Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT. | SMUT | Violencia | Abusos | Violaciones
—¿Me has llamado? —dije abriendo la puerta. Sí, lo sabía, era una estupidez entrar preguntando eso cuando la respuesta era obvia, pero fue algo que me salió solo.
—Entra y cierra. —Harry sonaba cortante. Oh, mierda... Se habrá enterado de... ¿La llamada?
—¿Qué pasa? —estaba nervioso y las piernas me temblaban como flanes. Se levantó de la silla y empezó a venir hacia mí. Me eché hacia atrás en un acto reflejo, y él rió.
—¿Desde cuándo me temes, Louis? —dijo. Tragué saliva y me apoyé en la puerta. Él seguía acercándose, y quedó delante de mí, apoyando sus manos a cada lado de mi cabeza, acorralándome.
—N-no te temo. —dije. Él rió.
—¿Ah, no? ¿Tienes frío entonces? —se burló.
—¿Qué quieres? —intenté ser cortante y que el miedo en mi voz no se notara.
Él medio-sonrió. —No sabía que te iban las pollas, Tommo, pensé que era una broma. —dijo burlón. Parpadeé. ¿Para qué coño iba a bromear con eso?
—¿Parecía que bromeaba, Harry? —dije.
Él medio-sonrió. —Louis, Louis, Louis... —dijo en un tono de diversión. ¿Qué le divertía tanto? —No puedes enamorarte de mí. —dijo acariciando mi mejilla. Aguanté la respiración al sentir su suave mano acariciarme delicadamente, como si fuera a romperme. ¿Que no podía? Era algo tarde para la advertencia.
Él rió. —Para ello necesito corazón... —dijo, acercándose a mi cuello. Me puse tenso. ¿Qué demonios hacía? Acarició la piel de mi cuello con su nariz. —Esto es lo único que puedo darte, Louis... —susurró en mi cuello. —Mi cuerpo.
Mi cerebro colapsó al escuchar eso. Espera, espera, espera. ¿Mi cuerpo? ¿Harry se estaba entregando a mí? ¿Cómo? ¿Qué era esto?, ¿una especie de broma? —No juegues conmigo. —susurré. Él me miró con el ceño fruncido.
—No estoy jugando, Louis. —me dijo Harry. No había rastro de burla en su rostro.
—¿Y... Y Zayn? —pregunté, con cierto temor. Él torció la cabeza, y una chispa de oscuridad cruzó por sus ojos.
—¿Qué? —dijo indiferente. Él era su esclavo sexual, su prisionero. ¿Qué pasaría con él?
—¿Qué pasará con él? —pregunté, y él me entrecerró los ojos.
—¿Te gusta? —dijo. ¡Qué? ¡No!
—No. —negué. Por Dios, a ver, no estaba mal, pero él no era gay, y además, Leah y él eran perfectos juntos.
Él medio-sonrió. —¿Entonces?
—Es tu prisionero, ¿recuerdas? Lo violas cada noche, y no eres el único. ¿Seguirás haciéndolo mientras estás conmigo? —dije, y él rió.
—No te estoy pidiendo que seas mi novio ni te cases conmigo, Louis. —dijo él, burlándose. Parpadeé. Ya, pero... A ver, supuse que en su lenguaje, "entregarse a mí" sería algo parecido a "mi novio", vamos, con cierta fidelidad. Así que... ¿Lo había entendido mal?
—¿Entonces qué quieres? ¿Follarnos a los dos a la vez? —dije con ironía.
Él sonrió. —Exactamente. Y si quieres... Algún día podemos hacer un trío... Siempre quise probarlo. —lo abofeteé sin controlar mi fuerza, y él quedó con la cara girada, y la palma de mi mano marcada en su mejilla, pero no me arrepentía, para nada.
—Vete a la mierda, Styles. —lo empujé y salí de ahí dando un portazo. ¡Pero quién coño se creía que era?
Louis deja de narrar.
¿Para qué me había citado Liam? Y además a estas horas. Eran la una de la madrugada. ¡Sí, la una de la madrugada, y yo en un coche camino a casa de Liam!
—Más te vale que sea importante, Payne. —dije entre dientes mientras aparcaba. Salí del coche y subí arriba.
Llamé al timbre. Me abrió un Liam en pijama y con los ojos rojos. Todo mi enfado desapareció al verlo así.
