silencio, pensando en aquello. —¿Vives muy lejos del insti? —preguntó. Porque para haberlo llevado en brazos...
Ella puso los ojos en blanco, pensativa. —Un... Poco. —dijo. —¿Por qué? —preguntó, con un leve fruncimiento de ceño. Se sonrojó ante su pensamiento. Porque él no pesaba poco como para cargarlo hasta tan lejos. Aunque también podría ser que las palabras de Louis le hubieran afectado.
—Por nada. —murmuró. Ni loco le diría lo que estaba pensando. Pero ella algo sospechaba, pues aunque Zayn pensara que ella no le prestaba atención, era más observadora de lo que nadie sabía... Pero sólo con cierta persona y sin saber el por qué. Sin embargo; decidió mantener el secreto bajo llave, por el momento, y no decir nada más.
—¿Tienes hambre? —preguntó ella, cambiando relativamente de tema. Él negó con la cabeza. Por alguna razón, sentía su estómago completamente cerrado, como si no le entrara nada más, aunque no estuviera lleno. Podía decirse que estaba "bien".
—No, gracias. —murmuró, de repente tímido. Estaba en una casa en la cual no había estado nunca, con alguien a quien apenas conocía, y se sentía fuera de lugar. Jamás fue de los que se adaptaban con facilidad.
—¿Quieres ver la tele? —preguntó ella, casual. Ella no se sentía incómoda en absoluto. Él asintió con la cabeza. Por lo menos eso lo tendría entretenido. Pero el problema era que él no veía ninguna televisión por ahí, y... No estaría debajo de la gran montaña de objetos misteriosos, ¿verdad? —Si buscas la tele, no, no está ahí debajo. —dijo levantándose de la cama. —Está en el salón. —él se movió, haciendo una mueca de dolor y descubriendo que la pierna le dolía, mucho. Ahogó un grito y ella torció la boca.
—Tienes un esguince. —mencionó ella. —Debiste hacértelo cuando te tiró al suelo. —dijo ella acercándose más a él y colocando los brazos bajo su cuerpo. Él sintió sus mejillas arder y lo alzó en brazos, como si nada. Por instinto llevó las manos a su cuello para sujetarse. De acuerdo, la situación no era del todo normal, pero la pierna le dolía a horrores.
Anduvo hacia fuera de la habitación y de pronto estaban en el salón. Aquello tenía toda la pinta de ser un piso, y bastante simple y corriente, un poco vacío, y no muy acogedor. Lo dejó sobre el sofá y le regaló una tímida sonrisa, agradeciéndole el trayecto. Se sentía un niño enfermo y mimado, y la verdad era que no le desagradaba en absoluto la manera en la que lo mimaban, y quién era la que lo hacía.
Ella fue hacia una de las mesas y agarró una silla y el mando de lo que supuso que sería la televisión. —Bueno, no es una casa lujosa, aparte de que dudo que se acerque a lo presentable. —dijo ella sentándose en la silla. Él parpadeó y negó con la cabeza.
—Oh. —murmuró, moviéndose para incorporarse y haciendo una mueca de dolor.
—No te muevas mucho. —dijo ella. —No tienes ningún hueso roto, por suerte no te ha dado tan fuerte, pero será mejor que no te remuevas mucho.
Él asintió. Ya estaba sentado y sujetando la bolsa sobre su labio. Y estaba completamente seguro de que su estado en ese mismo momento daba lástima. —¿Cómo me has traído aquí? —preguntó. Ya que ella venía en autobús, y bueno, que él supiera no venían a recogerla, y estaba seguro de que no, no habían vuelto en autobús.
—En brazos. —dijo sin darle mucha importancia, y sus ojos se abrieron más de la cuenta. ¿Qué? Bueno, supongo que con lo de llevarlo "en brazos" se refería o a arrastrarlo o a llamar a alguien para que viniera a recogerla, y tal vez arrastrarlo o, cogerlo en brazos y meterlo en el coche.
—¿Llamaste a alguien para que viniera a recogerte? —preguntó. Porque dudaba mucho que lo hubiera llevado en brazos hasta donde fuera que estuvieran ahora mismo. Estaba seguro de que pesaba mucho, recordando las palabras de Louis, las cuales por algún motivo, no se le iban de la cabeza.
