Autora: Sandra M.P.
NO COPYRIGHT. | SMUT | Violencia | Abusos | Violaciones
Abrí los ojos y me removí un poco. Me dolía el cuerpo. Miré al suelo y me vi cubierto por un charco de sangre. Parpadeé y miré mis brazos, alzándolos frente a mí. Cortes, por todas partes. Algunos más recientes, otros más antiguos... Pero ningún cliente se había percatado se ellos, o tal vez les daba igual.
Abrí los ojos y me removí un poco. Me dolía el cuerpo. Miré al suelo y me vi cubierto por un charco de sangre. Parpadeé y miré mis brazos, alzándolos frente a mí. Cortes, por todas partes. Algunos más recientes, otros más antiguos... Pero ningún cliente se había percatado se ellos, o tal vez les daba igual.
Intenté
levantarme del suelo, colocando las palmas de mis manos en el frío y
viejo parqué. Hice fuerza, mis brazos flaquearon y me caí. Me había
sentido mal en muchas ocasiones, pero creo que esta las superaba a
todas. Me sentía hundido, débil, abatido, muerto, imbécil, idiota,
miserable, triste, solo... Era tan difícil de describir... Tantas
emociones juntas... Pero ninguna palabra que dijera exactamente cómo
me sentía.
Me arrastré hasta llegar a la cama, y a duras penas, logré levantarme sujetándome a las sábanas. Y me tumbé, mirando a la puerta. Y quería que en ese mismo momento, ella apareciera por esa puerta, viniera hacia mí y me dijera que me amaba, que me necesita tanto como yo a ella, que no me dejaría... Necesitaba que me abrazara, que me besara... Pero sin embargo, por aquella puerta no entró ella, sino otro cliente. Venía sonriente hacia mí, desabrochándose el cinturón. Aunque me examinó mejor, frunció el ceño e hizo una mueca de asco.
—Puaj, ¿pero qué demonios tienes en los brazos? Es asqueroso. No voy a tocarte. —¿y eso suponía que se iba? Se desabrochó el cinturón y sacó su miembro, agitándolo mientras se acercaba a mí.
Estúpido, ¿no? Al pensar que me dejaría en paz.
Harry:
—Eres muy amable al dejarnos quedarnos aquí, Harry. —dijo el Sr. Stock.
Sonreí, mirando a Leah de reojo. Era una chica lista, atractiva, con buen cuerpo... Definitivamente ella y Zayn hacían buena pareja, sí. Lástima que Zayn hubiera tocado lo que es mío y lo hubiera fastidiado todo.
—Oh, no es nada. —dije. Realmente, la idea principal de todo mi plan era esa, que se quedaran conmigo al dejarlos en quiebra. Había sido tan fácil como robar unos papeles y entregárselos a una de las empresas más grandes del país que me debía un grandísimo favor. Nada más. Y la próxima vez que viéramos a Zayn, yo ya habría enamorado a Leah. ¿Y Louis? Él no tendría por qué enterarse. Era demasiado buena persona como para dejarme hacer eso, y yo no quería perderlo.
Mi móvil vibró en el bolsillo trasero de mis pantalones y lo cogí. Un mensaje, de Louis.
«Hazz, voy a verte♥».
Sonreí. "Hazz" y un corazón... Ay... Mi Louis. Pero la sonrisa desapareció de golpe de mi rostro. Leah estaba aquí, y Louis la reconocería, tal vez se conocieran... No. No, eso era imposible. Y si Louis me preguntara, diría que me los encontré en la calle y decidí ayudarlos. Y si llegaraban a conocer... Tendría un problema.
Antes de que le mandara un mensaje a Louis para decirle que tenía cosas que hacer, el timbre sonó. Mierda.
—Ahora vuelvo. —les dije.
Rápidamente bajé las escaleras, dispuesto a ir a abrir a Louis y no dejarle pasar, o al menos mantenerlo alejado de Leah y su padre.
—¡Hazz! —me abrazó.
—Lou. —lo besé y me sonrió. Amaba su sonrisa.
—He venido a verte. Pensaba que podríamos pasar un rato juntos. —mantenía su sonrisa.