—Niall. —dijo él, lanzándose a mis brazos, antes de que me dejara entrar.
—Liam... ¿Qué pasa? ¿Qué está mal? —dije preocupado. Él sollozó y se separó de mí, yendo hacia el sofá. Cerré la puerta de entrada y lo imité.
—Ed... —dijo con la voz quebrada. Cerré mis manos en puño. Ed... El imbécil de Ed. Por fin tendría un motivo para partirle la cara.
—¿Qué ha hecho? —dije enfadado. Liam sollozó y negó con la cabeza. Lo abracé y él hundió su cara en mi cuello. Olisqueé su pelo. Liam... Mi Liam... Qué bien hueles. Odiaba verle llorar, y más si era por un idiota. Y ese idiota tenía nombre.
—Es un idiota. —dijo con la voz quebrada.
—Dime algo que no sepa, Liam. —dije yo. Eso ya lo sabía, ¿pero qué había pasado? ¿Le había hecho algo? ¿Lo había engañado?
—Me ha engañado, Niall. —dijo rompiendo en llanto de nuevo. La sangre subió a mi cabeza, y la temperatura de mi cuerpo aumentó.
—Él no tiene ni puta idea de lo que se pierde. —le dije, y él sorbió su nariz.
—Gracias por estar conmigo, Niall. —dijo sorbiendo su nariz. —He sido un idiota.
Sonreí y acaricié su mejilla. —Eso ya lo sabía desde un principio. —él bufó y apartó mi mano, reí. —Liam, estaré contigo pase lo que pase. —dije agarrando su mano y entrelazando nuestros dedos.
Él sonrió débilmente. —Gracias, Nialler.
Leah:
Vivir esperando a que suene el móvil. A partir de ahora viviría así. No iría a trabajar, recibiría llamadas constantes de mi padre, para comprobar que estaba bien, preguntando qué me pasaba, yo respondería que "nada", y así, siempre. Era lo que pasaría, lo presentía, lo sabía.
Zayn:
La puerta se abrió, y yo alcé la vista. No... Otra vez no. Tú no. Me sonrió al tiempo que venía hacia mí, podía ver el bulto de su pantalón, venía "listo" para ello. Bajé la mirada, abatido. No servía de nada resistirse.
—¿De qué sirve luchar? Vas a hacerlo de todos modos. —dije. Escuché su risa.
—Tienes toda la razón. —dijo. Ya lo tenía delante de mí, veía su miembro, erecto frente mi cara. —Ya sabes lo que tienes que hacer. —dijo. Sí. Abrí mi boca y él lo introdujo bruscamente, llenándome hasta la garganta. Repugnante, totalmente repugnante. Era tan... Horrible. Tan solo quería que esto terminara... Tan solo... Que me sacaran de aquí... ¿Era tanto pedir? Que me dejaran libre. No los denunciaría, no los delataría, no diría nada. Tan solo quería verla una vez más, tenerla conmigo... Sólo eso. Gruñó, y lo sacó de mi boca, para introducirlo de nuevo bruscamente.
—¿Qué coño hacías, Ed? —vino hacia nosotros, amenazadoramente.
—Y-yo... Yo... —se quedó mudo, sin habla. Harry lo agarró del cuello, y el pelirrojo empezó a temblar.
—Nadie toca lo que es mío. —dijo lentamente, con una voz amenazadora. Ed asintió efusivamente con la cabeza. —¿Y bien? —dijo. Su voz desprendía cólera, y hacía temblar a cualquiera que lo escuchara.
—N-no volverá a pasar. —dijo con la voz temblorosa. Las manos de Harry empezaron a estrangularlo, lo supe cuando vi sus nudillos, blancos a causa de la presión. —¡Lo juro! —gritó, con miedo. Harry lo soltó bruscamente y me miró. Vino hacia mí y me alzó del cuello, yo me agarré a sus manos para no morir estrangulado, intentando aguantarme.
—¿Y tú? ¿No eras mi perra, eh? —dijo, yo empecé a temblar. Temblaba ante él, ante su mirada rabiosa, su voz, su fuerza. —¡Eh!
—Sí. —afirmé, gritando, por miedo.
—¿Y qué coño hacías, eh? —dijo amenazadoramente y con cierta burla. —¿Qué hacía mi perra comiéndole la polla a otro, eh?