Ella negó con la cabeza, como si aquello fuera lo más normal del mundo. —No. —negó, y él se sonrojó al pensar en la escena. Él siendo llevado en brazos por su rescatadora por la calle. ¿Cómo es que ella lo había llevado hasta aquí? ¿Por qué? —Si quieres podemos saltarnos la clase de hoy. —dijo. —Pero no te acostumbres. —advirtió, con cierta diversión, lo cual causó que sonriera.
—¿Por qué me has traído aquí? —se atrevió a preguntar, con cierto miedo a recibir una patada dolorosa que acabara de destrozarlo por completo. Estaba seguro de que si respondía algo como "me dabas pena", acabaría matándolo.
—Nadie parecía tener la intención de ayudarte, todos se fueron después del espectáculo. —dijo.
—¿Lo viste? —preguntó él interrumpiéndola, y ella asintió con la cabeza, seria.
—Completo. —murmuró, como si estuviera en desacuerdo. Ella lo había visto, aunque no sabía de dónde exactamente, cuando no había logrado encontrar sus ojos en aquel círculo. —Y cuando todos se fueron, te cogí en brazos y te llevé aquí. —terminó de explicar.
Él se quedó en silencio, pensando en aquello. —¿Vives muy lejos del insti? —preguntó. Porque para haberlo llevado en brazos...
Ella puso los ojos en blanco, pensativa. —Un... Poco. —dijo. —¿Por qué? —preguntó, con un leve fruncimiento de ceño. Se sonrojó ante su pensamiento. Porque él no pesaba poco como para cargarlo hasta tan lejos. Aunque también podría ser que las palabras de Louis le hubieran afectado.
—Por nada. —murmuró. Ni loco le diría lo que estaba pensando. Pero ella algo sospechaba, pues aunque Zayn pensara que ella no le prestaba atención, era más observadora de lo que nadie sabía... Pero sólo con cierta persona y sin saber el por qué. Sin embargo; decidió mantener el secreto bajo llave, por el momento, y no decir nada más.
—¿Tienes hambre? —preguntó ella, cambiando relativamente de tema. Él negó con la cabeza. Por alguna razón, sentía su estómago completamente cerrado, como si no le entrara nada más, aunque no estuviera lleno. Podía decirse que estaba "bien".
—No, gracias. —murmuró, de repente tímido. Estaba en una casa en la cual no había estado nunca, con alguien a quien apenas conocía, y se sentía fuera de lugar. Jamás fue de los que se adaptaban con facilidad.
—¿Quieres ver la tele? —preguntó ella, casual. Ella no se sentía incómoda en absoluto. Él asintió con la cabeza. Por lo menos eso lo tendría entretenido. Pero el problema era que él no veía ninguna televisión por ahí, y... No estaría debajo de la gran montaña de objetos misteriosos, ¿verdad? —Si buscas la tele, no, no está ahí debajo. —dijo levantándose de la cama. —Está en el salón. —él se movió, haciendo una mueca de dolor y descubriendo que la pierna le dolía, mucho. Ahogó un grito y ella torció la boca.
—Tienes un esguince. —mencionó ella. —Debiste hacértelo cuando te tiró al suelo. —dijo ella acercándose más a él y colocando los brazos bajo su cuerpo. Él sintió sus mejillas arder y lo alzó en brazos, como si nada. Por instinto llevó las manos a su cuello para sujetarse. De acuerdo, la situación no era del todo normal, pero la pierna le dolía a horrores.
Anduvo hacia fuera de la habitación y de pronto estaban en el salón. Aquello tenía toda la pinta de ser un piso, y bastante simple y corriente, un poco vacío, y no muy acogedor. Lo dejó sobre el sofá y le regaló una tímida sonrisa, agradeciéndole el trayecto. Se sentía un niño enfermo y mimado, y la verdad era que no le desagradaba en absoluto la manera en la que lo mimaban, y quién era la que lo hacía.
Ella fue hacia una de las mesas y agarró una silla y el mando de lo que supuso que sería la televisión. —Bueno, no es una casa lujosa, aparte de que dudo que se acerque a lo presentable. —dijo ella sentándose en la silla. Él parpadeó y negó con la cabeza.