—Lou, amor, estoy ocupado, hay otra banda en nuestro territorio. —hizo un puchero y me rodeó el cuello con los brazos.
—¿No puedes dejárselo a Justin? —dijo, y quería quedarme con él, de verdad, pero Leah y su padre estaban ahí.
Sonreí y deslicé mi dedo índice por su labio inferior. —No puedo. —susurré.
Asintió con la cabeza y me abrazó. —Está bien. Te quiero. —dijo separándose de mí. Plantó un beso en mis labios y dio media vuelta. Me lamí los labios, saboreando la saliva de Louis, y cerré la puerta.
Leah:
—Papá, no me trae buena espina. —dije.
—Cariño, nos ha ofrecido un hogar, ¿algún otro ha hecho eso por nosotros? No. —dijo mi padre.
—Pero...
—Ya he vuelto. —interrumpió Harry viniendo hacia nosotros. —Bueno, cualquier cosa, mi habitación es la del fondo. Puerta negra. —dijo. Pff... hasta la puerta negra. ¿Había más indicios de que no era buena persona? Yo creo que no. Las puertas normalmente eran blancas, o de madera. No negras.
—Gracias. —dijo mi padre simpático.
—Oh, Leah, ¿necesitas... Algún cuidado especial? —me preguntó, y yo alcé una ceja.
Oh, se refería a compresas, tampones... Cosas así, supongo. Uh... Hacía un tiempo que no me depilaba. —Pues... Para la depilación. —murmuré.
Me sonrió. —Claro, le diré a alguien que vaya a comprar. ¿Algo más?
Bueno, antes usaba cremas hidratantes, champús de marca... Claro que ahora, todo eso había terminado. —No, nada más, gracias. —dije.
—No es nada. —me sonrió. Y fue extraño, pero empezó a resultarme simpático.
Zayn:
—Oh, sí. —gimió, dando otra envestida y terminando.
Tensaba la mandíbula, la apretaba, con mucha fuerza, y aguantaba las lágrimas.
—Ha sido increíble. —me dijo. Agarró sus pantalones y dejó dos billetes sobre la cama. —Espero volver a verte. —susurró.
Bajé la mirada y me quedé tumbado en la cama. ¿Y por qué hacía esto? Como ya había dicho antes, me gustaba sentirme así. Antes no hacía esto, antes no podían tocarme a menos que pagaran mucho, pero ahora había decidido que quería pasar de ser un stripper, a un puto.
Suspiré y las lágrimas no tardaron en bajar por mis mejillas.
La vida es demasiado dura para los más débiles.
—¡Sabía que te encontraríamos aquí! —gritó una voz, espantándome.
—Aunque... No en bolas. —dijo otra voz.
Me cubrí el cuerpo rápidamente con la sábana y me di la vuelta hacia la puerta. —¿Quiénes sois? —pregunté, logrando que mi voz no se quebrara.
—Liam y Niall. ¿No te acuerdas de nosotros? —dijo el rubio.
Aspiré, tragándome los sollozos. Me sonaban de algo, pero no caía en qué. Hasta que caí. —Vosotros. —susurré, y ahí me quebré. Negué con la cabeza y sollocé. —Iros de aquí. —dije con la voz quebrada.
—¿Qué?, ¿es una broma? —dijo el rubio. —¿Tienes idea de lo que nos ha costado entrar?
—Iros. —repetí.
—Vale, pero si tú vienes con nosotros. —dijo Liam.
—No puedo.
—Sí puedes, Zayn. ¡Tienes que ayudarnos! —exclamó el castaño.
¿Ayudarles? ¿Ayudarles a qué, si no servía para nada? —¿A qué?
—A encontrar a Leah. —dijo Niall.
Sollocé y negué rápidamente con la cabeza. —Fuera. Fuera de aquí.
—¡Joder, Zayn! ¡Podría estar muerta! —exclamó Liam.
Mi corazón empezó a palpitar rápidamente al escuchar eso. Me asusté, me asusté mucho. —No. —susurré.
—Pues ayúdanos a buscarla. —dijo Liam.
Sollocé. —¿Por qué? Ella no quiere verme.