Ahí no pude evitarlo, me eché a llorar, aterrado, asustado. Como un perro asustado. Él no me soltó. —Él... Él me obligó. —dije como pude, entre sollozos. Me soltó de golpe y caí, por suerte, en la cama. Agarró a Ed del cuello y lo estampó contra la pared.
—Vaya... Así que lo estabas violando. ¿Te tiene miedo, Ed? —dijo. Ed tragó saliva.
—Responde. —ordenó.
—Sí. —afirmó Ed, temblando.
Silencio. Y finalmente Harry sonrió. ¿Qué? —Me sorprendes, Ed. Bien hecho. —lo felicitó. ¡Lo felicitó!
—¿Q-qué? —dijo, aterrado y confundido.
Harry lo soltó en el suelo y le dio una palmada en la espalda. —Le has echado huevos, Sheeran. Compartiremos perra, ¿qué te parece? —dijo. No. No. ¡No! Harry apenas me tocaba. Ya no. Y Ed sólo venía pocas veces, cuando Harry estaba fuera, por miedo a que lo pillaran. Harry era mi salvación... Y ahora... Ahora... Las lágrimas salían sin descontrol, pero no sollozaba.
—¿Vas en serio? —dijo Ed, sin creérselo.
Harry asintió con una sonrisa. —Adelante, quiero ver cómo la tratas. —dijo mirándome con burla, con superioridad, como el amo del perro maltratado, como quien lleva el mando, tiene el poder. Tenía todo el poder sobre mí.
Harry
me había llamado. ¿Por qué? Ni idea. Pero era raro, porque él
nunca me llamaba, siempre llamaba a Justin, o a Ed, que eran su mano
derecha e izquierda, y yo... Pues no sé.
—¿Me has llamado? —dije abriendo la puerta. Sí, lo sabía, era una estupidez entrar preguntando eso cuando la respuesta era obvia, pero fue algo que me salió solo.
—Entra y cierra. —Harry sonaba cortante. Oh, mierda... Se habrá enterado de... ¿La llamada?
—¿Qué pasa? —estaba nervioso y las piernas me temblaban como flanes. Se levantó de la silla y empezó a venir hacia mí. Me eché hacia atrás en un acto reflejo, y él rió.
—¿Desde cuándo me temes, Louis? —dijo. Tragué saliva y me apoyé en la puerta. Él seguía acercándose, y quedó delante de mí, apoyando sus manos a cada lado de mi cabeza, acorralándome.
—N-no te temo. —dije. Él rió.
—¿Ah, no? ¿Tienes frío entonces? —se burló.
—¿Qué quieres? —intenté ser cortante y que el miedo en mi voz no se notara.
Él medio-sonrió. —No sabía que te iban las pollas, Tommo, pensé que era una broma. —dijo burlón. Parpadeé. ¿Para qué coño iba a bromear con eso?
—¿Parecía que bromeaba, Harry? —dije.
Él medio-sonrió. —Louis, Louis, Louis... —dijo en un tono de diversión. ¿Qué le divertía tanto? —No puedes enamorarte de mí. —dijo acariciando mi mejilla. Aguanté la respiración al sentir su suave mano acariciarme delicadamente, como si fuera a romperme. ¿Que no podía? Era algo tarde para la advertencia.
—¿Por
qué no? —dije en voz baja, incapaz de decirlo en alto, pues su
tacto me distraía, me hacía débil.
Él rió. —Para ello necesito corazón... —dijo, acercándose a mi cuello. Me puse tenso. ¿Qué demonios hacía? Acarició la piel de mi cuello con su nariz. —Esto es lo único que puedo darte, Louis... —susurró en mi cuello. —Mi cuerpo.
Mi cerebro colapsó al escuchar eso. Espera, espera, espera. ¿Mi cuerpo? ¿Harry se estaba entregando a mí? ¿Cómo? ¿Qué era esto?, ¿una especie de broma? —No juegues conmigo. —susurré. Él me miró con el ceño fruncido.
—No estoy jugando, Louis. —me dijo Harry. No había rastro de burla en su rostro.
Iba...
¿Iba en serio? No era posible...
—¿Y... Y Zayn? —pregunté, con cierto temor. Él torció la cabeza, y una chispa de oscuridad cruzó por sus ojos.
—¿Qué? —dijo indiferente. Él era su esclavo sexual, su prisionero. ¿Qué pasaría con él?