—Está
bien. —dijo rápidamente. Él vivía mejor, en un lugar humilde,
bonito, pero en una casa acogedora. Según lo que ella había dicho,
vivía sola, prácticamente.
—Por eso mismo prefería darte las clases en tu casa. Este lugar apesta. —dijo encendiendo la televisión, y la televisión se encendió. —Uou. —dijo, fingiendo asombro. —Normalmente tengo que darle unos golpes para que funcione. —dijo, y él rió levemente. La miró, sonreía, y tenía una sonrisa preciosa. Ojalá la viera más en ella. Estaba sentada en una silla, y él acaparando el sofá. Se movió, haciéndose daño, y ella giró la cabeza hacia él y la sonrisa se esfumó. —Hey. —llamó su atención y se levantó. —No te muevas, te vas a hacer daño, ¿que no lo ves? —lo regañó, sujetando su pierna con cuidado.
—No quiero que te sientes ahí. —murmuró incómodo.
Ella rodó los ojos. —Y yo quiero que te estés quieto y tengo que aguantarme. —dijo.
—No me siento bien estando yo estirado en el sofá y tú en una silla. —se quejó, y ella suspiró. De todos modos, él ya se había movido.
—Pero tienes que tener la pierna estirada. —dijo ella, en un tono neutro. —Y si yo me tengo que mover te tendré que mover a ti, así que no. —dijo, cogiendo su pierna con cuidado y girándolo. Le hizo daño, pero menos del que él se había hecho. Tal vez no fuera el primer herido con el que trataba.
—Siento que estorbo. —lo dijo sin pensar, y en voz alta, cuando iba para su cabeza y sólo para su cabeza. Sus mejillas enseguida tomaron un color rojo intenso.
—No estorbas. —dijo ella, a decir verdad, sorprendiéndolo un poco cuando esperaba un golpe aunque fuera pequeño —y tal vez levemente doloroso—. Normalmente, lo único que hacía era estorbar, por todos lados y sin querer. A veces desearía desaparecer y dejar de estorbar en este mundo. Suspiró y movió su pierna con cuidado. Se sentó a su lado y colocó la pierna de Zayn sobre su regazo. —¿Mejor así?
Él asintió y ella empezó a cambiar de canal. La televisión no era antigua, incluso era más moderna que la que tenían ellos en casa, tal vez la tecnología era lo único que no se quedaba atrás allí. Ahora que mencionaba su casa, tendría que mirar su móvil. Se movió y metió la mano en su bolsillo, agarrando su móvil. Por suerte, éste tenía una funda con tapa bastante resistente, que, posiblemente lo había salvado de ser roto en pedazos, al ser un móvil táctil. Desbloqueó la pantalla y vio que no tenía nada, ni una notificación. Supongo que ni Harry ni Liam se habían preocupado por él, ¿no? Y sin embargo, Noa Wilson, la mismísima chica mala del instituto, a la que por alguna razón misteriosa todo el mundo respetaba, lo había traído en brazos hasta su casa y había curado sus heridas, y ahora, estaba sentada a su lado mirando la televisión. Curioso, hasta una desconocida se preocupaba más por él que sus propios amigos.
Fingió que miraba algo, entró en WhatsApp y miró los contactos de Liam y Harry, ninguno de los dos se había conectado desde esta mañana, lo cual indicaba que no habían usado todavía sus teléfonos, y eso en parte lo relajó. Quizás sus padres los habían obligado a terminar los deberes antes, lo cual no entendía, porque ellos dos eran muy responsables, al contrario que él. Miró la hora, eran las cuatro. Sus padres regresaban a las ocho, así que a esa hora le convenía estar en casa.
Algo sonó, una melodía conocida, Zayn había escuchado esa canción por la radio, una que, si no iba mal, se llamaba "Habits", aunque también tenía el nombre de "Stay High", de Tove Lo. Le encantaba esa canción sin saber el por qué. Ella se movió con cuidado y agarró su teléfono, contestando en seguida con un:
—Espera.
Se movió con cuidado y se levantó, todo el ambiente se volvió tenso de golpe, y ella se volvió seria. Desearía saber quién la llamaba ahora y por qué había causado aquel comportamiento. Anduvo hasta una especie de umbral y ya no escuchó nada más. Pero él quería hacerlo, él quería saber... De no haber estado en aquellas condiciones se habría levantado a escuchar a escondidas. Cómo odiaba que no fuera como la cocina de su casa, en la que se escuchaba absolutamente todo.