—Eso es imposible. —dijo Niall.
—Pues la última vez que nos vimos hace tres meses no parecía imposible. —dije dolido. Dolía tanto recordarlo... Sus palabras... Sus expresiones... Su rechazo...
—¿Y le pediste explicaciones? Mira dónde estás. ¿Cómo sabes que no la han chantajeado para que lo haga? —dijo Liam. Pues... Simplemente, no lo sabía.
—No, no le pedí explicaciones. —dije.
—Ya. Pues la vamos a buscar, y se las vamos a pedir. —dijo Niall.
Leah:
Cuando me desperté me encontré sola en la habitación. ¿Papá? Él no estaba a mi lado, ni en la habitación. —¿Papá? —dije alzando la voz, esperando a que me respondiera. No hubo respuesta.
Llamaron a la puerta. —¿Puedo pasar? —era Harry.
—Sí. —dije. Estaba algo despeinada, pero al fin y al cabo, acababa de despertarme. La puerta se abrió, y por ella entró Harry con cuatro bolsas, las cuales parecían bastante pesadas. —¿Qué es todo esto? —dije frunciendo el ceño.
—Míralo tú misma. —dijo dejándolas en el suelo.
Me levanté y fui hacia las bolsas, miré dentro y mi boca cayó abierta. —¿Qué es todo esto? —logré preguntar. Mis cremas, champús de marca, ropa, ropa interior... Todo.
—Bueno, sabía que no estabas siendo totalmente sincera en cuanto te pregunté si eso era todo. —me dijo. Alcé la mirada y lo miré.
—Pero... Todo esto es muy caro. —dije.
—Tengo dinero, puedo pagarlo. —dijo.
—Muchas gracias, de verdad. —dije sincera. —No sé cómo podré pagarte todo esto.
—Con un poco más de fe y confianza en mí, te lo agradecería bastante. —me dijo, sorprendiéndome, la verdad. —Tu padre me ha dicho que no te fías mucho de mí.
¿Mi...? Pero será... —Él mismo me enseñó a no fiarme de los desconocidos. —respondí.
Leah deja de narrar.
Harry sonrió. Hacía bien en no confiar en desconocidos pese a que su padre hubiera caído. La chica, tal y como él había visto antes, era astuta, y mucho. Pero él la haría caer como a su padre. Su intención no era hacerle daño, no a ella. Sino a Zayn, quien por un simple beso, para demostrarle a Louis que le daba igual, que lo respetaba y que le importaba, simplemente por eso, ahora pagaba las consecuencias de un despiadado, sin escrúpulos y vengativo ser llamado Harry Styles, la peor pesadilla para cualquiera que estuviera en su lista negra, como aquel al que llamaban "Número doce".
Me arrastré hasta llegar a la cama, y a duras penas, logré levantarme sujetándome a las sábanas. Y me tumbé, mirando a la puerta. Y quería que en ese mismo momento, ella apareciera por esa puerta, viniera hacia mí y me dijera que me amaba, que me necesita tanto como yo a ella, que no me dejaría... Necesitaba que me abrazara, que me besara... Pero sin embargo, por aquella puerta no entró ella, sino otro cliente. Venía sonriente hacia mí, desabrochándose el cinturón. Aunque me examinó mejor, frunció el ceño e hizo una mueca de asco.
—Puaj, ¿pero qué demonios tienes en los brazos? Es asqueroso. No voy a tocarte. —¿y eso suponía que se iba? Se desabrochó el cinturón y sacó su miembro, agitándolo mientras se acercaba a mí.
Estúpido, ¿no? Al pensar que me dejaría en paz.
Harry:
—Eres muy amable al dejarnos quedarnos aquí, Harry. —dijo el Sr. Stock.
Sonreí, mirando a Leah de reojo. Era una chica lista, atractiva, con buen cuerpo... Definitivamente ella y Zayn hacían buena pareja, sí. Lástima que Zayn hubiera tocado lo que es mío y lo hubiera fastidiado todo.