—¿Qué pasará con él? —pregunté, y él me entrecerró los ojos.
—¿Te gusta? —dijo. ¡Qué? ¡No!
—No. —negué. Por Dios, a ver, no estaba mal, pero él no era gay, y además, Leah y él eran perfectos juntos.
Él medio-sonrió. —¿Entonces?
—Es tu prisionero, ¿recuerdas? Lo violas cada noche, y no eres el único. ¿Seguirás haciéndolo mientras estás conmigo? —dije, y él rió.
—No te estoy pidiendo que seas mi novio ni te cases conmigo, Louis. —dijo él, burlándose. Parpadeé. Ya, pero... A ver, supuse que en su lenguaje, "entregarse a mí" sería algo parecido a "mi novio", vamos, con cierta fidelidad. Así que... ¿Lo había entendido mal?
—¿Entonces qué quieres? ¿Follarnos a los dos a la vez? —dije con ironía.
Él sonrió. —Exactamente. Y si quieres... Algún día podemos hacer un trío... Siempre quise probarlo. —lo abofeteé sin controlar mi fuerza, y él quedó con la cara girada, y la palma de mi mano marcada en su mejilla, pero no me arrepentía, para nada.
—Vete a la mierda, Styles. —lo empujé y salí de ahí dando un portazo. ¡Pero quién coño se creía que era?
Louis deja de narrar.
¿Para qué me había citado Liam? Y además a estas horas. Eran la una de la madrugada. ¡Sí, la una de la madrugada, y yo en un coche camino a casa de Liam!
—Más te vale que sea importante, Payne. —dije entre dientes mientras aparcaba. Salí del coche y subí arriba.
Llamé al timbre. Me abrió un Liam en pijama y con los ojos rojos. Todo mi enfado desapareció al verlo así.
—Niall. —dijo él, lanzándose a mis brazos, antes de que me dejara entrar.
—Liam... ¿Qué pasa? ¿Qué está mal? —dije preocupado. Él sollozó y se separó de mí, yendo hacia el sofá. Cerré la puerta de entrada y lo imité.
—Ed... —dijo con la voz quebrada. Cerré mis manos en puño. Ed... El imbécil de Ed. Por fin tendría un motivo para partirle la cara.
—¿Qué ha hecho? —dije enfadado. Liam sollozó y negó con la cabeza. Lo abracé y él hundió su cara en mi cuello. Olisqueé su pelo. Liam... Mi Liam... Qué bien hueles. Odiaba verle llorar, y más si era por un idiota. Y ese idiota tenía nombre.
—Es un idiota. —dijo con la voz quebrada.
—Dime algo que no sepa, Liam. —dije yo. Eso ya lo sabía, ¿pero qué había pasado? ¿Le había hecho algo? ¿Lo había engañado?
—Me ha engañado, Niall. —dijo rompiendo en llanto de nuevo. La sangre subió a mi cabeza, y la temperatura de mi cuerpo aumentó.
—Él no tiene ni puta idea de lo que se pierde. —le dije, y él sorbió su nariz.
—Gracias por estar conmigo, Niall. —dijo sorbiendo su nariz. —He sido un idiota.
Sonreí y acaricié su mejilla. —Eso ya lo sabía desde un principio. —él bufó y apartó mi mano, reí. —Liam, estaré contigo pase lo que pase. —dije agarrando su mano y entrelazando nuestros dedos.
Él sonrió débilmente. —Gracias, Nialler.
Leah:
Vivir esperando a que suene el móvil. A partir de ahora viviría así. No iría a trabajar, recibiría llamadas constantes de mi padre, para comprobar que estaba bien, preguntando qué me pasaba, yo respondería que "nada", y así, siempre. Era lo que pasaría, lo presentía, lo sabía.
Suspiré
y apreté el móvil en mi pecho. Zayn... Dios mío... Lo necesitaba
tanto... Necesitaba tenerlo aquí, cerca, conmigo. Abrazarlo,
besarlo, tocarlo, acariciarlo... Ansiaba ir a por él, ayudarlo.
Tenerlo lejos dolía, pero el hecho más doloroso era el de que
supiera que él estaba sufriendo, mientras yo estaba aquí, sin hacer
nada, por él. ¿Pero qué hacer? ¿Cuándo terminaría todo esto?
¿Acaso tenía fin?