Tardó como unos diez minutos en regresar, diez minutos en los que Zayn estuvo pensando en qué estaría hablando con el llamante misterioso, y si sería algo bueno, algo malo, algo neutro... Problemas... Alguien non grato... Simplemente quería saberlo.
—¿Quién era? —lo preguntó, esperando una patada, y ésta vez, lo que esperaba llegó.
—No te importa. —y ahí estaba otra vez. Suspiró y simplemente siguió mirando la televisión en silencio. Y ella se sentó en la silla donde estaba sentada antes, acto que hizo que quisiera salir corriendo e irse a su casa, porque estaba incómodo, no se sentía nada bien ahí, en esas condiciones y con ese ambiente.
La miró de reojo. Ella parecía mirar cosas en su móvil, concentrada. Pasaba de él olímpicamente, y él tendría que fingir estar interesado en lo que fuera que estuvieran dando, porque realmente no sabía lo que era, y lo encontraba aburrido. Ver cómo las personas empezaban a gritarse entre ellas para ver quién tenía razón, aunque estuvieran discutiendo por una completa estupidez, lo estresaba bastante.
—Por eso mismo prefería darte las clases en tu casa. Este lugar apesta. —dijo encendiendo la televisión, y la televisión se encendió. —Uou. —dijo, fingiendo asombro. —Normalmente tengo que darle unos golpes para que funcione. —dijo, y él rió levemente. La miró, sonreía, y tenía una sonrisa preciosa. Ojalá la viera más en ella. Estaba sentada en una silla, y él acaparando el sofá. Se movió, haciéndose daño, y ella giró la cabeza hacia él y la sonrisa se esfumó. —Hey. —llamó su atención y se levantó. —No te muevas, te vas a hacer daño, ¿que no lo ves? —lo regañó, sujetando su pierna con cuidado.
—No quiero que te sientes ahí. —murmuró incómodo.
Ella rodó los ojos. —Y yo quiero que te estés quieto y tengo que aguantarme. —dijo.
—No me siento bien estando yo estirado en el sofá y tú en una silla. —se quejó, y ella suspiró. De todos modos, él ya se había movido.
—Pero tienes que tener la pierna estirada. —dijo ella, en un tono neutro. —Y si yo me tengo que mover te tendré que mover a ti, así que no. —dijo, cogiendo su pierna con cuidado y girándolo. Le hizo daño, pero menos del que él se había hecho. Tal vez no fuera el primer herido con el que trataba.
—Siento que estorbo. —lo dijo sin pensar, y en voz alta, cuando iba para su cabeza y sólo para su cabeza. Sus mejillas enseguida tomaron un color rojo intenso.
—No estorbas. —dijo ella, a decir verdad, sorprendiéndolo un poco cuando esperaba un golpe aunque fuera pequeño —y tal vez levemente doloroso—. Normalmente, lo único que hacía era estorbar, por todos lados y sin querer. A veces desearía desaparecer y dejar de estorbar en este mundo. Suspiró y movió su pierna con cuidado. Se sentó a su lado y colocó la pierna de Zayn sobre su regazo. —¿Mejor así?
Él asintió y ella empezó a cambiar de canal. La televisión no era antigua, incluso era más moderna que la que tenían ellos en casa, tal vez la tecnología era lo único que no se quedaba atrás allí. Ahora que mencionaba su casa, tendría que mirar su móvil. Se movió y metió la mano en su bolsillo, agarrando su móvil. Por suerte, éste tenía una funda con tapa bastante resistente, que, posiblemente lo había salvado de ser roto en pedazos, al ser un móvil táctil. Desbloqueó la pantalla y vio que no tenía nada, ni una notificación. Supongo que ni Harry ni Liam se habían preocupado por él, ¿no? Y sin embargo, Noa Wilson, la mismísima chica mala del instituto, a la que por alguna razón misteriosa todo el mundo respetaba, lo había traído en brazos hasta su casa y había curado sus heridas, y ahora, estaba sentada a su lado mirando la televisión. Curioso, hasta una desconocida se preocupaba más por él que sus propios amigos.