—Oh, no es nada. —dije. Realmente, la idea principal de todo mi plan era esa, que se quedaran conmigo al dejarlos en quiebra. Había sido tan fácil como robar unos papeles y entregárselos a una de las empresas más grandes del país que me debía un grandísimo favor. Nada más. Y la próxima vez que viéramos a Zayn, yo ya habría enamorado a Leah. ¿Y Louis? Él no tendría por qué enterarse. Era demasiado buena persona como para dejarme hacer eso, y yo no quería perderlo.
Mi móvil vibró en el bolsillo trasero de mis pantalones y lo cogí. Un mensaje, de Louis.
«Hazz, voy a verte♥».
Sonreí. "Hazz" y un corazón... Ay... Mi Louis. Pero la sonrisa desapareció de golpe de mi rostro. Leah estaba aquí, y Louis la reconocería, tal vez se conocieran... No. No, eso era imposible. Y si Louis me preguntara, diría que me los encontré en la calle y decidí ayudarlos. Y si llegaraban a conocer... Tendría un problema.
Antes de que le mandara un mensaje a Louis para decirle que tenía cosas que hacer, el timbre sonó. Mierda.
—Ahora vuelvo. —les dije.
Rápidamente bajé las escaleras, dispuesto a ir a abrir a Louis y no dejarle pasar, o al menos mantenerlo alejado de Leah y su padre.
—¡Hazz! —me abrazó.
—Lou. —lo besé y me sonrió. Amaba su sonrisa.
—He venido a verte. Pensaba que podríamos pasar un rato juntos. —mantenía su sonrisa.
—Lou, amor, estoy ocupado, hay otra banda en nuestro territorio. —hizo un puchero y me rodeó el cuello con los brazos.
—¿No puedes dejárselo a Justin? —dijo, y quería quedarme con él, de verdad, pero Leah y su padre estaban ahí.
Sonreí y deslicé mi dedo índice por su labio inferior. —No puedo. —susurré.
Asintió con la cabeza y me abrazó. —Está bien. Te quiero. —dijo separándose de mí. Plantó un beso en mis labios y dio media vuelta. Me lamí los labios, saboreando la saliva de Louis, y cerré la puerta.
Leah:
—Papá, no me trae buena espina. —dije.
—Cariño, nos ha ofrecido un hogar, ¿algún otro ha hecho eso por nosotros? No. —dijo mi padre.
—Pero...
—Ya he vuelto. —interrumpió Harry viniendo hacia nosotros. —Bueno, cualquier cosa, mi habitación es la del fondo. Puerta negra. —dijo. Pff... hasta la puerta negra. ¿Había más indicios de que no era buena persona? Yo creo que no. Las puertas normalmente eran blancas, o de madera. No negras.
—Gracias. —dijo mi padre simpático.
—Oh, Leah, ¿necesitas... Algún cuidado especial? —me preguntó, y yo alcé una ceja.
Oh, se refería a compresas, tampones... Cosas así, supongo. Uh... Hacía un tiempo que no me depilaba. —Pues... Para la depilación. —murmuré.
Me sonrió. —Claro, le diré a alguien que vaya a comprar. ¿Algo más?
Bueno, antes usaba cremas hidratantes, champús de marca... Claro que ahora, todo eso había terminado. —No, nada más, gracias. —dije.
—No es nada. —me sonrió. Y fue extraño, pero empezó a resultarme simpático.
Zayn:
—Oh, sí. —gimió, dando otra envestida y terminando.
Tensaba la mandíbula, la apretaba, con mucha fuerza, y aguantaba las lágrimas.
—Ha sido increíble. —me dijo. Agarró sus pantalones y dejó dos billetes sobre la cama. —Espero volver a verte. —susurró.
Bajé la mirada y me quedé tumbado en la cama. ¿Y por qué hacía esto? Como ya había dicho antes, me gustaba sentirme así. Antes no hacía esto, antes no podían tocarme a menos que pagaran mucho, pero ahora había decidido que quería pasar de ser un stripper, a un puto.
Suspiré y las lágrimas no tardaron en bajar por mis mejillas.
La vida es demasiado dura para los más débiles.
—¡Sabía que te encontraríamos aquí! —gritó una voz, espantándome.
—Aunque... No en bolas. —dijo otra voz.
