martes, 21 de julio de 2015

La chica nueva | Zayn Malik - Capitulo 5


Autora: Sandra M.P.

NO COPYRIGHT.

Realmente tuvo que resistirse a no preguntar más, pero tampoco es que le gustara demasiado la idea de que le mandaran a la mierda aunque fuera indirectamente, y prefería no preguntar a que simplemente le contestara, no con una respuesta y mandándolo a la mierda indirectamente.
—¿Y cuándo miraremos lo de las canciones? —se atrevió a preguntar. Ella se encogió de hombros. Realmente parecía no importarle mucho lo de hacer el trabajo, pero no le diría: "¿Qué tal si no lo hacemos?", no, porque el hecho de hacer el trabajo significaba una oportunidad para poder estar cerca de ella. Y obviamente, no iba a desperdiciarla.

—Podríamos mirarlo desde casa y hablar por teléfono, o por donde quieras. —dijo ella, desinteresada. Aquel comportamiento no le agradaba mucho, pero tampoco podía quejarse. Por lo menos, ella se dignaba a hablar con alguien, y ese alguien era él, por lo cual debería estar feliz y dar saltos de alegría, claro está, internamente, pues no se trataba de asustar a nadie con un comportamiento extraño.

—¿Tienes WhatsApp? —lo preguntó sin pensárselo realmente, la pregunta tendría que haber ido como un fax directa al cerebro, pero no, de la boca se escapó sin que el cerebro llegara a dar la orden de que hablara. Rezó para que el color no llegara a sus mejillas, y para su desgracia, no lo logró. Creyó ver una pequeña sonrisa, un leve tirón en la comisura de sus labios.

—Sí. —respondió ella, metiendo la mano en su bolsillo y sacando un bolígrafo. —Deja, te lo apunto.

Por inercia, él alzó el brazo, sus manos heladas a causa del frío se posaron sobre la piel de su brazo, y un hormigueo entero recorrió su cuerpo. Sus manos eran suaves, y le daba igual que estuvieran congeladas, hacían contraste con el calor que irradiaba su cuerpo en ese momento. Sintió la punta del bolígrafo sobre su piel y miró sus manos sujetando su brazo. Era la primera chica a la que tenía tan cerca, y aquello le ponía nervioso, porque era como una primera vez, pero lo hacía sentir bien, el hecho de que fuera ella, mejor que nunca.

—Ya. —dijo, apretando el pequeño botoncito del bolígrafo y guardándolo de nuevo en su bolsillo. El chico miró su brazo, los números eran redondos y pequeños, tenía una letra bonita, de chica. Él sonrió y la miró.

—Te hablaré. —dijo, orgulloso al no haber tartamudeado y haber hablado con un tono de voz relativamente normal a cuando hablaba normalmente a desconocidos o alguien que no fuera familiar, Harry o Liam.

Ella asintió con la cabeza, y siguió sin ver ningún rastro de emoción en su rostro, lo cual en parte le hacía sentir un tanto decaído. Pero al fin y al cabo, no estaba para quejarse. —De acuerdo. —dijo ella levantándose. Él se quedó en el suelo y la miró desde abajo. —De mientras podemos ver qué pasos podríamos usar.

Él torció la cabeza. Él no sabía bailar, lo cual suponía un problema bastante grave. —Hum... Sí. —respondió simplemente. Probablemente, si decía que no sabía bailar lo tomaría por más inútil de lo que ya era, y la idea no era favorable. De todos modos, ya se lo había dicho antes, aunque parecía no recordarlo. Una música sonó desde la parte izquierda del pabellón y giró la cabeza, donde Taylor y sus amigas estaban practicando unos pasos de baile bastante provocativos. Volvió a mirar hacia ella y se sorprendió, bailaba de una manera distinta a las demás, pero los movimientos eran firmes y fluían perfectamente con aquella melodía, la cual desconocía, pero era agradable. Sin darse cuenta, su boca cayó abierta al descubrir que Noa Wilson era una excelente bailarina.