Fingió que miraba algo, entró en WhatsApp y miró los contactos de Liam y Harry, ninguno de los dos se había conectado desde esta mañana, lo cual indicaba que no habían usado todavía sus teléfonos, y eso en parte lo relajó. Quizás sus padres los habían obligado a terminar los deberes antes, lo cual no entendía, porque ellos dos eran muy responsables, al contrario que él. Miró la hora, eran las cuatro. Sus padres regresaban a las ocho, así que a esa hora le convenía estar en casa.
Algo sonó, una melodía conocida, Zayn había escuchado esa canción por la radio, una que, si no iba mal, se llamaba "Habits", aunque también tenía el nombre de "Stay High", de Tove Lo. Le encantaba esa canción sin saber el por qué. Ella se movió con cuidado y agarró su teléfono, contestando en seguida con un:
—Espera.
Se movió con cuidado y se levantó, todo el ambiente se volvió tenso de golpe, y ella se volvió seria. Desearía saber quién la llamaba ahora y por qué había causado aquel comportamiento. Anduvo hasta una especie de umbral y ya no escuchó nada más. Pero él quería hacerlo, él quería saber... De no haber estado en aquellas condiciones se habría levantado a escuchar a escondidas. Cómo odiaba que no fuera como la cocina de su casa, en la que se escuchaba absolutamente todo.
Tardó como unos diez minutos en regresar, diez minutos en los que Zayn estuvo pensando en qué estaría hablando con el llamante misterioso, y si sería algo bueno, algo malo, algo neutro... Problemas... Alguien non grato... Simplemente quería saberlo.
—¿Quién era? —lo preguntó, esperando una patada, y ésta vez, lo que esperaba llegó.
—No te importa. —y ahí estaba otra vez. Suspiró y simplemente siguió mirando la televisión en silencio. Y ella se sentó en la silla donde estaba sentada antes, acto que hizo que quisiera salir corriendo e irse a su casa, porque estaba incómodo, no se sentía nada bien ahí, en esas condiciones y con ese ambiente.
La miró de reojo. Ella parecía mirar cosas en su móvil, concentrada. Pasaba de él olímpicamente, y él tendría que fingir estar interesado en lo que fuera que estuvieran dando, porque realmente no sabía lo que era, y lo encontraba aburrido. Ver cómo las personas empezaban a gritarse entre ellas para ver quién tenía razón, aunque estuvieran discutiendo por una completa estupidez, lo estresaba bastante.
—¿Puedes
quitar eso? —preguntó lo más dulcemente que pudo, probando si su
estado de ánimo había mejorado. Porque tal vez, dependiendo de su
humor, era capaz de lanzarle el mando a distancia a la cabeza, y él
no quería eso. Su vista dejó el móvil y se fijó en él.
—¿Qué quieres ver? —preguntó. Bueno, al menos había sido una frase pronunciada con voz neutra, no amable, pero tampoco borde. Iba progresando. Aunque ahora no sabía qué responder.
—Hum... No lo sé. —murmuró, y ella se levantó y le ofreció el mando.
—A veces se atasca. —informó. —Le das unos golpecitos y se arregla. —él parpadeó. Vale...
[Bueeno, como es sábado, aquí tenéis el capi. El capi 7 no llegó a +5, así que supongo que... No más maratón u.u Cuando el 7 y este lleguen a +5 subiré otro, wut sino hasta el martes. Me exaspera tener lector@s fantasma hasta aquí, en serio :/]
—¿Qué quieres ver? —preguntó. Bueno, al menos había sido una frase pronunciada con voz neutra, no amable, pero tampoco borde. Iba progresando. Aunque ahora no sabía qué responder.
—Hum... No lo sé. —murmuró, y ella se levantó y le ofreció el mando.
—A veces se atasca. —informó. —Le das unos golpecitos y se arregla. —él parpadeó. Vale...
[Bueeno, como es sábado, aquí tenéis el capi. El capi 7 no llegó a +5, así que supongo que... No más maratón u.u Cuando el 7 y este lleguen a +5 subiré otro, wut sino hasta el martes. Me exaspera tener lector@s fantasma hasta aquí, en serio :/]



Siguela si que vas rápido estoy esperando a que llegues al capítulo 29 :D me encanta tu novela
ResponderEliminarSIGULA PORFII :D
ResponderEliminartienes que seguirla andale:)
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