Zayn:
La puerta se abrió, y yo alcé la vista. No... Otra vez no. Tú no. Me sonrió al tiempo que venía hacia mí, podía ver el bulto de su pantalón, venía "listo" para ello. Bajé la mirada, abatido. No servía de nada resistirse.
—Ya
no luchas, y tampoco lloras. ¿Te has rendido ya? —se burló.
Escuché el sonido de su cinturón, desabrochándolo.
—¿De qué sirve luchar? Vas a hacerlo de todos modos. —dije. Escuché su risa.
—Tienes toda la razón. —dijo. Ya lo tenía delante de mí, veía su miembro, erecto frente mi cara. —Ya sabes lo que tienes que hacer. —dijo. Sí. Abrí mi boca y él lo introdujo bruscamente, llenándome hasta la garganta. Repugnante, totalmente repugnante. Era tan... Horrible. Tan solo quería que esto terminara... Tan solo... Que me sacaran de aquí... ¿Era tanto pedir? Que me dejaran libre. No los denunciaría, no los delataría, no diría nada. Tan solo quería verla una vez más, tenerla conmigo... Sólo eso. Gruñó, y lo sacó de mi boca, para introducirlo de nuevo bruscamente.
La
puerta se abrió, y el tal Ed, se apartó de mí bruscamente.
Harry... Miré a Ed, estaba pálido, muy pálido.
—¿Qué coño hacías, Ed? —vino hacia nosotros, amenazadoramente.
—Y-yo... Yo... —se quedó mudo, sin habla. Harry lo agarró del cuello, y el pelirrojo empezó a temblar.
—Nadie toca lo que es mío. —dijo lentamente, con una voz amenazadora. Ed asintió efusivamente con la cabeza. —¿Y bien? —dijo. Su voz desprendía cólera, y hacía temblar a cualquiera que lo escuchara.
—N-no volverá a pasar. —dijo con la voz temblorosa. Las manos de Harry empezaron a estrangularlo, lo supe cuando vi sus nudillos, blancos a causa de la presión. —¡Lo juro! —gritó, con miedo. Harry lo soltó bruscamente y me miró. Vino hacia mí y me alzó del cuello, yo me agarré a sus manos para no morir estrangulado, intentando aguantarme.
—¿Y tú? ¿No eras mi perra, eh? —dijo, yo empecé a temblar. Temblaba ante él, ante su mirada rabiosa, su voz, su fuerza. —¡Eh!
—Sí. —afirmé, gritando, por miedo.
—¿Y qué coño hacías, eh? —dijo amenazadoramente y con cierta burla. —¿Qué hacía mi perra comiéndole la polla a otro, eh?
Ahí no pude evitarlo, me eché a llorar, aterrado, asustado. Como un perro asustado. Él no me soltó. —Él... Él me obligó. —dije como pude, entre sollozos. Me soltó de golpe y caí, por suerte, en la cama. Agarró a Ed del cuello y lo estampó contra la pared.
—Vaya... Así que lo estabas violando. ¿Te tiene miedo, Ed? —dijo. Ed tragó saliva.
—Responde. —ordenó.
—Sí. —afirmó Ed, temblando.
Silencio. Y finalmente Harry sonrió. ¿Qué? —Me sorprendes, Ed. Bien hecho. —lo felicitó. ¡Lo felicitó!
—¿Q-qué? —dijo, aterrado y confundido.
Harry lo soltó en el suelo y le dio una palmada en la espalda. —Le has echado huevos, Sheeran. Compartiremos perra, ¿qué te parece? —dijo. No. No. ¡No! Harry apenas me tocaba. Ya no. Y Ed sólo venía pocas veces, cuando Harry estaba fuera, por miedo a que lo pillaran. Harry era mi salvación... Y ahora... Ahora... Las lágrimas salían sin descontrol, pero no sollozaba.
—¿Vas en serio? —dijo Ed, sin creérselo.
Harry asintió con una sonrisa. —Adelante, quiero ver cómo la tratas. —dijo mirándome con burla, con superioridad, como el amo del perro maltratado, como quien lleva el mando, tiene el poder. Tenía todo el poder sobre mí.
Ed
sonrió y se acercó a mí. Sollocé, mirándole, suplicándole con
los ojos. No había piedad... No había piedad en ellos. No la había.
Ni en los suyos... Ni en los de nadie, excepto Louis. La gente de
aquí estaba llena de mal.


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