Y cuando la canción terminó, ella dejó de bailar, y posó su mirada en Zayn por primera vez desde que la música empezó. Y entonces mostró una media sonrisa que hizo a Zayn desfallecer. —Cierra la boca, que te entrarán moscas. —dijo con cierta diversión, y él lo hizo, un tanto avergonzado.

—Se te da bien, no tendrías que haberlo dejado. —murmuró, sin que el rojo intenso abandonara sus mejillas. Ella se sentó de nuevo frente a él y miró hacia las chicas que ahora, no estaban bailando, sino que estaban hablando en círculo, de pie.

—Tenía que hacerlo, no tenía tiempo para el baile. —dijo ella, y el corazón de Zayn se encogió. Él quería saber más, de su vida, de sus padres, quería saber cada detalle de todo viniendo de ella.

—¿Por qué? —preguntó, y entonces fue como si la burbuja estallara en ese momento, "plop". Su mirada cambió en un abrir y cerrar de ojos y respondió:

—No te importa. —la frialdad volvió a su voz, sus ojos volvieron a ser igual de oscuros, igual de fríos, y ella volvió a ser el iceberg de siempre. Parpadeó ante aquello, sin saber muy bien qué acababa de pasar, y se hundió en el suelo, apartando la mirada y fijándola en el suelo.

—Yo no quería... —y antes de que terminara de hablar, ella ya se había levantado. Se levantó y fue tras ella. —Noa. —la llamó, y al ir a tocar su brazo ésta lo apartó de golpe.

—Déjame en paz, no te acerques a mí. —advirtió, haciéndole tragar saliva y que por poco sus piernas empezaran a temblar ante aquel tono amenazante.

—P-pero... —tartamudeó, queriendo que no fuera así, que volviera la chica de antes. No podía ser que la única persona que no lo había mirado con burla o asco ahora lo apartara de aquel modo.

—No. —negó, con una voz que le heló los huesos. Y entonces dio media vuelta y fue hacia las gradas, dejándolo ahí de pie, de piedra. Miró hacia el lado donde estaban sus compañeros y se fijó en que lo estaban mirando, algunos. Apretó los puños al sentir cómo otra vez sus ojos se humedecían y corrió hacia arriba. Odiaba que sus ojos se llenaran de lágrimas a la mínima, odiaba ser tan débil.

—Zayn Malik, no puedes abandonar mi clase. —escuchó la voz de Sam, la cual ignoró, y subió, y se encerró en el vestuario.

Se encerró en uno de los cubículos, bajó la tapa del wáter y apoyó los codos en sus rodillas, cubriéndose la cara con las manos. Y aquí estaba ahora, todo volvía a ser como siempre. Todos los de su clase le repudiaban, incluida ella, la única persona que pasaba de él, y ahora no es que pasara, es que lo había apartado, lo había repudiado, como todos. Tuvo una cierta esperanza de escuchar su voz llamarlo: "¿Zayn?", quería escuchar un: "Zayn, lamento haber hecho eso. ¿Estás bien?", quería que él dijera que no abriría la puerta, que ella insistiera y que finalmente la abriera, la dejara pasar y lo abrazara. Pero no, nada de eso ocurrió. Como siempre, nadie acudió a él dejándole el hombro para llorar en éste, simplemente permaneció dentro de aquel cubículo, solo, hasta que cesó de llorar. Por lo menos, no era un llanto, sino lágrimas silenciosas. Se limpió las lágrimas con la manga y salió del cubículo, mirándose al espejo. Tenía los ojos un tanto rojos, se notaba que había llorado. Abrió el grifo y cogió agua con las manos, mojándose la cara con agua fría, pero al fin y al cabo ahí no había agua caliente o templada, sólo en las duchas y para tu bien, debías ducharte rápido o te fundías ahí dentro. Era agua o muy fría o muy caliente.