Me cubrí el cuerpo rápidamente con la sábana y me di la vuelta hacia la puerta. —¿Quiénes sois? —pregunté, logrando que mi voz no se quebrara.
—Liam y Niall. ¿No te acuerdas de nosotros? —dijo el rubio.
Aspiré, tragándome los sollozos. Me sonaban de algo, pero no caía en qué. Hasta que caí. —Vosotros. —susurré, y ahí me quebré. Negué con la cabeza y sollocé. —Iros de aquí. —dije con la voz quebrada.
—¿Qué?, ¿es una broma? —dijo el rubio. —¿Tienes idea de lo que nos ha costado entrar?
—Iros. —repetí.
—Vale, pero si tú vienes con nosotros. —dijo Liam.
—No puedo.
—Sí puedes, Zayn. ¡Tienes que ayudarnos! —exclamó el castaño.
¿Ayudarles? ¿Ayudarles a qué, si no servía para nada? —¿A qué?
—A encontrar a Leah. —dijo Niall.
Sollocé y negué rápidamente con la cabeza. —Fuera. Fuera de aquí.
—¡Joder, Zayn! ¡Podría estar muerta! —exclamó Liam.
Mi corazón empezó a palpitar rápidamente al escuchar eso. Me asusté, me asusté mucho. —No. —susurré.
—Pues ayúdanos a buscarla. —dijo Liam.
Sollocé. —¿Por qué? Ella no quiere verme.
—Eso es imposible. —dijo Niall.
—Pues la última vez que nos vimos hace tres meses no parecía imposible. —dije dolido. Dolía tanto recordarlo... Sus palabras... Sus expresiones... Su rechazo...
—¿Y le pediste explicaciones? Mira dónde estás. ¿Cómo sabes que no la han chantajeado para que lo haga? —dijo Liam. Pues... Simplemente, no lo sabía.
—No, no le pedí explicaciones. —dije.
—Ya. Pues la vamos a buscar, y se las vamos a pedir. —dijo Niall.
Leah:
Cuando me desperté me encontré sola en la habitación. ¿Papá? Él no estaba a mi lado, ni en la habitación. —¿Papá? —dije alzando la voz, esperando a que me respondiera. No hubo respuesta.
Llamaron a la puerta. —¿Puedo pasar? —era Harry.
—Sí. —dije. Estaba algo despeinada, pero al fin y al cabo, acababa de despertarme. La puerta se abrió, y por ella entró Harry con cuatro bolsas, las cuales parecían bastante pesadas. —¿Qué es todo esto? —dije frunciendo el ceño.
—Míralo tú misma. —dijo dejándolas en el suelo.
Me levanté y fui hacia las bolsas, miré dentro y mi boca cayó abierta. —¿Qué es todo esto? —logré preguntar. Mis cremas, champús de marca, ropa, ropa interior... Todo.
—Bueno, sabía que no estabas siendo totalmente sincera en cuanto te pregunté si eso era todo. —me dijo. Alcé la mirada y lo miré.
—Pero... Todo esto es muy caro. —dije.
—Tengo dinero, puedo pagarlo. —dijo.
—Muchas gracias, de verdad. —dije sincera. —No sé cómo podré pagarte todo esto.
—Con un poco más de fe y confianza en mí, te lo agradecería bastante. —me dijo, sorprendiéndome, la verdad. —Tu padre me ha dicho que no te fías mucho de mí.
¿Mi...? Pero será... —Él mismo me enseñó a no fiarme de los desconocidos. —respondí.
Leah deja de narrar.
Harry sonrió. Hacía bien en no confiar en desconocidos pese a que su padre hubiera caído. La chica, tal y como él había visto antes, era astuta, y mucho. Pero él la haría caer como a su padre. Su intención no era hacerle daño, no a ella. Sino a Zayn, quien por un simple beso, para demostrarle a Louis que le daba igual, que lo respetaba y que le importaba, simplemente por eso, ahora pagaba las consecuencias de un despiadado, sin escrúpulos y vengativo ser llamado Harry Styles, la peor pesadilla para cualquiera que estuviera en su lista negra, como aquel al que llamaban "Número doce".


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