Volvió a mirarse al espejo. Ahora ya no se notaba, como si nada hubiera pasado. Empezó a escuchar los pasos de la multitud, por lo cual supo en seguida que ya subían todos a ducharse, o a cambiarse, ya que no habían hecho nada para sudar. Y entonces los chicos empezaron a entrar, hablando entre ellos. Anduvo hasta su banco y empezó a quitarse la ropa para cambiarse. Se quitó los zapatos, los pantalones y la camiseta, y después abrió la taquilla. Agarró su maleta y la abrió. Se tensó y empezó a preocuparse, sudaba frío. Su ropa no estaba ahí.

—Hey, Milk, ¿buscas tu ropa? —se dio la vuelta y vio a Louis cruzado de brazos con una sonrisa burlona en la cara.

—Devuélvemela. —le dijo, y Louis negó divertido. Zayn se mordió los labios y volvió a girarse para ponerse de nuevo su ropa de chándal. Tendría que ir con eso todo el día, pero mejor eso que nada, supongo. Pero su chándal ya no estaba sobre el banco. Tragó saliva y se giró de nuevo. Louis agitaba el chándal juguetonamente en su mano, mirándolo con burla.
—¿Buscas esto, no? —le dijo.

—Louis. —pidió. —Devuélvemelo.

—¿Cómo se pide? —dijo, demasiado divertido con aquella situación. Odiaba que Louis fuera tan vengativo, estúpido y egocéntrico. Se creía el rey del mundo, y que como tal podía hacer lo que a él le diera la gana. ¿Y lo peor? Louis Tomlinson era el rey del instituto, amado por todos, tanto profesores como alumnos, a excepción de Zayn. Él muchas veces se había preguntado: ¿Por qué? ¿Por qué él era la única persona que recibía? Louis Tomlinson era amable y cortés con todo el mundo, excepto con él.

—Por favor. —pidió avergonzado.

—Huummm... —se lo pensó, o hizo como que lo hacía. —No. —negó. Hizo un gesto y lo agarraron de los brazos antes de que él se lo viniera siquiera venir. Se removió. —¿Sabes? Aparte de vestir mal, ser estúpido y no tener amigos, estás gordo. —y aquello le dolió. No estaba muy en forma, odiaba hacer ejercicio y amaba comer, y aquello al parecer, le había cobrado factura. Su madre se lo decía a veces: "Vas a engordar y no pasarás por la puerta", claro que no se lo tomó realmente en serio.

—Soltadme. —dijo, removiéndose para soltarse. Empezaron a empujarlo hacia fuera del vestuario y se alarmó. —¡No! —exclamó, al ver que intentaban quitarle la única prenda que cubría su cuerpo a parte de sus calcetines. —¡Basta! —uno de los chicos que lo empujaban abrió la puerta del vestuario de las chicas y de un empujón, lo tiraron dentro, de cabeza.

—¡Aaaaaah! —escuchó un chillido agudo. Se alarmó e intentó ir hacia atrás y abrir la puerta para volver a salir, pero ésta no se abría.

—¡Malik está dentro! —escuchó otra voz y algo impactó contra su cabeza. No sabía lo que era, un bote, tal vez champú o gel. Se sobó la cabeza y se la cubrió con el brazo.

—No, esperad. —intentó detenerlas al ver que le lanzaban más cosas.

—¡Pervertido! —le gritó, Taylor, supuso. —¡Estás tan desesperado que ya no sabes qué hacer! —aquello impactó contra su corazón como una daga, le dolió. No estaba desesperado, pero sí que era verdad que le dolía el hecho de ser inexperto en según qué temas.

—¡No he entrado yo! —gritó en su defensa, sin dejar de cubrirse. Los proyectiles no cesaban.

—Basta. —pronunció alguien con severidad, y entonces todos los proyectiles cesaron. Movió levemente su brazo y miró la escena, para ver qué sucedía. Ella estaba de pie, iba en ropa interior, una ropa interior distinta a la de todas las demás, que iban en tanga o bragas pequeñas, y no es que se hubiera fijado mucho, pues no tenía agallas a quedarse mirando fijamente todo el rato, sin embargo, y sin quererlo, su mirada permaneció fija sobre ella, todo el tiempo, la cual iba simplemente con un sujetador negro y unos boxers, sí, boxers, por eso su ropa era distinta a la de las demás. Se acercó a él, iba en ropa interior y parecía no incomodarle, claro que él estaba completamente desnudo. Ella alzó su mano y fue entonces cuando se dio cuenta de que tenía una toalla. La agarró y se cubrió, para después levantarse del suelo. —Seguid vistiéndoos. —dijo ella seriamente, mientras volvía a los bancos y agarraba una mochila negra. Él se quedó estático en el lugar, mirándola. Sus piernas eran morenas y largas, ella era delgada, de abdomen plano, buen cuerpo, uno admirable, sin duda, y no lo decía porque hubiera visto muchos, sino porque la encontraba realmente atractiva. Volvió andando hacia él con la bolsa en la mano y se metió en el cubículo más grande, que era para inválidos. —Entra. —dijo haciéndole un gesto. Y él obedeció sin decir nada.

La chica cerró con pestillo y dejó la mochila sobre el wáter. —Gracias... —murmuró, mirando al suelo. De repente no tenía valor para mirarla.

—Supongo que te han empujado dentro, ¿no? —dijo, y él asintió, alzando la cabeza, pero sin mirarla, miraba la pared. —¿Louis?

—Sí. —murmuró rascando su brazo.

—Puedes mirarme cuando te hablo. —dijo ella, y él, con las mejillas rojas lo hizo, posando la mirada en sus ojos, sin dirigirla a ningún otro lugar. —¿Alguna vez te has acostado con alguien? —aquella pregunta lo pilló por sorpresa, y sería vergonzoso decir la verdad, que era claramente un "no".

—Sí. —mintió, y ella ladeó la cabeza.

—¿Cuántas? —preguntó. Los ojos casi se le salen de las órbitas. ¿De verdad le estaba preguntando eso? ¿Ella era incapaz de responder a una pregunta casual y quería que le respondiera a tales preguntas personales?

—¿No me respondes preguntas casuales y esperas que te responda a eso? —dijo, con cierto enfado. Ella se encogió de hombros y se giró, abriendo su mochila y cogiendo unos pantalones estrechos.

—Por lo menos yo no te he mentido en ninguna de las preguntas. —dijo, y su boca cayó abierta. ¿Cómo sabía eso?

—No te estoy mintiendo. —mintió de nuevo, y ella rió mientras se ponía los pantalones, y cuando se los abrochó dijo:

—Sé cuando alguien me miente.


[Heeey, bbys. Bueno, como tuve +3 en el cap anterior y me gustó el comentario de Anna, pues... He decidido hacer maratón. Why not? ¿Qué os parece si +5 para el próximo? De momento, maratón indefinido :D Y otra cosa: ¿Podéis ir abajo del todo en la página y añadiros como miembros? El botón azul, bbys, me gustaría saber que estáis ahí. Espero que os haya gustado y... Nos vemos en el +5 :3]

4 comentarios:

  1. aahh si *llora* maraton para todos yei!!! nesecito un pañuelo*se limpia las lagimas* WOW ya estoy bien.

    ResponderEliminar
  2. ¿Soy la única con ganas de pegarle una bofetada bien dada a Louis? Me daría pena, pero es que... arrgh, odio los 'matones'

    ResponderEliminar

Flying Angel HeartFlying Angel HeartFlying Angel HeartFlying Angel Heart Flying Angel HeartFlying Angel HeartFlying Angel Heart